10
La bludger loca
Después del desastroso episodio de los duendecillos de Cornualles, el profesor Lockhart no había vuelto a llevar a clase seres vivos. Por el contrario, se dedicaba a leer a los alumnos pasajes de sus libros, y en ocasiones representaba alguno de los momentos más emocionantes de su biografía. Habitualmente sacaba a Harry para que lo ayudara en aquellas reconstrucciones, para gran regocijo de Vega, Ron, Dean y Seamus, que se tenían que esforzar por no reírse demasiado escandalosamente en clase. Hasta el momento, Harry había tenido que representar los papeles de un ingenuo pueblerino transilvano al que Lockhart había curado de una maldición que le hacía tartamudear, un yeti con resfriado y un vampiro que, cuando Lockhart acabó con él, no pudo volver a comer otra cosa que lechuga.
En la siguiente clase de Defensa Contra las Artes Oscuras sacó de nuevo a Harry, esta vez para representar a un hombre lobo. Les lanzó a Vega y Ron una mirada negra, a lo que ellos respondieron con una risita tonta. Vega estaba segura de que si no hubiera tenido una razón muy importante para no enfadar a Lockhart, Harry se habría negado.
—Aúlla fuerte, Harry (eso es...), y en aquel momento, creedme, yo salté (así) tirándolo contra el suelo (así) con una mano, y logré inmovilizarle. Con la otra, le puse la varita en la garganta y, reuniendo las fuerzas que me quedaban, llevé a cabo el dificilísimo hechizo Homorphus; él emitió un gemido lastimero (venga, Harry..., más fuerte..., bien. Silencio, cálmese señor Finnigan) y la piel desapareció..., los colmillos encogieron y... se convirtió en hombre. Sencillo y efectivo. Otro pueblo que me recordará siempre como el héroe que les libró de la terrorífica amenaza mensual de los hombres lobo.
Sonó el timbre y Lockhart se puso en pie.
—Deberes: componer un poema sobre mi victoria contra el hombre lobo Wagga Wagga. ¡El autor del mejor poema será premiado con un ejemplar firmado de El encantador!
Los alumnos empezaron a salir. Harry volvió al fondo de la clase, donde lo esperaban Ron y Vega, que le sonrieron inocentemente, fingiendo que no se habían estado riendo a mandíbula batiente durante toda la clase, y Hermione, que estaba muy nerviosa.
—¿Listos? —preguntó Harry malhumorado.
—Espera que se hayan ido todos —dijo Hermione, asustada—. Vale, ahora. Se acercó a la mesa de Lockhart con un trozo de papel en la mano. Harry, Vega y Ron iban detrás de ella.
—Esto... ¿Profesor Lockhart? —Tartamudeó Hermione—. Yo querría... sacar este libro de la biblioteca. Sólo para una lectura preparatoria. —Le entregó el trozo de papel con mano ligeramente temblorosa—. Pero el problema es que está en la Sección Prohibida, así que necesito el permiso por escrito de un profesor. Estoy convencida de que este libro me ayudaría a comprender lo que explica usted en Una vuelta con los espíritus malignos sobre los venenos de efecto retardado.
—¡Ah, Una vuelta con los espíritus malignos! —dijo Lockhart, cogiendo la nota de Hermione y sonriéndole francamente—. Creo que es mi favorito. ¿Te gustó?
—¡Sí! —dijo Hermione emocionada—. ¡Qué gran idea la suya de atrapar al último con el colador del té...!
—Bueno, estoy seguro que a nadie le parecerá mal que ayude un poco a la mejor estudiante del curso —dijo Lockhart afectuosamente, sacando una pluma de pavo real—. Sí, es bonita, ¿verdad? —Dijo, interpretando al revés la expresión de desagrado de Vega—. Normalmente la reservo para firmar libros.
Garabateó una floreteada firma sobre el papel y se lo devolvió a Hermione.
—Así que, Harry —dijo Lockhart, mientras Hermione plegaba la nota con dedos torpes y se la metía en la bolsa—, mañana se juega el primer partido de quidditch de la temporada, ¿verdad? Gryffindor contra Slytherin, ¿no? He oído que eres un jugador fundamental. Yo también fui buscador. Me pidieron que entrara en la selección nacional, pero preferí dedicar mi vida a la erradicación de las Fuerzas Oscuras. De todas maneras, si necesitaras unas cuantas clases particulares de entrenamiento, no dudes en decírmelo. Siempre me satisface dejar algo de mi experiencia a jugadores menos dotados...
Harry hizo un ruido indefinido con la garganta y luego salió del aula a toda prisa, detrás de Hermione y Ron y Vega, que reían de nuevo.
—Es increíble —dijo Hermione, mientras examinaban los cuatro la firma en el papel cuando se hubieron alejado lo suficiente del aula—. Ni siquiera ha mirado de qué libro se trataba.
—Porque es un completo imbécil —dijo Vega—. Pero ¿a quién le importa? Ya tenemos lo que necesitábamos.
—Él no es un completo imbécil —chilló Hermione, mientras iban hacia la biblioteca a paso ligero.
—Ya, porque ha dicho que eres la mejor estudiante del curso... —dijo Ron.
Bajaron la voz al entrar en la envolvente quietud de la biblioteca.
La señora Pince, la bibliotecaria, era una mujer delgada e irascible que parecía un buitre mal alimentado.
—¿Moste Potente Potions?—repitió recelosa, tratando de coger la nota de Hermione. Pero Hermione no la soltaba.
—Desearía poder guardarla —dijo la chica, aguantando la respiración.
—Venga —dijo Ron, arrancándole la nota y entregándola a la señora Pince—. Te conseguiremos otro autógrafo. Lockhart firmará cualquier cosa que se esté quieta el tiempo suficiente.
