Claim: IV/III.
Notas: Pre-series. Spoilers de la serie de acuerdo a su transmisión en Japón.
Rating: T.
Género: Romance/Angst.
Tabla de retos: Het/Slash.
Tema: 01. Himno


Nadaba en un abismo de oscuridad, ayudado por sus débiles brazos. Cada ola era más potente que la anterior y lo arrastraba hacia atrás, a pesar de que en realidad no tenía un rumbo fijo. Avanzar, sólo avanzar, eso era lo que III buscaba. Quizá si avanzaba suficiente llegaría a algún lugar, fresco, seco y luminoso. El tiempo parecía no existir en aquél mundo de oscuridad, sin embargo, sentía cómo se prolongaba y avanzaba con mayor fluidez que él, lo sentía sobrevolar su cabeza, su cuerpo diminuto azotado por corrientes de agua. ¿Llegaría alguna vez? La respuesta apareció tras un parpadeo, un año, un siglo, un milenio. El agua se hizo menos densa, la oscuridad comenzó a calmarse, detenerse como una bestia demasiado cansada para seguir torturándolo. Sus brazadas se hicieron más rápidas, más precisas. Y III pudo entonces recordar lo que buscaba. Su padre, sus hermanos, la promesa de un mejor futuro.

Braceó sin detenerse y aunque sus brazos le gritaban de dolor, aunque una voz en su interior se burlaba de sus intentos, calificándolos de vanos e inútiles, de simples mentiras, por fin pudo llegar a la orilla que buscaba. Abrió los ojos. El sueño, la pesadilla, había terminado. Frente a él se extendía su habitación, su casa, llena de sombras azules y silencio. Hacía frío y se estremeció al sentirlo, al darse cuenta de su desnudez, apenas cubierta por una manta.

—Nosotros... —la voz a su lado logró sobresaltarlo, apartó la vista de sus manos desnudas, que observaba como si no le pertenecieran y la dirigió hacia IV, incorporado en una cama similar a la suya y tan desnudo como el día en que había nacido. No podía llegar a explicarse del todo porqué estaba a su lado, mucho menos el que su hermano mayor también les hiciera compañía. ¿Hasta qué punto los planes habían fracasado? ¿Y hasta qué punto podía esperar felicidad en el mundo al que acababa de despertar?

Una opresión en el pecho (¿por qué, si ya no nadaba en el mar de sus pesadillas?) le informó que nada estaba resuelto, que no despertaba al final de un cuento de hadas, sino al comienzo del último acto, tras la muerte de varios actores. Su padre. Lo supo al instante. Y con su padre, ¿IV también...?

—¡Nii-sama! —lo llamó inmediatamente. Nunca habían hablado del futuro, de éste futuro que aún tenían que arreglar, pero que hablaba de un final feliz. A veces, sin embargo, podían leer la pregunta en los ojos del otro y la desechaban, la comprimían entre besos y abrazos, entre miradas largas. Pero era tiempo de saberlo, III necesitaba saberlo.

La sábana resbaló un poco más, mientras III trataba de incorporarse. Quizá no era momento para ello, no después de la desaparición de su padre, que sentían con fijeza en algún lugar de su pecho. Pero quería saberlo, quería ver qué tan lejos había llegado la pesadilla, qué tan lejos llegarían las medidas preventivas.

Por fin IV salió de su ensimismamiento, descubriéndose los ojos, que había cerrado como para frenar la fuerza del golpe, de la sensación de pérdida que de nuevo los invadía, de las implicaciones de que ellos estuvieran despiertos y su padre no. Sus ojos parecían casi líquidos en la semi-oscuridad reinante, pero había en ellos la suficiente fuerza y determinación para salir adelante. Furia, valentía, decisión. IV miró a su hermano y lo traspasó con sus ojos violetas, llenos de significados, palabras y mensajes.

Tenían que apresurarse, algo se los decía. Tenían que salir de allí, ir en caza de Faker y ayuda de Yuuma. Pero el mensaje que más le interesaba, el que primero llegó a su mente, repetido como un himno de esperanza, le hablaba a III de algo que quería escuchar, de algo que, aunque estaba mal, permanecería siempre a su lado.

IV estaba allí. Siempre estaría allí. Eso quería decirle.

Y para que no le quedara duda, le lanzó una última mirada lasciva antes de levantarse y comenzar a vestirse. Después de salvar a nuestro padre hablaremos, decían sus ojos, después y sólo después tendremos todo el tiempo del mundo qué perder.

FIN.