Pequeños Milagros
Autor: Quetzalli
Resumen: Harry y Severus tienen que enfrentar su amor a otras complicaciones que pueden separarlos o fortalecerlos aún más.
Parejas: Harry-Severus, Remus-Kingsley
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
N/A: Hola, en este episodio sabrán el motivo de la tristeza de Harry así que no será muy alegre, aún así espero que lo disfruten.
Capítulo 10
Medidas Extremas
La casa había regresado a la normalidad, lo sabía porque ahora alcanzaba a ver por la ventana el árbol de la entrada y se desvaneció la chimenea que había usado para llegar al estudio.
Harry se hallaba ahora recostado en su pecho, lo que fuera a decir le causaba un gran dolor pero había llegado el momento de revelar su pesar y Severus sólo podía esperar, sin forzarlo, para reconfortarlo como se merecía. El joven sanador aspiró con fuerza llenando sus pulmones de oxígeno antes de lograr abrir la boca…
—¡HARRY! —resonó un aullido desesperado de Sirius Black—. ¡Ven de inmediato!
—Tiene una facilidad asombrosa para arruinar los momentos dramáticos que no protagoniza —musitó Harry sacudiendo la cabeza para ocultar su indignación.
—Harry, es urgente —dijo Remus desde fuera, se escuchaba demasiado alterado y eso no presagiaba nada bueno.
—¿Qué sucede? —Harry llegó a la puerta en tres zancadas sólo para encontrar la preocupación encarnada en Remus.
—Quisimos darles algo de tiempo a solas —se disculpó Remus— pero Azalea acaba de comunicarse por la red flu… Josie está viendo acromántulas blancas —musitó como si esa fuera toda la explicación necesaria y al parecer si lo era porque Harry salió corriendo del estudio hasta la sala de estar seguido por Severus y Remus.
—Tenemos un traslador a Hogwarts —dijo Kingsley apenas vio a Harry.
Las acciones, más que las expresiones, hablaban de la urgencia que sentían todos, excepto Severus quien no entendía nada de lo que sucedía a su alrededor. Antes de que lograra preguntar por una explicación, estaba frente a la caballa de Hagrid en Hogwarts, corriendo en un intento por mantener el paso de Harry que corría a la cabeza del grupo como alma en pena.
Antes de notarlo Severus se encontró frente a su propia puerta, sintiendo la mirada ansiosa del resto del grupo que lo apresuraba a entrar.
—¿Cuándo empezó todo? —dijo Harry a modo de saludo a su amiga.
—Poco después de que todos se marcharon fui a ver a la niña, la encontré estornudando y con la mejillas encendidas, el gato no deja de dar vueltas a su alrededor —enumeró Azalea siguiendo a Harry hasta la habitación de Josie—, apenas abrió los ojos empezó a hablar de las acromántulas y cada vez son más grandes.
Harry ya estaba revisando a Josie con varios conjuros de diagnóstico mientras Azalea hablaba. Severus nunca había visto en su hija ese extraño brillo en sus ojos, como si fueran de cristal, pero lo más alarmante fue escucharla hablar de las famosas acromántulas en cuanto descubrió a su sanador.
—¡Harry, las veo! Son grandes y blancas y bailan por toda la pared. ¡Míralas! ¡Papi, papi, tenemos acromántulas blancas corriendo por las paredes!
Antes de que Harry o el mismo Severus pidieran una explicación detalla, entró Hermione por la puerta aún abierta, su usual gesto benevolente reemplazado por una expresión entre fastidio y molesta.
—¡Apenas puedo creer que a un hombre de tu edad le guste inventar cuentos como "acromántulas blancas"! Harry ni siquiera recuerdo que lo hicieras antes cuando nosotros éramos niños, no entiendo porqué ahora —gritó agitando sus brazos sin notar las caras preocupadas de todos los presentes—. ¡Ron está apunto de sufrir un colapso nervioso!
