Gracias a todos por vuestros comentarios y os dejo con el siguiente capítulo, espero que os guste.

CAPITULO X— EL ENFRENTAMIENTO

Cogí la mano al capitán para desaparecernos y aparecer en una nave abandonada, sucia y muy silenciosa. El capitán con el arma cargada y preparada y yo con mi varita en la mano, avanzamos con cuidado. Estábamos no muy lejos de una de las puertas que daba a la calle, comprobamos cuantas salidas se veían, cuantas ventanas, lugares donde pudieran esconderse y emboscarnos. Estaba completamente vacía, no había cajas ni objetos que pudieran ser utilizados para resguardarse si fuera necesario, sería una lucha al descubierto.

Los había notado, habían aparecido en la calle fuera de la nave. Percibía nueve auras, una de ellas muy poderosa, sabia quien era, hoy nos veríamos las caras, pero no era la última batalla, debía eliminar primero a su serpiente Nagini, el último horcrux.

— Está aquí, puedo sentirlo — le susurré al capitán — él ya debe haberme notado también. Voy a ponerlo bajo la misma protección que la otra vez. No se asuste si intentan romperla, no podrán. Si la cúpula desapareciera, corra hacia la salida no intente enfrentarlos, pueden parar las balas de un arma, es inútil dispararles, ni se preocupe por mí, si no hay cúpula es que estaré muerto — expliqué creando la cúpula en una esquina con todas las protecciones que conocía.

Tenso, pero seguro de mí, empecé a avanzar lentamente hacia el centro de la nave. Todavía estaban fuera, puse un potente protego en mi persona y seguí avanzando. Sujetaba la varita fuertemente en mi mano, había dejado mi arma muggle con el capitán, solo llevaba el cuchillo que me regaló la patrulla de Hugo. Hasta que al fin oí el ruido de la aparición a mí alrededor, sabían dónde me encontraba y aparecieron rodeándome.

— Harry Potter, eres difícil de encontrar — dijo apareciendo frente a mi Lord Voldemort.

— No sabía que deseabas verme, me hubieras avisado.

— Has cambiado mucho desde nuestro último encuentro, has crecido, casi eres un hombre…, y un héroe, parece ser que vayas donde vayas te gusta salir en la prensa por salvar vidas inútiles.

— No puedo decir lo mismo de ti, sigues siendo igual de feo, deberías hacer algún tratamiento de belleza.

— Crucio

Logré esquivar la maldición tirándome al suelo y rodando sobre mí mismo, lancé varios desmayus y aparecí cúpulas de cristal desde el suelo para tres de los atontados mortifagos que me rodeaban antes de levantarme. Quedaban cinco, menos uno que le había dado la maldición de Voldemort al apartarme y que yo cubrí con otra cúpula de cristal para que no se escapara.

Los mortifagos que quedaban, enfadados, empezaron a lanzarme maldiciones de todo tipo. Eran cuatro varitas, podía con ellos si Voldemort no se incluía. De momento se había quedado mirando cómo me atacaban.

Pude neutralizar a otro pero los tres que quedaban eran buenos, uno era Malfoy, otro Bellatrix y el otro Snape. Estaba bastante herido pero las ganas que les tenía a esos tres me renovaron las fuerzas.

De reojo iba vigilando a Voldemort que no se moviera, y entonces la vi, los milagros existían, de la cintura de Voldemort estaba apareciendo la cabeza de la serpiente que debía matar para acabar con este peligroso juego, la traía alrededor de su cuerpo bajo la capa.

— ¿Es que vas a dejar que estos tres payasos hagan el trabajo por ti? — Bufé incitándolo a que luchara conmigo, debía conseguir acercarme para darle a Nagini — ¿No te crees suficientemente preparado para acabar conmigo en persona?, ¿o es que tienes miedo?

— Estúpido engreído, dejadlo, yo me ocupo, ¿crees que puedes medirte conmigo?

Los tres mortifagos, con rabia por no poder acabar el trabajo, se apartaron dejándonos frente a frente. La cosa no era muy equitativa, yo estaba herido y un poco cansado y el está fresco como una rosa y eso no podía ser, así que empecé a enviarle maldiciones sin parar, con la varita y con la mano, cada vez le eran más difíciles de parar y con alguna ya lo había herido.

