¡No, no morí! Aquí estoy, con un capi nuevo, y aunque me costó mucho sacarlo, mi musa se apiadó de mí y lo terminé. Se lo debo a una canción que me recomendaron ;)
¡Espero que les guste! Lo que es igual a: ¡Espero no terminen odiándome después de esto!
Disclaimer: Bones no me pertenece. Es de FOX, Hart Hanson, Stephen Nathan y todos sus productores. Incluyendo a Kathy Reichs quien hizo esos maravillosos libros sobre Temperance Brennan. No lo hago con fines de lucro sino por diversión, ningún personaje me pertenece.
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Capítulo X
¿Qué Nos Está Pasando?
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-No, no puedo hacer esto.- dijo, apartándola de sí. –No puedo engañar a mi esposa.
-Ella no se va a enterar.- le dijo con una voz seductora, tentándolo a besarla.
-Yo…- le lanzó una mirada lujuriosa a su boca.
-¿Tú qué?- le dijo, humedeciendo lentamente sus labios.
-Yo…- y después todo fue demasiado rápido y muy confuso.
Washington D.C., Estados Unidos
22:05
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Al terminar de lavar, se apoyó en el lavamanos y lanzó un suspiro. Alguien tocó la puerta.
Gruñó algo intangible. -¿Quién podrá ser a esta hora?- musitó para sí.
Se dirigió hacia la puerta, vio por la mirilla. No podía creer lo que sus ojos le mostraban, la abrió despacio temiendo estar alucinando.
-¿Hannah?- dijo, sorprendido.
-¡Seeley! ¡Sorpresa!- y se abalanzó a él. Lo abrazó fuertemente. -¡Dios! ¡Cómo te había extrañado!- exclamó, Booth lanzó una carcajada.
-¡Yo también te extrañé- exclamó devolviendo el abrazo. -No creas que no me alegra verte pero ¿Y… qué haces por aquí?- dijo, igualmente emocionado.
-Bueno, me dieron un trabajo en D.C. así que se me ocurrió pasar a verte, digo, después de tanto tiempo.- le guiñó un ojo después de sonreírle. -¿Y dónde está tu adorable esposa?
Booth vio hacia abajo. –Está de viaje.- fue su respuesta.
-Oh, pensé que… bueno, entonces supongo que nos veremos otro día, cuando ella esté.- dijo Hannah, alejándose de Booth.
Él tomó una bocanada de aire. –No, espera. No tienes por qué. Quédate un rato.
-Pero… ¿no crees que sería inapropiado? ¿Qué pensarán tus vecinos si miran a una despampanante rubia entrar a tu casa mientras tu esposa está de viaje por trabajo?
Booth rió. –De todo, pero no es cierto, y además, no les importa de todos modos.
Hannah rió y entró a la casa. –Esperaba que dijeras que no.- le dijo.
-Claro que sí. Ha pasado mucho tiempo, como unos ¿cuatro años? Siéntate, hay suficiente espacio.- Ella se dejó caer en sillón mientras Booth se sentaba en otro más pequeño.
-Así que,- comenzó Booth. –Tu trabajo…
-Oh, sí. Es muy interesante, tengo que pasar todo mi día detrás de un escritorio escribiendo artículos sobre la tarifa elevada del autobús.
-Oh,- exclamó. –Eso suena…
-Aburrido. Ya lo sé.- comentó con una sonrisa. –Pero está bien, dentro de unos meses podré hacer reportajes y ahí, hablaremos de otra cosa.
-No te imagino detrás de un escritorio… cuando nos conocimos, eras… una mujer muy valiente y activa.- le dijo, viéndola directamente a los ojos. Hannah podía sentir como se derretía ante esas palabras.
Sonrió, disfrazando el deseo en sus ojos.
-Pues no será por mucho, ya te lo dije. En fin, ¿qué ha sido de tu vida? Oí que te casaste y lo confirmé hace un momento. ¿Cómo se llama?
Booth sonrió al recordar a Brennan, luego su sonrisa se desvaneció al recordar la pelea que tuvieron. –Se llama Te…- tragó saliva. –Bree Terrence. Pero tú ya sabías eso.- comentó.
