"El beso es una forma de diálogo".

-George Sand.

.

̶ ¿Qué tomas? –fui hasta la cocina y abrí la repisa donde guardaba algunos de los licores que tenia.

̶ ¿Tienes vodka? –me pregunto él. Lucia tan interesado en el interior de mi pequeño apartamento.

̶ Sí –sonreí un poco–. ¿Con jugo de naranja? –mire sobre mis hombros solo para verlo.

̶ ¿Cómo sabes que me gusta con jugo de naranja? –él imito un poco el tono de mí amiga Val.

̶ Bien, bien, es suficiente –tome una botella del estante–, recuerda que es mí amiga.

̶ Lo recuerdo –se acerco un poco a la barra que dividía la cocina y la sala–. ¿Y dime como les fue la otra noche? –se inclino apoyado en sus brazos.

̶ Estuvo bien, vimos una película y admiramos a los actores. Lo normal –tome dos vasos de vidrio de la encimera y saque el jugo del refrigerador.

Note que Bill frunció un poco el ceño.

̶ Ah, ¿de verdad?, ¿y que película era?, no será una de esas con mas de dos X –él tomo su vaso y con su dedo índice comenzó a rondar el contorno del mismo.

̶ Tú eres el menos indicado para acusarme –le arrebate juguetonamente el vaso de las manos y prepare su bebida.

̶ ¿Si? –él alternaba su mirada entre mis manos y mis ojos.

̶ Sí –le extendí su bebida.

̶ ¿Y eso por qué? –pregunto, tomando entre sus manos aquel vaso.

̶ Me acusa él hombre que fue a la mansión play boy –no lo mire pero detecte como aquella media sonrisa hacia su aparición.

̶ Solo fue un evento… –intento explicarse.

̶ Un concierto, privado –lo ataje yo.

Bill se rio por aquello. Me quede perdida entre sus labios adornados por las piezas de metal.

̶ Toúche –me concedió.

Yo termine de preparar mi bebida y después bordeé la barra para situarme a su lado.

̶ No me dijiste que película vieron –me pregunto.

̶ Luna Nueva –me apresure a beber el contenido de mi vaso.

Bill solo me miro y alzo una ceja.

̶ Ya lo se, no preguntes –lo corte de pronto. No necesitaba otro recordatorio sobre que ya soy algo mayor para pensar en esas películas.

̶ No, no, tranquila. A decir verdad, me parece interesante la relación que llevan Bella y Edward –él sonó condescendiente.

̶ Bill, el vampiro brilla, ¡Brilla! –No pude evitar entornar los ojos con aquella afirmación. Y bueno, al leer el libro no me pareció mala idea, pero cuando lo vi en película, realmente no supe que pensar.

Bill apoyo un codo sobre la barra, y su barbilla descanso en la palma de su mano, mientras reía.

̶ Mejor dime como estuvieron estos días en el estudio –intente otro tema de conversación.

̶ Pues… –él pareció dudar un momento–, las cosas están algo descontroladas.

̶ ¿Por qué?

̶ Primero, hay cientos de revistas enfadadas sobre los artículos publicados en Jana´s –el torció su boca un poco–, yo diría que están celosas.

̶ Bueno, es que todas quieren tenerte –la sonrisa perversa de Bill me anuncio que había dicho algo mal–. No espera, ¡Quita esa sonrisa! –lo golpeé juguetonamente en el hombro.

̶ ¡Hey!, no me golpees –el sonrió mas ampliamente mientras yo le daba ligeros golpecillos.

̶ ¡Sabes a lo que me refiero! –un ligero calor se asomo por mis mejillas.

̶ Lo se, lo se –Bill tenia un ligero ataque de risa.

Yo deje de golpearlo y tome otro trago de mi vodka.

̶ Pero, ya sabes que solo una pudo conseguirme –su tono era bajo.

̶ Jana´s esta muy feliz contigo –lo ataje yo. Seguir por otro camino no era nada bueno.

Bill alzo su ceja y me miro.

̶ ¿Hay algo más? –le pregunte, curiosa de saber que mas le había ocurrido en estos días.

̶ Bueno…lo segundo tiene que ver con la prensa. Tengo unos problemas ya que, bueno, ellos son como "Bill Kaulitz esta usando teléfono, tiene novia" ¿entiendes? –Bill parecía mucho mas serio.

Yo asentí ligeramente con la cabeza mientras un ligero nudo se formaba en mi estomago anticipando malas noticias.

̶ Bien, entonces, todo el mundo amarillista esta a la espera de algo que lo confirme. David ha tenido que atender algunas llamadas un tanto exigentes –le dio un trago largo a su bebida.

