Este fanfiction fue escrito por el autor Scuttlest, a quién le agradezco darme el permiso para traducirla.
Origen del Príncipe de la Luz
La luna, una luna creciente, se había erguido sobre los dientes de Ghoul, escondida por un montón de nubes, en las que se veían crecientes promesas de lluvia.
Los Soothsires ya se habían acostado para pasar la noche, aunque algunos todavía estaban fuera de los brazos de Morfeo. Tal vez viendo si podían hacer a un bandido ladrón… desaparecer. Otros se mantenían despiertos por el miedo ante tal destino. No había castigo por matar a otro bandido, a nadie le importaba lo suficiente como para buscar venganza.
Incluso estando "a salvo" dentro de su guarida, la vida de un bandido, de un soothsire, era una peligrosa. En estos tiempos, se habían vuelto cada vez más temerosos de ellos mismos que en otras épocas.
Más reciente, tenían algo nuevo a lo que temer. Un mirmidón que había sido contratado por los soothsires. Este silencioso hombre de largos cabellos había sido pagado por Hyman para lograr hacer que la imagen de los bandidos sea más amenazante y, tal vez, asegurar su dominio sobre éstos.
El mirmidón, Navarre, el hombre con el que Ogma alguna vez luchó, era leal a su empleador mientras estuviera vigente su contrato. El haría, por ahora, todo lo que Hyman le dijera, hasta que su trato terminara. Navarre nunca permitía que sus contratos se extendieran, se iría en el momento justo, que era en algunos días a partir de ese momento.
Navarre caminaba por el castillo de los soothsires, con la usual sensación de tener miles de ojos temerosos sobre él. Cada uno de los dueños de aquellos orbes lo mataría sin dudar… así que Navarre continuó su caminata espada en mano. No tenía miedo ni estaba consternado acerca de que algún soothsire le atacara, pero siempre se mantenía atento a su alrededor. Cada sonido, paso y respiración en todo el castillo lo podía oír. El miedo que los soothsires le tenían se podía palpar, pero ni siquiera eso lo hacía sonreír. Había poco que le agradaba.
El castillo estaba quieto, solamente el click de sus pasos partía el silencio de la noche, hasta que oyó una plática. Un susurro silencioso. Era leve, y las palabras no tenían importancia, pero Navarre no las ignoró. Aunque vagas, sabía que no eran las palabras que un soothsire diría. Era algo más.
Las palabras provenían de la prisión. Caminando silenciosamente por las celdas, encontró su origen. Julian y uno de los prisioneros estaban hablando. Navarre se detuvo a plena vista, pero ni Julian ni la clériga en la celda lo notó. Haciéndose a un lado, Navarre se ocultó en una esquina obscura.
Estaban hablando de escapar. La clériga con su túnica removida, estaba suplicándole escapar de los soothsires, solo para continuar ayudando a las personas que residían en los dientes de Ghoul. Ella juraba hacer todo lo que estuviera en su poder para darle a Julian una vida segura lejos del alcance de la venganza de los criminales. Julian parecía estar dispuesto a ayudarla, quizá no demostraría tanta empatía si supiera que él estaba cerca.
La clériga alcanzó uno de los brazos del bandido a través de las rejas y Julian se acercó a ella para susurrarle algo al oído. Navarre escuchó sus palabras, un acuerdo para ayudarla a escapar en la mañana, después de quitarle las llaves a Hyman.
Alejándose de la reja, Julian apresuró sus pasos. Su destino era la recamara de Human. Tragó saliva. Escaparse de los dientes de Ghoul no sería sencillo con Lena. Ni siquiera sería fácil si fuera él solo. Los otros eran simples y rudos pero nunca dejaban de vigilar. Todos los soothsires sabían de Lena y si desaparecía junto con uno de ellos, adivinarían con facilidad lo que pasaba.
Le tomaría tiempo tener las llaves en su poder, y si Hyman se despertaba y se daba cuenta de lo que hacía, entonces todo el plan se iría a la basura en ese momento. De ninguna manera podría Julian derrotar a Hyman, ni a muchos de sus seguidores si es que ellos se enteraban.
Salió de la prisión, tratando de pensar en como hacer que su escape funcionara. No notó a Navarre cuando se iba, quizá ni siquiera lo hubiera notado si no estuviera tan metido en sus pensamientos. Navarre salió de las sombras cuando Julian lo paso, su cara no revelaba nada de lo que él pensaba o sentía.
Julian tomó una gran bocanada de aire cuando se aproximó al cuarto de Hyman. No había guardias. Ser el líder de unos bandidos lo había vuelto paranoico y Human nunca, jamás, ni pensarlo, jamás le confiaría a alguien su protección a alguien mientras duermen.
La puerta estaba cerrada… eso no detendría a un soothsire de entrar, pero haría el suficiente ruido como para despertarlo. Una vez despierto, Hyman tomaría su hacha y cortaría al que quisiera asesinarlo en pedazos de la manera más lenta, cruel y salvajemente posible. Hyman dormía con su hacha firmemente sujeta en su mano, así no se preocupaba de que alguien lo atacara sin lograr alcanzar su arma.
Julian se arrodilló frente a la puerta y tomó una ganzúa, insertándola en el cerrojo, para comenzar su trabajo. Era afortunado que todos estuvieran dormidos ahora, nadie lo interrumpiría. Aunque no hubiera sentido de lealtad entre ellos, disfrutaban hacer cosas que pusieran a otros en malos términos.
Después de unos segundos, Julian logró abrir la puerta con un leve rechinido. Hyman tenía el sueño demasiado pesado para que eso le despertara, así que entró a la habitación lentamente. Un olor nauseabundo le invadió las fosas nasales, los macabros trofeos de Hyman. Cosas podridas, restos de los soothsires que lo han enfrentado o los propios aldeanos de los dientes de Ghoul que han jugado a ser héroes.
Hyman realmente parecía disfrutar el olor a carne podrida. Julian cerró la puerta detrás de él, aún arrodillado moviéndose a través de la habitación. Sus suaves zapatos de cuero no hacían ruido en el piso de piedra. El cuarto estaba decorado con adornos de oro y plata, cosas que Hyman en persona había tomado durante los robos, algunos de los cuales aún tenían sangre seca de sus antiguos dueños. Por una fracción de segundo, los ojos de Julian miraron los adornos, pero luego se concentró en la cama donde Hyman estaba descansando, deshaciéndose de cualquier pensamiento que lo distrajera.
Él se acercó a Hyman mirándolo fijamente, su corazón se aceleraba. El jefe estaba profundamente dormido. Aun cuando lo que iba a hacer era de máximo un minuto, era la parte más difícil de todo el trabajo.
Las llaves de las celdas estaban en el collar de Hyman. Con la eficiencia de un asesino, Julian sacó su cuchillo sin emitir sonido alguno. Con una mano, Julian tomó la cuerda del collar… no podía tomarlo si él estaba acostado, tendría que cortarlo para tomar las llaves.
Apoyó el filo de su arma en el collar y lenta y silenciosamente comenzó a cortarlo. Después de unos tensos segundos, el cuchillo la cortó y las llaves pasaron a la mano de Julian. La cuerda cayó sobre el pecho de Hyman, el bandido apenas gruño en sus sueños. Por un segundo, Julian sintió como su corazón se detenía. Este momento se llenó de terror.
Después de unos segundos, Julian volvió a respirar, seguro de que Hyman estaba en brazos de Morfeo. Guardó las llaves en sus ropas y salió lentamente del cuarto, apenas conteniendo los temblores de su cuerpo nervioso. Estaba feliz de irse de ahí, tan feliz que accidentalmente tropezó con alguien cuando se dirigía a las celdas.
–Oww… – Julian tardó en ponerse de pie luego de la colisión. – ¿Qué estás haciendo despierto? Tu… –Solo se pausó al ver contra quién se había golpeado. – N-N-Navarre… – Tartamudeo nervioso.
Había chocado contra el espadachín, y el hombre, indudablemente, era el más peligroso que había conocido en su vida. Él se giró para enfrentar al ladrón. Navarre estaba perfectamente de pie como una estatua. El único movimiento era el de sus ojos, con el que examinaba la cara del ladrón, luego miró la llave que el sujetaba con sus manos.
Ninguna palabra salió de los labios del espadachín, y para Julian, eso fue lo más perturbador. El ladrón sostuvo su aliento, como si se hubiera congelado, mientras esperaba alguna respuesta por parte de Navarre.
Después de unos instantes, Navarre se alejó de Julian, como si solo se hubiera detenido a pensar sus actos, no a examinar a un ladrón que lo había tacleado. Ni siquiera parecía molesto. Los ojos de Julian estaban fijos en él, aterrado de que el otro decidiera terminar con su vida de un momento a otro.
Navarre terminó por irse, pero Julian seguía petrificado. Un minuto paso, luego dos, luego diez. Al final logró dirigir sus pies a las celdas, luego de asegurarse de que el otro estuviera efectivamente lejos de él.
–¿Qué me acabas de decir?
El capitán Bentheon, un comandante de Macedon que servía bajo las órdenes del general Eremeus, que hasta hace unos momentos bebía sin preocupaciones, estaba enfurecido con el soldado que tenía frente a él.
Era otra de las reprimendas de Matthias. Apenas podía pasar unos días sin que su horrible actuación como soldado lo hiciera blanco de la ira de sus superiores. Tenía que responder, de nueva cuenta, al general Emerus por fallar en la captura de un miembro de la resistencia de Aurelis. Era un milagro que aún no hubiera sido ejecutado.
