Disclaimer: Saint Seiya NO ME PERTENECE. Le pertenece al maestro Masami Kurumada

¡Gracias Kurumada por esta obra de arte! ¡Saint Seiya!


Deshonra.

''Es tu destino. Eres el único que puede cumplir con esto. Es tu responsabilidad''

Sus dedos pálidos tocaron aquel brazalete de plata. Era tan hermoso, tan perfecto, tan tenebroso. El brazalete estaba hecho a su medida, incluso el diseño parecía concordar con su personalidad. La imagen de un perro devorando a una serpiente estaba estampada en el brazalete. Las perlas negras rodeaban los bordes y los diminutos diamantes lo hacían ver elegante. Ludvig estaba encantado con aquella belleza, pero no podía olvidar la verdadera razón por la cual poseía aquella joya.

-¿Te gusta?- susurro una mujer.- No olvides para que la tienes. No debes olvidar el verdadero propósito de todo esto.

-No lo olvidare.

-Muy bien. Recuerda que debes llevarlo con orgullo.

Una a una, las velas fueron encendidas. La sala se lleno de un olor a Lycoris. Los pétalos negros estaban cuidadosamente colocados en unos jarrones, posiblemente servirían para la purificación. El suelo estaba adornado con un dibujo de un perro gigantesco.

-Quítate la tunica.-Ordeno una voz.

La tunica cayó al suelo lentamente. Los cabellos de Ludvig cubrieron la espalda desnuda de este. Se arrodillo ante la imagen del perro, acababa de tomar un paso importante que marcaría su vida por siempre. El agua tibia recorrió su cuerpo, los pétalos negros dejaban su olor dulce en el cuerpo de Ludvig y finalmente el dolor invadió su cuerpo. La sangre caía al suelo, gota a gota. La imagen del perro se iba llenando de vida conforme la sangre de Ludvig cubría los delgados trazos que lo formaban. Pronto la sangre se mezclo con la pintura negra y el dibujo desapareció.

Las heridas de Ludvig se cerraron, la sangre dejo de salir y la ceremonia había terminado. La tunica fue desechada y reemplazada por unos ropajes más elegantes. El brazalete fue colocado en la muñeca de Ludvig. La joya brillo intensamente y se pego a su piel. Una corriente eléctrica recorrió el cuerpo del muchacho, sus ojos adquirieron otro brillo, sus cabellos rubios se ondularon y su esencia cambio.

Ludvig ya no era un humano normal. Ludvig acaba de continuar con el deseo de su padre.

Ludvig cobraría venganza.

0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o

Los días en la casa de Aries se habían vuelto aburridos. La situación de Kiki había empeorado en los últimos días, su cuerpo ya no resistía. Estuvo a punto de desplomarse frente a su maestro, pero la suerte estuvo de su lado. Para empeorar las cosas parecía que Shaka estaba sospechando de Kiki, lo cual, obviamente, lo hacia odiar al santo de Virgo.

Pero nada se comparaba a aquella vez que Shion decidió visitar a Mu. La mirada de Shion hacia Kiki había cambiado, parecía compadecerlo. El aprendiz se había sentido muy incomodo con la presencia del patriarca en la casa de Aries, Shion lo noto y le dedico unas palabras que quedaron gravas en la mente de Kiki:

''Realmente no encuentro motivos para que te comportes así. Se muy bien que no es solo mi presencia lo que te hace sentir incomodo, no puedes negarme que ocultas algo. Yo siempre trate de mantenerme en el bien, que la confusión no nuble tu mente. Sabes muy bien que es el mal y el bien, no tomes la decisión equivocada. ''

El bien, la inocencia. Kiki ya no era un chico inocente, ya no estaba en el camino del bien. La inocencia la perdió desde el momento que su boca toco la sangre de sus victimas. Definitivamente ya no era inocente…

En los últimos días una luz se asomo a la vida de Kiki. Quizás la solución a sus problemas se encontraría en un sacrificio humano. Aunque era una salida rápida, la forma no era la correcta. Sacrificar a un humano era un acto malvado, peor aun si el humano era un niño inocente.

