Estaba acostada en mi cama disfrutando de mi día de descanso en el trabajo y de pronto me llegó un correo, era un review de esta historia y dije "¡Válgame Dios! ¿Hace cuanto que no subo? Así que corrí a la computadora.
¿Ven porque son importantes los reviews? Me hacen no olvidar lo que tengo que actualizar. La escuela me tiene vuelta loca…
Como sea, ya solo es este y un capítulo más para concluir :3 Muchas gracias por su apoyo, son maravillosos.
CAPITULO 10
A la mañana siguiente, Freddie abrió los ojos. Los rayos del sol iluminaban los cabellos de Sam, que le cubrían a él el pecho como una sábana de satén. Ella se apretó contra él, su cuerpo caliente y suave. Hermosa.
Más satisfecho que nunca, le puso una mano en la nalga. Suavemente, le acarició la rosa tatuada que descubriera la noche anterior.
¿Cómo podía ser tan afortunado?
Sam era una mujer preciosa y apasionada. ¿Y qué si eran diferentes? Sus distintas personalidades se complementaban. La estabilidad suya evitaría que Sam saliera flotando como un globo de helio; a su vez, la vivacidad de ella le elevaba lo suficiente para evitar que se quedara pegado al suelo. Y físicamente... Freddie suspiró. Se acoplaban perfectamente, era como si estuvieran hechos el uno para el otro. Después del maratón de la noche anterior, eso era lo que creía.
Sam se estiró y abrió los ojos.
-Buenos días.
Le acarició el pecho. La caricia le provocó un cosquilleo en el bajo vientre. Freddie le masajeó los hombros. El gemido de ella fue de placer. Sí, Freddie podía acostumbrarse a eso con toda facilidad.
-¿Has dormido bien? -le preguntó Sam con una sonrisa de satisfacción. Teniendo en cuenta que apenas había dormido, se sentía increíblemente descansado.
-Sí, muy bien.
-Estupendo -Sam se sentó encima de él-, porque vas a necesitar toda tu energía.
Freddie empezó a arder. Sam bajó la boca acercándola a la de él.
El teléfono sonó.
Sam se quedó mirando al teléfono.
-No contestes -tratando de distraerla, Freddie le besó el cuello.
El teléfono siguió sonando.
-Por favor, Freddie -intentó apartarse de él, pero Freddie no se lo permitió- Puede que sea algo importante de la librería.
-Que la máquina recoja el recado.
El teléfono continuó sonando.
-Tengo que contestar -Sam extendió la mano y descolgó el auricular-. Hola... No, estaba despierta, Melanie. Son casi las nueve y media.
Frustrado, Freddie se quedó mirando al techo. ¿Por qué Sam elegía momentos así para ser responsable? Era tan impredecible, pero por eso la amaba tanto.
¿Amarla?
¿Por qué había dicho eso? Freddie se la quedó mirando con otros ojos. Se estaba enamorando de ella. No, se había enamorado locamente de ella. La idea le hizo sonreír. Cabía la posibilidad de que todo saliera bien.
-Oh, no sabía que también hubieran ido... ¿Sí?...
-No-
El color de sus ojos oscureció.
-Sí, puedes venir si quieres, pero sé vestirme yo sola. No, Freddie no va a estar aquí.
¿Dónde iba a estar él? Tocó el brazo de Sam. Ella le apartó la mano.
-Está bien, si insistes... Hasta entonces. Adiós.
Sam colgó el teléfono, lanzó un suspiro y se tapó con la sábana.
-Era Melanie. Me ha dicho que has estado en Austin con mi padre y con Kian.
Asintiendo, Freddie tiró de la sábana para descubrirle los pechos.
Ella cruzó los brazos a la altura del pecho, impidiéndole que le retirase la sábana.
-¿Por qué no me lo habías dicho?
-Iba a hacerlo.
-¿Cuándo? -preguntó ella enfadada-. ¿Después de ir a trabajar para mi padre?
Freddie se pasó una mano por el cabello.
-Estamos juntos en un negocio. Sólo uno, cielo.
-No me llames así.
-Sammy...
-Melanie me ha dicho que mi padre te ha ofrecido trabajo.
-Y yo no lo he aceptado.
-¿Le has contestado que no?
Freddie no había hecho eso. La oferta de empleo era un sueño, un sueño que no quería rechazar.
-No, todavía no.
-¿Por qué?
-Porque quería hablar de esa oferta contigo -le tomó la mano . –Sammy, debería habértelo contado todo anoche, pero estaba ocupado con otras cosas.
Ella apartó la mano bruscamente.
-¿Con qué, con seducir a la hija de Greg Puckett?
-Sólo estaba pensando en ti, en nada más -la acción de ella le enfadó. ¿Cómo podía acusarle de seducirla? Los dos lo habían querido-. No estás siendo justa conmigo.
-Lo que no es justo es lo que tú has hecho -Sam apretó los dientes-. Has utilizado este noviazgo, me has utilizado a mí.
Freddie elevó los ojos al techo.
-Este negocio con tu padre no tiene nada que ver con lo nuestro.
-Pero sí la oferta de trabajo.
-Yo no le he pedido a tu padre que me ofrezca trabajo, lo ha hecho él porque ha querido, voluntariamente.
-Me has utilizado -la voz se le quebró-, me has utilizado para entablar una relación con mi padre. Debería haberlo sospechado. Debería haber sabido que un hombre como tú no puede amar a alguien como yo.
Freddie la amaba, pero no le creería si se lo decía.
-Si hubiera querido utilizarte, ¿no crees que me habría acostado contigo en Carmel? Por si lo has olvidado, tuve la oportunidad.
