Yunmoon Projects

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FOR BOTH

Capítulo diez

-Insufficient-

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Sakura abrió la puerta de casa con manos temblorosas. El dolor de cabeza implacablemente sacudía sus extremidades. Soltó su bolso frente a la puerta y se sostuvo con la pared, se sentía un poco mareada. Intentó respirar suavemente, cada suspiro aliviaba su mareo y el dolor de cabeza, no sabía la razón de su mal estar, pero realmente le había preocupado un poco.

Había tenido una hemorragia nasal desde el momento en que entró a la sala de música, al principio simplemente sostuvo un pañuelo sobre su nariz, la profesora le auxilió… a los cinco minutos que la hemorragia no paraba la enviaron a la enfermería de la escuela y poco después fue enviada a casa. Como su tutora seguía siendo Haruka la habían llamado a ella, eso le parecía bien, realmente no quería ser una molestia para Sasuke. En un principio pensó que Haruka sería quien llegaría por ella, pero a los diez minutos un auto con un chofer apareció por ella, dio por hecho que su abuela también estaba muy ocupada.

Se recostó en el sofá y esperó. El dolor de cabeza podría ser por los últimos acontecimientos, la boda, el cambio de escuela, Kana, simplemente todo. Había un montón de cosas que le afectaban ahora, supuso que en algún momento todo volvería, el dolor de cabeza ya era esperado; sin embargo no era su mayor preocupación.

Lo que le afectaba ahora era que, en la última semana, Sasuke había dejado de ir a casa a comer.

Al principio pensó: bueno, eso está bien, él tiene trabajo y yo no puedo exigirle mucho. Entonces había pasado una semana y ya no sabía que decir, día a día Sasuke llamaba para decir que tenía mucho trabajo y no podría ir, le daba una disculpa y luego terminaba la llamada. Sakura lo escuchaba día a día, con Sai en la cocina y ella en el sofá, sabía que ella estaba mostrando debilidad, podía verlo en Sai, cada mirada dirigida a ella era una pregunta muda de su bien estar. Sakura se había limitado a pedirle comer con ella. Sai nunca decía no.

Lo único bueno de los días era la nueva rutina. Sasuke llegaba a casa tarde en la noche, cenaban juntos y luego pasaban al comedor o la sala y trabajaban. Aquel pequeño acto tenía a Sakura encantada, de tal manera que el hecho de no ver a Sasuke en las tardes no le afectaba tanto…, pero ahora que estaba enferma y realmente quería verlo.

No era justo, estaba aprendiendo a moderar sus sentimientos (su egoísmo), pero era difícil y Sasuke no hacía las cosas sencillas. Ella no pedía lujos; nunca pidió un departamento así de exuberante, tampoco las tarjetas, ni siquiera le importaba la escuela. Sinceramente no esperó mucho una vez estuviera con Sasuke; pero él tenía en mente que ella había sido mimada, que ella lo había tenido todo, que ella estaría bien mientras tuviera lujos. No era así.

Dieron las dos cuando recordó que Sai estaría de camino del trabajo para su casa, soltó un suspiro y tomó su teléfono móvil, la cabeza aún le dolía, aunque ya era soportable.

-¿Diga?

-Soy yo, Sakura. –No hubo respuesta, supuso que podía seguir hablando. –Lo mejor será que hoy no vengas. –Antes que preguntara decidió aclarar. –Me duele la cabeza… no creo estar con la mejor actitud para las clases.

Supuso era suficiente, no necesitaba explicarle todo a Sai. -¿Alguien irá a verte?

Sakura se tensó. -¿Perdón?

No quería escuchar lo siguiente, sin embargo vino y le pego con tal fuerza que fue lastimada en alguna parte del interior desconocida para ella. -¿Sasuke ya sabe que estás mal? ¿Está preocupado por ti? ¿Él estará ahí? ¿O te quedaras sola en casa mientras estás mal?

Se tensó un poco más, la cabeza comenzó a palpitarle. –No es tu interés… No es tu problema… ¿Qué te importa?

No tardó en escuchar la voz de Sai. –Iré a verte.

