ESPERANZA

X: SEGUNDO INTENTO

Habitación de Hotel, Atenas

A la mañana siguiente Nadezhda se despertó casi al mediodía, tan cansada como estaba, y se levantó con un terrible dolor en los pies. ¡Malditos sean los tacones! Ahora recordaba porqué no los usaba. Primero, era lo bastante alta para no necesitarlos. Y segundo…¡sus pobres pies! La chica lloriqueó.

-Ay, ay…- se quejó al ver un par de ampollas en cada uno de sus pies. Suspiró. No le quedaba más remedio que seguir con esa mascarada hasta descubrir que le había pasado a su papá.

La chica se levantó, arrastrando los pies con cuidado de no lastimarse más, y puso algo de agua caliente en la bañera para aliviar su dolor. ¡Cómo le dolían! Por fin, el agua estuvo a punto, y la chica puso los pies dentro, sentándose en uno de los bordes. Suspiró aliviada al sentir el agua tibia.

De pronto, la chica se cubrió las manos con la cara.

-Oh, dioses, ¿que estoy haciendo?- dijo la chica.

En serio, ¿qué estaba haciendo? Sí, había una probabilidad de que rescataran a su padre de esa manera, pero… ¿valía la pena el riesgo que estaba tomando? Lo primero que pensó era que sí, su padre valía la pena el riesgo. Pero… ahora estaba arriesgando a Argol, por haberlo involucrado, ¿no? Bueno, él era un guerrero, puede cuidarse solo. No, no era su pelea, era mejor alejarlo. Era una lástima, ella se sentía tan segura con él. Cerró los ojos y respiro hondo.

Poco más tarde, cuando la chica estuvo vestida y lista, Jonas Grey pasó a verla y a llevarle algo de comer, y otro vestido para esa noche.

-¿Cómo te fue anoche, hija?- le dijo el hombre- ¿tuviste dificultades?-

-No, mister Grey- dijo Nadezhda- pero no conseguí nada-

-Paciencia- le dijo el hombre- los agentes me dijeron que esos individuos planean llevarse a tu padre en una semana, aún tenemos tiempo-

-De acuerdo- dijo ella, no muy convencida.

-¿Conociste a Artem Belikov?- preguntó el hombre, y la chica asintió antes de contarle con lujo de detalles lo que había pasado la noche anterior. Jonas Grey escuchó con atención, aunque no le hizo mucha gracia la presencia del santo de Athena, pues no estaba muy seguro de que pudieran confiar en él, pero no tenía mucho que decir.

-Y bueno, me dijo que esperaba verme hoy- terminó la chica su relato.

-Bueno, eso es algo- dijo el hombre, pensativo, pero satisfecho- has hecho bien. Esperemos que hoy consigas alguna pista-

Nadezhda asintió, y miró dudosa el vestido que el hombre le había llevado. Tras escuchar pacientemente los consejos e indicaciones de Jonas Grey, la chica le agradeció y lo acompañó a la puerta.

Una vez que se quedó sola, Nadezhda apoyó su espalda en la puerta de la habitación y suspiró largamente. Se llevó la mano a la boca. Si bien las cosas habían salido bien, tuvo suerte de que Argol estuviera ahí.

-Tengo que ser valiente- dijo Nadezhda para sí misma, sacudiendo la cabeza- sí, tengo que ser valiente-

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Templo de Escorpión, Santuario de Athena

Renuentemente, Milo puso a Mavri en brazos de Liliwen por insistencia de Cathy. Esa mañana de marzo estaba aún muy helada, y la chica tenía la esperanza que el cálido cosmo de Liliwen ayudara al pequeño a entrar en calor, más por aprensión que por otra cosa. Tan pronto como estuvo en brazos de la chica pelirroja, el bebé se ovilló contento y se llevó el pulgar a la boca para arrullarse. Milo se cruzó de brazos.

-Mmmf…-gruñó Milo- así que fácil-

Liliwen lo ignoró, pero Camus sonrió ampliamente.

-No te enojes, Milo- dijo Camus, dándole una palmada en la espalda, mientras veía a Liliwen poner a Mavri de nuevo en brazos de Milo, quien volvió a sonreír. La chica amplió su cosmo para calentar toda la habitación, cosa que fue agradable para todos los presentes.