Al fin tuve la oportunidad, la serpiente al ver el peligro se deslizo de su cuerpo hacia el suelo para esconderse, pero un potente avada kedabra lanzado con mi mano derecha la dejó fulminada en el suelo, saliéndole un humo verde de la boca. El último Horcrux había muerto.

— Ahora estamos en las mismas condiciones — le dije sonriendo viendo la serpiente.

— Pero ¿Cómo? — se quedó asombrado al ver que conocía su secreto de los Horcrux.

— Larga historia amigo Tom, nuestro combate ahora es a muerte.

La rabia que desataron mis palabras la pagué con mi propia sangre, las maldiciones que me lanzaba eran más terribles y difíciles de evitar, varias maldiciones asesinas volaron a mi alrededor, yo era ágil y lograba esquivar muchas de sus maldiciones, moviéndome, lanzándome al suelo o con protegos, seguía luchando con todo el arsenal de conocimientos que tenia y no me dejaba intimidar.

Los dos estábamos heridos y los mortífagos no podían creerse que todavía estuviera luchando contra su Lord y siguiera vivo. Hasta que pude alcanzarlo con una maldición antigua, traspasé todas sus protecciones y le convertí media parte de su cuerpo en piedra, sabía que podría deshacer los efectos pero tardaría unas horas en ello. Envié un avada Kedabra para terminar con él pero Bellatrix se interpuso y le salvó de la muerte sacrificándose ella misma. Malfoy y Snape se pusieron delante para protegerlo, no me esperaba esa reacción y dudé unos segundos, estaba muy herido y sangraba pero la adrenalina todavía corría por mi cuerpo, dándome energía así que volví a levantar mi varita para lanzar un nuevo Avada Kedavra.

— RETIRADA — gritó enfurecido al ver mi movimiento y desaparecieron.

El rayo verde atravesó el vacío, habían desaparecido justo a tiempo y se habían llevado a todos los mortifagos que había encerrado en urnas de cristal, sólo quedaba el cuerpo sin vida de Bellatrix.

Me tiré de rodillas al suelo de rabia por no haberlo conseguido por tan poco.

— COBARDE, ERES UN COBARDE, VUELVE — le grité a la nada y salió un grito desgarrador de impotencia de mi garganta, pegando con mis puños el sucio suelo. Me dejé caer con los ojos cerrados.

No sé cuánto tiempo estuve allí tirado en el suelo sin moverme, sangrando, hasta que oí que me llamaban y volví a la realidad, levanté la cabeza.

— Harry sácame de aquí que pueda ayudarte — me decía el capitán.

Levanté la mano para deshacer la cúpula de cristal y volví a dejarme caer al suelo.

— No te muevas mucho, estás muy herido, dime qué puedo hacer — decía nervioso.

— Sólo unos minutos más, que pueda regenerar mi magia y me curaré, sólo unos minutos más — murmuré.

Se sentó en el suelo a mi lado, cogió mi cabeza y se la puso en su regazo, acariciándome el pelo como haría un padre con su hijo herido, y limpiándome la sangre que tenía en mi cara, me gustó esa sensación de protección y preocupación que me enviaba.

Pude recuperar suficiente fuerzas para llamar a mi magia que me ayudara a regenerar mi cuerpo de todas mis heridas. Poco a poco se fueron cerrando, todas menos una en el muslo, que seguía sangrando.

— No la puedo cerrar — le dije al ver su cara interrogándome — no se con que maldición me la han hecho, pero no puedo cerrarla — era una larga herida que iba desde mi cadera hasta la rodilla por el exterior del muslo.

— ¿Tenéis hospitales para estas cosas?

— Si hay un hospital aquí en Londres, pero no podré llegar, no tengo suficiente energía para desaparecerme y hace rato que estoy intentando contactar con Remus y no me responde, no sé si nos han dejado aquí encerrados.

— ¿Pero las puertas están abiertas?

— Encerrados con magia.

— Intentemos salir, igual han pensado en todo menos en salir andando normal.

— Podemos intentarlo.

Me agarró el brazo pasándolo por encima de sus hombros y sujetando mi mano por el otro lado y me ayudo a levantarme, nos dirigimos a la puerta el capitán pudo salir, pero yo choqué contra un muro invisible

— ¿Qué sucede Harry?

