Todos los personajes son creados por Stephanie Meyer, los créditos de esta historia son todos para la autora Amethyst Jackson, la traductora de los capítulos del 1ro hasta el 26 es Ana Fluttersby. Yo traduje y edite del capítulo 27 hasta el 41, agradeciendo a las chicas de Elite fanfiction que tradujeron 38-39-40.

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Capítulo Diez

Todavía estaba en la cama con ella.

Eran pasadas las tres de la mañana y Bella había estado dormida durante más de dos horas, pero yo todavía estaba acostado con ella. Estaba pegada a mí como una estrella de mar, y yo estaba aburrido.

Pero era algo más bien agradable.

Ella era tan cálida y suave. Era una de las raras comodidades físicas que podía apreciar como un vampiro, el calor. Yo me resistía a dejarlo. El aburrimiento no era malo, tampoco... la ociosidad era algo refrescante. El cuerpo de los vampiros nunca se cansa, y descansar era innecesario, por no mencionar inútil ... pero a veces sentía como si sería bueno dormir de todos modos, sólo para dar a mi mente un descanso. Estar con ella de este modo, era más o menos eso. Un descanso mental.

Muy bien, esto sí que era absurdo. Yo lo sabía. Fui hecho para matar a seres humanos, no para permitir que me utilizaran como una almohada de cuerpo completo.

Pero, ¿por qué no disfrutar de esto? Ella era cálida. Era una sensación agradable. ¿Dónde estaba escrito que no podía absorber el calor del cuerpo de esta pequeña humana mientras dormía? Yo era un vampiro, ¿no? Yo vivía fuera de las normas y límites, yo podía hacer lo que quisiera.

La suave voz de Bella captó mi atención cuando murmuró mi nombre en sus sueños. Ese era un asunto completamente aparte. Ya estaba, obviamente, muy apegada a mí... ¿y si ella empezaba a querer más? Era crucial que la mantuviera a distancia. Ella ya estaba demasiado cerca, de verdad, dejarla en tan constante proximidad física era suficientemente malo. Cuanto más tiempo pasara conmigo, cuantas más posibilidades tendría de darse cuenta de que yo no era humano. Ella realmente ya debería tener sospechas... ¿Qué tal si ya las tenía, pero no hubiera me dicho nada? Yo no tenía manera de saber lo que estaba pensando...

No me importaba, decidí. Yo quería a esta humana, y la tendría, las normas se podían al demonio. Si alguna vez lo descubrían... bueno, lidiaría con eso cuando llegara el momento.

—Edward —suspiró de nuevo, acariciando mi pecho esta vez. Una pequeña corriente de aire me hacía cosquillas en la piel con cada exhalación suya. Yo jugaba con su pelo sedoso, permitiéndole deslizarse entre mis dedos.

Sí, todas estas pequeñas sensaciones eran agradables. Igual y mejor las disfrutaba.

Después de una hora, decidí que era momento de tener algo en que ocupar mi mente otra vez y fui a buscar un libro a la sala de estar. Bella gimoteó dormida cuando me desprendí de su abrazo.

Hmm, ¿qué tenía pendiente de leer? Por supuesto, yo sabía exactamente qué libros en mi estantería estaban intactos, pero eso no me ayudaba a decidir qué quería leer esta vez. Ninguno de ellos, de verdad. Suspiré para mis adentros. Tal vez debería releer como Bella dijo... ¿Encontraría realmente algo nuevo? Parecía poco probable, pero tenía curiosidad. Camus, entonces. Tal vez podría descubrir que ella se había equivocado en cuanto a El Extranjero después de todo.

Miré hacia mi sofá de cuero. Normalmente, realizaría mi lectura allí. Pero tal vez debería llevar el libro a la cama ...

Quieres, me dije, así que hazlo.

Al final, me acomodé junto a Bella. Se me pegó de nuevo como un niña necesitada. Era divertido, de verdad, cuando no era aterrador. ¿Qué estaría pasando en su subconsciente que la hacía aferrarse a mí en su sueño?

Leí un rato en la oscuridad, la luz era una indulgencia, no una necesidad para mí. El texto fue... un tanto incómodo. Yo había leído esta novela por primera vez con cierta dosis de desprecio por Meursault. Él siempre me había parecido un poco patético, siempre de acuerdo con lo que se esperaba de él, aun cuando a él no le importara. Era un cobarde, seguro, se comportaba de maneras que estaban en contra de las normas de la sociedad, pero no tenía el valor de ser realmente diferente.

