Prim apagó la televisión y puso sus manos en las de su hermana mayor, las lágrimas le opacaban la mirada.
-Estaré bien, pequeño patito-le dijo Katniss revolviéndole el cabello, tratando de esconder sus emociones para no perturbar a su hermana.
-No quiero que regreses-sollozaba incontrolablemente y sentí que estaba invadiendo un momento muy íntimo para las tres cuando su madre se acercó para reconfortarlas. Me retiré sin decir una palabra, sabiendo que ellas entenderían que quise darles privacidad.
Cuando llegué a mi casa, estaba todo vacío, como habitualmente. O al menos eso pensé yo.
Sobre la mesa de la cocina, había una caja pequeña, envuelta en un papel café desconocido para mi.
Rasgué la envoltura y vi un aparato que reconocí como una grabadora, pero era mucho más sofisticada que las que yo recordaba.
Escuché un 'clic' y comenzó el horror: una mezcla espantosa de gritos y súplicas, grabada y traída directamente hasta mi.
¡PEETA!-y, con ese último alarido, que parecía ser causado por el dolor más atroz que alguien pueda imaginar, terminó la grabación.
Arrojé el aparato lo más lejos que pude y lo escuché aterrizar contra el piso segundos más tarde. Algo dentro de mí se rompió y comencé a llorar.
¿Qué clase de tortura habían utilizado para hacer que de su boca salieran esos aterradores sonidos? Mi mente reproducía una y otra vez la grabación, y se detenía en el instante en el cual ella aullaba mi nombre, el momento se volvía eterno, hacía eco y me aplastaba el corazón.
¿Habría sido antes o después del anuncio del Vasallaje? ¿Estaría bien? ¿La habrían matado?
Esa última pregunta se respondía sola; no podían matarla. Seguramente los ojos de Panem se volverían hacia el Capitolio si, súbitamente, cambiaran de Vigilante Jefe. De nuevo. Por los mismos motivos.
Recordé a Seneca Crane por un segundo, y traté de imaginarlo como un padre y un esposo más que como la mente maestra detrás de la muerte de veintitrés niños cada año. Por algún motivo, rememoré una conversación que tuve con Lyra una de las noches que pasamos juntos.
FLASHBACK
Las manos de Lyra hacían círculos en mi cuello, estaban tan frías como el hielo y era una sensación agradable sentirlas contra mi piel, que seguramente estaba ardiendo en comparación con la suya.
-Me he dado cuenta de que no sé casi nada sobre ti-le dije, mientras apartaba su cabello detrás de su oreja para verla mejor. Era algo que solía decirle cuando teníamos momentos a solas, porque ansiaba conocerla más a fondo. Anhelaba conocer a la mujer que se escondía detrás de la nieve y el carbón.
-Ya te lo he dicho, no hay mucho que saber-respondió con una pequeña sonrisa-Todo lo que necesites saber sobre mi, ya lo conoces.
-Háblame un poco sobre ti, vamos-traté de convencerla, y no me rendiría hasta no saber aunque fuera una mínima cosa más de su vida.
-Bueno, ya sabes quien era mi padre... Pero mi madre, era todo lo contrario a él-sólo me había hablado de su vida pasada un par de veces, y cuando lo hacía, su voz tenía una cadencia especial que lo hacía parecer un cuento para la hora de dormir-Ganó los juegos cuando tenía dieciocho años, era muy hermosa: fue el Tributo del Distrito 7. Mi padre se enamoró de ella desde el día de la Cosecha, según decía. Cuando ella venció, la tuvieron por semanas en el Capitolio: recibió todo tipo de ofertas de sus patrocinadores para que fuera su acompañante, de antiguos tributos ganadores e incluso del mismísimo Presidente, pero los rechazó a todos sin darles motivos. Se vieron en persona por primera vez durante su estancia en el Centro de Entrenamientos, y al término de su sesión privada ella le guiñó un ojo. Así comenzó todo, lo que al día de hoy termina aquí-dijo, señalándose a si misma.
Presentí que la historia en realidad no terminaba con ella, así que no dije ni una palabra para darle a entender que podía proseguir.
-Mis padres se casaron cuando terminó la Gira de la Victoria, y un año después, nací yo. Mi madre se hartó de la clase de vida que llevaba como vencedora: todos comiendo, bebiendo y modificando sus cuerpos por diversión, cuando las personas de los Distritos no podían hacer más que morir de hambre y ver morir a sus niños en los perversos Juegos del Hambre.-por un momento me pregunté si ella de verdad pensaría que los Juegos son un espectáculo cruel: ella jamás se enfrentó a la Cosecha, pero la dejé seguir-Como sabrás, la industria de mi distrito es la madera, y aprovechó esos recursos para espiar a los altos mandos del Capitolio: un árbol por aquí, otro por acá... ¿Quién sospecharía que un árbol puede grabar todas tus conversaciones? Absolutamente nadie. Pero la descubrieron...
Se detuvo por un momento, seguramente era algo difícil de relatar para ella.
-Yo tenía sólo cinco años, y vi como torturaban a mi madre hasta la muerte, arrancando pedazos de su cuerpo con utensilios espantosos. Mientras desgajaban la carne, mi padre tenía que arrojarséla a los mutos, que se alimentaban de lo que fue el amor de su vida... Desde entonces, mi padre no ha podido perdonar al Capitolio: ellos le quitaron lo que más amaba en el mundo.
FIN FLASHBACK.
El estómago se me hizo un nudo: tal vez Seneca Crane y yo tendríamos más cosas en común de las que yo jamás hubiera imaginado. Pero yo haría una diferencia: no habría nada ni nadie capaz de arrebatarme a Katniss y a mi hijo mientras yo siguiera con vida.
¿Qué les pareció? C: Disculpen si he tardado en actualizar, pero entre que se me va la inspiración y tengo hasta el tope de trabajos escolares ha sido un poco difícil._. Recuerden que escribo para ustedes