–S-s-señor. – Matthias tartamudeo ante la ira de Bentheón, careciendo de la valentía que caracterizaría a un soldado de una guerra. – El rastro se enfrió en la aldea… N-no hay rastro del mago…
–¿El rastro se enfrió? – Bentheon había ocupado un castillo aureliano. Había usado sus tesoros, de oro y plata, para su propio beneficio. Ahora dejaba la hermosa copa de oro en la mesa y con calma juntó sus manos sobre la mesa, aun cuando su rostro mostrara ira y frustración. Era una vista que Matthias ya tenía por costumbre ver. –Hemos pasado semanas siguiendo ese rastro. Semanas, que tú sabes, requieren soldados que bien pudieron ser utilizados sometiendo a los aurelianos… ¿y tu vienes a decirme que todo esto fue en vano?
–L-lo siento mucho señor. No-no pasará de nuevo. – Comenzó a disculparse. – Yo…
–He oído eso antes de ti antes. – Le dijo el teniente Bentheon, mirando a Matthias con desdén. –El peor soldado que me he encontrado, la más grande escoria que la milicia hubiera tenido que soportar desde tiempos inmemorables. Tu claramente has convertido el ser la piedra de mi zapado la misión de tu vida, y con eso negarme cualquier ascenso que pudiera recibir.
Matthias no podía defenderse. Sus acciones habían sido deplorables, y no había justificación por ningún ángulo que se le viera. Incluso si pudiera defenderse, le haría falta confianza para hacerlo. El capitán siempre sabía dónde herirlo, o simplemente podía convertirlo en el tiro al blanco de los arqueros practicantes, o incluso mandarlo a la Corte de los Milagros. Todas eran horribles destinos, y estaba seguro de que el teniente estaba buscando cualquier excusa para quitárselo de encima. O daría cualquier orden para asegurarse de que el terminara muerto.
La cara de Bentheon se volvió más calmada de pronto. –Puedes retirarte. Enlístese en las filas frontales, soldado.
Las palabras hicieron que el corazón de Matthias se paralizará. –Capitan Bentheon, señor, usted… ¿usted me quiere en las primeras líneas en la invasión? Seguramente no…
–Soldado. – Bentheon repitió. –¿Está cuestionando mis órdenes?
–¡Ah! –Matthias retrocedió un poco ante el miedo de ser castigado por desobediencia. – N-no señor. Enseguida señor. – Respondió el mientras huía de la habitación.
El cuarto se quedó sin palabras y Bentheon regresó a su vino. Estaba tan frustrado por lo que le había dicho el soldado como para beber. Semanas de investigación a la basura- No quería ni imaginar que le harían sus superiores, por culpa de un soldado tan incompetente como él.
Un inepto como Matthias no tenía cabida en el ejército de Bentheon… imagino a los que se quedaron en Macedon riéndose del que tenía que soportar a ese parásito. Hizo una nota mental, para que cuando volviera a Macedon, les preguntara de quién fue decisión mandar al inútil con él. Solamente se levantó de su silla, dejando el vino intacto, para luego retirarse de la habitación…
La mañana llegaba a los Dientes de Ghoul. Una mañana llena de miedo y ansiedad. Los Dientes de Ghoul eran, después de todo, hogar de una de las pandillas más brutales de todo el continente.
Cada aldeano había nacido en ese ambiente. Viviendo con el constante miedo a los Soothsires, orando cada día para que su aldea no sea su próxima en la lista, con la constante preocupación de ser el siguiente en morir. Era una horrible forma de vivir, pero no podían hacer nada. No había suficientes hombres diestros en las armas como para luchar, ni había forma de escape.
Ocasionalmente alguien lo intentaba, pero incluso bajo las condiciones más favorables, estos intentos siempre terminaban en tragedias. Los soothsires hacían un trabajo increíble en cortar sus rutas de escape.
Los Dientes de Ghoul le hacían honor a su nombre. La vida en ese sitio era como masticada por un demonio mismo, sin poder escapar ni que el monstro accediera a tragar para terminar el sufrimiento.
Pero si los soothsires eran demonios, la hermana Lena era un ángel.
En la miserable vida en los Dientes de Ghoul, la presencia de la bondadosa hermana era como milagrosa. Solo unos cuantos días después de su arribo, su simple presencia hacía que cada aldeano se sintiera en calma. Siempre trataban de mantenerla oculta de los bandidos hasta que ella decidió irse. Le suplicaron que se quedara con ellos, pero ella siempre los rechazó. Partió, esperando ayudar otra aldea.
Inevitablemente, sucedió lo que tenía que pasar. Durante la travesía, los soothsires la capturaron. Ellos la llevaron al castillo, y supieron que jamás la verían de nuevo. Su vida de miseria no estaba destinada a terminar.
Los ojos de Hyman se abrieron perezosamente. Se rodó en su cama, buscando una posición más cómoda. A pesar de estar despierto, quería quedarse en cama un poco más, su cuerpo negándose a despertar mientras sus ojos se resistían a la luz…
Luego recordó a la prisionera que habían capturado ayer y sonrió. Con sus ojos cerrados, se imaginó lo que pasaría. Amaría el gesto de dolor de su rostro, especialmente cuando la próxima víctima se veía tan delicada. Amaría la resistencia, la rigidez…
Pero más que nada, amaría los gritos y las suplicas.
Sus ansias por la tortura superaron su flojera y pronto se sentó en la orilla de su cama. Se pasó un momento viendo sus tesoros, pocos de los dueños anteriores los había torturado, pero habían sido desafiantes y no le habían complacido, no habían suplicado piedad. Siempre se irritaba cuando alguien parecía resistir hasta el final.
Pero la hermana, imagino él, no lograría aguantar todo lo que tenía preparado para ella.
Dudaba que siquiera estuviera despierta a esa hora. Su sueño sería interrumpido por el sonido de las espadas y puñales listos para desgarrar su piel hasta los huesos.
Con una sonrisa cruel, Hyman busco la llave colgando en su cuello, en unos minutos ella…
Su mano tocó su pecho desnudo, donde la llave estaría, pero no sintió el metálico toque de ésta. Busco en su cuerpo la llave sin éxito, solo encontrando la cuerda rota y la llave sin aparecer.
¿Accidentalmente habría cortado la cuerda con su hacha durante sus sueños? Miró alrededor de la cama y el piso, sin encontrar señales de las llaves. Volteó su cama, buscando fúricamente por todo el lugar.
Justo cuando estaba a punto de destrozar el cuarto en su búsqueda, escucho la puerta abrirse. Se giró para ver a un soothsire entrar. Hyman agarró su hacha con firmeza y gruño, preparándose para un posible ataque que pudiera hacer, pero el intruso no estaba armado ni se veía con intención de atacarlo.
–¡Jefe! La clérigo… ¡escapó!
Hyman parpadeo y luego miró su collar. Alguien debió hacerle robado durante la noche… pero, ¿quién? Miro a la puerta y cayó en cuenta que no había estado bloqueada cuando el intruso entro. El siempre la bloqueaba, y…
–Julian. – Susurró. El único soothsire con la destreza para hacer algo como eso. Todos los demás se valían de la fuerza bruta, asi que su lista de potenciales sospechosos se redujo a uno solo. Señalo al soothsire frente a él. –Tu. Despierta a todos y alístense, vamos a salir. Busquen a la clérigo y al traidor que la libero. Tráiganmelos frente a mí."
Hyman no sabía que expresión hiso, pero cualquiera que haya sido, hizo que el soothsire frente a él, igual de cruel y sanguinario, temblara de miedo ante su orden.
El sol de la mañana comenzaba su alza, sus rayos caían y aniquilaban los últimos rastros de oscuridad nocturna. La luz iluminaba los Dientes de Ghoul pese a las nubes oscuras, desde el castillo de los soothsires hasta la pequeña villa que éstos victimizaban, todo estaba visible. De no ser por el alboroto que ocasionaban los bandidos, esa hubiera sido una tranquila mañana. Todos permanecían en sus casas, por miedo a que salir a esa hora fuera considerado como un intento de escape.
A esa hora, justo cuando todos estaban en sus casas acurrucados de miedo, dos figuras fueron iluminadas por el sol, corriendo por los picos de las montañas.
–¡Vamos, vamos, vamos! –Julian apresuraba a su acompañante mientras esperaba a Lena. – ¡Vamos, el sol ya salió Lena! Si vamos más lento, los soothsires nos cortarán los tobillos y los coserán a nuestras caras.
–Julian… –Lena se detuvo y miró hacia el castillo. –Lo siento Julian, Los soothsires aún tienen mi báculo de sanación… he tenido ese báculo por años, y he ayudado a miles con él, no puedo simplemente irme…
–No, no, no, no, no, Lena. – La interrumpió Julian, tomándole de la mano para que siguiera en movimiento. –No puedes convencerme para liberarte solo para que ahora me digas que vas a regresar. Tu báculo puede esperar.
–Julian, por favor. – Lena le respondió con voz suave. – Más que un báculo, es un símbolo de lo que soy. Por favor, no puedo irme y dejarlo, déjame…
–Oh, por amor de… Lena. – Le soltó la mano mientras que se tomó la frente. –¿En serio crees que puedes entrar a la guarida de los soothsires, robárselo al jefe, y escapar sin que te vean? Déjame encargarme de eso cuando ya no tenga que preocuparme por ti. Ahora…
Sus palabras fueron cortadas por la sensación de humedad en su cabeza. Mirando hacia arriba, miró las oscuras nubes del cielo, acompañado de un sonido retumbante.
–Oh, genial. – Julian susurro mientras registraba todo lo que pasaba, lo último que necesitaba, era escabullirse con el ambiente húmedo y resbaladizo. –Lena, no hay forma de que podamos regresar a la base si está lloviendo. ¿Estamos claros en eso?
