Capítulo 10
Hospitalidad sureña
-¡Venga sopla las velas!
-¡No olvides pedir un deseo!
-¡Que sea un muchacho excelente, que sea un muchacho excelente!
El niño de seis años sopló con fuerza y las velas sobre una tarta de chocolate se apagaron todas a la vez; todos los adultos le aplaudieron y le felicitaron, mientras el niño esbozaba una sincera sonrisa de felicidad.
-¡Seis años ya, eres todo un niño mayor!
-¿Quieres abrir los regalos?
-¡Sí, regalos, regalos!-exclamó el niño, echando a correr.
La cara de Twilight era un poema en esos momentos, no sabía cómo sentirse; esa mañana estaba siendo muy tranquila, Spike había salido de avanzadilla para conseguir más combustible para el generador. Encontró una serie de DVDs etiquetados con acontecimientos especiales, entre ellos uno en el que leyó: "Cumpleaños de Michael". Al parecer, la bibliotecaria del pueblo tenía un sobrino de seis años y llegó a grabar su último cumpleaños. En éste, aparecía toda su familia y amigos, felicitándole e inundando al niño de regalos. Era una estampa preciosa, llena de felicidad y ternura, muy distinta a lo que la rodeaba en ese momento; pudo percibir todos esos recuerdos, tratando de luchar contra el silencio y el olvido que impregnaba al pueblo de Central High. Y sin venir a cuento, la unicornio lavanda no pudo evitar llorar como una potrilla.
-No puedo seguir viendo esto…-pensó ella, parando la grabación.
Retiró el disco y lo guardó con los demás. Supuso que era normal sentirse de esa forma, ya que el contraste era tan fuerte que conseguía emocionarla; después de todo, sentir empatía era algo corriente.
Trató de olvidarse de eso y se puso algo de música; había descubierto tantas cosas que le gustaban que apenas podía decidirse, el pop americano la ponía de muy buen humor, pero le gustó especialmente la música de Owl City, con unos ritmos muy relajantes y unas canciones muy bonitas. Se puso un disco suyo, Ocean Eyes, y estuvo leyendo mientras tanto, dejándose llevar. En ese momento sonó una de sus canciones favoritas, y no porque llevara su nombre además, Vanilla Twilight, sino porque conseguía hacerla sentir de forma diferente.
The stars lean down to kiss you
And I lie awake and miss you
Pour me a heavy dose of atmosphere
'Cause I'll doze off safe and soundly
But I'll miss your arms around me
I'd send a postcard to you, dear
'Cause I wish you were here
La canción la transmitía muchas cosas a la vez cada vez que la escuchaba, era una sensación reconfortante, a la par que esperanzadora; también la ayudaba a recordar a sus amigas, casi pensaba que se la estaba cantando a ellas. Porque realmente las echaba de menos, y deseaba con todas sus fuerzas que estuvieran allí con ella.
And I'll forget the world that I knew
But I swear I won't forget you
Oh, if my voice could reach
Back through the past
I'd whisper in your ear
Oh darling, I wish you were here
En menos de cinco segundos, casi se arrepintió de su decisión.
-Basta…-pensó, parando la cadena con el mando.
Se secó las lágrimas rápidamente y se centró en lo que estaba leyendo, ya que la había llamado bastante la atención. Ya había leído otras cosas sobre ordenadores antes, incluso se estaba planteando intentar algunas cosas con el que tenían abajo, pero no estaba del todo segura. Aun así, el concepto de Internet la llamaba poderosamente la atención, y no por nada; la idea de una red automatizada e inmediata, con la que comunicarse en menos de un segundo era posible, la dejaba simplemente anonada. Hasta la daba la imperiosa necesidad de usarla de nuevo, ya que recordaba que sus sistemas de comunicación en Ecuestria no eran, precisamente, punteros en ese aspecto. Salvo usando la magia, un mensaje común por carta tardaba lo suyo en atravesar todo el reino; y si se quería mandar una orden general por parte de la Guardia Real, por ejemplo, se tardaba más de tres horas, incluso llevando el mensaje en tren y a máxima prioridad.