-Oh, eso está mejor- sonrió Milo, abrazando al pequeño contra su pecho- gracias, Lilu-

La chica sonrió y abrazó a Camus por la cintura. De pronto, y sin ningún aviso previo, el santo de Acuario se dio cuenta de que Liliwen tenía la mirada fija y perdida en un punto fijo en la pared. Parpadeó un par de veces, y sus piernas se debilitaron. Camus la abrazó, evitando que cayera, y mirándola preocupado. Milo abrazó con más fuerza a Mavri, y miró preocupado a la chica pelirroja.

Finalmente Liliwen movió los ojos, mirando a su alrededor.

-¿Qué pasó?- dijo ella- ¿porqué me miran así?-

-¿Pasó algo, mon amour?- preguntó Camus.

Liliwen alzó las cejas. No se había dado cuenta de lo que había pasado, y de pronto se encontró en los brazos de Camus, y que sus pies no estaban firmes en el suelo.

-¿Qué rayos…?- dijo la chica.

-Creo que algo te pasó, Lilu- dijo Cathy, recordando que Liliwen era hija de Apolo, y que éste le había advertido que podía llegar a tener visiones del futuro- ¿tuviste alguna premonición?-

Liliwen asintió mientras su mente se aclaraba. Comenzó a recordar lo que había visto en su mente. Una chica alta y rubia, cuyo rostro no pudo mirar, siendo rodeada de varios hombres vestidos de militares. Entre ellos, un hombre emanando un cosmo luminoso, y no vio nada más.

Cuando Liliwen les contó eso, Camus y Milo se miraron entre sí, sin saber que decir. La verdad era que la chica pelirroja ya les había advertido de algo que iba a suceder en el futuro. Camus pensó que quizá sería buena idea acompañar a la chica en caso de que tuviera otra visión.

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Embajada de Rusia en Atenas

Esa noche

Nadezhda se acomodó nerviosamente el cabello y se miró en su espejito mientras que viajaba en la parte trasera del auto. Agradecía que, esa vez, los tacones no fueran tan altos como los que había usado el día anterior, ni su vestido tan corto, pero de igual manera se sentía incómoda. Jonas Grey le había explicado que el vestido anterior había sido con el propósito de captar la atención de Artem Belikov.

Cuando el auto llegó a la puerta de la embajada, de nueva cuenta un par de guardias, otra vez vestidos con uniformes militares, abrieron la portezuela del auto y la ayudaron a bajar.

-Dobro pozhalovat', miss Mariya- dijo uno de los soldados, tomando el abrigo que tenía puesto sobre su vestido- por aquí, el señor Belikov la está esperando-

Nadezhda sonrió levemente, aunque estaba algo incómoda. La chica siguió al guardia por el largo pasillo hacia el gran salón, donde una nueva fiesta se llevaba a cabo, casi idéntica a la de la noche anterior. Artem, quien estaba sentado a la mesa en el lado contrario de la entrada, sonrió ilusionado al ver llegar a la chica, y se levantó apresuradamente a su lado.

-Mariya- dijo Artem, llegando a su lado, tomando su mano nerviosamente y besándola. Tenía una expresión ilusionada que hizo que la chica tuviera una punzada de culpa por lo que estaba haciendo- ¡que gusto volverte a ver! Temía que no vinieras hoy-

-No es así, aquí estoy- sonrió ella, haciendo todo su esfuerzo por verse más coqueta que la noche anterior. A Artem no pareció desagradarle aquello, y de nueva cuenta la abrazó por la cintura y caminó con ella a la mesa principal, donde la soltó para servir un par de vasos de vodka, y le ofreció uno a ella- gracias-

-No es nada, linda- dijo el chico, haciendo que a Nadezhda le diera otra punzada de culpa. ¡Vaya que el pobre se veía muy ilusionado!- vamos, bebe un poco, y entonces podemos bailar-

La chica miró la pista de baile, donde ya algunas parejas estaban bailando, y pensó que sería buena idea.

-¿Porqué no bailamos ahora?- dijo ella, sin dejar de mirar la pista de baile y sonriendo- ¡me encanta bailar!-

-Por supuesto, linda- dijo Artem, dejando a un lado los vasos de vodka de ambos y volvió a tomarla por la cintura.

