Capítulo 10 — Rivales
Se hizo una bola sobre sí mismo apoyando su espalda en la cama de Naoko, su rostro sobre sus brazos, y un solo nombre salió de entre sus labios.
—Chihiro—susurró Haku en medio de la habitación. Aquella sola palabra le golpeó en el pecho como un misil. Escondió la cara en las rodillas.
¿Quién hubiera dicho que un solo nombre tenía tanto poder?
Sin saber por qué, se encontró sollozando de pronto. Sorprendido, se secó las lágrimas y miró al techo.
¿Por qué todo era tan complicado? ¿Por qué los sentimientos eran tan difíciles de entender?
Suspiró y se acarició el cabello. Lo sentía algo más largo, solo un poco, y aquello también le sorprendió. Si seguía creciendo, acabaría teniéndolo a la altura de la melena de Chihiro.
El aire volvió a faltarle y se echó sobre la cama boca abajo. ¿Qué le ocurría? ¿Qué era esa sensación extraña de malestar en su pecho?
El rostro desilusionado y gris de la chica acudió a su mente sin que él pudiera evitarlo. Sus palabras resonaron en sus oídos, su voz triste y melancólica.
"Ya veo", había dicho, y sintió un pinchazo en el pecho.
—Ay—susurró en el silencio del cuarto.
¿Qué podía hacer? ¿Qué podía hacer para entender qué le ocurría a Chihiro? ¿Qué podía hacer para hacerla sonreír de nuevo?
Se dio la vuelta y se encontró mirando la ventana. Suspiró y se levantó despacio, y poco después se encontraba en el alféizar, apoyado, mirando a la calle. La suave brisa de septiembre le daba en el rostro. Vio a varios grupos de amigos riendo y comentando el día conforme iban hacia el centro de la ciudad, un par de personas caminando con sus perros, y una o dos parejas de la mano. Esta última visión le provocó un estremecimiento en el corazón, y sacudiendo la cabeza miró hacia el horizonte. El sol debía caer pronto.
En aquel momento, la puerta del cuarto sonó al abrirse, y Naoko entró con el pelo alborotado. Haku se dio la vuelta y lo miró, sin saludarlo siquiera.
Naoko dio un paso atrás y frunció el ceño.
—Wah, tío—dijo, acercándose y dejando sus cosas sobre su cama—. De verdad que estás mal, ¿eh?
Haku asintió, apoyado en el alféizar, y se cruzó de brazos.
—No sé qué me está pasando, ni qué le pasa a ella—el tono triste de su voz hizo ponerse serio a Naoko.
—Bueno, es bastante sencillo—replicó el rubio, sentándose en la silla ante él, su pecho en el respaldo—. ¿Qué sentirías tú si vieras a Chihiro con otro chico de risas?
Haku lo miró, confundido.
—¿Acaso debería sentir algo?
Naoko se pasó la mano por la cara.
—Ser tu amigo es imposible, de verdad—suspiró, y lo miró alterado—. ¡Se llaman celos, hombre, celos!
Haku frunció los labios.
—Realmente no lo entiendo—susurró, pasándose una mano por la nuca.
Naoko sacudió la cabeza y empezó a dar vueltas en la silla.
—Supongo que hasta que no te veas en la situación no lo entenderás de verdad.
Haku miró a sus pies, serio y tenso. El rubio seguía dando vueltas en la silla. De pronto, el moreno suspiró y se dejó caer por la pared, hasta acabar sentado en el suelo.
—¡No entiendo nada!—exclamó, en tono de queja.
El rubio paró y le dedicó una leve sonrisa.
—Ya lo entenderás, hombre. No te metas prisa—le aconsejó, y tras esto se marchó a la ducha.
Haku se quedó allí, pensativo, hasta que fue la hora de la cena. Después de ello, fue directo a la cama. Naoko le dio una palmada en el hombro, en señal de ánimos, pero él apenas pudo sonreírle en respuesta.
Esa noche, al ir a dormir, Haku seguía sintiendo que algo no estaba bien.
