¿De dónde proviene el odio?
Sus ojos observaban a los hombres de Shining Armor observaban todo el lugar y se dedicaban o bien a responder a lo que había sucedido o bien a perderse en los rostros de aquellos humanos. Odio… ira… miedo… A esas alturas no podía coger esos sentimientos, se le escapaban como la arena entre los dedos, los cuerpos de los cientos de fallecidos se agrupaban y se enterraban con unas cruces de madera a medio kilómetro de la base de Cloudsdale. El color blanco de la ceniza de una fogata era esparcido sobre cada tumba. Los presentes no llegaban ni a una fracción de los que hubieron días atrás.
El caudillo se limitaba a marchar de tumba en tumba, bajando la cabeza en señal de respeto, tomando una lata de cenizas con la mano y arrojándola sobre el montículo de tierra. En silencio, los que quedaban de su mando militar formaban en silencio.
Cuando alguno osaba levantar la mirada para verle, la furia se reflejaba en sus ojos y él apenas sí podía hacer un gesto. Humanos, criaturas extrañas, pensó para sí mismo. Sin embargo, no pudo evitar quedarse a observar a los ojos de una única humana. Una de cabellos azules y celestes, cuya piel ámbar pálido se contrastaba por la mugre en su rostro, y, debajo de sus googles se encontraban sus ojos que le observaban fijos, su frente no se arrugaba, pero sus cejas estaban paralelas al nivel de la tierra.
Sus labios, también inexpresivos y su garganta que pronto se movió al tragar saliva… todo en conjunto era una emoción que él no lograba discernir. Qué yacía detrás de aquellos ojos…
Qué…
Una vez el contacto se rompió por parte de la joven mujer de cabellos azules, quien prefirió volver la vista sobre los que habían sido sus camaradas por tan corto periodo de tiempo, sus ojos rápidamente buscaron a Twilight. Ella estaba a un extremo de la formación, vistiendo el uniforme de las fuerzas que servían al general Shining Armor. Observando a todos lados y, cuando hicieron contacto, ella prefirió no mantenerlo.
Así, sus ojos pronto se posaron en el cielo infinito. Los humanos decían que sus espíritus se alzaban allá en lo alto al morir. Eran los mismos que pensaban que un demonio salía de las entrañas de la tierra. Pero… tal vez guardaba algo más que solo palabras vacías.
Cuando Shining Armor llegó por fin a la última tumba, dejó la lata de cenizas a un lado y observó al cielo. Sus hombros cayeron antes de que sus dedos temblaran. Cerró los ojos, frunciendo el ceño. Su mano derecha luchaba entre empuñarse o extenderse para tomar su pistola y… y dispararle a lo más próximo a la criatura responsable de aquello. En ningún momento percibió si Gloom Wane se movió del lugar en el cual se postró de repente al inicio del funeral, era tan fácil como tomar el arma y dispararle.
Su mano continuó dudando. Cerca y lejos del arma. El movimiento de sus dedos parecía estar influenciado únicamente por el viento. Mas, incluso antes de que pudiera darse cuenta, sus subordinados se aproximaban hacia él, llevando sus miradas llenas de tristeza hacia las tumbas.
Flash Sentry se acercaba hacia las tumbas, apreciando el estado en el cual se encontraba Shining Armor, prefirió no hacer nada y colocarse en frente a una tumba al azar; presentó sus respetos inclinando la cabeza, uniendo sus manos y orando en silencio.
Bulk Biceps, por supuesto, con toda esa musculatura, llevaba en sus brazos varias flores que recolectaron las jóvenes muchachas, estas, con sus manos pronto pusieron una flor distinta sobre cada montón de tierra donde descansaban los cuerpos de los combatientes.
Entonces, su mano finalmente se empuñó y se apartó para que los supervivientes del ataque presentaran sus respetos, decidiéndose así de sus camaradas y compañeros caídos.
Retrocediendo, su cabeza contaba los doscientos treinta y cuatro cuerpos, desconocía muchos nombres, pero recordaba sus rostros. También recordaba sus trabajos, recordaba la guardia en la que atacaron y recordaba con lujo de detalle el aspecto que tuvieron después de muertos. En su mente se reconstruían el escenario y las acciones tomadas por sus fuerzas.