-¡No es necesario! –Exclamó, sentándose precipitadamente en el sofá, el dolor de cabeza presente, pero olvidado. -¡No necesito que estés aquí!

-Estaré ahí pronto. Hasta entonces, Sakura-san.

La llamada se cortó en ese momento. Con el dolor de algo palpitando en su cerebro, Sakura se recostó de nuevo, la luz del sol de la tarde se filtraba aún las cortinas estuvieran cerradas; se cubrió los ojos con una mano y sonrió.

Sinceramente no sabía que pensar ante tal situación.

No podía creer que Sai tuviera sentimientos por ella, simplemente no era probable. Así como habían estado juntos ella había notado que Sai, a diferencia de muchos, no tenían interés en nada más que su actual carrera. Él nunca lo mencionaba pero, sí se esforzaba al punto de darle clases particulares, seguro estaba interesado. Aunque la visita del chico estaba bien y ella realmente lo apreciaba… Sakura esperaba a Sasuke. No necesitaba su presencia explícita, estaría bien con un mensaje o una llamada, con cualquier cosa de él estaría bien. Probablemente estaba siendo molesta, esto no era nada… un simple dolor de cabeza no tenía por qué molestar a Sasuke.

Tomó el teléfono del mueble al lado del sofá y marcó rápidamente una extensión, escuchó la voz de Seito, el portero. -¿Diga?

-Hola, Seito-san, soy Sakura.

-¡Sakura-san! ¿Cómo se encuentra? –Si le gritaba probablemente le iba a reventar algo.

-Aún me siento un poco mal… Sai vendrá en unos minutos, trae medicamentos para mí, permítale pasar… por favor.

-Por supuesto, Sakura-san, me encargaré de recibir al joven Sai-san.

Ella sonrió. –Gracias.

-… Descanse, no se preocupe más.

Ella terminó la llamada y reposó la cabeza sobre el brazo del sofá. En algún momento se quedó dormida.

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Hinata llegó un poco antes de las dos a Ichiruki, se sentó en la mesa habitual cerca de la ventana y tomó la carta. Escuchó movimiento en la cocina y la voz del viejo hombre que ella conocía de hace ya tiempo, curiosa, alzó la mirada de la carta y encontró al viejo junto con a un chico muy parecido a Sasuke, pero este era más joven y más pálido, se sintió un poco más curiosa.

-¿Vas a ver a la chavala? –Preguntó el hombre, sostenía una cuchara con la mano izquierda y movía lo que parecía ser salsa.

El chico miró impasible al viejo, entonces asintió. –Sí. –Soltó sencillo mientras se colocaba un bolso cruzado en el pecho, parecía muy ligero.

El viejo soltó una risotada. –Ya ha pasado casi un mes, ¿aún hay algo que puedas enseñarle? –En algún punto perdió el interés… pero la salsa olía deliciosa desde su lugar, parecía ser de soya… pediría algo con eso.

-Está perfeccionando lo que ya sabe… Casi ya no le enseñó nada. –Hinata notó la mirada del chico, era casi vacía. Le recordó un poco al Sasuke de su infancia.

-Entonces… ¿Se han hecho amigos? –Las cejas del hombre de Ichiruki se alzaron sugerentes, pero la salsa seguía llenando el lugar de forma deliciosa, se le hizo agua la boca.

-… -El chico miró el suelo por un momento, entonces soltó. –Me inspiran sus emociones. –El viejo alzó una ceja, Hinata imitó el gesto. –Cada vez que la miró veo algo diferente… Nunca había conocido a alguien así; estoy… impresionado.

Algo en su voz llamó la atención de Hinata, quien dejó de dedicarle atención a la salsa y dedico su atención al chico; ella pudo apreciar su mirada, no tenía sentimientos que transmitir, era una mirada cerrada, vacía… pero diferente. Diferente de una manera que le fue imposible definir, bajó la carta y miró detenidamente la escena que se desarrollaba frente a ella.

El viejo de Ichiruki soltó una risa, esta estaba llena de emociones, llena de experiencia. –Suele pasar, Sai… Pero tú eres un artista, probablemente son cosas que no entiendo.

Sai, como le llamó el viejo, miró al hombre y se encogió de hombros. –Me voy.