̶ Pero, tú no tendrías porque mentir –Bill me miro extrañado–. Quiero decir, tú no tienes ninguna novia, ¿oh si? –me encantaba fastidiarlo.

̶ Malvada –él entrecerró sus ojos y me miro. Me apunto ligeramente con el dedo índice de la mano que sostenía su copa.

̶ Honesta –lo corregí.

̶ Tú, me pones las cosas difíciles –Miro hacia abajo, con una media sonrisa.

Por un momento me sentí apenada con él, pero después recordé con quien estaba hablando. Me debía cientos de miles.

̶ Yo, solo digo las cosas como son –me gire un poco, para quedar de espaldas en la barra. Descanse mis brazos sobre esta.

̶ Quizá esa sea la verdad –suspiro–. Pero no es como me siento –se acerco un poco a mi nuca. Su aliento cálido dio de lleno contra mí muro de indiferencia.

̶ ¿Y… y cuando podemos realizar la siguiente entrevista? –Me aleje con mis piernas temblorosas, hasta quedar un poco retirara de mi deseo personal.

̶ Cuando tú gustes –el deseo de salir por la ventana regreso, cuando note que el me seguía–. Sabes, siempre me cuestiono acerca de porque nunca me preguntas cosas, Hummm, normales –ya se encontraba a unas palmas de distancia de mí. Podía sentir su energía, su calor brotar de él. Aunque me encontrara dándole la espalda.

̶ ¿Cómo cuales? –me gire para verlo.

̶ Como, ¿Cuál es mi color favorito? –él se acerco a mí, quedando a centímetros de mi cuerpo.

̶ Pero eso ya lo se, lo leí en un articulo tuyo –comencé a explicarme–. Es el negro y el naranja –mi mirada volaba de sus labios a sus luminosos ojos.

̶ Eso era cuando yo tenia dieciocho –me dijo con una sonrisa–. Mí color favorito ahora –su mano se poso sobre mi mejilla–. Es el color de tus ojos Karim.

Aquel ligero nudo se convirtió en una serpiente constrictor que me asfixiaba. Me levante sobre mis puntas para rosar sus labios. Todo mí cuerpo temblaba. Sus labios aceptaron los míos entre los suyos, el me junto a su pecho pasando sus brazos por mi cintura. La habitación había desaparecido, todo pensamiento consiente abandono mi mente. Lo quería, lo quería, y no solo como un príncipe de ficción, sino como algo más.

Me reí entre aquel beso.

̶ ¿Qué pasa? –Bill mantenía preso mi labio inferior entre los suyos.

̶ Tú barba pica.

̶ Oh, ¿Estas segura que solo mi barba? –me tomo por la cintura y me alzo unos centímetros.

̶ ¡Eres un pervertido! –le dije entre risas, mientras pasaba mis brazos alrededor de su largo cuello de cisne.

Finalmente ambos nos dejamos caer en el sillón. Nos miramos un segundo más antes de que nuestras bocas volvieran al ya conocido contacto entre ellas.

̶ Como te ves sin… –el alzo su mano y retiro el flequillo de mi frente.

̶ ¡No! –aparte sus manos de mi frente.

̶ ¿Por qué?

̶ Tengo una… enorme frente –le dije tímidamente mientras apartaba la vista hacia el respaldo del sillón.

̶ No es verdad –el se acerco a mi rostro. Ojos contra ojos y nariz contra nariz–. Tenemos la misma frente, Karim –la forma en que sus labios se curvaban al pronunciar mi nombre era lo que ocasionaba que mis hormonas se alocaran.

̶ Ya, y tú no estas frentón –le increpe, colocando mis cuatro dedos.

Bill solo rompió a reír. Sus ojos se apretaban de tal forma que ligeras arrugan aparecían a sus lados.

̶ Vaya, sí que eres difícil de convencer –sus ojos recayeron en los míos, siempre con ese brillo único y singular.

̶ Quizá, solo lo necesario –enlace de nuevo mis manos alrededor de su cuello mientras aspiraba el dulce y refrescante aroma de su colonia–. Tienes muchos lunares –le dije apartando un poco el cuello de la ligera camiseta que llevaba.

̶ Si eres una buena chica, algún día te dejare contarlos –ahora la que reía era yo.

̶ Ah, ¿si? –Lo rete con la mirada mientras nuestras piernas se iban entrelazando silenciosamente–, ¿y podre contarlos así? –deposite un beso en el lunar que adornaba su mejilla y después deje uno en su mandíbula.

Bill tembló ligeramente. Yo me lamí los labios por aquella imagen. Él estaba sobre mí, apoyado en sus rodillas y las palmas de sus manos. Como un tigre al acecho.

̶ Oh, ¿así? –ataque la cordillera de lunares que tenia en su cuello con mi lengua.

