Una visita
Dentro de un bosque, un portal apareció repentinamente y al poco tiempo, un individuo atravesó aquella entrada observando los alrededores por unos cuantos segundos.
Todo estaba oscuro y silencioso, no podía ver nada y no había nadie cerca pero sabía que estaba en el lugar correcto.
-Es aquí...- murmuró.
El portal se cerró tras de sí.
-No debo perder tiempo, tengo que encontrarlos.
Como si se tratase de un rayo, alguien apareció por detrás y golpeó al recién llegado por la espalda lo bastante fuerte, provocando que cayera al suelo inconsciente. Ni siquiera le dio tiempo de reaccionar.
-Ahora no podrás decir nada.- con eso dicho, se retiró corriendo a gran velocidad.
Ya había amanecido en las montañas, el sol de la mañana era cubierto por unas cuantas nubes y el viento se mecía entre los árboles suavemente en un vaivén.
El namekusei estaba meditando en su típica postura de meditación cerca de la cascada mientras recordaba...
_Flashback_
-¿Cómo dices?- se sorprendió un poco- ¿Que vienen en camino?
-Así es Piccolo- asintió ella- recibí un mensaje de mis hermanos hace unos minutos y dicen que están de viaje.
-Ya veo...
-Esto me preocupa, ¿Crees que les haya pasado algo malo?
-No te anticipes a los hechos, eso está por verse.- le replicó serio. Ésta solo suspiró, desviando la mirada hacia la ventana.
Bajó la mirada pensativo, cerrando momentáneamente sus ojos, cruzándose de brazos y guardando silencio.
-"Probablemente las cosas se complicaron y quieren poner a Kalula al tanto de la situación..."- se dijo para sus adentros
Al abrir sus ojos, fijó su mirada en su compañera observando su semblante y de inmediato comprendió. La conocía bastante como para saber cuando algo le molestaba o le preocupaba.
-Kaila...- la llamó, colocando su mano sobre la suya.
Ella reaccionó al instante, devolviéndole la mirada.
-Volverás a verlos.- puntualizó.
Parpadeó un poco pero pronto entendió, permitiéndole sonreír suavemente. Había utilizado las palabras correctas y correspondió al gesto, entrelazando su mano con la suya.
-Tienes razón...- murmuró
-Solo espera un poco más.- ella asintió con la cabeza.
_Fin flashback_
Abrió sus ojos, alzando la vista al cielo. El sol estaba oculto entre unas cuantas nubes.
No podía decir que le daba gusto saber que aquel cuarteto vendrá a la Tierra en unos días pero tampoco le era desagradable, más bien le daba curiosidad por saber que tan fuertes se habían vuelto.
Quien estaba entusiasmada por la noticia era indudablemente Kalula, por fin podía estar tranquila y dejar de preocuparse aunque en estos momentos... Unas cuantas dudas surgían dentro de su cabeza y necesitaban ser aclaradas: ¿De qué podría tratarse aquel tema de suma importancia? ¿Tendrá algo que ver con Kalula? Y si ese fuera el caso, ¿Por qué no se lo dijeron antes de marcharse?
Todo este misterio empezaba a molestarlo, inquietarlo, quería saber con más profundidad lo que estaba pasando pero estaba seguro que una vez que hicieran su aparición, se sabrán muchas cosas.
_Flashback_
-Sr. Piccolo, ¿Puedo hacerle una pregunta?
-Dime Gohan.
Se rascó la nuca, con expresión algo nerviosa en su rostro.
-¿Alguna vez... Ha pensado en formar una familia?- inquirió, con algo de cautela. No pudo pelear más contra la curiosidad, quería saber.
Abrió los ojos como platos, tardando en responder. Esa pregunta lo había descolocado enormemente.
-¿Con Kalula?- atinó a decir sin mirarlo, aún sorprendido.
-Bueno... N-no con exactitud...- balbuceó nervioso, tosió un poco para aclarar su voz y empezó...- Es decir, su relación con Kalula es reciente, llevan poco tiempo de estar juntos y sé que es algo precipitado hablar de ese tema justamente pero...- guardó silencio unos segundos volviendo a rascarse la nuca, tratando de encontrar las palabras adecuadas para expresarse- ¿E-ella sabe sobre la condición de los namekusei? ¿Que solo son...?- detuvo su oración en seco, sentía que había tocado un tema inapropiado.
Un pequeño pero incómodo silencio se apoderó entre ellos.