Una sensación de disgusto recorrió el cuerpo de la sacerdotisa mirando el castillo. –No puedo simplemente reemplazar ese báculo Julian, si lo venden antes de que lo recupere yo…
–Ok, Lena, lo entiendo, es importante, volveré en unos días cuando esté seco. Todo lo que tienes que hacer es concentrarse en… ¡correr! –Repentinamente le tomó de nuevo la mano para jalarla, casi tumbándola al suelo pero logrando mantenerse en equilibrio.
Lena hizo una leve y silenciosa oración por la seguridad de Julian. Estaba arriesgando mucho en ese escape…
El ejército de alteo, a primera hora de la mañana, inició su marcha. Era algo deprimente, los Dientes de Ghoul parecía absorber cualquier rastro de entusiasmo que tuvieran. Los picos eran siniestros, sus rocas filosas parecían escondites potenciales para decenas de soothsires.
Aún les faltaban encontrarlos, pero los bandidos, donde sea que estuvieran, dejaban muchos rastros para seguir. Los soothsires, como los soldados habían aprendido en Galder, primero mataban y luego checaban si llevabas algo de valor. De forma enfermiza, los cadáveres eran arrojados en el mismo camino que Marth atravesaba, muchos de ellos ya en estado calavérico. Otros cuerpos parecían más recientes, con piel aun pegada a sus huesos, y los buitres dándose un festín con lo que quedaba de la víctima.
Había un inconfundible aroma a muerte. Los soldados no hablaban, pero era obvio que muchos querían irse de los Dientes de Ghoul lo más rápido posible. De forma subconsciente, habían comenzado a acelerar su paso.
Un leve sonido se oía en la distancia. Jagen miró hacia el origen del ruido, intentando afinar su mirada.
–Lluvia. – Murmuró y juzgando el tamaño de las nubes que cubrían el cielo, parecía más que una simple llovizna. –Príncipe Marth…
–Lo veo, Jagen. –Respondió él, sin alentar el paso. Se veía levemente irritado ante la inclemencia del clima pero no dejó que le afectara. –Sigamos avanzando.
–Claro señor. – Respondió Jagen, haciendo avanzar a su caballo a un lado del príncipe. El anciano caballero tenia sus reservas acerca de la marcha en ese lugar tan peligroso y más con la lluvia acercándose, pero se lo mantuvo. Después de todo, no era tan malo como la larga y difícil batalla que seguro les esperaría cuando les encontraran los soothsires.
El resto de la compañía marcho sin decir nada, incluso cuando la lluvia comenzó. Primero pringó, pero luego un monzón tan fuerte cayó, que Caeda tuvo que aterrizar a su pegaso cuando éste se irritó. La orgullosa criatura parecía aún más molesta por caminar a lado de caballos normales. También, los garañones de Caín y Abel parecían estar disgustados por el pegaso.
Darros escaneó el área inconforme. El aura asesina de los picos era algo con lo que estaba familiarizado. Casi lo podía saborear…
No hay forma de evitar una masacre hoy. Pensó el pirata. Había sido parte de una tripulación que proyectaba la misma aura asesina… y sabía que tan inútil era intentar negociar con ellos. Miró a sus nuevos aliados, algunos estaban tensos, pero muchos, sabía, no estaban conscientes de ese sentimiento.
Los soothsires se movían, era un día único para ellos. La mayor parte del tiempo iban a cazar viajeros y atormentar a los aldeanos, a veces por dinero y otras veces por placer. Pero ahora… era buscar y destruir. Su última prisionera y un traidor habían escapado.
Se habían separado en grupos. Uno permaneció con Hyman en el castillo, en caso de que alguien intentara robarle. El segundo grupo avanzó hacia las afueras, buscando a la pareja. El último grupo, en el que estaba Navarre, se dirigía a un pasadizo oculto y sutil, uno que Julian tendría mas probabilidad de usar.
Navarre permaneció en silencio, incluso cuando su grupo avanzaba con él. La lluvia caia con fuerza, cubriendo su rostro con agua helada. La lluvia aplastaba su cabello contra su cara pero no le importaba. Se movía, y su espada, una hoja única llamada killing edge, se movía con gracia también.
Sus movimientos eran precisos y rápidos, no parecía correr si no deslizarse, con pocos movimientos logró adelantarse a su grupo. Su único interés era cumplir su objetico y regresar al castillo.
Julian resbaló con una roca lisa mojada por la lluvia. Miro para ver a Lena con un movimiento irritantemente lento, bajando con cuidado por la ladera, asegurándose que el suelo estaba firme antes de dar un solo paso. Pudo haber saltado y el haberla cachado…
La miro impaciente mientras se acercaban a la base de la montaña, para luego correr de nuevo. Julian había decidido usar una ruta menos obvia y oculta entre el follaje. El agua caía de las hojas y ramas mientras alborotaban la densa arboleda, y temblaban cuando las gotas frías corrían por sus cuerpos.
Maldita lluvia
Julian maldijo mentalmente mientras le abría paso a Lena para que pasara. Inmediatamente se puso delante de ella para abrirle camino y atravesar las ramas. Sus ojos buscaban por cualquier señal de los soothsires… en este punto, su antigua pandilla ya debía saber del escape de Lena. Un día de lluvia así era ideal para torturar a sus víctimas. Los soothsires ya debían estar buscándolos por las montañas.
Aunque sus ojos buscaban soothsires, encontró una unidad de guerreros que no esperaba encontrar. ¿Alguna escolta a través de los Dientes de Ghoul? ¿O quizá un grupo de mercenarios que buscaban su destino?
Antes de poder averiguar algo del grupo, escucho un murmullo justo ¿encima de él? Aunque muy lejos aún, Lena ni siquiera pareció haberlo notado. Un sonido como… pasos. Su cara de horrorizó al notar que un grupo de soothsires estaba acercándose. Lena y él debían moverse de nuevo.
La marcha se volvió húmeda e… inconforme. Castor se encontró a si mismo molesto por la situación. Como un ciudadano de Talys, estaba acostumbrado al agua, como todos los demás. Pero ellos tenían agua en sus playas y veían a los barcos navegar, agua cayendo sobre ellos era algo que no solía disfrutar.
Más de una vez, las botas de los soldados se habían atorado en el lodo recientemente formado, y se habían detenido para liberarse. Jagen y Malledus urgían a los demás a continuar en movimiento, a pesar de las reservas que tuvieran.
Cain se cubrió los ojos, tratando de poder ver más allá de la lluvia. Ésta caía en su cara pero al menos sus ojos estaban libres. Notó algo en la distancia, algo moviéndose. Aun con las nubes bloqueando el sol, miró el filo de un hacha y supo exactamente lo que era.
–Soothsires. – Caín apunto a la distancia, las figuras no parecían notar su presencia, más bien parecían buscar algo. Marth miró a los bandidos y sacó su estoque, todos siguieron su ejemplo, preparando sus propias armas.
–¿Estarán buscando algo? – Pregunto Gordin, adelantándose un poco, examinándolos. Tenía una flecha lista en su arco, preparado para atacar en cuanto dieran la orden.
–Más bien, están buscando a alguien. – Abel dijo sujetando su espada firmemente.
¿Estarían buscando a la armada de Altea? Parecía imposible. Era probable que hayan escuchado de otro viajero paseando por el área. Era coincidencia que su búsqueda fuera el mismo día que pasara el ejército de Altea por el lugar.
–Ogma. – Le llamo Marth. –¿puedo confiar en que manejes el flanco posterior? Necesitamos a todos los posibles en la parte frontal. No podemos arriesgarnos a que nos rodeen.
–Claro que si señor. – Ogma retrocedió un poco. –No debe temer, veré que ningún sootsire pueda alcanzarlos por detrás. – Se giró y comenzó a alejarse, se alejaría lo más posible del grupo para asegurarse que los bandidos se concentraran en él.
Bord pareció inconforme mientras su jefe se alejaba. El capitán era un excelente guerrero, y ningún soothire podría contra él. No había nada que temer. Pero Bord no podía quitarse la sensación de… simplemente siguió las ordenes y se quedó con el resto del ejército.
Julian aterrizó casi delicadamente en la base del último escalón. Estarían seguros una vez que abandonaran los Dientes de Ghoul. Se giró para ver a Lena, tan lenta como siempre, descender con cuidado hacia él, tomando nota mental de cargarla y bajarla con él a la próxima. Miró detrás de ella notando figuras indistintas en la distancia. Los soothsires se acercaban, Lena no sabía nada acerca de las prisas. El ladrón volvió a apurarla para caminar en cuanto ella descendió.
Miró alrededor del área. No había moros en la costa. Salir de los Dientes de Ghoul era ahora casi pan comido…
–¡Ey! – Julian se sorprendió con la voz. Era de un hombre musculoso, ciertamente no un residente de las montañas, pero demasiado limpio para ser un soothsire. –¿Qué le estas haciendo?
Ogma se acerco a Julian con una expresión seria mientras desenfundaba su espada. –Escoria, te lo preguntaré de nuevo. ¿Qué le estas…?
–Eh, tranquilo hombre. Tranquilo, no le he…– miró a Lena y se dio cuenta que había malinterpretado el porque estaba apurando a la chica. Se giró a ver al espadachín con una mirada de sorpresa. –mira, lo estas viendo mal…
–Creo que veo lo que necesito ver. –Ogma le dijo, suponiendo que era un soothsire abusando de una de sus víctimas. –No eres más que una basura, yo…
–¡espere! – Lena gritó poniéndose entre Julian y Ogma. –Por favor señor, espere. Julian me esta ayudando a escapar. Rechazo su vida de bandido para ayudarme a llegar segura a casa. No debe tener nada contra él.
Ogma avanzo mirándola con una expresión de sorpresa. –Pero la manera en la que este… Julian la estaba tratando… ¿cómo se que no la ha amenazado para que le defienda?
