Capitulo 10
Visitas inesperadas
Estaban todos a la entrada del pueblo aguardando su llegada. Jaken, la anciana sacerdotisa, la mujer de su medio hermano, la caza-demonios, el bonzo, el niño zorro y en cabeza su medio hermano el hanyou, con Tessaiga desenvainada y apoyada en el hombro. Al parecer había captado su olor ya que tenían el viento de cara, y había salido de su choza en busca de pelea.
― Nunca pasarás de patético, Inuyasha ― susurró mirándolo con un ligero matiz de desprecio mientras tocaba tierra frente al grupo.
― ¡Maldito Sesshomaru! ― bramó amenazándole con el puño. Estaba cabreado porque se hubiese llevado a Rin de aquella forma, secuestrándola tal y como había dicho Shippo.
― ¡Amo bonito!― el yokai se acercó a su señor portando la vara de testas, pero parecía triste. Sus ojos miraban de un lado a otro, lo más seguro buscando a Rin.
― Sesshomaru…― inquirió la sacerdotisa con voz exánime ― ¿No has traído a Rin contigo?
El Daiyokai la miró con su gesto grave y observó sobre su hombro el bosque.
― Sí. Ya viene ― contestó con una sonrisa. Inuyasha retrocedió sorprendido al verlo sonreír. Era tan raro que ponía los pelos de punta. Además de que solo lo hacía cuando su sadismo alcanzaba niveles críticos.
En ese justo momento Rin salió de entre los árboles en medio de un gran salto grácil atravesando el prado como una flecha sin tocar el suelo. Aterrizó junto a su señor en la hierba sin hacer ruido sobre sus talones.
Jaken retrocedió con la boca abierta de par en par al ver a la extraña mujer que le sonreía con intensidad. ¿Quién era? ¿Un demonio?
La niña rió y se lanzó a una velocidad sobrehumana sobre el pequeño sapo. Levantó a Jaken del suelo sosteniéndolo en el aire por las manos. Sesshomaru torció el gesto y chistó.
― ¡Hola, señor Jaken!
― ¿¡Rin!?
El yokai la miraba estupefacto. Podía sentir sus manos, frías como las suyas, pero fuertes como las de su Amo, ver su piel nívea que emitía bajo la luna un resplandor sobrenatural, su melena plena que brillaba como hilos de seda, y lo más impactante, sus ojos. Aquellos iris, antes castaños, ahora atrapaban la luz y la reflejaban como plata líquida. Era la mujer más hermosa que había visto jamás.
― ¿Niña… Tonta?
― Siento no haberle saludado antes, señor Jaken.
Inuyasha olfateó el aire que rodeaba a la niña. ― ¿Rin?― la llamó extrañado ― ¿Eres tú? ¿Estas bien? Pareces distinta ― observó extrañado avanzando unos pasos hacía ella.
Sesshomaru le fulminó con la mirada.
― No te acerques a mi mujer, Medio demonio.
"¿¡Su mujer!?" Inuyasha retrocedió mordiéndose el labio con los colmillos. Su cabreo estaba alcanzando cotas muy altas.
― ¿¡Qué dices, desgraciado!? ¿¡Tu mujer!? ¿¡Pero de qué vas!?― Tessaiga temblaba en manos de su amo debido al rechazo de este. ― ¡Te mereces que te mate en este mismo momento, degenerado!
El puño de Sesshomaru impactó en la cara de Inuyasha derribándolo brutalmente contra el suelo.
― Eso no es asunto tuyo.
Kagome se interpuso entre ambos en un gesto de titánica valentía o de soberana estupidez, según como se mire.
― Dejad de pelear, por favor ― se giró hacia Sesshomaru ― Gracias, Sesshomaru, te agradezco profundamente que hayas traído de vuelta a Rin. Gracias por comprender que es una niña y que es demasiado joven aún para…― se atragantó y desvió la vista hacía el suelo ― Bueno, ya lo sabes, para eso…
― Calla, Kagome. – le pidió con voz contenida Inuyasha levantándose del suelo mientras se frotaba la mejilla.
