Imperio Romano se pasea por los pasillos del Hotel Plaza, buscando a las naciones.
- ¿Hola?
Pero no se topa con nadie conocido.
- ¿Feliciano? ¿Lovino? ¿China?
Se rasca la cabeza y suelta un suspiro.
- ¿Dónde se ha metido todo el mundo? Si esto estaba lleno de gente anoche...
Sigue andando. Le da por abrir una puerta y...
- ¡UAAAAARGH!
- ¡P-Perdón!-se disculpa Imperio Romano, cerrando la puerta y huyendo de allí-. Jo, no sé por qué se pone así...Si ni siquiera estaba buena...
Se fija en una puerta abierta que hay a un extremo del pasillo.
- ¿Um?
Muerto de curiosidad, se acerca y se asoma. No ve a nadie.
- ¿Hola?-pregunta, dando dos golpes a la puerta-. ¿Se puede?
Al no recibir respuesta, entra.
- Vaya, qué lujo...-murmura, mirando el saloncito.
Oye ruido procedente de la habitación.
- ¿Hay alguien?-pregunta, acercándose-. ¿Feliciano?
Se encuentra con Sealand, que mira la tele con la boca abierta.
- ¡Oh, el aspirante a nación! Salve, puer!
Sealand no dice nada.
- Siento haberme ido anoche sin despedirme-continúa Imperio Romano, acercándose a él-, pero es que os quedasteis dormidos y no quise despertaros...¿Te gustó la bulla? Pensé que os ayudaría en vuestro camino a la grandeza.
Sealand ni se mueve.
- Oye, ¿sabes adónde ha ido...?
- ¡Calla!-espeta Sealand, tapándole la boca.
"Buenos días. Aquí Norman Smith para la BBC. Como bien decían, medio mundo tiene el corazón en un puño tras saber que hace escasos minutos, tras una auténtica batalla campal en la sala de conferencias de la ONU, las principales potencias mundiales se han declarado la guerra entre sí. Al parecer, todo ocurrió esta misma mañana. Los países se habían vuelto a reunir para tratar la crisis económica cuando América, en represalia por la paliza que sufrió ayer a manos de varias naciones, que hizo que tuviera que ser ingresado en un hospital con heridas leves, impuso duros castigos económicos no sólo a sus agresores, sino a todos los asistentes. La mayoría de los países rechazó esa imposición y comenzó un intercambio de reproches mutuos que llevó a la ruptura de relaciones de países como Estados Unidos e Inglaterra e incluso a la violencia como las agresiones de Suecia a Dinamarca y el golpe en la cabeza que recibió Francia. Finalmente, al grito de "¡Guerra!", las naciones han declarado la Tercera Guerra Mundial. Para evitar este trágico desenlace, los líderes de todo el mundo tienen previsto pac..."
Sealand apaga la tele.
- Glorioso Júpiter...-musita Imperio Romano, impresionado por las imágenes-. Eso parecía la batalla de las Termópilas...
Sealand se levanta.
- Puer?-pregunta Imperio Romano.
Sin decir nada, Sealand sale de la habitación.
En esos momentos llega Veneciano al hotel. Al salir del coche blindado, recibe una llamada a su móvil de Berlusconi. Automáticamente, le da a la tecla de desconectar y sale corriendo hacia el interior del hotel. Los periodistas corren tras él.
- ¡Señor Italia, señor!
- ¡Señor Italia, ¿está a favor de la guerra?
- ¿Volverá a aliarse con Alemania?
- ¡P-Por favor, déjenme en paz!-suplica Veneciano, haciéndose paso.
- ¡Eh, ha dicho que le dejen!-gruñe uno de sus guardaespaldas, echando hacia atrás a los periodistas-. ¡Basta ya de fotos!
Angustiado, Veneciano suspira y se derrumba en un sofá del vestíbulo.
- Ve...-suspira.
Sealand baja a recepción y va a marcharse cuando se cruza con Veneciano. Ve su aspecto demacrado y se acerca a él.
- Hola...-le saluda.
Veneciano alza la cabeza.
- Ciao...-saluda en voz baja.
- Tú...Eres Italia, ¿verdad?-pregunta Sealand.
- Euh...Sí-responde Veneciano.
- ¿Es verdad lo que dicen?-pregunta Sealand, preocupado, sentándose en el brazo del sillón-. ¿Va...Va a haber guerra?
Italia desvía la mirada y hace una mueca de disgusto.
- ¿Y-Y tú te vas y no haces nada?-espeta Sealand.
- ¡Oye, q-que no soy Mussolini!-replica Veneciano, poniéndose colorado.
- ¡No sé quién es ése, pero a ti al menos te habrían escuchado!
- No, yo no puedo...No puedo hacer nada.
- ¡Claro que sí! ¡Eres una nación, damnit!
- ¡Te digo que no puedo!-protesta Veneciano, levantándose-. ¡Por mucho que me esfuerzo, nadie me respeta! ¡Silvio me odia, Japón, también, y...Y Alemania ya no quiere ser mi amigo! ¿P-Pero qué he hecho yo?