–Señor, soy Lena, una simple clériga, y mis palabras son la verdad. Podría simplemente matarlo, ¿Qué ganaría yo con defenderlo en este momento? –No cambio su posición ni por un instante, asegurándose que si atacara a Julian, le dañara a ella primero. –Tan segura como que los dioses me guían, diré que Julian es un buen hombre. No es enemigo de ninguna persona honrada o virtuosa.
Hubo una pausa en el mercenario, mientras examinaba a Lena con cuidado. Su expresión era de súplica, que activó algo muy importante para él para creer en sus palabras. Suspiró y se relajó. – Si un clérigo esta segura de que es un hombre justo, es todo lo que necesito saber. – Solo guardó su espada.
Lena sintió alivio y sonrió. –Después de todo lo que ha hecho por mi hoy, no puedo permitir que la muerte sea su recompensa. Le agradezco por entender señor…– Espero a que el se identificara.
–Ogma, – Respondió. –Mis aliados y yo intentamos atravesar los dientes de Ghoul, yo me aseguro que nadie nos arrincone por detrás.
–Umm ¿Disculpe? – Interrumpio Julian, siendo recibido por la mirada acusadora de Ogma. –Nosotros… estamos siendo perseguidos por los soothsires asi que…
–¿Los soothsires están llegando?
–Si, deben estar justo detrás de nosotros y…– Volvió a mirar justo para notar que sus persecutores estaban más cerca de lo que creían. –Oh no.
–¿Julian? – Pregunto Lena – ¿Qué tan cerca están?
–Bueno… los soothsires probablemente estén lejos pero… estamos muertos. –Julian trago saliva. –Navarre esta en nuestra búsqueda.
Ogma de pronto se paralizó. Por un momento creyó que sus oídos le jugaban una mala pasada, que Julian no había mencionado el nombre que había escuchado.
No hubo suerte. Ogma sabía exactamente lo que había escuchado.
Ese hombre, que había luchado por años y mas victorias que derrotas en su haber, encontró difícil controlar su miedo escondido por tanto tiempo. Solo tomó a Julian por su hombro. –¿Acabas de decir que Navarre esta aquí?
–¿Tu… conoces el nombre? –Julian le miró nervioso mientras que el espadachín de largo cabello se acercaba. Casi como las gotas de lluvia resbalándose por las rocas, el bajaba rápido…
–Vayanse de aquí. – Ogma apunto la dirección en la que venía. –Encuentren a mi grupo, ellos les protegerán. Díganles que este lugar se ha vuelto más peligroso de lo que era, ya que Navarre está aquí.
–¿Señor? ¿Ogma? – Lena arqueo una ceja al ver que la situación se había puesto más tensa en los ojos del mercenario. ¿Era por Navarre? Había cruzado muchas tierras en su vida, pero solo había oído ese nombre una o dos veces. –¿Ogma que estás diciendo?
–¡Vayanse! –Ogma sacó su espada y avanzo. – No tienen nada que hacer aquí. Déjenme encargarme de esto.
Lena se sorprendio, pero asintió. Julian le tomo por el hombro y los dos se alejaron. Justo a tiempo, ya que Navarre estaba a segundos de alcanzar la base de la montaña.
El myrmidon aterrizó frente a Ogma en una posición de cunclillas con los ojos cerrados. Lentamente, Navarre se irguió y abrió los ojos. Ojos sumamente fríos, sin el menor rastro de empatía, completamente enfocados en Ogma. Ogma se encontró sufriendo un miedo real, una mirada a Navarre y supo que era el legendario espadachín. Enterrando su miedo lo más profundo que pudo, puso ambas manos en su espada y se preparó para la batalla.
Navarre notó la presencia de Ogma, alistándose para la batalla, pero no lo trató como amenaza, más bien como una roca en su camino que debía evitar.
–Nos encontramos de nuevo, Navarre.
Navarre arqueo una ceja ante sus palabras y miró a Ogma con más atención. Notó las cicatrices de las batallas, era claro que no era un principiante.
Se concentró un momento, pero dejo ir sus pensamientos. El espadachín no tenia interés en conocer a alguien que no significaba nada para él. Sutilmente mostró la delgada hoja de su killing edge. Un relámpago pareció acentuar el movimiento, como si la naturaleza reafirmara su naturaleza asesina.
–Estas en mi camino. Muevete.
Ogma mantuvo sus ojos en la espada de Navarre. Esperaría a que el hiciera el primer movimiento, no seria tan tonto como para correr hacia el. Su falta de movimiento sirvió de respuesta para el espadachín.
Navarre no mostro signos de irritación o frustración al ser ignorado. En lugar de eso, solamente se dirigió en contra del mercenario.
Incluso con la experiencia previa, Ogma se sorprendio con la velocidad del myrmidon. Actuando sin pensar, giro a la izquierda, haciendo que la espada de navarre se clavara solamente en el aire.
Un poco desequilibrado por la humedad, Ogma recupero su estabilidad, preparando la espada. Si Navarre se sorprendió por no haber acabado la pelea en un movimiento, había superado rápido eso y se dirigía ya a realizar un segundo. Se dirigió contra el, esta vez rasgando, en lugar de clavar, con intención de abrir el pecho del mercenario de dar el golpe exitosamente.
Ogma saltó atrás justo a tiempo, la punta de la espada quedo a menos de un centímetro de su barbilla.
No se iba a quedar ahí solo esquivando los ataques de Navarre. Ogma sujeto su espada y atacó, manteniendo sus defensas en alto mientras se acercaba, elevando la espada para dejarla caer sobre el otro, pero Navarre ya no estaba cuando ésta cayó. Ogma giró para ver a Navarre dirigirse contra el y levantó su espada para defenderse. La delgada hoja de Navarre no tenia oportunidad contra su sable, pero antes de que ambas armas se conectaran, Navarre desistió su ataque y se giró a la izquierda.
Ogma giró su espada en dirección a Navarre, quien retrocedió, evitando así el corte horizontal, luego volvió a cargar su ataque. Ogma saltó antes de que la espada conectara contra su cuerpo.
Los dos guerreros mantuvieron su distancia un momento. Ogma respiraba pesadamente, de no haber sido cauteloso, habría muerto ya tantas veces.
En comparación, Navarre estaba completamente calmado. Estaba completamente inmóvil, ni siquiera jadeaba. Aunque por un momento, sus ojos reflejaron molestia, retomaron pronto su actitud fría.
La lluvia caía en sus hombros, empapando sus rostros y creando charcos en la tierra. Ogma estaba empezando a sentirse exhausto, pero Navarre estaba sin molestia alguna.
Los soothsires que supuestamente Navarre guiaba no tenían ni la mitad de velocidad que el myrmidon poseía. Tardarían al menos media hora en llegar a esa área.
Ogma atacó, Navarre respondió. Los dos cruzaron el mojado terreno y se encontraron en el medio. Las armas cortaron el aire… sin tocarse mutuamente.
Quedaron espalda con espalda, parados completamente quietos. Por un momento pareció que ambos habían fallado, luego Navarre elevó su arma, dejando caer ciertas gotas de sangre de su espada.
Ogma sujeto su arma y miró el corte que Navarre le había hecho a su brazo izquierdo. No amenazaba su vida, o lo incapacitaba pero…
Navarre ya estaba listo para continuar con la batalla. Se giró, sin importarle el dolor de Ogma.
Su expresión no cambio, y ni tardo tanto en planear su siguiente ataque. Ogma intentaba, con éxito dudoso, ignorar el dolor de su brazo. Al menos no había sido su brazo dominante, pero aun así debilitaba su poder de ataque. Solamente se preparó para la batalla mientras su brazo temblaba por el esfuerzo.
Los soothsires escaneaban el área frecuentemente, aun cuando la lluvia no les permitía ver bien. Pies descalzos salpicaban en los charcos, mientras continuaban investigando. Era claro que ninguno de ellos quería estar ahí, empapados de lodo y fango, persiguiendo a un traidor y aun prisionero. Mas de uno ya habría desistido de encontrarlos. Lo único que les impedia volver era Hyman… ninguno desobedecía las órdenes del más fuerte. Así que prosiguieron con su búsqueda.
El grupo de Navarre debería cortar cualquier ruta de escape. Con un poco de suerte, eventualmente encontrarían a la clérigo y al traidor y podrían refugiarse de la lluvia.
Un ruido se oyó. Un extraño ruido de golpeteo. Los bandidos supusieron que era el ruido de rocas sueltas por la lluvia y cayendo de la montaña.
No se dieron cuenta que era el galope de caballeros armados.
Un bandido usó su brazo para apartar el follaje. El camino que revelo detrás de las ramas era suficientemente grande para ocultar a un grupo de personas. El bandido pensó en revisarlo… pero luego murió.
Pasó tan rápido que sus compañeros no se dieron cuenta de lo que había pasado hasta que lanzó su último aliento. La espada de Cain había cortado su hombro y de inmediato dio el golpe de gracia a la cabeza.
–¿Qué? – un bandido volteó para ver a Caín. Casi de inmediato, un caballero en armadura verse y otros soldados salieron en persecución de los bandidos.
–¿Quiénes son…? – Uno de los bandidos intento hablar pero cayó bajo el hacha de Barst.
Los bandidos abandonaron sus actividades y atacaron a esos invasores armados. Todos los pensamientos de localizar a los escapistas se fueron de sus cabezas. Confiando en sus números, los soothsires parecían un muro de la muerte. Descendían contra esos enemigos con eficiencia mortal, como la que usaban durante sus atracos… pero estos no eran los indefensos aldeanos que estaban acostumbrados a lidiar.
Abel y Darros lideraron el contra ataque. La espada de Abel corto a varios bandidos, uno de ellos quedando casi decapitado por ésta. El hacha de Darros cayó sobre varios de ellos, salpicando sangre por todo el lugar, mientras los cuerpos comenzaban a acumularse.
