Disclaimer: Naruto pertenece al gran Masashi Kishimoto, sólo lo uso para divertirme y sin fines lucrativos.

Advertencias: Dos personajes OC. Violación, algunas partes fuertes o explícitas y agresiones físicas (algunas muy cínicas), lemon, humor negro entre otras cosas. Por supuesto esto se irá viendo a lo largo de todo el fic. Es un AU (Alternative Universe), desde la perspectiva de uno de los dos personajes originales [OC's] (es decir, que ambos no son de ningún anime, sino creados por mí misma). Las edades de los personajes de Naruto no están de acuerdo al manga (para aclarar dudas)

Sin más que advertir, y como siempre, espero que disfrutéis de la lectura. (Y dejad algún rewiew, se agradece mucho)

~Helloween~

Mi domingo comenzó como otro cualquiera. Me duché, os hice el desayuno y me encerré en mi habitación sin dejarte que me preguntaras nada que tuviera que ver con ayer, pues no me despedí de ti ni te di las buenas noches.

Encendí el ordenador. No quería pensar en nada y el messenger me pareció la mejor opción, ya que comencé a leer y no me concentraba lo suficiente.

Mis ojos recorrieron la lista de conectados y ninguno me interesaba demasiado, hasta que me apareció una pantalla diciendo que alguien me había agregado. Acepté sin mucho interés y al rato comenzó a hablarme.

Al ver el avatar, no dudé ni un instante. Era Konan. Mientras ella tenía una fotografía junto a Suigetsu y ambos con una amplia sonrisa, la mía era un piano de cola blanco, con huellas de dedos pintadas en sangre.

Mi antiguo piano...

Conversó conmigo, si es que a los iconos se les podía llamar hablar, y me iba a desconectar cuando justo en ese momento se puso seria. Suspiré al ver que me preguntó si tenía que hacer algo y miré por unos momentos a las partituras del dueto que tendría que hacer en navidades.

Itachi

De nuevo ese nombre retumbaba en mi cabeza. Al escuchar el zumbido de la conversación acepté por puro nerviosismo, pero ya fue tarde para negarme. Me dio la hora y el lugar donde nos encontraríamos y se desconectó.

Después de arreglarme, bajé hasta el salón y miré a mi abuelo. -¿Qué miras ahí parada? –no soportaba su ocre mirada y mucho menos su tono.

Me veía un objeto a manos de él, como si pudiera hacerme lo que quisiera. -¿Podría salir con unos amigos? –Se levantó del sitio y aún no me atrevía a mirarlo. -También me gustaría llevarme a Lilyam. –me levantó el rostro por el mentón bruscamente. Temía que se negara.

-Está bien –ni yo misma me creí esas palabras. Fruncí el entrecejo desconfiada. –Con una condición –Sabía que no se permitía regalos, todo en su vida era un negocio. –El sábado que viene, como bien sabes, vamos a organizar un evento especial por Halloween. Vas a trabajar con más ganas y tendrás que hacer todo lo que yo te diga. El agotamiento no es una opción. ¿Estamos? –no me podía creer que fuera tan crudo con su propia sangre. –Contesta –demandó con su agarre ahora más posesivo. No me quedó otra que asentir y él sonrió arrogante. –Entonces avisa a Lilyam o llegarás tarde con tus amigos. –me dio un pequeño empujón y decidí ir con paso tranquilo hacia tu habitación, cuando en realidad quería correr despavorida.

No tardé mucho en volver a mi misma expresión seria y cuando te avisé de la noticia te alegraste muchísimo. –Dime una cosa –dijiste dulce- ¿Por qué voy yo también? No es que no me guste la idea, pero todos son mayores que yo. –negué con la cabeza y sonreí suave. Escuché el sonido de tu portátil y fuiste corriendo hacia él, disculpándote pues habías dejado tu cuenta encendida.

-No pasa nada. –me acerqué al escritorio y miré la pantalla- ¿Quién es?

-Hinata –contestaste con una amplia sonrisa y yo la correspondí. Me sonaba a cantos celestiales escuchar que tus amigos se preocupaban por ti y, de repente, me vino una idea a la cabeza. -¿Pasa algo?

-¿Por qué no le preguntas a tu amiguita si puede salir? Te llamaría para saber donde estarías e iría a recogerte cuando se nos acabe el tiempo. –Tus ojos negros brillaron con ilusión y me asentiste preguntándoselo. Una vez aceptó tu invitación y te dijo que te esperaría en el parque con Naruto, te despediste de ella y cogiste tus cosas. –Por cierto, ¿Por qué no llamas a ese chico serio? No le vendría mal salir un poco. –me miraste algo confusa y te sonrojaste mirando a tu mochila.