—¿Tus hijos están viendo acromántulas blancas? —ahora era Harry quien parecía al borde de un colapso, Severus sólo lo había visto tan preocupado antes y fue en la víspera de la batalla final contra Voldemort.
—¡Bailando y saltando por el techo! —confirmó Hermione.
Esta vez Severus si estaba preocupado, Harry cubrió a Josie con su manta y sin más la cargó entre sus brazos echando a correr hacia la sala, Severus lo siguió en cuanto se dio cuenta de la maniobra para ver que Azalea ya tenía la chimenea encendida y la cajita de polvos flu a la mano.
—¿Qué diablos sucede Harry? —Hermione detrás suyo intentó detenerlo sujetando la manga de su túnica.
—¿Quieres que te conteste o que salve la vida de tus hijos? —fue la respuesta urgente de Harry librándose del agarre de su amiga—. Tienen Fiebre Puzzle, quiero que los lleves a la enfermería protegidos por un escudo esterilizado, Azalea te lo lanzará, es más se lo lanzará a todos ustedes y te acompañará. Sólo espero que no se haya propagado ya —agregó más para sí que para los demás.
Aferrando a Josie, Harry convocó el escudo esterilizado a su alrededor y saltó hacia la chimenea, ligeramente apagada por el escudo, escucharon su voz llamar a la enfermería de Hogwarts antes de desaparecer entre las llamas verdes.
Severus no se quedó a verificar si Hermione seguía las instrucciones de Harry o si Black aprovechaba su ausencia para husmear entre sus cosas, sólo se preocupó por ser el primero a quien Azalea lanzara el famoso escudo para tomar el siguiente puñado de polvos flu y llegar a la enfermería.
Su aparición fue rápida, Harry estaba recostando a Josie en la misma cama que ocupara antes cuando entró su suplente exigiendo explicaciones y prácticamente ordenándole a Harry que dejara la enfermería en sus manos porque él no estaba de servicio.
—Yo me encargaré de la niña —concluyó la mujer como si Josie fuera un objeto y no una pequeña paciente.
Si Severus estaba molesto por su actitud Harry debía estar verdaderamente furioso porque apenas terminó de realizar algunos conjuros en Josie, dio la vuelta y encaró a la mujer como lo hubiera hecho contra cualquier mortífago.
—Escúchame bien Romina Larson, no estoy dispuesto a soportar ni un segundo más de tu incompetencia, tienes una diminuta, casi inexistente oportunidad de salir bien librada de este asunto por negligencia y si tengo que dirigirte la palabra más allá de lo estrictamente necesario, perderás esa oportunidad. Así que dime ¿cómo fue que esta niña bebió poción pimienta?
Larson empezó a temblar como lo hacían los estudiantes cuando Severus los descubría intentando hacer trampa en alguna prueba, aunque pensándolo bien aquello no era nada extraño bajo la influencia de una mirada especialmente penetrante, como la que Harry tenía en ese momento.
Legeremens, pensó Severus al darse cuenta de lo que Harry estaba haciendo y no debía de ser grato para la mujer cuyos nudillos estaban blancos de lo mucho que mantenía apretadas sus manos.
—Fui yo —reconoció sorprendido de descubrir que esa mirada en Harry lo asustaba más que los vistazos de padre desilusionado que le dedicara antaño Albus—, vi a Josie algo resfriada antes de que llegara Azalea.
La sanadora pareció relajarse ante la inesperada confesión de Severus y fue en ese preciso instante en que Harry enfocó sus ojos verdes en ella atravesándola con tanta fuerza como si hubiera pronunciado el conjuro, Severus nunca había visto algo tan fuerte, ni siquiera Albus o Voldemort tenían ese poder o atrevimiento, pero Larson no lo sabía, sólo debía sentir la terrible ansiedad de ver sus recuerdos alejarse de ella para quedar a disposición de otra persona.