La verdad es que no sabía cómo tomarlo ni cómo reaccionar, era la primera vez que alguien le preguntaba eso y no estaba seguro de cómo responder.
Su mente se había quedado en blanco y sentía que las palabras se negaban a salir de su garganta pero comprendía hacia dónde se encaminaba la conversación y no le gustaba. Era un terreno muy escabroso para él como para abordarlo en ese momento.
El adolescente observó su perfil, parecía incómodo por el cuestionamiento y dijo...
-Discúlpeme Sr. Piccolo, no debí preguntarle eso...- un poco apenado, bajando la mirada.
Al levantarla nuevamente, tragó saliva sudando nervioso. La mirada de su maestro lo intimidaba.
-No vuelvas a hablarme de eso ¿Está claro?- sentenció, su tono de voz detonaba cierto filo de advertencia.
-S-si, lo siento mucho...- dijo, no insistió más.
_Fin flashback_
Volvió a abrir los ojos, observando su reflejo en el agua cristalina.
Frunció levemente el ceño molesto, recordar aquello lo había tensado... Y bastante...
-"¿Alguna vez... Ha pensado en formar una familia?"
Ciertamente nunca se le había cruzado esa idea en particular por la cabeza, ni en sus sueños más locos pero ahora que estaba con la peli verde... Tenía mucho que pensar...
-Familia...- murmuró, en un hilito de voz.
Debido a que en su raza nunca existieron mujeres, jamás había desarrollado un sentimiento especial por ellas. Al contrario, durante su estadía en la Tierra siempre sostuvo un completo desdén declarando que era un género inferior, insignificante y que solo traían problemas pero cuando Kalula apareció en su camino... Las cosas se tornaron diferentes, cambiándole un poco su punto de vista.
-"Bueno... Yo..."
-"Por fin cumpliste con lo que te habías propuesto: Derrotar a ese monstruo con ese poder legendario y proteger tanto este planeta como a nosotros."
-"Asi es..."
Volvió a cerrar los ojos, recordando aquel momento...
-"Piccolo... Yo solo..."
-"Debo confesarte que al principio te consideraba una chiquilla llorona y debilucha, siempre dependiendo de los demás para que vinieran a salvarte pero con el paso del tiempo, te desenvolviste de una manera impresionante que ni yo mismo me lo hubiera imaginado."
-"¿En serio?"
-"Toda mi vida, lo único que siempre me importó era entrenar diariamente para volverme más fuerte e incrementar mis poderes. En cambio tú, siempre peleabas por alguien y tenías en cuenta los sentimientos de los demás. Tienes muchas cualidades de las que yo carezco."
-"¡Eso no es cierto! La primera vez que te conocí, actuabas de una manera muy seria, nunca te dabas por vencido y jamás has rechazado una pelea, aún cuando sabías que no tenías oportunidad alguna de ganarla. Tú también tienes muchas cualidades de las que yo carezco, es por eso... Por eso..."
Aquellas palabras consiguieron dibujarle una pequeña sonrisa en su rostro, volviendo a abrir sus ojos.
-"Te lo agradezco."
-"¿Hm?"
-"Déjame decirte que has sido la primera y única mujer que ha visto algo bueno en mí, que me ha protegido, acompañado e incluso que ha llorado por mí..."
No podía siquiera refutar aquella gran verdad impresa. Lo admitía, se había convertido en alguien importante para él.
-"Pero... Aunque comparta ese mismo sentimiento contigo, no tendría la capacidad de hacerte feliz..."
Su sonrisa se borró al instante, reemplazándola por una expresión más seria.
...¿Realmente podía hacerla feliz?...
-"¿Piccolo?"
-"Dime..."
-"No quiero que esto termine..."
-"No hay que dejar que se vuelva realidad."
Después de todo lo que había pasado para estar juntos y llegados a este punto, debía hacer el intento.
Mientras tanto, por otro lado...
Un trío de saiyajin se encontraban de regreso a las montañas después de haber pescado un gran pez globo en el rio, dentro de unas horas sería hora de almorzar.
-¡Esta vez pescamos uno grande! – exclamó Goku alegre mientras observaba el pescado que cargaba su hijo mayor en su hombro izquierdo- Buen trabajo, Gohan. ¡Estoy seguro que mamá se pondrá feliz!
-Gracias papá.- le sonrió mirándolo sobre su hombro derecho.