-¿Te refieres a Sasuke? No creo que quiera vernos excepto cuando tengamos que quedar por lo del trabajo. –tu tono sonó apagado y te revolví el pelo.

-No os hará daño preguntarle. Sabes donde vive ¿no? –asentiste –Pues te dejaré frente a su casa y de ahí os vais al parque. –me miraste en un intento de hacerme cambiar de parecer, pero no tuviste suerte y al final asentiste haciendo un tierno mohín.

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Tocamos al timbre de la mansión Uchiha y pronto nos abrió alguien conocido muy a mi pesar. Ese hombre fue el mismo que el de la noche anterior y solo me mantuve firme, con la oscuridad seguro que no se fijó en mi rostro.

Te miró como un viejo cascarrabias, pero después nos torció una siniestra sonrisa. Eso no me gustó nada. -¿Qué quieren dos señoritas tan bonitas? –su tono amable también me alertaba de grave peligro pero le sonreíste como si nada.

-Hola –saludaste alegre- Preguntamos por un chico, Uchiha Sasuke. –el hombre asintió y dio media vuelta, gritando el mismo nombre que pronunciaste. Te tomé de la mano y la apreté dos veces. Al sentir ese movimiento te tensaste. Sabías que no era nada bueno seguir allí. –Aquí viene. –se retiró y relajé mi mano. Ahora sabías que él era el problema y para la próxima serías más precavida.

-¿Qué queréis? –preguntó cruzado de brazos y recargado en el marco de la puerta. No me gustaba su tono, pero algo me decía que detrás de esa personalidad grosera y prepotente, se encontraba el verdadero niño que era. Eso era tu trabajo y sonreí interiormente. Seguro que con el tiempo ambos pareceríais hermanos.

-Mas bien, qué quiere ella. –dije señalándote. Me miraste un segundo y sonreí de lado al ver tu nerviosismo –"Vamos, tú puedes con esto y más" –me recargué en la pared con ese pensamiento y miré al cielo. Al escuchar tu voz decidí desconectar, poniendo atención al auricular que llevaba puesto desde que nos fuimos.

Miré abstraída las nubes y recordé viejos tiempos, cuando aún era una niña inocente. Cerré los ojos. Una melodía de piano y una fresca brisa me transportaron a mi casa en Inglaterra. Mi pueblo tenía pocos habitantes y solo había un colegio en todo el lugar. Todos nos conocíamos y mi padre siempre venía a recogerme con su hermosa y elegante sonrisa.

Sonreí

Heredé sus ojos, pero su carácter diplomático y equilibrado aún no estaba a mi alcance. Siempre fue un gran ejemplo a seguir. Todo un maestro. –Rosalie –abrí los ojos volviendo a la realidad y vi que llegaste a un acuerdo a tu favor con el Uchiha.

Sonreí orgullosa de ti y antes de que os fuerais, detuve al moreno. -¿Tu hermano está en casa? –pregunté formalmente.

Por unos momentos pensé que no me iba a contestar al ver su expresión. Metió sus manos en los bolsillos de sus pantalones y me miró a los ojos sin escrúpulos. –No, se ha ido por un rato con la moto. –explicó.

-Dile que el domingo que viene, quedamos en mi casa para ensayar la pieza del dueto para navidades. –abrió imperceptiblemente su mirada afilada. Le miré algo confusa y volvió a su misma expresión en el mismo instante.

-Se lo diré, inglesita. –El énfasis de la última palabra y la sorna con la que sonó, hizo crispar mis nervios y desear que pasara un mal rato, pero ya os habíais ido doblando la esquina y es cuando encajé porqué me llamó así.

¿Itachi había hablado de mi?

Me froté la frente con la mano y la arrastré hasta tapar mis ojos. Eso sí que me había sonrojado y bastante. Nunca pensé que el violinista hablara de alguien que apenas conoce con su preciado hermano. No me hacía falta conocer muy a fondo a esos dos para saber que su unión era muy fuerte... como la tuya y la mía. Me asombré pues nunca pensé que quedara parte de inocencia en mi cínica mente. Una melodía me sacó de mis pensamientos, viendo que tenía una llamada perdida de la peliazul. Miré el reloj y me extrañé al ver que aún me faltaban veinte minutos para llegar.

Imaginé que fue un despiste mío y eché a correr. De todas formas no estaba lejos de donde quedamos. Al ver a una chica vestida de oscuro de tipo gótico, supuse que era ella y sus cabellos azules me lo confirmaron. Grité su nombre para que me mirara y lo conseguí. –Hola rarita –dijo de forma amistosa y la verdad es que no era muy normal por el país. Me abrazó por los hombros y dejé que terminara ese gesto.