-Sí, en las comunicaciones fallábamos bastante… con Internet haríamos unos progresos colosales… pero claro, según esto habría que reactivar la red entera de nuevo. Y sin electricidad, claro lo llevamos-pensó ella, un tanto molesta.
Conforme más cosas iba descubriendo, mayor era su necesidad del uso de la electricidad; pero la única fuente que en ese momento poseían, era efímera y pequeña. Se hacía necesaria una mayor y continua fuente, pero no sabía ni por dónde empezar.
-Maldita sea… es un problema muy grave…
En ese momento llegó Spike de su incursión, con dos garrafas de gasolina consigo.
-Después de patearme toda una calle entera, es lo único que he podido encontrar-masculló, jadeante.
-Bueno, es mejor que nada… buen trabajo, Spike.
-Maldita sea su estampa, qué calor… ¿todavía pretendes irte de viaje a Oklahoma? Andando no, desde luego…
-Pues claro que sí… ¿y cómo quieres que vayamos sino? ¿Volando?-ironizó ella.
-Mira, sería una buena idea…
-Spike, no soy un pegaso…
-¡Pues deberías! ¡En estos momentos, deberías! ¿Tú sabes el calor que hace ahí fuera?
-Sí, la temperatura ha estado aumentando mucho de un tiempo a esta parte… aun así opino que deberíamos salir a Oklahoma pronto, reunir todo lo necesario y partir un día de estos… necesito encontrar esa grabadora, Spike…
-Sí, sí, ya sé…
Spike se sentó a su lado, descansando de la caminata, y pensando en sus cosas; Twilight regresó al libro que hablaba de internet, pero al poco rato, el dragón habló de nuevo.
-Twilight…
-¿Si, Spike?
-¿Crees que tus amigas estarán bien? No pasa ni un solo día sin que me acuerde de Rarity…
Frente a eso, la unicornio lavanda bajó el libro y murmuró en voz alta.
-Yo solo espero que estén bien… las conozco a todas bien, y sé que podrán afrontar esta situación de alguna u otra manera. Puede que con suerte nos volvamos a reencontrar en algún momento… aunque si te soy sincera, la que más me preocupa es Pinkie. La conozco, y sé que la soledad no es su fuerte… solo espero que consiga sobrellevarla…
Mientras tanto, en Tulsa, la situación era ligeramente diferente conforme a lo que Twilight se esperaba; la poni rosa de crin lacia y mirada perdida se encontraba vagando por las calles de la ciudad, buscando un poco de agua. El sol era abrasador y podía notar su garganta bastante seca.
-Agua… por favor, un poco de agua… quien sea…-masculló Pinkie, exhausta.
-Nadie te va a oír… y menos aún con ese hilillo de voz-la espetó Pinkamena, con desdén.
La poni de tierra contuvo un suspiro desesperado, tratando de no enfadarla.
-Diablos, sí que hace calor… y si vas a buscar agua te aconsejo que te des prisa, yo también comienzo a notarlo… ¿no había agua en esa despensa?
-Se acabó… debí de racionarla… soy una tonta…-musitó Pinkie, esbozando una triste mirada.
-Es posible… después de todo, hablamos de ti, querida…
Pinkie dibujó una mueca de furia que apenas pudo disimular.
-¿¡Acaso te crees mejor?! ¿¡Es eso, eh?! ¿¡Crees que puedes burlarte de mí y mangoneare e irte de rositas?!-chilló entonces, furiosa.
-Eh… sí, creo que sí. Después de todo, puedo hacerlo…
Pinkie contuvo un grito de desesperación, pensado en posibilidades; hasta ahora la había aguantado con la esperanza de que la dejara en paz tarde o temprano, pero estaba claro que no iba a hacer nada de eso. Quería librarse de ella, pero no sabia como… hasta que la vio; una alta torre cerca de allí, con una serie de campanas en lo mas alto. No se lo pensó dos veces y corrió hasta allí, buscando una entrada. Encontró una gran puerta doble en uno de los laterales de un enorme edificio y entró por ella, acabando dentro de un espacio muy fresco y espacioso; incluso suspiro aliviada.
-¿Qué vas a hacer, tonta? ¿Rezar?-se burló Pinkamena en ese momento.