Ya alejándose, pues su luto debía ser guardado con cuidado, escuchó por fin los pasos del demonio, aquel siempre parecía tener los pies muy débiles, pues, la suela de sus botas siempre chocaba en toda su dimensión contra el asfalto de la pista, dando no un paso pesado, sino uno torpe.
- ¿Y bien? ¿Qué piensas hacer ahora?
- Ahora no estoy de humor, maldito demonio. – Shining Armor habló secamente.
- ¿Y cuándo será el tiempo? ¿Será cuando Sunset Shimmer vuelva de nuevo? – El rostro del demonio debió esbozar una sonrisa al decir lo siguiente, Shining Armor podía asegurarlo – Sabes bien que la venganza no se cansa ni es honrada. De hecho, diría que enceguece.
- Apuntas como un cobarde. Tratas de lastimar el interior… y solo consigues que te dispare.
- Mi querido amigo, eso solo afirma que he vencido, en todos estos años te he convertido en un sádico.
Esta vez, el humano desenfundó su pistola y cerca estuvo de disparar. A lo cual, el demonio sonrió con satisfacción.
- Lo mejor de todo esto es que, con cada bala, solo te has enceguecido más.
- Cierra ese pozo de mierda que tienes por boca… - Agregó el humano
- Dejaré de lado nuestra curiosa relación, está bien. Pero es hora de pensar mejor las cosas. Sunset Shimmer no se diferencia mucho de ti, salvo claro, que ella puede hacer todo esto cuando bajamos la guardia.
- ¿Bajar la guardia? Tú nos sacaste a todos de aquí; tú debiste planear todo esto.
- Por qué… yo tranquilamente me habría aliado a ella y exterminarlos hace un mes. Yo quiero borrar el peligro que representa más que cualquiera de ustedes.
- Le voy a cortar la cabeza y ponerla en un pedestal. – Los ojos de Shining Armor parecían deleitarse con la escena que se formaba en su cabeza al decir esas palabras.
- Haz lo que quieras hacer, con tal de que su mal desaparezca. – Gloom Wane, por su parte, se mantenía anímico ante el sentir de su interlocutor. – Por eso, no pierdas más tiempo lamentando a tus muertos y preocúpate por tu propia existencia. Ya has visto el odio que Sunset nos tiene a todos.
- Qué sabe un ser como tú de los muertos.
- Que no haría un funeral a quien no me ha tratado bien en vida. – Concluyó el demonio.
El humano pretendió no tener más oídos para las palabras del ser detrás de él y continuó su camino al interior de una tienda. El fuego había destruido el interior de las edificaciones de la base, apenas quedaban barracas en las cuales dormir y la situación empeoraría dentro de poco.
Horas después del funeral, todos los combatientes del general Shining Armor continuaban las labores de reconstrucción, siendo ayudados por varios pobladores de zonas circundantes, los mismos a los que protegían. Fuese construyendo nuevas barracas con madera en un estado pésimo o reparando las ya existentes, fuese concentrando las raciones de comida para finalmente hacerse a una idea de la posibilidad de mantener la base o también ayudando a reconstruir las torres de vigilancia y los perímetros de seguridad que la base tenía.
En una semana la base daba señales de vida nuevamente, pero con tan solo cincuenta de sus soldados más afortunados, a Shining Armor le costaba trabajo no sentir esa rabia contenida con más fuerza que nunca. Pero si él no estaba junto a ellos ayudando a reconstruirla o trazando un plan para recuperarse del duro golpe, planificaba el que ellos debían dar.
Por todos era conocido ya el hecho de que estaban en una guerra.
El hombre de piel blanca pronto comenzó a redactar cartas dirigidas a los demás mandos de Equestria y también para los que estuvieran fuera. Se sabía que los mandos del antiguo estado del Saak tenían organización suficiente para reconstruir viejos barcos a vapor y que, ya estaban comenzando a llevar productos vía mar a distintas zonas. El tal Yargoj siempre mandaba cartas para mantener la comunicación, desde saludos hasta alguno que otro detalle de información que podría resultar útil. Gracias a estas se obtuvieron planos para crear armas bastante sencillas, pero eficientes.
Todo apuntaba a que los humanos necesitaban estar más unidos que nunca. Yargoj, quienquiera que lo fuese ahora, era una figura similar a él, un líder militar con visión y con la capacidad de mando suficiente para organizar fuerzas armadas competentes con vista a dar algo de calma a este mundo apocalíptico.