― Pero Inuyasha, mírala. Esta viva y sabemos que eso no sería posible si…
― Apesta a Sesshomaru – dijo escupiendo saliva sanguinolenta – Tiene su olor por todas partes.
Jaken retrocedió con una mueca de espanto y levantó la vista hacia su señor temeroso e incrédulo al mismo tiempo.
"¿Cómo ha podido ser capaz?"
Los demás secundaron el pensamiento de Jaken y todos le dedicaron a Sesshomaru una mirada de desprecio.
― Ahora es mi mujer, medio demonio ― declaró mirando desafiante a Inuyasha que le sostenía la mirada con inquina. Ignoró a los demás, eran morralla, por lo menos su medio hermano podía dar algo de juego.
― Rin, aléjate de él.― le exigió Inuyasha convocando el poder de Tessaiga y blandiéndola amenazante en dirección a Sesshomaru. Éste dirigió la mano al cinto y agarró la empuñadura de Bakusaiga.
― ¿Ya estas preparado para morir, Inuyasha?
― ¡Oh no!― un pequeño punto empezó a saltar delante del rostro de Inuyasha ― ¡Señor Inuyasha, señor Sesshomaru, no se peleen, por favor!
El hanyou agitó el brazo para espantar a la pulga.
― ¡Aparta, Myoga! ¡Voy a darle a este enfermo lo que se merece!
Sesshomaru tiró de Bakusaiga para desenvainarla pero sintió lo que solo podía se la mano de Rin sobre la suya.
― Señor Sesshomaru, por favor. No se pelee con el señor Inuyasha.
Sesshomaru la miró gravemente durante unos segundos, soltó la empuñadura de Bakusaiga y se dirigió a su hermano con tono despreciativo sin dejar de mirar a Rin.
― No merece la pena.
La mandíbula de Jaken estaba a ras de suelo. "¡El Amo bonito ha obedecido a la niña!"
Los ojos de Sesshomaru fulminaron a Jaken.
― Rin solo ha evitado que pierda el tiempo. ― argumentó fingiendo ignorar a su sirviente mientras avanzaba hacía Inuyasha que le miraba confuso aún con Tessaiga apoyada en el suelo.
― ¿Myoga? ― El Dayokai buscó con la vista a la vieja pulga entre las ropas de su hermano.
― Estoy aquí, Señor Sesshomaru ― contestó reticente desde la cabeza de Miroku.
― ¿Este es el lugar más seguro? ― preguntó el monje extrañado.
― Iba de camino hacía la señora Kagome ― le aclaró la pulga antes de abandonar su cabeza en medio de un gran salto para colocarse sobre el hombro del hanyou.
Sesshomaru extendió la palma de la mano frente a él. Inuyasha y Myoga intercambiaron una mirada tensa. ― Oye, creo quiere que vayas con él. ― murmuró el hanyou como si su medio hermano no pudiese oírle.
La pulga le fulminó con la mirada y sudando como un pollo saltó a la palma de Sesshomaru.
― ¿En qué puedo servirle, Mi Excelentísimo Señor Sesshomaru? ― en su voz casi se podían oír las mayúsculas.
― Coge esto, Rin.
El Daiyokai se acercó a Rin y giró la palma dejando caer a la pulga en la mano de la niña.
La pulga se incorporó sobre las palmas de Rin y se miraron con curiosidad, luego ambos giraron la cabeza hacia Sesshomaru que miraba hacía el bosque con su habitual indiferencia.
― ¿La ves, vieja pulga?
― ¿Eh? ¿Qué si veo qué, señor? ― preguntó confuso y muy asustado mirando a su alrededor.
― A Rin.
La pulga parpadeó y se giró hacia su rostro sonriente.
― Bueno, sí. La estoy viendo. Está aquí delante.
― ¿Has visto alguna vez a alguien parecido a ella?
La vieja pulga observó a la niña con detenimiento paseando por su palma mientras se rascaba el mentón, unos minutos después su cara expresaba la más absoluta incredulidad. Intentó clavar el aguijón en su mano, pero se alejó frotándoselo.