La señora Pince levantó el papel a la luz, como dispuesta a detectar una posible falsificación, pero la nota pasó la prueba. Caminó orgullosamente por entre las elevadas estanterías y regresó unos minutos después llevando con ella un libro grande de aspecto mohoso. Hermione se lo metió en la bolsa con mucho cuidado, e intentó no caminar demasiado rápido ni parecer demasiado culpable.
Cinco minutos después, se encontraban de nuevo refugiados en los aseos fuera de servicio de Myrtle la Llorona. Hermione había rechazado las objeciones de Ron argumentando que aquél sería el último lugar en el que entraría nadie en su sano juicio, así que allí tenían garantizada la intimidad. Myrtle la Llorona lloraba estruendosamente en su retrete, pero ellos no le prestaban atención, y ella a ellos tampoco.
Hermione abrió con cuidado el Moste Potente Potions, y los cuatro se encorvaron sobre las páginas llenas de manchas de humedad. De un vistazo quedó patente por qué pertenecía a la Sección Prohibida. Algunas de las pociones tenían efectos demasiado horribles incluso para imaginarlos, y había ilustraciones monstruosas, como la de un hombre que parecía vuelto de dentro hacia fuera y una bruja con varios pares de brazos que le salían de la cabeza.
—¡Aquí está! —dijo Hermione emocionada, al dar con la página que llevaba por título La poción multijugos. Estaba decorada con dibujos de personas que iban transformándose en otras distintas. Vega imploró que la apariencia de dolor intenso que había en los rostros de aquellas personas fuera fruto de la imaginación del artista.
»Ésta es la poción más complicada que he visto nunca —dijo Hermione, al mirar la receta—. Crisopos, sanguijuelas, Descurainia sophia y centinodia —murmuró, pasando el dedo por la lista de los ingredientes—. Bueno, no son difíciles de encontrar, están en el armario de los estudiantes, podemos conseguirlos. ¡Vaya, mirad, polvo de cuerno de bicornio! No sé dónde vamos a encontrarlo..., piel en tiras de serpiente arbórea africana..., eso también será peliagudo... y por supuesto, algo de aquel en quien queramos convertirnos.
—Perdona —dijo Ron bruscamente—. ¿Qué quieres decir con «algo de aquel en quien queramos convertirnos»? Yo no me voy a beber nada que contenga las uñas de los pies de Crabbe.
Hermione continuó como si no lo hubiera oído.
—De momento, todavía no tenemos que preocuparnos porque esos ingredientes los echaremos al final.
Sin saber qué decir, Ron se volvió a Harry, que tenía otra preocupación.
—¿No te das cuenta de cuántas cosas vamos a tener que robar, Hermione? Piel de serpiente arbórea africana en tiras, desde luego eso no está en el armario de los estudiantes, ¿qué vamos a hacer? ¿Forzar los armarios privados de Snape? No sé si es buena idea...
Hermione cerró el libro con un ruido seco, casi pillando a Vega por medio, que tuvo que apartarse rápidamente ya que seguía leyendo la receta para la preparación de la poción.
—Bueno, si vais a acobardaros los dos, pues vale. Vamos a hacerlo igual —dijo Vega, entusiasmada por la idea de colarse en Slytherin
—Yo soy la que menos quiere saltarse las normas, ya lo sabéis—dijo Hermione. Tenía las mejillas coloradas y los ojos más brillantes de lo normal del entusiasmo—, pero pienso que aterrorizar a los magos de familia muggle es mucho peor que elaborar un poco de poción. Pero si no tenéis interés en averiguar si el heredero es Malfoy, iré derecha a la señora Pince y le devolveré el libro inmediatamente.
—No creí que fuera a ver nunca a Vega y Hermione aliarse para intentar persuadirnos de que incumplamos las normas —dijo Ron—. Está bien, lo haremos, pero nada de uñas de los pies, ¿vale?
—Pero ¿cuánto nos llevará hacerlo? —preguntó Harry, cuando Vega, satisfecha, volvió a abrir el libro mientras Hermione daba las explicaciones.
—Bueno, como hay que coger la Descurainia sophia con luna llena, y los crisopos han de cocerse durante veintiún días..., yo diría que podríamos tenerla preparada en un mes, si podemos conseguir todos los ingredientes.
—¿Un mes? —dijo Ron—. ¡En ese tiempo, Malfoy puede atacar a la mitad de los hijos de muggles! —Hermione volvió a entornar los ojos amenazadoramente, y él añadió sin vacilar—: Pero es el mejor plan que tenemos, así que adelante a toda máquina.
Sin embargo, mientras Hermione comprobaba que no había nadie a la vista para poder salir del aseo, Vega oyó como Ron le susurraba a Harry:
—Sería mucho más sencillo que mañana tiraras a Malfoy de la escoba.
Vega se despertó pronto el sábado por la mañana y se quedó un rato en la cama pensando en el partido de quidditch. Wood le había permitido quedarse en la banda para ver el partido y por si había alguna urgencia, pero no había nadie lesionado, así que probablemente no jugaría esta vez. Por supuesto no quería que nadie se lesionase tampoco. Ya jugaría cuando fuese necesario. Por el momento, iba a animar con todas sus fuerzas para que vencieran a Slytherin y sus escobas ultra rápidas.
Cuando se cansó de mirar las musarañas en el cuarto, se vistió y bajó a desayunar mientras las demás chicas aún dormían. En la mesa del Gran Comedor encontró al equipo de Gryffindor, Harry incluido, apiñados en torno a la gran mesa vacía. Todos estaban nerviosos y apenas hablaban. Vega hizo un tremendo esfuerzo por animarlos a todos, y después de una ronda de chistes, bromas y piques con los gemelos Weasley pareció que se relajaban un poco.
