Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi

Otros son de mi imaginación. ;)

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Capitulo 10-. La vida, la muerte y el pasado de la verdad.

Todo el cuerpo dolía, movió su cabeza con dificultad comprobando que la tenía amarrada contra algo, sus brazos y piernas también yacían sujetos. Estaba sentada, sus extremidades atadas a los bordes de una silla. Sintió su respiración agitarse y todo cuerpo reaccionó a memorias pasadas que habían sido olvidadas.

- Dinos como sacar el poder del arco- la voz en medio de la oscuridad resonó gutural entre el vacío que la rodeaba.

Pero no contestó, no podía. Movió su boca con desesperación pero ningún sonido salía.

- Tu lo has querido así niña- esta vez la voz sonó más cerca. Mirando a su alrededor pudo sentir el aliento caliente de alguien sobre su rostro. La sensación fétida de un hombre sobre ella. Y en medio de la oscuridad el vaho de ese ser se desplazó junto a su cara. Una sonrisa, colmillos, garras, luces eléctricas parpadeando por todas partes, una celda, fuego, piel quemada, sangre, uñas arrancadas. Tantas imágenes colapsando en su mente sin poder detenerlas que amenazaban con arrasar la poca cordura que quedaba. – hoy iremos… por tus orejas.

Su propio grito desgarrador la colapsó y sintió su cuerpo saltar sobre sí mismo en un intento inútil de querer escapar. Cerró los ojos con fuerza y a lo lejos escuchó una voz sutil.

- Oye… ¿estás bien? ….-

Pero sus ojos se mantuvieron cerrados, su respiración agitada no cesaba y con cada inspiración sentía como su pecho y abdomen dolía.

- Despierta, es una pesadilla…

Las palabras resonaron cerca esta vez y contra su propia voluntad abrió los ojos con dificultad. Frente a ella, la hija del bonzo estaba mirándola. Los ojos de Mitsuki y Kazuki se encontraron fijamente. El miedo, la desesperación; aún había rastros de ellos en los ojos azules de Mitsuki. Con un rápido movimiento la muchacha herida se volteó. El quejido de dolor fue inminente y ronco. Kazuki suspiró y la dejó ser.

- No deberías moverte mucho, tus heridas apenas si han cerrado…

Mitsuki no contestó. Las imágenes habían sido tan reales, tan escalofriantemente reales. Podía sentir aún el sabor de la sangre, como si sus encías carecieran de dientes, podía sentir el dolor de los dedos sin uñas y el calor caliente del metal sobre su piel. Cerró los ojos con fuerza, pero podía oír esa voz aún, no entendía bien lo que decía, pero el sonido, ese sonido palpitaba en su cabeza imposible de sacar.

"tranquila"- el susurro perdido y preocupado del Goshinboku se escuchó frente a ella. Con lentitud abrió los ojos y vio la imagen que esta vez había adoptado el espíritu. La mujer de largos cabellos negros la observaba con congoja. Ambas miradas se cruzaron, y el Goshinboku por primera vez, sintió pena por un ser carnal. "A veces…. Hay memorias que es mejor no recordar". Las palabras del espíritu del tiempo resonaron silenciosas por todo el lugar. Pero Mitsuki no dijo nada, observó a la mujer cambiar de forma despacio, como una danza sutil y hermosa en el mismo lugar, el rostro de la mujer cambió, su figura, personalidad y cabello. EL pequeño niño que ahora representaba al espíritu se acercó a ella sigiloso. Tomó su mano con cuidado, como si en verdad pudiera tocarla, como si de verdad pudiera sentir ese calor inexistente del pequeño frente a ella, Mitsuki se aferró a la ilusión que el espíritu le daba. Pero no dijo nada. Podía aún oír los movimientos de la hija del monje en la habitación, y este había sido su secreto desde siempre, desde que tenía memoria. Nunca se lo dijo a su madre en los pocos años que convivió con ella, ni siquiera el gran Sesshomaru pudo adentrarse tanto en sus pensamientos. Nadie lo sabía, que ella podía ver a los espíritus que conformaban el mundo. Que habían dado origen a las especies y a la magia de esta tierra. Viento, bosque, tiempo, agua, lluvia, trueno y un sinfín de otros espíritus que dieron origen a los demonios y humanos que les rodeaban. Que en un tiempo lejano habían tomado forma humanoide y habían parido seres sobrenaturales.