― ¿Parecido? Bueno, parecerse se parece a ustedes, los inuyokai, pero su piel es mucho más dura. ― se palmeó el aguijón para enderezarlo ― Sin probar su sangre no pudo decirle nada más.
― No creo que tenga sangre, pero… ― Sesshomaru se quedó pensativo ― Rin, escupe sobre él.
― ¿Cómo voy a hacer eso, señor Sesshomaru? No sería cortés.
La pulga trepó por la niña hasta llegar a su boca con una mueca de disgusto.
― Eso no es necesario. Por favor, señorita Rin, ¿podría abrir la boca un momento?
La pulga probó su saliva, la saboreó y trepó hasta lo alto de la cabeza de Rin donde se sentó y cruzó los brazos, la niña volteó los ojos para intentar verlo.
― Solo es saliva.
Sesshomaru le miró de reojo y lanzó un golpe certero en su dirección haciéndole emprender la huida.
― Vámonos, Rin, Jaken. Esto ha sido una pérdida de tiempo.
Al pequeño yokai le brillaron los ojos al oír su nombre y se preparó para emprender la marcha. Como Ah-Un no estaba decidió agarrarse a mokomoko.
De pronto un sonido procedente del interior del bosque hizo temblar la tierra. Los árboles caían derribados por una fuerza invisible. Sesshomaru detuvo su avance y observó atentamente oliendo el aire en busca de respuestas.
― Ururuk ― susurró empuñando la Bakusaiga y sin pensárselo dos veces se lanzó hacia el bosque y desenvainó.
El primer yokai salió de entre una maraña de árboles y fue inmediatamente abatido por Sesshomaru.
Jaken, que siempre se las apañaba para estar en medio, esquivó de milagro el ser aplastado por el enorme cuerpo.
― ¡Son aquellos ogros del otro día! ¡Han debido de seguirle, Amo!
Sesshomaru fintó entre ellos con su agilidad característica y abatió a otros dos. Una vez caían al suelo sus cuerpos se desintegraban debido a la acción de la espada. Cuando iba a por el siguiente Sesshomaru recibió un ataque inesperado que le derribó contra el suelo.
― Eres más fuerte que tu padre, chucho. ― clamó una voz oculta en las sombras ― y esa espada que tienes es bastante peligrosa.
Un enorme cuerpo salió de entre las sombras apartando los árboles con las manos. El Rey de los Ururuk era un ser fornido y en apariencia mucho más débil que sus subordinados. Pero Sesshomaru sabía que no se podía juzgar a los oponentes por su apariencia.
― Hace tiempo tu padre echó a mis hijos de sus tierras y ahora que hemos agotado el sur hemos decidido probar suerte contigo. Morir de hambre no va con nuestro carácter.
Los ogros le rieron la gracia a su líder.
― Nos gusta pelear, igual que a ti, chucho. Matémonos mutuamente, pues. Si me vences, mis secuaces te matarán a ti y a tus amigos, pero si peleas sin usar tu espada, como ibas a hacer antes con ese hanyou, puede que te de una oportunidad.
― Bobadas ― Sesshomaru saltó y le atacó con un doble mandoble ― No eres rival para mi.
La mitad de la armadura del Rey Ururuk sucumbió bajo el filo de bakusaiga, pero los ogros no respetaron el combate y se lanzaron hacia Sesshomaru. Este les esquivó, pero fue alcanzado por un rápido ataque del Rey aprovechandose de todos los frentes que Sesshomaru tenía que cubrir.
Rin se agitaba siguiendo atentamente los ataques que ejecutaba su señor, memorizando todos los movimientos que hacía su cuerpo.
― Parpadea de vez en cuando, niña tonta ― le dijo Jaken con desaprobación.
― No lo necesito ― contestó sin prestarle atención ― Además si lo hiciera me lo perdería.
― ¡Inuyasha, al suelo! ― gritó Kagome evitando que un gran mazo le arrancara la cabeza. El mazo pasó muy cerca de Rin, que ni se inmutó.
