CAPÍTULO 10 – ROSA POMPADOUR

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Kurt estaba a punto de salir de su casa cuando el móvil comenzó a vibrarle en el bolsillo. Se cambió el bolso de un hombro a otro y apretó el botón para descolgar.

- Kurt – escuchó al otro lado de la línea – Soy Rachel.

- Ya sé que eres tú – le respondió mientras buscaba las llaves del coche por el bolso – te tengo en la agenda.

- Ah, claro. Es que estoy nerviosa.

- ¿Por qué?

- Tengo algo que decirte. Algo muy importante.

- Pues di lo que sea rápido porque estoy a punto de coger el coche y no me funciona el manos-libres.

- ¿Podemos vernos en el Lima Bean?

- Tengo que ir al gimnasio y le prometí a Carole que la acompañaría más tarde para hacer la compra. También debería pasarme por…

- Kurt – le interrumpió Rachel – Estoy enamorada de Quinn Fabray.

Kurt se quedó en silencio al otro lado de la línea.

- ¿Kurt? – dijo Rachel tras un par de segundos – ¿sigues ahí?

- Está bien. Te veo a las seis en el Lima Bean.

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Kurt aparcó en la entrada de la cafetería solo unos minutos antes de la hora. No entendía cómo le había sorprendido tanto la idea de que Rachel estuviera enamorada de Quinn, debía haberlo intuido antes. De hecho, había pasado toda la hora del gimnasio reprochándose a sí mismo el no haber prestado la suficiente atención como para haberse dado cuenta.

¡Menudo asco de gaydar tengo! pensó una y otra vez mientras sudaba sobre la elíptica.

Entró en el establecimiento cuando el reloj marcaba las seis en punto. El local estaba tan repleto como cabía de esperar un sábado por la tarde.

- Kurt – le llamó Rachel a su espalda.

Estaba sentada en una mesa cerca de la ventana. Le sorprendió que estuviera acompañada por Santana Lopez. Había notado que algo raro pasaba entre ellas, porque aunque nunca se hablaban en los ensayos del coro, unas semanas atrás Santana se dedicaba a meterse con Rachel a cada oportunidad y, sin embargo, últimamente no solo no hacía comentarios inoportunos sobre ella, sino que aplaudía animadamente cada vez que Rachel clavaba una actuación. Algo había cambiado, estaba claro, pero de ahí a que quedaran para tomar café había un salto muy grande. Más que un salto, un abismo.

- Creí que habíamos quedado a solas – dijo mirando a Rachel con una sonrisa forzada, mientras se quitaba la chaqueta y se sentaba.

Santana le miró con desagrado y abrió la boca para decir algo pero Rachel se adelantó.

- Ya. Lo siento, pero - Rachel meditó por un momento – esto te va a resultar difícil de creer, Santana y yo...

- ¿Os habéis liado? – preguntó Kurt con repentina inquietud.

- ¡NO! – gritaron Rachel y Santana a la vez con tanto ímpetu que algunas de las personas sentadas en las mesas de alrededor se volvieron para mirarles.

- Bueno, Berry, tampoco es para que te resulte tan desagradable la idea – dijo Santana torciendo la boca.

Rachel la miró de arriba abajo y se empezó a reír. Santana sonrió satisfecha por el resultado de su comentario. Kurt apenas podía creer que estuvieran bromeando entre ellas.

- No lo entiendo – fue lo único que acertó a decir en medio de su confusión.

- Somos amigas, Kurt – le aclaró Rachel. – es lo que quería decirte. Sé que suena raro.

- Suena a imposible – le interrumpió Santana metiéndose con ella

- Déjame que lo explique - se quejó Rachel divertida.

- Sí, por favor, explícamelo – le pidió Kurt, que seguía sorprendido por la dinámica que tenían.

Eran dos personas tan diferentes que podrían ser el día y la noche. Siempre había habido una distancia de años luz entre ellas, pero ahora estaban a solo unos metros, riendo y gastándose bromas.

Rachel empezó por el principio y le contó la historia con todo lujo de detalles. A Kurt le interesó el hecho de que Rachel hubiera conseguido guardar durante tanto tiempo su secreto y se le desencajó la mandíbula cuando le contó que Santana también era gay y que habían acordado ayudarse mutuamente para; una recuperar a su chica, y la otra, conquistar a la suya.