-¡Por supuesto! Nos vemos mañana, ¡llega temprano!

El chico asintió simplemente, luego del gesto se dirigió a la salida, antes de cruzar la puerta el timbre de un celular sonó, era un timbre común, de esos que todos los teléfonos móviles tenían, en ningún momento el chico –Sai- desvió la mirada de la puerta, pero lo vio tomar un teléfono móvil del bolsillo de su pantalón mientras atravesaba la puerta de salida. Hinata volvió a perder el interés en cuanto el chico salió del local.

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Sasuke estacionó el auto en la calle al lado del local, se mantuvo dentro del vehículo mientras rebuscaba en la guantera, no recordaba si había dejado su teléfono móvil ahí o lo había dejado en la oficina; sin embargo, mientras más buscó más recordó que lo había dejado dentro del cajón de su escritorio, decidió dejarlo por la paz y bajar del vehículo. Iba tarde.

Abrió la puerta del auto y descendió, mientras él bajaba un chico pasó a su lado, llevaba un teléfono móvil pegado a la oreja mientras miraba el camino frente a él.

-Iré a verte.

Lo escuchó soltar mientras pasaba junto a él. Sasuke no mostró interés. Caminó directo a Ichiruki.

Hinata estaba en la mesa al lado de la puerta, el viejo del local lo miró entrar y le dio un ligero asentimiento, Sasuke le devolvió el gesto antes de dirigirse al lado de Hinata, la chica le sonrió en cuanto se acercó a su mesa, ella se levantó en un gesto de respeto.

-Bienvenido, Sasuke-kun.

-Aa. –Soltó simplemente, ayudó a Hinata a volver a su lugar y él se sentó frente a él. -¿Te hice esperar?

-No, yo llegué muy temprano. –Ella soltó como si nada, una sonrisa en su rostro le indicó que algo le estaba molestando… Hinata siempre había sido fácil de leer.

-¿Algo te está molestando? –Preguntó por cortesía, realmente esperaba que llegara el día en que ellos pudieran seguir su camino sin que el otro estuviera en él. Por el momento se sentía con el deber de mostrar interés en la vida de Hinata e intentar solucionar lo que ella no pudiera si quiera tomar.

-¡No! ¡Estoy perfectamente!

No lo estaba. Hinata siempre mostraba esa actitud cuando estaba peor. Probablemente volver a la familia Hyûga le estaba molestando, pero era evidente que las cosas serían de esa manera. Ella había desertado, ella había dejado todo lo que tenía por una carrera para hombres (palabras exactas de cada pariente cercano de ella), ella había dejado a su hermana menor con el peso de la familia y a su madre enferma. Seguro era una villana, o peor, egoísta. Hinata debía de estar guardando todo eso para evitar molestarlo.

-¿Qué ha sucedido?

Hinata desvió la mirada a la carta, sus dedos presionaron ligeramente el papel. –Estoy… no sé… -Sus ojos se llenaron de lágrimas, Sasuke no quería verla llorar más. –Yo… sólo…

Sujetó su mano. –Intenta calmarte… respira. –La mano de Hinata se crispó entre sus dedos. Sasuke entrecerró los ojos. -¿Qué está sucediendo?

Ella miró abajo, como siempre se doblegaba ante la adversidad. –Es… insoportable. –Soltó ella, su voz baja y suave, rota. –Pensé que podría soportarlo, realmente lo creía…, pero es imposible. –Ella lo miró, sus ojos revelaban lo mismo que sus facciones, sufrimiento. –Hanabi dijo que me odia… Dice que odia saber que tiene una hermana como yo… Neji-oniisan no para de llamarme Hinata-sama. No puedo soportarlo.

Ella se mordió los labios, evitando las lágrimas. Hinata debió saberlo, desde el comienzo su decisión desencadenaría el odio de mucha gente. Hanabi nunca podría ser libre, era la menor y fue tomada, por sus aptitudes, como la más apta para llevar el nombre Hyuga a lo alto. Por otra parte… Neji… simplemente nunca sería libre, como hijo del segundo gemelo, Neji estaba destinado a vivir siempre en las sombras, nunca sería perdonado por hacer lo que Hinata hizo… la única cosa que había sentido orgullo por su prima.