― ¡Ha estado a punto de matarnos! ¿¡No te has dado cuenta!?
― No iba a darnos. ¿Es que no lo ve, señor Jaken? Además iba muy despacio, podría haberlo esquivado fácilmente. Por cierto, ¿qué son, señor Jaken?
― Son Ururuk. Quieren matar al amo bonito ― le respondió Jaken con tono grave.
Sesshomaru vio la reacción de Rin por el rabillo del ojo. Un rugido tan parecido a uno de los suyos brotó de la garganta de la muchacha y ante la mirada estupefacta de Inuyasha emprendió la carrera y saltó sobre el Ururuk que estaba a punto de atacar al Daiyokai, trepó hasta su cuello y le arrancó la cabeza con una facilidad pasmosa.
Sesshomaru se colocó junto a ella ligeramente adelantado, protegiéndola con su cuerpo.
Entonces fue cuando Rin percibió en el olor de la sangre de su señor en el aire. Primero sintió terror e ira porque alguien le hubiese herido, por lo que un rugido bajo de alarma se elevó de su pecho, pero al ver que solo era un rasguño en su mejilla, el rugido bajó de intensidad, pero no se acalló del todo.
Rin miró al Rey Ururuk con furia. El olor de la sangre en la herida de su señor la distraía por lo que agitó la cabeza tratando de centrar su atención en el enemigo.
Sesshomaru estaba molesto porque había intervenido, pero también había disfrutado viéndola destrozar a aquel yokai. El rostro de Rin era aún más hermoso cuando se enfadaba. Tras meditarlo unos momentos tomó una decisión.
― Encárgate de los del flanco derecho.
Rin giró la cara en su dirección, sorprendida.
― ¿Me va a dejar luchar a su lado, señor Sesshomaru?
La miró de reojo y le sonrió. Rin parpadeó, impresionada.
― ¡Vamos!
― Tú no te metas, Inuyasha. Le escupió a su medio hermano con inquina.
― ¿¡Qué!? ¿¡Como!? ¿Estas dejando que esa niña te ayude y a mi no me dejas?
― Ella merece la pena. Tú, en cambio, la das.
― ¿¡Me estas diciendo que doy pena!?
Inuyasha estuvo a punto de ser alcanzado por uno de los ogros y Sesshomaru le dio una patada para apartarlo.
― Molestas, Inuyasha. ― chistó.
Rin apareció de la nada para derribar a otro ogro de una patada que le reventó la cabeza.
― Esa criatura tuya es dura como una piedra, Yako ― observó el Rey Ururuk tras asestarle un golpe a Rin que la mandó contra el suelo.
Kagome, Sango y Kaede ahogaron un gemido de dolor y luego emitieron otro de sorpresa al verla salir disparada hasta él, trepando por su torso con una sonrisa en los labios. Llegó hasta su cara y le miró de frente.
― Vaya, ¿Vas a matarme, pequeña criatura de piedra?
Rin le sonrió ― No eres mi presa.
Entonces ejecutó un salto hacia atrás en el aire dejándole vía libre a Sesshomaru que de un tajo le cortó la cabeza.
Cuando estaban sobre un montón de cadáveres volvieron al claro. Inuyasha frustrado por no haber podido hacer mucho, seguido por su hermano.
― ¡Inuyasha! ¿Estas bien? ― gimió Kagome preocupada por su marido.
― El único que me ha atizado ha sido Sesshomaru ― bufó, molesto.
Rin se acercó a Sesshomaru en un parpadeó del ojo humano y le observó con ojo crítico, lamió el corte en su rostro, ante la mirada desencajada de todos sus amigos (en especial la de Jaken, que estaba a punto de perder el sentido) y trabó la mano en su kimono sin dejar de mirar fijamente la piel blanca de su cuello.
Jaken avanzó hacía ella con la vara de testas preparada para atacar y una mueca de horror al ver como destrababa las mandíbulas. Después de aquella demostración de fuerza estaba más que asustado y muy confundido, pero aún así tenía el deber de proteger a su amo.
