Movimiento Número Diez: Buenas Intenciones
La muerte es el comienzo de la inmortalidad.
Maximilian Robespierre.
XXX
Hacía dos horas que Leral se hallaba reunido en el Palacio Imperial tras su reunión con Cornelia y varios de los más notables aristócratas del toda la nación. Todo iba sobre ruedas. El robo de la batería para construir el Adán. El secuestro de su hermana Nunnally. La infiltración en Palacio. La construcción de la ciudad flotante de Grial. Sólo había una cosa que hacer para que el fuera el nuevo rey del mundo: conseguir a un mecánico lo suficientemente bueno como para que creara su knightmare frame.
Nadie en su equipo más que Miu sabía las sus intenciones de cambiar el mundo. A excepción de ésta, todos creían que el plan de Leral era dominar el mundo como su hermano Lelouch. A él dominar el mundo no le importaba, solo quería cambiarlo. Como por ejemplo las bombas en el distrito de Ginza y el puerto de Yokohama, él había dicho que solo eran pruebas de armamento. Sin embargo, esas dos bombas tenían intenciones diferentes:
La primera, la de Yokohama, no se llevó a ningún inocente por delante pues a causa de los festejos por el ciento sesenta y seis aniversario de su apertura, esa zona estaba cerrada y lo que habían ahí eran barcos procedentes de Rusia llenos de armas atracando ilegalmente.
La segunda, en Ginza, tampoco se llevó a ningún inocente, puesto que estaba colocada estratégicamente bajo unas oficinas pertenecientes a un famoso clan mafioso.
Su objetivo estaba definido: eliminar todo lo "impuro" y dejar un mundo en donde solo gobernara la gente justa. Consideraba un estúpido a Lelouch pues solo buscaba hacerse el dueño del mundo, teniendo poder para mejorarlo. Eso no estaba bien. Sin embargo, él, Leral ne. Britannia acabaría con todo lo malo. Muerte, envidia, terrorismo... esas palabras no estaban en su vocablo.
Había algún que otro rumor que apuntaban a que Lelouch se sacrificó por la paz mundial. Si lo hizo de verdad, cometió un gran error. Tras su muerte, la India volvió a intentar independizarse de China, así como en el sur de Britannia grupos terroristas buscaban la independencia también.
Lo único que sentía de todo ese plan, era lo que le estaba ocurriendo a Nunnally. Pero no había otra manera para hacerlo. Siendo un simple príncipe no podía instaurar la justicia en ningún sitio. Sin embargo, siendo el jefe de estado de la nación más poderosa tanto económicamente como militarmente ya le dejaba más posibilidades.
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– Sólo tienes que firmar aquí -manifestó Cornelia señalando una linea de puntos- una vez esto esté sellado – suspiró – en fin... te quedarás a cargo del imperio hasta la vuelta de Nunnally.
Era imposible que una mujer se sentara en el trono imperial. Si Nunnally vi Britannia lo había hecho era por las circunstancias tan especiales en las que se encontraba y por el papel que jugó en la contienda. Una semana más tarde de su secuestro se iba a firmar la llamada Carta Sigma, en donde entre otras, se prohibía la construcción de frames de nivel siete o superior.
– ¿Lo has entendido todo, Leral? – prosiguió la pelimorada.
– Todo en orden – sacó una pluma del bolsillo y descubrió la punta. Miró el papel durante un par de segundos y se regodeó en el pensamiento de que esa iba a ser la puerta hacia su mundo perfecto. Se lo pensó una vez más y finalmente estampo con furia su autógrafo en donde estaba indicado.
Cornelia volvió a suspirar, esta vez aliviada y retiró el papel con una sonrisa un tanto melancólica. Se levantó y depositó la mano sobre el hombro de su hermano con esperanzas de que todo se solucionara pronto.
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Sacó su teléfono móvil negro del bolsillo de la chaqueta. Miró el aparato y tecleó una serie de dígitos que se vieron reflejados en la pantalla a los pocos instantes. Luego pulsó el botón verde.