Hinata nunca lo entendería. Ella pudo hacer lo que quiso por ser hija del señor de la casa y por no ser necesaria. Cosas que tanto Hanabi como Neji, nunca podrían tener. Nunca podrían hacer lo que ella hizo, no sin tener deshonra.

Sasuke, por otra parte, no era la persona que le diría eso. De hecho, nadie tendría que decírselo, ella misma debía de notarlo, si Hinata nunca lo hacía, sencillamente, ella estaría perdiendo todo lo importante.

-Eso no debería importarte. –Soltó tajante, Hinata lo miró, aún parecía que quería llorar. –Todo lo que has hecho lo hiciste por ti, lo que ellos piensen no debería importarte… Después de todo, las decisiones que has tomado han sido por ti y para ti, te afecta a ti y no a ellos.

Sus palabras, como siempre, surtieron efecto en Hinata, ella lo miró. –Pero quisiera llevarme bien con ellos.

-Pero ellos no… y se encargaran de hacértelo saber día a día. Debiste haberlo sabido desde el comienzo.

Ella frunció la boca. –Lo sabía… sólo que… no pensé… no pensé que sería así de duro.

Sí, Hinata era demasiado limpia para notar esas pequeñas cosas que, sin duda, debería notar por el simple hecho de pertenecer al lugar donde pertenecía. Sin embargo ella siempre había sido esa mujer ingenua, aquella persona entusiasta y crédula, probablemente toda su vida creyó que la vida sería dulce. Ella estaba equivocada.

La vida nunca fue dulce, Hinata nunca comprendió eso.

-Debes aprender a afrontarlo. –Tomó su mano suavemente, como siempre, la pequeña mano de Hinata fue suave y cálida. –Ya lo hiciste una vez… puedes hacerlo de nuevo.

No fue fácil revelarse la primera vez, ella fue señalada como una desgracia para los Hyuga, ella ya lo era y con esto fue aún peor, sencillamente no era aceptada. Sasuke vivió con ella y sabía lo muy resentida que realmente se encontraba Hinata, pese a su dulzura y dedicación… era una niña acabada.

Por eso no podía destruirla. Ella ya tenía demasiados enemigos. -¿Podemos seguir viéndonos?

Sasuke dudó, pero le había dicho que iba a ayudarla. –Sí, claro.

Había estado viendo a Hinata desde la última semana, la veía a la hora de comer, ella siempre tenía algo en la cabeza, algo difícil que le prohibía vivir en paz. Primero fue difícil, después de todo comía con Sakura, pero la voz de Hinata, tímida y apagada, le obligaba a aceptarlo. Aún sentía la deuda, probablemente nunca la dejaría.

El viejo que atendía el lugar se acercó a ellos en algún momento, tomó sus pedidos y se fue; Hinata le miró con una sonrisa en la boca.

-Gracias, Sasuke-kun… Por todo.

Sasuke miró las manos de la chica. –No es nada.

Desvió la mirada a la calle y se encontró con la imagen de Uzumaki Naruto subiendo a un convertible rojo, el chico aventó un paquete en la parte trasera y metió todo el acelerador. Miró a Hinata, pero la chica estaba con la vista en la cocina, supuso que no había notado si quiera al rubio, quien pudo ser su prometido.

Encogiéndose de hombros, Sasuke recibió su comida.

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Sai llegó al complejo de departamentos a las dos y diez minutos, el portero lo miró con una sonrisa complacida y le permitió el paso, incluso presionó el botón por él y le pidió cuidar adecuadamente a 'Sakura-san', Sai simplemente asintió, ante todo. Subir el elevador provocó un poco de dolor en su estómago, como siempre subía con Sakura realmente nunca lo había notado. La puerta del hogar de Sakura estaba abierta, él abrió la puerta por completo y entró, Sakura no estaba en la entrada.

Entró como lo hacía por costumbre, con precaución y ya un tanto de confianza, encontró a Sakura recostada en el sofá. La miró desde arriba, dejó caer sus cosas en el suelo, al lado del sofá y se acercó a la chica, se veía tranquila, miró la cocina y frunció el ceño… ella podría tener hambre cuando despertara.

