Cap 13. Sobredosis
Era un día completamente extraño dentro del castillo. La profesora McGonagall estaba de un pésimo humor y no dejaba de reforzar cada media hora su embrujo de ventisca que se filtraba a lo largo de todo el salón. Era inútil, el calor era desolador. Ron se encontraba con Harry en una mesa y no dejaba de abanicar con fuerza su varita sobre una pluma una y otra vez sin obtener resultados factibles. Dibujó una cara de completa tristeza y un hilillo de sudor recorrió su cuello. Harry no estaba experimentando algo demasiado diferente a su amigo. Se pasó la mano por la frente, quitándose el sudor y volvió a intentarlo.
-Clausum Anima!- esta vez la pluma dio una ligera sacudida y cambió a un color rojo oscuro. McGonagall después de ver al chico le hizo señas a Hermione que estaba sentada en otra mesa.
-¡Srta. Granger!- la llamó y señaló a Harry y Ron. La castaña cruzó el salón con un pequeño tulipán en su mano y les sonrió a sus dos amigos. Ellos la miraron con rencor.
-¿Cómo es que no estás sudando con este calor?- Hermione no dijo nada y se sentó con ellos. Pasaron la siguiente media hora recibiendo ayuda de la castaña para hacer el hechizo y al final de la clase, ambos Gryffindor habían conseguido transformar la pluma en un tulipán. Sin embargo, ninguno había logrado incrustar algún recuerdo dentro de ella. Cuando caminaban por el concurrido pasillo del castillo, Harry y Ron exhibían un aspecto desolador.
-Vamos a coger aire fresco en el lago, se los suplico.- intentó por tercera vez el pelirrojo. Harry pareció bastante de acuerdo. Se quitó su capa y se la guindó del hombro, luego se aflojó un poco la corbata. Hermione rió y se colocó delante de él. Para ese entonces estaban en la entrada del patio. La chica terminó de aflojar la corbata de Harry y se la quitó por completo luego le pegó con ella en la cara. El moreno sonrió pero no le siguió el juego. Sin embargo, había alguien que contempló toda la escena al pasar.
-Supongo que te estás divirtiendo Granger- Hermione volteó demasiado bruscamente hacia Draco. Éste iba agarrado de manos de Pansy. –Me han dicho que aflojar corbatas es tu especialidad.- silbó socarronamente. Ron y Harry se tensaron y se abalanzaron hacia el rubio que los esquivó con gran facilidad. Hermione lo estudió con recelo y se sintió un poco herida. Sin pensarlo se paró frente a ellos y sonrió.
-Tu mejor que nadie sabes mi especialidad ¿no es así, Malfoy?- la cara del chico se turbó por completo y la miró con impresión. Pansy estudió a Hermione y a Draco con ojos bastante entrecerrados.
-Vámonos Draco, necesito llegar temprano a mi clase.- murmuró la Slytherin sin ánimos.
-Si, váyanse- espetó Ron arremangándose la túnica. –Nadie los necesita por aquí.- Harry agarró a Hermione por el brazo pero ésta no respondió al llamado inmediatamente. Por un momento se sintió asustada ante la mirada de despedida de Draco esa mañana. El resto del día transcurrió sin novedad. A pesar del insoportable y anormal calor que estaba sacudiendo el colegio, las clases no fueron detenidas y los profesores no parecieron inmutarse ni por un momento. Flitwick convirtió a su hechizo Mosterfapter en una completa tortura, al turnar a los alumnos y hacer que con el hechizo cada uno adivinara que había del otro lado de la pared. En Herbología, estaban aprendiendo a cuidar y cosechar la curiosa planta Alihotsy mientras que Hagrid los puso durante la última hora de la mañana a arrancar astillas de los árboles para la próxima clase.
Harry, Ron y Hermione entraron al Gran Comedor con las manos completamente malogradas.
-Herbología, Cuidado de Criaturas Mágicas y Transformaciones en un solo día. Creo que preferiría una clase doble con Butterfly.- se quejó Ron dejándose caer en una de las sillas y comenzando a devorar su almuerzo.