– ¿Leral? – increpó la dulce y tímida voz de su amiga.
– Ya he firmado. Mejor imposible -dijo secamente.
– Entonces...
– La coronación. Cinco de mayo – cortó la llamada.
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El sol de la tarde, próximo a su ocaso, lanzaba sus débiles rayos sobre la fachada de donde se hospedaban CC y Lelouch. Pensamientos sobre como había podido volver a ostentar el poder de reyes le asaltaban la mente. "Quizás como evitaste que el Ragnarok destruyera a Dios, piense que te debe un favor" justificaba la bruja.Pero siempre quedaban relegados a un segundo lugar en el pódium de sus preocupaciones. Habían pasado tres semanas desde la desaparición de su hermana, y la búsqueda estaba al finalizar. No había rastro. Como si se la hubiera tragado la tierra. Suzaku prometió en su anterior charla que cuando obtuviera novedades se las haría saber. Transcurrida una semana de profunda tristeza, aún no había llamado.
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Schneizel entró en el despacho de Zero.
– Señor Zero – musitó Schneizel –, ya se ha hecho público el sustituto de la emperatriz Nunnally.
Esa noticia le apenaba. La sustitución significaba que ya se daba por perdido. Y aunque fuera llamada "temporal", a menos de que se encontrar sana y salva, iba a ser definitiva.
– El sexto príncipe.
– ¿Ese sexto príncipe tiene nombre? – masculló.
– Leral, Leral ne. Britannia, señor – rectificó.
– ¿Es de fiar?
– Se supone – contestó –, habrá que esperar y comprobarlo.
– Sal de la habitación – dijo –, he de hacer unas llamadas importantes.
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El tono del teléfono rompió el triste silencio de la tarde.
– Es Suzaku – exclamó CC llevándose el auricular a la oreja –, quiere hablar contigo.
– ¿Novedades? – preguntó Lelouch desde fuera de la casa.
– Quiere hablar contigo. Es lo único que me ha dicho.
El pelinegro se acercó y tomó el auricular esperando palabras optimistas con suma impaciencia.
– Ya se ha encontrado sustituto para Nunnally – dijo como saludo el japonés.
– ¿Quién? – preguntó desconcertado.
– Un tal Leral. Sexto príncipe. ¿Te suena?
El ex-emperador se detuvo unos segundos a pensar.
– Sí, claro. Nació el mismo año que Nunnally, ahora mismo debe tener unos... unos dieciséis años, creo. ¿Tiene algo que ver con el secuestro de Nunnally?
– No lo sé. Pero varios de los investigadores por parte de los Caballeros Negros han descubierto que el mismo día del secuestro de Nunnally, entraron en Japón cargamentos de frames provenientes del ejército britannian, así como una comitiva de más de cien soldados; de incógnito, por supuesto. Y estos, no eran parte de la escolta. Eran parte de la guardia personal de Leral.
– ¿Tienes alguno de ellos contigo? – inquirió.
– Tengo a dos, pero ninguno de ellos está dispuesto a colaborar. Ya sabes lo que significa...
– Estaré allí a las ocho – espetó mirando su reloj al tiempo que colgaba el teléfono. Siete y doce minutos – ¡Rápido, bruja! ¡Es urgente!
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Se hallaban en las celdas, debajo del cuartel general de la Orden. Los dos sospechosos estaban atados de manos y pies. Uno castaño con el pelo corto y el otro lo tenía largo y negro; también lucía unas considerables ojeras. Cuando atisbaron la figura de Zero por el cristal se miraron. No reconocían a ninguno de los dos acompañantes.
– Ahí los tienes – indicó el caballero negro –, haz lo que tengas que hacer.
Lelouch se quitó las gafas de sol y buscó el contacto ocular. Una vez encontrado, exclamó ante su atónita mirada:
– ¡Lelouch vi Britannia os lo ordena: decidme que hacíais aquí el día del secuestro de Nunnally!
El castaño miró fijamente al noble.
– Teníamos ordenes de estar aquí – dijo.