—¡HARRY! —al escuchar el llamado de Remus, el joven sanador dio la vuelta dando la espalda a la mujer que se desplomó en el suelo suplicando piedad que le fue negada de antemano.
Kingsley estaba al lado del hombre lobo y junto a él Sirius Black parecía no dar crédito a lo que su ahijado acababa de hacerle a Larson aunque prefirió callar cualquier comentario.
—Kingsley te agradeceré arrestes a Romina Larson por negligencia médica y por trabajar en estado inconveniente —siseó Harry como sólo Voldemort lo hiciera logrando el efecto incluso con palabras que no llevaban ninguna "ese" intermedia—, me parece que Paula estará interesada en cubrir su caso.
—¿Moonligth? Ella sólo trabaja en casos de drogadicción por pociones controladas —balbuceó Kingsley acercándose a Larson con gesto más de protegerla de Harry que de arrestarla.
—Precisamente y la señorita Larson ha estado drogándose con poción pimienta en suficientes ocasiones para poner en peligro demasiadas vidas —comentó Harry alejándose del grupo para lanzarse a su estudio privado de donde emergió con varios frascos de diferentes ingredientes con los que preparó un vial de líquido carmesí—. Pero esta vez llegó demasiado lejos.
—¡El profesor Snape fue quien le dio poción pimienta a su hija! —sollozó Larson señalando a Severus con un dedo mientras Kingsley la ayudaba a ponerse de pie.
—La segunda dosis, pero la primera fue consecuencia tuya —aclaró Harry evitando verla mientras se concentraba en hacer que Josie bebiera el contenido de la nueva poción que Severus no reconoció—. Kingsley llévatela por favor antes de que le lance una de mis peores maldiciones.
El mejor amigo de Severus consideró que la amenaza de Harry tenía el peso suficiente para considerarla verdadera así que sujetó a Larson de un brazo y con poca delicadeza la llevó hasta la chimenea de la enfermería y de ahí al Ministerio de Magia.
—¿Segunda dosis? —tartamudeó Remus cuando las llamas habían regresado a su color original.
—Parece que nuestro Maestro en Pociones residente no se a tomado la molestia en actualizar sus conocimientos y lo que es peor, se ha tomado la libertad de automedicar a su propia hija con una de las pociones más peligrosas de los tiempos modernos —pareció gruñir Harry mientras preparaba un par de dosis de la nueva poción y las colocaba en la mesita al lado de dos camas, seguramente para los mellizos Weasley.
—No permito que se discuta de mi como si estuviera ausente —se permitió señalar Severus molesto por no saber que era lo que estaba pasando—. Y te recuerdo que mi condición de Maestro en Pociones me autoriza a administrar pociones.
—¡Siempre y cuando conozcas exactamente los efectos de esa poción! —estalló Harry enfrentando a Severus a un metro de distancia.
—¡Tan sólo era poción pimienta! —contestó Severus perdiendo la escasa paciencia que le quedaba.
Lo que fuera a contestar Harry fue interrumpido por la súbita aparición de Hermione con su hija en brazos seguida por Ronald que llevaba al niño, ambos lucían inseguros y asustados como un par de conejos.
—Recuéstenlos —ordenó Harry señalando las camas que tenía preparadas y volcando su completa atención en los menores que temblaban como un par de hojas al viento pero que hablaban entusiasmados de las acomántulas que sólo ellos podían ver.
—¿Cómo pudieron contagiarse? —gimoteó Hermione, definitivamente estaba asustada, el peor de los augurios en ese momento.