- ¿Y solo te gustan las chicas? – Le preguntó a Santana tan pronto como Rachel la sacó del armario.

Santana, a diferencia de todas las veces en las que habían compartido ensayo con el coro, o se la había cruzado por el instituto, donde parecía ser la reina del lugar y se comportaba con la arrogancia y la confianza que la popularidad le otorgaban, se mostró nerviosa con la pregunta y respiró profundamente antes de asentir con la cabeza .

Kurt la miró pensativo. Eso jamás lo hubiera adivinado.

Rachel le contó también la cena frustrada en su casa y su temor de haber asustado a Quinn

- Veo que te lo has pasado muy bien sin mí – protestó Kurt en cuanto Rachel terminó de contarle la historia– pero bueno… creo que hay algo más importante a tener en cuenta y necesito que alguien me lo aclare.

Rachel y Santana le miraron expectantes.

- ¿Quinn entiende? – preguntó levantando las manos con un gesto interrogativo – Porque si no entiende, lo único que estáis haciendo es perder el tiempo . Y francamente – prosiguió – me cuesta creer que toda la plantilla de animadoras del Mckiney sea lesbiana.

- Serían solo tres – aclaró Rachel rápidamente.

- Tres animadoras lesbianas me parece excesivo.

- Brittany es bisexual – terció Santana. – Y creo que Quinn también lo es.

- ¿Seguro? – Preguntó Rachel rápidamente.

- No, seguro no.

- ¿Y por qué lo piensas? – le preguntó Kurt interesado.

Santana meditó un momento.

- No lo sé, es una intuición. Es como si fuera dejando una estela de pistas que puedes seguir y te llevan a pensarlo. Pero si te paras a analizar cada una de esas pistas de forma aislada no eres capaz de llegar a ninguna conclusión.- Santana se estaba esforzando por explicarse con coherencia – además, algo le pasa con Rachel.

Rachel, que estaba escuchándola con mucha atención se enderezó nerviosa en su silla. A Kurt le hizo gracia, pero quería llegar al fondo de la cuestión.

- Pero… ¿Ella te ha hablado alguna vez de Rachel?

- Sí y no – le respondió Santana pensativa – Nunca me ha hablado de ella a caso hecho, pero alguna vez la ha mencionado por casualidad, o porque venía al caso hacerlo. Y había algo que no cuadraba – Santana miró hacia arriba pensativa, como si tratara de recordar – No hablaba de ella de la forma en la que se suponía que debía hacerlo.

- ¿Mal? – preguntó Kurt.

- ¡Eso es! – se rió Santana – O algo así, porque habla mal de ella, pero no tan mal. Y habla mal de ella, pero el tono que utiliza y la forma en la que lo dice no acompañan al sentido de sus palabras. Si dice que no le gusta como canta lo dice como un suspiro, si cree que la odia lo dice con tanta pasión que no podrías encontrar la diferencia entre amor y odio en el soplo de sus palabras.

- Además de gay, poeta – le interrumpió Kurt – tu nueva amiga es una caja de sorpresas – añadió dirigiéndose a Rachel.

- Puedes irte a tomar por culo, Kurt. – le dijo Santana sintiéndose ridícula por haberse emocionado en su discurso sobre Rachel y Quinn – seguro que te gusta.

- Podrías decir que sí – le respondió Kurt dejándola con la boca abierta.

- No os peleéis – intervino Rachel – Sois mis mejores amigos y tenéis que ayudarme.

- No sé por qué hablas en plural, Berry, tu amigo es un idiota. – dijo Santana enfadada.

- Perdona bonita, pero yo estaba aquí primero.

- ¡Ya está! – les volvió a interrumpir Rachel alzando la voz.

Santana resopló y se cruzó de brazos, Kurt movió la cabeza a ambos lados con desaprobación pero ninguno de los dos siguió con la discusión.

- Necesito saber si tiene algún interés en mí – meditó Rachel en voz alta – pero… ¿cómo podríamos hacer para volver a quedar con ella hoy?

- Y con Brittany - añadió Santana.

- Y con Blain… ¡Ya lo tengo! – dijo Kurt emocionado.

- ¿Qué? – dijo Rachel esperanzada. Santana también le miraba con interés.

- ¿Te acuerdas de Blaine, el chico ese de Dalton?

- ¿El que me dijiste que te gustaba?

- Bueno, sí – Kurt se puso colorado – He tomado un par de cafés con él.