Hannah enarcó las cejas. –No, no lo sabía. Bonito nombre, debe ser una mujer preciosa.
-Lo es.- afirmó Booth. –Hermosa.
Hannah sonrió. –Nunca pensé que Seeley Booth quedaría tan atrapado en las redes del amor.
Booth rió suavemente y se inclinó para acercarse a la rubia. -Pues ya ves que sí, cuando la indicada aparece, no hay nada que puedas hacer para evitarlo.
Ella negó con la cabeza. –Sí que puedes. Puedes huir como una cobarde lejos de él. Te lo digo por experiencia.
-No, si huiste y él no te encontró, entonces no era el indicado.
Hannah lanzó una carcajada. –También está eso.- Ella se recostó más en el sofá. -Oh, esto me recuerda a las noches en el campamento hace cuatro años cuando hablabamos sobre la vida y esas cosas.
Booth asintió, lo recordaba, dimitió por unos meses en el FBI para ir a entrenar soldados en Afganistán. Cuando conoció a Hannah, le pareció hermosísima, casi tan hermosa como la mujer que había conocido en el aeropuerto, quien más tarde sería su esposa. Sintió su sangre hervir, Brennan le había mentido, como aquella vez, eso parecía ser un patrón en su relación. Volvían a la casilla uno, se estaban convirtiendo en unos desconocidos.
-Claro que lo recuerdo.- comentó, de repente sintió ganas de una buena copa de vino. -¿Quieres algo de tomar? No sé, quizás vino. Recuerdo que te encantaba el vino.
Hannah forzó una sonrisa y él pudo verlo. –Claro, ¿por qué no?
Sacó el vino y sirvió dos copas. Llevó la botella a la mesa ratona de la sala y sin pensarlo se sentó junto a Hannah. Ella mantuvo su posición.
-Entonces, ¿has pensado tener hijos con ella?
-¿Hijos? Claro, está Parker y Emily.- dijo con ligereza, casi pudo oír a Temperance quejarse por el nombre de la niña en su cabeza.
-¿Emily? ¿Tienen una hija?- dijo, perpleja.
-Hannah, deberían darte un premio por actuación…- Ella lo vio sorprendida.
-¿Cómo… cómo lo sabes? No puedes saberlo...- dijo con un tono sombrío.
Él bebió un sorbo de vino, la vio entre extrañado y divertido por su comportamiento tan inusual. –Vamos, como si no te conociera. Sé que investigaste antes de venir aquí.
-Oh,- dijo aliviada. –te referías a… digo, claro, investigué, y sí, sabía de tu hija y el nombre de tu esposa.- Booth enarcó las cejas.
-Oh, Dios. Ahora pensarás que te acosaba.- dijo avergonzada mientras Booth asentía con una enorme sonrisa. -Bien, es cierto, me descubriste, es que eres tan irresistible.- comentó en un tono socarrón.
Ella bebió un sorbo de su copa. Él rió suavemente.
Hicieron un par de bromas más mientras la botella de vino bajaba. Antes de darse cuenta ya estaban a pocos centímetros conversando como si nada pasara.
-¿Y sabes que me dijo? Dijo: "Hannah, queremos tomar diferentes caminos, no podemos seguir así, uno de los dos tiene que ceder y te aseguro que no seré yo."
Él lanzó varias carcajadas. -¿Y qué le dijiste?
-Lo mandé a freír espárragos, mi tiempo es demasiado valioso para desperdiciarlo.- Booth sonrió, se había perdido en sus ojos verdes por un momento. Oh, sí, los recordaba perfectamente, le daban paz en las turbulentas noches de Afganistán, eran hermosamente atrevidos.
Pero ya no estaban en Afganistán, los únicos ojos que lo tranquilizarían eran los de su esposa. Su Temperance, la mujer de su vida, la madre de su hija. Estaban peleando cada vez más, era cierto, la situación estaba tensa, pero ese no era el punto. El punto era que la amaba, y no podía andar por ahí recordando viejos tiempos con su ex novia… tan cerca.