Mientras ambos caminaban hacia la pista de baile Nadezhda aún sentía la incómoda mano de Artem alrededor de su cintura. La chica aprovechó para mirar a su alrededor. De nueva cuenta, igual que la noche anterior, el embajador estaba ausente. La inmensa mayoría de los presentes eran mujeres, salvo un puñado de chicos de la misma edad de Artem, quienes parecían aplaudir al chico por su aparente nueva "conquista". Y por supuesto, los músicos y las meseras con trajes tradicionales rusos.

Y de pronto, lo vio. No, no había imaginado. El único rostro moreno en ese grupo de chicos rubios, no había error ni duda.

"Argol" pensó la chica al verlo, y no pudo evitar sonreír, una parte de ella muy aliviada de que estuviera ahí. Al verla sonreír así, el joven ruso se ilusionó.

-Veo que sí que te gusta bailar, Mariya- dijo Artem al verla sonreír- y lo haces de maravilla, linda-

El chico hizo una señal para que cambiaran la música electrónica por baladas quietas, y aprovechó para rodearla por la cintura con las dos manos y atraerla a sí mismo. Nadezhda reprimió una expresión de repulsión, e hizo su mejor esfuerzo por sonreír mientras que el chico le hablaba al oído.

-Estoy muy contento de que hayas venido- dijo Artem con un tono ilusionado.

-Gracias- dijo Nadezhda, sonriendo- estoy contenta de que me hayas invitado-

-Tenía miedo que no vinieras, que te hubieras quedado con alguien más- dijo él.

Nadezhda se ruborizó a pesar de sus esfuerzos por no notarse nerviosa, pues no pudo evitar pensar en Argol, de como se había preocupado por ella. Sabía que estaba ahí, cuidándola, y eso la hacía sentirse más segura de sí misma. Artem no la vio ruborizarse, pues la estaba abrazando y olisqueando su cabello.

-Pero me encanta que estés conmigo- dijo Artem.

-Y a mí- dijo Nadezhda, intentando que su tono fuera lo más sincero posible, aunque en su fuero interno estaba muriendo por gritar y quitárselo de encima. Tenía que intentar conseguir esa información que necesitaba, y salir de ahí tan pronto como pudiera- no puedo creer que tu padre sea el embajador de Rusia, ¿cómo es él?-

-Oh, mi padre es muy inteligente- dijo Artem, separándose un poco de ella, y mirándola a los ojos- pero algo desconfiado. Y tiene muchos enemigos-

-¿Enemigos?-

-Sí, hombres que han traicionado a nuestra madre patria- dijo Artem, súbitamente orgulloso y soltando su cintura- lo que me recuerda. Anoche tu sirviente nos interrumpió, pero quiero mostrarte algo-

El corazón de Nadezhda dio un vuelco. ¿Podía ser eso que le mostrara el sitio donde estaba su padre? Pronto, comenzó a temblar. ¿Qué pasaba si su padre la veía y revelaba su identidad sin darse cuenta?

-¿Qué me quieres mostrar?- dijo ella.

-Ven conmigo- le dijo Artem.

Ilusionada, Nadezhda lo siguió hacia fuera del gran salón, y hacia el pasillo principal de la embajada. Salvo el par de guardias en la entrada, el pasillo estaba oscuro y desierto. Artem la tomó de la mano y la condujo a un pequeño hueco en el pasillo, donde había una puerta. La chica esperaba que Artem abriera la puerta, pero no lo hizo.

-¿Qué me quieres mostrar?- preguntó ella.

Artem sonrió y, tomándola de nuevo, esta vez por las caderas, la empujó contra la madera de la puerta. Nadezhda se asustó, su corazón comenzó a latir con fuerza. El chico intentó tomar la orilla de la falda de su vestido y levantarla, pero ella se lo impidió.

-No… ¿qué haces?- dijo horrorizada.

-Me gustas mucho, Mariya- dijo Artem.

Nadezhda tembló, y estaba indecisa sobre lo que tenía que hacer ahora. Se quería defender, quitarse a ese asqueroso hombre de encima, pero si lo hacía, no estaba muy segura de que las cosas salieran bien, sobre todo porque había muchos guardias alrededor. Sintió el pánico apoderarse de ella, su corazón latiendo con fuerza, y una fea opresión en la garganta.

-No, por favor- le pidió la chica con voz ahogada, empujándolo con firmeza del pecho para quitárselo de encima.

Antes de que Artem dijera algo o volviera a acercarse, alguien puso su mano en el hombro de él y lo hizo dar un paso hacia atrás, alejándolo de Nadezhda. Ambos se volvieron al recién llegado, y la chica vio con alivio que era Argol.