Kazuki salió de la habitación luego de atender a un aldeano que aún no se recuperaba del ataque a la aldea y que se hallaba inconsciente a unos pasos de Mitsuki. Sola en la habitación Mitsuki buscó los ojos falsos de Goshinboku.

"Todos están preocupados por ti" el pequeño niño habló con lentitud, esperando que ella comprendiera. Los espíritus estaban observándola. Siempre lo habían hecho, después de todo, ella tenía el aliento de vida.

-¿Por qué…?- Mitsuki intentó finalmente preguntar. Soltó la mano del pequeño que volvía a cambiar de forma, su cabello negro ahora blanco, sus manos pequeñas ahora huesudas y arrugadas se unían bajo sus mangas, las vestimentas de un anciano, los ropajes viejos y escuálidos de su cuerpo demostraban la posición precaria que un día tuvo el hombre senil frente a ella. – yo no morí …en ti… ¿por qué sigues… buscándome? – cada palabra como una cuchilla, cada frase una herida física y emocional. El cuerpo de Mitsuki dolía. Ella podía sentir como su pecho ardía y su cuerpo temblaba con cada sílaba y al mismo tiempo, cada una de las letras mencionadas era una espina que dejaría marca si el espíritu respondía lo que ella creía.- ¿por qué?

El anciano la miró serio, suspiró despacio y con la lentitud de sus años le sonrió- "niña ingenua, tu no moriste en mis ramas, en mis raíces o en mi tronco. Pero yo estuve ahí la primera vez que moriste, estabas entre las paredes de mi corteza. El pozo también me pertenece. Tu imagen un día, también me pertenecerá"-

MItsuki aguantó la respiración un segundo, ¿la primera vez que ella había muerto? Apretó los dientes sintiendo el dolor, como la sensación de desasosiego bajaba por sus hombros hasta su pecho, subía desde su vientre para reunirse en el centro de su alma. Dolía, la desesperación, el dolor y el odio en un solo centro, único y eterno. Recorrían esas emociones como un torrente su cuerpo en un ciclo de eterno retorno. "…la primera vez que moriste…" eso había dicho el Goshinboku. Sí, la primera vez. Ella ni siquiera pudo defenderse. Había sido otro intercambio, otro sucio intercambio, pero esta vez su padre era quién la había vendido a la muerte. ¿Tanto había deseado su padre la vida de esa mujer, que fue capaz de entregarla a cambio? Tal vez por eso la Luna se apiadó de ella, tal vez por eso Sesshomaru la tomó finalmente bajo su cuidado, sintió pena de la criatura que había sido vendida. "no mereces llevar el nombre de mi casa, ni la sangre de mis venas"; Las palabras de Sesshomaru resonaron con fuerza en su mente. Bastardos, los odiaba a ambos. Ella, ella había pagado, había sido la moneda de cambio de su padre y madre, de la felicidad y la seguridad de ambos. Y había muerto las dos veces. Mas hoy, que buscaba inútilmente la muerte no la hallaba.

Tal vez fue un ser horrible en otra vida y era momento de pagar sus pecados en esta. Ignoró al Goshinboku para que se fuera y este comprendiendo las intenciones de la chica, lo hizo. Su imagen desapareció despacio frente a la figura de Mitsuki, mientras los pálpitos de la tierra le llegaban a la muchacha a pesar de la madera que tenía bajo su cuerpo. Estaba condenada, siempre los sentiría, los vería a todos. Porque ella tenía el aliento de vida. Un aliento que no le pertenecía, un vida que tenía los días contados.

Apretó los puños y aguantó un sollozo, un sollozo de una pena que venía arrastrando desde que su madre la entregó y había incrementado con cada verdad descubierta. Intentó levantarse, pero no podía. Había luchado a morir como siempre y como siempre había sobrevivido. Bufó moleta y las imágenes de Ai llamando a su madre la atormentaron por primera vez. Cerró los ojos. Esa perra de Ayaka, iba a destajarla como fuera, iba a hacerla pagar. No había tiempo para lamentaciones del pasado ahora. Tenía una misión, la última que estaba dispuesta a cumplir, después de eso le rogaría a la Luna que la dejara libre, libre de las cadenas de Sesshomaru, de la vida y de la muerte que la perseguía.