Con el sonido del batir de las alas de su pegaso, Caeda y su lanza cayeron contra un bandido, luego regreso a la seguridad de las alturas. Los pegasos eran frágiles criaturas, y Caeda no podía permitir perder ni una sola de sus plumas, asi que prefería permanecer en el aire a salvo.
Los bandidos cambiaron su táctica, formando un anillo alrededor del grupo, en lugar de enfrentarse uno a uno. Lograron evitar a los caballeros, e hicieron unos cuantos cortes no letales en algunos de ellos, más de lo que los piratas de Galder habían logrado, pero aun con la ventaja numérica y la del terreno, fueron superados. No pudieron avanzar más y uno a uno fueron cayendo.
Los bandidos… ni siquiera podían describirse como aprendices por cuenta propia. Eran un poco más hábiles y listos que los piratas de Galder, pero solamente hacían movimientos al azar agitando sus hachas. Eran rápidamente superados por el ejército.
No paso mucho antes de que los soothsires cayeran muertos. Hombres que probablemente pasaron años atormentando a otros habían sido al fin detenidos. Sus cadáveres se pudrirían ahí mismo, justo como los de sus víctimas. Rápidamente, Wrys trataba las heridas que habían recibido sus aliados. Esa batalla les había herido mas que la de los piratas de Galder y aun así ninguno había sufrido una herida letal.
Marth se detuvo un momento para apartar el agua de su rostro. Los bandidos… habían puesto un poco más de resistencia de la que había anticipado, considerando lo poco entrenados que estaban. Solo negó con la cabeza y agito su estoque, ahora tenían que seguir moviéndose.
Apenas estaban por avanzar, cuando una voz les llamó.
Jagen fue el primero en responder, volteando y preparando su lanza, manteniéndola cerca para defender a Marth de ser necesario. Se relajó pero no por completo, cuando vio a una mujer con túnica blanca acercarse a ellos.
–¿Quién eres? – Malledus pregunto, saliéndose del circulo que le protegía.
–Una clériga, señor. Mi nombre es Lena. –Se movio hacia la figura que venía con ella. –… y este es Julian, traicionó a los soothsires para salvarme. Cuando íbamos huyendo, encontramos a un hombre llamado Ogma, nos dijo que los buscáramos. Dijo que estaríamos seguros con ustedes.
Malledus escucho sus palabras y asintió. No sospecho que ella mintiera, pocos estarían en ese lugar sin razón alguna, especialmente una clérigo. Aunque miraba a Julian escéptico, y sus ojos también concordaban con los de sus compañeros acerca del antiguo soothsire. Un bandido que repentinamente cambio sus hábitos no era una persona para confiar.
–¿Tuvo un cambio de corazón? –Marth pregunto mientras caminaba a él, mirándolo con sospecha, luego volteo a ver a Darros, otro hombre de un grupo violento que se había vuelto a una causa más noble. Darros miraba a Julian, posiblemente preguntándose porque un ladrón hubo tomado esa decisión y no se percató de que Marth los estaba comparando. Volvió a ver a Julian. –Supongo que te mereces el probar que tienes integridad.
–Claro… claro que la tengo. –Dijo él, sorprendido y su sonrisa, algo atrevida, apareció en sus facciones. Jagen y Malledus desaprobaron esta expresión pero no dijeron nada.
–Antes de ir a algún lado…– Bord camino hacia ellos, apartando su hacha. Miro a Julian también escéptico pero no se dirigió hacia él. –Vieron al capitán Ogma, ¿cierto? ¿Cómo está él?
–Um…– Julian desvió la mirada un momento. – Bueno, cuando lo vimos estaba bien, pero…
–Tenía un mensaje para ustedes. – Dijo Lena, también mirando hacia la dirección de donde venían, como esperando ver algo. –El dijo "díganles que los Dientes de Ghoul se volvieron más peligroso, porque Navarre está aquí."
Bord, Cord y Barst se congelaron y varios de ellos se miraron ansiosos. Todos pensaban en la historia que Ogma les había contado.
–¿Navarre? – Caeda se acercó a ellos. – ¿El mismo Navarre con el que peleó hace años?
–Parecía reconocerlo, si…– Contestó Julian. –Navarre no habla mucho pero… bueno Ogma parecía fuerte, pero nadie entendería que tan hábil es este tipo si no lo vez. No estoy seguro de que Ogma tenga una oportunidad.
–No. No la tiene. – Comento ella. – Estoy segura que Ogma ha mejorado desde la última vez que se vieron pero no podrá ganar. Necesito ir con él. – Impulsivamente, se elevó en el aire para ir hacia Ogma sin que nadie pudiera detenerla.
–¡Caeda! – Marth gritó intentando alcanzarla, pero estaba demasiado lejos para siquiera oírla. Podía imaginarse como la mataban. Allá en Talys, sus compañeros le contaron lo que Ogma les dijo… no podía imaginarla a ella haciéndole frente o hacer desertar a Ogma de su propósito. No sola al menos.
–Señor, ¿Qué hacemos? –Pregunto Jagen esperando una orden.
–Caeda no será capaz de derrotar a Navarre incluso si no es tan hábil como dicen que es, pero no puedo pedir que todos regresemos, los soothsires pueden notar que sus compañeros desaparecieron. – Estaba jadeando, entrando en pánico, intentando pensar en algo para poder lidiar con ambas situaciones, luego negó con su cabeza. – Gordin, Norne, vayan tras ella, asegúrense que permanezca a salvo.
–¿Nosotros señor? – Pregunto Gordin.
–Traiganla a salvo. –Dijo Marth, sus palabras silentes, casi imposibles de oir con la lluvia. Era una orden, pero casi podias oír la amenaza de las consecuencias de fallar en eso.
Los dos arqueros se miraron por un momento, luego asintieron. Norne corrió primero, seguida por Gordin.
–No estoy seguro de que pueden hacer los arqueros contra Navarre. –Dijo Julian. –Bueno, seguro son hábiles pero…
–No tengo más opción. – Respondió Marth, Julian retrocedió un poco ante la actitud del noble. – No… puedo actuar basándome en mis emociones. Necesito nuestra fuerza más fuerte en la ofensiva. No puedo…
–Señor por favor, no tenga miedo. – Lena le consoló, ganándose la atención de Marth. –Si su deseo es puro, estoy segura de que las cosas les saldrán. – Se volteó a ver a Julian, un antiguo soothsire que había aparecido para ayudarla justo cuando lo necesitaba. Julian ni siquiera se dio cuenta que ella le miraba, solo miraba a los arqueros desaparecer a la distancia.
–Señor. No tenemos tiempo, necesitamos irnos. – Dijo Malledus aunque compartía el sentimiento de Julian de que poco o nada podían hacer los arqueros. Miró la distancia. – Necesitamos seguir nuestro camino, la única cosa entre nosotros y Aurelis, es ese castillo. – Entrecerró los ojos para ver a través de la lluvia, localizando un pequeño castillo, como una base temporal.
–Ah…– Julian avanzó unos pasos. –Esa es la base de operación de los soothsires. – Se golpeo el rostro a sí mismo, quejándose. –Oh, no me digas que solo corrí en círculos.
Poco se conocía de Navarre aparte de su reputación. Su tendencia a permanecer en silencio, combinada con su eficacia, lo hacia casi inhumano y muchos de sus jefes preferían no hablar de lo poco que habían averiguado de él. No tanto como una persona, era un demonio, cuando con su espada rebanaba a sus enemigos.
Ogma sentía sus músculos debilitándose, su fuerza lo había abandonado antes de lo previsto. Navarre ni siquiera jadeaba… Ogma no estaba seguro de haberlo visto batallar en toda la lucha.
Con un quejido, Ogma forzó sus musculos para intentar otro ataque, su espada intentando cortarle la cadera. Navarre le esquivo con facilidad y contraataco con una patada contra el mentón del otro. El mercenario cayó al piso, sus ojos mirando a los densos cielos. Otro relámpago apareció mientras Ogma levantaba la cabeza para ver a Navarre acercarse lentamente a él. Ogma había sobrevivido un encuentro con él pero…
El mirmidón solo alzó su espada para perpetuar el golpe final. Los ojos de Ogma se cerraron con fuerza mientras la hoja caía…
–¡Navarre!
Hubo una pausa en la que Ogma no sintió nada. Nada mas que la lluvia cayendo encima de él. Con cuidado, abrió sus ojos para ver la espada de Navarre justo frente a él. Lentamente, Navarre alejó la espada mientras miraba al intruso en su duelo. Ogma no estaba seguro de donde vino la voz, y tuvo que seguir la dirección de los ojos de su enemigo.
–No. – Ogma respiro pesadamente mientras miraba al pegaso solo a unos metros y a Caeda desmontando. –Cae… princesa Caeda, ¡alejese de aquí! ¡Permanezca en el aire! Este hombre… es muy peligroso.
–Navarre. –Caeda se dirigió a el mientras se acercaba, sus ojos veian a Ogma, vencido y abatido en el suelo. Luego le miró a el. –¿Cómo es que un espadachín con tales talentos sirviendo a causas tan injustas?
–¿Quién eres? – Navarre avanzo a ella, Ogma sintió que su corazón se detenía, casi esperando ver a la princesa asesinada en el acto. Navarre no hizo ningún otro movimiento. –Vete. Quedarse aquí no servirá de nada, solo cavarás tu propia tumba.
–Navarre, por favor.
Ogma se dio cuenta que ella intentaba razonar con él, para hacerlo desistir de su contrato con los soothsires. ¿En que estaba pensando? Era un monstruo, un demonio. No se podía razonar con él. ¡Tenía que huir! ¿No podía darse cuenta de eso?