-Miss Mariya- dijo Argol entre dientes, hablando en un tono grave- ¿se encuentra bien?-

Al parecer, la presencia de Argol molestó a Artem, quien lo empujó con brusquedad para soltarse de él.

-¿Qué es esta impertinencia?- dijo Artem con la cara roja de furia- ¿cómo te atreves a ponerme las manos encima, sucio sirviente?-

Argol enrojeció de furia también e iba a decir algo, pero sus ojos se cruzaron con los de Nadezhda, quien le rogaba con la mirada que no peleara con él y arruinara su oportunidad. Hirviendo de enojo, el santo de plata se inclinó para disculparse, y dio unos pasos atrás.

-Pide disculpas y espérame en la entrada- dijo Nadezhda, irguiendo el cuello- estaré contigo en un momento- tomó el brazo del otro chico- Artem, tengo un poco de sed, ¿podemos tomar algo?-

-Será un placer, linda- dijo Artem, volviendo a sonreír, todo signo de su anterior molestia borrado de su rostro. Nadezhda caminó de vuelta al gran salón del brazo de Artem, dejando a Argol ahí de pie, furioso y entristecido en partes iguales, pero hizo lo que la chica le pidió, y esperó pacientemente en la puerta.

Tras beber un vaso de vodka y recibir la invitación de Artem de volver a una fiesta dentro de dos noches, la chica se despidió el joven ruso.

-Nos veremos en dos días, linda Mariya- dijo Artem- aunque me parecen como si fueran dos años-

Nadezhda se ruborizó levemente, no por enamorada sino por vergüenza de lo cursi que eso sonaba, pero sonrió tan dulcemente como pudo y dejó que le diera un beso en la mejilla

-Hasta el día después de mañana- dijo el chico antes de despedirse de ella.

-Do svidaniya- dijo Nadezhda, antes de salir del gran salón y caminar hacia el pasillo, donde Argol la estaba esperando, y sintió un gran alivio al verlo. Era como si le quitaran un enorme peso de encima.

El santo de plata le ofreció su brazo, y la chica sin dudarlo lo tomó. Estaba consciente de que Argol la había salvado de una situación bastante desagradable, y realmente se sentía agradecida de que lo hubiera hecho, aunque casi arruina su disfraz en el proceso. Afortunadamente para ella, Artem no pareció notar nada extraño.

En silencio, Argol recuperó el abrigo de Nadezhda de los guardias de la entrada y lo puso sobre los hombros de la chica mientras salían de la embajada rusa.

-¿Argol?- dijo Nadezhda, mirándolo de reojo, una vez que estuvieron bastante lejos del edificio.

-¿Mmm?-

-Gracias- sonrió ella, soltando su brazo y tomando más bien su mano, entrelazando sus dedos con los de él- gracias por todo-

Argol sonrió, y levantó la mano de Nadezhda para besarla.

-Solo estoy aliviado de que estés a salvo, y de que ese tarado…- dijo Argol, deteniéndose y mirándolo a los ojos. La verdad es que se enfureció al ver a ese chico poniéndole las manos encima de nuevo. Tuvo que realmente contenerse para no golpearlo o convertirlo en una bonita estatua de piedra.

La chica apoyó su cabeza en el hombro de él en un gesto aliviado, cosa que le gustó mucho al santo de plata, quien a su vez apoyó su cabeza en la de ella. Nadezhda notó la diferencia enseguida. Con Argol se sentía protegida.

El chico la tomó de la barbilla y la hizo levantar la mirada.

-Nade-

-¿Sí?-

-¿Te encuentras bien?-

-Sí- dijo ella- gracias a ti-

Ambos se sonrieron, un poco sonrojados, y se quedaron mirando entre sí en silencio.

-¿Me das permiso de besarte?- dijo el santo de plata, inesperadamente para ella. La chica parpadeó, sorprendida, pero sonrió. Argol la rodeó con sus brazos, atrayéndola hacia sí mismo, pero con mucha suavidad. Nadezhda cerró los ojos, esperando pacientemente el momento en el que los labios del chico se unirían con los suyos.

Cuando ocurrió, el beso fue lo más delicioso que ambos habían experimentado. No solo eran sus labios, los corazones de los dos estaban latiendo con tanta fuerza que parecían escapar de sus pechos. Todo aquello provocó en ambos sensaciones nuevas e interesantes.