-¿Sí? – se emocionó Rachel - ¡Tienes que contármelo!

- ¡Pero queréis ir al grano! – les interrumpió Santana.

- Eeh, sí – prosiguió Kurt – Esta noche hay una fiesta en su casa. Van a ir los warblers y gente del instituto Carmel. Creo que van algunos del Mckinley también. Si todos nos viéramos allí…

- No es mala idea – admitió Santanta.

- ¿Y si no quiere ir? – dijo Rachel preocupada.

- Tranquila – le consoló Santana - solo tenemos que convencer a Brittany. Sí Brittany le pide que vaya, irá.

- ¿Seguro?

- Tan seguro como que necesitamos aire para respirar. Quinn y yo siempre hacemos lo que quiere Brittany. –explicó Santana – Y eso que a ella ni siquiera se la folla – añadió con sorna.

Rachel abrió la boca hasta desencajarla.

- El colmo de la finura, tu nueva mejor amiga – dijo Kurt riéndose mientras le cerraba la boca con la mano.

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Quinn escuchó a su madre llamarla desde el salón y bajó las escaleras con fastidio. No tenía ganas de hacer nada, lo único que quería era quedarse en su habitación y, quizás, no volver a salir nunca más de allí.

- Mira quién ha venido a verte – le dijo su madre tan pronto apareció por la puerta.

- Hola, Quinn – le dijo Brittany sonriente cargada con una mochila y una bandeja envuelta en papel de celofán.

- ¿Qué traes ahí? – le preguntó.

- Oh, estos son muffins de los que sobraron anoche. Espero que os gusten – dijo volviéndose hacia la madre de Quinn.

- ¿Y la mochila?

- Mi pijama – respondió alegremente.

Quinn achinó los ojos y se tocó las sienes.

- No estoy de humor para fiestas de pijama

- Quinnie, no seas así con tu amiga – le reprochó la madre.

- No me llames Quinnie, mamá, que sabes que no me gusta.

- A mí tampoco me gusta – dijo Brittany – es un nombre perfecto para un pony o para un caballo pequeño, pero no para una persona.

Quinn volvió a suspirar. Cogió a Brittany del brazo y tiró de ella escaleras arriba. No estaba de humor para otra charla surrealista con madres. Ya había tenido suficiente el día anterior tratando de convencer a la madre de Brittany de que no estaba saliendo con Rachel. Lo último que le apetecía es que su madre también acabara metiendo las narices en el asunto, porque además, su madre no iba a reaccionar como la madre de Brittany. Su madre se moriría sólo con la idea de que su hija pudiera tener una relación con otra chica.

- Podías haberme avisado antes de venir – le dijo a Brittany cuando ya estaban en su cuarto – ¿Y si no me apetecía que vinieras?

- Ya, yo quería avisarte – le respondió.

- ¿Y por qué no lo hiciste?

- Porque Santana me dijo que no lo hiciera – le respondió Brittany cogiendo un tarro de colonia de la estantería de Quinn – Me gusta – dijo al oler el contenido.

-¿Pero por qué? – insistió Quinn.

- Uhm, porque huele a frutas y a mí me gusta el olor a frutas.

- ¡Qu..! ¡NO! Digo que por qué Santana no quería que me avisaras.

- Ah, pues… - se rascó la cabeza pensativa - porque me podrías decir que no.

- ¡Claro que iba a decir que no, no me apetece hacer esto hoy!

Brittany frunció las cejas e hizo una mueca de tristeza con la boca.

- No quería decir eso. – se disculpó Quinn – No es que no quiera pasar un rato contigo, es que no quiero pasar un rato con nadie.

- ¿Por qué no? – le dijo Brittany sentándose en la silla del escritorio.

- No estoy de humor. ¿Por qué es tan importante que vengas a dormir aquí? ¿Qué te ha dicho Santana?

- Quiere que vayamos a una fiesta.

-¡Otra fiesta! – dijo Quinn enfadada.- Pues no pienso ir.

-¿No vas porque te gusta Rachel Berry? – le preguntó Brittany.

- ¿Qué? ¡NO!

Quinn se sentó al borde de la cama frente a Brittany. Se estaba poniendo nerviosa y no le gustaba el rumbo que estaba tomando la conversación. Respiró profundamente.

- Brittany, no me gusta Rachel y me molesta que tu madre y tú estéis empeñadas en que tengo algo con ella. Que a ti te gusten las chicas no significa que a mí también me tengan que gustar.