''Un muerto no hará la diferencia, es la única solución. Debemos hacerlo. ''

Las palabras de Kiki habían sorprendido a sus amigos. No estaba pensando en las consecuencias, estaba tomando un camino egoísta. Pero para Kiki era la única solución, estaba desesperado. El sacrificio no se llevo acabo, Rhein logro hacer recapacitar a Kiki y como todas las noches el aprendiz perdía la conciencia y salía a matar.

Shikaro había logrado encontrar a Kiki al costado del lago. Era realmente triste ver a su amigo cubierto de sangre y lastimado. Las heridas del cuerpo de Kiki eran muy graves, pero increíblemente desaparecían. A Shikaro le parecía que su amigo se estaba debilitando poco a poco. Suponía que las heridas eran producto de los intentos de sus victimas por defenderse, eran heridas muy profundas. Sin embargo, si las heridas desaparecían ¿Cómo era posible que Kiki debilitara si supuestamente ya no estaba herido? ¿Acaso era ese el precio que tenía que pagar para conservar su poder?

-Se dará cuenta. No tengo fuerzas ni siquiera para entrenar.-le dijo Kiki a Shikaro. Estaba los dos sentados en una esquina de la habitación, en la casa de Aries.

-Me parece extraño.

-No he descansado en toda la noche. ¿Crees aun que esto es extraño?- Kiki hizo una pausa.-No veo nada raro en esto.

-Por favor Kiki, si tuvieras sueño no estarías conversando conmigo. Sabes bien que esto no es por un simple problema de sueño.

La sala quedo en silencio. Quizás las sospechas de Shikaro no eran tan locas. Muy en el fondo Kiki también lo sospechaba, pero no quería admitirlo.

- Creo que Shaka lo sospecha. Siento que me observa y me espía.- dijo Kiki un poco preocupado.

- Puede que intente ayudarte. No se si habrás dado cuenta, pero él y tu maestro están vigilándote todo el tiempo. Además era de esperarse que sospecharan, después de lo que escuchaste…

-Ellos lo sabían, lo sabían y no hicieron nada.-dijo Kiki con amargura.

-No digas eso. Ellos están preocupados, tú mismo lo escuchaste.-Shikaro suspiro.-Creo que fue por eso que tu maestro te dejo al cuidado de Shaka.

-No quiero hablar de eso.

-Esta bien. Te resulta incomodo, lo entiendo. Solo digo que no deberías culpar a otras personas de tus problemas. Y no quiero que te tomes a mal esto lo que te digo.

-Supongo que tienes un poco de razón…-Kiki giro la vista hacia el estante de libros. A Kiki le preocupaba el hecho de no poder deshacerse del libro. Cada vez que intentaba desaparecer el libro, por algún motivo desconocido, volvía a sus manos. Comenzaba a sentir miedo.

-Sabes, Ludvig anda muy extraño. No me preocuparía si no fuera porque ya no tengo motivos para pelear con él. Llevaba un brazalete extraño, ya casi no sale de su cabaña y sospecho que su maestro tiene algo que ver.

-No me interesa lo que haga Ludvig. Es una persona despreciable para mí.

- ¡Oh, vamos! No me dirás que no te interesa lo que Ludvig haga. Me encantaría verlo sufrir, aun quesea una vez.

Kiki sonrío, como no la había hecho en las últimas semanas. Suspiro y miro a Shikaro, luego dijo:

-Debo huir Shikaro. Es la única solución. No quiero huir sin decirle a nadie el motivo por el que me voy, aunque creo que ya lo sabes. Quizás vuelva algún día, quizás no. Mi situación empeorara y entonces yo seré un peligro para el santuario, no quiero causar más problemas.

