Capítulo 10.
Aspira, expira... Serénate, Hermione.
Tres felices meses habían pasado desde que el noviazgo de Ron Weasley y Hermione Granger se había hecho público, cuando el pelirrojo auror le propuso casamiento a su enamorada.
Ocurrió durante la boda de Luna Lovegood y Neville Longbottom, mientras Harry y Ginny se levantaban de la mesa que compartían los cuatro, para ir a bailar el vals que empezaba a sonar.
Minutos más tarde, Ron y Hermione se besaban lentamente, luego de que el pelirrojo le hubiese colocado el anillo de compromiso en uno de sus finos dedos, y ella le hubiese imitado. Miradas cómplices, sonrisas traviesas, y besos delicados, fueron frecuentes durante el resto de la noche.
Pocos días después, ya la fecha estaba fijada para el casamiento. El anuncio del futuro matrimonio, fue enviado ese mismo día en elegantes sobres dorados a todos sus invitados, quienes casi de inmediato salieron a comprar los regalos y sus trajes de gala.
Faltaban sólolo dos semanas para que Hermione estuviese casada. ¡Quedaba tan poco, para que a su nombre se sumase el apellido Weasley! Muy pronto, ella se convertiría en Hermione Jane Granger de Weasley. ¡Qué preciosura! Estaba tan emocionada, que no había día en que no tuviera los ojos llorosos.
En ese momento, se encontraba en la tienda de Madame Malkin, acompañada de Ginny, mientras la ya veterana bruja, le ponía los últimos alfileres al vestido blanco. Ese mismo día, Malkin lo mandaría a terminar a su fábrica mágica de alta costura, y le aseguró a Hermione, que para el próximo viernes se lo enviaría a La Madriguera.
Hermione, estiraba su brazo frecuentemente, y admiraba su anillo con el embelesamiento propio de una mujer enamorada. Mientras tanto, Ginny intentaba distraer a la castaña, y a cada rato le llamaba la atención para que ésta se observara en el espejo, con su vestido de novia. Era bellísimo, con escote palabra de honor, y se lucía elegantemente en la figura de Hermione, quien, a pesar de no ser dueña de una finísima cintura, tenía un cuerpo esbelto.
-Así estará bien.- afirmó Madame Malkin, tras colocar el último alfiler.
-¿No sería mejor si aquí le hiciera un dobladillo?- sugirió la pelirroja.
-Así está bien, Ginny.- la cortó la castaña, segura. -Ya no te entretengas, ¿si?
-¡Tienes razón, Hermione! Tenemos que ir a ver las flores para el ramo, ¡ahora!
-¡Oh, casi lo olvido!- exclamó ella.
-¡Con cuidado, señorita!- le advirtió Malkin, ayudándola, al ver la prisa con la que la castaña se quitaba el vestido.
-Si, señora, no se preocupe.
En unos minutos, Hermione le entregaba el vestido intacto a la mujer, y salía apresurada de la tienda, seguida por su amiga.
-¡La lista, Ginny! ¡Lee la lista!
-Veamos... camareros, listos. Flores de decoración, listas. Luces del interior, listas. Las del exterior... ¡eso nos falta! No podemos bailar en el patio sin luces... Vajilla, encargada. Mantelería, sigue pendiente... y
-¡Merlín, la mantelería!- se sobresaltó Hermione, mientras que la pelirroja seguía leyendo...
-Música, lista... Fotógrafos, contratados...
-¡Ginny, creí que ya habíamos escogido la mantelería!
-Estábamos en eso, recuerda que no lograste decidirte entre la de color durazno, la azul oscura o la amarilla suave. Pero no tienes por qué exasperarte, Hermione, lo podemos arreglar en cuanto...- pero su amiga la interrumpió bastante exaltada.
-¿Por qué tiene que pasarme esto, faltando tan poco para la boda?- se lamentó la castaña, aferrándose la cabeza con las dos manos, y cerrando los ojos con fuerza, en un intento por ordenar sus ideas y mantener la calma. -Bien, Ginny, escúchame. Yo me ocuparé de la mantelería y el ramo ahora mismo, y tú ve a arreglar lo de las luces. Nos encontramos en Flourish y Blotts en cuanto terminemos, a más tardar hasta las 5, ¿te parece?
-De acuerdo. Todo estará bien, ¿sabes? Serénate. ¡Nos vemos en unas horas!- se despidió rápidamente la pelirroja, y echó a andar hacia la dirección contraria a la de Hermione. No quería estar al lado de su amiga cuando ésta explotara de los nervios.
Estaba acurrucada en el alféizar de la ventana, su cabeza reposaba sobre el frío vidrio, y su mirada castaña se perdía en la lejanía del paisaje nocturno. Vestía su pijama, lista para irse a dormir en cuanto sintiera sueño. Pronto, sería una mujer casada. Se preguntaba frecuentemente si era eso lo que ella quería.
