Avanzamos un poquito más la historia. Espero que os guste.

Peter entró sonriendo, no parecía haberle afectado aquella tediosa espera, en cambio ella estaba hecha un flan aunque quisiera parecer dura.

-Vaya sorpresa, ¿eh Lena? Me alegró verte ayer.- Peter se acercó intentando darle dos besos, pero Lena lo rechazó sin moverse del sitio.

-¿A qué has venido?- sonó cortante.

-Déjame verte en conjunto.- Peter obvió aquella sencilla pregunta y se alejó un poco mientras la recorría con la mirada de arriba a abajo. -Vaya, te has convertido en una mujer francamente atractiva... me gusta.- Peter le guiñó un ojo.

El estómago de Lena respondió a esa alusión revolviéndose y provocando una pequeña sensación nauseosa. Lo último que quería era parecerle atractiva a Peter. Respiró hondo e intentó parecer despreocupada mientras volvía a preguntarle lo mismo.

-Repito, ¿a qué has venido?- dijo impertérrita.

-Lena, mi pequeña Lena, ¿no vas a cambiar nunca ese carácter tuyo?- Peter sabía muy bien que tono de voz usar para amedrentarla. -Ayer mientras me acercaba en el bar me fijé que estabas relajada, guapa… desde luego bastante más que hoy. Este traje de mojigata no te pega con ese maquillaje de fulana. Te aseguro que si vistieras más como ayer no necesitarías rasparte tanto las rodillas para conseguir nuevos clientes, con pasear tu culo por la oficina sería más que suficiente.-

-Si esa va a ser tu línea de conversación ya te puedes marchar por donde has venido.- Con los años Peter había subido el tono de sus vejaciones.

-¿Es que no se puede visitar a viejos amigos?-

-No somos amigos y estoy trabajando, si solo has venido para recordar viejos tiempos, hazlo en tu casa.-

-Ya lo entiendo, estás resentida porque ayer intenté ligar con tu chica.-

-Intentaste ligar con una borracha, no sería la primera vez. Simplemente pensabas que te costaría medio segundo tenerla bajo tu control, pero te salió el tiro por la culata.-

-Es cierto, me sorprendió, pensaba que tu novia sería más de tu clase y más accesible a mis encantos.-

-No es mi novia.- Insistió Lena.

-Por como se comportó ayer parecía que estuviera marcando el terreno.-

-No hay ningún terreno que marcar. ¿Me vas a decir de una vez a que has venido?-

-Sí. Quería saber desde cuando te relacionas con una agente del FBI, si es que ese es su auténtico trabajo. Tu novia es difícil de rastrear hasta para ser del FBI.-

-No me relaciono ni con ella ni con el FBI. Simplemente me la encontré por casualidad y le estaba dado las gracias por haberme salvado la vida. ¿La has investigado?- preguntó extrañada.

-Claro que sí. Tenía curiosidad por saber con que clase de personas te relacionabas últimamente.-

-Pues déjame decirte que no es de tu incumbencia con quien me relaciono o me dejo de relacionar.-

-Es de mi incumbencia desde el momento en que me entero de que alguien me está investigando y de que están hackeando los teléfonos y ordenadores de mis empresas. Acabo de recibir la información de mis hombres. ¿No te parece mucha casualidad que ocurra eso al día siguiente de que me presentaras a tu novia barra agente del FBI?-

-No sé de que estás hablando.-

-Te hablo de que tu novia está metiendo las narices donde no la llaman y si sabes lo que es mejor para ti y para ella, encontrarás el modo de que deje de molestarme... Será fácil, tienes pinta de saber moverte en la cama, seguro que conseguirás convencerla fácilmente.-

-Eres repulsivo.-

-Soy práctico y sincero y tú siempre has sido una rebelde a la que he tenido que encauzar por el buen camino.-

-Tu camino nunca ha sido el bueno.-

-Eso simplemente son percepciones diferentes de la vida. Pero te lo advierto Lena y sabes que nunca he sido de los que advierten en vano... aleja al FBI de mi vista.-

-Yo no tengo la culpa si te están investigando. Has venido para nada.-

Lena se separó de la mesa y se dirigió a la puerta para abrirla e invitar a Peter a que se fuera. Cuando apenas había dado un par de pasos, Peter se acercó furioso a ella y le agarró el brazo con fuerza.

-Ni se te ocurra despreciarme de esta manera. ¿Acaso has olvidado con quién estás hablando?-

-No lo he olvidado en ningún momento, por eso quiero que te largues. Y suéltame, me estás haciendo daño.- Lena intentó soltarse, pero lo único que conseguía era que Peter la sujetara con más fuerza.

-Lena, ¿acaso al juntarte con la chusma has olvidado tus modales y cómo me costó moldearlos?- Peter aflojó la sujeción, pero seguía sin soltarla.