Lo mejor de todo fue cuando Devon entró por las ventanas con las otras lechuzas del correo. El pequeño búho pardo se posó entre Vega y Harry, con un aire enfurruñado que le hizo pensar a Vega que su mascota no la había perdonado aún por el maltrato que había sufrido a su llegada a Hogwarts. De hecho, era la primera vez que veía a su búho después de aquél incidente. Durante estos meses, Vega había tenido que utilizar lechuzas del colegio para escribir a su familia (aunque no les había dicho nada de los ataques), porque Devon se negaba a bajar cuando ella visitaba la lechuzería para enviar una carta. Harry se entretuvo jugando con Devon, lanzándole trocitos de salchicha y bacón que el pequeño búho atrapaba en el aire, mientras Vega abría la carta de sus padres y le leía a Harry en voz alta:
Hola cariño,
Mucha suerte para el partido del sábado. Tu padre y yo estamos seguros de que vais a ganar, pero dale un abrazo a Harry de nuestra parte, que sé que estará muy nervioso y eso le reconfortará (Harry sonrió al oír aquello y de hecho pareció más tranquilo).
¡Tenemos buenas noticias para ti! Tu padre ha conseguido que le den vacaciones estas Navidades, así que por fin podremos celebrar tu cumpleaños en condiciones. Hacía tiempo que no podíamos. Además, tu tío Ted nos ha propuesto pasar la Navidad todos juntos en su casa de Tinworth. Remus también acudirá allí, aunque dijo que tendría que marcharse temprano al día siguiente. Tendremos una Navidad en familia ¿Qué te parece? Puedes invitar a Harry y a tus amigos si se quieren venir también, tu tía me ha dicho que no había ningún problema en ello.
Espero que lo estés pasando bien en el colegio y que aprendas mucho. No hagas travesuras ni te metas en muchos líos, que nos conocemos ¿Vale?
Muchos besos a los dos.
Janet Marshall
Vega plegó la carta con una sonrisa en los labios y acarició suavemente el plumaje pardo de Devon, que se apartó con un ululato ofendido. Le hacía ilusión ver que su madre parecía haberse calmado y había conseguido hacer las paces con ella a distancia. No le gustaba estar enfadada con ella, y menos por tonterías, que era por lo que se habían enfadado realmente. Mientras seguían las bromas para relajar la tensión entre el equipo de quidditch, Vega siguió mimando a Devon para que este dejara de estar enfadado con ella.
Sin embargo, cuando faltaba poco para las once y el colegio en pleno empezó a dirigirse hacia el estadio de quidditch, volvieron los nervios. Hacía un día bochornoso que amenazaba tormenta. Ron y Hermione se unieron a ellos y le desearon suerte al equipo mientras se encaminaban hacia las gradas.
Los jugadores se vistieron con sus túnicas rojas de Gryffindor y después se sentaron todos a recibir la habitual inyección de ánimo que Wood les daba antes de cada partido (o eso dijo Harry, pues para Vega era toda una novedad).
—Los de Slytherin tienen mejores escobas que nosotros —comenzó—, eso no se puede negar. Pero nosotros tenemos mejores jugadores sobre las escobas. Hemos entrenado más que ellos y hemos volado bajo todas las circunstancias climatológicas («¡y tanto! —murmuró George Weasley—, no me he secado del todo desde agosto»), y vamos a hacer que se arrepientan del día en que dejaron que ese pequeño canalla, Malfoy, les comprara un puesto en el equipo.
Con la respiración agitada por la emoción, Wood puso una mano en el hombro de Vega.
—Black está aquí solo por si ocurre lo peor y alguien sale mal parado. Espero no tener que sacarla al juego, porque después de todo es nuestro pequeño as en la manga, así que espero de todos vosotros un juego perfecto.
Después, Wood se volvió a Harry.
—Es misión tuya, Harry, demostrarles que un buscador tiene que tener algo más que un padre rico. Tienes que coger la snitch antes que Malfoy, o perecer en el intento, porque hoy tenemos que ganar.
—Así que no te sientas presionado, Harry —le dijo Fred, guiñándole un ojo.
Cuando salieron al campo, fueron recibidos con gran estruendo; eran sobre todo aclamaciones de Hufflepuff y de Ravenclaw, cuyos miembros y seguidores estaban deseosos de ver derrotado al equipo de Slytherin, aunque la afición de Slytherin también hizo oír sus abucheos y silbidos. La señora Hooch, que era la profesora de quidditch, hizo que Flint y Wood se dieran la mano, y los dos contrincantes aprovecharon para dirigirse miradas desafiantes y apretar bastante más de lo necesario.
—Cuando toque el silbato —dijo la señora Hooch—: tres..., dos..., uno...
Animados por el bramido de la multitud que les apoyaba, los catorce jugadores se elevaron hacia el cielo plomizo. Vega los observó elevarse desde el banco situado justo delante de la puerta del vestuario de Gryffindor. Al contrario de lo que se podría pensar, el partido se veía bastante bien desde allí abajo. Podía ver a todos los jugadores perfectamente desde debajo.
Harry enseguida ascendió más que ningún otro jugador, en busca de cumplir las órdenes de Wood y encontrar la snitch cuanto antes. Malfoy salió disparado por detrás de él, fardando de la velocidad de su escoba.
Vega soltó una palabrota. Realmente los Slytherin tenían escobas muy rápidas. Pero entonces dejó de fijarse en los del equipo verde, pues una bludger pasó tan cerca de Harry que estuvo a punto de tirarlo de la escoba.
George enseguida voló hacia Harry, listo para devolver la bludger contra Slytherin. Vega vio que George daba un fuerte golpe a la bludger dirigiéndola hacia Adrian Pucey, pero la bludger cambió de dirección en medio del aire y se fue directa, otra vez, contra Harry.