— Me ha dejado encerrado, por eso han marchado todos, sin dejar a nadie para vigilarme, sabía que no podía escaparme de aquí, necesito a Remus o Kingsley, tienen que estar aquí afuera ¿puede buscarlos?

El capitán se marchó por la puerta y volví a intentar pasar y era como si hubiera un cristal, yo no podía salir, eso es lo que estuvieron haciendo mientras estaban en el exterior de la nave. Me senté en el suelo, me dolía mucho la pierna, sabía que debían atenderme en San Mungo o empeoraría.

El Capitán regresó con una poción regeneradora de sangre, otra contra el dolor y un ungüento para la herida.

— Están aquí fuera pero les sucede lo mismo que a ti a la inversa, no pueden entrar, están intentando con toda la magia que conocen para poder llegar hasta aquí.

Me bebí las dos pociones y me abrí los pantalones con el cuchillo para llegar bien a la herida y le puse el ungüento por encima, vendándolo todo con un pañuelo que había agrandado.

— Señor cuando vuelvan tiene que marcharse inmediatamente e ir con Remus y Kingsley, ellos podrán protegerle, si se queda aquí va a ser su muerte, yo no tengo suficiente fuerza para volver a crear la urna de cristal y estarán un poco enfadados.

— No voy a dejarte.

— Por favor señor, no puede hacer nada más que morir a mi lado y eso debemos evitarlo, prométamelo, cuando aparezcan saldrá de aquí — le pedí desesperado, no quería otro muerto en mi consciencia.

— De acuerdo te lo prometo, pero mientras voy a quedarme contigo.

— Creo que la herida de la pierna está trayendo más consecuencias que una simple herida, estoy cada vez más cansado.

— Has perdido mucha sangre, es normal.

— No, no es normal, he estado muchas veces herido, este cansancio no es normal, es como si me estuvieran drenando las fuerzas y no….

Pero ya no pude decir nada mas, caí inconsciente.

El Capitán me dejó en el suelo con su chaqueta bajo mi cabeza haciendo de cojín y fue a hablar con Remus.

— Ha caído inconsciente, me ha dicho que se estaba cansando, que sentía como si le drenasen las fuerzas y no ha podido acabar la frase, ¿Qué puedo hacer?

— ¿Se ha bebido las pociones?

— Si las dos y se ha metido aquello que apestaba tanto encima de la herida y la ha tapado, ahora ya no sangra.

— No sé qué maldición le debe haber echado para que esté tan cansado — dijo Remus — Harry es fuerte y no se apaga tan fácil.

— Tengo que volver, ¿Qué hago para ayudarlo?

— Intentemos sacarlo ahora que está inconsciente igual engañamos a la barrera.

El capitán entró y me cogió en brazos pero me desperté.

— Voy a intentar sacarte otra vez.

— No podrá señor, dígale a Remus que el campo de magia que nos rodea se está alimentando de mi magia, que no lo ataquen más, que por eso me estoy debilitando.

Me volvió a dejar en el suelo al no conseguir pasar y volvió a salir para explicarles lo que le había dicho.

— Mierda — maldijo Remus — no podemos sacarlo y no sabemos cuánto tiempo nos queda para que vuelvan.

— ¿Sabe que maldición le lanzó Harry para que se retirada? — le pregunto Kingsley

— No, sé le quedó medio cuerpo como si fuera una estatua, de color piedra, fue espectacular.

— Si es la maldición que creo va a tardar un rato en deshacer los efectos, debemos sacar a Harry de allí rápido, antes que se organicen — intervino Remus.

El capitán volvió a entrar, estaba de los nervios, impotente de no poder hacer nada y ver a Harry en ese estado tirado en el suelo sin fuerza, un chico tan dinámico y con tanta vida.

— ¿Has notado alguna mejoría desde que no están atacando las barreras?

— Algo sí, señor vamos a intentar algo desesperado.

— No sé si quiero oírlo.

— Es peligroso, pero si me quedo aquí en estas condiciones voy a morir igualmente, voy a convertirme en mi animago, soy un halcón, espero que en esta forma pueda engañar a la barrera que Voldemort dejó, pero estoy muy débil y no sé si podré volver a transformarme.