- Rachel va a ir a la fiesta.

- Pero es que no me gusta Rachel ¿En qué idioma quieres que te lo diga?

- Y Rachel quiere que vayas.

-¿En Chino? – gritó Quinn.

Brittany se quedó callada mirándola fijamente. Quinn estaba acalorada, nerviosa y a punto de echarse a llorar.

- No me gusta, Rachel – dijo en medio de un sollozo contenido – No me puede gustar.

Brittany se levantó de la silla y se acercó hasta Quinn.

- No llores – le dijo sentándose a su lado al borde de la cama rodeándola con los brazos.

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La calle donde vivía Blaine era larga, amplia y tranquila, como la mayoría de las calles en los barrios residenciales. Aquella noche, sin embargo, su casa relucía con todas las luces encendidas y la música, a todo volumen, se escuchaba a varios metros a la redonda.

Kurt, Rachel y Santana llegaron en el coche de Kurt y aparcaron no muy lejos de la entrada. La gente pasaba a su lado en dirección a la fiesta y algún idiota les dio un golpe en el capó, haciendo enfadar a Kurt.

- Será imbécil – gritó sacando la cabeza por la ventanilla.

- Esto en Lima Heights no pasa – le dijo Santana desde el asiento de atrás – porque el idiota al que se le ocurra hacer algo así acaba con las piernas rotas.

- Santana – dijo Rachel escandalizada – No puede ser tan grave lo de Lima Heights. Yo creo que exageras.

Santana puso una mueca.

- A ti te soltaba yo por mi barrio, con tus vestiditos ñoñas y tus pasadores del pelo, a ver si exagero o no exagero.

- Bueno, chicas – les interrumpió Kurt – No sé vosotras pero yo tengo a un hombre ahí dentro esperándome.

Salieron del coche riéndose a carcajadas por el comentario de Kurt cuando un coche rojo frenó a su lado. La cabeza de Brittany se asomó por la ventanilla del copiloto.

- ¡Hey chicas!

- ¡Has venido! – dijo Santana sin poder ocultar su satisfacción.

- Sí – le respondió Brittany mordiéndose el labio.

Rachel se quedó callada detrás de Santana y Kurt. Tenía el corazón a punto de reventarle de lo nerviosa que se había puesto. Quinn estaba sentada en el asiento del conductor, apretando el volante con las manos y mirando al frente como si no estuviera allí realmente.

Así que tú también has venido – dijo Santana agachándose para mirar a Quinn. Estaba convencida de que Quinn aparecería en la fiesta pero no podía perder la ocasión de meterse con ella.

Quinn le dedicó una sonrisa falsa, pero no le dio ninguna respuesta.

Nos vamos a aparcar – les dijo Brittany – id entrando, ahora nos vemos dentro.

Quinn y Brittany se alejaron. A Kurt le daba lo mismo pero Rachel y Santana estaban tan entusiasmadas que parecían dos niñas pequeñas a las que les han prometido golosinas. Dos o tres personas se reían en el jardín y desde la puerta abierta se podía ver una marea de gente moviéndose y bailando en el interior.

No puedo creer que Quinn haya venido – le dijo Rachel a Santana cuando entraban en la casa.

¡Hola! – les saludó Blaine cuando cruzaron la puerta – Me alegra muchísimo que estés aquí – dijo dirigiéndose a Kurt - ¿Y estas bellezas? – le preguntó mirando a Rachel y Santana, que no pudieron evitar sonreírle de vuelta.

Estas bellezas son mis amigas – le respondió Kurt colorado – De Rachel te he hablado alguna vez.

Por supuesto – dijo Blaine sonriente, besando en la mejilla primero a Rachel y después a Santana.

¿De mí no le has hablado, Kurt? – le dijo Santana con retintín después de Saludar a Blaine.

Kurt estaba completamente hipnotizado con la sonrisa de Blaine y las atenciones que les estaba prestando, pero no pudo evitar darle la réplica.

No, querida, de ti solo hubiera hablado mal. Y soy demasiado galante para eso.

¿Ya estáis otra vez? – protestó Rachel preocupada. – No pueden estar ni dos minutos sin meterse el uno con el otro – le explicó a Blaine agarrándose a su brazo. – Tienes una casa preciosa ¿Esas columnas están forradas de cedro?