–¡Princesa! – Gordin gritó mientras él y Norne llegaban a la escena. Navarre les miro mientras cargaban sus flechas en el arco, listo para interceptarlos. Podría fácilmente matarlos antes de que descargaran sus armas.
–Alto. – Ordenó ella, levantando una mano hacia ellos, obedeciéndola en el acto. – No le den una razón para que vaya contra ustedes. –Avanzó hacia Navarre, escuchando la suplica no dicha de sus aliados de no dar un paso mas, pero no retrocedió. Estaba ahora a una distancia en la que podía ser asesinada con solo un movimiento. –Navarre, ¿Por qué luchar con asesinos si puedes combatir lado a lado con gente virtuosa? Tu espada no debe servir una causa tan vacía y estar a merced de algún bandido.
Gordin tragó saliva, era un juego suicida el que ella estaba haciendo. Solo bajo su arco, siguiendo las ordenes de Caeda de no provocarlo, pero…
–Por favor, pelea por nosotros. Nuestra causa es… justa para un hombre como tú. – Le dijo ella pero luego habló con tono hostil. – O mátanos, si la virtud no significa nada para ti.
–¿Matarlos? – Navarre respondió bajando lentamente su espada. Ogma le miro confundido mientras se daba cuenta que él guardaba su arma. –Esta espada no toca la carne de mujeres indefensas. O niños.
Caeda suspiró de alivio pero aun tenía que hacer algo por Ogma.
–Si estas dispuesta a ofrecer tu vida para pagar mis servicios entonces considérate la mejor oferta. –Navarre agregó, aumentando la tensión. Ogma lentamente se levanto, usando su espada como baston, mientras los arqueros se acercaban.
–¿Te… te unes a nosotros? – Ogma preguntó con dificultad. Sus ojos examinaron al mirmidón. Un solo movimiento que no le gustara y le mataría. Sus sospechas tenían que esperar ahora, debido a que sabía su posibilidad contra el hombre. Atacar en ese momento era un suicidio.
–¿Deseas pruebas? – Navarre inclinó su cabeza mirando a los soothsires que se acercaban. Estaban ignorantes de la situación que se vivía en ese momento.
Un soothsire guiaba a los demás. Ignoró a Navarre, creyendo que estaba de su lado, para dirigirse a la princesa, dispuesto a clavar su hacha en el rostro de ella. Navarre solo hizo un movimiento con su Killing Edge, matándolo solo a metros antes de alcanzar a la princesa. Antes de que el cuerpo haya caído por completo, Navarre ya estaba cazando a su siguiente víctima.
Uno de los bandidos, ligeramente más rápido que los demás, logró percatarse de la acción del espadachín justo antes de que él sufriera el mismo destino que sus compañeros. En cuestión de momentos, la sangre de los soothsires coloreaba los charcos de agua que se habían formado con la lluvia.
Gordin tragó saliva, nervioso. –es… bastante hábil. – Retrocedió mientras Navarre regresaba con ellos. Cuando les alcanzó, les miró expectante, esperando una orden.
–Una de sus habilidades parece ser el causar tanto miedo como para literalmente paralizarnos. –Norne susurró temblando un poco. –Tal vez deberíamos evitarlo antes de que se enoje. – Aparto su arco, mirando nerviosa al hombre de cabello largo, feliz que el jamás la volteara a ver.
Ogma miró a los cuerpos de los caídos por un momento, no comprendía como un humano que no había sido criado por manaketes podía ser tan indiferente como Navarre. Negó con la cabeza, solamente se dedico a posicionarse entre él y Caeda… solo por si acaso.
–Necesitamos regresar. –Comentó Ogma. – Debía vigilar la retaguardia, pero creo que tu… – se enfocó a Navarre– acabas de matar a cualquiera que pudiera habernos seguido. No tenemos más negocios aquí, es tiempo de regresar con nuestros aliados.
Era difícil distinguir personas con la lluvia. Hyman estaba consciente de esto. Aun así pudo distinguir a una mujer en una túnica blanca acercarse al castillo, no le tomó mucho adivinar que era la clérigo. No lejos de ella estaba un rostro de un ladrón muy familiar… el traidor Julian también regresaba. Sonrió, ese momento era el que había estado esperando todo el día. Su escape había fracasado.
Cierto, no había ocurrido como lo había planeado originalmente, pero no importaba. El y los otros soothsires se divertirían pronto con sus gritos de súplica.
Los pensamientos del castigo bailaron por su mente un momento mientras miraba a Julian. Imaginando la expresión de arrepentimiento que le daría mientras le torturaba le provocaba una sonrisa sádica. El placer que le daría seria mayor cuando viera su rostro y….
Hyman se sorprendió. Mientras éstos se acercaban, notó que Julian y la clérigo no estaban atados, ni parecían moverse contra su voluntad. También notó que los que estaban con ellos no eran…
–¡Jefe! – Un soothsire apunto a la distancia, percatándose de lo mismo que él. – Ellos no…
–¡Puedo verlo estúpido! – Le interrumpió. Por un momento se pregunto de donde venían ellos, pero no le dio importancia. –¡Mátenlos! No me importa la clérigo.
–Huh…–Julian se tensó mientras miraba a los soothsires avanzar hacia ellos. –Pensé que notarían todo esto antes…– Sacó una daga, sin creer ser capaz de derrotar a sus antiguos camaradas. Un ladrón nunca luchaba de frente, el se acercaba sigilosamente, mucho más que los otros del ejército.
Lena sintió náusea por la cantidad de cadáveres que estaban a punto de acumularse… y ella sin su báculo de sanación para ayudarlos. Se giró para ver al otro sacerdote del grupo. Aun no sabia su nombre pero sentía algo de molestia por la situación mientras el sacaba su báculo. Sin uno propio, era incapaz de hacer algo.
Con los soothsires avanzando, uno de los jinetes tomo a Lena del hombro y la puso detrás de todos antes de avanzar.
Lena se asustó en la batalla, sabiendo que no podía hacer nada por ahora. Los cuerpos de los soothsires comenzaban a apilarse, pero más de una vez, algún hacha había tenido éxito en atravesar la armadura de algún caballero. El sacerdote sacó su báculo para remendar las heridas, y Lena no pudo ayudarle.
No había más soothsires en el castillo. Todos habían salido, asi que no había amenaza de refuerzos.
Hyman observó como se desarrolló la batalla y mentalmente maldijo la falta de Navarre. Si el espadachín hubiera estado ahí la batalla hubiera terminado tan pronto como empezó.
Apretó sus dientes con rabia mirando como más y más bandidos caían, algunos les faltaban algunas extremidades. ¿cómo es que eran tan estúpidos como para no dirigirse contra el sacerdote? Sin ese vejestorio, seguramente habrían matado a alguno.
Uno de los bandidos si intento atacar al sacerdote, pero fue detenido por el chico regiamente vestido. El soothsire fue obligado a defenderse contra el chico que parecía mucho más débil que él. Su pelea fue corta, Julian logró atacarlo por la espalda y enterrarle su cuchillo en el hombro antes de que el bandido fuera atravesado por la espada del chico.
Después de varios minutos, todos los bandidos estaban muertos, salvo su jefe.
Hyman gruño, aceptando el hecho de que todos sus aliados estaban muertos. Negó con la cabeza sin importarle el destino de sus camaradas. Miro el pequeño ejercito mientras avanzaba al campo de batalla.
–Ustedes imbéciles deben tener un deseo de muerte, para venir aquí. Hemos lidiado con escorias como ustedes antes, asi que hagan lo que hagan, estas montañas aun le pertenecen a los soothsires.
–No por mucho tiempo. – Abel respondió, sacando su espada y acercándose a el. Hyman le gruño al jinete mientras adoptaba una posición de ataque. Hyman les escaneo, los otros jinetes parecían listos para unirse a la batalla. Individualmente no se compararían con él, estaba seguro. ¿Pero todos juntos? No lo creía.
Si solo Navarre no se hubiera ido…
–¡Ey, regresamos! – Grito Norne, rompiendo la concentración de todos, incluso Hyman. Sus ojos miraron a los recién llegados, dos arqueros, un mísero y herido espadachín y una jinete pegaso que se acercaban.
–Estan a salvo. – Notó Caín, en verdad sorprendido mientras miraba las heridas de Ogma. Navarre debió ser un guerrero muy hábil para provocar eso… pero parecieron haberle derrotado. –Solamente nos falta deshacernos de este último, y dejaremos atrás los Dientes de Ghoul al fin.
–¿En serio? – Caeda habló mientras sonreía. Marth le miró perplejo, como su hubiera hecho una broma que solo ella entendía. El agarre de Hyman se apretó a su hacha molesto por el tono de Caeda. –Dejemos que nuestro integrante más reciente se encargue de él.
–¿Yo? –Julian le miro nervioso, casi tirando su daga. Observó a Hyman por un segundo, quien también parecía confuso y luego miró a Caeda. –E-espera, ¡no puedes estar hablando en serio…ah! –Sus palabras se cortaron cuando miró a una figura acercarse detrás de ella.
Un espadachín salía de la lluvia.
La sangre empapaba las ropas del personaje, adheriendose más que el agua de lluvia. Estaba indiferente del líquido que le cubría y solo continuó acercándose. Un aura de muerte le rodeaba, el aura que parecía perturbar a todos.
Sus ojos estaban abiertos, rebelando orbes fríos y miraban fijamente al que ahora era su objetivo. En ningún momento dudaron, ni se desviaron por cualquier otra cosa.
Hyman se quedó en shock cuando le reconoció, suspirando de alivio. –Ah, parece que mi… arma secreta por fin llegó. – Sonrió un poco y apuntó con un dedo. –Navarre, tu jefe te ordena matarlos a todos.
