¿Qué había sido aquel extraño sueño?

Akashi no lo entendía muy bien. Parecía un sueño pero también un recuerdo, tal vez era una mezcla de ambos. Se había asustado de algún modo.

No sabía cuántos años tenía, pero habrá calculado uno años en aquel instante, su hermano mayor jugaba con él al básquet, aprovechando los escasos momentos de tiempo que tenía para este. Porque el mayor amaba a Seijūrō desde que lo vio de bebé y el mismo se lo dijo una vez.

Todo parecía normal, hasta cierto momento en que se cayó y se raspo la rodilla, su hermano mayor se acercó a él, pero algo de su mirada no era normal, era como si hubiera un vacío en aquella mirada que desconoció.

—Seijūrō… ¿Es delicioso el dolor?

— ¿Cómo?

Lo miro y tenía una extraña sonrisa, una sonrisa que era una mueca grotesca. Además parecía más una sombra que realmente lo que era su hermano.

—El dolor puede hacer que "él" se tranquilice.

— ¿Quién?

De pronto su hermano desapareció y el escenario cambio pues la persona que tenía delante de él era su madre y no estaban en el patio, sino en el dormitorio de su madre que tenía una decoración algo barroca.

—Aquel que te pide hacer cosas malas. No dejes que se apodere de tu mente Seijūrō.

Dicho esto ella le agarro el brazo izquierdo y tomo un cuchillo que tenía guardado, bien disimulado para hacerle un corte a su hijo y no un corte pequeño, sino un corte bastante profundo que lo hizo sangrar bastante.

Por su parte con el dolor y el ardor que experimentaba, sentía una sensación parecida a cuando te entra demasiada agua en la nariz, además el olor primitivo y metálico de la sangre le daban ganas de vomitar.

—Esto duele mucho.

—Tiene que doler, si no duele no sirve. Pues tendrás que ser fuerte para que no te domine Seijūrō.

— ¿Fuerte?

—La persona que aprecias será lastimada.

Abrió mucho los ojos mirando a su madre pero en ese instante fue cuando todo empezó a desmoronarse, como si se derritiese. Justo ahí escucho aquel grito de Furihata en el baño y corrió a socorrerlo al instante.

Furihata estaba en el suelo con una expresión de terror en su rostro que era indescifrable. No sabía que podría haberle causado algo similar pero instintivamente lo abrazó y acaricio su cabello de manera suave.

Por su parte el que había estado en el suelo se aferró al joven cuando salió del shock que había sido ver a esa figura de su sueño en el espejo ¿Y si había venido sonámbulo aún al baño? ¿Y si todo no era más que la sugestión de su imaginación? Solo enterró su cabeza en el pecho bien formado de Akashi queriendo no pensar más en eso.

Estuvieron más de media hora abrazados hasta que se fueron a acostar, Seijūrō no le hizo preguntas y Furi en silencio agradeció eso, aunque también hubiese querido que le preguntase, era mejor las cosas así tal y como estaban

No quería preocupar más a su novio de momento, a quien abrazó toda la noche sin poder dormir tranquilo. Tal vez por un tiempo evitaría mirarse en algún espejo, pues recordaría aquel trauma y no ha sido solo una, sino dos veces en que la visión del espejo le ha hecho ver cosas que no deberían estar allí.


—No quisiera irme.

—Yo…tampoco quisiera que te fueras Sei, pero tampoco quiero que tengas problemas con tu padre.

—Siempre tengo problemas con él aunque quiera evitarlo. El me odia y solo soy un muñeco que quiere manejar a su antojo, solo que pronto llegare a la mayoría de edad y cuando eso pase lo enfrentare como es debido.

—Me parece bien que tomes esa decisión, a veces temo que tomaras alguna decisión drástica. Aunque sea tortuoso debes esperar e independizarte de él. Yo seguiré estando a tu lado cuando eso pase…al menos eso espero.

Fue besado en las manos.

—Kōki, te has convertido en mi luz, sin ti me habría derrumbado hace mucho, créeme siempre trato de conservarme en calma, pero últimamente estaba llegando a mi limite, Tetsuya me dio una razón para sobrevivir, pero tú me diste la razón para querer vivir esta existencia y disfrutarla.

—Sei….