Bill parecía contener los temblores y apretaba sus labios fuertemente.

̶ Vamos gatito, muérdeme –lo rete hablándole lentamente al oído. Mordiendo ligeramente su oreja.

Bill profirió un suspiro agudo desde el fundo de su pecho. Notaba como su respiración se hacia cada vez mas lenta. Él me miro y pude detectar aquella energía casi felina que siempre adoptaba. No me dijo nada, así que yo me deslice debajo de él y de su camiseta. Por un momento pensé que no podría pero me logre colar entre ella. Casi sufro un paro cardiaco al notar una pieza metálica colgando de su pezón, algo entre mis piernas también pudo sentir algo de aquella impresión. Lo apreté ligeramente entre mis labios, mientras el suspiraba.

̶ Este no es un buen lugar para un piercing –con un dedo juguetonamente movía aquella pieza.

̶ Pues… –él hablaba entrecortado–, a ti parece gustarte mucho –me dijo. Sabia que una amplia sonrisa inundaba su rostro.

Yo salí debajo de él, y lo mire. Tenía una mirada que jamás le había visto a nadie, ni en sus mejores conciertos cuando parecía que intentaba poseer a cada una de las que lo observaban fascinadas.

Él tomo mis labios entre los suyos con un mayor salvajismo. La pieza de su lengua recorría la mía, para que finalmente su boca arrastrara lastimosamente mi labio inferior como tan bien sabia hacerlo. Me recosté en aquel sillón mientras el se desprendía de su camiseta. Bill ya no tenia el cuerpo de un adolescente que en otras fotos pude ver, ahora lucia un vientre marcado por las horas en el ejercicio y unos pectorales pronunciados que se me antojaban tanto en esos momentos.

Se acerco hasta quedar a milímetros de mi oreja.

̶ Quiero morderte –me susurro, arrastrando cada una de las palabras, y sentí como mis piernas flaquearon. No pude reprimir un gemido cuando Bill aprisiono parte de la piel de mi hombro.

Sus manos rodeaban y tallaban insistentemente mis caderas, uniéndome a el.

̶ Él cierre esta… a un costado –no podía creer que tan fácil se la estuviera poniendo.

Su mano derecha tanteo mi costado, desde el nacimiento de mis pechos hasta mi cadera. Finalmente encontró aquel cierre.

̶ No, no –lo detuve. El me miro expectante–, con los dientes.

Un rayo de lujuria me atravesó en pecho cuando la sonrisa perversa se acuno entre sus mejillas.

Bill bajo, posicionando sus palmas a cada lado de mi cadera. Mientras bajaba aquel cierre, su respiración dejaba un rastro en mi piel. Intentaba no volverme loca con aquello. Apreté mis labios cuanto pude. Unión que se rompió cuando una fría mano entro hasta rosar uno de mis pechos.

̶ ¡Bill! –le grite no aguantando más.

Él la se encontraba lamiendo mi costado. Desde mi cadera hasta mi cintura.

̶ ¿Ropa interior negra? –Él me miro mientras su mano presionaba ligeramente mi pecho–. ¿Acaso lo tenias todo preparado?

Yo me mordí el labio cuando el aprisiono de nuevo mi piel entre sus dientes.

Él saco su mano de entre mis ropajes, tan solo para bajar los tirantes de mi vestido y dejar toda la parte delantera de mi cuerpo a su disposición. Me observo por largos segundos. Una parte de mi rogaba por agradarle, y porque no se detuviera jamás. Cuando despertó de lo que pareció ser un letargo, tomo mí cuello entre sus manos y alzo mi rostro hacia el suyo. Un ligero cosquilleo entre mis piernas se intensifico cuando note la piel de su torso pegar de lleno contra la piel caliente de mi vientre.

̶ No prefieres… en la cama –quise darme una bofetada por aquello.

̶ No se donde esta –Bill respiraba agitadamente–. Además creo que ya es tarde –el tomo mis labios y sus manos se posaron en el nacimiento de mis senos.

Yo me encontraba perdida en aquel idilio. Descansaba las palmas de mis manos sobre su pecho, presionando de vez en cuando aquella pieza. Cuando una música parecía despertarme de aquel sueño. Bill pareció oírla al mismo tiempo que yo. Dejo mis labios. Yo abrí los ojos y lo note sentado con sus piernas a cada lado de las mías, mirando aquel teléfono celular. Su mueca era entre enfado y estrés.

̶ ¿Qué pasa? –le pregunte mientras me incorporaba, apoyada entre mis codos.

̶ Olvide una junta –me aviso, torciendo la boca.

̶ Oh –no pude evitar sentirme un poco desconsolada con aquello.

