Capítulo 10: "Preludio antes de la tormenta"

Celestia estaba sentada en su trono mientras que leía un documento que acababa de llegarle, su rostro estaba lleno de horror e incertidumbre. Frente a ella había dos guardias; uno era un unicornio de pelaje color crema, crines purpuras y ojos marrones; el otro era un poni terrestre color bermellón con crines color azul rey y ojos amarillos.

—Mi señora, ¿Qué hacemos? — Dijo el unicornio, el cual respondía al nombre de Sir Varrar.

—Yo… yo… esto tiene que ser un error… — Dijo Celestia.

—No lo es mi señora — Dijo el terrestre, el cual respondía por el nombre de Sir Alanís. —, temo que su hermana se autoproclamó "reina del este" y marcha hacia Canterlot con un ejército de cien mil lobos, mi señora, necesitamos órdenes.

Celestia se encontraba consternada, no sabía cómo reaccionar. El documento en cuestión era una declaración de guerra por parte de su amada hermana Luna.

"Princesa Celestia de Equestria

Le envio este documento para informarle que yo, la reina Luna, reina del este y de las tribus de lobos le declaro la guerra, sepa que no habrá cuartel y que no tendré nada de piedad pues después de lo que me has hecho nuestra hermandad llegó a su fin, prometo clavar tu maldita cabeza en una pica en lo más alto de Canterlot para que todos la vean. Mataste a mi niño y me mandaste a violar, ya se ha acabado Celestia, esto se acaba aquí, de una vez y para siempre.

Firma: La reina Luna de las tribus del este"

Celestia no comprendía nada de lo que Luna mencionaba en la carta ¿matar a su hijo? ¿Mandarla a violar? No entendía porque usaba esas palabras ¿Qué rayos estaba pasando?

—Princesa… — Dijo Sir Varrar. —, por favor ¿Qué hacemos? ¿Llamo a los banderizos?

—Yo… — Celestia no tenía ni idea de que hacer, tenía que hablar urgentemente con su hermana, sin embargo esta ahora marchaba a la guerra contra ella y según sus palabras en la carta parecía totalmente dispuesta a acabar con su reino. No podía creer lo que pasaba ¿acaso tendría que pelear una guerra contra su propia hermana?

—Princesa, ¿quiere que llame a los banderizos?

—Magestad, hay que prepararnos — Dijo Sir Alanís. — Su hermana viene hacia aquí, y tiene cien mil lobos con ella, nadie vence a cien mil lobos a campo abierto. Hay que prepararnos, reforzar los castillos y los muros de las ciudades.

—Yo… yo… mandaré una carta a mi hermana…, por ahora solo informen a los banderizos para que estén alerta, no voy a pelear una guerra contra mi propia hermana. — Dijo ella manteniendo una esperanza de que esto pueda arreglarse.

—Magestad. — Dijo Cersei entrando por la puerta. —Supe lo de su hermana y como su consejera le imploro llamar a los banderizos, debe preparar el ejército para la batalla, informe a las princesas Twilight y Cadence para que preparen también sus fuerzas y llamen sus banderizos. — Aconsejo Cersei.

—No… no puedo… es mi hermana, no puedo pelear una guerra contra ella, si preparo al ejercito ella lo tomaría como una agresión…

—Disculpe magestad pero ella ya ha declarado la guerra, me han llegado noticias del este, parece que ella está esparciendo el rumor de que usted la mando a violar y a abortar a su bebe. Ella está lanzando estas falsas acusaciones contra su persona, como lo veo hay dos posibilidades.

—¿Dos?

—Sí, puede que su hermana quiera derrocarla o puede que los lobos lo quieran hacer y estén manipulando a su hermana a su antojo.

Celestia escuchó esa teoría con atención y automáticamente descartó la primera opción debido a que consideraba imposible que su hermana hiciera tales acusaciones con tal de derrocarla. Luego de varios minutos la segunda teoría parecía ganar terreno en su mente. Los dos guardias la miraban esperando una respuesta ante sus dudas. Celestia se puso firme y miró a sus guardias. — Sir Alanís, Sir Varrar, preparen el ejército en caso de combate y manden esta noticia a Twilight y Cadence. Cersei, quiero que vengas conmigo, ayúdame a redactar una carta para mi hermana, tengo que hablar con ella.