-¡No es justo!- se quejó el niño que llevaba otro pez pero más pequeño en sus manos – ¡Tu siempre pescas el más grande!
-Eso no es cierto...- negó, un poco incómodo
-¡Claro que si! ¡Con este, ya van tres!- señaló con un leve puchero
-Jejeje...- rió él – No te pongas mal Goten, para la próxima pescarás uno grande.
Siguieron caminando y hablando entre ellos por unos cuantos minutos más hasta que uno de ellos se detuvo en seco...
-¿Hm.? ¿Papá?- se extrañó Goten deteniendo su andar.
Éste no respondió, mantenía su mirada clavada hacia dicha dirección.
-¿Papá? ¿Estas bien?- se le acercó Gohan junto con su hermano
-Si, es solo que...- balbuceó, un poco dudoso
-¿Es solo que qué papá?- insistió, no comprendía.
Entrecerró los ojos y se encaminó hacia dicho curso con cierta incertidumbre, sin decir más. Gohan y Goten intercambiaron entre sí miradas confundidas y extrañadas.
-Hermano, ¿Qué le pasa a papá?
-No tengo idea...- estaba tan confundido como él.- Ven, vamos a seguirlo.- le propuso
-Si.
Se aventuraron al interior del bosque, buscando con la mirada al saiyajin que habían perdido de vista unos momentos. Su comportamiento les era extraño, ¿Qué le pudo haber pasado?
Después de unos minutos, hallaron finalmente con él. Estaba de pie, inmóvil como una estatua cerca de un arroyo.
-¡Papá!- le llamó su hijo mayor acercándosele junto con Goten- Te estábamos buscando.
-¿Te encuentras bien?- le preguntó el otro, con ligera preocupación.
Éste no los miraba, seguía sin responder y solo tenía sus ojos fijos en un punto y al juzgar por su perfil... Parecía sorprendido.
Extrañados, dirigieron sus miradas hacia la misma dirección y sus ojos se abrieron más de lo normal.
-¿Pero qué...?- no pudieron completar la pregunta, de inmediato comprendieron.
En la capital del Oeste...
-Jefe...-decía la peli verde mientras entraba- Acabo de vender todos los dulces, ¿Quiere que...?
Detuvo su oración en seco, al percatarse que no había nadie detrás de la caja registradora.
-¿Jefe?- miró por todos lados, un poco extrañada. El local estaba vacío.- ¿En dónde podrá estar?
Cerró la puerta finalmente, caminó hacia el mostrador dejando la canasta de mimbre y se detuvo a observar las vidrieras.
Su mirada se iluminó por completo adquiriendo una sonrisa de oreja a oreja; cada postre que veía era diferente al otro, de distintas formas, colores, tamaños y delicadamente decorados, que lo hacían ver apetecibles a simple vista.
-¡Qué deliciosos manjares!- exclamó, sin apartar la vista de ellos- ¡Espero poder cocinar así algún día!
Continuó observándolos unos segundos más hasta que un ruido extraño llamó su atención.
-¿Qué fue eso?- echó un vistazo curiosa, detrás del mostrador. Fue como si algo, se hubiese caído...
-¡Sr. Yoshino! ¿Se encuentra bien?- le preguntó el muchacho preocupado mientras lo ayudaba a levantarse.
-Si, estoy bien. No me pasó nada.- le dijo para tranquilizarlo.
-Discúlpeme, yo tuve la culpa de dejar esas cajas cerca de la entrada...- un poco apenado.
-Esta bien, en serio jeje...- le volvió a decir sonriendo- sigamos bajando, aún hay mucha mercancía en ese camión.
-No Sr. Yoshino- lo detuvo, éste lo miró- no se ofenda pero no debería cargarlas, son muy pesadas para usted.
-Pero...
-¿Jefe?- habló una voz de repente, ambos voltearon.
-¿Kalula? ¿Qué haces aquí? Tu horario de trabajo terminó.
-Lo sé, es solo que...- escuchó como unos costales se derrumbaron.- ¿Y eso?
-Oh no...- corrió el joven hacía el vehículo y observó en su interior.
Kalula se acercó por detrás y sus ojos se abrieron un poco mas de lo habitual; todas las cajas estaban tiradas, algunas abiertas y otras se rompieron... En otras palabras, era un completo desastre.
-¡No puedo creerlo! ¡Todo se estropeó!- se lamentó el hombre, tomándose la cabeza con ambas manos.