— ¿Qué sucederá si no puedes volver a tu forma?

— No se preocupe mi magia volverá a mí y me recuperaré, volviéndome a transformar, solo sáqueme rápido por la puerta, no creo que pueda volar.

Cerré mis ojos y desee convertirme en mi animago, y lo conseguí pero me sentía muy débil, ni siquiera podía abril las alas, noté como me levantaban del suelo en brazos y perdí la consciencia.

Cuando empecé a notar otra vez el mundo consciente, estaba encima de una cama, todavía estaba en mi forma de animago pero me sentía más fuerte y abrí mis alas e intente convertirme otra vez en mi forma humana, consiguiéndolo. Una sonrisa se dibujo en mi cara pero volvía a estar débil y unas manos me ayudaron a colocarme bien en esa cama.

— Harry, no intentes moverte todavía, te voy a dar una poción solo bébetela y vuelve a dormir, ¿de acuerdo?

Y moví un poco la cabeza a esa voz que se me hacia conocida, me trague el liquido y volví a dormir.

Cuando volví a despertarme me sentía mejor y abrí los ojos.

— Buenos días dormilón — me saludó Remus acariciándome el pelo.

— Días, ¿agua?

— Claro, toma, despacito, no bebas mucho deja lugar a la poción.

Después de beber un poco de agua, me dio otra poción.

— ¿Mejor?

— Si creo, ¿Cuánto tiempo he dormido?

— Seis horas. Fue inconsciente convertirte en tu animago, estando tan débil, sabes que podías haber perdido la vida.

— Era la única solución, si me atrapaban allí dentro en ese estado tú sabes que hubiera muerto después de haberlo pasado muy mal, conseguí matar a Nagini.

— Eres fabuloso Harry, el capitán nos lo ha contado entusiasmado, está muy orgulloso de ti y yo también, nos ha explicado cada maldición que lanzabas de qué color era y como te movías para evitar la de los otros.

Sonreí, imaginando al capitán contando el duelo.

— Ahora las cosas van a cambiar, será más prudente.

En ese momento entraba el capitán por la puerta acompañado de Poppy.

— ¿Cómo está mi paciente preferido?

— ¿Poppy?, encantado de verla, aunque sea en estas circunstancias.

— Eres único metiéndote en líos Harry — y me echó una batería de hechizos de control — Parece que recuperas bien, tu magia vuelve a sentirse fuerte y vigorosa, la herida de la pierna al final está cicatrizando, lo mío me costó sacar la maldición que la mantenida abierta.

— Gracias Poppy — y me giré al capitán — Gracias señor, le debo la vida.

— No seas tonto Harry, poco hice, pero estás a mi cargo, debo velar por ti y no quiero perderte, eres uno de mis mejores hombres, fue extraordinario verte en ese combate y cuando te convertiste en ese precioso halcón, no puedo describirlo en palabras, ¿tienes algún secreto más de este tipo que no me hayas contado?

— No creo señor, a veces se me olvida todo lo que puedo hacer.

— Pero no sabes las últimas noticias — dijo Remus enigmático.

— Pero me las vas a contar — le contesté riendo.

— Para que nadie se diera cuenta de que faltas en el cuartel, adivina quien está con multijugos y la gripe en la enfermería del cuartel — siguió Remus.

— ¿No?

— Sí

— Ja ja ja

— ¿Como sabes quién es? — se quedó intrigado el capitán.

— Ja ja ja

— Bueno al menos se ha reído un rato.

— Ja ja ja, — y luego callé de golpe — pero tiene mi cuerpo y . . . es una chica.

Y ahora eran todos los demás que reían de mi cara.

— A mi no me hace gracia, que pasa cuando vaya al baño.

— Creo Harry, que lo primero que hizo Hermione fue ir a verse a un espejo y comprobar lo que nunca le has enseñado y cuanto has mejorado en este último año — se burló Remus.

— Eso no se vale, podíais haber enviado a Ron ¿no?

— Si eso y que la cagara sólo de abrir la boca — me regañó Remus — No conoce nada del mundo muggle, quieres pasar cinco minutos de vergüenza ante Hermione o quieres quedar mal y como un tonto en el cuartel.

