10 - Mimi
Conoció a Miyako en una reunión de su grupo de amigos, y fue gracias a Hikari Yagami, aunque a Mimi no le hacía ni una pizca de gracia reconocerlo en ese entonces. Apenas fueron presentadas congeniaron enseguida. Fue como si se conociesen de toda la vida.
Mimi nunca había tenido una mejor amiga, había crecido rodeada de la envidia de las chicas a su alrededor, pero al conocer a Miyako, no recibió ni una mirada de desdén, al contrario, recibió elogios verdaderos y gestos sumamente amistosos. Era chica bellísima, con una cabellera larguísima de un singular color violáceo, delgadísima y alta. Cuando se conocieron, Miyako usaba unas lentes grandes y redondas que, en palabras de Mimi, no le hacían justicia a su belleza.
Miyako era muy lista. Sus notas siempre figuraban como las primeras de su clase, pero su personalidad distaba muchísimo del estereotipo de estudiante modelo. A Miyako la regañaban constantemente porque charlaba demasiado con sus compañeros, o la echaban de la biblioteca por ser demasiado escandalosa. Mimi adoraba con cada partícula de su ser la manera de ser de la pelimorada, pues era honesta y pura, sin tapujos para decir lo que pensaba, con un excelente sentido del humor para reírse de sí misma y con un optimismo desbordante. Aun cuando no pudiesen verse muy a menudo, la amistad entre ambas floreció de forma natural y fue muy fuerte.
Miyako era un año menor que ella, y Mimi, desde que la había conocido, había visto en ella la hermana menor que siempre deseó. Todos los logros de su amiga pelimorada los saboreaba como propios, como los premios por su participación en las ferias científicas, o el primer beso que consiguió de Ken Ichijouji, el gran amor de Miyako.
Su querida Miyako había sido su mejor amiga.
Su mejor amiga se esfumó de este mundo de la mano de su gran amor.
Hay veces, cuando la lucidez vuelve a ella, que Mimi se consuela con ese pensamiento, y hay otras en las que se arrepiente de no haber asistido al funeral de su mejor amiga. El arrepentimiento le duele como hierro al rojo vivo contra su piel, o como piedras calientes bajando por su garganta porque no fue capaz de asistir al funeral, no fue capaz de darle el pésame a la familia Inoue, no fue capaz de despedirse de su mejor amiga.
Mimi no se despidió de ninguno, y al pensar en ello, se aborrece.
No se despidió de Koushirou Izumi. Él fue su compañero de clase desde el jardín de niños. Habían crecido juntos. Él siempre le ayudó en matemáticas. Él iba a ser un gran científico, Mimi estaba segura que él descubriría algo sorprendente, como la cura a alguna enfermada mortal, aún cuando Koushirou quisiera ser físico y no biólogo o médico.
Él siempre estuvo enamorado de ella.
Ni siquiera tuvo el valor de ir a despedir al superior Jou, quien fuese su superior favorito, aquel que cuidó de ella en cada campamento al que se vio obligada a asistir y que siguió preocupado por su bienestar aun cuando se había mudado a otra ciudad. Nunca le agradeció por todas las veces que la ayudó con la tarea de biología; nunca le agradeció por sus llamadas ocasionales para saber cómo se encontraba. A veces, Mimi extraña esas llamadas. Quiere escuchar su voz crispada de preocupación o su tono consolador y comprensivo; quiere decirle que ha perdido el corazón, que este se lo arrancaron y lo metieron en un avión que explotó. Quiere que él le diga que todo se arreglará.
A veces, Mimi quiere hablar con alguien.
A veces quiere llorar con alguien.
A veces quiere que alguien le abrace.
A veces quiere volver a ver a uno de sus amigos.
Siempre quiere volver a ver a Takeru.
N/A:
Hola a todas y todos.
Les traigo un pequeño capítulo, uno no tan pequeño como el anterior, haha.
Quise que exploraran algunas relaciones significativas que tuvo Mimi.
¿Quién será el siguiente? ¿Volveremos a Taichi o Sora, o le tocará a Yamato? Haha.
Gracias por sus comentarios. Es muy importante saber sus impresiones sobre cada capítulo.
Cariños,
Lyls