«Que raro…» Pensó Vega mientras Harry descendía rápidamente para evitar la bludger. George logró golpearla fuerte de nuevo, esta vez contra Malfoy. Una vez más, la bludger viró bruscamente como si fuera un bumerán y se encaminó como una bala hacia Harry, que tuvo que aumentar la velocidad y salir zumbando hacia el otro extremo del campo. La bludger lo seguía únicamente a él. Algo muy raro estaba ocurriendo. Las bludger nunca se enconaban de aquella manera contra un único jugador, su misión era derribar a todo el que pudieran...
Vega tuvo que forzar la vista para seguir el juego al otro lado del campo, donde Fred Weasley aguardaba para apartar la bludger de Harry. Sin embargo, siguió sin funcionar, la bludger se desvió de nuevo y volvió a seguir a Harry.
Sin duda era un comportamiento muy extraño para una bludger y Vega empezó a sospechar que alguien la estaba manipulando. ¿Pero quién? Desde allí abajo no podía ver a nadie del público, así que no podía saber si era alguien de entre ellos. Dificilmente podía ser un jugador, pues estaban en constante movimiento, concentrados en el juego. Además, para embrujar un objeto, tal y como había hecho Quirrel con la escoba de Harry el año anterior, había que mantener contacto visual con el objeto en cuestión, y una bludger se movía demasiado rápido como para que esta estuviese siendo embrujada de aquel modo.
Había empezado a llover. Vega apenas podía ver ahora el juego, demasiado concentrada en seguir a Harry, Fred y George, que volaban juntos para evitar la bludger, pero oyó la voz de Lee Jordan, que era el comentarista, diciendo:
«Slytherin en cabeza por seis a cero.»
Vega volvió a maldecir. Estaba claro que la superioridad de las escobas de Slytherin daba sus resultados, y mientras tanto, la bludger loca hacía todo lo que podía para derribar a Harry. Además, Fred y George volaban tan cerca de Harry que probablemente le resultaba imposible ver el campo para buscar snitch, y no digamos atraparla.
Vega trató de hacerle señas a Wood en lo alto. Si alguien estaba manipulando la bludger había que detener el juego cuanto antes, preferiblemente antes de que la bola tirase a Harry de su escoba.
Wood captó el mensaje. La señora Hooch hizo sonar el silbato y Vega corrió hacia donde estaba aterrizando todo el equipo con la vista fija en Harry, Fred y George, que bajaban al césped todavía tratando de evitar la bludger loca.
—¿Qué ocurre? —preguntó Wood, cuando el equipo de Gryffindor se reunió, mientras la afición de Slytherin los abucheaba—. Nos están haciendo papilla. Fred, George, ¿dónde estabais cuando la bludger le impidió marcar a Angelina?
—Estábamos ocho metros por encima de ella, Oliver, para evitar que la otra bludger matara a Harry —dijo Fred enfadado.
—Alguien la ha manipulado... —explicó Vega—, no dejará en paz a Harry, no ha ido detrás de nadie más en todo el tiempo. Los de Slytherin deben de haberle hecho algo.
—Pero las bludger han permanecido guardadas en el despacho de la señora Hooch desde nuestro último entrenamiento, y aquel día no les pasaba nada... —dijo Wood, perplejo.
La señora Hooch iba hacia ellos. Detrás de ella, Vega veía al equipo de Slytherin que los señalaban y se burlaban.
—Escuchad —les dijo Harry mientras ella se acercaba—, con vosotros dos volando todo el rato a mi lado, la única posibilidad que tengo de atrapar la snitch es que se me meta por la manga. Volved a proteger al resto del equipo y dejadme que me las arregle solo con esa bludger loca.
—No seas tonto —dijo Vega—, te partirá en dos. No parará hasta que caigas de la escoba, y ni siquiera estoy segura de que pare entonces…
Wood tan pronto miraba a Harry como a los Weasley
—Oliver, esto es una locura —dijo Angelina enfadada—, no puedes dejar que Harry se las apañe solo con la bludger. Esto hay que investigarlo.
—¡Si paramos ahora, perderemos el partido! —Argumentó Harry—. ¡Y no vamos a perder frente a Slytherin sólo por una bludger loca! ¡Venga, Oliver, diles que dejen que me las apañe yo solo!
—Esto es culpa tuya —dijo George a Wood, enfadado—. «¡Atrapa la snitch o muere en el intento!» ¡Qué idiotez decir eso!
Llegó la señora Hooch.
—¿Listos para seguir? —preguntó a Wood.
Wood contempló la expresión absolutamente segura del rostro de Harry.
—Bien —dijo—. Fred y George, ya lo habéis oído..., dejad que se enfrente él solo a la bludger.
La lluvia volvió a arreciar. Vega volvió al banquillo, más enfadada que nunca porque Harry tenía razón. Sin Fred y George, Harry tenía más oportunidades para atrapar la snitch, sin contar que los Slytherin ganarían seguro si los gemelos tenían que concentrarse en Harry. Al toque de silbato de la señora Hooch, Harry dio una patada en el suelo que lo propulsó por los aires, y Vega enseguida vio como la bludger volvía a perseguirlo a toda velocidad. Harry ascendió más y más. Giraba, daba vueltas, se trasladaba en espiral, en zigzag, describiendo tirabuzones. Vega se mareaba sólo de mirarlo. Podía oír las risas de la multitud; Harry debía de parecerles idiota, pero era una buena estrategia, porque la bludger loca pesaba mucho y no podía cambiar de dirección tan rápido como Harry.
Mientras tanto, Adrian Pucey intentaba pasar a Wood en los postes de Gryffindor y el resto del equipo se esforzaba en intentar bloquear a los Slytherin para darle tiempo a Harry, que en aquel momento daba media vuelta y volaba hacia el suelo en zigzag.