— ¿Por qué me tiene que pasar esto a mi? — dije escondiéndome bajo la almohada

— Anda, que no lo está haciendo tan mal, está todo el día durmiendo con mucha fiebre la pobre — explicó el capitán — ahora descansa para recuperarte pronto para que puedas volver y recuperar tu cuerpo, eso de ver a dos iguales me desquicia un poco.

— Que vergüenza

— Cuando haces eso, me recuerdas que sólo eres un adolescente — dijo el capitán — y no el arrogante soldado que hace su papel cada día para salvar el mundo.

— Yo no soy un adolescente, tengo casi dieciocho años.

— Si si, anda descansa, le diré a Ron que has despertado estaba preocupado — dijo Remus

Cuando entró Ron, lo primero que le recriminé es como le habían dejado a Hermione coger mi cuerpo, que vería todo y que me daba vergüenza y Ron se rió de mí porque me dijo que Hermione le había dicho lo mismo y que le tuvo que explicar cómo se usaba eso para ir al baño.

— Por Merlín, no podré mirarla a la cara en mucho tiempo.

Eso provocó que Ron volviera a reír.

— Porque me castigan de esta manera, tengo diecisiete años — y volví a taparme la cara pensando en Hermione, al final me dormí.

— Se durmió al fin — informó Ron, saliendo de la habitación — No le ha sentado muy bien lo de Hermione, creo que va a recuperarse muy pronto para que Hermione le devuelva el cuerpo— dijo Ron todavía riendo

— No entiendo porque tanto drama es vuestra amiga — dijo Ginny inocentemente

— Si Ginny y explícame que va ha hacer Hermione cuando tenga que ir al baño, o ducharse.

— ¡¡Pero qué suertuda que es Hermione!! Yo también quiero multijugos de Harry — dijo Ginny dándose cuenta de lo que realmente preocupaba a Harry.

Y todos rieron más todavía pensando en lo que opinaría Harry si la oyera.

A la mañana siguiente yo ya estaba de pie preparado para volver y sustituir a Hermione en la enfermería, como representaba que tuve mucha fiebre no sería de extrañar que estuviera un poco débil. Avisaron a Hermione que no se tomara más la poción que yo ya venía y cuando se acabó el efecto se escondió en el baño hasta que llegué.

— Hermione, gracias por todo — Agradecí sin mirarla a los ojos.

— Oh vamos Harry, ¿ahora te vas a avergonzar?, te puedo asegurar que no tienes de que avergonzarte, cuando te dije que estabas muy guapo y cambiado no era de coña y ahora puedo certificarlo — me dijo dándome un beso en la mejilla riendo — ha sido muy instructivo.

— Hermi déjalo ya.

— Vale, vale, te cuento lo que ha pasado, has estado con fiebre muy alta de treinta y nuevo a cuarenta, el médico ha certificado un virus, te ha atendido el doctor Passac, han venido tus amigos a visitarte pero como estabas con mucha fiebre no podías abrir los ojos y sólo dormías, la verdad que ha sido muy aburrido dormir tanto, sabes mucha gente ha preguntado por ti al doctor, pasaban te daban unas palabras de aliento y se iban, te quieren mucho, tenias razón en lo que dijiste que son agradables.

— Gracias — le dije ahora mirándola a los ojos, pero me sonrió de una manera que no me gusto nada — ¿Hermione?

— Vaya Harry, de verdad que ha sido una experiencia inolvidable, deberíamos haber hecho esto antes — ja ja ja ja ja

— Cómo se lo cuentes a Ginny te mato, te hecho la peor maldición que…. — y me quedé callado.

— ¿Harry?

— Están muy cerca, los puedo sentir, avisa a todo el mundo.

— ¿Quiénes?

— Voldemort y algunos mortífagos, corre desaparécete antes de que ponga barreras antidesaparicion, tengo el cuartel muy bien protegido no podrán pasar, corre vete.

Hermione se desapareció. Yo salí del baño me vestí y fui parado por el médico.

— Se puede saber dónde va tan deprisa soldado.

— Ya estoy bien señor.

— Soy yo quien decide eso

— Debo ver al capitán señor, es muy importante.

— Puede esperar un momento que lo revise y tómese el antibiótico, le recuerdo que ayer estaba con cuarenta de fiebre.