Pero, de entre todos los que habitaban la base, ninguno podía ser más vista ni generar más expectativa que Twilight, todas las miradas recaían sobre ella, pues la información no era secreta y ya bien sabido era que ella tenía el poder para detener a Sunset Shimmer, todos, incluso los más jóvenes, como lo eran las tres hermanas de sus mejores amigas, comprendían que Twilight Sparkle era la solución al mal que se había propagado por el mundo.
- Mira, allí está ese supuesto ángel. – Expresó con voz baja uno de los soldados sobrevivientes.
- Con todo ese poder yo ya me hubiera encargado de esa puta criatura. – Agregó otro.
- Y pensar que Gloom Wane sea el que realmente nos esté ayudando, desde que ella llegó solo ha ocurrido problema tras problema, si no fuera por su hermano yo ya me habría marchado de aquí. – Sincera, Moonlight, una capitana que gozaba de la confianza del caudillo, parecía querer que la de piel violeta la escuchara.
Entonces, en su camino rumbo a sus barracas, Twilight de pronto se topó con el rostro de tres muchachas, una sonrisa se le escapó.
- Twilight, queremos contarte algo. – Sentenció Applebloom de repente.
- Qué… ¿qué cosa? – Twilight tenía una impresión de lo que ellas querían decirle y ya era tedioso el solo pensar en alguna respuesta.
- Una de esas figuras se parecía a mí hermana. – Expresó Sweetie Belle con un gesto serio. De no ser por su edad, tranquilamente habría pasado como la mirada de una niña ilusionada.
- Cómo dices.
- Es que no sé… tenía su peinado, tenía su color de piel y vestía como ella. Solamente que... no tenía ojos. Su rostro se parecía más al de un maniquí. – Relató la de ojos verdes.
- Cómo escapaste de ella. Se supone que lo arrasaban todo a su paso.
- Es por eso que sé que es mi hermana Twilight, Rarity jamás me hubiera hecho daño y esa figura no lo hizo… es más, ella me protegió con su magia. – Añadió Sweetie Belle.
La expresión de la niña de piel blanca recordó a Twilight a la propia Rarity, cuando esta encontraba algo que realmente le gustaba, sus ojos siempre emitían un destello propio, similar a los de la muchacha de no más de dieciocho años.
- ¿Y no le contaste esto a Shining Armor cuando interrogó a todos?
- No. Él no entenderá que mi hermana está en ese maniquí… él está mal. – Agregó la muchacha con completa sinceridad. – Sé que tú puedes rescatarla.
- No… no es real… Sweetie, yo vi a tu hermana desaparecer. Ella no puede regresar.
- Pero es magia ¿O no? Debe existir una forma y Sunset la halló; de… de alguna manera la está controlando. Yo… siento que ella está dentro de ese maniquí.
Twilight se calló, atendiendo a los ojos de la menor. Sus labios se cerraron y exhaló lentamente.
- ¿Estás hablando en serio?
- Sí Twilight, yo puedo jurar que mi hermana estaba dentro de ese maniquí.
La respiración de la joven mujer comenzaba a acelerarse. Buscó con la mirada en el centro del patio para encontrar justamente al único ser que podía ser capaz de responder esa interrogante.
- Síganme. – Ordenó la joven mujer, mientras se aproximaba al demonio que caminaba rumbo a su barraca.
- ¡Gloom! – Dijo a pocos metros, para que este volteara a verla. El mencionado se volteó.
- Twilight ¿Quieres aprender algo? – Cuestionó, sin evitar cierta emoción en sus palabras.
- Sí, es sobre lo que atacó la base. Quiero saber si es posible devolver a mis amigas a la vida… ¿Es posible re… resucitarlas?
El demonio observó a las tres muchachas que acompañaban a Twilight, después a esta última. Llevó una de sus manos sobre el hombro de Twilight.
- Hay cosas que ni la magia puede superar.
- Pero ella estaba dentro, ella… no tenía ojos, pero sé que me veía desde esa prisión de porcelana. – replicó Sweetie Belle de pronto, acercándose al demonio.
- No soy tu enemigo. – Agregó el demonio. – Hay formas de sobrevivir a la muerte, eso no lo negaré. Pero es muy complicado hacerlo. – El demonio comenzó a caminar rumbo a la sombra de las escaleras de una torre de vigilancia.
- Entonces mi hermana está resucitada. – Continuó Sweetie Belle, con un tono de voz suave y llena de regocijo.