-¿Es eso lo que quieres? No debes huir, tienes un futuro aquí. Tantos años entrenando… no te mereces esto. No te lo mereces…

0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o

Nhiuty estaba un poco enfadada con él. Karsten no había seguido con los tratamientos que la chica le recomendó y esto provoco que ella no le hablara, por un buen tiempo y la situación parecía no acabar. Se encontraba cerca del lago, mirando el horizonte. Era muy aburrido no tener compañía. No se atrevía a entrar en la casa de Piscis ya que su maestro se estaba comportando un ''poco'' extraño, no solo con él sino con el santo de Cáncer.

Sintió la mano de alguien tocándole el hombro. Giro su cabeza hacia el individuo llevándose una gran sorpresa. ¿Realmente era él?

-¡Shun!- Karsten se abalanzo sobre el caballero de Andrómeda. Para Karsten, Shun era su hermano mayor. El santo de bronce lo había entrenado los primeros años en el santuario. Había una relación fuerte entre ellos dos. Cuando Karsten tenía problemas siempre recurría a Shun, muy pocas veces pedía consejo a su maestro.

Pasaron horas conversando al pie del lago. Shun estaba en el santuario por un llamado expreso de Athena, al parecer había problemas. Además, Seiya estaba ansioso por ver a Athena, o Saori como la llamaba. A Shun le parecía gracioso ver los intentos de su amigo por sacar a Saori del santuario sin que Shion o algún dorado se enterara o los encontrara. Además de eso Shun había llegado para ver a June, después de mucho tiempo.

La conversación se alargo hasta llegar al punto más incomodo para Karsten:

-¿Y como te va con tu maestro?- Shun miraba a Karsten directamente a los ojos. El aprendiz de Piscis no dijo nada por unos segundos. Se detuvo a pensar primero que todo lo que le estaba ocultando a su maestro, su comportamiento y las formas en que, algunas veces, demostraba que no le tenía confianza.

-Bien. Cada vez me llevo mejor…con él.-Como se dijo antes, a Karsten no le gustaba mentir, pero debido a su situación mentía para ocultar sus problemas. Shun sonrío y dijo:

-Es un alivio saber que al menos ya te acostumbraste a todo esto. Pensé que tú y Afrodita no se llevarían muy bien.- Karsten ahogo algo parecido a una queja.

Shun continuo hablando sobre como lo había pasado en la mansión Kido. Karsten se mostraba interesado en la conversación, pero su mente estaba en otro lugar. Por un momento sintió la necesidad de resolver sus inquietudes con Shun, pero suponía que eran cosas de su edad y que con él tiempo pasarían, nada grave como para contárselo a Shun. Aunque tenía una duda:

-Shun… tú… tú también tuviste miedo al utilizar tus poderes ¿Verdad?- Shun lo miro con un poco de curiosidad. El no tenía miedo, ni tuvo, de utilizar sus poderes. Era sólo que no le gustaba pelear, para Shun eso es muy diferente a tener miedo. ¿Por qué Karsten le hacía esa pregunta?

-No se a que viene tu pregunta Karsten. Sería más fácil si me explicaras.-La voz de Shun era amable, pero parecía que sus ojos examinaban a Karsten, lo cual provoco que el aprendiz de estremeciera.

-Perdón, dije una tontería. Olvídalo.

-Te ves preocupado. Tú tienes miedo ¿Verdad?-Karsten se distrajo jugando con las piedras, tratando de cambiar el rumbo del tema. Shun tomo una piedra y la tiro al lago. Era muy difícil tratar con un niño como Karsten.- Si no quieres decirme no lo digas. Pero déjame decirte que no debes tener miedo. Eres un chico muy amable y bondadoso Karsten, se que no te gusta hacerle daño a nadie, pero no por eso debes tener miedo a tus poderes. Cuando la situación lo amerite debes pelear.

-Pero…Shun, yo no sirvo para esto. A veces pienso que debí de quedarme en aquel lugar y seguir mi simple vida sin responsabilidades. Debí quedarme con mi aburrida, pero simple, vida.

''Debí seguir pintando las paredes y trabajar para los adultos. ''

0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o

¿Por qué había nieve? ¿Por qué su lugar favorito estaba cubierto de hielo? ¡Debía de ser una broma! Era realmente molesto saber que tu lugar favorito estaba siendo invadido por las travesuras de unos ''niños'' sin infancia que solo servían para molestar y hacer bromas pesadas.