– ¿De quién? – empezó a interrogar.
– No lo sabemos – prosiguió el pelinegro.
– ¿Para qué? Una misi...
– Una misión – farfulló el pelinegro otra vez.
– ¿De que se trataba? ¡Decidme!
– De secuestrar a la emperatriz – ahora era turno del castaño.
Esa respuesta les pilló a todos de improviso. A pesar de haber usado el geass no esperaban una respuesta tan contundente.
– ¿Para qué? – insistió, tras haberse recuperado Lelouch del asombro – ¿Dónde está?
– No lo sabemos.
Volvió a ponerse sus gafas y salió de la habitación lentamente. El rostro de CC no mostraba ninguna emoción, mientras que el de Suzaku, tras la máscara, destellaba esperanza.
– Solo puede ser Leral – espetó el chico de ojos violáceos –, quiere el poder y aparta a quien lo ostenta. Es típico en la historia de Britannia.
– Es probable... – intentó decir el muchacho castaño.
– Y por eso vas a destapar el caso – interrumpió sin dejarle acabar.
– No se puede hacer así como así.
– ¿Qué más necesitas?
– Es – dijo – el emperador de Britannia.
– ¡Pero...! Debemos encontrarla.
– Si Japón interviene volverá a declararse otra guerra arruinándolo todo. ¿Comprendes? No podemos entrar en guerra, ahora no.
– ¿Y que sugieres que hagamos?
– Solo sabemos que fue Leral – intervino ahora CC – para obtener el puesto de emperador. Nada más.
– Necesitamos hablar con él.
– ¿Cómo, Lelouch? – preguntó.
– Como sea. Ir a palacio... ya se me ocurrirá alguna cosa.
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Se encontraban en uno de los innumerables salones del Grial.
– Lo que tengo que pedirte es algo muy importante – anunció Leral.
La joven no pudo evitar ruborizarse un poco. Leral guardó silencio largo rato.
– Necesitamos que vayas a investigar algo.
Eso pareció sorprenderla.
– ¿El qué? – preguntó.
– A Lelouch vi. Britannia – contestó tajante.
– ¿Lelouch vi. Britannia? Está muerto – respondió.
– Eso creíamos – se detuvo –... hemos recibido reportes de que ha sido avistado rondando por la Academia Ashford.
– Eso es imposible.
– ¡O quizás no! Piensa, que en este mundo puede haber alguien más con tu geass. Quizás no seas la única que puede revivir gente. O quizás, estaba vivo y solo volvió a investigar lo de Nunnally. No lo sabemos – reflexionó en voz alta –. De todas maneras, la decisión es tuya.
Y de repente el chico agregó:
– Es de suma importancia.
– ¿Y si no es él? Digo... ¿Y si no está allí?
Se produjo un corto silencio.
– Pues entonces, mucho mejor. Dime. ¿Irías a investigar?
– Sí... supongo. Pero se me hará largo estar lejos...
– Empezarás la semana que viene – sonrió –. Tienes todo lo necesario en tu habitación y el contacto será vía correo electrónico. Esa academia posee una red protegida, no hay hacker que pueda colarse en sus archivos.
Se sintió decepcionada. Ella esperaba una cosa... algo bonito, un detalle. Y sin embargo solo iba a pedirle que investigara a alguien que no estaba ni vivo. Y lo que más le dolió fue que se adelantó a su respuesta. Aún antes de ella haber contestado que sí, él ya lo tenía todo preparado. Sin embargo, cuando le vio sonreír se olvidó de todo.
– Valoro mucho lo que vas a hacer – dijo.
Ella solo guardaba silencio
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Lloyd Asplunt se encontraba encima de un par de cajas metálicas, tecleando como un loco en su portátil. Delante de él, los restos de Lancelot Albion.
– ¡Date prisa y ordena tus documentos! – ordenó Cécile, que acababa de entrar por la puerta – Y las piezas nuevas están por clasificar aún ¿A caso no te lo dije ayer por la tarde? ¿Eh?