Malfoy lo seguía a una distancia corta, y el viento que se había alzado, trajo hasta los oídos de Vega las burlas que profería el chico hacia Harry.
—¿Haciendo prácticas de ballet, Potter? —le gritó Malfoy, cuando Harry se vio obligado a hacer una ridícula floritura en el aire para evitar la bludger. Harry escapó, pero la bludger lo seguía a un metro de distancia. Vega le lanzó a Malfoy una mirada de profundo odio aunque no pudiese verla desde arriba, pero entonces se quedó helada. La había visto. La snitch volaba a tan sólo unos centímetros por encima de la oreja izquierda de Malfoy... pero Malfoy, que estaba muy ocupado riéndose de Harry, no la había visto.
Durante un angustioso instante, Vega miró a Harry, que al parecer también la había visto, pues permanecía suspendido en el aire muy quieto, sin atreverse a dirigirse hacia Malfoy a toda velocidad, probablemente para que éste no mirase hacia arriba y descubriera la snitch. Vega intentó gritarle una advertencia, pero fue demasiado tarde.
¡PLAM!
Se había quedado quieto un segundo de más. La bludger lo alcanzó por fin, le golpeó en el codo, y estuvo a punto de tirarlo de la escoba. Sin embargo, se mantenía sobre ella, con una rodilla doblada todavía sobre la escoba, a pesar de que su brazo derecho colgando inerte.
Vega tuvo que emplear toda su fuerza de voluntad para no alzar el vuelo e ir en ayuda a su amigo, porque si lo hacía, la señora Hooch la expulsaría del campo, y probablemente sancionaría al equipo.
—¡CUIDADO! —grito Vega a Harry cuando vio que la bludger volvía para atacarle de nuevo, y que esta vez se dirigía directa a su cara.
Harry reaccionó rápidamente. Cambió bruscamente de dirección, y se lanzó directo contra Malfoy, que con una expresión de terror, probablemente pensando que Harry lo atacaba, se apartó de su trayectoria.
Entonces Harry soltó el brazo bueno de la escoba, sujetándose sólo con las piernas. Avanzó la mano izquierda y Vega, entre la densa lluvia, pudo ver como el resplandor dorado de la snitch desaparecía en el puño de Harry. Iba a soltar un grito de alegría, pero este se le quedó helado en la garganta cuando la bludger loca golpeó de nuevo a Harry en el costado derecho y lo tiró de la escoba.
La multitud profirió gritos cuando Harry empezó a caer, pero Vega reaccionó rápido. Montó en su escoba y se lanzó a toda velocidad para interceptar la caída de Harry. No llegaría a tiempo, pues persiguiendo a la snitch, Harry había volado hacia arriba y hacia el lado contrario del campo del que se encontraba ella, pero aun así forzó la velocidad, y cuando ya casi estaban a tres metros del suelo, Vega saltó de su escoba en el aire, golpeó a Harry, frenando su velocidad de caída, y con un golpe seco, los dos chocaron pesadamente contra el barro.
Vega, bastante aturdida, se arrastró hacia Harry, cuyo brazo le colgaba en un ángulo muy extraño. Sintiéndose morir de dolor, oyó, como si le llegaran de muy lejos, muchos silbidos y gritos. Miró a Harry, que miraba con los ojos desenfocados la snitch que tenía en su mano buena.
—Ajá —dijo el chico sin fuerzas—, hemos ganado.
Y se desmayó.
Vega, tratando de ignorar el punzante dolor que sentía en las costillas, se inclinó asustada sobre Harry y lo sacudió, intentando que recuperara el conocimiento. Unos segundos más tarde, el resto del equipo de Gryffindor aterrizó alrededor suyo.
—¡Harry! ¡Vega! —Gritó Wood, con un semblante extraño, intentando contener su euforia por haber ganado y a la vez preocupado— ¿Cómo estáis? ¿Estáis bien?
—Potter se ha desmayado, Wood— dijo Alicia Spinnet, que se había agachado y trataba de tranquilizar a Vega—. Y me parece que se ha roto el brazo…
—¿Estas bien Vega? —preguntó George tendiéndole una mano para que se incorporara.
—Creo que me he roto alguna costilla al caer, pero no os preocupéis por mí, hay que llevar a Harry a la enfer…—Vega se interrumpió a media frase cuando vio una cabellera rubia rizada que se acercaba a lo lejor— Hay dios, no…
—¡Abran paso! ¡Abran paso! —dijo Lockhart con un tono musical. Se agachó justo al lado de Harry, apartando a Vega, que lo fulminó con la mirada.
Lockhart, demasiado ocupado examinando a Harry y siendo encantador a la vez no la vio, se inclinó sobre el chico, que justo en ese momento recuperaba la consciencia.
—¡Oh, no, usted no! —gimió Harry.
—No sabe lo que dice —explicó Lockhart en voz alta a la expectante multitud de Gryffindor que se agolpaba alrededor—. Que nadie se preocupe: voy a inmovilizarle el brazo.
—¡No! —Dijo Harry—, me gusta como está, gracias.
Harry intentó sentarse, pero hizo una mueca de dolor y estuvo a punto de caer de nuevo. Vega lo sujetó por las espalda al tiempo que oía cerca un «¡clic!» que le resultó familiar.
—No hagas fotos, Colin —dijo Vega amenazadoramente, haciendo que Colin recogiese rápidamente su cámara.
—Vuelve a tenderte, Harry —dijo Lockhart, tranquilizador—. No es más que un sencillo hechizo que he empleado incontables veces.
—¿Por qué no me envían a la enfermería? —masculló Harry.
—Así debería hacerse, profesor —dijo Wood, lleno de barro y sin poder evitar sonreír aunque su buscador estuviera herido—. Fabulosa jugada, Harry, realmente espectacular, la mejor que hayas hecho nunca, yo diría.