Oyó los pasos de alguien acercándose y fingió dormir.

-Esa fueron las últimas tumbas, será mejor que descansemos… - la voz del monje sonó agotada- muchas gracias por ayudarnos con los funerales y los heridos de la aldea, señorita kikyo.

La mención del nombre de la sacerdotisa la sobresaltó, ¿Qué hacía kikyo en ese lugar?

-no tiene nada que agradecer, es mi trabajo, soy una miko después de todo- kikyo dio la vuelta y se marcho, aún quedaban muchos heridos que atender, y niños huérfanos que ver.

Miroku suspiró y golpeó cansado su hombro con el puño, sacudió sus ropas de monje y apoyó su espalda en la pared de la cabaña donde se encontraba Mitsuki.

-ha sido una masacre horrible- la voz de Sango se escuchó seria y calculadora, era obvio que evaluaba la situación de la aldea.

-me preguntó… ¿qué tienen que ver esas dos yokais con la señorita Mitsuki? y si tienen relación con la desaparición de la señorita Kagome.

- es lo más probable… ¿Qué haremos Miroku? Cada vez se pone más peligroso este viaje. – Sango buscó la mirada de su esposo. Pero el monje mantuvo la vista fija en el frente, en un punto indefinido. Su rostro se tensó y habló serio finalmente.

- tal vez deberías regresar con Kazuki de vuelta a la aldea, yo seguiré con Inuyasha y los demás y...

-ni lo sueñes… - la voz de la exterminadora fue rotunda. Miroku suspiró derrotado, no entendía porque Sango siempre le preguntaba qué hacer cuando era ella quién terminaba tomando las decisiones.

-Entonces supongo que no hay mucho que hablar… - Miroku buscó los ojos de Sango y esta a su vez. Por un instante la exterminadora comprendió y meditó la petición de Miroku, hace tiempo que no luchaban contra algo realmente poderoso, pero ella estaba segura que si no acaban con esto ahora, lo que había raptado a Kagome los alcanzaría luego. Y con esa resolución su mirada cambió. El monje supo que no podría hacer cambiar de opinión a su esposa, no ahora, pero al menos la convencería de enviar de regreso a Kazuki. Otra batalla campal se acercaba, podía imaginarse la reacción de su hija. Suspiró de nuevo y caminó juntó a Sango hasta donde su primogénita estuviera.

Mitsuki respiró despacio, ellos tenían razón, las cosas se pondrían peligrosas si ese maldito buscaba a todos sus enemigos que en el futuro había asesinado. Necesitaba recuperarse, necesitaba hacerlo rápido, pero no podía quitarse el collar o la descubrirían. Tendría que hacerlo como humana, cerró los ojos y esperó poder dormir finalmente. Esperó que las pesadillas no la alcanzaran esta vez.

Una semana inconsciente, tres semanas más recuperándose. Con ayuda de su poder espiritual había adelantado la curación de sus heridas. Finalmente había estado casi un mes y medio sin moverse y había necesitado medio mes más para recuperar la movilidad. Sus acompañantes estaban más que sorprendidos, Miroku llegó a pensar que Mitsuki no era humana, pero ese pensamiento quedó solo en su alocada imaginación. Ahora que la aldea intentaba recuperarse luego del desastre y que Mitsuki podía moverse a voluntad, ellos pudieron marcharse.

Tres semanas después de abandonar la aldea, Mitsuki supo que un grupo de monjes había ido a por kikyo dos semanas después que ellos habían partido, advirtiéndole de una extraña energía sobrenatural se sentía al norte del lugar de donde ellos se encontraban ahora. Mitsuki supo enseguida que se trataba del bastardo que se había llevado a Kagome. Kikyo, según había escuchado Mitsuki, había partido de su aldea un día después de la llegada de los monjes, y al llegar a la aldea en que ellos estaban se encontró con la hija del bonzo que acarreaba agua en el río, que cruzaba la calle central del pueblo.