― ¡Niña estúpida, no pensarás atacar al amo bonito!
Rin giró la cabeza y fulminó a Jaken con mirada aterradora a la vez que un profundo rugido escapaba entre sus labios.
― ¡Ah!― gritó retrocediendo espantado hasta colocarse detrás de la pierna de Inuyasha.
"Ahora Rin da más miedo que el señor Sesshomaru".
Como si hubiera oído sus pensamientos, éste le lanzó una mirada envenenada por el rabillo del ojo.
"Aunque el señor Sesshomaru es terrorífico, Sí claro que sí. Aterrador" le hizo mentalmente la pelota.
Sesshomaru se inclinó hacia Rin dejando su cuello al alcance de la niña ante la mirada helada de sorpresa de todos los presentes. Jaken se había convertido en una pequeña estatua de piedra.
"¿¡El Amo bonito va a dejar que esa niña lo marque!?"
Entonces fue cuando vio el cuello de su señor y se le descolgó la mandíbula.
"Ya… ¿¡Ya lo ha hecho!?"
El kimono de Sesshomaru había perdido una manga y el brazo estaba al descubierto donde se podían ver las pequeñas marcas de sus dientes.
La vieja pulga Myoga saltó al hombro de Inuyasha sin poder pararse quieto.
― ¡Ha permitido que lo marque! ¡Y no una ni dos, si no tres veces!
― Yo cuento cuatro ― susurró Inuyasha acercando la cabeza hacia su hombro sin perder de vista a su hermano ― La cuarta es más rara. Se nota menos, ¿no crees, vieja pulga cobarde?
― Es por el veneno de Rin ― murmuró Sesshomaru recolocándose la melena detrás de la oreja para dejarle a su protegida pleno acceso a su cuello.
Los ojos de Rin recuperaron el brillo al escuchar aquello y levantó la vista hacia el rostro de su señor.
― ¿Soy venenosa, señor Sesshomaru?
― Sí ― le contestó mirándola fijamente ― Tu boca destila un veneno más potente que el mío.
Jaken salió parcialmente de detrás de la pierna de Inuyasha.
― Entonces no deberías morder al amo bonito ― le pidió, tan amablemente que sonó falso. Se notaba que le costaba vencer los viejos hábitos.
― Silencio Jaken. ― ordenó tajante.
El pequeño yokai retrocedió y bajó la cabeza, inmerso en sus pensamientos, con un gesto de preocupación en su rostro.
― No puede ser. Imposible ― murmuraba incrédulo ― ¿El Amo dejándose marcar por una humana? No me extraña que le ataquen los ogros.
Sesshomaru le dirigió una nueva mirada doblemente letal a su sirviente y luego, tras una pausa, se volvió extrañado hacía Rin.
La niña observaba atentamente su pecho cubierto por la armadura agrietada, se mordía el labio y parecía incómoda. Levantó levemente la vista hacia él e inmediatamente después bajó la cabeza ejerciendo aún más presión sobre su labio inferior.
― ¿Qué ocurre, Rin?
― Aquí hay mucha gente.
― No importa. Bebe.
― Es que, señor Sesshomaru ― tragó la ponzoña que tenía en la boca ― No creo que pueda conformarme solo con su sangre.
Los ojos de Sesshomaru se abrieron en una ligera expresión de sorpresa y nuevamente no pudo evitar componer una media sonrisa.
― Vamos, Rin ― le propuso con voz ronca, diabólica mientras poco a poco se transformaba en un enorme perro gigantesco. Rin sonrió a su nueva forma y se agarró con fuerza al pelaje del pecho de su señor enterrándose velozmente en él a ver con asombro como su kimono desaparecía.
― ¡Señor Sesshomaru!― exclamó sorprendida y divertida al verse desnuda.
Al completar la trasformación el pelo de su pecho la cubría por completo así que sacó la cabeza y buscó al sapo que la miraba estupefacto desde unos cincuenta metros más abajo.
― Nos vamos; pero no se preocupe, señor Jaken, que enseguida volvemos.