-Ahora con esto, nos tomará horas reorganizarlo todo y llevarlo hasta la bodega...- suspiró con agotamiento el encargado.
-No digan eso...- les cortó ella y de un brinco, se subió al camión
-¿Kalula?- se extrañó el anciano
-Jefe, permítame ayudarles. Así terminarán más pronto.- se ofreció gentilmente
-Oh no, pequeña. Te agradezco mucho la intensión pero tu horario ya terminó y yo no podría...
-No es ninguna molestia.- le interrumpió tranquilamente.
Ambos se miraron no muy convencidos por unos momentos y cuando menos se dieron cuenta, la etherion ya estaba fuera del vehículo con al menos 10 cajas en cada mano... Y flotando en el aire.
-Dígame jefe, ¿En dónde debo dejarlas?
El hombre parpadeó con sorpresa pero pronto sonrió mientras que el encargado se quedó boquiabierto, mirándola con una cara de total asombro, sus ojos se asemejaban a dos platos. Esa chica si que era fuerte...
-¿Jefe?- ladeó la cabeza, un poco confundida.
-E-en la bodega... Déjalas en la bodega...- le indicó, señalándole con el dedo.
-Entendido.- asintió con la cabeza y se retiró.
Después de unos cuantos minutos...
-Listo...- dijo colocando una caja encima de una pila.
-¿Ya acabaste pequeña?- le preguntó el anciano, con una libreta y bolígrafo en manos.
-Si, jefe...- descendió lentamente, hasta tocar el piso- esa era la última.
-Excelente...- sonrió satisfecho mientras anotaba
-¿Necesita que le ayude con algo más?
-No, esta bien. Del inventario me encargo yo.
-De acuerdo...
-Ah propósito, gracias por haberme ayudado.- le sonrió- De no haber sido por ti, todavía estaríamos bajando cajas.
-Fue un placer...
-Eres una jovencita muy amable- ella sonrió, con un pequeño sonrojo.- y muy fuerte.
-No, no es para tanto...- respondió agitando la mano un poco.
-Con esa fuerza que tienes, me sorprende que alguien como tu trabaje en un lugar así.
-¿Hm.? ¿Por qué lo dice?- no comprendía
-Pues...- comenzó a caminar, observando las cajas y anotando en su libreta- con esos poderes, no entiendo porque estás trabajando.
-¿Y por qué no hacerlo?
Éste le devolvió la mirada, con un poco de sorpresa.
-Con todo respeto Sr. Yoshino pero esta equivocado, el hecho de tener poderes no quiere decir que no deba hacer ciertas cosas. Aunque los tenga, no me exenta de las responsabilidades.
-¿Haces esto porque es tu responsabilidad?- se giró hacia ella.
-No precisamente, también es para ganar experiencia.
-¿Por qué?- preguntó con seriedad
-Porque...-con una mirada un poco triste, añadió- las personas que me depositaron en este mundo no tuvieron tiempo de enseñarme sobre estas cosas y lo poco que yo sé, tuve que aprenderlo sola...
Se la quedó mirando fijamente unos segundos y dijo...
-Entiendo...- asintió, con una sonrisa afable. Luego, volteó volviendo a retomar su labor.- Espero que no tengas problemas cuando regreses.
Ella observó con curiosidad el reloj de la pared, fijándose la hora. Su horario de trabajo había terminado ya hace 20 min.
-Oh, no se preocupe por eso.- le dijo con despreocupación. Francamente se había olvidado de la hora, ya tenía que haberse ido.
-Esto me va a llevar un buen rato.- aclaró, sin mirarla mientras escribía- por lo que puedes retirarte, ya has terminado por hoy.
-Oh, es cierto...- se dirigió hacia la entrada- entonces nos vemos mañana jefe.
-Hasta mañana Kalula.- se despidió y ella se retiró.
Una vez vestida con su atuendo de siempre, emprendió vuelo rumbo a su hogar en las montañas. Decidió no dar un paseo el dia de hoy, sin darse cuenta había despejado su mente ayudando a su jefe bajando y acomodando la mercancía dentro de la bodega y la verdad, tenía hambre.
Llevaba una distancia recorrida pero una ondulante capa blanca que visionó durante el recorrido la detuvo.
-¿Piccolo?
-No deberías estar aquí.- le dijo con su seriedad de siempre
-Lo siento, es que tuve un contratiempo...- se explicó, rascándose la barbilla.
