Hola, bien, aqui esta el fragmento del cual les hablaba al final del capitulo anterior, a peticion de algunos lo he pesto para no dejarlos con la incognita, aclaro que esto no es un capitulo, es mas bien como su titulo lo dice, anexo, es un historia dentro del capitulo anterior, para complementarlo un poco, bien sin mas por el momento, gracias por leer.
Anexo, La tristeza en el soplo de un abanico
En ese momento en las calles de Konoha, las personas se movilizaban de un lado para otro, era mas que seguro que pronto un gran evento estaba por comenzar, y todo se reducía ha ese día.
A las afueras de Konoha, existían unas ruinas donde años atrás por ley del hokage se había prohibido el paso mas haya de las murallas que la rodeaban, sin embargo la figura de una persona ya hacia de pie delante de esas puertas, el sabia que había atrás de ellas, y aunque doliera el quería verlas de nuevo.
Recordaba la última vez que las vio, y sabia que no era uno de sus más gratos recuerdos, sin embargo sus pensamientos habían llegado a una conclusión, los momentos mas felices y a la vez tristes de su vida estaban resguardados detrás de esas murallas.
Algo le oprimía el pecho, sentía un gran dolor en el, sabia lo que era, pero hace mucho tiempo atrás que había prometido no dejar salir ningún tipo de sentimientos, en especial aquel que en ese momento agobiaba su corazón.
Al final obtuvo todo el valor que necesitaba y empujo aquellas puertas, a pesar de que sabia lo que le esperaba, nada lo preparaba para encontrar lo que ahí miraba.
Lo que algunas vez fue la Villa de su clan, con los abanicos que eran la insignia de este llenando aquellas alegres calles, se había convertido en un pueblo fantasma, cada paso que daba le traía a su mente recuerdos gratos y recuerdos dolorosos de la ultima vez que miro aquellas calles. Todo estaba igual que antes, el tiempo se había detenido en aquel lugar, y a pesar de estar conciente de que solo tenia seis años la última vez que vio esas calles, aun la tenia presente en sus memorias.
De tanto caminar, finalmente llego a su destino, al único lugar dentro de aquel poblado que podía llamar hogar, una casa digna del jefe del Clan, se mantenía aun en pie, el tiempo no parecía haber causado estragos en esta; abrió lentamente la puerta, todo estaba a oscuras, las mismas cosas que había dejado aquella tarde al salir ha entrenar con su hermano, aun se mantenían ahí, en la entrada de su casa; polvo y telarañas se habían apoderado del recinto. Poco a poco se adentro aun mas, se sentía extraño en su propia casa, pero al fin después de todo esa era su casa.
Se atrevió a dejar entrar un poco mas de luz en aquel desolado lugar, corrió las persianas que cubrían las ventanas, y pudo ver lo que aun quedaba, pudo ver aquello que no se había atrevido a mirar desde aquella noche; esa era la sala donde solía pasar tiempo con sus padres y hermano, mas haya estaba la cocina, y siguiendo el pasillo, llegaría al jardín interior de la casa.
Pero su vista se desvió de su primer objetivo, y se poso a unas escaleras, que el conocía muy bien, esas escaleras llevaban a las habitaciones de la casa, a la de sus padres y hermano y principalmente a la suya, subió por ellas, siguió derecho una tras otra habitación, la primera era la suya, la cual aun parecía esperar intacta a su regreso; enfrente de esta ya hacia la de su hermano, que se mantenía igual que como la dejo aquella tarde; y al final, la habitación principal, la de sus padres.
Aun ha sabiendas que entrar ahí, le traería malos momentos abrió la puerta, las ventanas estaban abiertas de par en par, dejando ver todo detalle de ella, no recordaba muy bien la ultima vez que había estado ahí, ya que cuando eso sucedió era de noche y estaba ha oscuras, observaba todo como queriendo memorizar cada paso que daba, cada detalle.
Hasta que su vista se fijo en un mueble cercano a la cama; sobre el, algo había llamado su atención. Era un portarretrato, con una vieja foto en el, limpio el polvo que le impedía verlo mejor, y pudo contemplar aquella imagen; era una foto donde se encontraba su madre, su padre y su hermano, y el sobre los hombros de este ultimo, parecía feliz, sonreía mientras se apoyaba en la cabeza de su hermano. Recordó el día que tomaron esa foto, había sido un mes antes de aquella noche, le traía muy buenos recuerdos verla.
Sin embargo de repente, la sonrisa que había logrado dibujar en su rostro con dificultad se borro al percatarse de un detalle; había una mancha de color rojo que atravesaba la foto en diagonal; y a pesar de que el tiempo la había hecho casi invisible, ahí estaba, como único testigo que indicaba lo sucedido aquel día que perdió todo, el lo sabia, esa mancha no podía ser otra cosa mas que Sangre.
De pronto lo que el miraba ya no era la recamara de sus padres que el recordaba miro determinadas zonas de la habitación, habían manchas, de igual color y mayor tamaño; dirigió su vista al armario, ahí estaban silenciosa muestra de lo sucedido; donde quiera que miraba ahí estaban, pero luego bajo su vista al tatami que cubria el suelo, con horror pudo observar una mancha de vivaz color impregnada en el, era un rojo mas fuerte que las demás, y era una mancha que se prolongaba mucho mas.