Desde donde estaba se fijó en una balaustrada no muy lejos de allí, a mano izquierda, y con unas estrechas escaleras de caracol que subían hacia lo más alto; buscó una forma de subir a esa balaustrada, sin fijarse en nada más, hasta encontrar una pequeña puerta que daba a unas escaleras de piedra que también subían. Siguió el camino hasta llegar a lo alto de la balaustrada, pasando directamente hacia las escaleras de caracol; una serie de cuerdas colgaban desde varios agujeros del techo, pero apenas prestó atención. Subió y subió, sin pensar en nada más.
Finalmente llegó a lo más alto, viendo una serie de campanas colgadas del techo; las mismas cuerdas que antes vio se encontraban atadas a una parte del travesaño que las sostenía. Las vistas eran impresionantes y se podía ver casi todo el barrio.
-Muy bien ¿me vas a decir que hacemos aquí?-inquirió en ese momento Pinkamena.
Pinkie se acercó hasta el borde de uno de los ventanucos y en ese momento anunció.
-Voy a saltar... si no me dejas en paz, saltaré.
Por un momento hubo un denso silencio en lo alto del campanario; pero justo después, Pinkamena se rio como la lunática que era.
-¿Qué vas a saltar? ¿Dices que vas a saltar? ¡Ja! ¡Ay, que risa! ¡Que va a saltar, dice!
Sus risotadas no hacían mas que encender a Pinkie, la cual se enfadó aun más.
-¡Lo digo en serio! ¡Voy a saltar y no vas a poder hacer nada por impedírmelo!
-¡Sí claro, y yo soy la princesa Celestia!
-¡Voy a hacerlo, ya lo creo que voy a hacerlo! ¡Si salto se acabó la fiesta, para las dos! ¡Y si con eso consigo librarme de ti, que así sea!-masculló Pinkie.
En ese momento, Pinkamena se calló de golpe y masculló.
-¡Pero mira que eres tonta, niña! ¡Siempre fuiste una tonta, antes y ahora! ¡No vas a saltar! ¿¡Y sabes por qué?! ¡Porque no quieres morir, claro está! ¡Por mucho que me odies, matarte no servirá de nada!
-¡Mentira, seguro que consigo deshacerme de ti!
-¡Sigue soñando, jamás me separaré de ti, por mucho que mueras!
-¡Sigues mintiendo! ¡Voy a saltar, estoy harta de ti, estoy harta de toda esta mierda, quiero acabar con todo, se acabó!-chilló Pinkie.
-¡No vas a saltar! ¡No lo vas a hacer!
-¡Sí lo haré!
-¡No, no lo harás!
-¡Cállate, sí lo haré, lo haré ahora mismo!
-¡No lo harás, solo quieres hacerme creer que saltarás, pero no lo harás! ¡Potrilla tonta, jamás saltarás!
-¡Sí lo haré, aunque sea por llevarte la contraria!
Pinkie se acercó un poco más al borde y su casco sobresalió por éste; tenia que hacerlo, debía hacerlo, quería hacerlo... era ella o ella misma. Y no aguantaba ni un minuto más en esa espiral de locura y conversaciones solitarias que no llevaban a ninguna parte.
-¡No vas a saltar, simplemente no vas a saltar!
Pinkie la ignoró, dando un pequeño paso más hacia delante; apenas miró hacia abajo, tan solo fijó la vista hacia delante e ignorándola a ella.
-¡No lo vas a hacer, no puedes, no puedes hacerlo, simplemente no puedes!
Respiró hondo, notando como el abismo ante ella cedía.
-¡No lo harás, no, no!
Pinkie contó hasta tres y, tras llegar a tres, saltó.
-¡No!-chilló Pinkamena.
El aire fresco que sintió calmó el calor que notaba desde que subió allí arriba; por un momento le dio la sensación de que estaba volando y se dejó llevar. El paisaje daba vueltas y se difuminaba ante sus ojos. No fijó la vista en nada en concreto, tan solo se dejó llevar; vio entonces un fondo blanco, sobre el que se recortaban una serie de siluetas que ella conocía muy bien. Sus amigas la sonrieron, mirándola como solo ellas lo harían. Y no pudo evitar sentirse triste.