Al final me tomé la medicina y pude convencerle que ya estaba bien, que era un soldado del SAS y que no iba a dejarme vencer por un virus ni por un poco de fiebre y al final el doctor me dejó marchar. Fui corriendo al despacho del capitán esperando encontrarlo.

— Agatha preciosa ¿está dentro?

— No Harry, está reunido con el jefe, ¿Cómo te encuentras?, rumores decían que ayer estabas muy chungo.

— Ya ves que estoy en forma, ningún virus puede vencer al soldado Potter — dije riendo — sabes si tiene para mucho.

— Soldado Potter ¿se puede saber que hace fuera de la cama? — me dijo el capitán apareciendo de milagro por la puerta.

— Me presento, señor, ya estoy recuperado y en forma, podemos hablar señor.

— Claro soldado, pase al despacho.

Fue cerrar la puerta, puse un hechizo de silencio y me estresé.

— Están aquí, señor, los noto, muy cerca, justo detrás de mi barrera, van a masacrar a todos, no podemos permitirlo.

— Harry, relájate y vuelve a empezar por el principio ¿Quién está cerca?

— Voldemort señor, en persona, aquí, si saco la mano por la ventana igual lo toco.

— Bien no perdamos los nervios, se piensa mejor en frío, serénate.

Hice una par de respiraciones profundas.

— Se han marchado — murmuré extrañado.

— ¿Cómo?

— Se han marchado — dije más fuerte

— ¿Todos?

— Si, no hay un mago en todo el perímetro, es extraño.

Contacté con Remus telepáticamente, comentándole, que ya no había peligro, que se habían marchado todos, y que si iría con cuidado y que no pondría un pie fuera del cuartel.

— ¿Que ha dicho Remus?

— ¿Como sabe señor? — le dije asombrado.

— Por la manera que mueves los ojos, los mueves muy rápido.

— ¡Vaya!

— Eso es lo que intento enseñarte de la observación y ya que estamos, descríbeme cuando he llegado yo, cuantas personas habían en los despachos, que tenía en la mano Agatha y quien estaba en la fotocopiadora.

— Veamos hoy no tengo energía para correr, así que en la fotocopiadora estaba Ernest, Agatha tenía un bolígrafo en una mano de color azul y en la otra mano una carpeta color verde con el titulo de compras, en las mesas sentados estaban Bill y Sophia y de pie en la cafetera Johan, ah y usted estaba de pie a mi espalda con su agenda en la mano y la gorra en la otra.

— Y eso que estabas estresado, vas mejorando pero falta Jefferson.

— No no me lo he dejado estaba con los dos pies fuera de la oficina, técnicamente no estaba en el campo de observación.

— Bien eso si está bien.

— Anda vete a comer algo que si no te me desmayarás, te quiero aquí en el despacho a las 15:00 h y no salgas de la base.

Después de comer me quedaba una hora libre y fui al patio a ver a quien encontraba y Hugo me cogió al vuelo.

— La persona que estaba buscando, como sé que estás medio de baja y no puedes hacer esfuerzo y hasta las tres el capitán no te necesita, vente para acá y me das una mano.

— Claro, ¿qué hay que hacer? — y le seguí

— Necesito que ayudes a Smity con la teoría de las armas bacteriológicas, no hay quien le haga entender y dice que solo tú le sabes explicar para que lo entienda, el instructor está loco con él.

Los saludé a todos y me senté con Smity y le estuve explicando todo el proceso hasta que tuve que marcharme.

— Ya lo he entendido Harry, gracias, yo no sé cómo lo haces pero solo tú sabes explicármelo para que lo entienda.

— Te encontramos a faltar Harry — dijo Charly — ¿Cómo te va con el Capitán?

— Bien, es interesante, pero yo también os encuentro a faltar, espero que me dejen volver pronto, me voy que llego justo, hablaremos tranquilamente por la noche.

Me fui corriendo porque llegaba muy justo al despacho, algo cojo porque la carne de la pierna todavía me tiraba un poco.

— Si viene corriendo es que ya está en forma soldado — dijo sonriendo.

— Llegaba tarde señor.

— Tienes entrenamiento mágico, aparécenos en tu casa, te están esperando.

— Uff que miedo me dan — le dije cogiéndole del brazo y desapareciendo.

Pero no llegamos a mi casa.