- Existen mecanismos para evitar morir cuando el golpe realmente liquida tu cuerpo, lo he hecho más de una vez. Pero se hace bajo circunstancias muy precisas. Básicamente es convertir tu cerebro en energía que se puede volver a materializar en otro cuerpo. Pero, para hacerlo, tienes que tener al menos tres hechizos, uno que haga la transformación, otro que redirija toda esa energía y uno más que la reconstruya adecuadamente para que el cerebro se salve, e incluso así, puede existir algún daño, la conciencia puede no mantenerse igual cuando se transfiere tu mente a otro cuerpo.
- Pero, con toda esa energía, seguramente Sunset pudo hacer esa transferencia. – Teorizó Twilight que comenzaba a sonar como Sweetie Belle.
El demonio negó con la cabeza, observando fijamente a Twilight.
- Cuando el objeto que llevaste absorbió el núcleo de Sunset y secuestró toda la energía del lugar, no tuvo forma de llevar a cabo ninguno de los tres hechizos. Además, hay una brecha que se debe respetar, puedes salvarte de la muerte cuando haces bien los hechizos en cuestión de veinte segundos a minuto y medio. El tiempo que ellas desaparecieron, Sunset no tuvo magia y no pudo hacer nada al respecto. Todas sus amigas murieron de forma irreparable, todo lo que fueron desapareció y no se puede recuperar. – Concluyó el demonio, ahora mirando seriamente a Swetie Belle que comenzó a llorar.
- No… ella estaba dentro, estaba dentro de esa piel de porcelana. – Insistió entre gemidos la muchacha.
- Tu hermana está muerta. No volverá. Pero… - Gloom Wane levantó un dedo, anticipándose al intento de la menor por rebatirle – pero, lo que tuviste frente a ti fue algo real. Dentro de ese ser no está tu hermana, pero sí sus recuerdos. – Añadió.
- Cómo. – Le preguntó Applebloom que trataba de consolar los sollozos de su amiga.
- Bueno, es lo mismo que Sunset hizo conmigo; los recuerdos del Gloom Wane original, ella los recolectó de su núcleo y los implantó en mí. Tengo sus recuerdos, pero a nivel de consciencia soy distinto al original, porque ella manipuló muchas cosas aquí dentro – El demonio señaló su cabeza, y después, el mismo dedo índice bajó hasta su pecho – y también aquí, ¿Entiendes la idea?
- ¿Esa… es… otra Rarity? – Cuestionó con pesar la muchacha de cabellos ondulados.
- Sí. Pero conserva recuerdos y sentimientos hacia ti. Si te protegió es porque Sunset no la manipuló del todo.
- ¿Cómo es capaz de hacer eso? – Expresó Twilight, su voz había ganado fuerza de pronto.
Gloom se percató de ello y prefirió observar a las muchachas que escuchaban atentas lo que él iría a responder.
- Magia avanzada, de la que te tomaría muchos años aprender y más si no sigues practicando conmigo.
- No. – Replicó la fémina secamente. – Me refiero a cómo es capaz de hacer algo tan atroz.
- ¡Despierta, ella es la que nos ha traído la maldición de este mundo! – Gritó de inmediato Applebloom, quien, al escuchar en silencio todo, en ningún momento mostró sus emociones, hasta ese instante. En esta ira ciega, su puño pronto fue a dar con el rostro de la fémina. - ¡¿Y tú la defiendes?!
Sorprendido, Gloom Wane dio varios pasos atrás. Mientras Scootaloo contenía a la última Apple.
- Cálmate Applebloom.
- Tienes todo ese poder y no puedes ir por Sunset Shimmer y acabar con todo esto. – Agregó la joven Apple – eres… eres tan dañina como ella.
La fuerza de un Apple es semejante al de una bestia, el puñetazo mandó a la joven mujer al suelo. Por poco la noquea, tardó en volver a recuperar la conciencia espacial, cuando la observó de nuevo, Applebloom era arrastrada por sus dos amigas lejos de ella.
- Hablamos después. – Despidió el demonio a las tres muchachas. Poco antes de ofrecerle la mano a Twilight para ayudarla a levantarse. Esta no dijo nada, se limitó a tomarla y recuperarse del impacto de la acción y del dolor. – Llevas así más de una semana. La neutralidad en estas circunstancias no existe.
- Pensé que tú serías diferente a los demás. – Expresó la muchacha.