—¿Alguno de ustedes dos estuvo aquí o cerca de Josie después de que se cayó por la escalera —preguntó Harry, ante la afirmación de Hermione explicó—. La Fiebre Puzzle se encuentra en estado latente en todos los mortífagos y sus hijos, pero sólo despierta cuando ellos beben poción pimienta. La estúpida Larson mezcló unas gotas en un vaso con agua que el profesor Snape dio a beber a Josie iniciando un nuevo brote de una epidemia que se esparce por pequeñas esporas que expulsan los enfermos al estornudar y que se prenden a la ropa o el cabello de los que estén alrededor. Todos los niños son vulnerables y los adultos mortífagos o hijos de mortífagos sin importad su edad pero los efectos tardan más en aparecer.
Apenas terminó Harry su explicación, le entregó un vial con la poción carmesí a Severus, Hermione y Ronald indicándoles que la bebieran.
—Faltan ellos —señaló Ronald al resto de los presentes antes de que Severus pudiera recuperarse del espantoso sabor de la poción.
—Somos inmunes —dijo Azalea ayudando a Harry a organizar los frascos mientras él lanzaba un puñado de polvos flu a la chimenea exigiendo conectarse con la oficina de McGonagall—, la poción te protege de por vida y nosotros estuvimos presentes durante el primer brote de Fiebre Puzzle.
—No entiendo cómo funciona esa famosa Fiebre Puzzle —insistió Hermione molesta porque algo escapaba a su intelecto.
—¿No? —gruñó Harry reintegrándose al grupo—, es muy simple, La Fiebre Puzzle es lo que los muggles llaman un arma biológica.
—La creó Voldemort pero el Ministerio se negó a reconocerlo por temor a reconocer que aún muerto podía asesinar —continuó Remus acercándose a la cama de Josie mientras acomodaba un mechón de su negro cabello, ella al igual que los niños Weasley había caído en un sueño profundo, lo que acentuaba su dificultad para respirar.
—Lo más que pudo conseguir Harry fue nombrar la enfermedad para identificarla con Voldemort pero aún eso tuvo censura —dijo Sirius sentándose en una de las camas libres.
—¿Cambiar Riddle por Puzzle? Qué tontería —refunfuñó Hermione.
—Sigo sin entender porque les asusta tanto una enfermedad que pueden curar con una poción —musitó Ronald demostrando, una vez más, que había mucho espacio libre entre sus dos orejas.
Harry no había cesado de ir y venir por toda la enfermería trazando complicados trazos de varita y reuniendo lo más inverosímil para el momento: dulces, que guardó en una enorme canasta, tan grande como para meter en ella a la misma Josie; como si se tratara del personaje de un cuento muggle dispuesto a comerciar con su mercancía sujetó con fuerza la canasta en cuanto la cabeza de Minerva apareció entre las llamas de la chimenea.
—No puedo perder tiempo dando clases de sanación y pociones, si tienen dudas lean un libro o pregunten —fue la despedida de Harry antes de desaparecer entre las llamas con rumbo a la oficina de Minerva.
° ° ° ° °
—¿Cómo está la niña de Severus?
El desempeño de Minerva como directora tenía muchas diferencias del de Dumbledore, que se preocupara tanto por los niños era la favorita de Harry.
—Estable pero su caso es grave —respondió intentando evitar que su voz se quebrara—. Lo suficiente grave para ser contagiosa.
Minerva se permitió un gemido ahoga antes de entrar de lleno en su postura de directora de un colegio repleto de niños.
—Como lo solicitaste he ordenado que ningún alumno salga de su Casa y pronto estarán aquí los prefectos, Premios Anuales y Jefes de Casa.
—Bien, acabo de convertir la enfermería en zona de cuarentena, sólo se puede entrar y salir por la red flu que tiene mi conjuro desinfectante pero insisto en que todo el que ingrese se proteja con el escudo o barrera mágica esterilizada.
—Tú eres el experto —aceptó Minerva con la sonrisa de una profesora orgullosa.
Un par de segundos después entraron los Jefes de Casa acompañados por el grupo de alumnos, quince y diecisiete años, demasiado jóvenes para enfrentar una crisis que asustaba a personal de San Mungo especializado, pero no todos inexpertos. Decidido a aprovechar el máximo de las facilidades a su alcance, Harry llamó al frente a Loraine Lars y Jack Nolan, de Gryffindor y Slytherin respectivamente, dándose sólo un segundo en pensar en la ironía.