Se vuelve a sentar en el sillón y se cruza de brazos.
- Jo...-murmura Sealand-. Lo siento, ¿eh?
- Nada...-responde Veneciano.
- Pero, aun así, tenemos que hacer algo-dice Sealand-. Papá, mamá, Letonia, Inglaterra...Si entran en guerra, sufrirán, y no quiero que eso pase... Bueno, Inglaterra, que se fastidie.
- Sí...No quiero que Alemania y Japón vuelvan a pasar por lo mismo que hace setenta y un años...-dice Veneciano-. Pero...¿Qué podemos hacer? Están muy furiosos y no escuchan ni a sus superiores.
Sealand se calla al no saber qué contestar. Se sienta en el sofá y se da golpecitos en la cabeza mientras cierra los ojos y pone cara de esfuerzos. Instantes después, los abre.
- ¿Puedes hacerme un favor?-pregunta a Sealand.
Veneciano le mira extrañado.
Imperio Romano baja a recepción.
- Puer?-pregunta-. ¿Dónde te has metido?
Los recepcionistas le miran raro.
- ¿Va al rodaje de alguna película de gladiadores?-le pregunta uno.
- ¿Película?-repite Imperio Romano, confuso.
Ve salir a Sealand y Veneciano atropelladamente del hotel.
- ¡Oh, Feliciano!-exclama Imperio Romano, corriendo detrás de ellos-. ¡Espera, nietecitoo!
Se topa con la puerta giratoria.
- ¿E-Esto qué es?-pregunta.
Se mete y comienza a girar sin poder salir afuera.
- ¡Este artilugio diabólico sólo puede ser obra de Cartago!-gruñe Imperio Romano, mareándose-. ¡Ese maldito nunca me ha perdonado que le ganara! ¡Lo odio! ¡Glub!-se tapa la boca, a punto de vomitar.
- ¡Espero que lleguemos a tiempo!-exclama Sealand, subiendo al coche de Veneciano.
- ¿Tú crees que funcionará?-pregunta Veneciano, subiéndose y cerrando la puerta-. Es que...No sé, va contra las normas de la asamblea...
- ¿Y no va contra las normas de la asamblea ir a solucionar la crisis y terminar en una guerra?-inquiere Sealand.
- ...Ahí le has dado-dice Veneciano, convencido. Se vuelve hacia el chófer-. Portarci alla sala conferenze, per favore, presto.
- OK-contesta el chófer, inclinando la cabeza.
Pisa el acelerador y emprende rumbo hacia la sala de conferencias.
Allí, Obama se dedica a darse cabezazos contra la mesa mientras América coge un papel y un boli.
- OK, guys-dice-. Tenemos que organizarnos porque si no, no vamos a saber quién está contra quién. A ver-empieza a apuntar en la hoja-. ¿Quién empieza?
- Yo-interviene Rusia, levantando la mano-. Te declaro la guerra, da. A ver si por fin puedo ver tu cadáver putrefacto tirado en una cuneta.
- Bien, te vas a enterar, ruso...-murmura América, apuntándolo-. ¿Alguien más quiere matarme?
- Yo-salta China, levantando la mano.
- Y yo-dice Cuba.
- Yo también-dice Venezuela.
- Para terminar antes, ¿alguien no quiere declararle la guerra a América?-interviene Camerún.
Resuenan grillos.
- ¡Eso no vale!-protesta América.
- ¿No eres el héroe? ¡Pues demuéstralo!-dice Yemen.
- Mmm...-dice América, volviéndose hacia Canadá-. Tú. Serás mi aliado, ¿verdad?
- ¡¿Yo?-exclama Canadá.
- Sí-dice América-. Somos hermanos, ¿no? Y los hermanos están para ayudarse.
- ¡¿Encima que me vendes a Rusia pretendes que te defienda ante el mundo?-exclama Canadá, indignado-. ¡Pues no! ¡Por mí te puedes ir a...!
- ¡Decidido!-dice América, apuntándolo-. ¡Tú conmigo!
- Yo no te voy a declarar la guerra porque no quiero perder el tiempo contigo-dice Inglaterra-. Pero que sepas que no voy a estar ahí para ayudarte cuando vengas a mi casa llorando y suplicando mi auxilio.
- Ya, ya-dice América con voz cantarina-. Debiluchooo...
- ¡Conque sí, ¿eh?-grita Inglaterra, perdiendo los papeles-. ¡Ponme el primero! ¡Te voy a machacar!
- ¡Yo quiero declararle la guerra a Inglaterra!-interviene Argentina-. ¡Así podré quitarle las Malvinas legítimamente!
- ¡Eh, tú!-gruñe Inglaterra.
- ¡Pues yo se la declaro a España!-dice Marruecos.
Mira sus ansiadas Ceuta y Melilla y se relame.