-Muy bien, que alguien me diga que pasa aquí.-gruñó.

-¿Eh? ¡Rasmus!- El chico de cabello rubio se emociono ante la presencia del aprendiz de Cáncer, tanto así que congelo el suelo y las flores.- ¡Oye Minato, mira quien viene a visitarnos!

-¡Rasmus!- La chica jugaba con la nieve que estaba amontonada en un lado.- Hace mucho que no nos vemos.

-Que lindo. Ahora… quiero que me expliquen que hacen aquí ¡En mi territorio!

-Tranquilo. Es que no teníamos nada que hacer y decidimos esperarte.- dijo Sigthus.- Minato tiene una duda existencial. ¿Nos puedes ayudar?

'' ¿Duda…existencial?'' Rasmus era un chico inteligente, pero no sabía de esa clase de… temas. De seguro estaban buscando la repuesta de cómo vienen los niños al mundo, algo raro porque a la edad de los dos aprendices ya debían de saber de ''esa clase'' de temas.

-Miren. Yo no se sobre eso, pregúntenle a sus maestros o a otra persona mayor.- Esa era la mejor salida.

-¡Pero tú debes saber!- se quejo la chica.- Eres un chico inteligente.

-Seguro que Eskol lo sabe…

-Pero queremos tu respuesta.-Interrumpió Sigthus.

-¡Pregunten a Yioru o a Shain! ¡¿Por qué yo?- se quejo Rasmus.

-Porque tú sabes de mitología.- dijeron los dos aprendices al mismo tiempo.

-¿Mitologías? ¿Qué tiene que ver eso aquí?

-Pues tiene que ver con las raíces ancestrales de Minato.- habló Sigthus.

-¿No me hablan de lo ''otro''?

-¿A que te refieres?...-Sigthus no dijo nada por unos segundos y luego emitió un sonido como si ya hubiera entendido el tema.- No, no. Eso de cómo venimos al mundo ya lo sabemos. Te explicare…

'' Como sabes, Minato puede cambiar su apariencia. Mejor dicho, el color de su cabello y ojos. Eso resulta raro, no cualquier humano, o mortal, puede hacer eso. Minato solo sabe que su bisabuela tuvo…eh… una noche de diversión con un ser mitológico. Solo sabe que ese ser mitológico se llama ''Efipaltes''. Tú sabes sobre esto… ¡Ayúdanos!''

La cara de Rasmus mostraba indignación. Ese muchacho acaba de decir una blasfemia:

-Es ''Efialtes'', no ''Efipaltes''.-Rasmus suspiro y luego sacó un pedazo de papel de su bolsillo.- Tiene suerte que acabara de repasar el libro de seres mitológicos.

- ¿Nos ayudaras?- preguntó Minato.

-Es obvio. Efialtes es un espíritu de las pesadillas que toma forma de mujer, o de hombre, según sea el caso, para atormentar a un individuo… en sus sueños, valga la redundancia.

- Entonces, ¿Cómo es que mi bisabuela…?

-No lo se. Todo esto esta muy enredado, no puedo decirte si se implemento una clase de brujería, pero parece que te ha pasado un poco de sus poderes de transformación.

-¿Puedo convertirme en hombre?-preguntó Minato un poco desconcertada.

-No lo se. Pero al menos puedes cambiar el color de tu cabello y ojos. Al menos es algo bueno…

-¿Y si te digo que mi bisabuela fue una elfa?

-¡Deja de bromear! ¡No se porque ere así de rara! ¡Y ahora quiero que dejen mi territorio como estaba!

0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o

Pasear por el santuario se había vuelto la única manera de divertirse, al menos para Kiki y sus amigos. El mapa de Shikaro los hacia recorrer los pasadizos más angostos que hayan visto en sus cortas vidas, y como era de esperarse aparecían en lugares insólitos. En una ocasión aparecieron en los baños termales del patriarca, por suerte Shion estaba ausente. Así fue como los cuatro aprendices exploraron al santuario en casi toda su totalidad.