Él no dijo nada, bajó la mirada cerrando sus ojos cruzándose de brazos.
-¿Pasa algo?- se preocupó un poco
-Acompáñame...- le dijo dándole la espalda.
-Si.- lo siguió por detrás.
Aterrizaron y comenzaron a caminar por un bosque espeso, respirando el aire puro y oyendo el piar de las aves exóticas, disfrutando de la tranquilidad y la armonía que reinaba bajo aquel techo de hojas.
El recorrido era sumamente silencioso y algo incómodo, Piccolo caminaba con paso ligeramente más rápido de lo usual mientras que Kalula lo seguía por detrás.
-¿Piccolo?- lo miraba con un poco extrañeza.
Sin embargo éste no la miró ni detuvo su andar y fue entonces que se percató de que aquel silencio no era el usual en él, sino el que guardaba cuando se hallaba de mal humor o frustrado.
Lo siguió de cerca hasta que llegaron a un prado lleno de plantas perennes de escasa altura y de raíces poco profundas que formaban un tapizado denso, constituyendo un tupido muy diverso y continúo césped en donde finalmente él se detuvo.
-¿Qué sucede? – preguntó
Volteó a verla por fin, con una mirada muy seria.
-Tenemos que hablar de algo importante.
-¿De qué se trata?
-Pero antes, quiero que me respondas algo con total sinceridad.- le pidió, ella lo miró atenta- Has pensado en la familia, ¿Verdad?
-¿Qué?- parpadeó, algo confundida.
Aquello le pareció extraño, él mas que nadie sabía hasta que punto le era importante aquel tema pero de todas formas respondió.
-Piccolo, tú sabes que siempre estoy pensando en ellos. ¿Por qué... Me preguntas eso?
-No es lo que quise decir.- tajó
Ella ladeó la cabeza, aún confundida. No conseguía seguirlo.
-Estas consciente de cual es mi posición, ¿No es así?- frunció un poco el ceño desviando la mirada, ligeramente incómodo.
Guardó silencio unos momentos, observando sus gestos y su mirada. Nada de eso pasaba desapercibido para ella.
-Sobre lo que dicen acerca de los namekusei...
Abrió los ojos momentáneamente más de lo usual pero pronto recobró la compostura, comprendiendo por fin.
-Asi es...- respondió, con suavidad
-Por eso yo...
-Piccolo.- le interrumpió en seco, él la miro de reojo- no hay que hablar de eso si no lo deseas.
Sabía que para él era un tema delicado e incómodo que requería de un buen tiempo para ser analizado y resuelto pero dado a lo que tenían juntos, debía saber lo que pensaba y su opinión al respecto.
-Tenemos qué.
Sinceramente no esperaba algo así y no estaba del todo segura de cómo reaccionar, por lo que se tomó unos momentos para responder.
-Esta bien...- concedió, bajando un poco la mirada. Sabía que tenían que hablar de este tema en algún momento.
El silencio se apoderó entre ellos unos segundos, algo que en verdad no ayudaba a la situación.
-¿Qué es lo que piensas?
-Para empezar, me tomaste por sorpresa. No esperaba que tendrías la iniciativa para hablar sobre esto...-Hizo una breve pausa, en la cual Piccolo le observaba serio- pero tienes razón, se trata de algo importante...- reconoció, alzando la vista mirándolo a los ojos.
El guerrero no dijo nada, permanecía inmutable, aguardando su respuesta entre serio y expectante.
-Entiendo que tu posición es... Complicada y que hace poco tiempo que estamos juntos pero...- bajó la mirada un instante para después levantarla y mirar a Piccolo a los ojos.- el hecho de querer formar una familia en algún momento, es algo inevitable...
Cerró sus ojos azabaches, apartando la mirada y cuando los abrió de nuevo, preguntó...
-¿Conmigo?
No pudo evitar sonrojarse de sobremanera, le daba pena admitir que hubo un par de veces en que vislumbró a futuro compartir su vida junto con él pero no podía dejarlo en evidencia, era algo muy íntimo para ella.
¡Qué directo y... Qué atrevimiento! Había preguntado aquello sin pensarlo dos veces ni titubear.
-E-eh... Bueno...- tartamudeó nerviosa, bajando la mirada. Se sentía incapaz de responder.
-Es claro que no.- soltó.
-¿Qué? Yo no dije eso.- alzó la vista nuevamente.- ¿Por qué lo dices?