Se separó un poco, Hannah pudo notarlo. -¿No quieres poner un poco de música?
Booth negó con la cabeza. –Hannah, yo…
-Espera, la pondré yo.- insistió, se levantó y encendió el estéreo. Una canción comenzó a sonar.
-Oh, ¿recuerdas esa?- comenzó Hannah.
-Sí, la recuerdo. Era nuestra canción, qué coincidencia.- murmuró esto último para sí mismo.
-Vamos, bailemos.- dijo Hannah, tomándolo de las manos y moviéndose al compás de la canción.
Él intentó resistirse. –No, no creo que sea… adecuado, ¿sabes?
-No estamos haciendo nada malo, Seeley. Sólo bailamos. Y es Lisa Loeb, así que deja de resistirte.- dijo, restándole importancia y con una sonrisa enorme.
Intoxicado por el vino y la sonrisa de ángel de su ex novia comenzó a moverse también, Hannah puso sus manos alrededor de su cuello acercándolo y él ni siquiera protestó. Posó sus manos en la curvilínea cintura femenina.
The time between meeting/ El tiempo entre conocerse/ And finally leaving/ e finalmente irse/ is sometimes call falling in love/ a veces se le llama enamorarse.
Siguieron moviéndose al ritmo de la música, recordando la primera vez que bailaron esa canción hacia ya varios años. Hannah le sonrió dulcemente, Booth también. En el fondo de su mente sabía que había algo mal en lo que estaba haciendo pero Hannah era un buen tranquilizante, por así decirlo. Sus ojos verdes aún tenían esa misma esencia.
Ella se acercó a él, rozó sus labios con los de él, Booth comenzó a cerrar los ojos.
Y se apartó.
Al momento que cerró los ojos, vio otros, unos azules como el mar verlo con amor.
Él no podía hacerle eso, podían tener problemas pero ¿acaso no todos los matrimonios los tenían? Se dejó caer en el sofá, sosteniendo su cabeza, sintió como Hannah se sentaba junto a él.
-Seeley,- le susurró al oído. –se que aún me quieres, y quieres esto.
-No, no puedo hacer esto.- dijo, apartándola de sí. –No puedo engañar a mi esposa.
-Ella no se va a enterar.- le dijo con una voz seductora, tentándolo a besarla.
-Yo…- le lanzó una mirada lujuriosa a su boca.
-¿Tú qué?- le dijo, humedeciendo lentamente sus labios.
-Yo…
El teléfono sonó. Dos, tres y cuatro veces.
-Hannah, deberías irte.- Dijo antes de contestar la llamada. Ella se quedó ahí.
-¿Aló?- dijo.
-¿Booth? ¿Te desperté? Digo, en realidad no sé ni por qué te estoy llamando, - dijo Brennan, sintiéndose culpable e irracional. -es tarde… olvídalo.
-No, espera. ¿Qué sucede?- le preguntó, preocupado
-Nada, sólo… un mal presentimiento, nada importante, deberías volver a dormir, siento haberte despertado.
-No, no me has despertado, apenas son las diez.- Un pensamiento potencialmente peligroso comenzó a rondarle la cabeza y antes de siquiera ser capaz de detenerse, lo dijo.
-Pero ¿tú? ¿Por qué lo estás? Deben ser como las cuatro en Moscú.
Hannah se acercó a él, y comenzó a acariciar su espalda. Booth sintió un escalofrío con su contacto.
-Me desperté.- dijo. –Tuve un mal sueño y sentí la necesidad imperiosa de llamarme, pero tu tono me indica de que me acusas de algo.- comenzó. –según sé, son las diez y cuarenta de la noche en D.C. ¿qué haces tú despierto a esta hora?
Sintió que Hannah besaba su cuello y se apartó bruscamente. No necesitaba eso, no justamente ahí cuando la conversación comenzaba a caldearse con su eposa. Podía sentirlo venir. Otra pelea, algo que se estaba haciendo muy frecuente entre ellos.
-¿Me acusas de algo? Como dicen, quien acusa es porque sabe como es.
Brennan resopló con ironía. –Recuerda que tú me acusaste primero, Booth.