-No te expreses así de Mortimer, si te llega a escuchar después que fue él quien te devolvió la visión…-
-Ya Hermione. No tienes que recordarme esa etapa tan mala de mi vida.- la castaña rodó los ojos y se sorprendió al ver a Harry escudriñando la mesa. Un minuto después se dio cuenta que la brillante cabellera de Ginny se divisaba a lo lejos, mientras charlaba animadamente con Luna. Lanzó un suspiro e inspeccionó el resto del Gran Comedor. Del otro extremo se chocó con la fría mirada de Malfoy pero no se acobardó. Al contrario, le mantuvo la mirada sin parpadear por unos segundos. Alrededor del rubio, sus compañeros Slytherin charlaban, pero él seguía mirándola de manera fría y calculadora, juntando sus manos y acariciando distraídamente su anillo. Un minuto después, se percató que Zabini también la estaba observando. El moreno alzó una ceja, dirigiéndole una extraña mirada. Sus ojos mostraban una sutil diversión pero había algo en él que le resultaba detestable, le inspiraba total desconfianza. Hermione sintió el impulso de correr lejos del chico, sin darse cuenta que en realidad, ya estaban lo suficientemente lejos. Sin embargo, al salir sola del Gran Comedor, la horrenda mirada del Slytherin seguía produciéndole espanto.
Draco salió del comedor minutos después con una expresión taciturna. Había pasado toda la noche anterior sin dormir por estar pensando en todas las cosas que tenía que planear. En los movimientos que como mortífago, sabía que debía hacer. Se le escapó un ruidoso bostezo al tiempo que se estrujaba sus ojerosos ojos. Mientras caminaba, observó con indiferencia como la silueta de Hermione se alejaba cada vez más, perdiéndose en el pasillo. Bufó, molesto. No podía creer que la chica aún no se había dignado a hablarle. Ni siquiera le había pedido disculpas por como defendió a Potter en Diciembre. Con todo y eso, Draco estaba convencido que todo había sido un malentendido. Después de muchas meditaciones, se dio cuenta que Hermione nunca miraba a Potter de manera especial. Él sabía que Potter nunca había sido honrado con una de esas miradas de Hermione, cargadas de un brillo único, un disimulado deseo. Esas miradas especiales solo se las dirigía a él. Desde que comenzó el nuevo año la chica no paraba de mirarlo de esa manera, consciente o inconscientemente y cada vez que se daba cuenta, el rubio se embriagaba de emoción. Es más, estaba bastante sorprendido de sí mismo por no haberse arrojado a sus brazos aún. Sintió un ligero hueco en el estómago cuando volvió a recordar el funesto futuro que tenía por delante.
No podía volver a acercarse a ella, así quisiera. Tenerla de amante no era la manera más sana de protegerla de él mismo y de todo lo que la castaña pudiera descubrir sobre…
-¡Eh, Malfoy! Aguarda un segundo.- Draco se giró, curioso. Marcus corría hacia él, con unos gruesos tomos en los brazos. -¿Vas a Adivinación? Te acompaño.- agregó, empezando a caminar a la par del chico.
-¿Todo bien, Flint?- el Slytherin no contestó inmediatamente. Todavía estaba tratando de apañarse con sus libros. Draco al ver esto, se llevó una mano al bolsillo y sacó una capere balbus. –Toma, usa esto.- Marcus suspiró agradecido y arrojó ligeramente el artefacto sobre sus libros. El efecto fue inmediato.
-Ahora si estoy bien. Quería preguntarte, ¿Jugarás el próximo partido con tu Pegasus estropeada?- Draco frunció el ceño, molesto. La verdad era, que desde el poderoso encantamiento que Hermione había hecho, su escoba nunca volvió a ser la misma. Flitwick lo había ayudado a reconstruir la brida de oro y gracias a ello su escoba seguía volando, pero dudaba que pudiera atrapar una snitch con ella.
-Me parece que tendré que desempolvar mi vieja Nimbus 2001.- comentó, arrastrando las palabras con amargura.
