- CAPÍTULO 10 -
El nuevo profesor de
Defensa Contra las Artes Oscuras
Cuando llegó al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, todos sus compañeros se apiñaban en la puerta, esperando que el profesor abriese la puerta. Harry se reunió con Ron y Hermione, observando entristecido lo pocos que eran para dar la clase: tan sólo ellos tres, Dean, Neville y Lavender (que, por cierto, se dedicaba a ignorarles de la manera más evidente).
- ¿Qué tal? - preguntó Ron, con una mirada ansiosa, mientras Hermione hacía todo lo posible por ignorarles del mismo modo que Lavender -. ¿Qué ha pasado?
Harry hizo una mueca.
- Ha dicho que se lo pediría al Consejo Escolar - respondió. Hermione soltó un bufido.
- Entonces, ya te puedes ir despidiendo de jugar al Quidditch, Harry - dijo -. El Consejo Escolar nunca aceptará que se vuelva a jugar el campeonato.
- Eres de lo más simpática, Hermione - gruñó Ron.
- No sé - dijo Harry, encogiéndose de hombros -. Cuando hablé con ella, McGonagall parecía muy dispuesta a convencer a todos los miembros del Consejo Escolar...
- Evidentemente - le interrumpió Hermione -, porque cuatro alumnos se lo pidan McGonagall no va a enfrentarse con el Consejo...
- Porque cuatro alumnos se lo pidan, no, Hermione - dijo Ron -. Porque Harry se lo pida.
Hermione chasqueó la lengua.
- No acabo de ver por qué... - empezó.
- Vamos, Hermione, es bastante obvio - dijo Ron, y miró a Harry -. Estoy convencido de que McGonagall haría cualquier cosa para que Harry se quedase en Hogwarts. Incluso enfrentarse con el Consejo. ¿Verdad? - le preguntó a Harry.
Antes de que éste pudiera contestar, la puerta del aula se abrió, y por el hueco asomó, alto, ancho como un buey, y con una sonrisa de suficiencia: Cormac McLaggen.
- Buenas tardes - dijo, haciéndose a un lado para permitirles entrar -. Adentro, vamos, rápido.
Harry, Ron y Hermione escogieron unos asientos lo más alejados posible de la mesa del profesor; ninguno de los tres estaba muy contento, y ninguno tenía una relación especialmente buena con McLaggen. Ron lo odiaba desde que había intentado robarle el puesto de guardián en el equipo de Gryffindor, Hermione no podía ni verlo desde que intentó aprovecharse de ella en la fiesta de Navidad de Slughorn, y Harry no le tenía ningún aprecio desde que le había partido el cráneo con una bludger durante el único partido de Quidditch que habían jugado, curiosamente, y aunque pueda parecer lo contrario, en el mismo equipo...
- Bien - comenzó McLaggen, situándose frente a la poco concurrida clase y observándolos a todos de uno en uno. Dean se encogió ante su escrutinio: seguro que pensaba que McLaggen recordaría que fue uno de los que tuvieron un pequeño intercambio de opiniones después de la derrota de Gryffindor frente a Hufflepuff -. Bien - repitió, y sonrió ampliamente -. Todos nos conocemos, de modo que no serán necesarias las presentaciones. Como sabéis, soy vuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras; ninguno de vosotros coincidió conmigo antes, porque pertenecíais a cursos inferiores, de modo que no sabéis que siempre he sido bastante apto, por decirlo de alguna manera, en esta asignatura. No importa: ahora podré compartir mis conocimientos con todos vosotros, y de este modo llegaréis a examinaros del ÉXTASIS con la suerte de haber tenido, por fin, un buen profesor en esta asignatura, no como los que habéis tenido que aguantar hasta el momento.
Harry, Ron y Hermione intercambiaron una mirada; Hermione enarcó una ceja, incrédula.
- A su lado, Lockhart era el más humilde de los mortales, ¿verdad? - susurró Ron al oído de Harry, que asintió, sonriendo. No había esperado menos de McLaggen.
- De acuerdo - continuó McLaggen, al parecer ignorante de la incredulidad que acababa de suscitar, no sólo entre Ron, Hermione y Harry, sino también, por la expresión de sus rostros, entre los demás Gryffindors que asistían a la clase -. Este curso tendréis que enfrentaros a un programa de estudios mucho más complicado del que habéis dado otros años. Comenzaremos por un repaso de las maldiciones más elementales...