- Hace años que no me pego con nadie-dice España, sacando algo de su maletín-. En fin, habrá que sacar a mi querida amiga...-saca su pedazo de hacha y la acaricia como si fuera un gatito-. ¡Ay, cómo te he echado de menos, amor!
- Antonio...Estás muy mal-dice Zapatero.
- ¡Moi, yo quiero declararle la guerra a la loca ésa!-dice Francia, señalando a Bielorrusia.
- Aquí te espero-dice Bielorrusia, afilando su cuchillo con la mesa.
- Qué bien lo vamos a pasar todos juntitos otra vez, ¿verdad?-sonríe Rusia a los bálticos.
- ¿Por qué no me muero y me reencarno en un gatito?-se lamenta Letonia, al borde del llanto.
- ¡Yo te voy a declarar la guerra a ti, West!-exclama Prusia, clavándole el dedo índice a Alemania en la mejilla-. ¡A ver quién de los dos es más fuerte!
- Lo siento, pero para eso hay que ser una nación-dice América.
- ¡Serás...!-gruñe Prusia, mostrándole su puño-. ¡Tú lo que tienes es envidia de mi maravillosa fuerza!
- Sí, sí, lo que tú digas-dice Alemania, dándole palmaditas en la espalda-. Anda, toma cinco euros y cómprate unas chuches-le da un billete de cinco euros.
- Dumm!-gruñe Prusia, cogiendo no obstante el dinero y guardándoselo en el bolsillo.
- ¡Eh, América, quiero declararle la guerra a Suecia, Finlandia, Islandia y Noruega!-dice Dinamarca-. ¡Me tienen ya hasta aquí!
- Buah, no será difícil...-dice Noruega.
- Debilucho...-murmura Suecia.
- Eso ya lo veremos...-dice Dinamarca.
- A ver, ¿a quién le puedo declarar la guerra yo?-se pregunta Romano-. Mmm...-se vuelve hacia Berlusconi-. Silvio, dimmi, La Germania o La Spagna?
- La Spagna non era tuo amico?-pregunta Berlusconi.
Romano se encoge de hombros. Berlusconi pone cara de fastidio y vuelve a marcar el móvil de Veneciano.
- Feliciano...-gruñe.
Japón se levanta y va derecho a la puerta.
- Kiku...-suplica Hatoyama.
- ¡Eh, Japón, ¿te rajas?-pregunta América-. ¡Venga, apúntate!
Japón le mira cansado.
- No-contesta-. Es más, no volveréis a verme en muchos siglos. Adiós.
Se va.
- ¡Por tu culpa Japón se va!-gruñe Turquía a Grecia.
- ¡No, es culpa tuya!-dice Grecia.
- ¡Tuya!
- ¡No! ¡Tuya!
Japón suspira. Pone la mano en el picaporte cuando la puerta se abre y entran Sealand y Veneciano.
- ¡I-Italia-kun!-exclama Japón.
- ¡Espera, Japón, no te vayas, porfa!-suplica Veneciano.
Veneciano corre hacia su sitio mientras Japón le mira intrigado.
- ¿Dónde estabas? ¡Te he llamado y no...!-gruñe Berlusconi, guardando su móvil.
Veneciano, sin hacerle caso, coge el micrófono.
- ¡Oiga, perdone!-dice a Ki-moon.
Ki-moon, que se estaba tomando una aspirina, alza la cabeza.
- Euh, ¿sí?-pregunta.
- ¿Puedo decir algo?-pregunta Veneciano.
- Pues...Por mí...-dice Ki-moon.
Veneciano se lo agradece con una sonrisa y acerca aún más el micrófono a sus labios.
- ¡Escuchad!-dice-. ¡Escuchadme todos, por favor! ¡SILENCIO!
Todos se callan y le miran.
- Gracias-continúa-. Quería deciros algo antes de que os matéis los unos a los otros.
- Italia, creo que quedó claro en Copenhague eso de "¡Pastaaa! ~ "-dice Alemania, irritado.
- No, no, no es eso-dice Veneciano-. Lo que quería decir es que...Alguien tiene algo que deciros, pero como nunca dejáis que diga nada, quiero cederle la palabra-se vuelve-. Cuando quieras.
Sealand se acerca al estrado y se aclara la garganta.
- ¿Él?-exclama Inglaterra-. ¡Pero si no es una nación!
- ¡Te callas!-gruñe Sealand. Se pone de puntillas porque no llega al micrófono-. Bueno. Yo...No sé cómo va esto, así que iré al grano...¡¿PERO VOSOTROS ESTÁIS MAL DE LA CABEZA?
La sala se queda en silencio.
- ¿Qué es eso de una guerra?-espeta Sealand-. Pero, ¿no erais vosotros los que decían que los problemas se solucionan hablando?
- No tenemos por qué darle explicaciones a un mocoso como tú-interviene Hong Kong, cruzándose de brazos.