-Sabia decisión, Malfoy.- estuvo el chico de acuerdo. Caminaron en silencio por el pasillo, rumbo a la clase. Marcus se aclaró la garganta. –Últimamente Parkinson ha estado bastante sensible, acaso no andan bien?-
Draco se rascó la barbilla con aparente desinterés. –Ella trata de ocultármelo, pero sé que está muy molesta. No, no andamos para nada bien, Flint. – el rubio suspiró, desganado. –Yo tampoco he sido el mejor novio.-
-Deberías dejarla por lo sano.- comentó Marcus quedamente.
-Demasiada historia juntos, Flint. No tengo idea de cómo sacarla de mi vida.- llegaban tarde. Ya no había ningún estudiante esperando afuera de la trampilla del aula, por lo que pensaron que ya todos estaban adentro.
-Si tienes un buen motivo deberías intentarlo. – Draco volvió a fruncir el ceño, confundido ante sus palabras. Se sentaron juntos en un rincón alejado, impregnándose automáticamente del fuerte olor a incienso de la sala. Trewlaney se encontraba sumergido en un intenso discurso acerca de la Piromancia. Sus collares castañeaban demasiado, por lo animada que estaba.
-¡Es por todo esto que se ayudarán de su libro para descifrar los augurios de su destino! Página 115, capítulo 5. – Marcus sacó uno de sus libros de la capere balbus con aburrimiento. Draco, aún un poco cabizbajo arrojó su capere balbus sin cuidado. Unos cuantos libros salieron desparramados y cayeron el suelo con gran estrépito. Trewlaney se exaltó notablemente y los miró a ambos.
-Discúlpeme- dijo Draco al tiempo que se levantaba del incómodo sillón y recogía sus cosas. Marcus fue por el cuaderno de notas que más lejos había llegado a parar. Todavía escuchaba vagamente el murmullo de la profesora explicando las imágenes que podían aparecer en el fuego cuando recogió un pedazo de pergamino arrugado que se había desprendido de su sitio.
Marcus frunció el ceño, intentando leer los garabatos y oraciones tachadas que Draco había escrito.
"Es algo innombrable… ese deseo por ti que me perfora como una lanza."
"Sólo yo seré el culpable de tu dolor.
De que tu corazón se ahogue con mi sangre
y que tu alma se pudra sin razón.
No sé en qué momento empecé a quererte
y tampoco querré saberlo nunca…"
Draco le quitó el pergamino bruscamente. El chico le dirigió la mirada más peligrosa que Marcus había visto jamás. Su rostro mostraba rasgos de ira y vergüenza mezclados y sus mejillas, al igual que sus ojos, se hallaban enrojecidas. Flint juró que Malfoy le lanzaría un puñetazo en cualquier momento. Estuvieron en silencio la siguiente media hora. Draco, aún alterado, pasaba las páginas de su libro con violencia, buscando los principales signos de la lectura de fuego. Marcus mientras tanto, había prendido una pequeña llamarada en frente de ellos; lo esperaba para poder empezar la técnica de adivinación. Miraba a Malfoy de vez en cuando, con expresión cautelosa.
-Muy bien.- murmuró Draco de repente. Llevándose la varita a la muñeca pronunció de manera no verbal un hechizo. Un diminuto corte apareció en su dedo, seguido de una brillante gota de sangre. Dejó caer la gota en la llama, la cual cambió de color y ondeó vigorosamente. Marcus buscó la misma página que su amigo tenía abierta en su regazo y se aclaró la garganta.
-Esto parece ser una espada. Si, es una gran espada. –Draco no pronunciaba palabra. Marcus pasó la página, dubitativo. – Te advierte de un gran peligro, una traición se avecina. También puede significar sufrimiento y humillación pública. - Marcus volvió a mirar la llama, que onduló siniestramente de nuevo. –Eso parece ser un anillo.-
-Yo veo un sol.- murmuró el rubio. Marcus frunció el ceño y asintió, leyendo rápidamente.
