Hola! He vuelto dándolo todo después de haber sido secuestrada vilmente por mis exámenes en la universidad, mil trabajos y mil movidas que me han tenido apartada de vosotras… Llora y se hace bolita en un rincón.
En fi, que deciros que no sepáis ya, que os adoro a todas por vuestro apoyo, por vuestros comentarios que me sacan más de una sonrisa, gracias por estar ahí, de verdad de la buena, desde el kokoro lo digo.
Como siempre quiero dedicar mis palabras a mis locas amigas que sin ellas no sé que sería de mí, ellas saben quienes son así que no me voy a extender, solo diré que está muy especialmente dedicado a mi osito por su love eterno, a mi sobri por soportarme histérica y a mi sister por no dejarme caer.
Recordar también que, aunque sea una injusticia de niveles astronómicos, los personajes no me pertenecen y solo los tomo prestados para dejar volar mi loca imaginación. Besitos a todas (Y todos si hay hombres por aquí) y disfrutad de la lectura.
CAPÍTULO 10
Lunes, un maldito lunes con el cielo cargado de nubarrones, gris y oscuro, inicio de semana, atrapada como me encontraba en la silla de mi escritorio, en mi inmenso despacho, los dedos bailando sobre las teclas de mi portátil transcribiendo informes de casos con el sopor de los días nublados haciendo mella en mis rasgos.
Me sentía cansada, sin ganas de seguir trabajando, cuando mis ojos encontraron, casi de casualidad, la instantánea solitaria que adornaba mi mesa obligándome a sonreír en el acto al ver la mirada de Emma, aguamarina y limpia, devolverme la sonrisa desde la fotografía, mientras los acordes de una canción invadían mi mente sin ser invitados, la canción que ella me cantó sobre ese puente, el lugar donde todo empezó, donde murió Regina y renací, donde me permití buscar mi felicidad y esta tenía nombre, tenía los cabellos rubios, la sonrisa más dulce del mundo y me regalaba los besos más cargados de amor y cariño que jamás en mi vida había recibido.
La sonrisa no abandonó mi rostro, de pronto pensar en Emma consiguió que mi día gris se tintara de colores, tenía esa capacidad de envolverme y llenarme de felicidad incluso sin estar presente, era abrumado, intenso y a la vez me llenaba de fuerza y vida.
De pronto la idea de trabajar con ahínco para terminar pronto y poder correr a sus brazos me pareció la mejor del mundo, con energías renovadas y la alegría de saber que en unas horas me perdería en el inmenso océano que eran los ojos de Emma, continué mi labor, silbando sin apenas darme cuenta nuestra melodía, la misma que ya no saldría de mi cabeza jamás…
Pensando en ella, en pedirle que me cantase una y otra vez la canción del puente para poder gravarla e inmortalizar el momento en mi teléfono me perdí en mi mente buscando el recuerdo de sus besos hasta que el sonido estridente del móvil me devolvió a la tierra en un respingo.
Me habría enfadado y habría maldecido con todas las palabrotas malsonantes que se me ocurriesen a quien osase llamarme para perturbar mis agradables pensamientos hasta que vi su nombre en la pantalla y, una vez más, con la calma que me invadía cuando ella hacía entrada en mi día a día cual huracán salvaje sin avisar y sin haber puesto los frenos, respondí al teléfono sin dejar de sonreír, ansiosa por escucharla, por sentirla cerca, por jurarle sin palabras que sería siempre feliz mientras rondase por mi vida.
-Hola Gina ¿te pillo en muy mal momento?
-Buenos días Emma… me pillas pelándome con un informe, pero no es mal momento
-¿A qué hora sales hoy? ¿Puede ser antes de las tres? Pasaría a recogerte ¿Me acompañas a un sitio? Dios me encantaría que me acompañes a un sitio
Ahí estaba mi Emma, mi huracán, mi tormenta particular, hablando sin apenas respirar denotando su emoción desmedida y provocándome una leve risa al imaginarla dando saltitos al otro lado de la línea, con sus ojos brillando y una amplia sonrisa en el rostro cual niña pequeña a quien acaban de regalar una golosina
-Para Emma, más despacio, las preguntas de una en una para que pueda seguirte
Escuché el silencio al otro lado y supe que Emma estaba respirando, tratando de serenarse para hablar conmigo cual persona civilizada.
-Está bien, primera pregunta. Regina ¿Puedes salir antes de las tres?
-Por poder, puedo, soy mi propia jefa
-Estupendo, segunda pregunta ¿Puedo ir a recogerte?
-Sabes que sí, no hace falta que me lo preguntes
-Genial, ahí viene la tercera pegunta, es la más importante… es vital, presta mucha atención
-Emma… Suéltalo ya
-¿Te apetece acompañarme a ver un piso? Ya es hora de dejar la habitación del motel y establecerme indefinidamente en Boston
No pude evitar soltar una carcajada que retumbó por todo mi despacho, la verdad es que estaba tensa desde que Emma empezó a darle ceremonia a su dichosa tercera pregunta, me esperaba cualquier cosa menos que quisiera ir conmigo a ver pisos.
Ella aguantó, seguramente sonriendo, mi risa divertida esperando mi respuesta a pesar de saberla ya afirmativa.