- Menudo payaso - exclamó Ron, sentándose con expresión de asombro en la mesa de Gryffindor, en el gran Comedor -. "Siempre he sido bastante apto en esta asignatura"... ¡Pero si ni siquiera es capaz de desviar una maldición Piernas de Gelatina!
- Tú tampoco, Ron - respondió Hermione, sentándose frente a él.
- ¡Pero yo no soy el profesor! - dijo Ron -. ¿Has visto cómo le ha tumbado Harry? ¡Por favor, si incluso Neville es capaz de hacer un encantamiento de desarme mejor que él!
- Sí, bueno - dijo Hermione -, Neville ha mejorado mucho en Defensa Contra las Artes Oscuras, todos lo sabemos...
- ¿Pero es que no vamos a poder tener nunca un profesor como es debido? - casi gritó Ron, haciendo aspavientos con los brazos y golpeando inadvertidamente a Harry cuando se sentaba a su lado, tirándole las gafas -. Perdona, Harry... ¡Primero Quirrell, que tenía a Quien-Vosotros-Sabéis pegado al cráneo! ¡Después, Lockhart, que era capaz de convertir a unos duendecillos de Cornualles en algo tan peligroso como una manada de Acromántulas!
- No exageres - musitó Harry, tanteando en la mesa en busca de sus gafas.
- ¿Que no? ¡Lo digo por experiencia! ¡Casi pediría que Aragog nos diera clase, si no hubiera estirado la pata! Bueno, las ocho. ¡Luego, a Lupin, que no estaba mal pero nos dejaba con Snape una semana al mes! ¡Con Snape! ¡Una semana al mes!
- Lo hemos entendido, gracias.
- ¡Luego, a Barty Crouch, que era un lunático, un mortífago, un feo y seguía órdenes de Quien-Vosotros-Sabéis! ¡Después a Umbridge, que era tan indescriptible que no tengo palabras para describirla!
- Tiene un problema con el léxico - murmuró Hermione en dirección a Harry, que tuvo que esforzarse para contener una carcajada.
- ¡Y luego a Snape! ¡Snape! ¡Y, cuando nos libramos de Snape, tenemos que aguantar a este cretino, tan pagado de sí mismo que ni siquiera es capaz de darse cuenta de que el colegio entero, de McGonagall para abajo, se está riendo de él!
- No veo que te estés riendo, Ron - comentó Hermione, cogiendo una fuente de sardinas asadas.
- No, claro - dijo Ron, bajando el tono y los brazos -. Es que no es para reírse.
- Vale - exclamó Hermione -. Deja de decir incoherencias, ¿de acuerdo? Todos sabemos que McLaggen es un inútil. ¿Y qué quieres que hagamos? ¿Que nos pongamos en huelga?
- No creo que esa excusa funcione dos veces en el mismo día con McGonagall - suspiró Harry -. Si no, ahora mismo le pediría que mandase a McLaggen a hacer gárgaras. Y muy lejos.
Ron soltó un gruñido.
- Precisamente este año que nos interesaba aprender todo lo posible en esta asignatura...
- ¿Cuándo te ha interesado a ti aprender algo en alguna asignatura, Ron? - preguntó Hermione, exasperada -. Que yo sepa, lo único que has querido siempre ha sido aprobar los examenes...
- ¿Y cómo iba a aprobar los examenes si no aprendo nada? - exclamó Ron.
Hermione chasqueó la lengua y no dijo nada.
- Precisamente este año... - repitió Ron para sí.
- ¿Qué es lo que pasa precisamente este año? - preguntó Harry con curiosidad, poniéndose las gafas para observar a Ron, que tenía un aspecto bastante desalentado.
- Bueno - dijo Ron, fingiendo indiferencia -, pensaba que... que, si llegamos a hacer los ÉXTASIS, a lo mejor podría conseguir entrar en la Escuela de Aurores, ya sabes.
Harry lo miró unos segundos, sonriendo.
- Sí, claro - dijo, y se encogió de hombros -. Yo también quería aprender lo que pudiera en Defensa. Qué mala suerte, porque con McLaggen, según se ha visto...
- Bueno - dijo Hermione, indiferente, cortando un tomate por la mitad -. Si quieres que aprendamos algo más, ya sabes lo que tienes que hacer, Harry.
Harry la miró, exasperado.
- Hermione - dijo -, ya te he dicho que, por mucho que la profesora McGonagall me quiera aquí, en el colegio, no podría convencerla para que se deshiciera de McLaggen...