-Ambos significan un gran cambio en tu vida sentimental que te traerá dicha.- Draco alzó una ceja y miró de manera suspicaz la llama. De repente, se sentía extrañamente interesado en la Piromancia. –Es un amor que te cambiará.- En ese instante bailó salvajemente, una vez más. -¿Qué es eso?- Draco se acercó a mirar más de cerca.
-Parece una nave… un barco. Si.- Marcus pasó dos páginas y leyó en silencio.
-No dice por ningún lado… Espera, dice que renunciarás a la vida que conoces.- Draco dibujó una expresión interrogante.
-¿Y eso que significa?- Marcus se encogió de hombros.
-Puede ser que te vas de viaje, a lo mejor no terminas de estudiar en Hogwarts.- Draco se hundió en su asiento con expresión seria.
-Te toca.- Marcus miró con desconfianza la llama. La apagó y prendió otra. Repitió el mismo procedimiento que empleó Draco. Trewlaney los estudiaba con la mirada desde su escritorio. De repente se levantó, y empezó a pasar por cada mesón. La llama de Marcus era un poco más grande y alarmante que la de Draco.
-Árbol. Significa éxito en tu vida profesional. – Marcus sonrió ligeramente. La llama volvió a cambiar. Duraron unos cuantos minutos sin observar gran cosa.
-Me parece que eso es una mano.-
-Parece un abanico.- Draco buscó otro rato pero no encontró abanico dentro de los significados. –Bien, una mano entonces. – Marcus se revolvió, incómodo en el asiento. Trewlaney empezó a caminar hacia ellos. –Le servirás de mucha ayuda a alguien, que crecerá en todos los sentidos gracias a ti.
-¿Qué tenemos por aquí, mis astutos Slytherin? – Draco dibujó una mueca de asco al escucharla. La mujer miró unos segundos la llama con sus gigantescas gafas. El fuego onduló bruscamente y la llama creció más.
-Me dice éxito en mi vida profesional.- Comentó Marcus. La profesora no pareció recibir con muchas alegría la noticia. En ese momento se dibujó otro signo.
-Ay, mi pequeño muchacho. ¿Ven ese símbolo?- Los dos jóvenes le prestaron atención a la llama.
-Pareciera ser una cruz…- dijo Draco arrastrando las palabras.
-Significa soledad y persecución. Mientras todos te ven desde abajo, tú estás solo, colgado en la cruz. – susurró con un vocecita trágica. Lo miró con profunda tristeza y puso su mano en el hombro de Marcus, sobándolo cautelosamente. Un segundo después sus ojos estaba vidriosos y se sopló la nariz ruidosamente, con aparente tristeza.
El partido de Slytherin contra Hufflepuff se celebró la semana siguiente y la victoria de Slytherin fue arrolladora. Se decía por el castillo que Hufflepuff jamás había perdido de una manera tan humillante desde que el colegio había sido fundado.
El humor de las serpientes era inmejorable. De paso, vitoreaban a Malfoy en cada esquina que era visto. Gracias a él, Slytherin tenía una nueva oportunidad de enfrentarse a Gryffindor en la final. Una oportunidad que era fácilmente confundida con una inminente victoria, una especie de justicia poética que recordaba la manera en que los Slytherin casi ganaron el primer partido del nuevo curso. A pesar de todo esto, Draco no parecía contento. Mostraba en público unas grandes ojeras y un rostro somnoliento, además de una expresión crispada la mayoría de las veces. Sus manos temblaban de manera constante. Ni siquiera parecía reparar más en Hermione.
-¿Creen que haya sido infectado por Torposoplos?- preguntó Luna al ver pasar a Malfoy cerca de ella un día. Neville lo estudió firmemente con la mirada sin decir nada. Estaban en los terrenos del castillo, disfrutando el poco tiempo libre que tenían. Hacia una agradable y tranquila tarde con un inquietante viento que balanceaba las copas de los arboles más altos. El lago lucía inmutable. El Slytherin estaba adentrándose en los matorrales en ese momento, parecía seriamente empeñado en inspeccionar el suelo. Ginny, por su parte, no reparó mucho en Draco. El viento sopló en ese momento con más intensidad, alborotando su rojizo cabello. La chica se lo apartó con molestia, ya que le impedía ver lo que estaba haciendo. Sacó de una pequeña bolsa plateada pequeños hongos y les pasó dos a sus amigos. Sin preámbulo se llevó el suyo a la boca y lo masticó. Parecía bastante complacida.