-Lo siento, chicas... soy una cobarde...
La caída duró una eternidad, o esa fue la sensación; no vio ni el suelo, ni el cielo, ni nada de nada. Tan solo sintió como botaba sobre algo blando y mullido.
-Así se deben sentir las nubes del cielo... debo de estar en el cielo, entonces...
Cerró los ojos, notando como el mundo dentro de ellos seguía dando vueltas; en cuanto los abrió, vio la calle por donde había venido y un gran manto de hojas verdes y frescas.
-Espera... respiro... ¿estoy muerta?-pensó entonces.
Notó su mente despejada y aliviada, no oyó a Pinkamena decir nada; se reincorporó por un momento y vio que estaba en la copa de un frondoso árbol, tan grande y tupido era que parecía un colchón. Alzó la vista y vio el ventanuco desde donde se había tirado. Bajó la vista y vio que apenas estaba a menos de un metro del suelo. En ese momento abrió mucho los ojos, comprendiéndolo; no pudo evitar llorar como una potrilla, mientras bajaba del árbol.
-Lo siento... lo siento tanto, chicas, soy una tonta, una tonta...
Entró de nuevo en el edificio para resguardarse del calor y, una vez dentro, se dejó caer al suelo, al final de un angosto pasillo entre una serie de bancos muy largos y que parecía no acabar. Siguió llorando desconsoladamente, dándose cuenta de lo que acababa de hacer.
-¡Tonta! ¡Tonta, imbécil, idiota! ¡Soy tonta!-sollozó, dándose pequeños cabezazos contra el suelo.
Sus quejidos y lamentos rebotaban por toda la cavernosa estancia, haciendo eco en sus paredes; en cuanto se calmó alzó la vista y vio una especie de cruz colgante, sobre la cual había un hombre de cera clavado, con los brazos abiertos y las piernas dobladas. Tenia la cabeza echada hacia abajo y apenas se le podía ver la cara, pero se notaba que estaba sufriendo; una corona de pinchos decoraba su sangrante cabeza, y en el pecho tenia una herida abierta. Pinkie lo miró un tanto extrañada; ¿Qué haría ahí colgado, de una forma tan cruel y barbárica? ¿Por qué lo tendrían en un lugar tan grande como ese? ¿Y para que? Miles de preguntas, y ninguna sola respuesta.
Se levantó pesadamente y estuvo explorando un poco el lugar, pasando por otra puerta que no comprobó; llevaba hasta una pequeña sala, donde no había nada relevante. Pero vio entonces un armario pequeño debajo de un banco, lo abrió y se quedó helada.
-¡Agua!
Una serie de garrafas de agua se encontraban delante de sus ojos, cogió una, la abrió con mucha dificultad, y bebió rápidamente, calmando su enorme sed. Una vez que estuvo satisfecha, la dejó donde estaba, aunque vio que había cinco más que la vendrían muy bien. Buscó algo con el que llevárselas y encontró una carretilla de cuatro ruedas roja, donde las cargó todas; salió de allí, sintiéndose mucho mejor y con los ánimos más levantados. Incluso hacia un buen rato que no oía a Pinkamena, lo que la tranquilizó aun mas. Antes de irse vio un libro muy grande y muy gordo, cerca de allí; ya se había leído todos los libros que había en la pastelería, por lo que no vio por qué no llevárselo. Se titulaba Sagrada Biblia.
-Extraño título para un libro... a ver de qué trata-pensó ella, dejándolo con las demás cosas.
Y así, un poco más renovada, se puso en marcha para volver a la pastelería; incluso Pinkamena no volvió a molestarla, lo que la dio más motivos para tranquilizarse.
-Agh, maldito calor… ¿de dónde ha salido? Antes de ayer hacia hasta fresco…
Applejack sabía lo que era el trabajo duro, y más de una vez había tenido que recolectar manzanas bajo un sol abrasador; sin embargo, nada la había preparado para soportar temperaturas tan altas, o al menos las que estaba teniendo en ese momento. El calor de Ecuestria no se sentía igual que el calor de ese lugar. O quizás solo era su imaginación.