El beso fue breve y muy dulce. Argol acarició la mejilla de la chica. ¡Su valiente chica! Lo que daría por que dejara de arriesgarse así, pero la admiraba por su coraje, a pesar de no tener cosmo como ellos.

-Te quiero, Nade- dijo el chico.

-Te quiero, Argol- dijo ella.

Con las mejillas rojas y calientes, ambos caminaron de regreso al hotel, y se despidieron en la entrada del lobby, nuevamente con Argol besándole la mano derecha. Los dos se miraron y sonrieron, quedándose con ganas de un nuevo beso, pero estaban agotados. Con una sonrisa, se despidieron, Nadezhda desapareciendo hacia su habitación, y Argol al Santuario de Athena.

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Templo de Virgo, Santuario de Athena

Horas antes

A Shaka no le había hecho mucha gracia lo que el Patriarca le había encargado hacer. Sabía que Argol estaba en una especie de misión, y habían dejado a Arthur a su cargo por unos días. Lena estaba a escasas semanas de tener al bebé, y esa situación no ayudaba ni un poco al santo de Virgo con sus nervios, aunque no lo mostrara.

En fin. Entrenar a Arthur y mantenerlo fuera de problemas. Shaka suspiró. Al menos sabía que Christoffer le iba a ayudar en esa tarea.

-Vamos, Shaka, no creo que sea tan malo- le dijo Lena, caminando con dificultad hacia el pasillo principal del templo de Virgo, y tomando asiento junto a la for de loto de Shaka.

-No me gustaría que te agitaras, pyaar- dijo Shaka.

Arthur se rascó la cabeza. No le gustaba tampoco ser asignado a otro maestro, aunque le explicaron que ese cambio no iba a ser permanente. Christoffer suspiró resignado. A ver si no causaba más problemas.

-Maestro Shaka- dijo Arthur- ¿no es hora de que me ponga a entrenar?-

-Paciencia- le dijo Shaka.

-Pero maestro…- comenzó a decir Arthur.

Christoffer le iba a decir que se calmara, pero no supo como llegó Lena tan rápido junto a Arthur, y le dio un zape bien dado antes de que cualquiera de los chicos pudiera decir algo.

-Ay, ay- se quejó Arthur- ¡señorita Lena!-

-Te dijeron que tuvieras paciencia, enano- dijo la amazona- ¿no entendiste?-

Arthur bufó, pero no dijo nada mas. Lena lo evaluó con la mirada, entrecerrando los ojos, pero finalmente quedó satisfecha del efecto provocado por su zape. Shaka y Christoffer rieron en voz baja, el primero mirando a la chica con adoración. Arthur acababa de aprender la primera regla en el templo de Virgo: no hacer enojar a Lena.

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Habitación de Hotel, centro de Atenas

Al día siguiente

Nadezhda despertó de golpe, como si acabara de despertar de una pesadilla, aunque no tenía nada que ver con ello. Una vez que recordó lo que había sucedido la noche anterior, la chica se llevó distraídamente los dedos a los labios. ¿Realmente había pasado lo que recordaba?

Argol la había besado. ¡La había besado!

Su corazón latía con fuerza de emoción al recordar aquello. Cerró los ojos y suspiró. Siendo sincera con ella misma, la verdad era que tenía algo de miedo. Nunca antes se había involucrado con un chico de ninguna manera. ¿Para qué? Un chico podía significar un riesgo de que su familia fuera descubierta. Pero Argol era diferente.

Era un hombre alto, apuesto y fuerte, que podía protegerla y parecía quererla. No que lo necesitara, pero era lindo. Inconscientemente sonrió al pensar en ello. Nunca antes se había sentido así, aunque nunca antes le había dado una oportunidad a ningún chico de acercarse tanto a ella.

No tardó en estar lista, y pronto llegó Jonas Grey a verla, preocupado porque la noche anterior Nadezhda no se había reportado con él.

-Buenos días, hija- dijo Grey, sonriendo amablemente al verla, pero había algo raro en su sonrisa. Estaba más preocupado que de costumbre.

-Buenos días- dijo la chica, dudosa- ¿cómo está mi mamá?-

-Tu mamá está bien- dijo mister Grey- obviamente no le hemos dicho nada sobre lo que estás haciendo…-

Nadezhda se mordió el labio. Ya se imaginaba el sermón de su mamá cuando se enterara. Levantó la mirada, y vio a Grey dudoso y preocupado.