Mientras estuvo postrada, Shippo le había dado la noticia. Ai había sido enterrada junto con su hermano, que había muerto producto de las heridas de la batalla de esa noche. Pero para sorpresa del joven zorro, la muchacha no había hecho ni dicho nada, como si la noticia no tuviera importancia, había ignorado su comentario y Shippo, confundido, finalmente también había terminado por ignorarla a ella el resto del tiempo.

Ahora, luego de toda la pérdida de tiempo en la aldea que dejaron atrás según Mitsuki, de las tres semanas más de caminata hacia donde la energía maligna se sentía, estaban comiendo la cena en una nueva aldea que había sido atacada por yokais hace poco, pues volverían al camino al amanecer.

La conversación siguió el rumbo que habían acostumbrado. Inuyasha estaba cabreado de tener que haberse quedado a levantar cuanta cabaña se le cruzara por delante y Shippo, esta vez, le daba la razón, no estaba de más ayudar, pero estaba cansado de levantarse al amanecer y acostarse exhaustos de levantar, tirar, construir las cosas más pesadas. El monje intentaba, con su típica sonrisa de sabelotodo y energía habitual, recordarles lo bueno que era ayudar al próximo y que Buda se los recompensaría en su próxima vida. Sango y su hija hablaban sobre los enfermos y de vez en cuando preguntaba alguna que otra cosa a Kikyo que los observaba sentada un poco alejada de la comida. Ella había vuelto a la vida, lamentablemente, había vuelto a depender de las almas de mujeres de nuevo.

Hiroki y Natsuki hablaban cosas cotidianas, entre los trabajos que habían hecho en la aldea, los heridos, la batalla, las cosas que dejaron en su época y las personas que seguramente estarían preguntando por ellos. Después de todo, Kagome los había obligado a asistir a toda su etapa escolar y ambos estaban por graduarse ese mismo año del instituto.

Mitsuki comía en silencio como era ya costumbre. Y escuchaba, escuchaba las conversaciones banales de sus guardianes, las del bonzo y los demás. No podía evitarlo desde hace algunas semanas, oírlos y perderse en sus pensamientos, su mirada azulada se fundió en la taza de té que sostenía. ¿Cómo hubiese sido si…?. Jamás, ninguna de sus preguntas había comenzado con esa interrogante, ni siquiera cuando conoció al muchacho de ojos violeta que solía acompañarla en el lago, pues él le había enseñado que todo había ocurrido para que llegaran al punto de encontrarse, al punto en que ambos vivían en aquella época. Ahora sabía, sin embargo, que él estaba tan equivocado como ella. En vez de pensar así, ahora ella se cuestionaba. Después de convivir casi tres meses y medio con las personas de esa habitación, no había día en que no se preguntara: ¿Cómo hubiese sido su vida si su padre no la hubiese usado de intercambio? ¿Si su madre no la hubiese regalado a Sesshomaru a cambio de protección para ella y su segundo hijo? ¿Si Sesshomaru hubiese podido salvarla cuando la raptaron al cumplir los 7 años? ¿Si Tenseiga no hubiese podido revivirla aquella noche? ¿Si hubiese podido escapar o negarse a alguna de las peticiones del Gran Lord de las Tierras de Oeste? A través del líquido espeso del té en sus manos frías intentó vislumbrar las respuestas, pero no halló nada. Su mente se perdió en recuerdos lejanos, de días seudo felices cuando se dejó a sí misma caer en los brazos de una felicidad efímera junto él, a ese muchacho. Pues todo lo que tocaba se destruía, siempre. Sus manos estaban manchadas de sangre, sangre de gente inocente y culpable por igual, de yokais, hanyos y humanos, sangre de su madre y de ella misma. Sangre de aquél muchacho de ojos violeta, su menté voló a lo ocurrido la noche en que él murió.