-Cuestión de acostumbrarse, supongo…-murmuró la poni de tierra, pasando un casco por el tronco del manzano.
Tras ese gesto, se dio la vuelta y coceó con fuerza el tronco, cayendo varias manzanas al suelo; aún seguían sin madurar, lo que la dejaba bastante extrañada. Sus manzanos no tardaban tanto en crecer y madurar, por lo que la cosecha era casi constante, salvo algunas excepciones como con las manzanas zap. Por un lado se esperaba algo así, pero por otro… se sentía extraño.
-Este calor es matador… será mejor que me retire.
Volvió al cortijo, refugiándose en la sombra que el porche proporcionaba y observando el paisaje; esa semana había pasado bastante rápido, mucho más de lo que Applejack hubiera esperado. Al igual que en Sweet Apple Acres había encontrado algo con lo que distraerse, por lo que mataba el tiempo de la mejor manera; reordenó todo lo que pudo los graneros y encontró una serie de semillas de todo tipo, por lo que decidió intentar cultivar cositas varias. Desde girasoles, pasando por calabazas y hasta tomates y lechugas, quería intentar un poco de todo. Abrió un amplio y largo surco donde poder plantarlos y luego lo cubrió bien de tierra; cerca de allí había una bomba de agua eólica, por lo que no tuvo problemas de regadío, aunque lo malo era que solo contaba con varios cubos y no podía llevarlos todos a la vez. Una vez más, se lamentó por no ser un unicornio, para poder llevar más de uno consigo; incluso llegó a pensar en los humanos, con sus dos largos brazos no tendrían problemas para llevarlos de dos en dos. Desde entonces había estado esperando a que los primeros brotes germinaran enseguida, pero su desilusión había sido mayor al comprobar que nada era como en Ecuestria; las manzanas no maduraban todavía, y los brotes tardaban en salir. Todo era mucho más lento, cosa que ponía nerviosa a Applejack.
Aun así nada de eso dejó que la desanimara y trató de relajarse, mordisqueando una larga hierba, mientras se recostaba en el porche de entrada; la poni de tierra dejó escapar un lánguido suspiro, mirando al horizonte. Siempre pensaba que, tal vez, vería una serie de ponis recortándose en el horizonte y dirigiéndose hacia donde ella estaba; prefería conservar la esperanza de que fueran sus amigas, viniendo a por ella. O tal vez, su familia.
-Ojalá estuvierais aquí… es lo único que pido.
Cerró los ojos, pensando en improbabilidades, y dejó pasar el tiempo, mientras caía en brazos de Morfeo; para entonces, el sol comenzaba a descender.
Pinkie agradeció su decisión de haber saltado, por muy loco que sonara; cierto fue que el árbol la salvó de la muerte, pero el hecho en sí había hecho que Pinkamena no volviese a molestarla durante el resto del día. Creía que no lo haría… pero se equivocó. Y un árbol la llevó la contraria. Quién lo diría.
-Quizás fue cosa de este tal Dios… que historia más enrevesada, no hacen más que engendrar hijos, parece una novela de folletín-murmuró Pinkie, mientras leía su nuevo libro en compañía de una austera cena.
-Je, folletín… que atrevida puedo llegar a ser sin proponérmelo…-se dijo a sí misma, esbozando una sonrisita socarrona.
Jamás hubiera creído que volvería a sonreír de alguna u otra forma, cosa que la animó un poco más; Pinkamena no estaba, ella sonreía y podía respirar tranquila.
Estuvo leyendo un poco más, pero con tantos hijos de padre, y de hijos, y de nietos acabó con la cabeza como un bombo.
-Tienen una familia demasiado grande en el antiguo testamento este… imposible conocerlos a todos-murmuró la poni, cerrando de golpe el libro.
Aprovechando las últimas horas de luz, estuvo dando un paseo rápido por el barrio, pero luego volvió enseguida, entrando en el recibidor; aún no había colocado bien las mesas y las sillas, las cuales seguían apelotonadas en una esquina. Por hacer algo, decidió poner un poco de orden, comenzando con las sillas, al ser éstas las que menos pesaban. Moviendo unas pocas, le pareció ver algo escondido entre estas y sacó una especie de cajita negra con carcasa transparente y una serie de botones en la parte superior.