-Nunca olvidaré ese infierno.- Lena intentó no amedrentarse.

-Me alegro de que sigas recordándome.- Peter sonrió y soltó el brazo de Lena. Se alejó un poco y sacó lentamente una vieja pitillera del bolsillo interior de su americana. Miraba fijamente a Lena a los ojos y su sonrisa se amplió cuando descubrió terror en ellos. -¿Tienes fuego?- añadió con sorna.

Lena dio dos pasos hacia atrás alejándose más de Peter. Hacía muchos años que no veía esa pitillera plateada, pero de repente retrocedió en el tiempo y notó perfectamente como Peter la castigaba quemándola con aquellos cigarrillos finos que sacaba de esa misma pitillera. Toques de atención le gustaba llamarlos, pero no eran más que muestras de poder de un psicópata que disfrutaba atemorizando a una niña solitaria.

-Todo el edificio es un espacio libre de humos.- Dijo queriendo parecer indiferente.

-Me gusta tu nuevo sentido del humor. Se nota que has madurado y te has convertido en toda una mujer.- Peter sacó un cigarrillo, se lo metió en la boca sin encenderlo y siguió acercándose a Lena. –Veo que mis consejos no fueron desoídos del todo. Pero dime, mi querida Lena, ¿voy a tener que aconsejarte de nuevo?-

-No necesito nada de ti.-

-Oh, claro que sí.- Pasó el cigarrillo por debajo de su nariz oliendo su perfume y lo puso delante de la cara de Lena. Ésta lo miraba como si le estuviera apuntando con un arma y se quedó paralizada. Peter lo bajó lentamente hasta llegar a su clavícula, mientras observaba divertido como Lena lo seguía con la mirada casi sin parpadear. –Has olvidado muchas cosas que creo que hay que recordarte.-

Peter acercó el cigarro a la blusa, a la altura de la clavícula y sin dejar de mirarla a los ojos lo chafó completamente contra ella, dejando pequeñas briznas de tabaco pegadas a la tela. Si hubiera estado encendido, Lena no hubiera sentido más dolor que el que había experimentado su mente al revivir recuerdos pasados que creía enterrados. Seguía paralizada por los recuerdos, dándole todo el poder a aquel hombre que manejaba sus sentimientos a placer.

-Te he manchado tu preciosa blusa, perdona.- Puso su mano sobre la blusa y comenzó a retirar los restos de tabaco, cada vez iba presionando con más fuerza la zona. –Que pena que dejáramos de vernos antes de que te convirtieras en toda una mujer.- Peter presionó con fuerza el pecho de Lena.

Aquel desagradable tacto hizo que Lena despertara de su ensoñación y volvió a la realidad dejándole un sabor amargo en el paladar.

-Ni se te ocurra volver a tocarme.- Lena lo apartó de un empujón y alzó la mano con intención de darle una bofetada.

-Has ganado en carácter, eso no voy a negártelo.- replicó frenando aquella mano por la muñeca.

-Ya no te tengo miedo.- Lena forcejeaba intentando que le soltara la muñeca.

-Querida Lena, claro que me tienes miedo.- Peter sonrió, le retorció el brazo hasta ponerlo detrás de la espalda y acercó a Lena hacia él. -Pero por lo menos has encontrado tus agallas y sabes reaccionar.-

El móvil de Peter sonó y soltó a Lena que rápidamente se frotó la muñeca intentando disipar el dolor de aquella fuerte mano. Ella que creía que lo tenía todo controlado se estaba dejando vejar con las mimas tretas que le funcionaban casi veinte años atrás.

Lena miró el reloj, era ya casi la hora acordada con Sam para que apareciera, aquellos minutos habían pasado con demasiada lentitud y no veía el momento de deshacerse de Peter.

-Tu novia acaba de entrar al edificio.- el desprecio de Peter se hizo audible mientras colgaba. –¿Otra coincidencia más? ¿O es que la has llamado y viene a tu rescate?-

-Ya te he dicho que no es mi novia, estaba citada. Es una agente del FBI y quería información sobre mi empresa. Además, no tiene de que rescatarme.-

-Mira Lena, ya me estoy cansando de tus jueguecitos. Solo te recomiendo que si quieres que yo te deje tranquila, cierres el pico y alejes al FBI de mis negocios.-

Lena se envalentonó un poco al saber que Sam se asomaría por la puerta sin tardar mucho y decidió que debía dejar algunas cosas claras con respecto a Peter, ya no sería tan estúpida de quedar en una posición tan vulnerable.