-Mitsuki –sama- la voz del bonzo sonó como un eco, casi nadie se dirigía a Mitsuki en la mayor parte del tiempo, pero cuando lo hacían era para extraer información. Todos estaban ya acostumbrados a guardar silencio cuando su nombre era dicho, especialmente cuando era Miroku quién lo decía. El monje carraspeó incomodo- Mitsuki-sama…

Pero Mitsuki no contestó, por primera vez bajó la guardia. Sus pensamientos viajaban a realidades alternas, su cuerpo inmóvil en el lugar tampoco reaccionó a las palabras del monje. Inuyasha frunció el ceño, esa niña se comportaba extraño desde hace unos días. ¿Qué mierda le pasaba? Suficiente era tener que soportarla para más encima tener que sufrir con sus extraños cambios de ánimo. Él no tenía paciencia para esto.

La muchacha estaba como ida, Hiroki la miró preocupado, ella parecía estar fuera de su propio cuerpo. Las miradas de todos se cruzaron, pero Mitsuki no estaba en la habitación en ese momento. Su mente se encontraba vagando en lo que sucedió aquella vez, en el hombre que le negó su ayuda esa noche desastrosa. Recordaba la razón por las que había creado las cimitarras y la desesperación que sintió cuando estas no estuvieron listas en el momento adecuado. Recordó el momento en que Sesshomaru se negó a ayudarla a revivir al muchacho que había muerto por ella. Mitsuki vio sus labios reflejados en líquido espeso de la taza y sólo susurró un nombre:

-Sesshomaru… - el sonido fue apenas un hilo de voz en el silencio de la cabaña. Pero había sido perfectamente audible para todos. Mitsuki cerró sus ojos y por primera vez la vieron suspirar.

El nombre de Sesshomaru tuvo un efecto distinto para todos. Miroku, Sango, Kazuki y Shippo se sintieron intrigados de inmediato. La chica también conocía a Sesshomaru. Hiroki entró en pánico tan rápido como la preocupación por su Hime-sama se había esfumado. Natsuki, se mordió el labio. Era natural que la Hime-sama pensara en el "Señor de las tierras del Oeste", ella no podía hacer nada al respecto. Los celos la invadieron enseguida, pero no podía pensar en eso. No ahora. Kikyo observó como la situación se tensaba y como Inuyasha había fruncido más el ceño, como alejó el pescado que comía y miraba a la chica con seriedad.

-¿De dónde conoces a Sesshomaru?- esta vez la voz potente del medio demonio la sacó de sus pensamientos. Mitsuki levantó la vista y comprendió que había hecho algo sospechoso. Se maldijo a sí misma por haberse dejado guiar por ese tipo de pensamientos. – te hice una pregunta niña, ¿de dónde conoces a Sesshomaru?… - Inuyasha tensó la mandíbula. Si su hermano estaba metido en la desaparición de Kagome él mismo se encargaría de matarlo.

Mitsuki dirigió su vista a Inuyasha, tras un minuto de ordenar las ideas y entender lo que sucedía, sonrió. Le sonrió a él, a Inuyasha. Con sorna, de medio lado y bajó la taza que sostenía aún, con lentitud hasta el piso frente a ella.

-¿Qué te importa? – la respuesta de Mitsuki fue firme y burlesca. Inuyasha sintió la rabia consumirlo. Él no estaba para juegos, dos aldeas enteras habían sido arrasadas, Kagome había muerto y al parecer su maldito hermano estaba involucrado. Estuvo a punto de responder cuando la voz del bonzo lo interrumpió.

- Señorita Mitsuki, por favor, debe comprender que toda información es importante.

-No te metas en esto Miroku, esta chiquilla malcriada tiene que entender...

-¿Qué?- la voz de Mitsuki interrumpió a Inuyasha con rapidez- ¿Qué es lo que tengo que entender híbrido? No vez que él que no entiende eres tú. No mereces que te hable de Sessomaru-sama. Así que, simplemente, cierra tu maldita boca.

-¿Que te crees chiquilla del demonio? Deberías mostrarte más agradecida, salvamos tu patético trasero …

- nadie te lo pidió… han..yo… - Mitsuki miró fijamente a los ojos de Inuyasha. La mirada azul y dorada se toparon con fiereza.

-tú… eres como él… como el idiota de Sesshomaru- las palabras de Inuyasha la paralizaron.