Éste frunció levemente el ceño, continuaba con la vista fija en la nada.
-Tú sabes porqué...
Ella lo contempló guardando silencio, con una mirada ligeramente triste.
El viento sopló suavemente meciendo la capa del namekusei y la larga cabellera de la etherion.
Piccolo continuaba con la mirada perdida, reacio a mirarla. Sentía que la situación lo superaba, decir todo lo que estaba diciendo no era fácil para él y menos como controlar las emociones que se acumulaban en su interior pero de alguna forma, se mantenía hermético, impasible como de costumbre hasta que sintió como unas manos cálidas tomaron gentilmente las suyas.
Reaccionó al instante observando en silencio las manos de la joven sobre las suyas. Ciertamente no se había dado cuenta de en qué momento se le había acercado pero en estos momentos, sentía que lo necesitaba.
-Esta era una de las razones por la cual no quería tocar este tema pero no podíamos evadirlo para siempre...- musitó, con voz queda
Éste la miro por fin, prestándole atención.
-Sé que las cosas están muy dispersas en estos momentos y que se darán por sí solas, pero quiero que sepas que no pienso en eso por ahora.
Abrió un poco más los ojos, no esperaba una respuesta así y no estaba del todo seguro de cómo reaccionar pero tras reconsiderar algo, volvió a sentir incomodidad.
-Pero eso no quiere decir que no lo hagas en algún momento.- repuso.
Su tono de voz no tenia un volumen muy alto, pero se podía percibir cierta sequedad y dureza en sus palabras.
-Lo sé...- le soltó las manos, el desvió la mirada- He pensado que el dia cuando el momento llegue, las personas que haya depositado en este mundo estén bien y no les falte nada.- alzó la vista, observando las nubes en el cielo- Que sean fuertes y que puedan enfrentarlo tal cual es...
El nameku se tensó. Finalmente ahí estaba, como si fuese una mala broma del destino por la coincidencia y los sucesos recientes lo que había querido evitar por fin salía a relucir.
-No tienes porque pensar en eso.
-Es solo un deseo...- dijo
-Para ti es fácil decirlo. Las cosas son distintas en tu caso…- frunció levemente el ceño, molesto- tu condición no es tan diferente de un humano. Si bien ambos compartimos la longevidad de nuestra juventud pero no vives con el hecho de que yo no puedo darte lo que deseas en el futuro. Tu no…
-¿Fácil?- lo interrumpió en seco, éste la miró- Piccolo, ¿En serio crees que es fácil para mí pensar constantemente la idea de que no puedes darme lo que toda mujer desea tener en un momento determinado de la vida?
Kalula había cambiado su expresión pacífica y comprensible a una de evidente frustración. Éste le miró completamente contrariado, era la primera vez que le hablaba de esa forma.
-Realmente no tienes idea… Aún así, las cosas son como deben ser y marchan a su propio ritmo.
Se cruzó de brazos, desviando la mirada nuevamente. Suspiró, tratando de calmarse.
-Sabías lo que conllevaba estar con alguien como yo...- constató
-Te equivocas.- respondió con firmeza
-¿A qué te refieres?- la miró por el rabillo del ojo, un poco confundido.
-La persona que elegí fue a ti, no a un namekusei.
-¿De qué rayos estas hablando?- seguía sin comprender.
Ella sonrió, mirándolo como si la respuesta fuera obvia, lo cual impaciento aún más al guerrero.
-Sabía muy bien todo acerca de tu raza y de los rumores...- empezó a decir con suavidad, éste no dijo nada pero comprendió por quien lo había dicho- pero algo me decía que eras diferente a los demás.
-Porque fui el primer namekusei poderoso que conociste ¿Verdad?
-No...- negó con la cabeza- por que eres el primero en dar el ejemplo y marcar una diferencia.
-¿Como dices?
-Asi es Piccolo- le sonrió con ternura- me atrevo a decir que has puesto el ejemplo que todos deberíamos seguir: Sin importar lo que eres, como eres, de donde eres o incluso tu creencia y posición, todos tenemos sentimientos y capacidad para sentir.
Piccolo se la quedó observando levemente ruborizado sin saber qué decirle y qué pensar. Jamás lo había visto desde ese punto de vista.
-Pero eso no cambia el tema a tratar aquí.- respondió, de forma un poco tosca.
La mirada y sonrisa dulce de la chica, se borraron casi de inmediato. La tensión se hizo presente una vez más.