Ahora estaba encontrando sorprendentes similitudes entre mi propia conducta y la de Meursault. ¿Qué hacía yo aquí, jugando a ser humano para esta chica? Debería parar. Era tan patético como lo era ese personaje de ficción.

Pero yo no quería. Tal vez sólo estaba satisfaciendo mis necesidades como Meursault, pero a diferencia de él, yo no podía usar a cualquier mujer... Yo tenía una razón para cuidar de Bella. Su mente silenciosa era en extremo valiosa para mí, yo simplemente no podía disfrutar con nadie más. Era lógico para mí esforzarme por conservarla, decidí.

Seguí leyendo, pero mi mente estaba distraída, tratando de enfatizar las diferencias entre el personaje que despreciaba y yo.

Pronto, Bella comenzó a agitarse y puse mi libro a un lado. Su pierna estaba cruzada sobre la mía y cuando se despertó, frotó su suave muslo contra mí; capté una mínima ráfaga de su excitación entonces y sonreí. .

Se despertó lentamente, frotando su pequeño cuerpo contra el mío en el proceso. Por último, sus párpados revolotearon al abrirse y se estiró como una gato antes de mirar mi rostro y ruborizarse al encontrarme viéndola.

—Buenos días —murmuró.

—Buenos días —le respondí amablemente. Mis dedos se sintieron atraídos por la tentación de su muslo desnudo. Mmm, una piel tan adorable.

—Duermo muy bien contigo —suspiró con satisfacción. —¿Dormiste bien?

—Tuve una buena noche —dije, evasivamente.

Ella se apoyó en un codo y vio el libro en la mesita de noche. —¿Estás releyendo El Extranjero? ¿Alguna nueva conclusión?

Me encogí de hombros. —Creo que Meursault no tenía idea de lo que quería.

—Creo que tienes razón —asintió Bella—. ¿Y tú? ¿Sabes lo que quieres? —me desafió.

—Sé lo que quiero ahora mismo —le dije, antes de moverla repentinamente de un tirón, ponerla boca arriba y acuñarme entre sus piernas. Ella se rió de excitación y el sonido envió dardos de placer por mi espina dorsal.

—¿A qué hora es tu primera clase? —pregunté, de una vez buscando sus suaves pechos debajo de su —mi— camiseta. Mmm, allí estaban. Sus pezones se pusieron rígidos bajo mis manos.

—A las nueve y media —jadeó.

—Bien —gruñí. Varias horas, entonces. Un montón de tiempo para jugar.

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Después de una tranquila mañana en la cama, llevé a Bella de vuelta a su dormitorio para ducharse y cambiarse. Volví a mi casa e hice lo mismo antes de salir a clases. Biología, de nuevo. Ya estaba cansándome de la rutina. De haber sabido que estaría jugando a ser humano, me habría matriculado en mejores cursos.

Continué mi re-lectura de Camus entre clases. Cuanto más leía, más decidía que había una clara diferencia entre Meursault y yo. A Meursault simplemente no le importaba; actuaba sin motivación, sin razón. Ése, ciertamente, no era yo. Mis razones eran mías, y yo estaba haciendo lo que yo quería.

Bella se presentó a la clase en jeans. Estaba un poquito decepcionado. Supongo que no podía usar faldas cada día... e hizo más frío hoy de lo que había hecho el lunes...

—Hola —sonrió ampliamente, deslizándose en el asiento junto al mío, como de costumbre.

—Hola —. La miré bien. Estaba en jeans, pero su camisa manga larga era de un material que se ajustaba a su forma. Habían unos destartalados tenis en sus pies. Me reí un poco. Ella era, obviamente, indiferente ante la ropa, pero le funcionaba.

—Estaba pensando... —comenzó tentativamente—, mis clases comienzan más tarde mañana, y tengo mis tareas hechas... así que tendré algo más de tiempo libre esta noche, si quieres ... ya sabes, pasar algún tiempo juntos.

Me reí entre dientes de sus divagaciones. —¿Por qué no te voy a buscar al trabajo esta noche?

—OK —sonrió ella, y me imaginé que este era, exactamente, el resultado que esperaba—. Mi turno acaba a las nueve.

—A las nueve, entonces —acordé, justo cuando el profesor entró al salón para iniciar la clase.

La clase sólo captó la mitad de mi atención; la parte desocupada de mi cerebro se redujo a soñar despierto. Estaba inmerso en mi fantasía favorita, Bella en falda sobre el escritorio, ahora saborizada con los recuerdos de ella inclinada sobre mi piano, cuando empujó un pedazo de papel sobre mi escritorio.

"¿Aun trabajando en Camus?"

Contuve la risa. Sólo una chica como Bella elegiría literatura existencialista como un buen tema para pasarse notitas en clase.