—¿Recuerdan cuando estuvieron en San Mungo enfermos por la Fiebre Puzzle?
Ambos jóvenes se dirigieron una mirada insegura mutua antes de asentir. Claro que recordaban, ellos habían estado justo en la peor parte de la crisis, antes de que pudieran controlar la epidemia, eso era lo que los había unido al punto de que se convirtieron en mejores amigos y más tarde, en los promotores de la unión interescolar de las Casas eliminando las molestas rencillas casi a cero.
—Josie Snape ha desarrollado la Fiebre Puzzle y ha iniciado un foco de infección que me temo se ha propagado rápidamente —informó a todos los presentes—, los hijos de la profesora Weasley están en la enfermería y afortunadamente he logrado estabilizarlos pero no sabemos cuantos más estén infectados. Necesito que le den a todos, estudiantes y maestros, uno de estos dulces —continuó repartiendo entre los presentes una cantidad considerable—. Ustedes primero.
La mayoría aceptó el caramelo sin rechistar, mientras Minerva dejaba de ver con recelo el suyo y se lo llevaba a la boca pudo ver con horror como frente de ella, colegas y estudiantes, al hablar entre ellos mostraban sus dientes de diferentes colores.
—¿Qué significa esto? —preguntó guardando de inmediato su dulce de regreso a su envoltura, no habría poder que la hiciera ir por el colegio con tan poca compostura.
—Estos dulces tienen una poción reveladora —explicó Harry ignorando las diferentes reacciones que había provocado—, dientes rosas significan que la persona nunca ha estado enferma, dientes verdes que tuvieron Fiebre Puzzle y sanaron, los rojos son los que deben preocuparnos, esos son los enfermos o contagiados latentes, serán enviados de inmediato a la enfermería por red flu.
—¿Ha estado verificando nuestra salud antes? —preguntó Loraine sin poder contenerse.
—Todas las visitas a Hogsmeade —reconoció Harry permitiéndose el esbozo de una sonrisa— y si no fuera por eso no estaría preparado para enfrentar este problema así que espero me ayuden a evitar se convierta en una crisis.
Las últimas palabras regresaron a todos a la realidad de que había una enfermedad peligrosa que enfrentar, de inmediato, Harry estableció cuatro grupos para cubrir las diferentes Casas y mientras daba instrucciones administraba su poción entre los sanos cuyos dientes se volvieron azules.
—Están protegidos ahora contra la Fiebre —explicó Harry.
—¿Por qué no le damos esta cura a todos?
—Porque no tengo suficiente para todo el Colegio, Jack —musitó Harry encabezando la marcha hacia las salas comunes.
La Fiebre Puzzle era la peor pesadilla de Harry, no había noche que dejara de atormentarlo su recuerdo, por eso estaba lo más preparado posible. Después del regreso de Sirius del velo, se había prometido a sí mismo que nadie lo vencería y esa maldita enfermedad no sería la excepción.
Ya le había robado tanto.
Revisó primero a los Hufflepuff por ser los más vulnerables al tener el menor número de enfermos en la plaga previa, afortunadamente sólo Becca Wiguins estaba contagiada y en la primera etapa así que se dio el lujo de darle la poción y enviarla a la enfermería antes de comenzar la tediosa labor de esterilizar la Casa completa con ayuda de Filius.
Cuando llegaron a Slytherin, Jack Nolan y Minerva habían aislado a los contagiados, cinco estudiantes, lanzándoles el escudo esterilizado. Harry les entregó a cada uno su primera dosis y los envío a la enfermería para ocuparse de la desinfección del lugar.