Luna y Neville por su parte, aún observaban los pequeños hongos con desconfianza. Ginny intentó alentarlos, aún con la boca llena.
-Son stropharias. Vamos, dijeron que querían probarlos. – Luna suspiró y empezó a masticar. Neville seguía poco convencido.
-Ya leí sobre ellos. Este pedazo es muy grande.- Refutó el chico partiéndolo mas y devolviéndole un trozo. Ginny parecía confundida.
-Pero si yo siempre consumo la misma cantidad. No pasa nada.-
-Ginny, llevas meses haciendo esto. Esta será mi primera vez.- murmuró Neville, llevándose el pedacito a la boca. No eran precisamente sabrosos. Luna soltó una risa soñadora y a Ginny se le escapó una carcajada al verla. El aumento de percepción de Neville fue desmesurado. Comenzó a percibir la brisa demasiado helada, el lago demasiado grande, la tarde demasiado tranquila, el castillo demasiado bello, las risas de sus dos amigas demasiado fuertes.
-¿Estás bien, Neville? – preguntó Ginny a duras penas, volvió a reír de manera socarrona.
-¿Tengo cara de estarlo?- preguntó, soltando una risita reprimida. Pasaron la siguiente media hora balbuceando entre si. Neville repitió la dosis. Ginny miraba con tranquilidad hacia el lago. Luna se levantó de las raíces donde estaban sentados y empezó a bailar con sus manos.
-Creo que hoy si soy Lunática Lovegood.- comentó la rubia riéndose y dando vueltas sobre si misma. Neville la miraba ensimismado.
-Yo no creo que seas una Lunática, Luna.- la chica sonrió agradecida al escucharlo y cerró los ojos.
-Entonces no me has conocido lo suficiente.- susurró con voz cantarina. Neville sonrió y desvió la mirada unos instantes. En la lejanía, con el sol cayendo, aún podía vislumbrar a Malfoy. El Slytherin tenía una muy buena recolecta de plantas, pero Neville, a pesar de su avanzado conocimiento en Herbología, no lograba vislumbrar bien de qué se trataba. Draco en ese instante giró su cabeza hacia todos lados, cerciorándose al parecer que nadie lo estuviera viendo. Con apresurados pasos, el chico regresó al castillo con todo lo que recolectó esa tarde.
Neville, Ginny y Luna terminaron su atolondrada experiencia sumergiéndose en el lago cuando entró la noche. Las carcajadas de los chicos en ropa interior eran tan enérgicas que no era de extrañar que hubieran atravesado los muros del colegio.
Cuando decidieron regresar, el cielo ya estaba adornado por una gigantesca luna. El efecto de los hongos había desaparecido, pero los 3 exhibían unas risueñas sonrisas. Se sentían tan aletargados que acordaron ir a la Sala Común a dormir pero el hambre no los dejaba alejarse más del Gran Comedor. Fueron dejando agua por el pasillo que caía de la ropa mojada y del cabello; tanta que Filch podría matarlos si se enteraba.
Sin embargo, los gritos y la aglomeración de personas repentinamente los desubicó por unos momentos. Los gritos provenían del interior del Gran Comedor, que tenía sus puertas cerradas en esos momentos. La aglomeración provenía de alumnos que no habían entrado al Gran Comedor y que observaban con expresión estupefacta hacia la pared del frente.