-Tienes razón...- bajó un poco la mirada, desanimada.
Resopló, un tanto fastidiado. Sentía que la situación en vez de mejorar, empeoraba.
-Pero Piccolo, no...
-¿Ahora comprendes porque te dije que no tendría la capacidad de hacerte feliz?- le cortó en seco, dándole la espalda.
Ella lo miró con las cejas curvadas con pena y con un puño cerrado cerca del pecho. Observó su semblante, estaba frustrado, se sentía impotente.
-Compliqué más las cosas ¿Cierto?- sonrió para sí, con cierto aire triste.
Piccolo no volteó a verla, tampoco respondió y eso no ayudaba mucho.
-Entiendo que una parte de ti quiera que todo regrese a lo que era antes. Supongo que todo era mucho mas fácil para ti antes de conocerme...- bajó la mirada triste.
Éste gruñó visiblemente enojado y volteó de manera brusca.
-¿¡Aún sigues diciendo esas estupideces!?- gritó, ella solo desvió más la mirada.
Comenzaba a exasperarse cada vez más y el hecho de que Kalula ahora evitara mirarlo, no era favorable.
Se llevó una mano a su frente y miró hacia el cielo, juntando paciencia. Acto seguido, respiró hondo, procurando calmarse.
-No es que hayas complicado las cosas- intentó explicarle, ella continuaba con la mirada gacha- sino que colocaste delante de mis ojos...- la tomó gentilmente de su mentón con una mano, obligándola a prestarle atención- todo lo que puedo construir y gracias a eso, terminé por descubrir que también puedo tener un espacio para esas cosas.
Ella parpadeó un poco, se sorprendió al escuchar tales palabras.
-Pero el hecho de no saber cómo manejarlo, me es irritante...- masculló, entre dientes.
Tras meditarlo un poco, le sonrió levemente y colocó una de sus manos en su mejilla.
-A veces las cosas nuevas asustan y te hacen sentir desorientado.
-Kaila, yo...
-Piccolo, ya no pienses más en eso- le pidió, no le gustaba verlo de esa forma- sabes que nunca fue con ese fin por la que te elegí, sino por esto.- con la otra mano que tenía libre, le señaló el pecho- no por esto.- lo señaló completo. Posó su otra mano sobre su rostro. Éste volvió a mirarla, sin modificar su semblante esquivo.- Solo por esta vez, no insistas y olvida el tema.
Tomó sus manos que aún estaban sobre su rostro y las apartó de él.
-Aunque no vuelva a hablar de ello, el problema seguirá persistiendo.- dijo seriamente
-Ya encontraremos una solución.
-¿Crees que la haya?- increpó, la verdad tenía sus dudas.
Sintió un nudo en la garganta ante lo que acaba de manifestar el guerrero, no parecía querer cambiar de opinión. Bajó la mirada un instante y retrocedió un paso, éste la observó.
-Kalula.
-Entonces… Supongo que no hay nada más que decir.
-¿Estás enfadada?
Ella negó con la cabeza.
-Sólo resignada. Esperaba que pudieras ver aquella posibilidad como algo creíble ya que el futuro siempre se altera, pero las cosas no sucederán así por lo visto.
Piccolo no dijo nada. Una sonrisa casi vacía se asomó por los labios de la joven para después suspirar.
-No hay caso entonces.
-¿A qué te refieres? – Preguntó él.
-No es nada.- parpadeó un par de veces, con el rostro completamente serio y miró al suelo, específicamente a la hierba entre sus pies.
En unos minutos de tenso silencio en donde ninguno de los dos decían una palabra...
-"¡Sr. Piccolo, Kalula!"- les habló una voz de repente dentro de sus mentes
-¿Hm.? ¿Kami-sama?- se extrañó ella alzando la vista.
-¿Qué es lo que sucede Dendé?
-"Diríjanse al el templo sagrado, hay algo que tienen que ver"- les pidió
-¿Al templo? Pero, ¿Hay algún problema?- preguntó Kalula
-"Solo vengan, luego les explicaré todo con más detalles"- les volvió a pedir, dando por terminado la comunicación telepática.
Aquello les pareció un poco raro pero igualmente obedecieron.
-¿Vamos?- preguntó ella, colocándose a su lado.
-Si. –Dijo observando cómo el sol salía entre las nubes, Kalula hizo lo mismo.