Al día siguiente, Chihiro fue al instituto casi por obligación. Había pasado el día anterior llorando y sintiéndose mal, y tras pensarlo bien había llegado a una conclusión: no debía entrometerse en el camino de Haku. Si él en verdad se había querido disculpar por el abrazo, y después Yura había estado hablando con él, eso debía significar que en realidad ella no tenía una sola una oportunidad, y nunca la había tenido.
No era rival para Yura, se dijo. Sus puños se crisparon, atrapando el maletín que había colocado sobre la mesa.
Aquel gesto no pasó por alto para Makoto, que acababa de llegar. Inmediatamente supo que aquel dolor de barriga había sido fingido, y no dudó en acercarse y arrastrarla hasta los baños. Chihiro, aturdida, no supo qué hacer y se dejó llevar.
Al llegar, Makoto la soltó y se dio la vuelta, muy indignada.
—¿Por qué me mentiste?—gruñó.
Chihiro la miró con ojos aún ligeramente hinchados, tratando de contener las lágrimas, y apartó la vista. Makoto suspiró y la abrazó.
—Jolín, sabes que puedes contarme todo—dijo, y Chihiro empezó a llorar casi en silencio. Makoto esbozó una sonrisa y le acarició la espalda, sin soltarla del abrazo. Cuando la castaña se hubo calmado, se apartó de ella, aún sosteniéndole las manos—. ¿Mejor?
Chihiro asintió, soltándose de una mano para frotarse los ojos.
—¿Qué ha ocurrido?—preguntó Makoto, dulce.
Chihiro le contó todo: el abrazo, el intento de Haku de disculparse (según ella pensaba), el encuentro con Yura y sus sentimientos de inferioridad.
Makoto comenzó a ponerse de los nervios en el instante en que su amiga sugirió que Haku quería "disculparse", pero calló hasta haber escuchado todo, a pesar de que el tic de la ceja le delataba.
—Santa María bendita—suspiró—. ¿Cómo puede haber dos más tontos?
—Jo, Mako, no necesito que me insultes—se molestó la castaña.
—Dios mío, de verdad, no me lo puedo creer—Makoto se apoyó en el lavabo e inspiró hondo—. Señor, dame paciencia.
—Deja de nombrar tanto a Dios, si eres atea—replicó la castaña, limpiándose aún los ojos.
Makoto la ignoró y se giró hacia ella.
—Os habéis metido en el mundo de los malentendidos—dijo, calma—. De verdad que tenéis que hablar.
—¿Por qué? Yura va tras él. No tengo una sola oportunidad—repuso ella, dejando que sus cabellos le cubrieran el rostro.
—Eso no es lo importante... Pero, aunque así fuera, ¿qué más da?—dijo la pelirroja, y Chihiro la miró, sus ojos muy abiertos.
—¿Qué quieres decir?
Makoto se encogió de hombros.
—Aunque Yura fuera tras él, eso no quita que tú tengas oportunidad de estar con él.
Chihiro se sonrojó.
—Yo... yo nunca... he pensado en salir con alguien...—apartó la mirada.
Makoto contuvo sus nervios con un suspiro.
—Sí, vale—replicó, y soltó una carcajada suave—. De igual forma, el que elige es Haku, ¿no? No depende de ti. Así que yo lucharía por él, ya sabes.
La cara de Chihiro se iluminó. Era cierto. No dependía de ella, ni de Yura, sino de Haku. Puede que Yura fuera más guapa, más lista y más mayor que ella, pero eso no significaba que ella no pudiera ganar el corazón de Haku.
Chihiro asintió, sintiendo algo de su ánimo de vuelta, y Makoto esbozó otra sonrisa.
—Ay, no vuelvas a hacer eso, ¿vale?—la abrazó otra vez—. Ya sabes que me tienes aquí, tonta.
Chihiro emitió un sonido afirmativo, contenta, y le devolvió el abrazo. Justo cuando se separaron, la castaña recordó algo.
—¡Es verdad! ¿Qué tal con Jin?
Makoto rió y se pasó la mano por el pelo.
—Bueno, digamos que tengo mucha competencia.
—¿Competencia?
La pelirroja sonrió, en una expresión que Chihiro nunca había visto antes. De pronto, sintió que su amiga había crecido sin ella saberlo.
—No eres la única que tiene rivales, ¿sabes?