- Me parece bien tener tu propia posición al respecto; pero si mi vida está en juego por ello, mi decisión es innegociable.
De pie, la fémina se dio media vuelta y, así como lo hizo su hermano poco antes, se fue sin siquiera despedirse. El demonio se limitó a sonreír de forma hipócrita y encaminándose hacia su barraca. Ese par de hermanos… pensó para sí.
Después del funeral, las actividades de guardia se hacían de forma regular, Flash Sentry debía estar en una torre de vigilancia y mantener los ojos atentos, aguzar los oídos y tener preparada su arma en caso de que un extraño se acercara a los límites de la base. No habían construido muros porque era una tarea de locos y porque nadie estaba tan loco como para atacar al general Shining Armor.
- ¿Recuerdas cuando las niñas se perdieron en el bosque? – Interrumpió una firme voz femenina y algo ronca.
- Bulk entró al bosque y buscó hasta debajo de las piedras. – Respondió el muchacho de cabellos azules entre risas.
- ¿Sabes en qué pienso? – Preguntó la muchacha de cabellos azules.
- Ni idea. En qué.
- Que fue mala idea venir aquí. Creo que estábamos más a salvo vagando por el mundo. – Respondió, bajando un rifle asegurado con una correa a su hombro.
- No sé… lo he pensado y parece que todo ha apuntado a que estemos aquí. – Agregó el de ojos azules.
- Qué cosas dices, ¿Tú supersticioso? Esa no me la vi venir. – Se expresó con sorna la joven mujer. – Creo que tiene que ver con los ojitos que le haces al general Shining Armor.
- Estas loca Zap.
- No, yo me acuerdo que solías hablar todo el día de las maravillas que tenía el estar en las fuerzas del Graaaan general blanco. – Resaltó la mujer de ojos gutagambas. – Pero, al menos tenemos camas cómodas y no tengo que dormir con arma en mano y con las chicas a mi lado. A veces extraño que sus cabezas me adormezcan los brazos en la madrugada.
- Para qué decir no si es sí. – Agregó el joven.
- Oye, nos hemos estado cuidando el trasero entre nosotros y lo que te diré es solo por eso, no te hagas ideas equivocadas ni nada, solo escúchame. – Expresó la fémina, dándole un ligero golpe de puño en el área de sus riñones.
- Dispara, nena. – Por supuesto, la respuesta de ella fue presagiada por un golpe más fuerte que por poco le hace caer de la silla en la cual estaba sentado.
- Han pasado cinco años desde la última vez que tuvimos vidas normales… todo se ha ido al diablo y sabemos quién es la responsable, en las noches en las que recordábamos los buenos tiempos para dormir, a veces las mencionabas a ellas. Puede que no sea muy chica que digamos, pero sé cuándo alguien se ha jalado [NA: jalado es una expresión que en mi contexto es el equivalente a un enamoramiento que tiene tal fuerza que es como si fuera el primero], pero esas chicas ya no existen. – Entonces Indigo se levantó para acercarse a la baranda de la torre. – Ni siquiera tengo que hablarte de Sunset, pero Twilight, ella apenas sabe dónde está parada… - pronto volteó para tener contacto de frente con Flash. – tampoco es que esté del todo bien. No es la misma Twilight que conociste hace cinco años…
- Ya, te entiendo. Pero al menos hay que apoyarla ¿No te parece? Ella está cargando con mucho peso en sus hombros y lo mínimo que podemos hacer es darle algo de aliento. – a él parecían brillarle los ojos al hablar al respecto, algo muy propio de ese muchacho que Indigo venía conociendo desde años atrás. – No me imagino cómo sería despertarte de pronto y darte cuenta que el cielo se ha caído y que tienes que acabar con tu mejor amiga. ¿Podrías dispararme a sangre fría ahora mismo si yo fuera el responsable?
- Mira, ella es Twilight y yo soy yo. – Ella cruzó los brazos mientras se volvía a sentar en la silla al lado del joven.
- Esa es tu forma de decir que sí… - Él prácticamente había cambiado su ánimo al de un ánima. La mirada gélida de Indigo se encontró con las brasas presentes en la de Flash.
- Qué esperabas, no todos tenemos el carácter tan débil. – Comenzó a explicar la muchacha, ahora con cierta furia en su voz – No estás hablando con el cerebro. Deja de pensar que Twilight te abrirá sus piernas si sigues siendo el chico tierno y popular de secundaria.