- ¡Que sí, que lo que tú digas!-continúa Sealand-. ¡A ver, no lo entiendo! ¡Osea, que me dais la vara con que tengo que aprender modales y un montón de cosas inútiles si quiero llegar a ser una nación, para que luego os junten un rato y acabéis queriendo mataros los unos a los otros! ¡Eso se llama hipocosía!
- Se dice "hipocresía"-le corrige Veneciano.
- ¡Da igual!-contesta Sealand.
- Hijo mío, esto ha sido así desde que el mundo es mundo, lo siento-dice Dinamarca, encogiéndose de hombros.
Sealand resopla.
- ¿De verdad vais a luchar? ¿No tuvisteis bastante el siglo pasado?-pregunta.
Los países se miran los unos a los otros.
- No-responden.
- Yo que tú lo dejaba, Sealand-le dice Veneciano-. No te van a hacer ningún caso.
- Tal vez si lo intentaras tú...-propone Sealand.
- ¡Eso, eso, deja hablar al italiano!-exclama América-. ¡Así nos echaremos unas risas!
- ¡Mi hermano no es un bufón, gilipuertas! ¡A que te doy!-gruñe Romano, yendo hacia él.
- ¡Caaalma!-dice España, sujetándole-. Espérate un poquito, que ya le pegamos todos juntos en amor y compañía!
- Lo siento...-murmura Veneciano.
Sealand va a retirarse del estrado cuando se vuelve y coge de nuevo el micrófono.
- Sólo una cosa más-dice-. Yo antes quería ser una nación como vosotros. Me parecía genial ser alguien importante y hacer que mis habitantes se sintieran orgullosos de mí...Pero si lo único que sabe hacer una nación es enfadarse y dejar que su gente muera porque no le importa otra cosa que hacerle daño a un tipo que puede ser su hermano o su mejor amigo...Yo...Creo que ya no quiero serlo.
Toda la sala se queda callada.
- Creí que después de lo que pasó el siglo pasado intentaríais portaros mejor-continúa Sealand, con cara muy seria-. Pero...Ya veo que no. En fin, no tenéis por qué escucharme. Sólo soy un niño, no tengo más que veintisiete habitantes y todo eso...Ya os dejo en paz-se aparta del micrófono-. Mataos a gusto.
Sin decir ni una palabra más, coge y sale de la sala. La sala entera se queda como muerta. Veneciano se acerca al micrófono.
- Fratello-llama a Romano.
- ¿Qué narices quieres?-pregunta Romano.
- ...Me voy a casa-dice Veneciano-. Tú puedes luchar si quieres, no te lo voy a impedir. Es que no le puedo hacer daño a Alemania...Ni a España, ni a América ni a nadie...Además-sonríe amargamente-, ya le he hecho mucho daño a mi gente dejándolos en ridículo delante de todo el mundo, no quiero hacerles más.
Se da la vuelta y corre hacia Sealand.
- ¡Espera, Sealand, voy contigo!-le llama.
Se cierra la puerta. No se oye ni una tos en la sala. Todos se miran los unos a los otros.
- ¡S-Sealand!-exclama Finlandia, corriendo tras el niño.
Se va y Suecia le sigue.
América se sienta y deja escapar un suspiro.
- En fin...-musita-. ¿Alguien más...quiere apuntarse?
Nadie responde. Japón, que ha permanecido todo este tiempo de pie junto a la puerta, vuelve a su asiento.
- Creo que...-dice-. Deberíamos hablar antes de firmar la declaración de guerra...¿De verdad están seguros de que quieren hacer esto?
Francia baja la mirada y después se toca la herida.
- Bueno...-dice-. Y-Yo sólo dije eso porque...porque estaba enfadado y me dolía, pero...No es para tanto...Nicolas me ha hecho cosas peores por coquetear con su mujer, jaja...
A Sarkozy se le escapa una risa.
- La ferme!-gruñe, aún con una sonrisa.
- Bueno, es verdad que América es un imbécil y un desagradecido, pero...-dice Inglaterra, cruzándose de brazos-. En fin, es un importante inversor en mis empresas y mi economía. Perdería demasiado si le declaro la guerra...No merece la pena, ya le derrotaré en el fútbol. Venga, bórrame.
- Sí, América es como un perro: se le coge cariño-sonríe Rusia-. ¿Sabes qué? Me lo paso mucho mejor odiándote explícitamente que lanzándote misiles. Así que dejémoslo.
Los bálticos suspiran de alivio.
Alemania mira a Prusia.
- ¿Aún quieres declararme la guerra?-pregunta Alemania.
Prusia desvía la mirada dubitativo.
- ¡Nah!-dice-. ¡No me hace falta declararte la guerra para demostrar que soy más fuerte y asombroso que tú!
- Me alegro-dice Alemania-. Lo último que me apetece es una guerra civil.
Prusia sonríe y le da un puñetazo suave y cariñoso en el hombro. Se giran y ven a Hungría con la cámara lista y una sonrisa de viciosa.
- Germancest...Germancest...-repite una y otra vez con una cara que da miedo.