Por los próximos minutos se dedicó a preparar una sopa de pollo, era algo que le gustaba de la cocina de Sakura, siempre había un poco de todo. Encontró pollo, encontró caldo de pollo en cubos, encontró verduras e inclusive encontró jarabe de chocolate… le podría servir luego.

Terminó más rápido de lo que planeo, Sakura no había despertado, así que se sentó en el sofá frente a ella, sacó carboncillos, un cuaderno y un borrador de carboncillos, la miró con ojos de artista y le gustó todo lo que vio. Le gustaban los rasgos de Sakura, sus labios delgados, sus ojos grandes, su cabello brillante, la piel clara, la nariz respingona y la frente ligeramente amplia.

Intercaló miradas entre su cuaderno y Sakura, y mientras más la plasmaba en su cuaderno se sentía más codicioso, quería más de ella. Quería a Sakura como su modelo permanente, la quería en todos sus cuadros, quería percibir todos sus sentimientos… tal vez también quería que esos sentimientos fueran para él. Se detuvo por un momento, sin embargo abandonó el pensamiento y continuó con los trazos.

Pasó mucho tiempo, no pudo contarlo; pero si pudiera contarlo con dibujos hizo varios, hizo siete, cada uno de Sakura dormida, con detalles diferentes, con el pelo más corto o con los ojos abiertos… no era suficiente.

Dejó todo de lado y se acercó a Sakura, se hincó frente a ella y tocó su mejilla.

Abrió los ojos, como si todo hubiera quedado claro, miró sus dibujos y deseo desaparecerlos todos. No era lo que quería. Nada era lo que quería. Odiaba todo, realmente odiaba todo dibujo que había hecho de ella. Ninguno de sus dibujos podía trasladar la calidez y suavidad de su piel. Ninguno podía capturar el color de la selva de sus ojos, ninguno era como ella. Ninguno.

Necesitaba estudiarla, necesitaba capturarlo todo en un cuadro perfecto.

Sakura pestañeo en algún punto de su tanteo, ella abrió los ojos, Sai deseo sacarlos de sus orbitas y estudiarlos, pero comprendía que al hacer eso ellos perderían el brillo de los sentimientos de Sakura, no era lo mismo verlos brillar con sentimientos o ver los simples globos oculares. Había entendido que era algo más fuerte. Más precioso… muy precioso.

Sakura lo miró, parecía confundida. -¿Sai?

-¿Cómo te sientes?

Su mano continuaba en su mejilla, sobre su piel tibia y suave, ella se sentó, no lo apartó. –Mejor, ya no me duele la cabeza…

-¿No tienes un resfriado? –Retiró su mano, sus dedos vibraban, su cuerpo, naturalmente frío, se sentía tibio.

-No, -Sakura negó con la cabeza, parecía un poco perdida, -esto es… creo que es una pequeña migraña.

Se levantó del suelo, ella lo miraba, imperturbable. -¿Migraña? –Preguntó conciso, se dirigió a la cocina.

-Sí… eso creo. Me imagino que Sasuke querrá llevarme al médico… cuando lo vea.

Soltó ella, como incrédula… cómo si realmente no creyera que Sasuke fuera a venir. Él ni siquiera conocía a Sasuke, pero ya sentía que lo odiaba. Sirvió en un tazón sopa y sirvió en un vaso agua, con ambas manos ocupadas se acercó a la sala, Sakura seguía sentada, aún parecía perdida.

-Preparé esto para ti… pensé que tenías un resfriado. –Ella miró la sopa, lo miró a él, de pronto sus ojos enrojecieron, Sakura se dobló y hundió la cabeza entre sus manos. Cuando la escuchó sollozar no supo que hacer.

-¿Sakura-san?

-¡Deja de llamarme Sakura-san! ¡Llámame sólo Sakura!

Chillo ella, aún con el rostro entre sus manos. Sai dejó todo en la mesa del centro y se hincó frente a ella. -¿Sí dejo de llamarte Sakura-san… dejarás de llorar?

Ella elevó el rostro, sus mejillas húmedas y sus ojos más selva que nunca, deseo poder dibujarla, parecía sorprendida y atormentada. Estaba alucinando con ella.