Ella suspiró, estaba algo desanimada y con la reciente conversación, se le había quitado el hambre. Aquel semblante no pasaba desapercibido para el namekusei.
-¿Está todo bien?- preguntó, ésta lo miró de reojo.
-Sí.
-Kaila- Insistió.
-Sólo espero que todo vuelva a la normalidad una vez nos hallamos marchado.- confesó desganada, no tenía intención ni ganas de comenzar otra discusión como la de hace un rato.
-¿Qué quieres decir?
-Nada, no te preocupes.- respondió con simpleza
Piccolo una vez más no dijo nada y se limitó a acercarse a ella. Se hincó un poco hasta quedar a su altura mientras la observaba fijamente. Kalula le sostuvo la mirada tranquilamente, parpadeando con lentitud. Sus ojos reflejaban un poco de tristeza.
Rozó suavemente una de sus mejillas con su mano derecha y acercó su rostro al suyo, besándola suavemente. Ella cerró los ojos, correspondiendo.
Una vez que el beso terminó, se quedaron mirando los ojos del otro.
-Vamos, nos están esperando...- dijo ella con una pequeña pero dulce sonrisa.
Sintió alivio, sabía que el beso no le había levantado el ánimo del todo pero si la había tranquilizado y sin perder más tiempo, partieron emprendiendo vuelvo.
Volaron en completo silencio hasta que, luego de varios minutos, a lo lejos lograron divisar una construcción extremadamente alta que atravesaba las nubes y que poseía extrañas insignias y símbolos, era la torre del maestro Karin.
Continuaron volando de forma ascendiente hasta toparse con la cima, el cual los observaba una figura felina de baja estatura, regordeta y blanca sosteniendo un bastón en una de sus patas.
-Con que son ustedes muchachos...- habló el gato del bastón
-Buenos días maestro Karin.- le saludó Kalula con su característica amabilidad.
Los observó unos segundos, antes de volver a hablar.
-Por fin puedo ver que se han unificado, eso me da gusto.- sonrió con cierta picardía.
-Jeje...- se rio apenada, con un pequeño sonrojo.
-Debo decir que estoy sorprendido pero sabía que terminarían así.
-¿Como dice? ¿Usted ya lo sabía?
-Ahora no tenemos tiempo para esto, Dendé nos esta esperando.- interrumpió secamente Piccolo.
-Es cierto, maestro Karin nosotros...
-No te preocupes pequeña, esta bien.- asintió comprendiendo pero pronto su rostro se tornó serio- pero déjenme decirles esto...- ambos lo miraron atentos- en estos momentos tengo un mal presentimiento, no sé que es lo que podría pasarle a la Tierra.
-Entendido...- un poco dudoso, luego se dirigió a su compañera- vamos Kalula.- ésta asintió y partieron
Finalmente llegaron y aterrizaron al otro lado del templo pero no contaron que otras presencias se percatarían de su llegada y salieron a recibirlos.
-¡Hola!- les saludó haciendo un gesto con la mano
-¿Goku?- se extrañó la chica, aterrizando al mismo tiempo que Piccolo.
-Vaya, que sorpresa. No esperábamos verlos por aquí.
-Lo mismo digo- dijo Piccolo, cruzándose de brazos
-A propósito ¿Qué están haciendo aquí?- les preguntó esta vez Gohan
-Dendé nos pidió que viniéramos pero no nos dio todos los detalles.
-¿Y ustedes?- cuestionó la joven.
-Pues, técnicamente habíamos ido a la torre Karin por unas semillas pero el maestro dijo que fuéramos a ver a Kami-sama y que curara sus heridas.- les explicó el pequeño Goten.
-¿Curar sus heridas?- repitió con ligera extrañeza el nameku- pero ¿A quién?
-Oh, aquí están.- interfirió el Dios de la Tierra. Todos lo miraron.- Vengan, hace unos momentos acaba de despertar.
Minutos después, los guerreros estaban sentados en las escaleras esperando pacientemente mientras hablaban entre ellos hasta que...
-Ven, con cuidados...- le dijo el genio mirando hacia el interior del templo.
Una figura comenzó a caminar lento y con cierto aire inseguro entre las sombras hasta que finalmente salió a la luz deteniéndose en el marco de la puerta a unos metros de los guerreros con la mirada baja.
-¿Un namekusei?
Nadie comprendía que era lo que pasando ni porqué aquel pequeño apareció de repente en este lugar pero la pregunta mas importante era: ¿Quién es él?