En Gryffindor hubo siete enfermos más y doce en Ravenclaw, la mayoría de origen muggle. Se habían aislado a sí mismos cuando comenzaron a ver "extrañas manchas blancas con tentáculos" por las paredes, no sabían de las acromántulas así que temieron las burlas de los demás.
Cuando terminaron con las cuatro Casas, Harry ordenó se esterilizara todo el castillo empezando por la cocina y las habitaciones y oficinas de los profesores. Los elfos aceptaron esterilizarse ellos mismos para controlar la infección.
Se sentía exhausto física y mentalmente, pero sólo aceptó un emparedado de jamón y jugo de calabaza que Dobby y Minerva insistieron debía comer antes de regresar a la enfermería.
Habían pasado casi dos horas desde que recibiera el aviso de Azalea.
° ° ° ° °
El fuego de la chimenea acababa de regresar al su color habitual cuando Ronald volvió la mirada confusa hacia su esposa.
—¿En qué momento Harry se convirtió en tu doble? ¡Lean un libro! —dijo horrorizado— ¡Y su cara! Cualquiera diría que estaba a punto de enfrentar de nuevo a Voldemort.
—Harry ha enfrentado esta enfermedad con la misma decisión y ahínco. Créeme, lo vi luchando por salvar vidas con pociones con la misma habilidad con que lanza hechizos —comentó Remus sentándose en la silla más cercana.
—¿Quién diría que en verdad tenía talento para eso? Y tú decías que su éxito se debía al libro del Príncipe —molestó Ronald a su esposa con una sonrisa nostálgica.
—No es mi culpa, él no se había esforzado antes y sólo hacía trampa siguiendo las instrucciones de un libro —replicó Hermione con las manos en las caderas hasta quedar callada al recordar quien era El Príncipe Mestizo.
—¿De qué libro y qué Príncipe hablan? —intervino Sirius curioso por naturaleza.
—De mi antiguo libro de pociones —respondió Severus divertido de ver la reacción de sus exalumnos—. Slughorn se lo prestó a Harry en su sexto año. Debo reconocer que Harry siempre tuvo talento y disposición para las pociones —dijo descubriendo un brillo desconcertado en los Weasley—, lo supe desde la primera clase, usualmente las miradas ávidas de conocimientos y quienes toman nota de cada una de mis palabras llegan al curso especializado de pociones. Sólo que no había modo en que aceptara ver la cara de Potter acosándome de nuevo por siete años, lo juzgué antes de conocerlo y lo condené a un mal desempeño en mi clase haciéndole preguntas más difíciles que al promedio —comentó mirando a Hermione—, dejándolo cerca de Draco para que lo saboteara y dedicando cada segundo libre a molestarlo e inquietarlo. ¡Y no fue fácil! Logró aprobar su TIMO en pociones y entrar a la clase de Slughorn.
—¡Eres un maldito Snape! ¿Por qué querías destrozar a Harry? —gruñó Black enfrentándolo con esa mirada asesina suya—. Aún no entiendo cómo se pudo enamorar de ti.
—Tampoco lo entiendo —Black retrocedió inseguro al escuchar la respuesta de Severus—. Pero no quería destruirlo, sólo no quería verlo. Si lo hubiese querido muerto no le habría salvado la vida.
—¿Eso quiere decir que Harry siempre tuvo talento en pociones? —la pregunta de Ronald acabó con la tensión que estaba creándose en el momento.
—Si, hasta donde sé siempre tuvo talento nato —afirmó Severus gozando con la incredulidad reinante.
—¿Cómo es que está tan seguro? —insistió Hermione como si todo lo que creyera le fuera arrebatado.
Severus le dedicó esa mirada suya que atemorizara a tantos estudiantes antaño antes de contestar.
—Entendió mi libro, algunas veces se lo prestaba a algunos estudiantes que creía especiales, no todos lo entendieron.