- ...En esa esquina se está mejor, no corre tanto el aire, ¿verdad, West?-pregunta Prusia, asustado, apartándose prudentemente de ella.
- Ja-afirma Alemania, corriendo con él hacia otro lado.
- ¡Oye, leproso!-exclama Turquía.
Grecia se vuelve y le mira.
- No es que ahora me caigas bien-dice, rascándose la nuca-. Es que...Bueno, me he encontrado esto en...el suelo y...en fin...Emm...Creo que es tuyo-le da una hoja-. A ver si te compras un archivador y no vas perdiendo los papeles, gato estúpido.
Mira hacia otro lado. Grecia coge el papel y lo mira.
- Oye...-dice-. ¿Esto no es un talonario por trescientos millones de euros?
- ¡Yo qué sé!-gruñe Turquía-. ¡Está a tu nombre!
- Y al tuyo-observa Grecia-. ¿Por qué...?
- ¡Para que te calles y dejes de dar la brasa!
Grecia se guarda el talonario en el bolsillo y frunce el ceño.
- Maldita sea, ahora te tengo que dar las gracias.
- Si no quieres no me las des, pero estás en deuda conmigo, recuérdalo.
Grecia suspira.
- Vaaale-dice-. Intentaré que entres en la UE.
- ...Bien-murmura Turquía-. ...Gracias...
- ¿Qué has dicho?
- Nada, ¡a ver si te limpias los oídos!
Marruecos le tiende la mano a España.
- ¿Lo siento?-dice.
España al principio duda, pero luego sonríe y le da un abrazo.
- ¡No pasa nadaaa!-ríe-. ¡Si yo te quiero mucho!
Marruecos sonríe forzosamente y le corresponde el abrazo.
- Sí...-murmura-. سبتة ومليلية هم اهلي ...
- Oye...Perdona por lo de antes...-se disculpa Argentina, avergonzada-. Las Malvinas son tuyas...Me las ganaste legítimamente.
- Me alegro de que lo entiendas-dice Inglaterra, estrechándole la mano.
Argentina asiente sonriente y vuelve a su sitio.
- ¿En serio has renunciado a las islas?-pregunta Kirchner, asombrada.
- ...Calla antes de que cambie de opinión...-murmura Argentina, con la mirada perdida.
Afuera...
- ¿Sealand?-pregunta Finlandia, buscando al niño entre la multitud.
- ¡Sealand!-le llama Suecia, mirando entre un grupo de gente.
Se para al verle sentado en un sofá junto con Veneciano, que le da palmaditas en la espalda mientras el niño llora.
- ¡Ahísta!-exclama Suecia, corriendo hacia él.
- ¡Sealand!-exclama Finlandia, yendo a su encuentro-. Sealand...
- ¡Déjame! ¡Sois todos unos egoístas pedorros!-gruñe Sealand, dándole patadas-. ¡Os odio! ¡Dejadme en paz!
- ¡Sealand, estate quieto!-exclama Finlandia, evitando las patadas.
- ¡Sealand!-exclama Suecia-. ¡Ya no amos a elear!
Sealand para, se enjuaga las lágrimas y le mira.
- ¿Q-Qué?-pregunta.
- Que...-dice Finlandia-. Suecia y yo hemos estado hablando y...Bueno, creemos que eso que has dicho en la sala...Ha sido muy sensato...Y tienes toda la razón del mundo. Sentimos haberte dado tan mal ejemplo.
- Entonces...¿No vais a...?-pregunta Sealand.
Suecia niega con la cabeza.
- Es ejor gnorar a Inamarca que ebaarse a su nivel-sonríe Suecia.
Sealand hipa y sonríe.
- M-Menos mal...Si os hubiera pasado algo...-murmura.
Los tres se funden en un abrazo mientras Veneciano les mira con cara de tristeza.
- Yo también quiero un abrazo...
- Feliciano!
Berlusconi va hacia él con cara de mala leche.
- ¡Gargh!-chilla Veneciano, poniéndose de pie de un salto-. ¡S-Silvio! ¡P-Perdona, perdona! ¡Me ha pedido que le deje hablar y yo nunca le he negado nada a un niño! Yo...¡Por favor, no me castigues sin pasta!
Berlusconi se para delante de él en jarras.
- Ve...-musita Veneciano, cubriéndose la cabeza.
En ese momento, Berlusconi empieza a llorar y le abraza.
- ¿Eh?
- Estoy tan orgulloso de ti...Has conseguido evitar una guerra...¡Tú!-exclama Berlusconi, emocionado.
- ¿De veras? ¿No me vas a pegar?-pregunta Veneciano, confuso.
- ¡No!-contesta Berlusconi, dándole un besazo-. ¡Al fin has reparado el daño que has hecho a la humanidad!
- ¡Eh, que la idea fue mía!-protesta Sealand.
Veneciano, abrumado por las muestras de cariño de su superior, le pide que se calle con un gesto.
- ¡Jo!-se queja Sealand, hinchando los mofletes.