Sabía que no era de dar abrazos y me comprendió

-¿Adónde quieres ir? –Una sonrisa cruzó sus negros labios adornados con ese piercing plateado. Me gustaba su estilo. -¿Y esa sonrisa?

-Vamos a por unos amigos. Seguro que harás buenas migas con ellos. –me dijo cogiéndome de la muñeca y tirando de mí en una dirección que sólo ella sabía.

-Konan... –le hablé con tono de advertencia y ella solo rió. Agradecía que se preocupara por mi sociabilidad, pero eso no me importaba lo más mínimo.

-Algún día... –dijo ahora con voz seria, parando de correr y sin mirarme- ¿Me contarás por qué cambiaste tanto? Cuando eras pequeña, sonreías. –La miré con algo que podía describir como ternura y sentí más fuerte su agarre.

-Algún día no tendré miedo de contártelo, por el momento agradecería que fueras paciente. –Fue lo que necesitó para voltear su rostro y sonreírme.

Poco después vi a tres figuras acercarse a nosotras. La primera en la que me fijé fue en Gaara y sus solitarios ojos verde azulados, seguido de éste y por su altura, me fijé en Kimimaro junto a Suigetsu y por último, vi la sonrisa falsa del chico del conservatorio, Sai. –Creo que los conoces a todos. Les pedí ayuda contigo y ya los ves. –dijo triunfante y por primera vez, me permití sonreír sin sorna, solo una leve curvatura como muestra de mi agradecimiento. Nunca pensé ser aceptada por ellos y me sentí aliviada. Le debía mucho a Konan.

No volvería a estar incómoda en el instituto o en el conservatorio pues después de ese día junto a todos ellos, me cayeron bien, sobretodo Gaara y Kimimaro. Nunca pensé conocer a personas tan interesantes.

Estuve con ellos durante toda la semana siguiente y nuestros lazos se fortalecieron más, pero con quien más confianza tuve fue con el pelirrojo. A veces incluso me entendía sobre temas que no solía hablar la sociedad y eso me aliviaba. Con él me sentía a gusto y nos podíamos contar cualquier anécdota sin miedo a que el otro se riera o sentenciara nuestra poca cordura.

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-Al fin viernes –habló una Konan sonriente. Ya comenzaba a hacer planes con Suigetsu y los demás. No volvió a hablar con los grupos más populares del instituto y fortaleció el lazo entre Suigetsu y ella. La veía mucho más tranquila, más ella por sus expresiones. -¿Te vas a venir? –me preguntó con un brillo de esperanza en sus ojos, pero como otros viernes, volví a negar con la cabeza. –Pero si no hay exámenes, tampoco trabajos que hacer. –suplicó tomando una de mis manos.

-Lo siento Konan, -volteé y me deshice de su agarre- mi abuelo no me deja salir. –contesté calmada, recogiendo los últimos libros que me quedaban. Ella no daba su brazo a torcer y agradecí la ayuda de Kimimaro para hacerla entrar en razón.

-Está bien... –dijo algo irritada. –Que tengas buen fin de semana. Nosotros nos vamos por esta otra calle. –le asentí y me despedí de todos con la mano. Tomé dirección hacia tu colegio para recogerte y cuando te vi salir, sonreí. Estabas radiante al estar feliz junto a tus amigos y eso me llenaba muchísimo.

Sasuke, a su manera, también agradecía tu compañía y, aunque se llevara mal con el rubio, tenía la certeza de que si alguien se metía con el huérfano, sentiría su ira. Hinata caminaba a tu lado y el del rubio, mientras que el Uchiha estaba un poco más apartado. Al verme, no reparaste en despedidas y tus azabaches orbes se iluminaron. –¡Has venido! –gritaste eufórica, correteando hacia mí y casi hiciste que perdiera el equilibrio. -¿Vas a trabajar hoy también de guardia en la farmacia? –te asentí. Creías que ayudaba a Shizune.

Y era mejor así

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Voulez vous coûchez avec moi, c'est soir?

La melodía sinuosa comenzaba a martillearme los sentidos. Nos hacía movernos aún más sugerentes y los altavoces resonaban con ímpetu. Nos movíamos al compás del ritmo. Anko y Kurenai me dejaron en paz gracias a la mal hablada de Tayuya, y se lo agradecí antes de subir al lugar que me correspondería estar durante toda la noche.