"Casi termino", respondí. Yo estaba muy tentado de cambiar el tema por el sus calzones, pero me contuve.

"¿Qué piensas?", quiso saber. ¿Cuál era el asunto de esta chica con su interrogadera acerca de mis lecturas? Debía ser una cosa de los licenciados en Inglés. Tal vez era su forma de coquetear o algo así.

"Resulta bastante sin sentido que Meursault continuamente se negara a seguir las expectativas de la sociedad sin utilizar ese poder para hacer algo que realmente quisiera hacer. Para el tiempo en que se da cuenta que sólo tiene una vida para vivir, está atrapado en prisión y no puede hacer nada con esa vida. La libertad que, supuestamente, encuentra en su propia insignificancia parece un poco... vacía."

Bella leyó mi respuesta con una expresión pensativa.

"Siempre he pensado de esa manera, también. Camus me frustra, él parece pensar que la ausencia de un significado más profundo en la vida humana es la ausencia de todo significado. Pero tenemos el poder para crear significado. ¿No te parece?"

¿Crear significado?, ¿en este mundo? Yo había visto muchas vidas superficiales, vacías; incluso las actividades que se suponía fueran significativas, a menudo dejaban a la gente sintiéndose insatisfecha.

"Haces que parezca tan fácil."

Sonrió para sus adentros.

"Por supuesto, no es fácil, pero creo que hay cosas por las que vale la pena vivir."

No pude resistirme.

"¿Por ejemplo?"

Se mordió el labio mientras escribía su respuesta, su lapicero casi volando por su entusiasmo.

"Como la ciencia y el arte, trabajar para mejorar la vida de los demás, el amor, la pasión. ¿No son estas razones lo suficientemente buenas?"

Yo nunca había visto a esas cosas volverse razones suficientemente buenas.

"Tal vez lo sean. Pero me parece que la mayoría de la gente no se da realmente cuenta de lo que estás diciendo"

Bella se rió entre dientes mientras leía eso.

"Ellos simplemente no han leído a Sartre. Él hace que sea sencillo. Además, la gente es perezosa. Esperan que todo les caiga justo en el regazo. Tienes que hacer de tu vida lo que quieres que sea."

Era tan claro para ella, me di cuenta. Ella sabía exactamente quién era y qué quería. Yo... la envidiaba. Eso es lo que esto era. Yo envidiaba su ingenua inocencia, su facilidad para creer...

"Tendré que ver de qué trata Sartre, entonces."

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No tenía nada mejor que hacer, así que decidí ir a ver a Bella temprano... dos horas más temprano. Pero había dicho que la visitaría en el trabajo y, realmente, debía chequear un poco a su admirador y asegurarme de que no se cruzara ningún límite mientras trabajaba con ella. Era demasiado buena para su propio bien; ella probablemente no le diría que se calmara si fuera necesario. Definitivamente, debía mantener un ojo en ese chico...

Con un libro en la mano para mantenerme entretenido, me dirigí a la cafetería. El aroma de Bella saltó hacia mí, aun en medio del abrumador olor del café. Creo que conocería ese olor en cualquier lugar.

Ella estaba detrás del mostrador, mezclado cuidadosamente uno de esos extraños brebajes que los seres humanos elegían beber. Me hizo sentirme bastante feliz por mi dieta sin complicaciones... había sangre y nada más. Simple.

El chico estaba allí, parado demasiado cerca de ella, instruyéndola sobre cómo hacer el mocha-frappu-no-sé-qué-cosa. Hice un escaneo rápido de las mentes en la sala. Varios clientes, pero la gerente de mente lasciva no estaba aquí, afortunadamente. Esa era una cosa menos con qué lidiar.

Bella estaba pasando la bebida a la mujer que esperaba con impaciencia en el mostrador cuando me vio. Ella sonrió brillantemente y casi volcó la taza, pero se contuvo rápidamente. Caminé por la habitación mientras la insatisfecha cliente se quejaba mentalmente de la estupidez de Bella. Sacudí la cabeza para mí mismo. Si esta mujer la conociera en absoluto, no se atrevería a llamar estúpida a Bella.

—¿Qué haces aquí tan temprano? —Bella preguntó, ahora libre por un momento. El muchacho estaba muy descontento ahora que la atención de Bella se desviara de él.

Me encogí de hombros. —Bueno, prometí visitarte en el trabajo. Pensé en pasar el tiempo aquí hasta que terminaras.

—¿En serio? —preguntó complacida—. Acabas de mejorar mucho mi noche.

—¿Ah, si?