El perro diabólico emitió un sonido que parecía decir que no estaba muy de acuerdo y se elevó en dirección al bosque sumergiéndose entre la masa más espesa de árboles. Aquel era un buen sitio, había mucho que destrozar.
Nada más tocar tierra el perro volvió a ser Sesshomaru, lo que no volvió fueron sus ropas ni las de Rin. Mokomoko los envolvió cubriendo pudorosamente su desnudez.
― Después de todo tendremos que conseguirte un kimono ― a pesar de su inexpresividad, Sesshomaru parecía divertirse mucho con la situación.
― Creo que sería lo mejor, sí. Si no, cada vez que se transforme tendré que esconderme entre su capa.
El Daiyokai se tomó un momento para sopesar la opción.
― No me molesta que lo hagas. ― susurró contra su oído tras apartar su pelo para morder el lóbulo de su oreja.
― Uhm…― ronroneó Rin acercando su mejilla a la de Sesshomaru. ― ¿Surcar el cielo desnuda en el pecho de mi señor? No suena nada mal. Me encantaría.
"A mi también" pensó el Daiyokai enterrando la nariz en el hueco de su cuello.
Rin abrió los ojos, sorprendida, acaba de acordarse de algo.
― ¡Ah! Llevo un rato queriendo preguntarle… ¿Por qué me daba esos golpecitos con la nariz?
Sesshomaru se apartó en el acto de ella dedicándole una mirada glacial.
― Es divertido, pero… ¿Por qué lo hace?
La comisura de sus labios bajó aún más, en un rictus de cabreo monumental.
― Cállate, Rin.
― Ah, ¿Acaso no le gusta hacerlo? ― suspiró y no pudo evitar reír ― Claro, es algo que hace sin darse cuenta, ¿verdad? Pues a mi me parece un gesto muy tierno. Me gusta. Por mi puede hacerlo cuando usted quiera. No se lo diré a nadie, señor Sesshomaru.
― Rin, Olvídalo ― soltó aquellas dos palabras con tal contundencia que eran como dos cuchilladas.
La muchacha suspiró desencantada mientras le acariciaba el pecho con la punta de la nariz aspirando su olor. Él dejó de lado su mosqueo y también la olió, pero para ello descendió sobre su nuca y enterró la nariz en la base de su cuello; después de aspirar profundamente su aroma lamió la parte alta de su columna mientras emitía un gruñido ronco de placer.
― Me agrada tu olor. ― musitó, regalándole un cumplido.
― ¡Ah! ¡Casi se me olvida! ― el Daiyokai levantó la cabeza y bufó molesto al cielo, para luego bajar la vista hacia su protegida, que le esperaba con la pregunta en la punta de la lengua ― ¿Por qué se convirtió en perro?
La miró irritado. Los límites de su paciencia estaban muy próximos.
― Por tu culpa. Me incitaste demasiado.
Rin enarcó las cejas y frunció el entrecejo, confusa.
― ¿Pero, qué hice mal?
― Es suficiente con lamerlo un par de veces. No es necesario que te lo metas en la boca.
Le miró sorprendida y, si hubiera podido, roja como un tomate.
― Pero, señor; si no le gustaba, ¿por qué me empujaba la cabeza en vez de apartarme?
Sesshomaru no pudo mantenerle la miraba por más tiempo. Se acordaba demasiado bien de la caricia y del porqué, aunque jamás lo admitiría ante ella.
― Esto…Señor Sesshomaru.
"¿Y ahora qué?" pensó, crujiendo sus garras. Si seguía por ese camino se ganaría un buen zarpazo.
― ¿Me permitiría volver a intentarlo? Quiero hacerlo bien.
Ahora sí que estaba sorprendido. Simuló que sopesaba su petición durante unos segundos y luego asintió solemne.
El rostro de la niña se iluminó, se colgó de su cuello y se puso de puntillas para alcanzar su boca. Sesshomaru apartó la cara.
― No. Hazlo directamente ― la urgió con mirada altiva.