En el interior del Gran Comedor la gente estaba enloqueciendo. Los gritos penetraban en las entrañas de los más débiles, tumbándolos al suelo o dejándolos acurrucados debajo de las mesas. El cielo del Gran Comedor había sido misteriosamente teñido de rojo. Dumbledore no estaba. Algunos alumnos, los más pequeños, arañaban con vehemencia la gran puerta que les impedía salir del lugar. Otros en cambio, lloraban sentados en sus asientos, presas del pánico. Los profesores no fueron la excepción. Sea lo que sea que había pasado, nadie había salido ileso dentro del Gran Comedor, ni siquiera los Slytherin.
Gruesas gotas salían los ojos de Hermione al ver todo aquello. Lloraba sin razón alguna. Sus manos temblaban tanto que era incapaz de sostener su varita. Se abrazaba fuertemente al cuerpo desmayado de Harry, tratando de protegerlo de las pisadas alocadas de los estudiantes. Hacía minutos que había perdido a Ron de vista, porque éste se alejó despavorido, alucinando arañas por toda la mesa. Buscó a Snape con la mirada y para su sorpresa lo encontró en un rincón del Gran Comedor, con su cara escondida dentro de sus rodillas y con un impresionante Patronus a su lado. No logró divisar de que animal se trataba. La chica pensó que transcurrieron horas, aunque en realidad no estaba segura cuando un atronador ruido proveniente de la entrada del Gran Comedor la alertó que alguien había derribado la puerta.
La imponente figura de Hagrid apareció en el Salón, dejando escapar a los alumnos histéricos. Muchos fueron atropellados mientras el guardabosque con expresión confundida intentaba calmar a las personas. Nada daba resultado. Estaban enloquecidos e histéricos, aunque muchos repararon en las letras tenidas de rojo que adornaban la gigantesca pared de en frente.
"Bad Blood, you're next."
El Gato de Filch, La Señora Norris, yacía inmóvil debajo de estas palabras, aparentemente muerto.
"Bad Blood, you're next" son la firma que se puede leer en todas las paredes de Hogwarts, el Colegio de Magia y Hechicería. Desde que Albus Dumbledore, su director, se ausenta del colegio por períodos indescifrables, la insubordinación estudiantil está a la orden del día. La inseguridad y violencia se extiende dentro de sus muros con una velocidad alarmante. Los elfos domésticos demuestran su deslealtad hacia el colegio, dejando que personas irrumpan en sus cocinas y agreguen Coclearia a la comida.."
-Hermione, deja de leer esa mierda. – espetó Ron de mala gana. Hermione cerró el periódico y contempló el Gran Comedor con tristeza. Ese terrible suceso había cuajado el ánimo de muchos en el castillo. Filch había sufrido una crisis nerviosa y seguía en la enfermería, al igual que muchos otros estudiantes. El ataque de pánico que se había apoderado de todos dentro del Gran Salón fue nada mas ni nada menos que una buena sobredosis de Alihotsy que alguien echó en la cena. Dicha sobredosis tuvo una gran variedad de efectos, pensó la chica, recordando todo lo que vio aquella noche. Sin embargo, quien lo hizo fue lo bastante inteligente como para que la dosis no fuera suficientemente fuerte como para matar a alguien. Dumbledore estaba siendo cruelmente atacado por el Ministerio. También la junta de padres y representantes quería destituirlo del cargo. El Profeta presentó 3 artículos más sobre el acontecimiento. Narrando exageradas mentiras y feroces verdades. Se les quitó el permiso a los hijos de Muggles de visitar el pueblo de Hogsmade. Le dieron veritsaserum en pequeñas dosis a los elfos domésticos pero ninguno confesó nada. El Profeta inculpó a Dumbledore, a los profesores, a Hogwarts, a los sangre sucias. Hermione tembló, espantada. Recordó las letras que adornaban en este momento la pared, que permanecían ahí, como un brutal recordatorio hacia todos los habitantes del castillo. Flitwick, ni ningún otro profesor hasta ahora, había podido borrar el mensaje de la pared. Todos los fantasmas habían sido interrogados y nadie había visto nada, excepto Peeves que no dejaba de comentar por los pasillos lo bien que le caía el asesino de gatos.
