En el capítulo anterior...

-¿Que sucede? ¿Acaso esa historia que te conté te resulta algo familiar? -le guiña un ojo.
-¡Necesito ir al baño! -expresó totalmente fuera de si y salió corriendo hacia el baño.
-Te lo dije muchacha, nunca mezcles tu jugo con ciruelas. -Gritó el anciano sonriendo sabiendo de antemano por qué Helga había reaccionado asi.


¡Cielos Santo! ¿Qué le sucede a este viejo? -se preguntó Helga una vez en el baño- Primero me invita a su casa de la nada, luego comienza a contarme una extraña historia y me compara con Arnold. ¡Todo esto es una locura! Cruel destino ¿Qué intentas hacer conmigo? ¿Acaso es ésto una señal? -Se mira en el espejo- De acuerdo Helga, tranquila. Vamos, tú puedes. Ahora saldrás de esta habitación y te irás a sentar con ellos como si nada hubiera pasado ¿Has entendido? -se decía a su reflejo.

Sale de allí y se acerca a la mesa otra vez. La cena se estaba por servir. Helga se ofreció ayudar a Gertie a poner la mesa. Poco a poco los huéspedes fueron sentándose en sus lugares para cenar. El alboroto era el mismo de siempre, Oskar y Suzie no paraban de discutir, Ernie hablaba de sus demoliciones y el Sr. Hyunh le respondía que no sabía hablar más que de eso para desatar otra discusión. Pese al alboroto, la diversión siempre estaba presente lo cual agradaba a Helga puesto que las cenas en su casa son terriblemente aburridas, según ella. Al principio sólo se limitó a escuchar pero no tardó mucho en acotar algunos bocados para ser partícipe de las 'discusiones' sólo para divertirse aún más. Phil se sentía muy a gusto viendola a Helga sentirse bien, como había sospechado desde un principio, la presencia de la jóven hacían al ambiente mucho más confortable y le agradaba ver que Helga no tuvo muchos incovenientes para sentirse a gusto. La cena terminó entre risas y disparates pero también con una inesperada tormenta. Helga se preocupó un poco ¿Cómo volvería a su hogar? Se encontraba viendo las gotas de agua caer despiadadamente y con fuerza por la ventana hasta que el abuelo se acercó a ella.

-¿Qué ocurre mujer pequeña?
-Nada, me preocupa el hecho de cómo voy a hacer para volver a casa con esta tormenta. Es algo absurdo tomarse un taxi por tan sólo unas calles ¿No cree?
-Bueno, quizás te parezca algo disparatado pero, puedo ofrecerte una habitación para que pases la noche hoy...
-¿Acaso se volvió loco? Bob me mataría si me quedo en deuda con usted...
-Tranquila muchacha -rió- Yo invito, porque me agradas y por haber aceptado a venir a cenar con estos viejos locos, te puedes quedar una noche y nadie pagará nada.
-Pero... -Helga pensó un poco, pues se sentía algo incómoda- ¿Seguro que no habrá problemas?
-Claro que no, es más podemos llamar a tu casa para dar aviso a tus padres para que no se preocupen tanto.
-Si, claro, como si lo hicieran -rodó los ojos.
-Bueno -la miró medio extrañado- ¿Qué me dices?
-Yo... -miró la cara de Phil, parecía muy honesto y muy amable, Helga sabe que es asi, pero aún asi estaba en la casa donde vivía Arnold- De acuerdo, avisaré a casa.
-Bien, allí tienes el teléfono. -Se lo señala- Cuando termines de avisar solo dime asi te enseño tu habitación.
-Abuelo... -le responde la rubia.
-¿Si? -se voltea a ella.
-Gracias -le contestó con una amplia sonrisa. Pese a toda su confusión ella se sentía muy bien allí.

Helga tomó el teléfono y avisó que con la tormenta no volvería a casa. Colgó y fue en busca de Phil para que le enseñe su habitación. El anciano le enseñó la habitación que hacia un tiempo atrás había usado Gerald aquella vez que se mudó cuando apenas eran unos niños.