- Basta Indigo, para de hablar. – Respondió este, con un tono de voz firme.
- Te ilusionas fácilmente… trata de ver lo que está pasando. Twilight no tiene tiempo para un romance de novela juvenil y tampoco creo que lo quiera después. – Continuó la mujer, aguzando su mirada hasta que se volviera tan afilada que él miró hacia otro lado.
- A qué te refieres. – Dijo ya cabizbajo el muchacho de la CHS.
- La han jodido, Flash. La han jodido bien jodida y de esta no se recuperará. Yo la conozco mejor que tú, ella no es muy fuerte y esto la va a destruir. – Sentenció, mientras su rostro comenzaba a ponerse más serio y menos enfurecido.
- ¿Y no te importa? Es tu amiga. – Dijo, de forma evasiva, el joven de ojos azules.
- Sea o no… ella tiene que matar a la perra genocida. – Le respondió con severidad, Indigo puso una mano en el hombro del hombre. – Es un hecho.
La expresión del muchacho se tornó más seria. Habían dejado de ser chiquillos hace bastante tiempo, el rostro de la desilusión era inexistente, volvía a levantar la mirada, pero evitaba ver a su interlocutora directamente, sus ojos parecían nublarse, mientras que su boca se cerraba para no abrirse.
- Te conozco, mula. Sé que lo primero que harás es encapricharte. – Interrumpiendo la escena que armaba el joven, ella le daba un golpe de palma en la espalda.
- No molestes, burra. – Sentenció este, devolviendo el gesto.
- Mira, estás grandecito, ya te advertí, luego no quiero ver que estés deprimido porque te friendzonea o escucharte llorar porque has perdido el brazo o algo.
Justo en ese instante, la figura de una mujer joven, de piel morada y cabello lila se deslizó frente al campo de visión que tenían desde la torre, con su sombra como única acompañante. Él no tardó en levantarse de su silla y dirigirse a las escaleras.
- Cúbreme.
- Vete al… - Ni tiempo le dio para escuchar la maldición que Indigo lanzó.
No tardó en descender por las escaleras deslizándose, tal como Shining Armor le había enseñado, haciendo presión y las manos en los bordes de las escaleras y asegurándose de que no fuera de madera, pues de lo contrario, terminaba astillándose las manos.
Una vez abajo, rápidamente siguió a la fémina, la cual había avanzado hacia unas graderías, ubicadas a treinta metros de la torre. Allí habían construido una cancha. De vez en cuando organizaban un torneo de fútbol y pocos se perdían aquel entretenimiento. Le pudo dar alcance cuando ella se sentó, observando el paisaje con unos ojos perdidos.
- Oye, Twilight. – Expresó el joven, tomando por sorpresa a la fémina, que se sobresaltó.
- ¿Flash? ¿Qué haces aquí?
- Pasaba cerca de aquí y te vi, así que decidí saludarte.
- Bueno, ya lo has hecho. – Respondió ella, con una voz débil.
- Dónde está el hola Flash. – Con cierta risa inmadura en el rostro, el hombre joven procedió a sentarse a su lado.
- Lo… lo siento, estoy… estoy muy dispersa… ni siquiera puedo decirte si estoy pensando en algo en concreto. – Aseveró Twilight, apoyando sus codos en las rodillas y palándose la frente con sus dedos.
- Te entiendo, créeme que sí. – El hombre de cabellos azules se ganó la atención de la mujer.
- Sé que estás fingiendo Flash, me vas a decir que tengo que matar a Sunset Shimmer. – Expresó Twilight, exhalando por el cansancio que experimentaba.
- ¿Cómo puedes saberlo si no te lo he dicho siquiera?
- Por tu lenguaje corporal, estás nervioso y mantienes tu distancia. – Explicó, señalando con el dedo el cuerpo de Flash y sin siquiera mirarle.
- No, no vine aquí para pedirte nada. Solo quiero hablar, eso es todo.
- Ah, hablar también implica que puedes hacerme esa petición, también implica que hable contigo.
- Hablamos, ni bien mencione tus poderes o Sunset Shimmer o si deberías hacer algo o no deberías tú te vas… ¿De acuerdo? – Afable, el joven puso una de sus manos sobre el hombro de la fémina y le ofreció una sonrisa sincera.
- De qué podrías hablar entonces. – Cuestionó Twilight.