Él guardó silencio. Sintió las manos de Hannah en su espalda y estalló.
-¡Aléjate de mí! ¡Vete de mi casa! ¡Ahora!
Ella lo vio sorprendida, nunca pensó que reaccionaría así, tomó sus cosas y salió de la casa dando un portazo, no sin antes decir.
-¡No eres el hombre que una vez conocí!
Booth cerró los ojos y masajeó sus sienes, había sido un tonto, no había pensando bien las cosas y ahora tendría que enfrentar a Brennan tarde o temprano. Colocó el teléfono en su oreja.
-¿Temperance?
Ella guardó silencio.
-Tempe, no es lo que piensas. No es para nada lo que piensas.
Ella resopló, esta vez, decepcionada. -¿Ahora sabes lo que pienso? No puedes saberlo, por tanto, no puedes negar o afirmar nada…- Booth la interrumpió.
-Entonces te juró que nada malo ha pasado.- le dijo.
Brennan suspiró, derrotada por la lucha emocional en su cabeza. –Hablaremos esto, más tarde, otro día, no lo sé.
-Tem…- comenzó pero ella ya había colgado.
-Idiota.- Se dijo a sí mismo. La había jodido, la había jodido completamente. ¿Invitar a Hannah a su casa en altas horas de la noche y abrir una botella de vino? ¿En qué mierda estabas pensando? ¿Qué querías? ¿Cogértela para dejar de pensar en tu esposa? ¿Siquiera pensaste en tu esposa? Se dijo a sí mismo. Bufó con ironía. Sweets diría que inconscientemente la dejaste entrar con otros planes, engañándote a ti mismo con la idea de que sería una reunión amistosa.
-Sí, quizás eso fue.
No quería imaginar que hubiera pasado si Brennan no lo hubiera llamado a tiempo, no estaba pensado, no claro que pensaba, pero con la cerebro de abajo. Vio la botella de vino, pensó en tomársela pero no podía, Emily despertaría en unas horas y él no podía estar ebrio.
La tiró a la basura, muy a su pesar, no sabía que haría en las próximas horas de insomnio, quizás pensaría en lo bajo que había caído e intentaría descifrar que había pasado con su matrimonio.
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Hannah salió de la casa, dando un portazo y fingiendo enojo, pero estaba muy lejos de sentir eso. Lágrimas comenzaron a caer por su rostro, se sentía culpable, quizás no había logrado todo lo que sus extorsionistas querían, pero vaya que había hecho daño. Una furgoneta negra aparcó frente a ella, cerró los ojos fuertemente mientras la puerta se abría.
Ella subió.
-Eso no salió como se esperaba.- comentó la pelirroja.
-No, pude… él, él… lo oyó, no pude hacer nada más.
La pelirroja sonrió de manera enigmática. –Salió mejor de lo que esperábamos, quizás no se acostó con el Srta. Burley, pero lo hizo sentir mucho peor de lo que engañar a su esposa lo hubiera hecho. Ahora duda de su supuesta moral y su caballerosidad.
-Es decir, ¿me dejarán ir a mí y a Tía?
La pelirroja la vio con desprecio. -¿Por qué deberíamos? No hizo lo indicado, aún con instrucciones mías y con ese micrófono que llevaba, no pudo. Me suena a fracaso…
-Pero usted dijo…- protestó Hannah, con lágrimas en los ojos.
-No importa lo que dije, ha fallado.
Ella comenzó a sollozar. –Por favor, no le haga nada mi hija, ella no tiene la culpa. Por favor.- le rogó. El auto comenzó a detenerse.
-Salga del auto.- le dijo la pelirroja, ella lo hizo. Notó que se encontraban en su edificio de apartamentos.
-Su hija está a completamente a salvo en su apartamento, por el momento.- dijo en un tono amenazador que hizo que Hannah se sintiera intranquila. –Verá, necesitaremos de su ayuda más adelante, esto no se ha acabado.
Ella asintió, evitando verla a los ojos. -¿Y me dejarán a mí y a mi hija tranquilas?
La pelirroja asintió. Hannah suspiró, relajándose un poco.