-Por supuesto que no, seguiré llorando… ¡Lo merezco!

Entonces volvió a hundir el rostro entre sus manos, realmente no entendía mucho. -¿Qué sucede?

Ella negó. Aún le negaba su rostro. –No lo entiendo, no entiendo por qué él debe estar todo el día en el trabajo, lo necesito… dijo que me haría feliz. Lo único que necesito para ser feliz es tenerlo a mi lado… No es justo.

Supuso que seguían hablando de Sasuke, Sai tomó su mano. -¿Qué es Sasuke de ti?

Ella alzó el rostro, tomó la cadena de oro que rodeaba su cuello y la sacó de su blusa, un hermoso anillo con un gran diamante fue mostrado. –Estoy casada con Sasuke Uchiha.

No supo sorprenderse, las cosas, en la vida, realmente no deberían ser una sorpresa, probablemente ella había esperado sorpresa, pero no estaba sorprendido. -¿Eso es malo?

Sakura lo miró, entonces soltó una risita, no parecía realmente feliz. –No importa si es correcto o no… al final él nunca va a ser mío.

-¿Casarte no forma una unión?

Ella soltó una risa, esta sonó sarcástica. –En mi caso no. Mi matrimonio es un contrato… sólo eso. –Entonces miró la mesa de centro y se sentó en el suelo. –Gracias por la comida. –Y sin esperar respuesta comenzó a comer. La observó comer las dos primeras cucharadas, ella le mandó una mirada. -¿No vas a comer?

-Lo hice para ti. –Dijo, la sopa la había preparado especialmente para ella, nunca había tenido amigos, mucho menos había tenido que cuidar un enfermo, la sopa era especial, de alguna manera.

-Entonces come. –Ella le sonrió, entonces soltó. –A partir de ahora todo lo que me pertenece, te pertenece también. –Y le acercó la cuchara a la boca. –Come. –Exigió.

Miró la cuchara cerca de su boca, obedeció; abrió la boca lentamente y Sakura metió la cuchara, la sopa era buena, no era la mejor, pero era buena. Ella le sonrió.

-¿Quedó claro, Sai?

Asintió con sencillez, un asentimiento de cabeza, Sakura acercó una segunda cuchara a su dirección. –Preferiría comer yo mismo… en otro plato.

-¡Oh, vamos! No tengo ninguna bacteria o virus que te vaya a matar, podemos compartir.

Se vio obligado a comer del mismo plato que ella, inclusive tuvo que repetir dos veces (al parecer ella tenía hambre y quería seguir alimentándolo).

Sakura habló mucho mientras comían, le contó muchas cosas. Primero le contó de América, ella creció allá, con sus padres, en una enorme casa, con un gran patio, con dos patos y un perro cazador con el cual jugaba a perseguir los patos. Le contó de su padre, un tal Alfred, amoroso, muy trabajador, parecía amarlo, entonces le contó de su madre, Rin, a Sakura le gustaba entrar a su armario y vestirse con enormes ropas, ropas hermosas y suaves, Sakura amaba ese armario. Sakura dijo que todo cambió cuando se vio obligada a viajar a Japón, conoció a Kana, al parecer era su hermana, la admiró al momento y la quiso igual de rápido.

Entonces le habló de unas clases de japonés, que no eran verdadera clases de japonés, de repente, su padre ya no estaba más y su madre era horrible. Le dijo que Kana la abandonó y Sakura se sentía sola, triste… ella odiaba su vida porque siempre estaba sola y no podía cargar con la pena. Entonces ella se fue a vivir con Haruka, al parecer era su abuela, todo cambió, conoció a Karin, su sol y su luna, su salvación. Le habló de su primer amor, Sakura habló de un tal Sasori, todo lo que quería estaba en él, ella aún lo amaba y al parecer nunca podría olvidarlo.

Sakura siguió hablando de Sasori, al parecer él la utilizó, destruyó vidas, entre esas vidas la destruyó a ella; pero ella fue débil e idiota y no pudo detenerlo, ella dijo muchas otras cosas, todas sobre ella misma, al parecer ella no tenía un buen concepto de sí misma, al final, Sakura dijo odiar cada parte de su yo pasado, inclusive aquel persistente. Le habló de Kakashi y la ayuda ofrecida y como ella le compensó obligándolo a dejar su empleo.