—Te protegeré Kōki. Te lo prometo, no dejaría que un hombre tan asqueroso como mi padre llegue a hacerte daño.

—Tengamos...—Hizo una leve pausa pensando en lo que iba a decir cambiando luego las palabras. —Seamos positivos, puede que todo se resuelva o mejore de un periodo a otro. Me gustaría que tu padre entendiera que tú también eres una persona y sientes como tal.

Akashi lo volvió a abrazar de una manera muy cariñosa pegando su cuerpo al ajeno haciendo que el castaño se estremeciera al sentirlo tan cercano, pero le gusta, el perfume de Akashi, su tacto. Furihata es feliz con solo estar así, correspondió sobando la espalda ajena con el mismo cariño.

—El no comprende eso realmente. Pero no te preocupes, de algún modo lograré que todo salga bien.

—No te dejes controlar por lo que te diga, sigue siendo tú mismo Sei…

—Lo haré Kōki.

Acercaron sus bocas lentamente para darse un beso suave que apenas fue un roce de labios.

—Me gusta estar contigo ¿Sabes? Lo pasé bien ayer…espero lo repitamos pronto.

—Pensé que no te había gustado mucho, ambos somos primerizos.

—La verdad fue raro y me duele el trasero un poco, pero me ha gustado. Deberíamos repetirlo antes de que te vayas…

— ¿Seguro estarás bien si lo repetimos? ¿Y tus padres?

—No llegan hasta la tarde, aunque me preocupas más tú.

Akashi se rio un poco, porque su pareja lo tentaba pero al mismo tiempo le recordaba que no debería estar allí.

—Hagámoslo una vez más. —Entro de nuevo a la casa con Furihata e hicieron el amor una vez más.


Aunque las consecuencias de ello las tuvo que pagar más tarde con su padre, quien lo azoto especialmente duro, marcando su piel hasta que las heridas más llegaron a romper su piel. Pero Akashi a pesar del maltrato pensar en Furihata hacia que su vida fuese más pasable, incluso en ese momento donde tenía un pie de quien le había dado su vida en la cara, prácticamente tratándolo como si fuera mierda en su suela, vociferando prácticamente que por siempre tendría que seguir sus órdenes.

—Eres un Akashi maldita basura, no puedes irte a cualquier parte que se te antoje como si no tuvieras casa ¿A dónde te habías metido? ¿Y si alguien importante viene a la casa y no estás? ¿Qué excusa les daré?

"Eso no te importa cuando me estas lastimando, siempre haces pretextos estúpidos cuando ni siquiera me puedo parar por tus golpes para atender a nadie o me dejas encerrado en esa maldita habitación" Tuvo ganas de responder Seijūrō pero solo se dejó hacer, era prácticamente un muñeco de trapo en ese momento.

— ¿¡Me escuchas maldita escoria?! ¿O acaso quieres que les haga daño a tus queridos amigos?

Lo miro de reojo con bastante enojo, pero no con el suficiente al parecer de Masaomi porque trato de aumentar el daño con golpes si es que las palabras no fueran suficientes.

Para el mayor su peón debía ser amaestrado, seguir todas sus órdenes, incluso corrompería el cuerpo del mismo Seijūrō para demostrarle quien manda, pero le daba una especie de extraño asco, no quería que se le pegara la locura que tenía este.

Lo que le irritaba de sobremanera a Masaomi en ese momento era el hecho de que su saco de golpes pareciera no estar ahí y con ello el tampoco, era como si sus palabras no existieran, como si sus órdenes no fueran lo suficientemente fuertes para infundir miedo, como si los golpes no fueran lo suficiente para mostrar su agresividad y autoridad sobre el joven. Tenía que imponerse, tenía que demostrar quién era Masaomi Akashi porque si no su maldito bastardo se sublevaría y no permitiría que ni siquiera la idea de aquello rondara la cabeza ajena

Jalando de los cabellos a Seijūrō quien ya estaba algo más inconsciente que consiente en ese momento, lo arrastro de nuevo a ese sótano que ambos odiaban.

Él también lo odiaba desde hace mucho, aunque ahora todavía más desde esa extraña pesadilla que tuvo el día anterior, ese lugar se había vuelto especialmente desagradable para él. Como si adentro de ese cuarto hubieran miles de monstruos sacados de una novela de Lovecraft esperándolo desde hace mucho tiempo y que se avanzarían contra el cuándo abriese hasta arrancarle todas las partes de su cuerpo, dándose un macabro festín con sus vísceras.