- No me refería a eso - dijo ella -. Quería decir que quizás ha llegado el momento de volver a formar el ED.
Harry se la quedó mirando, con una sensación de incredulidad creciente dentro de su cuerpo.
- Hermione - dijo al cabo de un rato -, verás, sé que puede sonar un poco egoísta, pero a lo que me refería era a aprender yo, no a enseñar lo poquito que sé a los demás. Sabes, me interesaba hacerme con más armas si tengo que enfrentarme a Voldemort algún día, y mucho me temo que volver con el ED...
- Bueno - le interrumpió Hermione, dejando el tenedor en la mesa y mirándolo fijamente -, por lo menos te serviría de entrenamiento, ya que dices que en clase de McLaggen no vamos a hacer gran cosa, ¿no?
Harry hizo una mueca.
- Lo que necesito ahora no es entrenamiento, Hermione... - comenzó.
- No - asintió ella -. Lo que necesitas es un milagro.
Harry entrecerró los ojos.
- Gracias por los ánimos, Hermione - dijo, enojado -. Eres...
- Sabes perfectamente que como mejor se aprenden las cosas en Defensa Contra las Artes Oscuras es practicándolas - dijo ella -. Tú mismo lo has dicho muchas veces. Y lo dijiste también en las reuniones del ED.
- No quiero perder el tiempo, y lo siento si soy un poco brusco, Hermione - dijo Harry -. Lo que tengo que hacer es encontrar esos Horcruxes y...
- Ah - exclamó ella, con los ojos brillantes de furia -. Así que no puedes perder el tiempo practicando Defensa Contra las Artes Oscuras, pero sí puedes perderlo jugando al Quidditch, ¿verdad?
Harry abrió mucho los ojos, sorprendido.
- No quería decir...
- Mira, Harry - dijo ella -. Déjalo, ¿vale? Sabes que Ron y yo sólo queremos ayudarte a acabar con todo esto, pero si piensas que no merece la pena, entonces no tenemos más que hablar.
- Lo siento - dijo Harry, encogiéndose en su asiento -. No lo he pensado, ¿vale?
- Bueno, pues piénsalo - contestó ella bruscamente.
El problema era que Harry estaba seguro de que, pensara lo que pensase, Hermione no cejaría hasta que consiguiese salirse con la suya. No se había planteado volver con el ED, una vez que consiguieron echar a Umbridge de Hogwarts, pero lo cierto era que, entre Umbridge y McLaggen, la diferencia no estaba tan clara... al menos, en lo que se refería a adquirir conocimientos en sus clases.
Lo que no se imaginaba era que no iba a ser Hermione la única en insistir hasta salirse con la suya.
Después de una cena bastante incómoda, durante la cual Hermione habló lo imprescindible y Ron continuó refunfuñando y maldiciendo a los profesores ineptos, subieron a la Sala Común de Gryffindor, que para entonces estaba bastante vacía porque la mayoría estaba todavía cenando. Se sentaron en su mesa favorita, junto al fuego (aunque, en esa época del año, todavía no estaba encendido) y se miraron, sin saber muy bien qué decir.
- Bueno - dijo Ron, vacilante, al cabo de unos incómodos minutos -, ¿y si empezamos a practicar el Encantamiento Proteico? Es que me da la sensación de que no voy a ser capaz de hacerlo en la vida... ¿Cómo era ese movimiento de varita...?
- Así no, Ron - contestó Hermione, retomando su personalidad habitual e inclinándose sobre él -. Verás, tienes que abarcar los dos objetos con el giro, y después...
Harry sacó su varita e intentó dominar él también el Encantamiento Proteico, un hechizo que consistía en hacer que dos o más objetos se comportasen de forma mimética, es decir, que si uno cambiaba de forma el otro también lo hacía a su vez... Para ello lo primero que tenían que hacer era echar sobre uno de los dos objetos un hechizo de transfiguración y convertirlo el algo exactamente idéntico al otro objeto, un hechizo que, según Hermione, ya habían dado el curso anterior en clase de McGonagall, pero que, por más que se estrujaba el cerebro, Harry no era capaz de recordar. Después de convertirlos en dos objetos idénticos (bueno, en realidad, después de que Hermione los convirtiera en dos objetos idénticos, porque ni Harry ni Ron fueron capaces de hacer un hechizo mimético), lo que tenían que hacer era conseguir que los dos objetos no sólo fueran idénticos, sino que "creyesen" ser idénticos y esa creencia se extendiese en el tiempo.