Orochimaru sabía que era claustrofóbica y aún así me dio la orden de meterme en aquella jaula, embutida en fina lencería blanca con detalles fucsias, pues la falda era transparente y no ocultaba mi cuerpo. Una capa de caperucita roja envolvía mi espalda y cabeza, al igual que un antifaz negro y morado ocultaba mis rasgos faciales. Ese fue el disfraz que escogió para mí aquél que me hacía la vida imposible.

Un trato era un trato

Las horas pasaban y agradecí en silencio que nadie pagara por mis servicios y en un giro sobre mis talones fue cuando mi mundo se congeló más aún que el color de mis ojos.

Itachi volvía a estar allí

Un paso

¿Por qué él? ¿Por qué a mí?

Pum pum...

Mis latidos aumentaban su ritmo

Otro paso

Retrocedí desviando su mirada carmín

Un paso más

Tres...

Tip

Dos...

Tap

Uno...

...lo tenía justo en frente

Me decidí por lo más profesional y me acerqué con paso insinuante y decidido a su figura. Él no hizo nada, solo me miraba con su típica inexpresividad.

Lo barrotes de la hermosa jaula nos separaban. Aún así, como no se apartaba, me estaba prohibido no hacerle caso esa noche. Mis manos delinearon sus hombros y bajaron por su pecho. Agarré con saña sus ropas y lo atraje a los barrotes para dejar nuestras bocas separadas por el frío metal y lo que temí, pasó.

La puerta de finos hierros se abrió y en un instante me encontraba fuera de ella con un Itachi algo apresurado. Pensé que me vio la semana anterior y sus hormonas revolucionadas de adolescente, como era lógico, me querían solo para él en esos momentos.

Parecía que lo tenía todo planificado. Incluso había reservado la habitación para nosotros y suspiré de alivio y angustia. No podía estar ni un segundo más en ese escaparate estrecho, pero tampoco mi suerte cambió demasiado. Tenía frente a mí a un chico de unos dieciséis años con ganas de probar el éxtasis que provocaba el clímax.

Yo solo era su muñeca esa noche

Cerró la puerta y esperé a que comenzara, cerrando mis ojos y rindiéndome ante su gran poderío por haber pagado el precio de mi cuerpo, pero ese momento nunca llegó. –Ja...- Escuché una pequeña risa socarrona y abrí mis ojos confusa, buscando la fina sábana blanca para taparme. –Con que hacer guardia en una farmacia ¿Eh? –mis ojos le miraron con una gran mezcla explosiva entre ira, confusión y temor. –Tus ojos te delatan... inglesita. Te oí hablar con la compañera de mi hermano.

-No tienes derecho a juzgarme. Has pagado por mí ¿No? Pues el tiempo apremia. –tomó mi mentón y guió mi mirada hasta la suya.

-Tus ojos, boca y cuerdas vocales también son partes de tu cuerpo, así que mírame a los ojos mientras hablamos. –Su voz sonaba seria, demandante, profunda... incluso llegaba a asustarme un poco.

-¿De qué quieres hablar conmigo? Solo somos compañeros en el conservato... –mi frase se vio cortada en el instante que sus labios dominaron a los míos. Mi cuerpo se tensó al sentir su brazo rodear mi cintura y el otro se encargaba de alzar su mano hasta mi pelo, enredando sus dedos entre ellos. Cerré los ojos y le dejé hacer hasta cierto punto, donde comencé a ser más activa. Cambiaba su posición de labios varias veces y admitía que era todo un experto en el arte de seducir. Pasé mis brazos por el contorno de sus hombros y cuando nos separamos, di un pequeño suspiro por la falta de aire.

-¿Ya estás más serena? –preguntó de forma retórica. Al no obtener respuesta, continuó hablando. –No somos solo compañeros de solfeo, no lo puedes negar. –Dos de sus dedos se posaron sobre mi boca. –No seas cabezota- ¿Cómo sabía que iba a protestar?- ¿Por qué haces esto? –desvié de nuevo la mirada- Te he dicho antes que me miraras. Ahora dime ¿Por qué te obligas a hacer esto?

-Eso es algo personal –le miré, esta vez con frialdad- ¿Qué ganas con esto? ¿Una apuesta, o tal vez unas risas con tus amigos? –me empujó con brusquedad hacia atrás y se posicionó encima de mí. –Itachi... –no pude reprimir ese suspiro con voz lastimera.

-Llora –le miré a los ojos y me devolvió el gesto- Desahógate si lo necesitas. Llora. –era escueto y a simple vista podría parecer incluso frío, pero en realidad me estaba tendiendo una mano, un hombro en el que apoyarme...