-Que descortés eres con Eleanor -gritó Pookie parada en la puerta- Esta no es una habitación para una señorita.
-Ah si ¿Y qué propones? -Phil se cruza de brazos.
-Dale la habitación del niño.
-Mmmph -reflexionó- Si, quizás tengas algo de razón. Acompáñame Helga por favor.
-Un momento ¿De que niño están hablando? -preguntó Helga algo nerviosa mientras lo comenzó a seguir.
-La de Arnold, mujer pequeña. -respondió jalando de la cuerda para que baje la escalera del ático.
-¡¿La... la... habitación de Arnold?!
-Si, muchacha ¿Por qué no? ¿Ocurre algo malo? Pese a que ya no esté aquí aún esta bien cuidada...
-Pero...
-Podrás ver las gotas de lluvia caer contra el techo -le sonrie.
-Bueno, yo... -¡Maldición Helga! es sólo una habitación, no importa que sea SU habitación- Pensaba para si.
-Oh, vamos muchachita, te encantará. -la toma del brazo y practicamente la arrastra con él.

Ingresaron. Helga no podía creer que volvía a estar allí luego de tantos años. Todo se conservaba igual, los muebles estaban cubiertos con un nylon para evitar el polvo. Phil destapa la cama de Arnold mientras la abuela se acercaba con unas sabanas y se preparaba a hacerle la cama. Las piernas de Helga comenzaron a temblar. Aún se veían algunas pertenencias del jóven, como su alarma entre otros objetos.

-Disculpa por esto, si sabiamos de antemano que te quedabas lo hubieramos preparado antes.
-No se preocupe -dijo una temblorosa Helga.
-Muy bien muchacha, mañana te traeré el desayuno antes de ir a la escuela ¿De acuerdo?
-Ahora pónte cómoda y descansa Eleanor -Agregó Pookie- ¡Mañana debemos ir a conquistar otro territorio! -y se retira de la habitación dando saltos y gritos.
-Dulces sueños, mujer pequeña -se despide por fin el abuelo y se retira.

Helga se quedó allí parada por unos instantes. El sonido de las gotas cayendo sobre el techo vidrioso de la habitación era la única melodia que la acompañaba. Lentamente comenzó a moverse y, luego de pensarlo unos segundos, con apenas algo de temor se sentó en la cama. En su cama, donde alguna vez Arnold había dormido allí. Dió un largo suspiro y miró al piso sintiendose nerviosa mientras se quitaba su moño rosa, hasta que tuvo una idea, una grandiosa idea. La mejor idea que se le puede haber ocurrido. Se levantó de la cama y fue corriendo hacia el clóset de Arnold. Cuidadosamente abrio la puerta de éste encendió una luz y se encontró con algunas pertenencias que el cabeza de balón había dejado allí. No lo dudó ni un instante, se puso a revisar algunas cajas que contenían cosas, revisó minusciosamente una a una para recordarlo, o no con las que desconocía, pero de todas maneras las revisaba igual. Su sed de curiosidad era mas fuerte que ella hasta que se topó con algo que le llegó a lo más profundo del alma: un zapato de mujer rojo.

-¡Por todos los cielos! -exclamó en voz baja- Esto es de... esto de es de cuando fuimos al Chez París. ¡Esto es de 'Cecile'! Es decir, esto es mio -carcajeó feliz- intentó probarselo pero obviamente ya no le entraba más, su talle de calzado había crecido tanto como ella. Se emocionó mucho al verlo allí, pero luego se desilusionó bastante cuando se puso a pensar en otras cosas. -Sin embargo... esa era Cecile, no era yo. Es decir, Arnold me preguntó quien era y ¡No tuve agallas para decirle quien era yo! ¡Maldita seas, cobarde Helga! -sus ojos se llenaron de lágrimas- De todas maneras ni siquiera se lo llevó, lo dejó abandonado aquí entre sus otras cosas, como también me abandonaste a mi -Se hecha a llorar. Guarda las cosas sin ganas y sale del clóset para volver a la cama. Se sentó y llevó sus manos al rostro para continuar llorando. Lo que no se había dado cuenta es que, tras escuchar el llanto, Phil ingresó a la habitación para ver que ocurría. Al verla llorando tan desconsoladamente, cerró la puerta y se acercó a ella para ponerle una mano en el hombro y decirle:

-Yo también lo extraño mucho, Helga.
-¿Qué? -Helga levanta la vista y se seca rápidamente las lágrimas- ¿De qué me está hablando? -dijo tratando de eludirlo.
-Vamos muchacha, ya sabes a quien me refiero. Basta de disimular. Para nosotros también ha sido muy duro -se sienta a su lado- Cuando Arnold se fue, también se fue toda nuestra alegría, pero ¿Sabes que? Hoy pude volver a sentirla teniendote aquí -le sonrie.
-¿Como sabía? -pregunta Helga.
-¿Eh? ¿De que hablas?
-¿Cómo sabía que estaba llorando por Arnold?
-¡Vamos muchacha! -ríe pícaramente- ¿Cuantas veces te he visto cerca de aquí? ¿Cuanto tiempo pasabas saltando la soga frente a nuestro hogar? ¿Por qué siempre lo molestabas? ¿Por qué lo perseguías? ¿Realmente crees que no se como se abre un relicario? -El último comentario la sorprendió desprevenidamente.
-Se refiere a mi...
-Si, querida, tu relicario. Claro que lo abrí sin que Arnold se diera cuenta y lo leí. Siempre lo supe todo -rió.
-¡Cielos! ¿Y por qué nunca le dijo nada a su nieto?
-Estuve mucho tiempo esperando ese gran día, el día en que Arnold venga a pedirme consejos para cuando te le confieses, pero nunca la recibí, asi que supongo que nunca se lo dijiste. -Helga derrama algunas lágrimas.
-Una vez -sollozó- una vez lo intenté...
-¿De veras?
-Si, cuando sucedió lo de industrias futuro. Yo ayudé a Arnold a salir de aquel gran edificio. Pero él me descubrió, le dije todo lo que sentía por él, pero luego me retracté.
-¿Y qué suecedió después? -preguntó el abuelo intrigado.
-Luego de eso nuestra reación cambió, bien ya no lo molestaba tanto como antes pero cada vez que lo hacía el no se enojaba, sino que se divertía. Y cuando las cosas empezaron a marchar geniales pasó todo lo que usted ya sabe, la selva, sus padres, los ojos verdes y bueno todo eso.
-Cielos. -se quedaron en silencio por unos segundos- ¿Sabes Helga? Aún eres apenas una jovencita, no sabes lo que la vida pueda depararte.
-Lo sé, pero eso no quita que lo extrañe.
-Ven aquí pequeña -Phil la abraza, Helga lloraba en sus brazos. Jamás había tenido esa contención de un adulto que la consuele cuando más lo necesitaba. Eso la hizo sentir muy bien. Finalmente se corre de él lo mira a los ojos y le agradece con una sonrisa.
-Gracias, de veras, emm, abuelo. Gracias también por cuidar mi mayor secreto.
-Por nada mujer pequeña -le sonrió- Ahora ve a descansar que es tarde ya. Buenas noches. -se retira de la habitación.

Helga se quita su calzado y su pantalón, y se deja solo la remera para dormir. Se acuesta hasta que observa una biblioteca. Y se lo ocurre otra idea. Se levantó de la cama rápidamente y se acercó hasta la misma y comenzó a buscar libro por libro, pero no hallaba lo que quería. Fue al clóset nuevamente, revisó un par de cajones, incluso en todos los rincones posibles de la habitación transformacional. No lo halló.

-Un momento, si no está aquí significa que... ¡Significa que lo lleva consigo! -saltó de alegría- ¡Arnold tiene el libro rosa con él! ¡Y esa si es Helga, aunque no lo sepa, es Helga! ¡Es lo que yo misma, con mis propios puños escribí y él se lo llevó con él a la selva! -abraza la almohada y se tira a la cama- ¡Oh, Arnold! Significa entonces que valió la pena haber puesto todo mi amor en esa tinta que te dedican las mejores frases de mi corazón, mi mayor confesión, mi anhelado deseo de amarte con toda mi pasión y hacerte la persona más feliz del mundo. -Se sorprendió- ¡Un momento! Hace tiempo que no puedo escribir nada, hace tiempo que no tenía frases para volcar en mi tinta. ¿Te das cuenta mi amor todo lo que causas en mi ser? Mi gran inspiración, mi única bendición. Gracias Arnold -finalizó y se acostó a descansar abrazando la almohada muy feliz como hacía tanto tiempo que no lo estaba.


Hey Arnold! No me pertenece, sino a Craig Bartlett y Nickelodeon.

Hola gente bonita! ¿Como han estado?
No se pueden quejar, ahora que estoy libre estoy subiendo capitulo tras otro!
Este capítulo me gustó mucho. Se marca el cariño incondicional que tienen los abuelos de Arnold en cuanto a Helga y ella está muy necesitada de cariño, aunque al principio le resulte extraño. Es muy tierno :3
Gracias inmensas a los seguidores, a los que leen sin seguir y especiales a los que me dan aliento constante.
Gracias a Lola y a MarHelga por darme fuerzas para continuar :)
Espero que les haya gustado tanto como yo disrute al escribirlo. En estos días estaré subiendo el otro capítulo :) aprovechen que estoy subiendo seguido! jaja!

Buenas vibras para todos :)