- ¿Sabes?-dice Finlandia-. Creo que mereces un premio por ayudarnos a comprender que hemos actuado como idiotas...
- ¡¿Me dejaréis ser una nación?-pregunta Sealand, con mirada de cordero degollado.
Finlandia y Suecia se miran.
- No-responde Suecia.
- ¡Jooo! ¡Porfaaa!-protesta Sealand, saltando de furia-. ¡Quiero ser una nación! ¡Quiero ser una nación! ¡Quiero ser una nación!
Suecia sale corriendo y vuelve al momento con un helado.
- Elige: helao o sé nación-da a elegir a Sealand.
...
- Helado-elige Sealand.
Coge el helado y lo lame satisfecho. Suecia y Finlandia le miran y sonríen. Suecia posa su mano en el hombro de Finlandia con demasiadas confianzas y Finlandia intenta apartarse discretamente.
Al poco tiempo, todos se vuelven a reunir en la sala de conferencias. Allí se puede ver a Palestina e Israel estrechándose la mano, a Liechtenstein riendo con Sealand y Letonia, y a Suiza y Austria enfadados como siempre, pero cordialmente.
- OK-dice América-. Ninguno de nosotros quiere ya la guerra, ¿no?
- ¡Ya sabes que no, idiota!-contesta Bélgica.
- Bien, pues entonces...-murmura América, cogiendo la hoja de la declaración de guerra.
Rompe la hoja en muchos pedacitos y los tira al suelo.
- Hala, ya está-dice, cruzándose de brazos, satisfecho-. Mmm, ¿ahora qué hacemos?
- ¡Discutir las soluciones para la crisis económicas, que es a lo que hemos venido!-exclama Inglaterra.
- Jo, es que ahora me da una pereza...-dice América, estirándose.
- ¡No empecemos!-exclama Austria.
- Vaaale, ¿alguien tiene alguna idea?-pregunta América.
Silencio en la sala.
- ¿Nadie?-insiste América.
- Es que después de lo de antes, no hay ganas de trabajar...-dice Polonia, bostezando.
- Pues nada, ya que el problema es que no hay pasta-dice América, levantándose y abriendo su cartera-, voy a daros unos cuantos pavos para que vayáis recuperándoos.
Recorre las mesas dándole cinco dólares a cada uno. Suiza se queda mirando el billete que le ha dado América.
- No hablarás en serio...-dice.
- ¡No, si quieres os doy diez y me arruino!-espeta América-. No te fastidia, el tío este, que no le basta con la pasta que tiene...
- Alfred...You will ruin-le advierte Obama, contando el número de asistentes.
- Jaja, Barack, do you really think that I won´t ask them back with 200% interest?-le dice América, riéndose-. Jajaja, Marshall, second part...
- Vale, muy bonito eso de darnos...Esta suma tan generosa-dice Noruega-. Pero, ¿no se os ocurre nada más?
Ninguna respuesta.
- Creo que podemos dar por finalizada la sesión, ¿no?-dice América, volviendo a su sitio.
- Pues sí, porque ya que no se le ocurre nada a nadie...-dice Islandia, recogiendo sus cosas.
- Entonces, vámonos-dice América-. Os invito a comer en un restaurante de lujo.
- ¡Vaya! ¡No, si al final no va a ser tan rata el americano!-exclama Romano, levantándose.
- ¡Eh! ¿Y los problemas económicos?-insiste Suiza, mosqueado.
Pero la gente ya se está yendo.
- Déjalo para la reunión que viene, hermano-le aconseja Liechtenstein, tirando de él para que se levante.
- Mpf...Sí...-dice Suiza, resignado-. Bueno, al menos hoy me invitan a comer...
Las naciones salen y se quedan los superiores.
- Entonces...-dice Fischer, confuso-. Tanta discusión...Tanto lío para organizar la reunión...Hemos estado a un pelo de la guerra...¿Y todo queda como estaba?
- Señor mío-dice Medvédev, dándole palmaditas en el hombro-. Esta gente es así. No le dé más vueltas.
Al rato, en el "lujoso restaurante" del que hablaba América.
- Póngame un "Cuarto de libra con queso"-ordena América a la dependienta del McDonald´s.
- No me vuelvo a fiar de este payaso...-dice Romano, abriendo su hamburguesa. Mira con asco el interior-. ¡¿QUIÉN HA SIDO EL PEDAZO DE SUBNORMAL QUE LE HA PUESTO PEPINILLO, ME CAGO EN ÉL Y EN TODA SU FAMILIA?
- Fratello, por favor, otra vez no...-le suplica Veneciano.
- ¡Se va a enterar ese inepto!-gruñe Romano, yendo hacia el mostrador.
Veneciano se queda solo, pinchando su ensalada de pollo. Alemania se acerca a él.
- ...Hola-le saluda tímidamente.
- Oh...Hola, Alemania-saluda Veneciano a su vez, evitando mirarle a los ojos.
- ...¿Puedo sentarme?-pregunta Alemania, señalando su mesa.