-Yo haré mi parte Peter y hablaré con la agente Danvers, pero si vuelves a aparecer por aquí los de seguridad no te recibirán tan amablemente como lo he hecho yo. Ya no soy ninguna niña a la que puedas manejar a tu antojo.-

-Piensa lo que quieras.- Se acercó de nuevo a Lena y volvió a amenazarla. –Pero ya puedes ser convincente o te juro que abriré a tu querida novia en canal y recibirás sus vísceras en una bonita caja de regalo.-

Lena se sorprendió al oír aquellas palabras saliendo de la boca de Peter, se dio cuenta de que solo conocía la versión antigua de él y a través de la mirada frágil de una asustadiza niña, así que no sabía si su sadismo era tan real como para llevar a cabo aquella amenaza o si era pura fanfarronería. Se preguntó si siendo ella una cría impresionable, Peter había usado lo mínimo necesario para tenerla bajo su control. Siempre había sido algo más psicológico que físico y ahora tenía miedo de que si él sabía que había perdido su poder de manipularla, llegara más lejos en el plano físico.

-Peter, te juro que no es nadie. Es una simple policía que está investigando mis negocios. No hagas tonterías que podrían meternos a los dos en graves problemas.-

-Depende solo de ti.-

Lena miró el reloj ansiosa, ya era la hora acordada y su asistente no había aparecido por el despacho tal y como habían convenido. No sabía si había pasado algo, pero empezaba a necesitar salir de aquel cubículo, el hedor de la colonia de Peter le estaba taladrando el cerebro en forma de recuerdos dolorosos.

-Vamos a hacer una cosa.- Se acercó a su mesa y abrió el primer cajón de la mesa. Con la excusa de sacar una chequera apretó el botón del intercomunicador esperando que Sam lo viera y los interrumpiera. –Dime cuanto necesitas.-

-¿Cómo dices?- Peter se quedó descolocado, no entendía a que se refería.

-¿Cuánto dinero quieres por dejarme en paz?-

-Puede que tú lo hagas, pero me parece insultante que creas que me vendo como una puta.- Se acercó de nuevo a ella y la levantó de la silla con brusquedad. –Yo tomo lo que quiero cuando quiero.- Acercó su cara a la de Lena, casi se rozaban. –No tienes nada que ofrecerme que yo no pueda tomar cuando me apetezca.-

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Alex subió hasta la última planta donde se encontraba el despacho de Lena. Había tenido que rellenar varios papeles para acceder al edificio, y luego los de seguridad le habían obligado a enseñar su placa para poder entrar con un arma en L-corp.

Salió del ascensor antes de que terminaran de abrirse las puertas del todo y se acercó a la mesa donde había un chico joven y bien parecido que estaba nervioso mirando el reloj.

-Soy la agente especial Danvers.- sacó la placa antes de que se la pidiera y se la mostró más de cerca. -Tenía una cita con Lena Luthor a la una.-

-Lo siento pero la señorita Luthor está reunida.-

-¿Con Peter Yates?-

-No es de su incumbencia.-

-Está bien, esperaré.-

-No va a recibirla, fui yo personalmente quien la llamó para anular su cita.-

-Esperare igualmente.-

-La señorita Luthor va a estar ocupada toda la mañana.- insistió.

-Bueno, usted avísela de que estoy en su oficina, que sea ella la que decida si quiere verme o no.-

-Agente Danvers, la señorita Luthor ya decidió y me dio órdenes muy claras. Si se empeña en seguir con esa actitud me obligará a llamar a seguridad.-

-Mira… Sam.- Alex había leído el rótulo que tenía aquel joven encima de la mesa. –Esto es un asunto federal y si me sigues poniendo trabas no me quedará más remedio que pensar en que tú también tienes algo que esconder.-

-Yo solo hago mi trabajo agente, igual que usted hace el suyo.-

-Tienes razón, y voy a hacer el mío.- Alex se dirigió hacia la puerta del despacho desoyendo las indicaciones de Sam.

Sam se adelantó a sus pasos y se colocó entre ella y la puerta cerrada de Lena, en los años que llevaba haciendo ese trabajo, había aprendido a saber cuando alguien iba a saltarse las reglas e intentar entrar a ver a su jefa.

-Le ruego que se vaya, agente Danvers. Me está haciendo perder el tiempo.- De repente Sam miró el reloj y vio que pasaban varios minutos de la hora acordada para entrar e interrumpir la reunión. Una luz se encendió en el intercomunicador y Sam entendió que algo no había ido bien. Tenía que llamar a seguridad pero decidió que sería más rápido que la agente Danvers entrara en ese despacho. Luego ya se encargaría de dar explicaciones a su jefa, si es que tenía que hacerlo.

-Está bien, puede pasar.- dijo por fin separándose.

-Gracias.- Alex lo miró extrañada ante ese cambio de actitud y decidió entrar rápidamente antes de que cambiara de opinión.