¿Qué había dicho el híbrido? ¿Qué ella era como Sesshomaru? Sobre su maldito cadáver se parecería a ese hombre. Mitsuki lanzó una mirada a sus guardianes y vio como Natsuki esperaba una respuesta.

-¿Crees que el maldito mundo es tuyo niña?…¡feh! no seas ingenua, sin nosotros no durarías ni un segundo, deberías aprender cuál es tu lugar. – Inuyasha sonrió malicioso, si esta niña se parecía a Sesshomaru entonces sólo había una forma de vengarse de todo las estupideces que la chiquilla esa le había dicho durante todo el viaje: machacaría su orgullo- No eres más que una simple y débil humana, caíste como tonta durante casi dos meses haciéndonos perder el tiempo. No sé de donde conoces a Sesshomaru, pero definitivamente eres como él, igual de débil y estúpida. Conozco el mundo de Kagome, y no durarías un segundo aquí en comparación. Tú y mi desagradable hermano son iguales, orgullosos y presuntuosos. Si no, puedes preguntarle a tu querido Sesshomaru-sama de todas las veces que lo derroté, ¡ja! , cómo perdió su maldito brazo, aunque seguro ya no hay necesidad de que alguien cuente esa historia, ese tonto ya lo recupero. ¡keh! Aún recuerdo su cara cuando se lo corté al intentar robar a mi Tessaiga, él…

- Tessaiga siempre le perteneció a Sesshomaru-sama, un híbrido como tú nunca fue digno de recibir una herencia tan poderosa como esa espada que un día fue portada por Inu no Taisho- la voz de Mitsuki fue tropellada. Su pecho subía y bajaba con fuerza. Sus puños crispados representaban la rabia que sentía, ese bastardo estaba jactándose de haber cortado el brazo de Sesshomaru, cuando había sido Kagome quién había salvado su maldito trasero al sacar la espada. Como podía ser este híbrido tan malditamente presumido. Estaba ordenándole que conociera su lugar, cuando era él, ÉL, quién no lo sabía. La estaba llamando débil y estúpida, igual que él, igual a como Sesshomaru lo había hecho cuando Kagome había sido raptada, igual a cuando ella había perdido el control de su sangre demoniaca y Sesshomaru la había humillado por eso. La había culpado de eso. Porque había sido ella. Ella le arrebató la vida a Kagome antes de que llegara esa noche sin luna, sí ella, y ese maldito ahí en frente estaba repitiendo las palabras de ese hombre, de Sesshomaru, era él el que se parecía al Lord de las tierras del oeste, no ella, ¡NO ELLA!

Inuyasha la miró sorprendido, esa niña sabía sobre su espada y su padre. Vio como Mitsuki se levantó presurosa, como su mirada oculta tras su flequillo escondía la fuerza de las emociones que sentía. Mitsuki, apretó sus dientes que rechinaron despacio y su mandíbula se tensó, maldito cuerpo humano, maldito sea él, maldita esa noche, maldita kagome y maldito sea el híbrido frente a ella.

-No eres más que un maldito presumido, hablando como si fueras más poderoso que Sesshomaru-sama cuando no eres más que un simple y patético híbrido.- la voz de Mitsuki sonó arrastrada entre sus dientes, con odio, no deseaba defender a Sesshomaru. Pero si Inuyasha no se hubiese equivocado, entonces nada, absolutamente nada hubiese pasado. Entre ambos hombres era a Inuyasha a quién más odiaba, porque fue él quien desató todo el infierno que su vida acontecía ahora. Y el muy bastardo ni siquiera lo sabía, él había vivido una vida serena y tranquila, mientras que ella, ella, toda su maldita vida ella…

-Inuyasha ha pateado el trasero de Sesshomaru en más de una ocasión- la voz de Shippo se dejó oír, pero Mitsuki no lo escuchó.