̶ De verdad que no quiero irme –comenzó a hablarme–, si no fuera tan importante yo… –pero no tenia que decir más.

̶ No te preocupes Bill, yo entiendo –lo mire fingiendo una sonrisa.

̶ Te lo recompensare –se inclino y deposito un beso en mis labios hambrientos.

̶ No puedo esperar –yo mantenía una sonrisa estática.

Bill se retiro de mí y recogió su camiseta.

̶ Malvada gatita –Entrecerró sus ojos mirándome.

̶ Eso es un apodo, ¿acaso? –le pregunte colocándome los tirantes de mi vestido y subiendo la cremallera, un ligero temblor me recorrió al recordar como sus dientes la habían bajado.

̶ Probablemente –me dijo él hundiéndose de hombros.

̶ Bien pues, tú serás mi gatito –me puse de pie y fui hasta él en lo que intentaba ser una caminata sensual.

̶ Hummm… no, yo seré un tigre –su perversa sonrisa se asomo de nuevo.

̶ No es justo –hice un mohín.

̶ Lo es cuando yo fui quien te mordió –con un ligero movimiento bajo de nuevo el tirante de mi vestido y quedo al descubierto la marca de sus dientes.

Me quede asombrada de aquello. Yo solamente había sentido placer con aquello, jamás me imagine que su mordida fuera tan enserio.

Me quede perpleja mirando mi piel roja.

̶ Te quiero mí gatita –deposito un beso en mi frente.

̶ Yo también te quiero –me alce de puntillas y lo bese.

̶ Prometo que terminaremos –me guiño un ojo antes de caminar hacia la salida.

̶ ¡Pervertido! –le grite yendo tras él mientras atravesaba el umbral de la puerta.

̶ ¡Lo se! –me respondía caminando por el amplio pasillo.

Me quede recargada en el umbral, mirando como desaparecía al dar la vuelta en una esquina del pasillo. Después simplemente la cerré y con un suspiro fui hasta un espejo cercano. Mi cabello parecía haber sido atacado por un animal salvaje. Mi flequillo estaba todo alborotado y dejaba ver perfectamente mi frente. Intente arreglarlo un poco, pero al final me di por vencida. Mis mejillas estaban sonrojadas y yo sufría de un ligero calor en el rostro, que no era el único calor en mi cuerpo. También tenía una ligera urgencia entre las piernas que Bill no había saciado. Decidí que tomaría una ducha para aliviar aquello, pero cuando me dirigía hacia el baño, él sillón pareció seducirme con una idea que venia rondándome desde hacia tiempo. Fui hacia el, me despoje de mi vestido y olisquee aquel forro de piel. Aun conservaba su olor, su refrescante y apasionante olor. Sin pensarlo mi mano voló hasta mi entrepierna por debajo de mi ropa interior. Pensé en él, en sus caricias, en sus labios susurrando contra mi oído. Sus dientes afilados contra mi piel. Él sudor comenzaba a perlar mi frente. Me revolví en aquel sillón pronunciando su nombre. Notaba como mi interior comenzaba a bañar mis dedos. Mi respiración era pesada y arrítmica. Presionaba cada vez mas fuerte al acordarme de sus manos estrujando ligeramente mis pechos. Él placer me invadió cuando por mi mente se cruzaron sus palabras.

"Quiero morderte"

Toque mi pecho, estaba agitado. Mis labios estaban resecos y un sudor descendía por mi frente. Cerré los ojos imaginando los suyos, fieros y ardientes.

Como si fuese obra de magia mi celular me anunciaba un mensaje. Supuse que era Val, así que fui hacia él. Lo tome de mi mesa de centro y un solo nombre ilumino la pantalla, acompañado de un rostro con una sonrisa perversa. Presione la tecla abrir y leí su mensaje.

"Espero que mi gatita no se este consintiendo mucho"

Una sonrisa amarga y avergonzada se abrió paso en mi rostro.

.

Continuara.

Yo… ya no tengo palabras. Lo juro. Hasta he terminado con la canción de "hunde" XD mensaje divino (¿

Este cap no iba por aquí, pero, ¿que hago con mis calenturientos personajes? XDDD

Bueno, sin mas por el momento XD espero les gustara… y tranquilas, no se me azoten por lo que paso en el capitulo anterior. Aun nos queda historia ;)

Muchas gracias por cada uno de sus mensajes, y comentarios, son realmente súper importantes para mí :D

Cualquier duda, sugerencia, o recomendación aquí abajo :D

Abrazos y besos aplastantes. (y una que otra mordidilla de Bill XD)

P.D si hay una fan de crepúsculo, espero que no se sienta ofendida, no era esa mí intención.

Siempre suya: Deka.