Capítulo 10.
Principios de la tarde, el sol descendiente seguía calentando con fuerza y sus incisivos rayos no daban tregua. Llevaban toda la mañana caminando - al menos así era en el caso de Shanks - por el desierto sin haber bebido o ingerido nada. Era pesado, aunque el primer día se soportaba bastante bien; los siguientes serían los complicados si no hallaban nada con lo que atender sus organismos. Aunque sólo hacía falta saber dónde buscar. El desierto tanto como la selva o el bosque, te ofrece alimento si sabes hacer caso a su llamada y buscarlo en el lugar correcto.
Shanks, mío tener sed…
No te preocupes Luffy, enseguida te encontraré agua.
Cualquiera habría pensado con las últimas palabras del pelirrojo que lo decía por decir, pero no, era de Cienfuegos de quien hablábamos; sabía perfectamente de dónde sacarla. Avanzaron un trecho más, buscando algo en concreto y cuando lo tuvo delante pararon.
Mira, los cactus almacenan agua en su interior, pero tienes que quitarle las espinas primero- dijo mientras le enseñaba cómo hacerlo- luego lo cortas y bebes.
Luffy miraba ensimismado como Shanks bebía del cactus. Un hilo de agua se escaba por la comisura de sus labios y se perdía dentro de su uniforme. Sin ser muy consciente de lo que hacía, el pequeño se acercó al pelirrojo y lamió su cuello, recogiendo el agua que se deslizaba por él. Al separarse observó la cara de desconcierto de Cienfuegos, que volvía a estar tan rojo como su pelo.
Paliducho ser piel roja ahora ajjaja…
¡N-No tiene gracia niño! ¿Por qué lo has hecho?
Mío sentir… tener sed.
No pasa nada. Es culpa mía por no haberte ofrecido primero- dijo algo culpable-. Ten, acábatelo.- le tendió el cactus-
¡Gracias!
Deberíamos seguir…- comentó Shanks cuando Luffy acabó de beber-
Pero paliducho, mío no querer ir más lejos, mío estar cansado.-le miró con su mejor gesto de perrito abandonado a lo que el pelirrojo no pudo resistirse y acabó cediendo-
Bueno, al menos busquemos un lugar cerca de las rocas con sombra; se estará mejor.
Shanks cogió las riendas del caballo, con Luffy subido al lomo del animal. Eso de que él no soportara subirse en el corcel le estaba saliendo bastante cómodo al indígena. Sonrió ante sus pensamientos. La verdad es que aunque sí pudiera cabalgar haría cualquier cosa para que el joven Lacota no padeciera y le habría cedido la montura una y mil veces con tal de que estuviera lo más a gusto posible dadas las circunstancias. Se preguntó si Luffy habría hecho lo mismo en caso contrario. Entonces recordó que había sido el pelinegro quien le sacó de Gran Line cuando todo estaba ardiendo, arriesgando su propia vida para salvar la de ambos. Le estaría eternamente agradecido por ello y además ese pequeño gesto dejaba en él la esperanza de que algún día todo el amor que sentía por el indio fuera, aunque en una porción mucho más pequeña, correspondido.
Menos de un quilómetro más allá de donde se pararon a beber estaban las escarpadas agrupaciones montañosas; desde siempre refugio del nómada. Entrar en su rango de sombra ya era fantástico de por sí, la temperatura parecía descender más de diez grados a diferencia del terreno bañado por el ardiente sol. Ahora que estaban en estas circunstancias puede que sí que fuera una mejor idea viajar por la noche aprovechando su frescura y que correrían un riesgo mucho menor de deshidratarse a hacerlo durante el día. Debería consultarlo con el pelinegro, pero supuso que no se opondría. Tanto Luffy como él mismo necesitaban un descanso de tanto sol y calor; parecía que hubieran salido del fuego (nunca mejor dicho) para caer en las brasas y eso no podía beneficiarles a ninguno.
Se sentaron a la sombra, con la espalda apoyada en la fresca roca, disfrutando por un momento del placer que se estaban perdiendo.
Luffy, ¿qué te parece si a partir de ahora viajamos de noche?
Si paliducho creer que ser lo mejor, mío estar de acuerdo.
Bien entonces. Deberías aprovechar ahora para descansar, nos espera una larga caminata nocturna.
¿Dónde iremos?
Tenía pensado que a las montañas ya que de todas formas no sabemos ir a tu poblado; seguro que encontramos algo interesante. ¿Te parece bien?
Claro.