-¿Sabían que el emblema de Gryffindor es un gran GATO?- chistó, flotando sobre las cabezas de Harry, Ron y Hermione mientras salían del Gran Comedor. Un ligero click se escuchó a sus espaldas y vieron como Millicent Bulstrode le sacaba una foto a la firma sangrienta de la pared. Luego, miraba a Hermione con una sonrisa hipócrita.
Peeves continuó molestándolos, los 3 intentaron ignorarlo, pero Ron sentía una seria desconfianza hacia el poltergeist. Bajaron hasta las Mazmorras, cada uno encerrado en sus propios pensamientos. Hermione se mordía el labio constantemente, ya que llevaba días con un ligero temor que le quitaba el sueño.
Ella sabía quién había sido el responsable. No tenía certezas de esto, pero su corazón se encogía entristecido al pensarlo. Estaba tan fríamente convencida de que Malfoy tenía que ver en todo esto, que ni siquiera había querido dirigirle la mirada al rubio de nuevo. A pesar de que la Casa de las Serpientes también había terminado perjudicada con todo eso, era medio imposible no considerarlos a ellos en el asunto. Después de todo, Slytherin era el enemigo número uno de un impuro.
Ese día pasaron una hora con ellos dentro de las Mazmorras. Prepararon el Filtro de Paz con polvo de ópalo y jarabe de eléboro. Al igual que el trío de oro, muchos otros de Gryffindor estaban convencidos que los Slytherin eran los culpables de la muerte de la gata de Filch y por eso los miraban con rencor, el salón estaba sumergido en una nube de ópalo desprendido y de resentimiento mutuo concentrado. Mortimer permanecía inmutable, leyendo la revista Corazón de Bruja. Al faltar unos minutos para finalizar la clase, el profesor se levantó con la lista de alumnos en la mano. Frunció el ceño unos segundos antes de hablar.
-Hermione Granger y… - La chica se levantó con seguridad de su asiento y caminó hasta Mortimer sin esperar a que este terminara de hablar. –Draco Malfoy.- Hermione se quedó estática con el pie suspendido y buscó al rubio. Draco se levantó con aparente flojera del asiento y arrastró sus pies hasta quedar frente a ella. Todos miraban a ambos chicos de manera alarmada. Hermione lo estudió unos segundos. Su mirada fue fría, carente de alguna emoción. No parecía alegrarse de tenerla tan cerca literalmente desde hace tantas semanas. Ni siquiera le sonrió burlonamente. Su rostro reflejaba una indiferencia tan cruel hacia la chica que Hermione por unos segundos se preguntó si todo lo que había pasado con él no habría sido simplemente un sueño de ella de la noche anterior. De verdad, era ese chico que tenía al frente el motivo de su llanto en las noches? Era él, el que le había mandado una carta en Navidad, y había bailado con ella en el baile? Trató de buscar algo más en su cara, concluyendo tristemente que no había nada más. Solo era Malfoy, el que odia sangres sucias a muerte.
No se dio cuenta cuando Draco le extendió su poción de mala gana. Hermione la contempló unos segundos antes de hablar.
-No voy a beber esa poción.- habló fuerte y claro. Un jadeo colectivo inundó la habitación. Mortimer alzó una ceja y Draco pestañeó varias veces. Hermione se aclaró la garganta. –Lo siento profesor, mi presencia dentro de Hogwarts no es grata para Malfoy. No me arriesgaré a terminar como La Señora Norris- sus palabras sonaron más duras de lo que pensó. La fría mirada de Draco se descompuso inmediatamente.
-Yo nunca te haría daño.- murmuró el Slytherin, con una voz consumida por la indignación. Un ligero rubor se apoderó de su pálido rostro y cerró sus puños, completamente molesto. Con otro insistente ademán, le recordó a la chica que tenía la poción extendida hacia ella. Hermione pareció no darse cuenta.
-Srta. Granger, las calumnias no son bien recibidas en mi presencia.- exclamó Mortirmer, sin inmutarse.
-¡Malfoy escribió eso en la pared!- espetó con más fuerza. Varios abucheos por parte de los Gryffindor se escucharon detrás de la chica.