Dios, qué idiota. ¿Por qué los tipos como éste siempre se llevan a las mejores chicas?

Ella sonrió ampliamente. —Definitivamente. ¿Quieres algo? Casi puedo hacer una taza de café por mí misma.

Me eché a reír. —No, gracias. La cafeína me hace daño —mentí con facilidad.

—A mí también —dijo—. Así que el café que gano por trabajar aquí se desperdicia conmigo.

El chico salió por detrás de Bella y se aclaró la garganta. —Hey, Bells, hay clientes que esperan.

¿Bells?, ¿qué tipo de apodo tan horrible era ese? Me estremecí. Una mirada hacia atrás de mí confirmó que había, de hecho, una única persona detrás mío. Volteé los ojos.

—Estaré por allá —le dije a Bella, indicando un rincón vacío con un movimiento de mi cabeza. Ella sonrió y asintió con la cabeza.

Mientras que Bella continuó trabajando, yo fingía leer, pero estaba realmente muy pendiente del chico que trabajaba con ella. Él prácticamente se babeaba por Bella en sus pensamientos. Era asqueroso. —Ella es tan linda... ella es tan inteligente... ella es tan divertida... ella tiene unas tetas perfectas.

Iba a matar al pequeño idiota. Matarlo y hacerle pedazos tan minúsculos que nunca serían capaz de identificar el cadáver. Si hacía un movimiento en falso...

Sabía que debía controlar mi ira, no fuera que perdiera la razón y me expusiera a mí mismo frente a todos estos seres humanos y de Bella, también. Pero sus pensamientos eran bulliciosos y yo no iba a quitar mis ojos de encima de él ni por un segundo. No cuando estaba a pocos pies de distancia de mi Bella.

Ahora él le estaba enseñando a hacer otra bebida rara, algo que había que pasar por la licuadora. Y entonces, mientras alcanzaba por encima de su hombro para mostrarle qué botón presionar, muy intencionalmente, le rozó el pecho con su mano.

Su muerte sería lenta y dolorosa, decidí, ya acechándolo a través del pequeño espacio hacia el mostrador. Ella era mía. Mía, mía, mía, y todo el mundo debía saberlo. Esto no sería un problema con otro vampiro... mi olor, sobre toda ella, sería suficiente para ahuyentar a todos los demás. Pero, evidentemente, la sutileza estaba más allá de este débil mental humano, y yo tendría que marcarla como mía, descaradamente.

—Bella —dije, aunque mis ojos estaban fijos en una mirada asesina sobre el adolescente de aspecto muy culpable—. ¿Tienes un descanso?

—Yo... uh... sí —dijo, mirando entre su compañero de trabajo y yo.

—¿Por qué no lo tomas ahora? —le sugerí, volviendo unos ojos persuasivos hacia ella. Ella tragó saliva y asintió.

—Sí, claro. No estamos ocupados —acordó. Ella no preguntó si a él le importaba. Un pequeño triunfo.

Ella removió el delantal y salió de detrás del mostrador. La tomé del brazo y la conduje por un pasillo hacia un lado.

—¿Hay algún lugar donde podamos estar solos? —le pregunté.

—¿Uh... quieres decir... deseas...? —estaba tartamudeando y ruborizada, y me eso sólo me hizo desearla más.

—Sí, Bella, Te quiero coger. Ahora mismo. Yo quiero tomarte con fuerza y rápido y quiero que grites tan fuerte que todos en este lugar sepan a quien perteneces.

Estaba ruborizada desde la frente hasta el cuello de su camisa. Y ella estaba profunda e increíblemente excitada. El aroma dominaba todo lo demás.

—El almacén tiene cerradura —me dijo, con voz temblorosa.

—Muéstrame el camino —le dije con un gesto de mi mano. Por supuesto, yo podía oler el almacén con facilidad, lleno de café como estaba, pero yo no estaba supuesto a saber su ubicación.

Ella me llevó a la final del pasillo y adentro del almacén oscuro. Éste, de hecho, se enllavaba desde el interior, con una cerradura en el exterior. Hah, tal vez el admirador de Bella tendría las llaves y nos sorprendería. Eso se lo merecía.

Tan pronto como la puerta se cerró y la cerradura se enllavó, la tuve presionada contra la pared. Su gemido fue ensordecido mientras yo aplastaba mi boca contra la suya y comencé a trabajar en el botón de sus jeans. Las manos de Bella apretaron débilmente mis hombros.