Finalmente le habló de Sasuke, Sakura amaba sus palabras y amaba sus manos cuando le tocaban sutilmente, entendió un poco, al parecer Sasuke hizo un trato con su abuela, prometió casarse con una de sus nietas y él la eligió a ella. Se casaron en marzo, el 28 de marzo, cuando ella cumplió 16 y él prometió hacerla feliz.

Sai deseó llegar antes de 28 de marzo a la vida de Sakura.

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Sasuke volvió tarde a su oficina. Después de la comida con Hinata se vio obligado a asistir a una reunión con interesados inversionistas, eso indicaba que todo estaba yendo mejor de lo planeado. Al entrar al piso donde se encontraba su oficina una de sus secretarias se levantó corriendo y le sonrió.

-Buenas tardes, Uchiha-san. La señora Haruno Haruka-sama ha intentado comunicarse con usted, le he dicho que se encontraba en una junta importante, ha pedido que se comunique con ella en cuanto esté disponible. –Ella nunca dejó de sonreír, era una chica estúpida.

-Aa. –Contestó simplemente y se dirigió a su oficina, cerró la puerta con autoridad y sonrió al escuchar los murmullos, le urgía encontrar un asistente personal.

Como lo esperó, su teléfono móvil se había quedado dentro del cajón de su escritorio, y de igual manera, tenía varias llamadas de Haruka, se sentó en su silla y marcó.

El teléfono marcó el principio de la llamada después del primer tono. –Sasuke, he estado buscándote.

-Lo siento, Haruka-sama, ¿en qué puedo ayudarle?

Escuchó la risa de la mujer, era interesante y relajante como siempre. –No te he llamado para un favor. Me han llamado del instituto de Sakura. -Justo lo que le faltaba, Hinata no era suficiente, Sakura también tenía que contribuir en su lista de cosas que debía de procurar. Soltó un suspiro, la risa de Haruka volvió. –Tranquilo, no es como si ella hubiera hecho algo malo.

-¿De qué se trata, Haruka-sama? –No le gustaba el estrés y ahora mismo tenía mucho de eso.

-Ella tuvo una fuerte hemorragia nasal y también un dolor de cabeza, en la enfermería le dijeron que podía ser estrés, pero la enfermera recomendó que la lleváramos al médico a hacerse algunas pruebas.

Joder. -¿Cómo se encuentra ella?

Hubo silencio, entonces Haruka habló. –Ella está en casa desde las dos, pidieron que fuera a recogerla y envié a mi chofer por ella… ¿No la viste a la hora de la comida?

No la había visto por una semana, Sasuke se levantó de su asiento. –Lo siento, estuve ocupado… -Se sintió mal, estar con Hinata no era del todo algo que pudiera justificar… realmente se sentía mal. –Gracias, por cuidar de ella, Haruka-sama.

-Ella es mi nieta, no te he hecho algún favor, Sasuke.

Miró la ventana detrás de él. –Gracias.

Casi la pudo escuchar sonreír, casi. –Ve a verla.

-Eso haré.

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Llegó a su edificio media hora después, eran las seis y media de la tarde, Sakura llevaba cuatro horas enferma, sola. Al entrar el portero le mandó una mirada cruda, no dijo nada y el hombre tampoco parecía muy dispuesto a decirle… algo que no sonara a verdad. El elevador tardó en bajar y cuando lo hizo bajó Sakura por él, ella estaba recargada en la parte trasera del elevador, estaba sola.

-Sasuke-kun… Bienvenido.

Ella le sonrió, hizo una reverencia y salió del elevador. -¿A dónde vas, Sakura?

-Quería helado.

Soltó ella, con simpleza, llevaba un pantalón color vino apretado, botas negras largas, una chaqueta azul y debajo de ella una blusa blanca, se le veía bien.

-¿Cómo te sientes? Haruka-sama me ha dicho que te sentías mal en el instituto.

Sakura miró el suelo, parecía apenada. –Probablemente tenga migraña… la enfermera dijo que debía hacerme unos estudios… por cualquier cosa.

