10-. Explicaciones X Discusiones X Decisión.

Era obvio que en algún momento Kurapica y Neón tendrían que cruzarse, a pesar que el kuruta se las ingenió muy bien para evitarla, la chica deseaba pedirle alguna explicación al rubio.

Neón no entendía, nunca había pensado que Kurapica iba a actuar de esa manera después de lo que pasó entre ellos hacía unos días.

Otra vez volvía a ser la misma persona distante y fría que fue en un momento de su vida, y por más que le preguntaba, no le respondía directamente, cambiaba el tema o simplemente se quedaba en silencio. Ella ya no sabía qué pensar, si quería jugar con ella al menos se merecía una explicación, como mínimo.

Por otra parte, Kurapica no sabía si sentirse tranquilo o culpable. El muchacho estaba más seguro era que Neón trataría de conversar de lo que había pasado entre ellos. Senritsu, como era de esperarse, también le pidió explicaciones, pero al igual que Leorio, no quedó muy convencido con lo que el otro le había dicho.

-Kurapica- le dijo una vez que conversaron -escúchate... puede que te veas seguro de tu decisión, pero... puedo sentir en tú corazón lo inseguro que estás... yo sé que vez que Neón está sufriendo con tu modo de ser... y tú también.

-Es... lo mejor para ella- murmuró Kurapica.

-Si con esas palabras no puedes convencerte tú, dudo que con los demás funcione.

Kurapica sabía que Leorio y Senritsu tenían razón... pero en parte le molestaba que nadie tomara en serio sus argumentos... ni él mismo.

Esa mañana le tocaba cuidar a Neón. Con mucho gusto hubiera cambiado el turno con otro guardaespaldas, pero lo malo es que pareciera que "alguien" se encargó de decirles a todos que no lo hicieran (Kurapica podría jurar que fue Senritsu)

Después de golpear levemente la puerta, la abrió levemente. Primero asomó su cabeza y luego entró, cerrando la puerta detrás de sí. Neón estaba sentada a un lado de la ventana, mirando hacia el jardín. Kurapica la miró unos momentos antes de hablar y ella, sabiendo que era él quien había entrado, lo ignoró olímpicamente.

-Neón- dijo Kurapica -estaré afuera de tu cuarto, en caso que me necesites...

El se quedó de pie esperando unos momentos a que ella le dijera algo, y al notar que ella se quedó en silencio, dio media vuelta, caminando a la puerta. Neón en esos momentos lo miró, con el entrecejo fruncido, molesta.

-Haz lo que quieras, Kurapica- le dijo ella, molesta -porque no saco nada con pedirte que conversemos o algo así, porque siempre tienes la excusa perfecta para salir de aquí y no enfrentar lo que te pregunto.

Kurapica se detuvo, y miró a la muchacha. Por momentos no supo qué decirle.

-Neón- comenzó el kuruta -lo siento, pero... bueno...

-¿Ves a lo que me refiero?- lo cortó ella, poniéndose de pie -saco el tema y te quedas callado, ¿por qué no eres capaz de decirme algo, al menos explicarme lo que pasó entre nosotros?- Kurapica no contestó, lo que terminó por desesperar más a la muchacha -¡Dime algo!

-Neón... tú no entiendes lo que ocurre...

-Entonces explícamelo, tú sabes que puedo escuchar bien, así que dale...

Kurapica abrió la boca para decir algo, pero prefirió quedarse en silencio, por lo que se quedó de pie sólo mirando a Neón, que ese gesto la había enojado más.

-¿Por qué te quedas callado, Kurapica?- le preguntó ella.

-No entenderías...

-¿¡Cómo quieres que entienda si siempre que te pregunto te quedas callado?- le preguntó Neón, al borde de la histeria -¡Nunca me explicas nada!

-No quiero involucrarte...

-¿Involucrarme?, ¿y en qué podrías involucrarme?- le preguntó.

-Neón...- Kurapica suspiró, pensando en las posibles palabras que podría decirle -Neón, yo... he estado pensando mucho sobre lo que pasó entre nosotros el otro día, y creo que lo mejor es dejar todo tal como está...

-¿Qué cosa?

-Sí... tú no sabes nada de mi vida, no entiendes que puede ser peligroso para ti si estás cerca mío...

-¿Por qué sales con eso?- le preguntó ella.

-Porque es la verdad...

-¿Y si a mi no me importa?- dijo ella, sorprendiendo a Kurapica -¿y si a pesar de todo igual quiero estar contigo?

-Yo no voy a dejar que te dañen, y menos por mi culpa- replicó Kurapica, serio.

-¿Y el daño que me estás haciendo tú, Kurapica?- le preguntó ella, con un hilo de voz.

