Capítulo 10.
Irene se tanteo el pecho para comprobar obsesivamente que se había puesto su chaleco antibalas de grafeno; era tan ligero que constantemente olvidaba que lo llevaba y tal expectativa la aterraba. Al salir de la manzana del hospital, una extraña sensación, que hacía 3 años no la perturbaba, la invadió; la estaban observando. Camino con rapidez al doblar la esquina, y tras ver su reflejo en un escaparate comenzó a correr en zigzag alejándose rumbo a su casa, sintió la misma descarga de adrenalina que antes del evento en Siria que la había sacado de aquel infierno. Sabia identificar a la perfección una mira telescópica cuando apuntaba, para su fortuna, quien quisiera eliminarla no tenía su buena puntería, y confió en alcanzar su casa antes de que consiguiera siquiera apuntarle, además no tenía la mínima intención de ponérselo fácil, había mucho que quería hacer y experimentar.
No le llevo más de 4 minutos alcanzar la parte trasera de su domicilio, saltar su cerca de madera y entrar, tecleo sin mirar el código de pánico en el panel de seguridad, antes de dejarse caer en el suelo, agitada, los mecanismos puestos en marcha la protegerían con seguridad, antes de recuperar el aliento sus ventanas habían desaparecido dejándola apenas con las luces de emergencia. Los sonoros impactos chocaban contra el metal que resguardaba su hogar, se llevó una mano a la frente y suspiro, ¿Quién demonios podía tener interés en eliminarla? Toco su hombro izquierdo nerviosa, en ocasiones de gran estrés sentía de nuevo el intenso dolor de aquel disparo, aquella horrenda cicatriz amenazaba con devorarla desde el hombro constantemente. Se levantó cuando el silencio reinaba nuevamente, necesitaba prepararse para volver al hospital, sin importar cuan imprudente le resultase. Subió hasta su habitación y preparo lo más rápido que pudo su maleta con suficientes insumos como para pasar una semana en el hospital y otra fuera de él, algo le decía que si salía, era muy probable que no pudiese volver en un buen tiempo. Tomo también su ordenador portátil y su lector electrónico, pues estar en terapia intensiva al cuidado de un solo paciente podía llegar a ser increíblemente tedioso.
Decidió que aunque el peligro ya parecía haber pasado, no era prudente dormir en su habitación en el ático, así que movió uno de sus sillones, quito la alfombra y entro con sus cosas en su refugio antibombas; el original fue la razón por la que había decidido comprar aquel sitio además de su cercanía con el hospital. Pero con la remodelación había terminado por convertirse en la habitación más agradable de todas, y por tanto la más desperdiciada. bajó las escaleras y cerró la puerta por dentro, una vez iniciado el programa electrónico de pánico era necesario que pasaran al menos 6 horas antes de poder Salir de la casa o reiniciarlo. Así que le quedaban 5horas y media para descansar, se desvistió para ponerse la ropa de dormir y observo con detenimiento la deformante cicatriz sobre su hombro izquierdo, las pocas personas que la habían visto, afirmaban que no lucia del todo antiestética, pero Irene la detestaba. Por eso le había regalado la medalla que le habían dado a su padre, por eso solo visitaba a los que ahora eran sus primos solo una vez al año y solo durante una semana, se sentó en la cama de debajo de la litera del lado derecho y se estiro lo más que pudo intentando dormir, pero estaba muy tensa, así que tomo el móvil y empezó a leer los mensajes de Sasha, quien le explicaba que al preguntar si existían antecedentes de vida sexual activa en Yuri había recibido un tremendo golpe en la mandíbula de parte de JJ. Por suerte el muchacho parecía haberse tranquilizado después de aquello, pero aun así lo había dejado fuera de la oficina por razones obvias. Irene pregunto si sospechaba de ETS o inmunodeficiencia que no hubiese resultado en los análisis que ella había solicitado, y el otro reconoció q su pregunta había tenido un trasfondo más secreto que había sido claramente respondido. Ella termino por despedirse arguyendo cansancio. Aunque en realidad estaba molesta con él, pues había reconocido el trasfondo de su pregunta y sintió cierto secreto placer al saber que lo habían puesto en su lugar.
Volvió a reproducir el video de las presentaciones de Yuri Plisetsky, la música de su programa corto era preciosa y relajante, tanto que sin darse cuenta se quedó dormida.