Rin le miró boquiabierta; se sentía incapaz de hacerlo así, en frío y bajó la vista hacía lo que mokomoko apenas cubría mientras se mordía los labios con pena.
― ¿Qué ocurre? ¿A qué esperas? ― demandó el Daiyokai, impaciente.
La niña apretó los ojos con fuerza en un acto de titánica valentía.
― Sí, señor Sesshomaru.
Se dejó caer de rodillas, aún con los ojos fuertemente cerrados y se aferró a su cintura con manos temblorosas.
El Daiyokai la miró extrañado, quizá se había precipitado, pero había sido ella misma quien se lo había pedido y le había parecido que estaba ansiosa por hacerlo. Aunque tal vez él se equivocaba y ella necesitaba un pequeño incentivo, así que aferró sus pequeñas manos y tiró de ella hacia arriba, la pegó a su cuerpo y la mordió con fuerza en el cuello liberando su aliento sobre su piel. Rin emitió un suspiro ― Por tu culpa ahora anhelo esa caricia, Rin. No quiero prescindir de ella, ni esperar por ella, así que tendrás que hacerlo.
― Es que… No sé porqué, pero ahora me da vergüenza, señor Sesshomaru ― se mordió el labio, incapaz de mirarle. Él colocó su pulgar bajo éste y tiró liberándolo de sus dientes para después apresarlo entre los suyos.
― Tonterías.
Colocó su garra sobre su hombro y la empujó hacia abajo.
― Señor Sesshomaru ― musitó indecisa contra la palma de su mano, rozándola con la lengua.
― Procede.
Había sido una estupidez decirle lo de los lametones. Ya no tenía suficiente solo con eso.
Colocó ambas manos a los lados de su cabeza, obligándola a detenerse e introdujo los dedos entre su pelo, arañando con suavidad en el proceso desde sus mejillas hasta su cuero cabelludo. Su respiración se aceleró imperceptiblemente mientras la miraba con intensidad.
― Abre la boca, Rin ― susurró obnubilado.
Después de cometer aquel sacrilegio Sesshomaru levantó el rostro para no mirarla, cerró los ojos y se dejó ir. El veneno no se limitaba a abandonarlo sin más, notaba que los calambres se volvían más intensos y quería gruñir, rugir; apretarla contra él.
Rin apartó la cabeza en medio de un ataque de tos violenta.
― ¡Ah! ¿¡Qué es esto!? ― compuso una mueca de repugnancia y sacó la lengua ― ¡Esta malísimo!
― Deja de hacer teatro, me molesta.
Rin le dedicó una mirada de reprobación.
― No vuelva a hacerlo.
El Daiyokai la miró con extrañeza y la levantó del suelo.
― ¿Quién te crees que eres para decirme lo que puedo y no puedo hacer?
"Eso, ¿Quién soy? ¿Qué soy para ti?" pensó Rin mirando su reflejo en aquellos bellos pero fieros ojos dorados.
…
Agradecimientos a las que me han apoyado y seguido hasta ahora y a los que me sigan a partir de ahora
En especial a Serena tsukino chiba*, KeyTen*, Black urora*, nagisa-chan*, angel-demoniaca*, Silk Maid*, Sayuri08*, Khadija Da Silva*, y AHRG*, Hoshi no Negai*, Lady Indomitus*, patito*, Akari hana* y Guest*!
¡Muchas gracias y espero vuestros rewiews!
La historia crecerá por si sola y responderá a vuestras dudas, si seguís ahí disfrutaréis tanto como yo, o me sufriréis por lo menos durante tres capítulos más.
Estoy un poco plof, porque sois importantes para mi, si no, no os leería y ver que no lo habéis disfrutado me duele.
Haré todo lo posible por arreglarlo para poder volver a ser feliz.
Me mantendría en mis trece, pero lamentablemente mi estado de ánimo actual no me permite luchar. Gracias a los privados tan maravillosos, algunos lo he podido contestar y otros aún los tengo en el tintero porque se me acumula el trabajo, pero prometo que os contestaré a la mayor brevedad.
