¡Saludos este sábado posterior al 14 de febrero!
Espero que hayan celebrado o que hayan comido mucho chocolate (soy fan del chocolate, lo reconozco, súper fan). Esta vez no escribí nada alusivo, ya que tuve mucho trabajo en el trabajo, razón por la cual ya no adelanté los últimos dos capítulos de este fic, así que bueno, tendré que ponerme las pilas esta semana para escribir acerca de dos de mis favoritos, Degel y Albafica, que son los que restan para que termine esta serie de escenas.
Muchísimas gracias a quienes leen y a quienes comentan, InatZiggy-Stardust (pobre bello Sísifo, recriminándose, a mí me gusta bastante también él), Mel-Gothic de Cáncer (el de la obra española, yo también me acordé cuando escuché su nombre), Kumikoson4 (gracias por ir leyendo, pobre Kardia y bueno en cuanto a Sísifo, y leyendo uno de los comentarios del capítulo de Regulus, preferí irme por otro lado, y sí, tienes razón, nuestro viejo Sagitario es muy estricto, pobre, lo hice sufrir), Asalea19, Kuro-na-kuri (bienvenida a este rincón melancólico, muchas gracias, me agrada que te hayan gustado los capítulos) y Fabiola Brambila (muchas gracias por comentar, creo que es cierto, no sé, o tal vez sea porque no continuaron adaptando la obra, pero como dices, sí sentí que de repente morían al inicio los caballeros más fuertes, Albafica, por ejemplo, o Manigoldo, que ambos me encantaron. Me hubiera gustado ver más de Degel y su hermosa biblioteca, por ejemplo; es bastante buena la obra de Lost Canvas).
Dejo en escena al antepasado de Shura, El Cid, tan rígido y estricto como su reencarnación. Copyright a Kurumada y a Shiori Teshirogi por tan torturables y atormentables personajes. Pasen, buen provecho, ya faltan sólo dos…
Hierro
Entonces no creyó que significara ventaja alguna sobre sus oponentes, los dioses del sueño. Vio en ello, más bien, una humillación, una debilidad que trazaría grietas en su cuerpo, en su cosmos, debilitándolo ante los ojos de sus enemigos, haciéndolo una presa fácil.
Ahora, mientras recuerda cómo Phantasos recogió su brazo derecho, el que él mismo se amputara, mientras observa la efigie de Sísifo en la única puerta que quedó en pie luego de vencer a Icelus, mientras Oneiros le dice que el caballero de Sagitario está en esa prisión por voluntad propia, se le ocurre que tal vez podría revertir su punto débil y usarlo a su favor.
Sólo una persona puede salvar a Sísifo, piensa antes de lanzar un ataque hacia cualquier parte con el muñón, que despide un sendero rojo y dorado que se pierde sin herir a Oneiros. Débil, ni siquiera puedes apuntar, escucha apenas El Cid. Y se muerde el labio inferior. Por la rabia y por el dolor en su brazo. Una burla. No importa. Su camino, sus intenciones, son tan rectas, tan firmes, como la hoja de una espada, y aunque el enemigo parezca infligirle una derrota, no va a desviarse. Además, tiene la esperanza de que, más allá de esta enorme prisión, la diosa Athena, la señorita Sasha, sienta su cosmos y guiándose con él, llegue hasta donde su caballero de Sagitario permanece prisionero de sus propios remordimientos.
Sin embargo surge cierto dejo de temor, ¿y si ella no viniera? El Cid guarda silencio; a su lado, Tenma, el caballero Pegaso, está pendiente de cada uno de sus movimientos; podría darse cuenta de sus dudas y él debe darle apoyo, debe inspirarle confianza.
En unos segundos el miedo se va. Ahí está la diosa Athena, Sasha, su sonrisa, el báculo que al colocarse delante de ambos caballeros, los defiende del ataque de Oneiros. El Cid sonríe apenas, cierra los ojos y piensa que después de todo le fue posible convertir una debilidad en fortaleza, que ni aunque le amputaran todos los miembros se permitiría decaer.
Próximo capítulo: Degel.