Ese día estaban especialmente aburridos, así que decidieron ir al lugar donde los demás aprendices entrenaban. Era una linda tarde, parecía ser un buen día, sin complicaciones. Nada le advertía a Kiki lo que iba a pasar.

Todo estaba tranquilo, hasta que el aprendiz de cabellos negros se acerco a su eterno enemigo. Ludvig, con una sonrisa altanera y con los ojos llenos de desprecio, se presento ante Kiki. Los dos se miraron con repugnancia. El odio era mutuo, ahora más que nunca se odiaban con toda el alma. Alcander y Nekhbet estaba ahí también. Lo peor estaba por venir.

-¿Qué haces aquí sucio perro?- lo reto Kiki.

-Cuida tus palabras, lemurianito.- La voz de Ludvig sonaba tranquila. Fue una reacción espontánea, Kiki se puso de pie y trato de golpear a Ludvig, pero una fuerza invisible hizo que cayera al suelo y su cuerpo se paralizara.- Que agresivo…

-¡Déjalo idiota!- gruño Shikaro.

-Tranquilízate Shikaro, no escuches a este idiota.-dijo Rhein. Nekhbet amenazo a Rhein con un cuchillo, ella se estremeció y Rinsing reacciono empujando a Rhein.

-¡Cálmate! No hagas ninguna estupidez Nekhbet.- gruño Ludvig. Muchos aprendices se acercaban a la escena de los hechos. Ludvig se acerco a Kiki y le dedico una mueca de desprecio. Ludvig no lo pensó dos veces y golpeó a Kiki. Lo golpeó con todas sus fuerzas, con todo el odio que un ser humano podía guardar. La sonrisa de Ludvig se iba agrandando a cada golpe, estaba disfrutando la situación.

A Kiki nada le dolía tanto como la humillación. Él, uno de los aprendices más destacados del santuario, futuro santo de oro, ultimo descendiente de la raza de Lemuria, humillado por un simple aprendiz sin pena ni gloria. Todo el mundo lo estaba observando y no podía hacer nada. Su orgullo estaba por los suelos.

-¿Quién lo diría? Tirado en el suelo como un perro. Los papeles se invierten ¿no? Me das lastima.-Se burlo Ludvig.- ¡Mírate, lemurianito! ¡No mereces llevar la armadura de Aries! ¡¿Acaso no puedes pelear con un ''simple'' aprendiz como yo? ¡Quiero que todo el mundo me escuche! ¡Quiero que todos sepan lo inútil que es el aprendiz de Aries! ¡Tan inútil que ni siquiera puede soportar los golpes de un aprendiz a santo plateado! Que gran honor, ahora eres conocido como el más idiota de todo el santuario.- Todos los espectadores rieron.

-¡Déjalo en paz!- Rhein trato de golpear a Ludvig pero Nekhbet la tomo del cuello y la tumbo al piso, lo mismo hizo son Rinsing y amenazo a las dos chicas con unas navajas. Shikaro no pudo hacer ya que se encontraba forcejeando con Alcander.

-Ja. Tan mediocre que necesitas a que una chica te defienda.- Otra vez comenzaron a burlarse de Kiki, quien ni siquiera podía protestar. Ludvig se arrodillo y le susurro a Kiki:

-Te daré una oportunidad. Tú y yo nos encontraremos mañana en el bosque y pelearemos. Tómalo como un reto de parte mía. Si tú ganas me encargare de reivindicarte, pero si pierdes todo el mundo lo sabrá. Lo mismo ocurrirá si faltas.- Ludvig le beso la mejilla en un gesto de provocación. Luego hizo una seña a sus amigos y se retiraron.

Kiki ya no estaba paralizado y sin pensarlo dos veces salio del lugar corriendo, sin mirar atrás.