Veneciano afirma con la cabeza. Alemania se lo agradece en voz baja y se sienta a su lado. Veneciano mira fijamente su ensalada mientras se la come.
- ...Italia, yo...-dice Alemania.
- Lo siento mucho, Alemania-se disculpa Veneciano-. Por mi culpa te he dejado en ridículo. Si no quieres volver a hablarme, adelante. Estás en tu derecho.
- No, yo...-dice Alemania, aclarándose la garganta-. Yo soy el que debe disculparse contigo.
- ...¿Eh?-murmura Veneciano, mirándole con sorpresa.
- Sí-explica Alemania-. Aunque es verdad que arruinaste mi reputación...Nos llevaste a Japón y a mí a dar una vuelta para estar todos juntos una vez más...Tus...Tus intenciones eran buenas. Además, eso que dijiste en la sala de conferencias...Que no eras capaz de hacerme daño...
Veneciano le mira con ojos brillantes.
- Y-Yo tampoco te haría daño nunca-sigue Alemania, poniéndose colorado-. Porque eres...Eres mi mejor amigo...
Veneciano se queda mudo.
- ¿Soy...tu mejor amigo?-repite Veneciano.
- ...Ja-afirma Alemania, desviando la mirada.
Veneciano corre a abrazarle de improviso.
- ¡Alemania!-exclama, feliz-. ¡Estoy tan contento de oírte decir eso!
- ¡V-Vale, pero, por favor, no me espachurres!-dice Alemania.
- Perdona ~ -sonríe Veneciano, soltándole.
Alemania se vuelve y ve a todo el restaurante mirándolos.
- Fucking fags...-murmura un cliente.
Hungría les saca una foto y Polonia se ríe ruidosamente.
- ¡Eh, tú, vale ya con la camarita, ¿no?-espeta Alemania a Hungría.
Veneciano sonríe y mira a Japón. Éste le devuelve la mirada y sonríe también, comiéndose su hamburguesa. Rusia, después de darle un sorbo a su refresco, se vuelve hacia su hermana.
- Hermanita-le dice sonriendo-. Perdona lo de antes, ni Bielorrusia ni yo estamos en contra de tu relación con Canadá. Eres libre para casarte con él...¿Para cuándo la boda?
- ¡QUE NO NOS VAMOS A CASAR, SÓLO SOMOS BUENOS AMIGOS DESDE HACE SIGLOS, ¿OS LO TENGO QUE DECIR EN INUKTITUT O QUÉ?-insiste Canadá, ya desesperado, en la mesa de al lado.
- Aaaah...-murmura Rusia-. Vale, vale, lo entiendo.
Canadá se sienta aliviado por soltarlo todo por fin. Rusia se acerca a su hermana hasta hablarle a la oreja.
- Si ves que necesitas un empujoncito para tenerlo en tus dulces pechos, tú, dímelo, que yo te presto mi grifo-dice, sonriendo-. A mí me funciona con todo el mundo.
Ucrania se come sus patatas sin saber qué responder.
- England...-dice América, sentándose junto a él-. Eso que dijiste en la sala es la excusa más patética que he oído en mi vida.
- ¿Eng?-murmura Inglaterra.
- Sé que en el fondo me adoras-sonríe América.
- ¡Que te lo has creído, gafotas egocéntrico!-espeta Inglaterra-. ¡Te he dicho que la única razón por la que no te he declarado ya la guerra es porque eres un importante...!
- Sí, sí...-dice América-. Lo que pasa es que no puedes reconocer que soy tu niño del alma...
- ¡Tú de niño sólo tienes el cerebro, idiota!-gruñe Inglaterra-. ¡Y eso fue hace mucho tiempo! ¡Olvídame de una vez!
- Siempre discutiendo, aru-murmura China, sonriendo-. Si es que hacéis buena pareja...
América e Inglaterra le miran con cara de circunstancias.
- ¿Qué-has-dicho?-espeta América.
- ¡Vamos, que si hay tantos fanfics de vosotros dos, por algo será, aru!-ríe China, mostrándole su portátil.
América e Inglaterra se asoman a leer lo que tiene China en la pantalla y ponen cara de asco.
- ¡NI EN SUEÑOS HAGO YO ESAS COSAS CON ÉSTE!-exclama Inglaterra, asqueado.
- ¡¿N-Nos besamos?-pregunta América, blanco-. ¡QUÉ ASCO! ¡¿Quién es el que escribe estas cosas? ¡Lo mato!
China ríe y bebe.
- Eh-dice Dinamarca-. Ahora que todos hemos hecho las paces...¿Dejaréis de meteros conmigo?
Los nórdicos le miran mal.
- ¿Has hecho algo para merecértelo?-pregunta Noruega.
- Pensé que...-dice Dinamarca.
- ¡Ah, ¿pero tú piensas?-pregunta Islandia, fingiendo sorpresa.
Dinamarca suelta un gruñido. Los nórdicos se miran y sonríen.
