Roan se asoma disimuladamente, intentando ver el interior de la enfermería.
Pero nada.
- ¿La ves? -pregunta Antonella, a su lado, mirando que nadie de Defensa les vea intentando fisgonear. Ya les han echado tres veces.
- No, ¿seguro que la han traído aquí? -le responde Roan.
- Se cayó por un agujero y se ha tirado tres días sobreviviendo como fuese antes de volver. ¿A qué otro sitio la llevarías?
El chico vuelve a repasar lo que ve de enfermería con la mirada, escondiéndose al ver a la doctora Abby girarse hacia él.
- Pues aquí no está.
Ambos suspiran, dejando esa esquina y volviendo a la "base no oficial del grupo 6 de Patrullas", la habitación de Octavia y Raven (sin ver como Abby les observa desde la puerta de Enfermería).
No tiene sentido.
No tiene nada de sentido.
Saben que Clarke ha vuelto, media base habla de los de Defensa corriendo a informar de que la rubia se acercaba a la puerta, pidiendo paso para poder llevarla cuanto antes a Enfermería y, sin embargo... Clarke no estaba en Enfermería.
Ven a Gustus llegando a la habitación que la mecánica y la patrullera comparten, y este les espera, dejándoles pasar antes de cerrar la puerta.
- ¿Y Octavia? -pregunta Roan, sentándose en el pequeño sofá de dos plazas de la habitación.
- Buscando a su hermano, a ver si consigue sonsacarle algo -comenta Raven, sentada en la cama-. ¿La habéis visto?
- No está en enfermería.
- ¿Cómo puede ser que nadie la haya visto pero todos sepan que ha vuelto? -pregunta Antonella.
- ¿Estamos seguros de que era ella y no otro superviviente? Tal vez esté en la zona de cuarentena.
Gustus niega.
- Vengo de allí, todas las habitaciones están vacías.
Cuarentena, el antiguo ala de psiquiatría, con las salas acolchadas, perfectas para poner en cuarentena a nuevos supervivientes y asegurarse de que no se convierten de la noche a la mañana. Salas vacías ya que hacía meses, casi un año ya, desde que llegó alguien nuevo.
- Raven, estabas en la zona del garaje, ¿no viste nada? ¿Nadie de mantenimiento vio nada? -pregunta Gustus.
- ¿Porque no os lo habría dicho en caso de haberla visto? No me jodas -le echa en cara-. Sonó la alarma y nos echaron a todos de esa zona y de los pasillos cercanos. ¡Vine directa a avisaros!
La mecánica suspira, y el silencio les envuelve, llenando sus cabezas de un torbellino de posibles hipótesis.
Y no les ayuda en nada el ver llegar a Octavia quien, sin hablar, les dedica un movimiento de cabeza negativo antes de tirarse en la cama con Raven.
No les dejan patrullar.
Bellamy desaparece.
Clarke vuelve pero nadie sabe nada
¿Qué coño está pasando?
.
.
.
.
.
Hay, exactamente, 386 azulejos en las paredes de esa habitación, de las cuales 48 están rotas de alguna forma.
386 azulejos, contados uno a uno, y cubriendo de suelo a techo las cuatro paredes de la habitación. Excluyendo, claro está, la puerta metálica (cerrada desde el otro lado, claro) y lo que sabe perfectamente que es un espejo de un sólo sentido.
Suspira, mirando mal hacia donde se imagina que está sea quien sea que esté observándola tras el cristal.
Si la cama no estuviese anclada al suelo... intentaría lanzarla contra el cristal.
...
Maldita sea.
Suspira, clavando su mirada en el pequeño altavoz que la observa desde una de las esquinas del techo.
Y en un intento frustrado de intentar que ocurra algo tras horas y horas (o eso cree, no sabe cuanto tiempo ha pasado desde que ha llegado, ni desde que dejaron de repetirle la misma lista de preguntas una y otra vez), se levanta de su sitio, en el suelo, justo en el centro de la sala, y se acerca al cristal.
- Tengo sed.
Espera.
- Eh, tengo sed, ¿podéis traerme agua?
Y... nada.
- ¿Hola? ¿En serio me encerráis aquí, sea donde sea que es aquí, y me abandonáis a mi suerte? -golpea el cristal- ¡Eh! ¿Me traéis agua o es que preferís verme morir deshidratada?
Oye un sonido sordo provenir del altavoz.
- ¿Cómo ha sobrevivido estos días, Griffin? -le vuelve a preguntar una voz demasiado grave como para no estar distorsionada.