Por entre la selva de piernas que se había formado alrededor de Harry y ella, Vega vio a Fred y George Weasley forcejeando para meter la bludger loca en una caja. Todavía se resistía.
—Apartaos —dijo Lockhart, arremangándose su túnica verde jade.
—Será mejor que no lo haga profesor…—trató de detenerlo Vega.
—No... ¡no! —dijo Harry débilmente, pero Lockhart estaba revoleando su varita, y un instante después la apuntó hacia el brazo de Harry
Vega, que sostenía a Harry por los hombros notó como el brazo de su amigo se volvía desagradablemente flácido y desinflado. Harry había cerrado los ojos y vuelto la cara hacia un lado, pero Vega sí que lo vio perfectamente. La gente que había alrededor ahogó un grito y Colin Creevey empezó a sacar fotos de nuevo como loco. El brazo de Harry ya no parecía un brazo para nada, sino una especie de grueso guante de goma de color carne. Lockhart no le había recompuesto los huesos: se los había quitado.
—¡Ah! —dijo Lockhart—. Sí, bueno, algunas veces ocurre esto. Pero el caso es que los huesos ya no están rotos. Eso es lo que importa. Así que, Harry, ahora debes ir a la enfermería. Ah, señor Weasley, señorita Granger, ¿pueden ayudarle? La señora Pomfrey podrá..., esto..., arreglarlo un poco. ¿Usted se encuentra bien señorita Black?
—¡Sí! —se apresuró en contestar Vega con un tono agudo— ¡Perfectamente! No se preocupe por mí profesor.
Lockhart le sonrió con su estúpida sonrisa y desapareció rápidamente entre la gente mientras Ron y Hermione ayudaban a Harry, que aún mantenía los ojos firmemente cerrados, a levantarse.
—Vamos rápido a la enfermería— dijo nerviosa Hermione.
—¿Es tan malo como se siente? — preguntó Harry asustado.
—Estóo…
Harry abrió los ojos, y tuvieron que sujetarlo de nuevo porque estuvo a punto de desmayarse de nuevo.
A la señora Pomfrey aquello no le hizo ninguna gracia.
—¡Tendríais que haber venido enseguida aquí! —dijo hecha una furia y levantando el triste y mustio despojo de lo que, media hora antes, había sido un brazo en perfecto estado—. Puedo recomponer los huesos en un segundo..., pero hacerlos crecer de nuevo...
—Pero podrá, ¿no? —dijo Harry, desesperado.
—Desde luego que podré, pero será doloroso —dijo en tono grave la señora Pomfrey, dando un pijama a Harry—. Tendrás que pasar aquí la noche.
Vega y Hermione fueron con la señora Pomfrey a curar las costillas de Vega mientras Ron ayudaba a Harry a ponerse el pijama. La señora Pomfrey dio a Vega una poción dulce que le produjo un cosquilleo en el pecho y le ordenó a Vega que no hiciese esfuerzos hasta el día siguiente. Después volvieron donde los chicos y ayudaron a Ron a pasar el brazo sin huesos de Harry por la manga de su pijama.
—¿Te atreves ahora a defender a Lockhart, Hermione? —dijo Ron mientras tiraba de los dedos inanimados de Harry por el puño de la manga—. Si Harry hubiera querido que lo deshuesaran, lo habría pedido.
—Cualquiera puede cometer un error —dijo Hermione tozuda—. Y ya no duele, ¿verdad, Harry?
—Por Dios Hermione…—comentó Vega por lo bajo, exasperada.
—No —respondió Harry —, ni duele ni sirve para nada. —Al echarse en la cama, el brazo se balanceó sin gobierno.
La señora Pomfrey volvió. Llevaba una botella grande en cuya etiqueta ponía «Crecehuesos».
—Vas a pasar una mala noche —dijo ella, vertiendo un líquido humeante en un vaso y entregándoselo—. Hacer que los huesos vuelvan a crecer es bastante desagradable.
A Harry le costó horrores tragar la poción, que lo hacía toser y resoplar con una mueca de asco terrible. Cuando Harry se hubo terminado el vaso, la señora Pomfrey se retiró, sin dejar de criticar los deportes peligrosos y a los profesores ineptos y dejando que Ron y Hermione ayudaran a Harry a beber un poco de agua mientras Vega se recostaba sobre una silla, cansada por el efecto de la poción que había tomado ella.
—¡Pero hemos ganado! —le dijo Ron a Harry, sonriendo tímidamente—. Todo gracias a tu jugada. ¡Y la cara que ha puesto Malfoy... Parecía que te quería matar!
—Me gustaría saber cómo trucó la bludger —musitó Vega intrigada mientras se le cerraban los ojos.
—Podemos añadir ésta a la lista de preguntas que le haremos después de tomar la poción multijugos —dijo Harry acomodándose en las almohadas—. Espero que sepa mejor que esta bazofia...
—¿Con cosas de gente de Slytherin dentro? Estás de broma —observó Ron.
En aquel momento, se abrió de golpe la puerta de la enfermería. Sucios y empapados, entraron para ver a Harry los demás jugadores del equipo de Gryffindor.
—Un vuelo increíble, Harry —le dijo George—. Acabo de ver a Marcus Flint gritando a Malfoy algo parecido a que tenía la snitch encima de la cabeza y no se daba cuenta. Malfoy no parecía muy contento.