El pelirrojo se levantó bajo la disimulada mirada del príncipe. Se acercó a un saliente en la roca y comenzó a quitarse el pañuelo que llevaba anudado al cuello, luego le siguió la camisa. Ya que ahora no estaban directamente bajo los rayos ultravioletas del sol, no era tan necesaria la protección de la ropa para evitar quemaduras. Además, así la ropa se secaría del sudor y sería más agradable ponérsela luego. Dejó ambas prendas sobre el saliente y volvió a sentarse al lado de Luffy. El contacto con la tierra fresca directamente contra la piel era tan agradable que acabó permitiéndose el lujo de bajar sus defensas y tumbarse totalmente sobre ella con los brazos tras el cuello a modo de almohada. Por fin un poco de verdadera paz y tranquilidad. Miró las nubes que surcaban el cielo. Aquel momento le recordaba tanto a sus primeras andadas por el desierto… Un peso extra le sacó de su ensimismamiento.
¿Luffy?
No contestó. El pelinegro se había ido deslizando poco a poco hasta acabar con la cabeza recostada sobre el vientre del mayor, ya plácidamente dormido en el mundo de Morfeo. Aquél inocente gesto sacó una sonrisa del capitán. ¿Cómo no se podía dar cuenta Luffy de todo lo le afectaban sus actos? Era un poco egoísta por su parte arrimarse tanto… Seguro de haber estado en otras circunstancias no habría tardado ni un segundo en saltar y comérselo a besos. Y aunque ciertamente nada se lo impedía sentía que, aunque entre ellos ahora había más posibilidades, ello nunca llegaría a pasar, por mucho que él quisiera. Suspiró algo abatido. Siempre le quedaría este momento, pensó. Posó su mano en el pelo del pequeño, acariciándolo hasta que el cansancio y la fatiga acumulada pudieron más que su sentido del deber en cuanto a vigilancia se refería y él también se durmió.
Para cuando Shanks volvió a despertar el sol ya se había puesto y una oscuridad casi total, sino fuera por la escasa luz lunar, teñía el paraje de negro. Los animales nocturnos comenzaban sus jornadas, y ellos también debían hacerlo. Se dispuso a despertar al pelinegro pero se le veía tan tierno durmiendo que prefirió dejarle ese placer un rato más mientras él preparaba al caballo. Salió como pudo de debajo de Luffy, haciendo mil malabarismos para no despertarle. Paró un instante, observando el rostro de su ángel indígena refulgir bajo los tenues rayos lunares, aquél que había sido capaz de robarle el corazón con una mirada. "Quizá pudiera… no, no debería… Pero ¿qué mal puede tener uno sólo?". Se agachó poniendo las manos a ambos lados del Lacota y sin pensárselo más juntó sus labios.
Se separó poco a poco, tratando de mantener el contacto el mayor tiempo posible, pero como todo lo bueno, aquello también tenía que acabar. El primer beso entre ellos, había sido un instante, casi un roce, pero más que suficiente para confirmar todos sus sentimientos por Luffy.
Se dio la vuelta yendo hacia el saliente donde dejó su ropa sin darse cuenta de que el pelinegro tenía los ojos abiertos, aunque los cerró enseguida cuando oyó su voz.
Luffy, ve despertándote, nos tenemos que ir.
El pequeño se levantó desperezándose. Shanks fue a coger la camisa cuando notó que palpaba algo que no era roca y luego una fuerte picadura en la mano izquierda.
¡Aahh!- gritó de dolor.-
¿Qué pasar, paliducho, estar bien?
Al moverse el agresor a una zona menos oscura descubrió que había sido un escorpión dorado el culpable. "Mierda" pensó. Según le habían instruido, ese tipo de escorpiones eran los más venenosos del planeta.
No, no estoy bien.
Estaba en un problema bien grande y necesitaba atención médica urgente, pero ¡¿dónde encontrar un médico en medio de la nada?! Debía tranquilizarse, lo primero era sacar todo el veneno que se pudiera. Cogió el cuchillo e hizo un largo corte sobre la picadura. Dolía, pero más le dolería si no sacaba las toxinas venenosas de su cuerpo. La sangre comenzó a brotar y con ella parte del peligro, aunque no bastaría, gran parte ya estaba en su torrente sanguíneo esparciéndose por todo su organismo.
¿Por qué cortar mano?- preguntó asustado de la actitud del pelirrojo.-
Shanks anudó su pañuelo alrededor de la herida y se puso la camisa.
Porque…- no quería preocuparle contándole la verdad, pero tampoco quería que llegara el momento de que a medio viaje él callera convulsionando al suelo y Luffy no supiera nada- porque me ha picado un escorpión Luffy. Tenemos que darnos prisa en encontrar tu poblado o cualquier cosa parecida, ¿vale? Así que sube al caballo, ¡rápido!
EL joven Lacota más asustado que antes por la revelación obedeció la orden del pelirrojo y ambos se pusieron en marcha. Sólo les quedaba encontrar una forma de combatir el veneno y rezar porque no fuera tan grave como parecía.