Soñó que caminaba por un huerto de naranjos en flor, era cálido, agradable y muy luminoso avanzaba parsimoniosamente descalza, la tierra estaba tibia y no le causaba ninguna incomodidad, a lo lejos una esbelta figura parecía acercarse a ella dándole la espalda al sol, pero Irene no pudo distinguir de quien se trataba, lucia familiar pero no podía distinguir sus facciones, -¿Quién eres?- pregunto, pero su voz no salió de su garganta, intento correr, pero no avanzo, así que decidió esperar sentada en las raíces de uno de los árboles, aspiró su aroma y se sorprendió de notar gran similitud con su perfume habitual. Aquella figura se notaba cada vez más cercana, pero por más que la miraba era incapaz de distinguir sus facciones.
Irene se despertó sobresaltada mirando la pantalla del móvil que reproducía el Theme of King J.J. - Junto con su interpretación ganadora en una competencia Rusa. Se masajeo las sienes un vano intento por desperezarse. Le gustaba aquella canción, era muy agradable, positiva, la descargo sin pensárselo demasiado y comprobó que ya había pasado el periodo de encierro, se levantó, tomo una ducha lenta y se vistió con ropa cómoda, tenía demasiada hambre, y no le quedaba más remedio que cocinar, por suerte para ella, aunque no tenía mucha comida en su nevera, pues por lo regular no comía en su casa, encontró verduras y pescado congelado que metió aliñado al horno estando segura de que le resultaría suficiente, y aunque no le quedaba vino, encontró la mitad de un refresco de frambuesa que tendría que bastarle en aquel momento. Se lo sirvió todo en su mejor vajilla a fin de pretender que comía algo de mejor calidad, aunque tras el primer bocado comprobó que tal actitud no hubiese sido necesaria, tal vez era el hambre pero todo le resultaba delicioso. Miro su agenda, y comprobó que a su padre, el famoso pianista, ya se le habían pasado 3 visitas, acostumbraban reunirse cada 6 meses, y aunque a ella prefería no suplicar por su compañía, termino llamándole para ponerlo al tanto de su situación, después de todo, era su padre.
-Padre, necesitare el resto de los trajes de grafeno, si tienes las versiones definitivas y no solo prototipos sería mucho mejor, pero aun los prototipos me resultarían una ayuda invaluable.-por pura precaución llevaba en su maleta los dos chalecos q no le quedaban, uno era demasiado ajustado y el otro demasiado grande.-Te los enviare enseguida.- le respondió con preocupación después de todo se trataba de su única hija.-al hospital, por favor.- le pidió Irene.-Por supuesto.-le aseguro-los recibirás ahí mañana, Irene hija usa el auto.-le pidió, y aunque por lo general la castaña se limitaba a utilizarlo solo con lluvias o nevadas, tuvo que prometerle a su padre que se lo llevaría, después de todo, era un obsequio de su parte y estaba convenientemente blindado.-Si padre, me lo llevare.- tras vestirse con su uniforme salió por la puerta trasera, pues esta conectaba con la cochera, guardo la maleta y la mochila en la cajuela del vehículo y salió de su casa tras cerrar con llave. Llegaría demasiado temprano, al menos media hora, pero necesitaba instalarse en su habitación dentro del hospital y quería darle tiempo suficiente a Sasha para sus indicaciones, estaba consiente de q su meticulosidad podía resultar demasiado exasperante para la mayoría.
Y en realidad así era, Alexander Ivanovich era conocido no solo por ser una celebridad en el campo de la neumología, sino por su carácter estricto y estrafalario, fácilmente irritable, por eso cuando el cuerpo de enfermería se enteró de que la doctora extranjera Irene Asad se haría cargo completamente de aquel delicado paciente, se sintieron aliviadas. Independientemente de su desagrado hacia la joven mujer.
Cuando Yakov miro el semblante adolorido de Lilia, se sintió destrozado, aunque aún permanecían los efectos de la medicación y ella no había vuelto a abrir sus ojos claros, se notaba que sus sueños eran perturbados por alguna visión que le laceraba tanto o incluso más que las mismas lesiones, el hombre hubiera deseado despertarle de aquella pesadilla; más sabía que era imposible, la indicación médica era que Lilia descansara al menos un día más, cuando le pasarían a quirófano para un aseo apropiado bajo anestesia y los primeros parches coloides que acelerarían su recuperación.
Continuará…
No se si haya alguna persona que aun sienta interes en esta historia, si lo hay se solicita de la manera mas atenta que se Manifieste.