La evaluó con la mirada, para él, Sakura se veía bastante bien, colocó una mano en su mejilla y se agachó hasta besarle la mejilla, ella le miró apenada. –Vamos, te llevaré.

Colocó una mano sobre su espalda y la guio afuera, Sakura se situó a su lado, la mirada del portero no era tan cruda ahora. Le ayudó a subir al auto, luego abrió la puerta trasera y dejó su maletín, entró al asiento del conductor y se dirigió a la tienda de conveniencia más cercana.

-Disculpa… no haberte visto antes.

La vio mirar por la ventana, parecía concentrada. –No importa, sé que estás ocupado… No quiero ser una molestia, Sasuke-kun.

-No es una molestia si estás enferma… -Sasuke apretó el volante. –No eres una molestia, Sakura. Se supone que quiero hacerte feliz, sino me dices lo que necesitas o lo que está mal contigo…

-No quiero ser una molestia… el estar contigo ya me hace feliz.

Ella no volteo a mirarlo. Buscó un lugar donde estacionarse, lo encontró pronto, estacionó el auto y esperó. Bien podría interpretar las palabras como quisiera, pero sabía que tenían un significado. En todo ese tiempo, Sakura y él habían estado trabajando en una relación, se trataban bien, se sentían ligeramente tensos juntos, pese a ello todo estaba bien. Sakura había afirmado que él era su escape, para Sauke era similar, ella significaba un paso más cerca de su objetivo…, pero Sakura era un compromiso, algo que… eligió.

-No es suficiente… para ti… -ella no separó la mirada de la ventana, le tomó la cabeza por las mejillas y la obligó a girar -… o para mí.

Tenía los ojos enrojecidos al igual que la nariz, entrecerró los ojos y se acercó un poco más a ella.

-Lo siento, Sakura.

Ella negó. –Lo lamento… yo… simplemente soy muy joven.

Sakura no lloró, como pensó haría, pero agachó la cabeza y se mordió los labios, le elevó el rostro por el mentón. –Lo sé… pero realmente no lo estaba entendiendo.

La besó.

No eran una pareja convencional, no se amaban, él no la amaba, la deseaba apreciar, quería mantenerla segura y feliz, pero era consciente que lo hacía de la manera equivocada. Fue suave en cada momento, rozó sus labios con los de Sakura, una, dos, seis; pero nunca profundizo el beso… y extrañamente, esta vez, se sintió más real. Probablemente porque era más consciente de ella.

Al terminar el beso, Sakura se alejó un poco de él, lo miró a los ojos. –No quiero ser una molestia para ti.

-No lo eres… no lo has sido nunca.

Tenía el pelo rosa sujeto en una liga roja que le caía sobre el hombro, olía bastante bien. Le peinó algunos cabellos fuera de la mejilla y la frente, luego le besó la sien. Su piel era suave y olía a jabón. Tenía labios delgados, ojos grandes y verdes; ciertamente destacaba mucho, desde el momento que la conoció se dio cuenta que algo en ella era muy atrayente, sus ojos, su pelo… sus ojos. El brillo de las esmeraldas capturado en cada ángulo.

Sakura enterró la nariz en su cuello.

-Hueles bien.

Ella olía maravilloso. Sintió sus menudas manos tocarle el pelo por la nuca, la caricia fue suave y lenta, casi superficial.

-No quiero ser odiada.

Pese a todo, realmente lo entendió.

-No te odio.

Le besó el cuello, suave, con la atmosfera ya húmeda y el calor más fuerte que cualquier cosa.

-Bueno. –Ella le devolvió el beso, sus labios eran terciopelo contra su piel.

Lentamente se alejaron lo suficiente para mirarse a los ojos, ambos se miraron, fijamente, entonces se besaron, ambos cerraron los ojos y se acercaron, un beso superficial en los labios, la atmosfera lo demandaba. Luego se alejaron de nuevo, Sasuke se acomodó en el asiento, Sakura se quedó tal cual estaba.

-Vamos por el helado.

Ella sonrió, se sentó adecuadamente y miró hacia la calle.

Las cosas se sentían mejor.