- Tal y como te he dicho antes, Barry White psicótico, ¡con suerte y escondiéndome!
El zumbido del altavoz encendido desaparece, volviendo a dejar a la rubia en ese silencio absoluto que la frustra más.
- ¿SE PUEDE SABER QUÉ COJONES QUERÉIS QUE OS RESPONDA? -grita, golpeando el cristal de nuevo- ¡Ni yo misma me creo la suerte que tuve! ¡Me encerré en habitaciones rezando porque no me encontraran por la noche, intentando planear qué hacer si lo hacían! ¡Por el día andaba, intentando ubicarme para saber como volver! ¡QUEREIS DARME UN PUTO VASO DE AGUA!
Respira agitadamente, con los puños cerrados y notando como las uñas se le clavan en las palmas por la frustración.
¡Maldita sea!
¿Qué demonios quieren como respuesta?
Lo que les dice tiene sentido, más que explicarles a un grupo loco de Defensa lo de una chica joven morena que sabe desaparecer en la nada, y un maldito edificio que mantiene a raya a toda esa sub especie de ex humanos creada por un virus surgido de nadie sabe dónde.
Se esperaba la cuarentena.
¿Tres días fuera? Ya visualizaba las paredes acolchadas, y su madre al otro lado del cristal pidiéndole que llenase una jeringuilla con su sangre para cerciorarse de la falta de contagio. Con su amigos de Patrulla pasándose para hacer el idiota y que no se aburriera, bajo la desaprobadora mirada de su madre, la cual aún sigue intentando convencerla para dejar las patrullas y ayudar en Enfermería ("estudiaste medicina, Clarke. ¿Acaso quieres desaprovecharlo? ¿No ves que te necesitan?"...un año, estudió un año antes de cambiar de carrera). Pero, ¿esta celda entre cárcel de máxima seguridad y habitación esterilizada de hospital?
¿Dónde coño la habían metido?
Golpea una última vez el cristal, dirigiendo sus pasos esta vez a la cama, en la que se sienta abrazando sus piernas.
Si recordase al menos el trayecto hasta esa habitación.
Sin embargo, al llegar al interior del hospital, uno de los soldados de Defensa (cree recordar haberlo visto por el comedor, no recuerda su nombre) le inyectó algo en el cuello casi a traición y... bum, agujero negro en la memoria. ¿Lo siguiente? Esa maravillosa habitación y la voz del Morgan Freeman mal rollero con sus preguntas repetitivas.
Suspira.
- Sólo quiero un vaso de agua -le pide a la nada, intentando tragar saliva pero, la verdad, es que empieza a no tener ni para eso.
Se deja caer hacia un lado, terminando tumbada sobre el fino colchón, en posición fetal.
Quiere ver a sus amigos.
Quiere cantar canciones de su infancia con esos locos, ver a Gustus medio sonreír mirándoles, cual padre orgulloso. Quiere saber si encontraron a John, si sobrevivió o... o si pudieron asegurarse de que no cambiara... en caso de que... de que quedara algo de él.
Se limpia las lágrimas que se acumulan en sus ojos, y se sobresalta al oír el roce de metal contra metal proveniente de la puerta.
¿Qué...?
Levanta la mirada, viendo justo a tiempo como aparece, por una abertura, una bandeja de plastico con una taza, una cuchara y un bol con una capa de papel de aluminio cubriéndolo.
Se levanta corriendo, intentando ver quién está al otro lado de esa abertura al nivel del suelo, pero se cierra antes de que pueda indagar nada. Por ello, tan sólo avanza hacia la bandeja, cogiéndola y volviendo a la cama.
En la taza de plástico hay agua (la cual huele por si acaso, antes de bebérselo todo sin respirar), y le quita el precinto de aluminio al bol (ignorando las ganas de exigir saber de dónde han sacado esa comida. No es la que preparan en el comedor del refugio), descubriendo un...¿caldo? Con un trozo de zanahoria solitario flotando.
- ¿En serio? ¿Tres días fuera, sin comer, y me dais un bol de sopa? -pregunta al espejo- ¿Sabe mi madre que me habéis dado esta mierda?
No hay respuesta.
Y les tiraría el bol pero... ¿cómo saber cuando le van a dar algo más? No parece importarles en lo más mínimo su salud.
Por lo que vuelve a suspirar, dejando la sopa de lado y llevándose el bol a los labios.
...
Bueno, al menos está bueno.