—Quítate los zapatos —le dije. Ella obedeció mientras me desabrochaba el pantalón y me liberaba de mis boxers. Esperé con impaciencia a que ella se quitara ambos zapatos tenis antes de tirarme sobre ella de nuevo, empujando hacia abajo sus jeans y su calzón algodón. El olor de su deseo llegaba hacia mí más fuerte que nunca y me perdí. La levanté fuera de sus pantalones, sin poder esperar a que ella se liberara a tropezones. En un instante, ella estaba enganchada contra la puerta, sus muslos alrededor de mi cintura, mi pene rozando su sexo húmedo.

¡Joder, sí!

Me deslicé dentro de ella con facilidad, con un jadeo de su parte. Tan apretada, tan húmeda, tan mía. Realmente quería hacerla gritar esta vez.

—Edward —ella gimió, retorciéndose contra mí, batiendo sus caderas contra las mías con entusiasmo. —Por favor... te deseo tanto...

Gruñí y abatí mis caderas contra las suyas, una y otra y otra vez. Quería meterme dentro de ella y poseerla por completo, quería tatuar mi nombre en su carne, quería consumirla...

—Dime a quién perteneces —jadeé, escalando rápidamente hacia el clímax. Ella estaba cerca, también, podía sentir sus músculos revoloteando a mi alrededor. Pronto se apretarían, ordeñándome...

—A ti —jadeó.

—Dilo otra vez —demandé, moviendo mi mano para rozar un dedo sobre su clítoris.

—¡Te pertenezco a ti! —gritó ella, sacudiendo la cabeza hacia atrás y revelándome esa tentadora yugular. En su lugar, centré mis ojos en el rebote de sus senos.

—Di mi nombre cuando termines, Bella. Grítalo.

Ella gimió. —Oh, Dios, estoy tan cerca.

Empujé más duro, inclinado mis caderas para penetrarla lo más profundamente posible. Sus ojos se agrandaron y su boca se abrió.

—Oh... Yo...¡Oh, Dios... Edward!

. Gemí y gruñí durante mi clímax cuando terminé con más fuerza que nunca antes, ardiendo bajo el calor abrasador de Bella.

Parecía que habían pasado horas antes de que me sintiera capaz de funcionar de nuevo, pero probablemente fueran sólo unos segundos. Me retiré de Bella y la coloqué con cuidado sobre sus pies. Ella se tambaleó y se aferró a mí.

—Maldición —exhaló, y sentía como si, probablemente, estuviera poniendo todo su peso contra mí—. ¿Cómo voy a volver a trabajar ahora?

—Mmm, fácil. Te vas caminando por ese pasillo y vuelves a lo que estabas haciendo, y todos aquí sabrán, exactamente, qué y con quién, además, estabas haciendo durante tu descanso.

Se ruborizó profundamente. —Eres diabólico, Edward. ¿A qué se debió esto, de todos modos?

—Ese cachorrito de perro con quien trabajas te tocó inadecuadamente —gruñí, dando un apretoncito a su trasero para enfatizar.

Ella soltó un bufido. —¿Así que sentiste la necesidad de marcar tu territorio?, ¿por qué no te limitas a orinar en mi pierna la próxima vez? Podría ahorrarte algo de energía.

Me reí con ella. —Pero de esta forma es mucho más placentero para los dos, ¿no crees?

—Tal vez —admitió a regañadientes mientras se ponía sus pantalones—. Pero es mejor que no hagas un hábito de esto cada vez que un tipo me mire raro. Definitivamente, me van a despedir si mi novio me arrastra a la bodega todo el tiempo.

—Oh, muy bien. Si insistes —suspiré. Me abroché la faja, y ella se apoyó en mí para mantener el equilibrio mientras se ponía sus zapatos de nuevo.

—Voy ir a limpiarme un poco en el baño antes de volver por allá —dijo, abriendo la puerta. Eso era probablemente una buena idea. Sus labios estaban hinchados y su cabello... bueno, su cabello, definitivamente, revelaba que había cogido como Dios manda.

—Está bien. Nos vemos por allá —dije, contento por la oportunidad. Tenía algo que hacer primero.

Como lo sospechaba, el chico estaba esperando junto al mostrador, bastante incómodo. Me dirigí directo hacia él. Retrocedió un poco al verme y me incliné sobre el mostrador, buscando que se cagara de miedo.

—Déjenme aclarar algo —susurré—. Tú no tocas a Bella. Si le pones una mano, una mierda uña, encima una vez más, no te gustarán las consecuencias. ¿Entiendes?

Él asintió con rigidez y pude oler el miedo.

Qué imbécil —pensó mientras me daba la vuelta—, posesivo anormal.

Pero estaba petrificado. Me sonreí a mí mismo.

Fait accompli.*

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*Se traduce del Francés como hecho consumado.