- Eres patético, jactándote de una victoria que ni siquiera te pertenece. Si no hubiese sido por Kagome-sama tu trasero se habría quedado en la tumba del general perro- la voz de la chica aumentó de volumen, las imágenes de esa noche, la culpa, la desesperación de haberle fallado a todo el mundo en su época, de haberle fallado a esa niña humana llamada Ai en esta, la confusión, porque ¿a quién defendía realmente en estos momentos? No lo sabía. Tenía ganas de liberarse, de sacarlo todo, de herirlo y poder sentirse libre de extraer la culpa y lanzarla a cualquier otro lugar. Que no fuera ella la de las pesadillas cada noche. Tenía ganas de la venganza que no había podido realizar aquella noche lluviosa que viajo por primera vez a través del pozo, cuando el muchacho que ahora llamaba Hiroki la convenció de volver antes de desvanecerse entre sus brazos- TÚ NUNCA MERECISTE A TESSAIGA ASÍ COMO NUNCA MERECISTE A KAGOME – Quería herirlo, para sangrar con alguien más la muerte de kagome- TE EQUIVOCASTE, UNA Y OTRA VEZ ELEGISTE MAL, HIRIENDO COMO NADIE MÁS HIRIÓ A KAGOME Y AHORA MIRANOS, VAMOS EN BUSCA DEL CADAVER DE LA MUJER QUE UN DÍA DIJSTE AMAR – que alguien más compartiera el dolor de haber nacido bastardo, de haber nacido maldito, como ella - ERES UN HÍBRIDO, UN PERRO SANGRE SUCIA QUE NO MERECE SER COMPARADO CON EL SEÑOR DE LAS TIERRAS DEL OESTE- que en medio de la confesión que hoy hacia, alguien comprendiera la verdad de sus heridas, de sus palabras, del dolor. Que comprendieran que cada cosa que decía también eran para ella misma, porque ella también había dejado morir a la única persona que un día pudo amar- ERES, SOLO ERES … INUYASHA, EL BASTARDO DE INU NO TAISHO- porque ella también era una bastarda y ese muchacho igual la había amado. Pero ella lo había dejado morir esa tarde, antes de herir de muerte a Kagome, antes de la noche sin luna - ASÍ QUE NO TE ATREVAS A HABLAR MAL DE MI SEÑOR DELANTE DE MÍ, OÍSTE - quería que sintiera los celos que ella había sentido, la desesperación de hallarse cambiada en los brazos de su madre por otra hija a quién nunca ella pudo conocer, pero que supo su madre aceptó a cambio de regalarla a ella- PORQUE TE ASEGURO QUE SI KAGOME ESTUVIERA AQUÍ, NO SERÍA A TI A QUIEN DEFENDIERA ESTA VEZ, SERÍA A ÉL…

Mitsuki corrió por la estela de mimbre, las palabras de la muchacha habían dejado en silencio el lugar. El eco de su voz aún resonaba con fuerza, la habitación vibraba con la potencia de cada una de las frases que la chica había dicho. Inuyasha solo había pretendido molestarla, hacerle saber que merecían un poco de respeto de su parte, pero todo se había salido de control derrepente. Y lo peor, lo peor era que todo lo que esa chiquilla idiota había dicho era cierto.

Inuyasha se levantó con Tessaiga en su mano antes de que alguien dijese algo y huyó. Tenía miedo, miedo de que alguien a dentro de esa cabaña afirmara las palabras de Mitsuki. Que lo culpara de no haber podido proteger a Kagome, que lo culpara y terminaran averiguando lo que Kagome siempre supo y que había confirmado en ese sueño que tuvo con ella, donde ambos estaban en el pozo. La decisión que él había tomado, la decisión que había alejado a Kagome de su lado para siempre. El deseo, el maldito deseo que él había pedido a la perla cuando ambos estuvieron atrapados en su interior durante tres días, hace casi diecinueve años.


*Nota de la Autora: Bueno, creo que en este capítulo se dejó más claro que había ocurrido con Kagome, más o menos XD. Espero que vayan uniendo las pistas. Aunque en el próximo capítulo definitivamente toda la verdad saldrá a la luz. Claro la verdad de lo que ocurrió con Kagome, porque lo que pasa realmente con la vida de la joven que se hace llamar "Mitsuki" aún está por venir.

Agradezco mucho a las personas que leen mi historia cada día. ;) espero que las sorpresas, valga la redundancia, las sorprendan realmente en los siguientes capis.

Saludos :3