—¡Vaya! A final de cuentas si le enseñó a Harry "el arte exacto de las pociones", aunque no fuera como se suponía que debía haberlo hecho —comentó Ronald cerrando el tema como si esa frase fuera toda la confirmación que tendría su esposa.
Derrotada, Hermione regresó su atención a sus hijos cuya respiración empezaba a normalizarse hasta que el crepitar del fuego llamó su atención. Una niña de Hufflepuff apareció con instrucciones precisas de Harry que Azalea se encargó de seguir, después llegaron alumnos de las demás casas y todos se aseguraron de instalarlos en las camas que Harry había dejado listas.
—De cualquier modo me parece exagerada la actitud de Harry, a mí me parece que tiene todo bajo control —se quejó Ronald, una vez más, terminando de atender a un Ravenclaw de segundo que no le quitaba la mirada de encima para asegurarse de que el hombre hiciera lo mismo que el resto de los adultos.
—Tú también te volverías algo susceptible y emocional a unos días del aniversario luctuoso de tu hija —comentó la suave voz de una elegante bruja de largo cabello negro.
—¡Draconiss! —corrió Azalea a su encuentro.
—Vine tan pronto como pude —dijo la recién llegada dirigiéndose de inmediato al pequeño laboratorio de Harry y volviendo una caja de ingredientes a su tamaño real—. ¡Merlín, Harry tenía razón! Fue más difícil convencer al Ministerio de Salud de este nuevo brote de Fiebre Puzzle, insisten en que se ha vuelto paranoico o busca revivir glorias pasadas.
—¿Cómo lograste convencerlos
de mandar ayuda? —Azalea se ocupó de acomodar los
ingredientes con la agilidad de quien sabe exactamente lo que se
necesita.
—¿Quién dijo que logré
convencerlos? Harry mandó avisos a todos los padres de niños
enfermos y dos de ellos están en el Wizengamont, prefirieron
creerle a Harry que correr riesgos —refunfuñó la
sanadora Sebastién—. Aún así sólo logré
que aprobaran la mitad de los ingredientes.
Antes de que Severus tuviera oportunidad por averiguar que tipo de poción planeaba utilizar Harry a través de los ingredientes, Ronald Weasley volvió a acaparar la atención.
—¿Qué hija? —Draconiss volvió la mirada hacia el pelirrojo como si no alcanzara a creer lo que escuchaba—. Harry no ha tenido hijos.
—¿Aún no lo saben? —intercambió la sanadora Draconiss con su amiga que había terminado de acomodar los ingredientes.
—Harry no tuvo tiempo de explicarles nada —se encogió de hombros Azalea.
—¿Explicarnos qué? —fue el turno de exigir de Hermione y en verdad estaba exigiendo.
—Harry tuvo una niña, se llamaba Heather y era su tesoro o por lo menos eso es lo que nos decía a todos en San Mungo —dijo Draconiss comprendiendo que le había correspondido una penosa tarea a juzgar por su actitud—. Murió por la Fiebre Puzzle el quince de abril, un par de meses después se logró controlar la enfermedad.
—Pero él nunca se ha perdonado por no lograr salvar la vida de su propia hija —musitó Severus comprendiendo completamente la actitud de Harry y la protección desmedida que daba a Josie y todos los niños que se cruzaban en su camino— Heather S. Potter —agregó recordando las iniciales en la pulsera que tenía Josie, HSP
—No, ningún padre podría dejar de pensar que pudo haber hecho más por salvar la vida de un hijo —reconoció Draconiss—. Azalea y yo éramos internas en San Mungo junto con él, los tres enfrentamos tanto como para cambiar nuestras especialidades después de esta enfermedad.
—Y seguimos buscando la cura definitiva —agregó Azalea.
° ° ° ° °
Continuará
N/A: Reconozco que tardé un poco más de lo habitual, pero este capítulo fue muy triste de escribir y tuve que elegir muy bien cada párrafo. En el próximo sabrán más de Heather y la reacción de Severus.