- ¡Que era una broma!-dice Finlandia.
- ¡Ah! ¡Jajajaja! ¡Por un momento me la he tragado!-ríe Dinamarca-. Sois de lo que no hay...
Va a coger una patata cuando todos se las quitan de las manos.
- Kiitos-agradece Finlandia.
- Takk-agradece Islandia.
- Takk-agradece Noruega.
- Ge mig-dice Suecia.
Le dejan sin patatas. Dinamarca gruñe.
- Os odio...-dice, levantándose a pedir otras.
- En fin-dice Prusia, cruzándose de brazos con una sonrisa-. Bien está lo que bien acaba. No hemos hecho nada por el mundo, nos hemos gastado un dineral en transporte, alojamiento y comida, y Sealand y yo no hemos conseguido que se nos considere naciones...Pero bueno, no está mal.
- Este...Señor Prusia-dice Liechtenstein-. ¿Puede apartarse, por favor?
Prusia está sentado en la piscina de bolas del McDonald´s, bloqueando el paso al tobogán.
- ¡Quita, que Liechtenstein y yo nos queremos tirar!-le grita Sealand.
- ¡No!-es toda la respuesta de Prusia.
Afuera, un personaje observa la escena a través de la puerta. Es Imperio Romano, que sonríe.
- Me alegra saber que todo ha acabado bien-dice-. Mis nietecitos saben cuidarse solos...Y estando el rubiales con Feliciano, estoy más tranquilo...
Despidiéndose con la mano de sus nietos a pesar de que ni se han dado cuenta de que está ahí, comienza a andar calle abajo.
- Es curioso, ese tipo siempre me ha recordado a Sacro Imperio Romano...-comenta para sí.
Pasa por un callejón. Momentos después, retrocede y se asoma. Detrás de unos contenedores hay una intensa luz roja. Se acerca y ve que de ella sale Germania.
- ¡Oh, Germania, tú por aquí!-exclama Imperio Romano, yendo hacia él.
- ¿Dónde has estado?-espeta Germania-. Venga, es hora de irse.
- ¡Sí!-sonríe Imperio Romano.
Va con él y a ambos les envuelve la luz.
- ¿Sabes, Germania? He visto a nuestros nietos. ¡No sabes lo grandes que están! Seguro que están ya hartos de ir a bacanales y de codearse con mozas explosivas...¡Oh, hablando de eso, he visto a una chavala que...jeje...madre mía, eso sólo puede ser una diosa! ¡Menudos atributos! ¡Ah, y también he visto a China! Me manda darte recuerdos de su parte. Hay que ver, lo viejuno que está y lo bien que se conserva, como un buen vino...Oye, ¿sabes que anoche te vi en una caja mágica? Sí, era exactamente igual que tú...Solo que se llamaba "Légolas" o algo así y tenía las orejas puntiagudas. Pero por lo demás, igualito, oye...
La luz brilla intensamente y después desaparece con las dos naciones. Ni los viandantes ni los países que están comiendo en el McDonald´s todos juntos se dan cuenta.
FIN
Notas:
Salve, puer! = ¡Hola, niño!
La Batalla de las Termópilas, ocurrida en 191 a.C, fue una batalla entre los romanos y el imperio seléucida, que ganó Roma. No, no es el de Leónidas.
Lo de Mussolini no viene porque sea un fascista, no nos hagamos ideas equivocadas. Viene por el gran carisma que tenía ese hombre.
Portarci alla sala conferenze, per favore, presto = Llévenos a la sala de conferencias, por favor, rápido.
OK, guys = Bien, chicos
Dumm! = ¡Idiota!
Silvio, dimmi, La Germania o La Spagna? = Silvio, dime, ¿Alemania o España?
La Spagna non era tuo amico? = ¿España no era tu amigo?
Dove sei stato? Ho chiamato e non ...! = ¿Dónde estabas? ¡He llamado y no...!
La ferme! = ¡Cállate!
سبتة ومليلية هم اهلي = Ceuta y Melilla son mías
Alfred...You will ruin = Alfred...Te vas a arruinar
Jaja, Barack, do you really think that I won´t ask them back with 200% interest? Jajaja, Marshall, second part... = Jaja, Barack, ¿de verdad crees que no les voy a pedir que me lo devuelvan con 200% de intereses? Jajaja, Marshall, segunda parte...
Fischer es el superior de Austria.
Fucking fags... = Putos maricas...
El inuktitut es una lengua esquimal que se habla en ciertas zonas del norte de Canadá.
Kiitos = Gracias
Takk = Gracias
Ge mig = Dame
Bueno, se acabó. Espero que os haya gustado.
Creo que llegó el momento de los agradecimientos.
Pues nada, le dedicaré este fic a , La Sombra de la Luz, Kiriahtan, Bielo, Lita, Nico y Cris. Sois estupendas, chicas ^^
También se lo dedico a LeoKingdom. Gracias a tus sugerencias y a tu interés.
Por último, a ti, lector/a, por leerlo.
