10. Mesa para seis, por favor

Camus y Milo buscaban desesperadamente a Zeros y Shaina por todo Rodorio.

Preguntaron a todos los transeúntes, quienes rápidamente les indicaban el camino.
—Sólo seguid el camino de vómitos— declaró un joven que iba en bici—, he visto a varias personas devolviendo a su paso. Da mucho asco que esa chica esté enrollada con ese tío tan repugnante, la verdad.

—Como les entiendo— declaró el caballero de Escorpio, sintiendo su estómago revolverse de nuevo—. Sigamos entonces ese agradable rastro.

No bien se habían alejado mucho cuando se cruzaron con otro hombre, quien reconoció a los dos caballeros de oro.
—¡Eh!— gritó a ambos, saludando con la mano—. ¡Hola!

Los dorados frenaron la carrera súbitamente.
—¡Anda!— exclamó Milo, al reconocer al hombre con el que se había cruzado—. ¡Cuántos años sin verte!— dijo estrechándole la mano—. ¿Vuelves al Santuario?

—Sí— dijo el misterioso hombre, tras saludar a su vez al caballero de Acuario—, ya vuelvo para quedarme definitivamente. Recibí la carta hace un par de meses, pero quise seguir entrenando un poco más. Por cierto, me he cruzado antes con Shaina, pero no me ha reconocido…

—¿Has estado con ella?— preguntó el francés—. ¿Sabes por dónde ha ido?

El recién llegado se mesó la barbilla y señaló su espalda.
—Pues fue hace más de quince minutos, iba acompañada de una cosa deforme que dice ser su novio— explicó, componiendo una cara de asco—. No pensé que ella tuviera esos gustos…pero iban andando por una avenida que terminaba en una rotonda, que es de donde vengo.

Los dos caballeros de oro intercambiaron una mirada de asentimiento.

—Disculpa que tengamos que irnos— dijo Milo, dándole una palmada en el hombro—, pero estamos tras una misión urgente y precisamente andábamos buscándola. ¡Luego te veo en el Santuario y me cuentas!

Tras una breve despedida, los dorados siguieron la dirección que les había indicado aquel compañero recién llegado.

—Estoy seguro que han ido al parque— musitó Milo, apurando el paso—. ¡Vamos!

Al llegar, llamaron a la amazona, pero no la hallaron en el lugar.

—No deben de andar lejos— musitó Camus, cuando divisó una figura alta de cabellos rubios a lo lejos—. ¿Ese de allí no es Radamanthys?

Milo observó en la dirección y salió corriendo tras el espectro, seguido del caballero de Acuario.

—¡Unicejo!— gritó cuando estuvo a su alcance—. ¿Dónde están?

El juez compuso un mohín de disgusto y se giró.
—Vaya, si vienes acompañado— espetó, esbozando una media sonrisa—, pero no te va a servir de nada.

Camus comenzó a congelar al espectro, quien rompió el hielo que comenzaba a rodear sus piernas con facilidad.
—Lástima que esté acostumbrado al frío— contestó desdeñoso—. ¿En serio pensáis que os voy a decir dónde están? Necesito que sean pareja y ni vosotros ni nadie del Santuario me lo va a impedir.

En ese momento llegó Valentine.
—Ya está— dijo sacudiéndose las manos—, les he dejado en el hotel Halton, dicen que van a cenar antes de ir a la habitación… ¿qué pasa?— preguntó al ver la cara de odio de su jefe.

Milo dio una palmadita en la mejilla al chipriota y sonrió.
—Gracias majo— dijo al espectro—, vámonos Camus.

Y dicho esto, los dos salieron corriendo dejando rápidamente atrás a los dos espectros.

—¿Pero en serio qué pasa?— preguntó Valentine a su jefe, que hizo amago de estrangularle.

—¡Pedazo de bocachancla!— rugió Radamanthys—¡Podías haberte callado, imbécil! ¡Ahora saben dónde están! ¡Tras ellos, rápido!— dijo corriendo, sin esperar a su lugarteniente.

Cuando llegaron al hotel, Milo y Camus preguntaron por la pareja.
—¿Un señor muy feo y una chica de pelo verde?— preguntó la recepcionista—. Sí, dijeron que iban a cenar al restaurante.