—Con gusto su magestad. — Dijo Cersei haciendo una reverencia pero sonriendo fuera de los ojos de Celestia.

Cadence se encontraba junto a Skyla disfrutando de un té caliente y unos pastelillos. Habían sido días muy difíciles para ellas tras el atentado, tuvieron que lidiar con la prensa del imperio y doblar la seguridad en todo el palacio, actualmente, ninguna de las dos podía dar un solo paso sin que una docena de guardias las siguiera, entre ellos Flavio, las siguiera para protegerlas de cualquier tipo de atentado en su contra. Las dos parecían por fin estar algo relajadas después de tantos problemas causados por el supuesto atentado de Celestia en su contra, sin embargo Cadence se mostraba algo preocupada por el hecho de no recibir respuestas de su tía, había enviado cartas y emisarios pero seguía sin recibir respuesta, ya se estaba planteando la necesidad de ir a Canterlot ella misma para aclarar el asunto, sin embargo, Flavio aconsejaba no hacerlo debido a que era muy arriesgado.

Skyla tomó un pastelillo de fresa para comerlo pero antes de que pudiera hacerlo las puertas se abren de súbito y por ellas entra un alterado Flavio. — ¡Mis señoras! ¡Princesas!

—¿Qué pasa Flavio? — Dijo Cadence alterada pues era raro ver a Flavio así de nervioso.

—Tengo… son… son noticias del este…

—¿De mi tía Luna?

—Ella se ha proclamado reina del este y está marchando hacia aquí con un ejército de cien mil lobos armados. — Cadence, al escucharlo, se quedó perpleja, sin saber que pensar ni decir.

—¿Cómo dices? — Dijo Skyla.

—Como escuchó princesa, la princesa Luna está marchando a Canterlot y pasará por aquí, según parece le ha declarado la guerra a Equestria.

—¡¿Cómo?! — Dijo Cadence. — ¡Eso no es posible! Mi tía jamás haría algo como eso…!

—Me han llegado noticias de que supuestamente Celestia atentó contra el embarazo de la princesa Luna.

—¿Atentar contra su embarazo?

—Sí, según parece varios guardias reales, entre ellos el capitán Pipsqueak, fueron a Colmillo Blanco, agredieron y violaron a la princesa… pasaron la noche entera atormentándola…

Cadence se quedó totalmente en blanco ¿Pipsqueak? ¿El mismo potrillo que tanto admiraba a Luna? Se quedó en silencio procesando la información, ¿esto era posible? ¿Celestia había atentado contra su hermana mandando a su mejor amigo para atormentarla? No, no era posible, Celestia jamás se atrevería a hacerlo.

—¿Cuándo llegará mi tía Luna…?

—Mañana por la tarde estará a nuestras puertas, mi señora ¿Qué debemos hacer?

—Por ahora prepare las tropas para el peor de los escenarios, yo trataré de hablar con mi tía… — Dijo ella mientras trataba de permanecer firme y fuerte, aunque por dentro su alma estaba llena de dudas y temor.

Shining se encontraba en lo que parecía ser un castillo en ruinas dentro de los dominós del imperio de cristal, llevaba su armadura con una espada de doble filo y a su alrededor había cinco Pesadillas muertas. Él se recargaba sobre su espada con dificultad mientras que jadeaba con cansancio. Fue hacia una pared y se recostó en ella, miró su pata trasera derecha y vio un corte profundo en la parte trasera de lo que sería la rodilla. Trató de mover su pierna, sin embargo sentía gran dolor al tratar por lo que solo suspiro y recargó su cabeza contra la pared, tratando de pensar en cómo salir del lio en el que se había metido.

—Debiste quedarte en tu castillo. — Dijo Trixie apareciendo con otras dos Pesadillas. — Fue tonto que vinieras a buscarme.

Shining solo suspiró. — Solo termina de una vez. — Dijo mientras cerraba los ojos.

Trixie, en cambio, dirigió su vista hacia las Pesadillas muertas y arqueaba una ceja. — Mataste tu solo a mis cinco mejores Pesadillas. — Ella volteo hacia sus dos guardaespaldas y les indicó que tomaran los cadáveres de sus compañeros y los enterraran, luego se concentró en Shining y se acercó a él. — Tu reputación es digna de ti. — Le dijo Trixie.

—Déjate de rodeos y mátame de una jodida vez.