Navarre no se movio, ni siquiera cuando el ejercito empuño sus armas amenazantes. Caeda siguió tranquila, parada justo a lado de él. Hyman arqueo una ceja en respuesta a su falta de movimiento.
–¿No me escuchaste? Tu jefe te manda a…
–Te han relevado de tu cargo. – Le interrumpio Caeda y se giró hacia Navarre, que se había detenido a su lado. –El jefe de los soothsire ha derramado mucha sangre como para ser permitido vivir, Navarre. – Le habló lentamente, y el empezó a caminar, pasando a Marth y quedando frente a un muy horrorizado Hyman.
–No… no puedes estar hablando en serio. – La boca de Hyman se abrió en sorpresa mientras se daba cuenta, o quizá en negación aún, de lo que estaba a punto de pasar. –No… Navarre, piensa en todo el dinero que tengo. Dinero de una vida entera de saqueo… ¿en serio piensas que una puta puede ofrecerte algo más de lo que yo tengo?
–El valora la vida, mucho mas que el oro y las joyas. – Le respondió ella. –Navarre no es el desalmado que creías que era.
Hyman retrocedió pero Navarre avanzó con velocidad. El jefe de los bandidos miró con terror, habiendo creído jamás experimentaría una sensación así. Sin perder la postura ni el equilibro, Navarre alcanzó a su antiguo jefe y cortó con su espada. El abdomen del hombre se abrió y cayó a sus pies. Ni siquiera tuvo la fuerza suficiente para hacer una amenaza final…
Navarre sacudió su espada cuando el otro cayó, la sangre goteando de ella. Levanto su rostro y dejo que la lluvia lavara su cara, sin importarse en confirmar que su enemigo hubiera fallecido. Muchos soldados le miraron sorprendido. Incluso Jagen, que había pasado su vida entera en las guerras, se veía perplejo por la habilidad que mostro en ese ataque.
–No se preocupen por el. – Comento Caeda mientras se acercaba a Marth en su pegaso. Por un momento, sus pensamientos no estaban en Navarre, sino en como ella podía estar tan tranquila con su presencia. – Navarre es frío, pero leal a su jefe y dudo que alguien más pueda superar lo que yo ofrecí. Puedes contar con el en nuestras filas.
–¿Estás segura? –Marth le miró por un momento, mientras ella asintió en respuesta. Girando hacia el espadachín, Marth caminó hacia él, reconociendo su habilidad. Malledus mostró desaprobación ante la acción del noble. –¿Nos… ayudaras en nuestra causa?
Navarre, quien aún tenía la espalda hacia el ejército, giró hacia el príncipe. –Tu solo tienes que nombrar tu objetivo.
Después de una pelea en la lluvia, refugiarse en lo que había sido el refugio de los soothsires era una bendición. Aunque esta sensación no era inmune al efecto que ejercía Navarre con ellos. El mirmidón sentía su desaprobación pero no les prestaba atención.
El castillo era viejo, pero no decrepito. Era un lugar ideal para pasar la noche. Aunque muchos cuartos eran… perturbadores, unos tenían huesos, otros cadáveres. Julian explico que eran los restos de las víctimas de los soothsires. El ejército entero, excepto Navarre, quedo perturbado por la cantidad de cuerpos en esos cuartos.
La estructura entera estaba llena de muerte y depravación. Los soothsires eran conocidos por ser los más crueles e inhumanos entre los bandidos, y esas visiones confirmaban las historias. Si alguien tenia reservas por haber matado a los bandidos, una simple mirada al castillo les convencía de que era lo que merecían.
La lluvia golpeaba las ventanas y aumentaba el deprimente ambiente al castillo. Algunos soldados hubieran preferido pasar la noche afuera en la lluvia y no dentro del castillo donde tanta inmundicia había sido presenciada.
Habia mucha carne aun comestible en la estructura, aunque Julian tenía que confirmar primero que era carne de animal, y no partes de humanos. Ninguno se atrevía a tocarla antes de eso. Malledus probó ser un cocinero hábil y sus soldados se mostraron felices de comer lejos de la lluvia.
–Siento su descontento señor. – Lena comento mientras terminaba su comida. Había sido privilegiada para comer con Marth, Caeda y Jagen por la noche, y habiendo aprendido quienes eran. Después de entrar santuario, Julian encontró el báculo de Lena y se lo había devuelto. Después de eso, localizó el tesoro de los bandidos, que rivalizaba con el del mismo rey de Talys… aunque palidecía con el que Altea alguna vez tuvo. Se decidió usar el dinero para financiar el ejército de Marth.
Jagen, aquel al que Lena se había dirigido, no la miro, estaba comiendo lentamente.
–¿Está escéptico por el hombre? –Ella miró al resto del grupo, todos comían en el mismo cuarto, ella y los otros solo comían en una esquina aparte. Sus ojos se enfocaban en Navarre, que había alejado su plato, pese a que había comido poco.
–El ya ha sido aceptado en el ejército. – Jagen respondio, girando levemente su cabeza, mirando al mirmidón. –Contra mi voluntad y seguramente contra la de otros también.
Lena bajo su tenedor y dejó de comer un momento. –Pero no es malo…
–No se que otra palabra pueda usar para describirlo. –Comento Jagen. –Navarre no ha sido manipulado o controlado. Toda su vida a cometido actos de horrorosa naturaleza. Sin sentimientos o remordimiento. El eligió hacer esas cosas.
–Pero no vive para ellas. – Le dijo ella. –Sus actos han sido atroces y moralmente grotescos, no puedo disputar eso, y merece algun tipo de castigo, pero no tenia la intención. El no parece haberlos disfrutado.
–Me pregunto si el es capaz de sentir alguna clase de emoción. –Respondió Jagen en un susurro. –Navarre parece emocionalmente muerto. Parece no poseer alguna forma de integridad honesta y coom has dicho, ha cometido atrocidades. Estamos en una posición… en la que necesitamos todos los aliados que podamos conseguir, pero no puedo aceptar la ayuda de alguien con tan mala moralidad.
–Es mejor que los bandidos. – Comento ella. –No iría tan lejos como para decir que mata al propósito, pero no lo hace por diversión.
Marth comenzó a escuchar la platica entre el paladín y la clériga, refiriéndose a Navarre. Dirigió su mirada a el, sin estar seguro si tiene un lugar en su ejército. De no haber sido por Caeda, Marth no hubiera dejado a ese hombre ingresar.
No era momento de ser exigente acerca de a quién dejar entrar, no cuando sus números eran tan bajos, pero alguien sin moral, como Jagen lo puso, no estaba tan entusiasta de aceptar.
–Navarre. – Ogma comentó, el mirmidón se giro para verlo. Ogma se cruzó de brazos, las heridas que Navarre le había ocasionado ya se habían curado, cortesía del trabajo de Wrys y Lena. –Tu y yo tenemos que tener una cosa en claro.
La expresión de Navarre no cambió.
–No confió en ti y no puedo decir nada positivo de ti como persona. Puedes… superarme, eres mucho mejor que yo en habilidad, pero no tengo intención de confiar en ti o poner mi fe en ti, en ninguna situación. –Caminó hacia él. – ¿Si quiera me recuerdas? Nos conocimos antes, tu eras empleado de Dolhr en ese entonces. Tu jefe te pidió no matarme, porque tenían algo más en mente.
–… si. –Respondió Navarre. –Me acuerdo de ti. El mercenario que trató de robar una piedra de magia.
–Así que me recuerdas. Bien. –Ogma retrocedió un poco y le tomó del hombro. Cualquier otra persona se hubiera puesto nerviosa con el firme agarre de Ogma pero Navarre solo entrecerró los ojos. –Dejame dejar esto en claro Navarre. Tu me habras derrotado con un esfuerzo mínimo en dos ocasiones, pero si tu alguna vez lastimas a la princesa Caeda, si te acercas a ella o la miras de alguna forma que no me agrade, lo juro, voy a encontrar una manera de derrotarte y voy a matarte.
–Necesitaras mucho mas entrenamiento para completar esa amenaza. –Respondió Navarre, levantando su mano para quitar el agarre del mercenario. Después de un momento de mirar los ojos indignados de Ogma, se alejó de el, dando por terminada la discusión.
–No he terminado de hablar contigo Navarre, yo…–Se detuvo mientras la distancia entre ellos incrementaba. ¿Cómo es que la princesa estaba bien con que el estuviera en las filas? Pensó antes de alejarse también.
–Sería más fácil etiquetar a alguien como "malo". – Comentó Jagen. –No importa como se sienta él con sus acciones, al final, el ha elegido realizarlas. Mata personas buenas, inocentes, y ha hecho una vida de eso. No ha dado indicación de gozarlo, pero tampoco de arrepentirse de eso, ni ha dado el esfuerzo de detenerse.
–Pero no es "totalmente malo" así como nadie puede ser "totalmente bueno" – Siguió Lena. –Así que mientras no sea totalmente malo, hay esperanza. Estoy segura que será un buen miembro del ejército.
–Es.. injusto, clasificarlo simplemente como lo deseas hacer. – Interfirió Caeda. –Merece la oportunidad de probarse. Además ha accedido a ayudarnos, y no por razones egoístas.
–Ok. –Interrumpió Marth. –Navarre, no importa que es lo que piensen los demás de él, es parte del ejército ahora y así seguirá siendo a menos que comenta una indiscreción que no pueda ser ignorada. –Se giró a ver a Lena y decidió cambiar el tema. –Hermana Lena, ¿Cuáles son tus planes ahora? Has escapado de los soothsires y…
–Yo… –Lena se detuvo a pensar que no había contemplado eso. Pensaba continuar ayudando a los enfermos pero, con esos bandidos fuera, las personas probablemente puedan valerse por su cuenta. –No lo sé señor.