-Entonces ¿Te recojo a las tres? Podemos ir a comer y luego a ver el piso
-Claro, te estaré esperando, hasta luego Emma
-Adiós Gina
Colgamos y de inmediato empecé a sentir la enorme falta que me hacía su voz, me tenía atrapada en sus redes y, por extraño que pareciese, no tenía ganas de escapar.
Continué mi trabajo ojeando el reloj cada poco, esperando impaciente con el estómago despierte en millones de emociones, que llegase la hora en la que ella vendría a recogerme y devolvería el color a mi día.
Cuando dieron las tres en punto, apagué mi ordenador sin importarme nada más que volver a verla, ya continuaría con los malditos informes en otra ocasión. Cogí mi abrigo y eché un vistazo al espejo, adecentando un poco mis cabellos a pesar de saber que lucía hermosa y perfecta a sus ojos en toda ocasión y salí de mi despacho con paso firme sabiendo que en recepción estaría mi Emma.
Sonaba tan bien llamarla mía en mi mente, la quería, con todo y con nada, con su pasado aun sin desvelar, con sus pesadillas, con sus brazos rodeándome, con su voz cantándome, la quería tanto que dolía, ardía en mi pecho y me hacía creer que los imposibles no existían, que yo podía volar, ella me elevaba con un toque, con una caricia, con un beso, ella era mía y yo era suya con la misma intensidad.
La vi, mi corazón se saltó más de un latido cuando mis ojos se posaron en sus esbeltos hombros, en su espalda, en sus cabellos dorados cayendo en cascada, cuando llegó a mi su risa, compartiendo alguna anécdota con Ruby mientras me esperaba.
Finalmente, quizás atraída por el sonar de mis pasos en el mármol, o por un sexto sentido que le decía que ahí estaba yo, se giró regalándome la oportunidad de perderme en su mirada, desbocando mi corazón y dibujándome la más bella de mis sonrisas.
No tuve que llegar a ella puesto que, con grandes zancadas, me alcanzó chocando sus labios con los míos regalándome el aliento con su beso, la había echado tanto de menos que no me importó estar besándole en mitad del vestíbulo ante ojos indiscretos, no me importaba que nuestros labios unidos gritasen que ella era mía.
Finalmente buscamos aliento, separándonos con un pequeño gruñido de frustración mientras ella besaba mi nariz juguetona y yo simplemente bailaba en mi interior con todas las emociones que despertaba con sus gestos. Tomó mi mano con fuerza y me miró a los ojos, sabiendo que en esos instantes era más suya que nunca.
-¿Nos vamos Gina? Tengo muchas ganas de enseñarte el piso
-¿Por qué tantas? No lo entiendo, eres tú quien ha de vivir ahí, te tiene que gustar a ti
-Pero también a ti amor, quiero que pases tiempo conmigo en mi nueva casa, quiero que te sientas cómoda y a gusto en ella
No dije nada, simplemente comencé a andar a su vera, intentando batallar con las lágrimas que llegaban a mis ojos mientras mi corazón parecía querer salir desbocado y ni siquiera había sido capaz de comprender sus últimas palabras ya que mi mente se había quedado anclada en ese "amor", Emma me había llamado amor y yo simplemente podía morir en esos instantes plena y dichosa porque ella me quería, porque yo era suya y ya no había vuelta atrás.
Ni siquiera fui capaz de concentrarme en la comida, o de escucharla hablar con emoción del pequeño piso que había encontrado, relativamente cerca de mi apartamento y de un parque donde poder ir a jugar porque Emma siempre sería niña y esos detalles para ella eran importantes, aun anclada en ese amor que su rubia le había dicho de forma tan natural y que lo había cambiado todo para mi sin apenas darme cuenta.
Cuando llegamos apenas pude centrarme en la arrolladora emoción de Emma enseñándome todos los detalles que le gustaban de la que podía ser su nueva casa, estaba tan feliz que yo solo podía alegrarme y disfrutar con ella del momento, a pesar de que el lugar me pareció demasiado pequeño no era para mí, era para Emma y realmente mi rubia en esas cuatros paredes no desentonaba en absoluto.
-Entonces ¿Te gusta? ¿Lo alquilo?
Su pregunta me sacó de mis ensoñaciones y me perdí una vez más en su rostro, en sus labios que tanto me gustaban, en esa sonrisa que tenía mi mente del revés. La besé, no pude evitarlo, necesitaba sentirla, necesitaba que fuese mía para poder aterrizar y centrar mis pensamientos para no meter la pata sin saber bien qué decir.
Cuando rompimos el beso, sus brazos se enredaron en mi espalda, apretándome contra ella con fuerza mientras jugueteaba frotando su nariz con la mía sonriendo.
-¿Te gusta el piso Gina?
-Me gusta mucho para ti, quizás yo lo habría escogido un poco más grande, pero me gusta
-Es importante para mi ¿Sabes? Es la primera vez en toda mi vida que me decido a alquilar un piso y estoy nerviosa
-¿La primera vez? ¿Y por qué has decidido alquilarlo ahora?
-Porque ahora todo ha cambiado, no tengo ganas de huir de un lado a otro, tengo ganas de establecerme de convertir Boston en mi hogar.
Y así, perdida en sus ojos, en su sonrisa, en sus labios supe que ella era mía, pero yo era más que eso, ella se había vuelto mi alegría y yo me había vuelto su hogar.