Alguien se desangro hasta morir en aquel lugar, pero su espanto fue mas al ver que el estaba sobre esa mancha, retrocedió hasta la puerta, mientras negaba con la cabeza lo que sus ojos miraban, no sabia a quien pertenecía esa sangre, ya que su hermano aquella noche no le había dejado entrar hasta esa parte, salio al pasillo, y cerro la puerta de golpe, se sentó a los pies de esta apretando aquel retrato contra su pecho.
Fue entonces cuando recordó todo lo sucedido, frente a sus ojos pudo recordar lo que había pasado, lo estaba viviendo de nuevo, no eran ilusiones, no era un mal sueño como los que solía tener, no, estaba despierto, y podía observarse a si mismo pequeño subiendo por las escaleras de aquel pasillo, buscando a sus padres aquel día; se preguntaba, como el y su hermano habían logrado llegar hasta su casa sin ver la masacre llevada a cabo en las calles.
Con un reflejo se puso de pie, y siguió a aquel pequeño en su recorrido, bajo por las escaleras y se quedo petrificado en la sala, como aquella noche, pudo ver frente de si, al niño que se disponía a correr por aquel pasillo, para alcanzar a su hermano que estaba en las puertas del dojyo, pudo ver de nuevo cuando su hermano, aquella noche, dio vuelta sobre si y corrió hacia el, pudo sentir de nuevo aquel escalofrió que sintió cuando su hermano ha toda prisa le tomo en brazos y lo saco de aquella casa.
Recordaba haber visto en las oscuras una figura que ya hacia tendida en el suelo del dojyo, ahora estaba claro, lo que Itachi había visto en ese momento era a su padre muerto en el suelo, pensó que si hubiese seguido buscando aquella noche en las habitaciones tal vez hubiese dado con el cuerpo de su madre en la alcoba, estaba claro, esa era su sangre, ante este pensamiento no pudo mas, salio corriendo de aquella casa.
Corría por las calles, y a pesar de estaba conciente que nada había allí, seguía imaginando las escenas que vio esa noche en las calles después que su hermano lo saco de casa, recordó la angustiosa carrera de Itachi por sacarlo de ese lugar, como su hermano hacia todo lo posible por mantenerlo a salvo de esa cruel vista, pero el observaba aterrorizado por un pequeño orificio que le dejaba respirar cuando su hermano lo había cobijado en sus brazos para protegerlo, lo recordaba claramente, todo lo que había pasado, nada había sido olvidado.
Pensaba que tenia que darse prisa y salir de ahí, había sido una mala idea entrar de nuevo ha ese lugar, a paso apresurado corría por las calles que le permitirían escapar de nuevo al exterior, a la seguridad del exterior; donde había permanecido tanto tiempo, y es que ahora que lo notaba, había manchas de sangre por doquier, y no quería permanecer ni un segundo mas ahí.
Al doblar en una esquina, por fin pudo divisar las puertas y la muralla que los separaban del exterior, apresuro el paso y por ellas salio, cerrándolas de nuevo tras de si, se sentó de nuevo a los pies de esta. La respiración le era agitada, sus pensamientos eran un rompecabezas, le dolía el pecho.
No sabía cuanto tiempo había estado allí adentro, no sabia cuanto tiempo pasaría para que volviera a ese lugar, lo único que sabia era que había escapado, otra vez.
Pero, en ese instante lo único que quería era olvidar, volver a guardar todos esos recuerdo que había despertado por su reciente acción, quería dormirlos de nuevo; fue cuando se dio cuenta que traía algo aferrado a su pecho, lo miro, en el apuro por salir de ese lugar, no se había percatado que traía consigo aquel portarretratos, lo miro por un segundo mas, hasta que una gota callo sobre el cristal, miro al cielo y no habían indicios de que lloviera, entonces toco su rostro y se dio cuenta que esa no era una gota de agua, era una lagrima, una de sus lagrimas, cuando había comenzado a llorar?
Por que no se detenía?, pues el sentía aquel salado liquido recorrer sus mejillas, hasta llegar al final de su rostro, se pregunto así mismo hacia cuanto tiempo no había llorado, recordaba esporádicamente haberse levantado mas de una vez con las mejillas y la almohada húmedas después de sus pesadillas, pero no estaba consiente de que había llorado, mas sin embargo, ahora lo estaba, estaba despierto y llorando, algo que estaba fuera de su vida según el.
Su orgullo y su promesa de tiempo atrás le impedía demostrar esta sencilla acciona si que, limpio sus lagrimas, y tallo sus ojos con las manos, después de todo seguía siendo un niño de doce años, esta vez se lo perdonaría a si mismo, aun no tenia absoluto control sobre sus emociones, se dispuso a marchar de aquel lugar, después de todo tenia cosas mas importantes que hacer que estar llorando, por algo que el no iba ha remediar.
Sin embargo este hecho no paso por alto, ya que después de todo no se encontraba solo, desde lo alto de una azotea una sombra observaba pasivamente lo que sucedía, y sonreía con una tétrica mirada en sus ojos.