De verdad que no le pega ser lesbiana, a veces la veo más como un hombre gay – le confesó Kurt a Santana al oír el comentario de Rachel. Santana comenzó a reírse.

¡Oh, qué casa más bonita!– dijo Brittany a su espalda.

¡Otra igual! – dijo Kurt echándose a reír.

Quinn entró tras Brittany. Había pataleado para no ir a la fiesta pero Brittany se las había ingeniado para convencerla. Y lo cierto es, que a pesar de que su cabeza le decía que tendría que haberse quedado en casa, algo dentro de ella, le daba unas instrucciones completamente distintas. Quería y no quería ir. Así de absurdo y paradójico. Y por supuesto, venció la idea menos sensata.

La casa donde se celebraba la fiesta era bastante grande, aparentemente del novio de Kurt; un chico moreno, muy guapo, con los dientes relucientes y el pelo engominado. La música era buena y la casa bonita.

Blaine, el novio de Kurt, se plantó delante suya, se presentó y le hizo una reverencia con la cabeza cuando le dijo su nombre. Se le escapó una sonrisa, jamás la habían tratado con tanta pompa. Era halagador y divertido. Intercambió con él algunos comentarios sobre la decoración de la casa, hasta que Kurt, ya harto de compartirlo con todas las chicas le agarró del brazo y se lo llevó de allí.

- Hola de nuevo, Quinn – le dijo Santana con retintín.

- Santana – le dijo como toda respuesta, con una sonrisa suave, intentando parecer despreocupada – Me gusta tu vestido – añadió para iniciar una conversación.

Santana se había puesto un vestido estrecho, con la falda mini y el escote generoso, de un azul tan eléctrico que la gente se volvía a mirarla cuando pasaba por su lado.

Junto a ella estaba Rachel, la otra cara de la moneda, vestida como una muñeca de colección, con una falda plisada de color perla ribeteada en rosa pompadour y una camisa de cuello redondo con un lazo anudado.

La cortesía le pedía que le dijera lo mismo a Rachel, pero le parecía espantosamente ridículo el atuendo.

- Estás muy guapa – le dijo en medio de su confusión y se puso roja como un tomate en cuanto se dio cuenta de lo que había dicho.

- Tú también estás guapa – le respondió Rachel igual de colorada.

- Vamos a bailar – propuso Brittany tirando de Santana que se reía observando la escena.

Las dos animadoras desaparecieron y Rachel se quedó parada enfrente suya mirándole fijamente.

- ¿Quieres beber algo? – le preguntó con timidez.

No podría sentarle mal una copa y no tenía nada mejor que hacer. Brittany y Santana habían desaparecido y no había mucha gente del McKingley en aquella fiesta.

- No me importaría beber un vino como el que tenías ayer en tu casa – le dijo mientras se dirigían a la cocina.

- Tengo más – le respondió Rachel sonriendo –puedes venir algún día a casa y abrimos una botella para las dos.

Quinn se rió un poco avergonzada. Tenía la sensación de que Rachel estaba flirteando con ella.

- Algún día, quizás.

No encontraron vino en la cocina, pero sí unas cervezas importadas de México. Quinn abrió el frigorífico buscando un limón para aderezar la cerveza, mientras, Rachel saludó a la chica enorme que había visto el día anterior en su casa, que se entretenía sacando latas de la despensa y colocándolas apiladas sobre la encimera. No se acordaba del nombre, pero últimamente no paraba de encontrársela.

- Esa chica está apuntada al partido benéfico – le dijo a Rachel cuando se despidió de la muchacha y volvió a su lado – imagino que lo sabes porque te he visto entrenarte con ella en el campo de football.

- Eso quiere decir que estamos a mano– le dijo Rachel, que aún no había perdido la sonrisa, cortando una rodaja de limón y echándola en su cerveza.

- ¿Qué quieres decir? – preguntó Quinn.

Rachel se chupó los dedos pensativa.

- Yo miro tus entrenamientos y tú miras los míos…

- Pasaba por allí – protestó Quinn avergonzada.

Rachel sonrió. Quinn estaba guapísima y estaba hablando con ella. Ni en mil años hubiera imaginado lo bien que le estaban saliendo las cosas.


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Hey, espero que os haya gustado. Ya tendremos que mover las cosas un poquito, así que en el próximo capítulo quizás haya algún beso: ¿Faberry?¿Brittana? ¡¿Pezberry? :O

Gracias por leer :)