-¿Qué es esto?-se preguntó ella.
Como no supo contestarse inmediatamente después, lo dejó para luego y siguió ordenando un poco el sitio; una vez que lo tuvo todo un poco mejor, cogió el aparato que encontró y se lo llevó a la cama, donde lo miró con más detenimiento. Pudo paliar el problema de la luz por las noches gracias a unas velas que llegó a encontrar en una casa cerca de allí, aunque encenderlas era toda una odisea. Una vez que tuvo al menos una encendida, se puso a investigar el extraño objeto.
-Qué raro es… parece una cajita sorpresa, aunque… ¿Qué serán estos botones?
Con sus cascos apenas podía hacer gran cosa, de hecho estuvo pulsando todos a la vez; pero de golpe y porrazo, uno de ellos saltó de golpe como un resorte, haciendo que otro hiciese lo mismo y luego el botón central se oprimió solo. El hecho en si la dejó bastante chocada, y más aún cuando una voz extraña comenzó a salir de la cajita.
-25 de enero de 2013, séptima entrada; el proyecto se lleva a cabo en el más estricto de los secretos, todo es controlado con milimétrico detalle y cada cosa que es cambiada es notificada como si fuera de prioridad uno. Por un lado es más que evidente, aunque por otro lado me asaltan dudas. Incluso hasta mis acciones en éste son del todo ajenas; hace poco que he empezado y hasta ahora, todo lo que hecho poco o nada tiene que ver entre sí. Un día me mandan reconfigurar unos sistemas electrónicos, mientras que al otro me piden que desmonte una CPU o a la semana siguiente me ordenan que me mezcle con un biólogo para tratar de combinar genética e informática. Ya ves tú que lio. Aunque te mentiría si te dijera que nada de eso me llamaba la atención. ¿Para qué querrían que trabajásemos en encargos que apenas estaban relacionados entre sí? ¿Y con qué propósito? De lo poco que me acuerdo es de una de las tantas localizaciones que alternábamos, ya que ni con eso nos estábamos quietos; la última que visité fue una base militar que hay cerca de Phoenix, en Arizona, pero apenas me acuerdo de todos los detalles. Mis recuerdos son difusos, y ni siquiera sé bien por qué. Sólo espero salir entero de ésta. Ojalá pudieras perdonarme, Katherine, me distancie de ti por mi propia decisión. Y es ahora cuando más me arrepiento de haberlo hecho. Jim Collins, corto y cierro.
Pinkie se quedó de piedra, sin poder creérselo del todo; finalmente se desató y exclamó.
-¡Hola Jim Collins, soy Pinkie Pie! ¡Oh, qué bien, hacía tiempo que no me sentía tan feliz! ¡Por fin conozco a alguien con el que puedo hablar! ¡Porque puedo hablar contigo! ¿No? ¡Dime más cosas Jim, no te cortes!
Pero lo que en un principio pensó como un nuevo compañero, pronto pudo ver que no podría interactuar con él de la misma forma con la que interactuaba con sus amigas. Eso la dejó un tanto confundida. Podía oír su voz, hablándola, pero no podía responderle ni hablarle, tan solo escucharle.
-Qué raro… y yo que creí que podía hablar contigo…-murmuró ella, algo desanimada.
A pesar de eso, ella se sentía contenta; por fin escuchaba algo más que no fuera ella misma. Y eso la dio más motivos para seguir sonriendo y olvidarse de Pinkamena. Esa noche durmió mejor que nunca.
Es curioso ver la evolución de los personajes desde el punto de vista del escritor; por un lado es algo que yo planifico, a veces de antemano, a veces de forma que sale solo, sin ningún tipo de preparación, es de esas las que más me gustan. Por eso me gusta tanto escribir, porque las historias se escriben solas. La historia no se escribe, se hace. Y es... maravilloso. Y tras esta fumada sentimentalista por mi parte, aquí está el nuevo capitulo. Espero que os esté gustando, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