A cada paso que daba para llegar, sus pies parecían convertirse como de plomo, hasta que el peso había sido demasiado y se detuvo frente a la puerta como incapaz de repente de agarrar la llave de su pantalón y abrir. Las manos le sudaban, así como su frente, como si hubiese corrido un largo trayecto. Ni siquiera noto que soltó a su bulto humano que hizo un sonido sordo al caer. Solo miraba la puerta casi solemnemente, olvidando por un instante de porque estaba ahí parado ¿Qué le pasaba? ¿Acaso tenía miedo? Tonterías, un Akashi no debe temer a cosas que ni siquiera existen. NO EXISTEN.

Metió su mano al bolsillo decidido y saco la llave metiéndola en la cerradura abriendo la puerta y arrojando ahí a su hijo e iba a entrar para hacer más, cuando creyó, no más bien estuvo seguro de ver una mirada de ojos penetrantes y brillantes que conocía bastante bien mirándole con un odio profundo, lo cual le hizo cerrar la puerta rápidamente y ponerle seguro como si fuera un niño asustado huyendo del coco.

Recupero la compostura rápidamente, estaba mal actuar como si no tuviera la edad de saber que es real. La razón de que actuaba así seguramente era porque se le estaba pegando la estupidez de Seijūrō, la misma demencia pegada que tenía esa estúpida de Shiori, eso estaba mal, muy mal. Tal vez era hora de buscar una nueva pareja para engendrar un nuevo hijo y deshacerse de la escoria.


Seijūrō no quería abrir los ojos, sabía dónde estaba y por eso mismo era una razón para quedarse en el piso intentando recuperarse de las lesiones dejadas por su padre. Quería intentar relajarse para no pensar en aquel hombre, sin embargo su cuerpo se tensaba de manera instintiva como si oliera que ese lugar no era para nada seguro para él.

De pronto sintió un extraño frio junto a él como si fuera una ¿brisa? Era muy extraño puesto que esa habitación no tenía ventanas ¿De dónde podría provenir el aire? Abrió los ojos de pronto y otra mirada idéntica a la suya le miraba de vuelta ¿Era su otro yo? ¿O era…?

—Él ira por Furihata, quiere devorar a ese chico. —Los cabellos eran algo más claros ¿Acaso era su hermano?

Se reprimió un grito en ese instante, puesto que su hermano parecía serio. Aunque tal vez estaba perdiendo la razón y por fin estaba empezando a tener alucinaciones, de todos modos sus palabras le hicieron entrar en alerta.

— ¿Te refieres a Masaomi?

El chico asintió, levantándose para indicarle a Seijūrō sin palabras que intentara salir de ese cuarto, pero al abrir la puerta estaba cerrada.

—Por ahí no, debes salir por la ventana.

—Aquí no hay ventanas…

—Hay una pero esta tapada que ni por dentro ni por fuera se nota a simple vista. Tienes que salir antes que mi otro "yo" aparezca. Pensé que ya podía dominarlo al estar así pero… ¡No hay tiempo! ¡VETE!

Akashi trato de buscar esa ventana por el lado que se veía extrañamente empapelado que tal vez podía contener una salida cuando fue bruscamente tomado del cuello y empujado hacia abajo.

Era una persona que conocía, pero que no hubiese querido ver nunca más. Los ojos llenos de enfermiza locura mirándolo fijamente estando encima de él, con la lengua colgando casi como una corbata, era el mismo quien años atrás le había mirado con ganas de comerlo.

Voy a terminar lo que empecé…


Furihata se dirigió después de las clases a hablar con Kuroko quien estaba bastante distante de todos últimamente como ido. Habían conseguido un jugador nuevo en la posición que jugaba Kagami pero no era lo mismo, no había la misma conexión que había conseguido con el pelirrojo.

—Kuroko ¿Por qué no has ido a ver a Sei- digo a Akashi-san? —Le daba pena admitir delante de su amigo que tenía una relación homosexual cuando siempre se había considerado hetera.