-Fue un gusto trabajar con usted. Nos seguiremos viendo,- comentó antes de volver a subir a la furgoneta. Hannah se apresuró a subir a su apartamento, lo único que quería era entrar y abrazar a su hija de dos años hasta quedarse dormida.
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-Eso no salió tan bien.- comentó Damien mientras servía vino blanco en una copa. -¿Cuál es su plan agente Dulles?- preguntó con una nota de sarcasmo.
-Las cosas salieron mejor de lo que esperaba, Damien. Su matrimonio está devastado, la inseguridad y desconfianza de ambos está al tope, debo admitir que Hannah lo hizo mejor de lo que esperaba.
-Tenía que hacerlo, teníamos a su hija.- dijo maliciosamente, sentándose junto a ella en sofá color crema. Ella bebió un sorbo mientras contemplaba la vista panorámica de su apartamento a la ciudad.
-En fin, Temperance está mal, ya casi no puede dormir en las noches y ya no confía en su esposo, ni en ella misma. Seeley tampoco ha podido dormir hoy, lo sé, y se pregunta qué hubiera pasado si su adorada esposa no hubiese llamado a tiempo.
Damien sonrió y comenzó a acariciar el brazo de Nina. –Ambos están dudando de su moral, de su ética y de sus votos matrimoniales. Debo admitir Nina, que encontrar a la rubia ex novia del agente fue la cereza del pastel.
Nina se acercó a él. –Oh, pero lo mejor fue cuando Temperance llamó, sabía que si Hannah seguía ahí intentando seducirlo, el estallaría tarde o temprano.- Como aquella noche. Pensó para sí.
Damien acortó el espacio entre ellos y la besó.
-La venganza es dulce, ¿eh?
Ella lo volvió a besar. –Muy dulce. Y es hora de que se ponga más dulce.
-¿A qué te refieres?
-Es hora de dar el golpe que lo definirá todo.- dijo, maliciosamente.
-Te refieres a… ¿estás segura? Porque es la parte más delicada de la operación, quizás necesiten un poco más de trabajo para…
-No.- dijo con seguridad. –Sé que están en su punto de quiebre, esto sólo hará que cedan y se rompan en pedazos.
-Muy bien, tú eres quien ha estado observándolos. Entonces, será un día antes del regreso de Temperance- escupió su nombre como si fuera una palabra obscena. –que ejecutaremos nuestro plan.
-Me gusta como piensas.- comentó mientras Damien le besaba el cuello y así, concluyó la conversación.
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Vamos, Ángela, contesta. Pensó mientras oía el tono de marcado. Su cabeza seguía dando vueltas con lo sucedido la noche anterior, necesitaba un consejo o simplemente alguien que la escuchara. Se oyó que alguien descolgaba.
-¡Ángela!- exclamó.
-Oh, no cariño, soy yo, Nina. Ángela está con Damien, me pidió que saque unos formularios de su oficina para la próxima junta de personal que será dentro de, cinco minutos.- dijo con un tono sumamente emocionado.
-Claro, entonces, la llamaré más tarde, supongo.- dijo, decepcionada.
-Está bien, le diré que llamaste pero… se oye como si necesitaras ayuda, ¿puedo hacer algo por ti?
Temperance se regañó mentalmente, debía oírse abatida. –No, está bien, aunque te agradecería que le avisaras a Ángela que llamé.
-Claro, claro. Y una cosa más linda, si necesitas mi ayuda, para lo que sea. Estaré ahí para ti, sólo debes llamarme.
Brennan asintió. –Claro, gracias. Hasta luego.
Ella colgó y se apresuró a vestirse, estaban a punto de infiltrase en el espionaje ruso, y quién sabía si saldrían vivos de esa.
Mientras se colocaba los aretes de oro frente al espejo, no pudo evitar pensar lo mismo que su esposo pensaba a miles de kilómetros de ahí.
¿Qué nos está pasando?
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Continuará…
Comentarios son bienvenido, ya sean amenazas, amenazas o amenazas, están bien. :D
También si quieren decir algo positivo o alguna teoría, o decirme cuanto odian a Damien y Nina.
¡Saludos!