-¿Qué sucedió, mister Grey?- preguntó ella.

-Hiciste bien el día de ayer en la embajada- dijo Grey en un tono sombrío- nuestro doble agente dice que Artem Belikov está enamorado de ti, y se le nota. Cuando te fuiste, lo escucharon decir que le gustabas mucho-

-¿Pero?-

-Pero también se notó la interferencia del santo de Athena- dijo Jonas Grey. Nadezhda palideció- Artem está muy celoso. Mi información me dijo que cree que es tu sirviente, pero como es la segunda vez que interfiere, teme que tengas sentimientos hacia él, y todo tu trabajo se está desmoronando-

-No, claro que no- dijo Nadezhda- me invitó nuevamente a la celebración de la guardia nacional mañana-

Jonas Grey suspiró.

-Bueno, eso es bueno- dijo el hombre inglés- pero no seas necia y escucha mi advertencia. Ese chico, el santo de Athena, te puede causar problemas. Su presencia ya comenzó a levantar sospechas en la embajada, y puede que te descubran por su culpa-

-¿Y qué debo hacer entonces?- dijo ella.

-Pídele que deje de seguirte ahí- dijo el hombre- que te deje hacerlo sola-

Nadezhda iba a asentir, pero sacudió la cabeza. Aunque lo hiciera, el chico no la escucharía. Estaría muy preocupado por ella.

-Argol no me haría caso, mister Grey- dijo ella, bajando la mirada- creo que él está preocupado por mí, y quiere protegerme-

-Pues si sigue así, va a hacer que perdamos a tu padre. Nos queda muy poco tiempo- dijo Grey-

-¿Y qué puedo hacer?- dijo ella.

-¿Qué otra cosa puedes hacer? Romperle el corazón-

Nadezhda palideció, y sintió un feo vuelco. Se llevó una mano al abdomen, y otra a la boca. La sola sugerencia de Grey de lastimar a Argol le causaba náuseas.

-¿Qué?-

-Lo que escuchaste- dijo Jonas Grey firmemente- romperle el corazón para que deje de seguirte. Ya le pedirás perdón después, cuando recuperemos a tu padre-

La chica escuchaba todo lo que el hombre le decía, pero no dejó de sacudir la cabeza. ¿Qué estaba proponiendo Jonas Grey?¿Herir los sentimientos de Argol? ¡Jamás! No podía hacer eso.

-No puedo, no puedo lastimarlo- dijo Nadezhda- es una buena persona, y solo quiere ayudarme. Lo que sugieres es muy cruel…-

Jonas Grey suspiró y extendió su mano hacia el hombro de la chica en un gesto paternal.

-Entiendo como te sientes, hija- dijo Jonas Grey- tienes solo dos opciones. O le rompes el corazón para regresar a la embajada a averiguar donde está tu padre, o no permitiré que regreses ahí y te arriesgues a que te descubran y te hagan daño, aunque eso significaría perder a tu padre-

-Pero…-

-Pero nada- dijo Grey, cruzándose de brazos- esta idea no me gusta nada, y el hecho de que el santo de Athena esté interfiriendo no ayuda nada a la causa-

La chica se mordió el labio. Sabía que Jonas Grey tenía razón. Todo se decidía a una elección: o ayudar a su padre, o no lastimar a Argol. Y sabía cual tenía que elegir.

-De acuerdo, mister Grey- dijo Nadezhda finalmente- lo haré-

Jonas Grey suspiró, aliviado, y se despidió de la chica. Una vez que se quedó sola, Nadezhda se dejó caer sobre su cama y se echó a llorar. ¿Cómo podía hacer eso? ¡Ella lo quería! Pero no tenía opción.

Esa tarde, antes de ir a la embajada, tendría que hacerlo. Decirle a Argol que se equivocó, que no lo quería, y que la dejara en paz.

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CONTINUARÁ…

Notas de Autor:

Dobro pozhalovat': (ruso) bienvenido/a

Do svidaniya: (ruso) adiós

¡Hola a todos! Como pueden ver, cada vez la cosa se enreda más. Y digamos que las cosas van a seguir complicándose. Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias por sus reviews. Les mando un abrazo.

Abby L.