- ¿Sabes? - gruñó Ron, moviendo desesperadamente la varita en torno a los dos sacapuntas que permanecían inmóviles sobre la mesa -, este hechizo me da un poco de mala espina...
- Eso es porque no te sale - respondió Hermione, conteniendo una sonrisa.
- No, qué va - insistió Ron -. Es que... eso de hacer que un sacapuntas se crea que es igual que otro sacapuntas... No sé, ¿no es un poco... oscuro?
Hermione abrió mucho los ojos, y después soltó una carcajada.
- ¿A qué demonios te refieres con "oscuro", Ron? - preguntó.
- Pues... ¿No es como darle... mente, a algo inanimado?
- No seas bobo - rió Hermione -. No se trata de que el sacapuntas se "crea" de verdad que es como el otro, es una forma de hablar... De lo que se trata es de que sus moléculas se crean...
- ¿Y no es lo mismo? - la interrumpió Ron.
- ¡Que es una forma de hablar, te digo! - exclamó Hermione -. ¡Los sacapuntas siguen siendo objetos, Ron, no piensan!
- ¿Y si no piensan, por qué se creen que son idénticos, entonces? - insistió Ron.
Hermione lo miró, impaciente.
- De verdad, Ron, que no entiendo cómo has conseguido llegar a séptimo - dijo.
- Hombre, muchas gracias - gruñó él, dejando caer la varita sobre la mesa con cara de pocos amigos.
- ¿Pero es que no has entendido todavía que esto es magia?
- ¡Pues por eso! ¡Porque es magia! - exclamó Ron, exasperado -. ¿No estamos dotando a algo inerte de una mente que...?
- ¡Ron! ¡Sólo se trata de que una cosa imite la forma de la otra, no de que descubran la vacuna de la hepatitis C!
- ¿La qué de la qué? - preguntó Ron, irritado -. ¡Bueno, me da igual! ¡Sigo pensando que...!
- Este... perdonad...
Se volvieron hacia quien había hablado, sorprendidos: con la discusión de Ron y Hermione, ni siquiera se habían dado cuenta de que se había abierto el agujero del retrato. Allí, parados ante su mesa con expresión de inseguridad y de sorpresa, estaban Neville Longbottom, Dean Thomas, Lavender Brown, Colin y Dennis Creevey y Ginny Weasley. Harry miró a su alrededor: no había nadie más en la Sala Común. Daba la impresión de que aquellos seis habían salido juntos del Gran Comedor para encontrarse con ellos en la Torre sin que ningún otro Gryffindor los viese.
- ¿Qué pasa? - ladró Ron, enojado con Hermione y, al parecer, con la mitad del Universo conocido.
- Tranqui, tío - respondió Dean metiéndose las manos en los bolsillos con aire de indiferencia -. Contigo, nada. En realidad, veníamos a hablar con Harry.
Harry enarcó una ceja, sorprendido.
- ¿Qué pasa? - repitió, colocándose intencionadamente de parte de Ron en la invisible lucha de voluntades que éste había entablado con Dean.
Neville se adelantó y se colocó frente a Harry.
- Verás - dijo, mirándose los grandes pies -. Habíamos pensado... Bueno, después de la clase de esta tarde...
- ¿La de McLaggen? - preguntó Ron. Harry cerró los ojos, sabiendo lo que vendría a continuación.
- Sí, claro - contestó Dean -. Ha sido la peor clase de Defensa Contra las Artes Oscuras que hemos tenido desde...
- Desde Umbridge - dijo Ginny, haciendo una mueca de asco.
- Ya - dijo Harry, sin atreverse a mirar a Ron y a Hermione, para no ver reflejado en sus ojos lo que debían estar diciendo los suyos propios en ese momento: que los tres sabían exactamente a dónde querían llegar a parar. Sin embargo, un diablillo revoltoso que debía tener escondido en la mente le obligó a callar, y esperar a ver cómo se las apañaban para decirlo.
- Harry - continuó Neville, contando los agujeros de los cordones de sus zapatos con evidente esfuerzo mental -, hemos estado hablando, y... Bueno...
- El caso es que... - siguió Dean -, verás...
- Nosotros... - intervino Lavender.
- Es que... - musitó Dennis Creevey.