—No lo creo, francamente me tienes más que sorprendida. Sabía que eras bueno, pero no este grado. Sí, ella estará feliz de conocerte.

—¿Qué…? — Dijo sin comprender bien a lo que se refería.

—Ya lo veras. — Dijo sacando una daga y golpeándolo con el mango en la frente, dejándolo inconsciente.

—¡Señor Armor! — Dijo un poni terrestre de color café y crin color blanco con una bata de laboratorio, respondía al nombre de Cient Fist.

—Lo siento Fist, dime, ¿me llamaste para ver los progresos de la santísima trinidad?

—Sí Shining, al parecer erré un poco en la cantidad de tiempo que tardaríamos en construirlo. Ven, te maravillaras con lo que veras.

Fist guió a Shining hasta un dique seco en la costa oeste de la isla, donde pudieron ver un barco diez veces más grande que un galeón, con un mascaron en forma de cabeza de león. — La santísima trinidad, más de setecientos cañones, veinte morteros y una capacidad para tres mil Pesadillas.

—Impresionante. — Dijo Shining con una sonrisa mientras lo inspeccionaba con la vista. — ¿Qué tal el casco?

—Oh, resistirá hasta el choque con un galeón de primera calidad o el disparo de trecientos cañones a menos de diez metros de distancia.

—Impresionante, ¿Cuándo lo mandaremos al agua?

—Exactamente en PI. — De pronto unos dragones abrieron lo que era un dique que dejo pasar toneladas de agua que impactó contra el barco, luego se soltaron las amarras y el barco salió solo a altamar. — O en lengua normal, exactamente 3,14 segundos.

Shining rió y contempló el imponente barco flotando en el mar.

—Sin duda Chaos estará contenta de esto.

—¡Señor Armor! — Dijo un grifo que aterrizaba junto a Shining. — Noticias urgentes del continente.

—¿Qué? ¿Qué paso?

—Es la princesa Luna, le ha declarado la guerra a Celestia y marcha hacia el sur con cien mil lobos.

Shining se quedó más que boquiabierto con esta noticia ¿Luna de había declarado la guerra a Celestia? ¿Por qué? ¿Destino tendría algo que ver? Sea cual sea la respuesta había que actuar.

—Envíale un mensaje a mi esposa, que regrese de inmediato, la necesito aquí y mándale otro a Chaos para que también vuelva, necesitamos organizarnos para parar esto.

—Sí señor. — Dijo el grifo saliendo volando.

Twilight por su parte también recibió la noticia de la traición de Luna, ella estaba en su recamara viendo sin poder creer el mensaje de Celestia, frente a ella estaba Mihauk esperando una respuesta de que debía hacer, si preparar a las tropas o no, pues no podía hacer nada sin el consentimiento de Twilight.

Al norte del imperio de cristal, podemos ver un campamento pero no del ejército de Cadence, sino del de Celestia.

Desde una colina, Luna junto a su amado Anduril y sus dos hijos, Hasufel y Arod, miraban el campamento de las fuerzas de Celestia. — Son tropas de Celestia, no de Cadence.

—¿Por qué hay tropas de Celestia en el norte? — Pregunto Hasufel.

—El norte es bastante grande, el imperio no posee un ejército que supere los diez mil efectivos por lo que le es difícil mantener un control total de la zona y desde que Shining Armor se fue con las Pesadillas Celestia decidió mandar unos veinte mil de sus ponis a que ayudaran a controlar el terreno. — Le dijo a su hijastro. — Arod, da la señal.

—Sí madre.

El lobo tomó una antorcha con su boca y la movió de lado a lado.

En el campamento, dos ponis vigilaban los alrededores con tranquilidad, pero uno de ellos divisó algo, no tardó mucho en saber que era; una horda de lobos tan grande que llegaba hasta el horizonte. — ¡Toca la maldita alarma ahora! — Dijo uno de los guardias al otro.

Rápidamente tocaron la alarma y todos los soldados comenzaron a moverse hacia la empalizada de donde venía la alarma. El campamento en si estaba defendido por un leve muro de madera y torres defensivas. Los soldados pudieron ver a los lobos acercarse, lo que no vieron era que desde la retaguardia se acercaba otra horda del mismo tamaño.

—Vamos. — Dijo Luna mientras que unos dos mil lobos la seguían.

—¡La reina del este!

—¡LA REINA DEL ESTE!