- Pues… ¿Te acuerdas cuando me ayudaste con matemáticas y te dije que de qué me servía aprender todo eso?
- Sí.
- Pues ¿Ahora como que tengo razón no?
- ¿Enserio? Te pones a hablar de eso. – Sonriendo Twilight, negaba con la cabeza; ese muchacho no tenía remedio.
- No todo el tiempo puedes decirle a la chica lista que tuviste la razón.
- Jaja, supongo.
Después de reír por unos segundos, Twilight volvió a ponerse seria, sus ojos volvían a perderse, esta vez, en la tierra de la cancha y sus manos apretujaban el pantalón de su uniforme.
- Por qué pones esa cara.
- No quiero sonar maleducada, pero no es tu problema Flash.
- Pues, sí sonaste como una malcriada. Pero has de tener tus razones. ¿Todavía te gusta el mismo postre?
- Creo que sí. Aunque creo que ya no puedo probarlo. – Prestándole atención, Twilight evocaba algunos momentos donde ambos comieron unos helados de… no recordaba el nombre del sabor, pero eran la gloria.
- Tal vez con magia sí se pueda.
- No, mi magia solo pondrá todo de cabeza. – Expresó la fémina.
- Ya veo… pero solo tienes que entrenar, practicar y eso. ¿No es verdad?
- Sí. Solamente es eso. – Con desdén, Twilight pronto se dio de cuenta a dónde quería llevar la conversación Flash.
- ¿Algún problema? – Preguntó este, al ver el ceño fruncido y el tono seco de la fémina.
- Ninguno, es solo que… cómo llegó a terminarse de esta forma. – Cambió de tema la fémina, observando que Flash demoró en responder, su rostro mostraba ya no a un muchacho que hablaba de cualquier menudencia, sino de un hombre.
- No lo sé Twi, para mí todo pasó tan rápido que cuando me di cuenta de que algo andaba mal las calles ya estaban llenas de caos y gritos. – Respondió finalmente, sus botas comenzaban a chocar la una contra la otra. En el pasado, solía hacer eso en los ejercicios de matemáticas más complejos, cuando ella debía explicarle con palitos todo lo que debía hacer.
- Cómo fue… cómo sobreviviste. – Dudando de su propia pregunta, Twilight llevó una mano sobre la superficie de la gradería, para así inclinarse hacia atrás.
- Pues, casi como todos, tomando con mi familia todo lo que podía y guardándolo en mi casa en un primer momento, el ejército con su toque de queda y tratando de mantener a todos bajo control, toques de queda y después de un tiempo las raciones de alimento no llegaban. – Flash no solía recordar aquello, para todos era mejor olvidar ese periodo de confusión, ira, miedo y desorden. – Mis padres murieron por el fuego de unos militares y después en las revueltas de la ciudad yo tuve que salir de la ciudad porque todos sabíamos que quedarse allí era morir.
El fuego rojo, el humo negro de los neumáticos, el sonido de las masas disipándose estruendosamente, los impactos de los proyectiles y la llegada de combates en los que la racionalidad se escapaba cada vez más. Mirar atrás era observar el hogar arruinado ya por la violencia, ya por la carencia que la fortuna proveía.
- ¿Y qué pasó con los militares? – Se atrevió a cuestionar la fémina.
- Me enteré que el ejército se diluyó y se enfrentaron entre ellos para apoderarse de bases, ciudades y campos. Los más listos y hábiles como tu hermano reconstruyeron todo un mando militar para proteger comunidades y granjas con las que alimentan sus ejércitos. – Le respondió Flash, con una expresión ensombrecida por los recuerdos que aquella conversación revivía en su mente.
- Como si volviéramos al feudalismo… - Concluyó ella, llevando su dedo índice debajo de su labio.
- No lo sé Twi, nunca fui bueno en historia ¿Es historia no?
- Jajaja, sí. Nunca fuiste bueno en la escuela. Pero has llegado hasta aquí y me alegra saberlo, tal vez Timber también se haya salvado. – Añadió la fémina, sonriendo al tiempo de olvidarse de lo que sea que andaba pensando. Centrándose ahora en el muchacho del que había olvidado hasta su rostro.