- Queríamos saber si te importaría que volviéramos a celebrar alguna reunión con el ED - dijo Ginny, mirando al resto con el ceño fruncido. Harry hizo una mueca: esperaba poder ver cómo sus compañeros las pasaban canutas para pedírselo, pero Ginny era demasiado directa.
Hermione, por el contrario, enarcó las cejas y lo miró de soslayo con un gesto de superioridad.
- ¿Lo estás viendo, Harry? - preguntó con voz suave -. ¿Ves como no soy la única que piensa que...?
- Está bien, Hermione - dijo Harry, suspirando -. Ya sé lo que piensas, ¿vale? Bueno - añadió, mirando a los seis compañeros de Gryffindor que permanecían de pie, espectantes -. La verdad es que no tenía pensado volver con el ED nunca más...
- Pero Harry - le interrumpió Neville, inclinándose sobre él con una mirada implorante en sus ojos acuosos -, McLaggen es casi igual de malo que Umbridge...
- Es peor - dijo Ron en voz baja -. Es como un cruce entre Umbridge y Lockhart.
- No vamos a aprender nada este curso - dijo Dean, mirándolo como si pensase que estaba obligado a hacerlo. Harry sostuvo su mirada con frialdad.
- Tú mismo dijiste, cuando fundamos el ED, que lo hacíamos para aprender a defendernos porque Quien-Tú-Sabes había vuelto - dijo Lavender -. ¡Bueno, no veo que él se haya ido a ninguna parte, y ahora volvemos a tener un profesor que es de todo menos competente!
Harry no dijo nada.
- Harry - imploró Neville -, por favor...
Aquello fue lo que le desarmó por completo. Neville, al igual que Luna, llevaba más de un año esperando, deseando, que el ED se volviese a reunir... y todavía les debía mucho por haber respondido a su llamada la noche que murió Dumbledore. Ellos, entre todos los miembros del ED, habían sido los únicos...
- Harry - intervino Hermione, atrayendo su mirada -. Harry, sabes que tienen razón: McLaggen puede incluso ponernos en peligro a todos al no enseñarnos nada con lo peligroso que está el mundo hoy en día... Además, ya sabes lo que te he dicho antes.
- Sí, ya - dijo Harry, volviendo a suspirar -. Escuchad... Sé que vais a pensar cualquier cosa de mí, pero de verdad que no puedo volver con el ED. Si tengo que ser sincero, os enseñé prácticamente todo lo que sabía hace dos años... Ya no hay nada nuevo que yo sepa y vosotros no. Y este curso voy a tener el mismo problema que vosotros, porque no voy a aprender nada nuevo con McLaggen. No tiene sentido que volvamos...
Bajó la cabeza, incapaz de soportar las expresiones de desilusión a su alrededor. Pero era cierto. No había nada más que él pudiera enseñarles. Nada útil, al menos.
- Lo único que puedo hacer - continuó en voz baja - es prometeros que, en caso de que aprenda algo por mi cuenta, no sé, con algún libro o lo que sea, os lo enseñaré en seguida.
- Pero Harry - dijo Hermione, posando una mano sobre su antebrazo -, podríamos aprender los hechizos del libro que...
- Es magia tenebrosa, Hermione - la interrumpió él -. ¿En serio quieres enseñarles a pasarse al lado de Voldemort?
- Bueno... No, pero...
- Harry - dijo Ginny con expresión de seriedad -, a lo mejor ha llegado el momento de que seamos nosotros los que te enseñemos a ti, ¿no te parece?
Harry frunció el ceño, sin comprender.
- No entiendo lo que...
- Quiero decir - continuó Ginny - que, si tú nos enseñaste a hacer todos los encantamientos, hechizos, maldiciones y contramaldiciones que conocías, quizá ha llegado el momento de que nosotros te ayudemos a ti a aprender cosas. Podemos mirar juntos en los libros de Defensa Contra las Artes Oscuras, y ofrecernos como cobayas para que entrenes con nosotros... Para que tú aprendas cosas nuevas, y después nos las enseñes a nosotros. ¿Qué te parece?
Harry permaneció en silencio unos segundos, sin saber muy bien cómo negarse a aquello, y sin saber tampoco si realmente quería negarse. Tenía que reconocer que no era mala idea, que, de hecho, podía resultar útil...
- Lo pensaré - dijo al fin.
No levantó la cabeza hasta que volvió a encontrarse a solas con Ron y Hermione, y entonces sólo lo hizo para lanzarles una mirada que quería decir con toda la claridad del mundo que era mejor para su salud que no hablasen del tema.