0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o

Era un poco tarde. Mu estaba esperando a su alumno, tenía que conversar seriamente con él. Parecía que cada día la relación entre él y su alumno empeoraba. Kiki estaba aislado de todo y de todos, ya casi no lo veía, sólo en los entrenamientos. Las conversaciones eran escasas, quizás su alumno solo saludaba por cortesía. Sentía que Kiki ya no era el mismo, como si sufriera una metamorfosis. También notó ciertos cambios en la apariencia del aprendiz, le preocupaba enormemente la apariencia enfermiza de Kiki. Estaba muy pálido, lo único que resaltaba era su cabello rojizo que últimamente iba siendo invadido por ciertos mechones negros. Esos ojos claros que antes estaban llenos de bondad y picardía, ahora estaban oscureciendo y transmitían frialdad. La situación era preocupante.

Entonces Kiki llego, furioso. No saludo, no dijo nada. Se dirigió a su habitación sin mirar atrás, al parecer ni siquiera se había percatado de la presencia de su maestro.

-¡Mierda!-gruño furioso. Golpeo todo objeto que encontraba. Empezó a tirar los libros por doquier, sin importar que estos se dañaran o se maltrataran. La furia lo estaba nublando, su corazón estaba apunto de estallar de rabia. Su habitación estaba hecha un desorden, objetos rotos, los libros desparramados por todas partes y Kiki llorando en una esquina. Sus lágrimas eran de rabia, de frustración. Maldijo a todos, a Ludvig, a los aprendices, al santuario, incluso a él.

Enterró sus uñas en su piel, tratando de calmar su furia con dolor. De pronto unos brazos lo rodearon, dando le consuelo, amor, afecto, algo que hace mucho no había recibido. Con un poco de miedo levanto la vista para encontrar con los ojos serenos de su maestro. La sonrisa del caballero de Aries le hizo sentir en confianza, podía desahogar sus penas, todo lo que había sufrido y que se lo había callado. Era un alivio. Por unos minutos no dijeron nada, solo lágrimas y caricias que consolaban el alma herida del aprendiz.

-¿Qué paso?-preguntó Mu cuando Kiki estuvo más calmado. El chico bajo la cabeza, evitando la mirada de su maestro y dijo:

-No… no quiero hablar de eso.- Claramente esta muy herido como para hablar. Pronto la sangre comenzó a manchar su camisa blanca. Nunca antes había sido tan golpeado como lo acaban de golpear. Su rostro aun seguía marcado por los golpes de Ludvig, por suerte no daño sus facciones.

-Estas herido. ¿Qué es que acabas de hacer?

-Ahora no, por favor…-Mu pudo notar que unas lágrimas recorrían las mejillas pálidas de Kiki. La sangre siguió su camino y unas gotas resbalaron por la mano del aprendiz. El santo de Aries decidió que era mejor curar a su alumno y luego, cuando estuviera en condición, le preguntaría.

-Dolerá un poco.-dijo Mu con una sonrisa. Kiki extendió el brazo para que Mu curara las heridas y raspones provocados por los golpes de Ludvig, que aunque hayan parecido débiles, en verdad, dolían mucho. Limpio la sangre con un pañuelo mojado y luego limpio las heridas con un líquido desinfectante. Kiki no pudo evitar gemir por dolor que provocaba ese líquido, en respuesta a eso Mu le volvió a sonreír.

Kiki se cambio la camisa ensangrentada y junto a su maestro ordenaron la habitación. Era ya de noche, con una luna hermosa y brillante. A Kiki le pareció que esa noche era exactamente igual a la noche en la cual la pesadilla había comenzado. Pero esa noche no sucedió nada, esa noche descanso tranquilo. Una lágrima y un perdón hacia su maestro y nada más. Su cuerpo descanso después de mucho tiempo y se preparaba para el reto que tendría que afrontar al siguiente día.

Mu paso su mano por los cabellos del aprendiz y lo dejo solo en la habitación, deseando que pronto Kiki volviera a tener ese brillo en los ojos y esa sonrisa encantadora.


Por fin, nunca sentí tanta ira por no poder terminar de escribir XP.