– Que lo dejen todo por aquí – respondió sereno –. A estas alturas y aún no conoces mi forma de trabajar. Estaba pensando en cuántos años han pasado desde que nos conocimos en el laboratorio de la universidad.
– Esto pues... ahora que lo dices... ya hace tiempo, sí.
Lloyd ya había abandonado la conversación y sus pensamientos ahora estaban centrados en otra cosa.
– ¿Qué tal me ha quedado? – preguntó cambiando de tema.
– Te ha quedado bien. Sin embargo, la Carta Sigma prohibía la construcción de frames de nivel siete o superior...
– Sin embargo, fue Su Majestad Leral quien nos dejó trabajar por aquí. ¿Qué? ¿Qué ocurre? – preguntó al atisbar la preocupación en los ojos de su compañera.
– No es nada. Entones ¿Está bien que un emperador anule los deseos de su antecesor?
– Ah... A nosotros no nos pagan por discutir eso – empezó a reír – ¡A nosotros nos pagan por fastidiarnos!
El peligrís continuó tecleando y tarareando una alegre melodía. Solo algún que otro "Muy bien" interrumpían el ritmo de la canción.
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Así que esta es la famosa Academia Ashford donde estudió el famoso Lelouch vi Britannia, pensaba al llegar a la puerta. Entró y miró hacia todos lados. El campus era magnífico. Gente leyendo en la hierva o simplemente descansando bajo de un árbol. Si hubiera sabido como era el ambiente, habría pedido ella misma que la llevaran ahí. Se respira inteligencia.
Empezó a andar por el camino del centro, el que llevaba al edificio más grande de todos. En solo un minuto se cruzó ya con un gran gentío.
– Perdón... – paró a una chica pelirroja, Kozuki Kallen – ¿Podrías decirme, por favor, donde está el despacho del director?
La japonesa recorrió con la vista todo el recinto.
– Por supuesto. Detrás de ese edificio – señaló – a la izquierda.
– Oh, muchas gracias – sonrió forzadamente.
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Había una fila de knightmare frames tanto grises como verdes. Ante ellos, uno azul y otro marrón.
– Señor Xingke – llamó alguien por walkie talkie –, ya está todo preparado.
– ¡Atacad! – ordenó el líder chino tras pensárselo una milésima de segundo.
Idénticos a los del ataque a la sede en Japón de la FNU y el robo de la batería eran los robots que combatían junto los chinos. Los disparos empezaron a surcar el cielo. Los frames enemigos eran de color morado, y no dudaron en encararse ante Li-Xingke y Gary. Gary se apartó y dejó al dirigente enemigo en manos del chino.
El robot indio sacó una especie de espada con empuñadura curva. El Shen-Hu hizo lo mismo sacando su espada y lanzó sus dos slash harken contra el morado, el cual los cortó sin probelmas con su arma.
Ambos estaban frente a frente. El robot indio se decidió a atacar primero, pero el otro lo bloqueó poniendo su arma en posición horizontal, defendiéndose. Una patada del indio llegó al pecho del chino, el cual le hizo retroceder en el aire. Tras recuperarse, avanzó con furia hacia él e intentó darle una estocada, pero el otro se apartó a tiempo.
Quedaron otra vez el uno frente al otro y esta vez arremetieron los dos, chocando los aceros. Ambos estaban empujándose pero la fuerza de las alas era igual.
Menudo burro que es el chino ese. Con la máquina que tiene y no poder acabar con unos cuantos indios, pensaba Gary desde el interior de su frame, mira que no poder ni con estos tristes terroristas... manda huevos la cosa.
Decenas de frames empezaron a rodear al Xingke, el cual presionó el botón que le permitiría lanzar el Cañón Baryon, alojado en su pecho; acabando con todos, los que le rodeaban. Tras esto fue a por el resto. Luego continuó luchando con los demás, los cuales ya estaban muy debilitados.
Diez minutos más tarde todos los robots enemigos ya ardían, mientras ellos no habían sufrido una sola baja.