Y lloré

Lloré como lo hacía en las noches de soledad. Con ganas, impotencia, rabia y desasosiego. No entendía porqué dejaba verme vulnerable y desesperada frente a su mirada escarlata y sin embargo, no lo cuestionaba. Itachi se deshizo de mi máscara y es cuando las lágrimas rodaron por mi rostro libremente. Me sentía como una niña pequeña, inmadura... y él era quien intentaba consolarme con un simple gesto. Un abrazo.

Me calmé

Solo fueron escasos minutos, justo lo que necesitaba. Nada de palabras. El Uchiha y yo nos entendíamos en otro nivel y con otras características muy diferentes a los demás. –Lilyam –sus ojos me miraron analizadores. Me sequé las lágrimas y me separé de él.

-¿Tan alto precio pagas por ella? –le miré, ahora con decisión.

-No quiero que se repita esta misma historia con ella porque no se lo merece.

-¿Tú lo merecías? –Maldecía sus aciertos en todas las dianas, pero yo también me sabía ese juego.

-No soy la única que traga por otra persona. –una mirada de leve superioridad cruzó el hielo de mis ojos y éste pareció entender el jaque de la partida.- Hagamos un trato. No nos pisemos el terreno. –El Uchiha, después de un largo silencio, asintió.

Era listo

-Vente conmigo –ese comentario no me lo esperaba- Solo una noche conmigo y mis amigos. Volverás a casa sin tener problemas con Orochimaru. –alcé una ceja ante ese comentario. Ahora fue él quien desvió la mirada y lo aparté de mi.

Desconfiaba y a la vez sentía que podía decírselo todo

-¿Cómo sabes tanto de mi vida, Uchiha? –pregunté con disimulado desprecio en su apellido, solo para alertarle de que había entrado en terreno peligroso. Éste optó por explicarme algo de lo que nunca pensé que fuera verdad, al menos no en él.

-Si sabes buscar en la biblioteca correcta, encuentras cosas interesantes.- me había dado datos a simple vista inservibles, pero sabía que no me lo iba a dar en bandeja de plata. Tendría que armar las piezas del rompecabezas para comenzar a comprender algo más del chico que tenía enfrente.

-No sé dónde te has debido meter para saber cosas sobre mi abuelo, pero seguro que no es nada a favor de la ley. –el otro no me contestó y supuse que era cierto- ¿Tu vida corre peligro si me lo cuentas? –esta vez recibí un asentimiento por su parte. -Entonces cierra ese pico de oro. -hablé con sorna, aunque le sonreí imperceptiblemente. Miré el reloj y me levanté de la cama- Lo siento lobito, pero esta caperucita roja tiene que seguir trabajando. –soné divertida, pero ambos sabíamos que eran meros tapujos. Volvía a tener mi muro de hielo levantado.

Ni siquiera supe porqué me desprendí de mi máscara

Al recordar esa palabra tan ligada a mi vida, volví hasta donde estaba el Uchiha y extendí mi mano para que me diera lo que había cogido. Guió su extremidad hasta la mía y se rozaron entre el frío objeto de porcelana. Nos miramos de nuevo y el mundo desapareció, ni siquiera escuchábamos la música ni nos cerciorábamos de que estábamos apoyados sobre una cama... y no estaba precisamente vestida de una forma corriente.

Justo cuando pensaba irme, muy a mi pesar, Itachi no tuvo mi misma idea. Atrapó mis caderas y yo caí en su regazo, abierta de piernas y correspondiendo al ardiente deseo latente en su boca. Sus candentes dedos atravesaban las líneas de mi cuerpo y su lengua, dominaba la mía.

Me sentía suya, pero también sabía que el sentimiento era recíproco y eso me gustó.

Anko abrió la puerta sin más ceremonias y fue la oportuna de detener nuestro encuentro, advirtiendo de que se había acabado el tiempo para el azabache. En realidad, no nos hacía falta nada más.

Sabíamos que, en otras circunstancias, nos habríamos hecho el amor con sentimientos a flor de piel y no tener una simple noche de sexo. Ahora, el acuerdo era mutuo y no había vuelta atrás.

Hielo y fuego se habían unido pero... ¿Hasta qué punto?

El tiempo nos daría las respuestas...

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Bueno, hasta aquí otro capítulo más. Espero que os guste y siento muchísimo la tardanza en subir los capítulos.

Os agradezco a todos los que me envían sus rewiew con sus opiniones o críticas, en especial a Karasu, Yura y Luna, que me están siendo muy fieles a mi fic ^^...

Hasta la próxima.