—Puedes ir tú a verlo, seguro que lo haces más feliz que yo. Yo la verdad no quiero ver a nadie, no puedo atender a nadie si ni siquiera puedo estar bien yo.

—Kuroko…Escucha, sé que extrañas a Kagami, pero ¿No le prometiste que volverían a verse? ¡Tienes que animarte!

Los ojos azules del fantasma de Seirin se posaron levemente en el número doce y luego negó.

—Tú no puedes entender como me siento, tú a pesar de que la persona que tienes está lejos, lo puedes visitar cada fin de semana si tienes el dinero o si se te antoja. Estoy seguro que Akashi-kun te dio un pase libre para viajar cuando él te lo pida para estar a su lado. —Apretó los labios y Furihata gruño un poco, pues era verdad—Yo extraño sentir la piel de la persona que quiero, no pensé que eso fuera tan necesario sino hasta ahora que no lo tengo, pensé que podría ser fuerte…pero esta relación a distancia me duele.

—Al menos no tienes que convivir con el miedo de que su padre se entere. Sabes bien que seguramente un hombre tan como él, no creo que acepte nuestra relación. O el pensar que la persona que quieres está sufriendo mientras tú no puedes hacer nada más que aconsejarle. —Apretó los puños furioso—Quisiera poder salvarlo de aquel hombre.

—Se nota que en verdad lo amas.

—¡Cállate!—Se puso algo nervioso con la afirmación de Kuroko no porque no fuera verdad, sino porque aún era algo tímido al admitirlo.

— ¿A quien ama Furi?—Apareció Fukuda detrás de ellos sobresaltando al castaño como un gato al ver un pepino ¿Acaso había escuchado todo?— ¿Es chico o una chica? Cuenten no sean egoístas.

—Ummm ¿Debería decirlo o no? —Kuroko poniendo una fingida apariencia pensativa, mientras Furi negaba insistentemente— Es que es algo muy íntimo para nuestro amigo.

—Seguramente es una Kohai, ya que a Furi no le gusta esconder su gusto por las chicas…— Hizo una ligera pausa para luego abrir desmesuradamente los ojos— ¡¿No me digas que es un chico?! Vaya no sabía que le ibas a los dos lados.

—Pues la verdad ni yo lo sabía…

— ¿De qué hablan?—Kawahara se unió luego a la conversación curioso.

—De que a Furihata ahora le gusta el 42.

— ¿El 42? ¿Qué es eso Fukuda? —Pregunto Furi con las cejas levantadas presintiendo algo no bueno.

—Pues es obvio, tú en cuatro y tu novio en dos.

—¡AAAAHHhhh! ¡Voy a golpearte Fukuda!

— ¿Furi está saliendo con un chico? ¿En serio? ¿Y no te duele cuando te la mete? ¿O eres tu quien se la mete?

— ¿¡Por qué haces ese tipo de preguntas!?

—Soy curioso. Furi, te lo digo como amigo, —Le pone una mano en el hombro— No dejes que te la metan porque después te acostumbras a ser pasivo y es difícil volver a activo.

— ¿Y tú como sabes esas cosas Kawahara?

—Solo lo sé.

— ¡A Kawahara también le gusta el 42!

— ¡No es verdad! ¡A mí me gusta una chica! Aunque una vez bese a un chico y no estuvo tan mal…

— ¡Eres gay también!—Exclamo Fukuda.

—Bisexual…se dice bisexual.

—Yo digo que Furi nos tiene que presentar a su novio. Como sus mejores amigos debemos comprobar si la mercancía es de "calidad"

—No puedo. No ahora, digamos que ummmm no sabría explicarlo bien, tal vez en unos años se los diga.

— ¡Buuuuu! —Corearon a la vez Kawahara y Fukuda.

—Lo que pasa es que la familia del novio de Furihata-kun es cristiana y muy conservadora. —Comento Kuroko salvándole el pellejo a Kōki—No sería bueno que se enterasen de la relación que tiene con Furi sino los separarían.

—OOOOoooh, eso debe ser difícil, pero animo Furi. Pero alguna vez lo conoceremos ¿No?

—Sí, algún día que pueda claro.

Furihata iba distraído conversando con sus amigos, solo Kuroko notó que había alguien siguiéndolos sigilosamente. Lo cual le pareció preocupante pues al parecer esa persona estaba centrada en Kōki,