Las palabras de la niña lo dejaron de una pieza. Bueno, él sabía que Neón quizás iba a sufrir con su decisión, pero nunca pensó que ella se lo sacaría en cara... y menos que se lo iba a decir de esa manera.

-Quizás para ti no sea mucha cosa- continuó Neón -ni tampoco te lo estoy sacando en cara, pero... yo llevaba una vida muy diferente a la de ahora, y la cambié para poder estar más cerca de ti. No me arrepiento, nunca podría hacerlo, pero... quiero que me entiendas a mí. Kurapica, yo a ti te quiero, ¿es que no te das cuenta? Y todo esto que estás haciendo me hace pensar que yo tenía razón al pensar que no valgo la pena... a la larga, tú has sido la persona más cercana que he tenido, aparte de mi mamá, y no tienes idea el dolor que me causa que actúes así.

Kurapica no contestó, ni siquiera miró a Neón.

Sin querer, recordó que hacía un tiempo, en la ciudad de York, tres personas le decían lo mismo. La situación y los argumentos eran distintos, pero en el fondo, comunicaban la misma idea.

"Somos amigos" le había dicho una y otra vez Gon, y no le importaba tener que arriesgar su propia vida para ayudarlo... lo mismo pasaba con Killua y Leorio.

Y ahora, Neón... "yo te quiero" le había dicho la muchacha, con mucha seguridad.

¿Por qué, si él trataba de alejarse de la gente, parecía que el efecto que sus actos causaban era el inverso?

De pronto, Neón quedó mirando al kuruta. Su paciencia se había acabado, había tratado de entenderlo, pero ya se había cansado.

-Vete- le dijo, volviendo a sentarse y mirando nuevamente a través de la ventana. Kurapica se quedó sorprendido por el cambio de la muchacha.

-¿Eh?

-¡Que te vayas de mi cuarto!- le gritó Neón -¡ahora!

-Pero...

-¡¡Ándate, Kurapica!!

El kuruta prefirió hacerle caso y caminó a la puerta. Después de darle una última mirada a Neón, salió del cuarto.

Neón Nostrade, de la rabia que sentía, agarró lo primero que encontró (una figurilla de yeso) y lo lanzó a la puerta. Kurapica sintió el golpe y se preocupó.

-¿Está todo bien?- preguntó, abriendo la puerta y asomando sólo su cabeza.

-¡Vete!- Neón le lanzó otra figurilla. Kurapica alcanzó a penas a cerrar la puerta para que no le llegara.

Suspirando, Kurapica decidió dejar las cosas así. El muchacho notó que Senritsu lo observaba con cierta cara de diversión.

-Dicen que las mujeres despechadas son las peores...- dijo él.

-Yo no despeché a Neón- replicó Kurapica, algo molesto.

-Para ella, sí lo hiciste.

Kurapica iba a decir algo, cuando la puerta del cuarto de Neón se abrió. La chica salió y no se molestó en mirar al kuruta.

-Quiero ir de compras- dijo seria a Senritsu -supongo que uno de ustedes irá conmigo...

-Basho y yo no podemos, señorita Neón- dijo Senritsu -tendrá que ser Kurapica.

-Uhm...

Neón no contestó, sólo caminó por el pasillo.

-¿Qué es lo que tienen que hacer Basho y tú?- le preguntó Kurapica a su amigo.

-Jugar a las cartas- contestó sonriendo el otro -que te vaya bien.

Kurapica no supo si Senritsu estaba o no hablando en serio, y la verdad no tuvo tiempo para meditarlo, ya que Neón (con gran simpatía) lo fue a apurar.

-¡Oye, se hace tarde!- le gritó -¿vas a venir o no?

Suspirando, el joven la siguió, no le quedó otra que ir con ella.

Hacía tiempo que entre ellos no había tanto silencio. El ambiente en el automóvil estaba muy pesado, Neón miraba hacia la calle por la ventana, y Kurapica trataba de concentrarse en el volante. Aunque no le estaba resultando del todo bien.

De pronto, mientras esperaban que la luz del semáforo cambiara de rojo a verde, Neón se decidió. Abrió rápidamente la puerta del auto y se fue corriendo.

-¡Neón, ¿qué haces?!- le preguntó Kurapica, reaccionando, aunque fue bastante tarde -¡¡¡Neón!!!. Demonios, está peor que antes.

Kurapica demoró unos minutos en encontrar algún lugar para estacionarse y así poder ir a buscar al Jefe.

Miró a su alrededor, y supo perfectamente a dónde había ido la muchacha.

Quizás, ella sí merecía saberlo todo.