Tras saber dónde se hallaban los dos caballeros se preguntaron qué hacer.
—No tenemos más remedio que entrar al restaurante— dijo Camus.

—Entramos, nos llevamos a Shaina y ya está— contestó Milo—, me parece buena idea.

Pero el francés sacudió la cabeza.
—Este hotel es de cinco estrellas y el restaurante lo lleva un chef que ha ganado tres estrellas Michelín— respondió seriamente—, no podemos armar alboroto, sería bochornoso.

Milo se cruzó de brazos y bufó una maldición.
—¿Y qué hacemos entonces?—replicó inquieto—. Te recuerdo que el Unicejo y Valentine nos pisan los talones.

Por respuesta, el caballero de Acuario se acercó a la recepcionista, y tras hacerle un par de preguntas, cogió a su compañero del brazo y le arrastró hacia el restaurante.
—Vamos a disfrutar este momento— resolvió el francés—, y cenaremos cerca de ellos para tenerlos vigilados. En cuanto terminen, entonces sí procederemos con tu plan de llevarnos a Shaina.

Seguidamente, los dos entraron en un elegante salón comedor, que tenía música clásica en el hilo musical.
—Compórtate, por favor— pidió Camus con un susurro.

Al mismo tiempo que ellos accedían al restaurante, los dos espectros atravesaban la puerta del hotel.
—¿Dónde están?— preguntó Radamanthys a la recepcionista, que al ver la cara de enfado del espectro retrocedió asustada, por lo que Valentine intervino.

—Disculpe señorita— dijo apartando a su jefe—, es que está un pelín alterado. Verá, ¿han entrado una pareja de hombres, uno con cabello azul y otro con cabello turquesa?

La recepcionista señaló la puerta del restaurante, aún temblando de miedo.
—Muchas gracias— contestó el chipriota, agarrando del brazo a Radamanthys—. Relájate, que nos van a echar…

—¡Es que no quiero que fastidien esto!— gruñó el Wyvern—. Voy a entrar al restaurante y sacar a esas dos ratas doradas de ahí.

Pero Valentine se interpuso.
—Eso ni de broma— espetó su lugarteniente—. Este hotel es de alto standing, la gente está cenando tranquila y no quiero armar escándalos. Vamos a ver qué hacen y ya decidimos lo que hacer.

Aquellas palabras serenaron un poco el temple del juez, quien quiso ir a asomarse al comedor.

Divisó entonces a Shaina y a Zeros, sentados en una mesa para dos, bebiendo vino y haciéndose carantoñas.

En otra mesa, no muy lejos de ellos, Milo no quitaba ojo de encima a la pareja, mientras que Camus hablaba con el camarero que estaba atendiéndoles.

—Están sentados en una mesa— informó el Wyvern.

Valentine cogió a su jefe del brazo y sonrió.
—Pues vamos a imitarles— dijo convencido—. Seguramente han hecho eso para vigilar a Zeros. A cenar entonces.

Y a pesar de las reticencias del inglés, quien prefería entrar en tromba en el salón, decidió que lo más sensato sería seguir las indicaciones de su subordinado.

Feliz por ir del brazo de su jefe, Valentine se adentró en el comedor y pidió mesa para dos.


Notas:

Esta semana y la siguiente van a ser un poco movidas para mi, por lo que no sé si podré actualizar. Creo que el jueves sí podré subir el capítulo 11 pero no estoy segura del todo.

Por cierto, ¿os habéis enterado de que Megumu Okada (el de Episodio G y Episodio G Assassins) ha juntado a Shaina con Aldebarán, que están casados? Ya podía haberlo dicho antes, que les hubiera emparejado en esta historia xD Personalmente, a mi sí me gustan como pareja. De hecho en el fic de "Un caballero para una amazona", Aldebarán está enamorado de ella. Bueno, igual se me ocurre algo sobre esta pareja (sí, es un spin-off no canónico, pero oficial), aunque sería en plan serio, no en la saga cómica, que en la cómica ya la tengo emparejada con otro.

En cualquier caso, que tengáis muy buena semana y muchísimas gracias a todos los que me enviáis mensajes, leéis la historia y la marcáis como favorita o la seguís. Espero que os siga gustando :)

¡Nos vemos!