–¿Tal vez puedas unirte a nosotros? –Preguntó Marth, la oferta le cayó a Lena por sorpresa, le miro con los ojos llenos de sorpresa. –Es que… es mucho pedir que el padre Wrys maneje todas las heridas.
–Yo… um…–Lena buscó las palabras y encontró muchas, pero un simple si o no parecían lejos de su vocabulario. –Se refiere a ¿viajar con ustedes en su guerra? –Miro su regazo, sin saber como responder. –Yo…
–Hay muchas personas fuera que están sufriendo. Seguro tu puedes ayudarlas.
Era una oferta tentadora, y el príncipe, lo sepa o no, había apelado a aquello que ella apreciaba más. Tomar su báculo y ayudar a los demás, era su vocación y el camino que había elegido para vivir. Sus manos apretaron la tela de su vestido mientras tomaba aire. No era una cosa pequeña la que le preguntaban, era algo que necesitaba pensar antes de responder.
–Señor, ¿me está pidiendo que les ayude en una guerra? –Se detuvo, imaginándose en una batalla, rodeada de sufrimiento y muerte. La angustia del conflicto, una danza de violencia y brutalidad… con ella en el centro de todo. Era una imagen perturbadora, y aceptar la propuesta del príncipe lo volvía una realidad. –No… no estoy segura, príncipe. –Dudó un poco para tomar su báculo de sanación. Su báculo parecía decirle que aceptara su propuesta y que le llevara a donde pudiera ayudar a los angustiados.
–Nuestra causa es justa. – Comento Marth. –No te forzaré a nada, pero podrías lograr grandes cosas. Mas de las que lograrías si solo vagaras sola por el continente.
Lena miró su báculo, si, podría hacer mucho por él y su causa. –Yo… prefiero no ser parte de la guerra. Ver a las personas morir y que otros lo llamen una causa justa. No puedo ver a las personas morir en masa, incluso aquellos que son llamados enemigos o malvados, y decir que está justificado.
La expresión vibrante de Marth, en un momento de pronto cambio a una de desconcierto. Los ojos de Lena estaban bajos, considerando el peso de cada una de sus opciones. Por un lado si se negaba a la petición de Math y continuaba viajando por el continente, ayudando a aquellas personas que estuvieran fuera de la guerra. Por el otro lado, unirse al lado de Marth y sanar en la batalla y después de esta. Después de todo, luego de la batalla, era donde más ayuda requerían.
Había otra razón por la cual su corazón le decía que fuera con él. La presencia de Marth probablemente le haya salvado la vida. Debía encontrar una forma de pagarle, y viajar con él y curar con su báculo… parecía la opción perfecta.
–Yo.. acepto su propuesta, príncipe Marth. Respondió. –Sé que puedo hacer mucho bien. Si voy con usted, encontraré a las personas en peores condiciones, sufriendo la peor de las agonías y podré ayudarlas.
–Gracias. – Comentó Marth, por un momento miró a sus soldados, específicamente a Wrys, comiendo en otra parte de la habitación. Eso le aligeraría su trabajo. Mientras el ejército crecía, y crecería, eventualmente se volvería muy difícil para el manejarlo.
–¿Estas bien?
Norne se sorprendió con la pregunta mientras daba una mordida a su carne del plato. Tragó y luego sonrió a su interlocutor.
–No te preocupes Gordin, ya lo superé. – respondió ella, –Soy completamente confiable ahora.
–Bien, bueno. – No estaba seguro de si creerle o no. La conocía lo suficiente para saber que ella ocultaba cosas para mantener a raya a los demás. –Aún si lo superaste, por favor no te alejes de mí, en la siguiente batalla. –Le miro. –He oído de otros caballeros que se vuelven muy familiares con eso de matar y terminan asesinándolos. No quiero que termines así, asi que… uh… quédate conmigo.. y…
No se estaba sonrojando, pero estaba mortalmente nervioso mientras hablaba. No había podido terminar su oración pero ella pareció entender lo que quería decir. Estaba haciendo una oferta para protegerla y la chica que hablaba hasta por los codos, se quedo sin palabras.
–Claro… Gordin. – Se quedó callada unos minutos luego de no saber que más responder. Sus ojos miraron a Gordin y luego a los demás que no les prestaban atención. Impulsivamente, ella puso una mano sobre la de él, frustada por su propia acción pero mantuvo su mano ahí.
–Um… ¿Norne? –Le pregunto mientras sintió su mano cubierta con la de ella, y de inmediato se intimidó por ella. No dijo nada más pero se mantuvieron los dos juntos.
–Capitan.
Con la luna en el cielo y tareas ya realizadas, el capitán Bentheon no creía tener otros asuntos que atende, a menos que la resistencia aureliana haya hecho algun movimiento súbito a mitad de la noche. Se giró y miró a quien le había hablado… un scout macedonio.
–Reportese soldado. –Ordenó con tono neutral y profesional, ocultando el hecho de que planeaba retirarse por la noche y dejar a otro a cargo. –Esto no es con referencia del mago ¿cierto? Ya di ordenes explícitas para esa investigación.
–No señor. No es sobre el mago. – El scout respondió con el mismo tono. Bentheon de algun modo sintió la sensación de peligro que el scout transmitia con su cuerpo, y le dio su total atención. –Estuve investigando el sur, examinando la posibilidad de un ataque de Aurelis de esa dirección pero encontré algo más…
–¿… y que es ese algo más?
El scout desvió la mirada a la derecha e izquierda para luego acercarse a él y susurrarle algo al oído.
Bentheon sintió un repentino temblor recorriendo su espina, mientras que su cerebro registraba la información. –Soldado, ¿esta seguro de eso?
–Capitan, nosotros los scouts de Medonia no reportamos a menos que estemos seguros. Lo que le acabo de decir es la verdad absoluta.
–Interesante…–Bentheon le dio la espalda al scout. Estaba planeando algo en su cabeza, pensando primero lento pero cada vez aumentaba más su velocidad. Se rascó la barbilla contemplando su idea para lograr obtener la mayor ventaja posible.
No eran noticias de la resistencia de Aurelis. A Bentheon le daba igual la información concerniente a ellos. Toda la información de ellos era demasiado vieja para usarla o peor, falsa.
No, esta era información más importante. Debía mandar mensajes para informarle a sus superiores. Debía… ser claro que con sus esfuerzos la información había sido obtenida pero, de ser falsa, era culpa de un scout incompetente.
Permitió al scout a retirarse y se retiro también a sus aposentos. El área había pertenecido alguna vez a algun noble de Aurelis, muerto hace unos meses. Ese fuerte era una de las ultimas estructuras permanentes que habían usado antes de que el ejercito aureliano comenzara a ser un chiste.
Inmediatamente prendió una vela y puso una hoja de papel para remojar una pluma en tinta.
Mis virtuosos amos
El mensaje comenzó, dirigidos a los manaketes de Dohlr. Estaba bien informado de como dirigirse a ellos, incluso en una carta. La raza draconiana era tolerante con los humanos que entendían el protocolo.
Su sirviente, el capitán Bentheon de Medonia, tiene noticias. Por algún tiempo, la invasión de Aurelis ha progresado con velocidad, pero un nuevo acontecimiento ha surgido. Mis scouts han identificado a alguien acercándose a Aurelis por el sur. Normamente no sería para pedir un poco de su atención a este tema, pero mi scouts han identificado quién es entre los que se aproximan.
El descendiente de Anri, el mismo que Dohlr ha estado buscando por todo el continente… esta aquí, en Aurelis. He de combatirlo prontamente. Si todo sale bien, y tengo poca razón para no creer lo contrario, podré entregárselos en solo unos días.
Apartó el papel. Al propósito, no sugirió refuerzos. Si un operativo de Dolhr llegaba, Bentheon sería negado de cualquier honor o prestigio por la captura del príncipe. Sabía que Dolhr vendría a investigar y determinar si era verdad lo que decían. Si la información era falsa, sería decapitado, pero si era cierta, solo sería honrado de llevar al príncipe en custodia para cuando llegara Dolhr.
Ganarse un favor del Dragon de las sombras era algo que muchos esperaban obtener. Siempre escuchaba que alguien era asesinado en sueños cuando siquiera había rumores de que esa persona poseía algo que agradara al emperador.
Mientras menos personas supieran lo que el scout reportaba mejor. Era fácil hacer que la información fluyera entre Dolhr y el hasta que tuviera al príncipe. Era afortunado que nadie hubiera estado presente cuando el mensaje era entregado.
La oportunidad había caído para el, una oportunidad para ganar prestigio como nadie. Incluso superaría a Jiol de Gra, con lo que había hecho traicionando a Altea y obteniendo Falchion.
Mojando la pluma en la tinta de nuevo, sacó otro pedazo de papel. Solo para estar seguro iba a enviar varios mensajes. Había mucho riesgo que un solo mensaje llegara a su destinatario, con la resistencia aureliana tan cerca.
Empezó a escribir de nuevo, una, dos… cinco cartas debían ser suficientes. Aurelis siempre parecía ser capaz de atacar donde fuera pero su número no era infinito, todo lo contrario. En el mejor de los casos podían interceptar dos cartas pero no más que eso.
Presiono su pluma de nuevo, copiando el mensaje de la primera carta.
Mirmidón: desconozco como sea la traducción de esta clase, yo jugué en inglés. Sin embargo mantuve el término "mirmidón", definido como aquel seguidor leal que ejecuta órdenes sin cuestionar. También se conoce como esbirro. En el juego son espadachines de gran velocidad.
¡les dije que continuaria con esta historia! Pero la verdad la tesis me quita mucho tiempo y ganas de escribir u.u ¡pero aunque me tome otros 10 años voy a continuarla!
Espacio publicitario: pretendo subir una historia propia a este fandom pronto, espero puedan pasarse a leerla :3
gracias por leer