-¡Malfoy y sus compinches Slytherin!- gritó Neville levantándose del asiento. El salón se llenó de bulla de ambos lados. Los Slytherin gritaban y criticaban con asco.
-¡Slytherin no es la única casa que te detesta Granger! – rugió Draco lanzando al suelo su poción. El ruido del vidrio quebrándose descontroló más a los estudiantes. El líquido blanquecino se regó por el suelo. -¡Pero si es la única casa que lo demuestra!-
-¡Eres un imbécil, Malfoy!- gritó Ron levantándose también de su asiento.
-¡SILENCIO!- gritó Mortimer. En ese momento un frasco de poción atravesó el salón desde las mesas de los Slytherin dando de lleno a los Gryffindor. Mortimer se enfureció. -20 puntos menos para ambas casas. Retírense todos y vuelvan cuando crean que hayan madurado.- protestó el hombre. Los alumnos empezaron a salir en silencio con caras largas. El hombre giró sobre si mismo y contempló a Draco y Hermione. –Ustedes se quedan aquí castigados, limpiando sin magia todos estos calderos. – zanjó de mala gana, saliendo del salón y cerrando la puerta tras de si. Hermione alcanzó a ver las miradas alarmadas de Harry y Ron antes de que cerraran la puerta.
Draco instantáneamente le dio la espalda. Caminó hasta los calderos de Slytherin y con un trapo pequeño empezó a limpiarlos de mala gana. Hermione trató de controlar las lágrimas de rabia. Suspiró con fuerza y caminó decidida hasta él.
-Necesito que me digas la verdad.- exigió enojada. Draco dejó de estrujar el caldero y miró hacia el fondo de éste unos segundos. -¿Por qué lo hiciste, Malfoy?- preguntó sin dejar de mirarlo de manera insistente. -¿Soy yo la siguiente?-
-Cuando dije que nunca te haría daño, lo decía en serio.- dijo arrastrando las palabras en voz baja.
-¿Y eso es desde cuándo? ¿Desde que nos acostamos? Porque nunca he sabido en que momento dejé de ser una sangre sucia para ti…- El chico empezó a estrujar de nuevo el caldero con más fuerza, decidido a no mirarla.
-Aléjate de mi, Granger. – dijo, pasando al siguiente caldero. Hermione lo siguió de cerca.
-¿Por qué?- la chica le agarró el brazo, deteniéndole. –Al menos merezco una explicación.-
-¡Porque nunca debió ser!- espetó de mala gana, desligándose de la chica. Hermione lo observó unos segundos con ojos vidriosos y rostro confundido. ¿Nunca debió ser? Pero si eso siempre había estado claro.
-¿Y desde cuando eso nos detuvo?- Draco bufó impaciente y le dio de nuevo la espalda. -¿Es por la marca, cierto?- chilló la chica, empezando a llorar. –Decidiste unirte a él…- esta vez sujetó con más fuerza el brazo del chico y le subió la túnica, dispuesta a ver que escondía en su brazo izquierdo. Draco jadeó y con un movimiento asustado trató de taparlo pero era demasiado tarde. Hermione inspeccionó con los ojos desmesuradamente abiertos todo el brazo del chico, acarició su superficie, un poco confundida.
Draco Malfoy no tenía la marca tenebrosa. El rubio esperó unos segundos para apartarse de la chica, tratando de grabar ese momento. Había permanecido demasiados días alejado de ella. Ahora que la tenía muy cerca, pagaba las consecuencias de tal abstención. Su aroma lo mareó, sus dedos rozándole el brazo le dolieron, sus grandes ojos mirándolo con insistencia lo perturbaron. Fue una dosis de ella demasiado alta y no se había preparado. Con un brusco ademán, se soltó el brazo y la miró con reproche.
-La verdad es, Granger, que no puedo luchar por alguien que no confía en mi.- Hermione observó con espasmo como el chico la miraba de manera melancólica y abandonaba el salón dejando la mitad de calderos sucios tras de sí.