"¿No se quejan muchos, del matrimonio? ¿No habla la gente de que, cuando uno está casado, suelen surgir problemas incoherentes? ¿Y que eso puede llevar a lo que suponen una "solución" a sus discusiones, es decir, el divorcio? ¿Y si la rueda cambia de dirección? ¿Y si de repente las cosas salen... diferentes, a cómo yo lo espero? ¿Qué sucedería entonces? ¿Sería yo, capaz de aceptar el divorcio? No sabría responderme ahora. ¿Y por qué rayos me estoy cuestionando esto, cuando faltan sólo dos semanas para MI boda?"
-Hermione... ¿te encuentras bien?- le preguntó Ron, saliendo del baño.
-Si, cariño.- respondió ella, escuetamente.
-¿Por qué no te acuestas y te relajas? Has estado corriendo todo el día, dormir algo te vendría bien.- le propuso, al tiempo que se tendía en su cama.
-En un momento voy... Descansa.
Durante los meses que vivieron como pareja, habían hecho cambios. Ahora, dormían en la misma habitación, aunque, por petición de Hermione, en diferentes camas. Ella quería acostumbrarse, de a poco, a convivir con él, porque sabía que pronto serían marido y mujer.
Sin embargo, algunas noches en las que a Hermione le costaba trabajo dormir, se levantaba sigilosamente y se hacía un espacio en la cama del pelirrojo, acurrucándose junto a él. Instintivamente, su prometido la abrazaba por la cintura, y sólo entonces, ella lograba conciliar el sueño.
Intranquila, Hermione puso los pies en el suelo y comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación.
"Ya está todo organizado, Hermione... Hoy terminaste con los preparativos más importantes. No te echarás atrás por necedades. Y menos si sabes que amas a Ron. Sería una estupidez dejarse asustar por el palabrerío de las personas, por los rumores que escuchas sobre el matrimonio. No tiene lógica. Y tú siempre has actuado con lógica.
Excepto cuando estás con Ron dijo una vocecita en su mente. Aquella voz especializada en sembrar la duda, en el momento más inoportuno.
Eso es amor, Hermione, no seas idiota. No te pondrás a filosofar ahora sobre esas cosas, es completamente innecesario.
Un segundo, ¿Estás segura? ¿Entonces por qué Harry y Ginny no se han casado aún? Tal vez, pretenden evitar el divorcio y... ¡Ya basta! ¡No te llenes la cabeza con nimiedades! Sabes que algún día, ellos también se casarán. Sus razones para no hacerlo ahora son... justamente eso, razones suyas, que no te incumben, Hermione. Deja de complicarte la vida, aunque sea por esta vez. Todo saldrá bien, tranquila. Respira profundo y, has a un lado los nervios; Aléjalos de ti, porque te están volviendo loca, y eso no puede sucederte a tan poco tiempo de tu boda..."
-Hermione.- la llamó el pelirrojo, adormilado.
-¿Si?
-¿Puedes estarte quieta? No puedo dormir.
-No, Ron, no puedo. ¿Qué no lo ves?- se exasperó ella.
-Lo estoy viendo, pero te estoy pidiendo que te sientes en algún lugar y dejes de hacer ruido, Hermione, quiero dormir.
-Pues hazlo de una vez.- le espetó.
-¿Podrías hacerme el favor de dejar de caminar?
-Lo siento, pero no.- le respondió la castaña con terquedad.
-¡Diablos, Hermione! Te estoy pidiendo la cosa más simple del mundo. ¡Sólo siéntate!
-¡No, no, y no! ¿Qué parte de eso no entiendes? ¡No quiero sentarme, ni estar quieta, ni nada que se le asemeje!
-¿Y qué parte de "quiero dormir" no entiendes tú?
-Lo que no entiendo es por qué no me dejas en paz, y te duermes de una buena vez, Ron.
-¡Tú me lo impides!
-¡No inventes! No tengo la intención de molestarte, sólo me preguntaba si... sólo...- Hermione bufó. Estaba a punto de decir: "Me preguntaba si crees que es una buena idea el que nos casemos" pero desistió. -¡A quién le importa, Ron! Es una tontería.
-Si no es de importancia, entonces no armes un escándalo, ¿quieres? Deberías tranquilizarte. Estoy agotado, e intento descansar.
Ella abrió la boca, preparada para replicar, pero Ron la acalló.
-Es demasiado. Esta discusión no tiene sentido, Hermione. No voy a pelear contigo.- determinó él. Caviló unos segundos, y al final, con un tono más delicado, le dijo: -Perdóname.
Hermione suspiró profundamente.
-No, perdóname tú, Ron, tienes razón. Pienso que los nervios y las ansias me están jugando una mala pasada.
Sin una palabra más, la castaña se acostó en su cama, apagó la luz de su velador y se tapó hasta la cabeza, fingiendo estar dormida para no molestar más a su prometido.
No obstante, tras largos minutos en los que ella se removió inquieta entre las sábanas, cambiando de posición a cada segundo, el pelirrojo alzó la cabeza de su almohada y le preguntó suavemente:
-¿Quieres venir aquí, conmigo?
Hermione no le respondió. Se limitó a salir de su cama y acomodarse en la del pelirrojo. Cerró los ojos, exhausta, y sintió como los tibios labios de Ron se posaban en su frente, dándole un tierno beso y deseándole buenas noches.