Aquellas palabras iluminaron el corazón de Chihiro, que la abrazó de nuevo.
Tras eso, volver al salón fue sencillo. Encontrarse con Haku, no tanto.
Cuando él llegó, casi justo cuando el timbre tocó, seguido de Naoko, con sus cabellos aún húmedos por la ducha de aquella mañana y casi sin aliento, sintió que le faltaba el aire. Su corazón comenzó a latir desbocado, y se preguntó cómo alguien podía ser tan guapo.
Confusa y sonrojada, se obligó a apartar la mirada. En aquel instante, Haku la observó y sintió la sangre acudiendo a su rostro. Inspiró hondo, tratando de calmarse.
Naoko le dio una palmada de ánimos y le dedicó un gesto de victoria. Haku asintió y fue decidido a su asiento. Dejó sus cosas y abrió la boca para saludar.
Pero, en ese mismo instante, el timbre sonó, tapando su voz, y el profesor entró en la estancia. Había perdido su oportunidad de hablar con ella. Se maldijo a sí mismo y, aunque trató de prestar atención en clase, fue incapaz.
Fue incapaz porque cada vez que Chihiro miraba al frente y de nuevo hacia su libreta, su cabello revoloteaba y le recordaba a las mariposas que sentía en el estómago.
Cuando la clase acabó, fue incapaz de decirle nada. No por vergüenza, sino porque Takeshi, un compañero de clase, se acercó hasta su asiento. Sanada Takeshi no era el chico más guapo de la clase, puesto que ese título lo ostentaba Naoko, pero sí que era uno de los que más llamaba la atención. Tenía ojos grandes y negros, a juego con su cabello, que llevaba en forma de melena con un par de horquillas. Su nariz redondeada y sus labios carnosos acababan el conjunto, y el hecho de que solía llevar la raya hecha llamaba aún más la atención.
No era la primera vez que Takeshi se acercaba al asiento de Chihiro, que tampoco era considerada la más guapa, pero sí la más atractiva por su carácter animado. Takeshi acostumbraba a acercarse a veces, entre clases o en el recreo, y hablarle durante unos minutos. Haku apenas lo había notado hasta aquella mañana. Por alguna razón, Takeshi parecía más amable que de costumbre. No dudó en sentarse ante ella, en la mesa de delante, y hablarle con confidencia. Chihiro le respondía animada, como de costumbre, y en algún punto la hizo reír. Haku era incapaz de apartar la vista. Sentía algo dentro de él, algo que no le gustaba. Tenía ganas de gritarle a Takeshi, de empujarlo y tirarlo al suelo y humillarlo, pero sabía que no debía hacerlo. Quería estar en su lugar.
Justo entonces, Takeshi lo miró a los ojos, y su amable mirada se volvió una fría y desafiante durante un segundo. Haku sintió que le hervía la sangre en las venas.
Chihiro le dijo algo, y su expresión volvió a cambiar. Haku casi había pensado que había sido una alucinación cuando el chico de pelo azabache hizo una pregunta más alto de lo normal, mirando de soslayo al moreno.
—Eh, Chi, ¿te gusta alguien?—dijo, con una sonrisa.
Chihiro se sintió sonrojar hasta la raíz del cabello.
—¿Eh?
—Vamos, sé que te gusta alguien—dijo Takeshi, aún sonriendo.
Chihiro apartó la mirada, tratando de no darse la vuelta para no sentir que moría de vergüenza. Claro que le gustaba alguien. Desde hacía años, aunque no lo supiera. Y estaba tras ella.
—Um... Sí, hay alguien—respondió, y antes de que el chico pudiera decir nada más, miró hacia él—. ¿Y tú, Takeshi? ¿Tienes a alguien que te guste?
Haku sintió que su corazón se rompía un poco, como si se hubiera quebrado.
¿Chihiro tenía a alguien que le gustaba?
Antes de que pudiera pensarlo mucho más, escuchó la respuesta de Takeshi, y la sangre se le heló en las venas.
—Por supuesto, Chi—dijo, con una amplia sonrisa, y acercó su cara a la de la chica. La sonrisa desapareció, y sus ojos se encontraron—. Me gustas tú.