—Para vuelo guay el de Vega, sin escoba ni nada—dijo Fred,— Está claro que el quidditch es lo tuyo, pero no te preocupes, que la quaffle no pesa tanto como Harry
Esto provocó una carcajada general del equipo, que les palmeaban la espalda a Vega y Harry, muy contentos. Habían llevado pasteles, dulces y botellas de zumo de calabaza; se situaron alrededor de la cama de Harry, y ya estaban preparando lo que prometía ser una fiesta estupenda, cuando se acercó la señora Pomfrey gritando:
—¡Este chico necesita descansar, tiene que recomponer treinta y tres huesos! ¡Fuera! ¡FUERA!
Y tuvieron que dejar solo a Harry.
Vega, Ron, Hermione y el resto del equipo de Gryffindor subieron entonces a la torre de su casa y continuaron la fiesta allí. Todos los miembros de Gryffindor estaban eufóricos. Vega incluso se fijó en que Percy parecía menos gruñón de lo normal.
Fred y George no paraban de sacar más y más comida de todas partes y Wood estaba muy feliz, aunque no paraba de repetir que para ganar la copa tendrían que entrenar muchísimo más durante los próximos meses. Colin hacía fotos a diestro y siniestro sin parar de preguntar si Harry estaba bien y si su brazo se iba a quedar de goma.
En una esquina, sentadas en corro y rodeadas de varios admiradores, Kaitie Bell, Alicia Spinnet y Angelina Johnsonn repasaban el partido ilusionadas. Vega se sentó junto con Ron y Hermione en unos sofás y enseguida se les unieron Fred y George con su amigo Lee Jordan, trayendo con ellos unos buenos trozos de pastel de chocolate y zumo de calabaza. Allí, Fred y George, para divertir a la gente, imitaban continuamente el momentos del partido, como en el que Vega saltaba en pleno aire de su escoba para agarrar a Harry en el aire, o, el que más hacía reir a la gente, la cara de susto de Malfoy cuando Harry se lanzó hacia él para coger la snitch.
La Profesora McGonagall se pasó por la sala común también a felicitar al equipo por su triunfo, y además permitió que los alumnos cenaran todos juntos en la sala común para que pudiesen seguir con la fiesta.
Un rato después de la cena, cuando algunos alumnos ya se habían retirado a los dormitorios y apenas quedaban una treintena de Gryffindors en la sala común celebrando, Vega, aunque muy somnolienta, se fijó en que había alguien que no parecía disfrutar de la fiesta como todos los demás.
Ginny Weasley, a la que no había visto hasta el momento, estaba apartada en una esquina, mirando a su alrededor con una expresión helada. Eso hizo recelar a Vega, que se incorporó del cómodo sofa, decidida a averiguar que le ocurría a Ginny. No obstante, en cuanto esta se fijó en que Vega la miraba y se dirigía hacia ella, Ginny se levantó y se encaminó hacia el hueco del retrato. Vega fue a seguirla decidida, pero alguien se interpuso en su camino.
—Ho… ¡Hola! —dijo Colin con la voz un poco temblorosa, interponiéndose entre ella y la salida de la torre.
—¿Qué ocurre Colin? —preguntó Vega impaciente, mirando como el retrato de la entrada se cerraba detrás de Ginny.
—Bueno, es que…—dijo el chico tímidamente—, La gente no para de decir cosas malas de ti en mi clase, como que eres la heredera de Slytherin y que eres tú quien ataca a la gente… pero yo… ¡Yo creo que eres guay!
Vega bajó la mirada hacia el chico, halagada y algo sorprendida por la confesión del chico, pero Colin aún no había terminado de parlotear nerviosamente.
»Sé que a veces soy un poco pesado, me lo dicen mis compañeros, pero tú y Harry siempre os portáis bien conmigo, sin importar que sea hijo de muggles. No creo que seas mala de verdad, como dicen todos. Y además, eres la novia de Harry, y él no estaría con alguien malvado ¿no?
La sonrisa de Vega se le congeló en la cara unos segundos al quedarse pasmada. Entonces no pudo evitarlo y estalló en carcajadas. Colin la miraba con la misma sonrisa inocente de siempre, algo confundido por la reacción de Vega. Cuando se hubo calmado un poco, aunque aún le temblaba el labio de la risa, puso una mano en el hombro de Colin y le explicó:
—Harry no es mi novio, por Merlín—tuvo que esforzarse por no volver a reír de la gracia que le hacía solo el imaginarlo—. Es mi mejor amigo, y casi mi hermano. Nos criamos juntos en el mismo pueblo y por eso nos llevamos tan bien.
—Pero Draco Malfoy dice…
—Malfoy solo tiene envidia, porque como él no sabe lo que es tener amigos, no sabe diferenciar las cosas—Vega le revolvió el pelo a Colin y añadió antes de ir a buscar a Ginny—. Hacer caso de lo que diga un Malfoy es de tontos Colin. No confíes en lo que dice la gente, solo en lo que tú veas o consideres cierto por ti mismo.
Vega salió por el hueco del retrato, pero en el pasillo no había ya nadie. Colin la había entretenido y Ginny se había marchado, a saber a dónde. Vega frunció el ceño. Aquel no era un comportamiento propio de Ginny. Primero esa inexpresividad helada y después que hubiese salido de la sala común ella sola, cuando todos los alumnos de primero solían moverse siempre en grupo últimamente después del ataque a la Señora Norris. Además, ya era de noche afuera, y dentro de poco los alumnos rezagados que aún estaban cenando en el Gran Comedor volverían a sus salas comunes y estaría prohibido pasear por el castillo.
Vega se dispuso a ir en busca de Ginny cuando oyó que el retrato se abría detrás de ella. Se giró, dispuesta a encontrarse con Ron o Hermione que la buscaban, pero era Colin el que salía, un racimo de uvas en una mano y su cámara de fotos colgando del cuello.
—Mmm… He pensado que voy a ir a visitar a Harry—dijo el chico con una amplia sonrisa—. Quiero felicitarle por el partido y ver si se encuentra bien.
Vega le sonrió amablemente.