- Lamento decirte que no. Después de salir de la ciudad, conocía muchos grupos de refugiados que tomaban armas y se agrupaban para ir a saquear pequeñas granjas o atacar a otros grupos. Me topé con él y su hermana, también con amigos del colegio. Ahí conocí a Sunny Flare y también a Indigo Zap. Debieron pasar dos meses en los que nos mantuvimos unidos. Pero un día nos emboscaron varios campesinos y lo vi morir por un disparo a quemarropa de una escopeta. Por alguna razón, Indigo y yo fuimos los únicos en salir con vida de allí.
- Qué le pasó Gloriosa. – Twilight tenía el corazón en la garganta
- Mira, ella era mujer y ellos le hicieron cosas que es mejor no decir ni recordar. – Agregó el muchacho, con una mirada todavía más sombría.
- Y có…cómo te topaste con las tres muchachas, cómo es posible que ellas sobrevivieran. – Twilight pronto despertaba su personalidad curiosa, de a poco, cierto impulso la albergaba nuevamente.
- Sunset… - Susurró el joven.
- ¡Cómo!
- Shh, ellas solo nos lo han contado a Indigo y a mí. – Expresó él, temiendo que cualquier otro pudiera oírlos, se acercó y le tapó la boca a Twilight. Quien pronto quitó su mano para seguir hablando.
- Pero cómo.
- Ellas no supieron lo que pasó durante varios años. Cuando la ciudad dejó de ser segura sus padres salieron junto con ellas de la ciudad y las mantuvieron seguras todo lo que pudieron, pero no duraron ni dos semanas fuera cuando una banda de bandidos se percató de las niñas… y entonces… trataron de tomarlas por la fuerza. Sus padres trataron de defenderlas, pero los otros estaban armados. Tuvieron la decencia de ejecutarlos lejos de la vista de las tres y estaban a punto de hacerles… tú me entiendes…
- ¿Sunset las salvó? – Twilight levantó una ceja mientras su cabeza trataba de procesar todo lo que Flash le comentaba.
- Después de eso, ellas estuvieron junto a Sunset por lo menos por dos años, ella les dio todo: comida, vestimenta, refugio. Sabían que Sunset tenía magia y por eso se quedaron con ella por todo ese tiempo. – Explicaba Flash, mientras sus manos jugaban por emular el contacto con los objetos que describía.
- Pero ¿Por qué?
- Ni siquiera ellas lo saben, solamente las protegió durante todo ese tiempo. – Respondió el joven con una mirada tan perdida como la de su interlocutora.
- ¿Acaso no se toparon con grupos que trataron de aprovecharse de ellas?
- Muchas veces. Pero las defendía con su magia y creo que las muchachas sabían que algo estaba mal, pero no podían separarse de ella.
- No entiendo.
- Es que ellas vieron lo que hacía con su magia. – Aclaró Flash, sintiendo escalofríos de solo mencionar de forma indirecta todo lo que ellas habían visto.
- Ya veo.
- En una oportunidad, se encontraron con Bulk Biceps tirado a su suerte, estaba muy herido y ellas lograron convencer a Sunset para que lo curara. Pero Bulk conocía ya su historia. – Expresó Flash con un rostro serio.
- Y por qué están vivos.
- No lo sé. Sunset salió del lugar inmediatamente y prefirió no hacer más al respecto, poco después nos encontramos con ellos y, no sé cómo, sobrevivimos hasta llegar aquí.
- Tengo que preguntarles a ellas. – Dijo Twilight completamente seria y como si hubiera recuperado todas sus energías de repente.
Justo en ese instante, una figura se asomó detrás de ellos, al toparse con sus ojos, Twilight se quedó quieta, esperando a que hablara.
- No lo hagas a menos de que sepas lo que quieres hacer. – Le dijo Indigo Zap, acercándose con prontitud.
- Cómo. – Twilight reconoció el rostro de la ex deportista y después observó a Flash, quien se volteó para hablar.
- ¿Estuviste escuchando?
- Tú pierdes la cabeza fácilmente. – Le señaló Indigo, con una clara decepción en su rostro. Poco después, volvió a concentrarse en la fémina de piel violeta. – Twilight, tienes que saber que ellas están igual que tú al respecto.
- ¿Cómo?
- No pueden creer que Sunset aquí es la responsable de todo esto.
- Pero…
- Pero nada. Aquí la cosa es sencilla, o estás del lado de Sunset y observas que ella está tomando venganza o haces algo al respecto y te enfrentas a esa perra genocida. Olvídate de todo lo demás y solo piensa en eso. – Añadió, con una mirada inquisidora al tiempo que amenazadora.