—Pero no le des mucho mal, Harry necesita descansar—dijo—, y date prisa en volver, dentro de un rato tendremos que estar todos en la cama o nos castigaran si nos encuentran fuera.
Colin asintió y se alejó corriendo por el pasillo hacia la enfermería. Vega se sonrió. Colin podía ser muy pesado en ocasiones, pero en el fondo era un buen chaval, y le recordaba mucho a sí misma cuando era muy pequeña: preguntona e hiperactiva.
Vega se apresuró también. No sabía dónde podía haber ido Ginny, pero tenía que darse prisa para encontrarla. Salió corriendo en dirección contraria a Colin, mirando en todas las aulas abiertas que encontraba a su paso, y a la vez, atenta al más mínimo sonido que pudiese indicar que alguien, o algo, se acercaba.
Al cabo de una hora de búsqueda, se rindió. Había recorrido los pisos del séptimo al cuarto sin encontrar a nadie. Si Ginny había salido de la sala común, probablemente hacía un rato que había vuelto y no se habían cruzado debido a la inmensidad del castillo. Vega se encaminó de vuelta hacia la torre de Gryffindor rápidamente. No sabía qué hora era, pero probablemente si la encontraban merodeando sola por el castillo, la castigarían.
Sin embargo, cuando se dio la vuelta para volver a subir hacia la torre en el rellano entre el tercer y el cuarto piso, algo la hizo detenerse. Podía oír a alguien sollozando en algún sitio cercano. Vega bajó las escaleras hasta el oscuro pasillo de la tercera planta y avanzó lentamente.
—¡Lumos! —susurró Vega a su varita, que se iluminó para mostrar el pasillo.
No tuvo que avanzar mucho. A unos metros de la escalera, Vega se encontró a Ginny, agazapada detrás de una armadura, sollozando desconsoladamente. Vega se acercó rápidamente y se agachó a un lado de la niña.
—¡Ginny! —exclamó preocupada— ¿Qué ocurre? No llores vamos, ya estoy aquí.
Mientras hablaba, en el tono más tranquilizador que pudo, Ginny se aferró a ella. Los hombros se le sacudían mientras sollozaba en silencio. Vega la abrazó, esperando a que se calmase. Notó que llevaba algo duro bajo de la túnica, pero no le dio importancia y siguió tratando de calmarla:
—Shh… tranquila… eso es. Vamos, en cuanto te calmes nos vamos juntas a la torre ¿vale?
Ginny asintió y se limpió la cara con las mangas de su túnica. Vega la ayudó a levantarse y juntas caminaron en silencio hasta la torre de Gryffindor. Ginny aún sollozaba en silencio, pero parecía más tranquila ahora que no estaba sola. No dijeron nada en todo el camino, hasta que se aproximaron al retrato de la señora Gorda, y Ginny agarró suavemente a Vega de la túnica.
—No se lo cuentes a nadie, por favor—le suplicó Ginny con los ojos llorosos—. Yo no… mis hermanos… no quiero…
—¿Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea no? —dijo Vega muy seria—. No le contare nada a nadie, ni siquiera a Harry si me lo pides, pero si tienes algún problema puedes venir a hablar conmigo cuando quieras ¿Vale?
Ginny asintió y juntas entraron en la sala común (la señora gorda las reprendió por llegar tarde). La sala se había quedado vacía, todos los alumnos se habían subido ya a dormir. Ginny corrió hacia las escaleras para subir a su dormitorio y Vega la siguió, algo extrañada porque Ron o Hermione no la hubiesen esperado o ido a buscar.
Entendió por qué cuando entró en el dormitorio de las chicas de segundo. Por la mañana no había descorrido el dosel de su cama. No le costó imaginar que Hermione habría subido a ver si se encontraba allí, y al ver las cortinas cerradas había pensado que se había echado a dormir temprano. Sin hacer el más mínimo ruido, se tumbó sobre su cama y en la oscuridad que le proporcionaban las cortinas, se cambió y se metió dentro de las sábanas.
Sin embargo, Vega no se durmió enseguida. En su mente no paraban de dar vueltas dos imágenes. Por un lado Ginny, impasible, con una extraña expresión de desagrado e impasividad en la cara mientras todos celebraban la victoria. Por otro, Ginny llorando desconsoladamente, asustada detrás de una armadura del tercer piso.
Cada vez que lo recordaba le parecía más y más extraño. ¿Por qué había salido la chica de la celebración en mitad de la noche? No era nada propio de Ginny, por muy alterada que pudiese estar. Además, aquella expresión fría no pegaba nada con ella. Nunca la había visto comportarse de ese modo, y no era nada propio de ella el huir, a no ser que tuviese que ver con Harry, en cuyo caso no habría estado seria, sino roja como un tomate.
Tenía que averiguar que le ocurría a Ginny. No podía contar con Ron y Hermione, ni siquiera con Harry, pues le había prometido a la chica que no se lo contaría a nadie, pero ella sola podía investigarlo sin que se diese cuenta. Y si era algo muy grave, al final Ginny acudiría a ella para pedirle ayuda, estaba segura.
Con ese pensamiento en mente, Vega se dio la vuelta en la cama, y por fin, el efecto adormecedor de la poción repara huesos que le había dado la señora Pomfrey a mediodía hizo efecto, y se quedó dormida de inmediato.
Buenaas!
Ya lo siento si el capitulo me ha quedado un poco cutre, no se me ocurría ningun buen modo de encajar a Vega en el partido, pero os prometo que más adelante participará más.
Siento tambien la tardanza, el día 3 fue mi cumpleaños (yay! soy legalmente mayor de edad internacionalmente! xD) y como me fui a casa de mis padres, no tenía el ordenador para subir el capitulo.
Espero que os guste.
Nos vemos!