-Márchate de mi casa.
-No hasta decir lo que tengo que decir.
-No tienes nada que decir. Confiaba en ti, Freddie -el labio inferior le tembló-. Debería haberme dado cuenta de que eres igual que Kian.
Sam no tenía derecho a compararle con el desgraciado de su cuñado.
-Eh, espera un momento. Si confiaras en mí, no estarías diciendo lo que estás diciendo. Sabrías que no te he utilizado. ¿Por qué tiene que ser todo blanco o negro?
-Porque es más fácil.
Freddie suspiró.
-Debes estar muy satisfecho de ti mismo. Kian tuvo que acostarse conmigo y con Melanie para conseguir lo que quería, tú sólo has tenido que hacerlo conmigo.
-Por favor, Sammy, no exageres. Yo no soy Kian.
-Si tú lo dices...
Freddie estaba harto.
Dejemos las cosas claras. Eres tú quien se acercó a mí para pedirme que me hiciera pasar por tu novio. Yo no te he ocultado nada. No te he pedido nada. No quería nada de esto.
Pero no te quejas de lo que has conseguido, ¿verdad?
-Sam, por favor -no lo comprendía, no sabía que la amaba-. Sam, yo...
Ella apretó los labios.
-No te disculpes. Y no te preocupes por la fiesta.
-No me importa la fiesta, Sam.
-Sí, claro que te importa. Y no te preocupes, no voy a estropear tu preciosa cartera. Me portaré como la novia perfecta. Pero tan pronto como acabe la fiesta, no quiero volver a verte en la vida.
No podía hablar en serio. Iba a darle unos minutos para calmarse. Freddie se puso la camisa y acabó de vestirse mientras ella miraba a la pared.
-¿Vas a dejar que este pequeño malentendido se interponga entre los dos?
-¿Pequeño malentendido? -preguntó ella-. De pequeño no tiene nada, Freddie. Nos hemos utilizado mutuamente. Y sí, admito mi responsabilidad en el asunto.
-Créeme, Sam, no lo estoy utilizando -no le quedaba mucho tiempo, pero no podía marcharse de allí sin confesarle lo que sentía por ella. No podía utilizarte, yo... te quiero.
Freddie no podía creer lo que acababa de decir.
Los ojos de Sam se agrandaron.
-Eso ya da igual, Freddie.
-¿Que da igual?
-Sí, porque queremos cosas diferentes de la vida. Somos diferentes -las lágrimas le brillaron en los ojos.
-Puede que seamos diferentes, pero no en lo importante.
-¿Te refieres al sexo?
-Sammy...
-Me llamo Sam.
Sam se puso sombra anti ojeras bajo los enrojecidos ojos para evitar que se le notara que había estado llorando todo el día. Necesitaba calmarse. Faltaban menos de dos horas para la fiesta. Mirándose en el espejo, se dio cuenta de que tenía que hacer algo con el pelo.
El timbre sonó.
El corazón le dio un vuelco. Corrió a abrir la puerta sin saber por qué le latía el pulso de esa manera. Melanie, con pantalones negros de vuelo y una bandolera haciendo juego, llevaba una caja de artículos cosméticos en una mano y en la otra unos rulos.
No. Sam no iba a poder soportar aquello en esos momentos.
-¿Por qué te ha parecido tan importante venir?
-Porque es la primera fiesta que doy como la señora de Kian Egan -Melanie entró en el apartamento y dejó sus cosas en el suelo-. Va a haber mucha gente importante en la fiesta. Tengo que dar buena impresión y quiero que todo salga perfecto.
-Incluyéndome a mí.
Melanie asintió.
-¿Tan terrible te parece, Sam?
-No. Es que...
Su hermana era la esposa perfecta. La clase de mujer que Freddie quería, que necesitaba. No era de extrañar que Kian la hubiera dejado por Melanie. Igual que haría Freddie si pudiera. Sam contuvo las lágrimas.
Melanie le dio un abrazo. Tanto le sorprendió el abrazo que Sam ya no pudo seguir conteniendo las lágrimas.
-¿Qué te pasa?
Después de unos minutos, Sam consiguió calmarse.
-Perdona, Melanie. Espero no haberte mojado la chaqueta.
-No te preocupes por la chaqueta -dijo su hermana-. ¿Vas a contarme qué es lo que pasa o voy a tener que adivinar por qué la bolsa de viaje de Freddie y la chaqueta de su traje están ahí, en el suelo, al lado de la puerta?
-Se ha dejado olvidadas las dos cosas -Sam vaciló -. Todo se ha acabado entre los dos.
-No, no se ha acabado -Melanie se puso las manos en las caderas- No voy a permitir que una pelea de enamorados me estropee la fiesta.
-No te preocupes, tu fiesta va a salir perfecta.
-Gracias a Dios. Papá me mataría -Melanie se llevó una mano al pecho- Creía que iba a darme un infarto.
-¿Por qué has dicho que papá te mataría?
-La fiesta fue idea suya; pero, aunque no sé por qué todavía, quería que la diera yo.
Sam no lo comprendió, pero en esos momentos no le importaba. Lo único que le importaba era Freddie. Si él...
-¿Quieres contarme lo que ha pasado?
-No. La verdad es que no.
Melanie fue a la cocina. Allí, sacó un pepino del frigorífico y empezó a cortar unas rodajas.
-Túmbate y ponte esto en los ojos.
Sam se tumbó en el futón con una rodaja de pepino en cada ojo. Un cajón se abrió y se cerró. El agua corrió en el lavabo.
-Toma -Melanie le puso un paño mojado en la frente- ¿Tienes aspirinas?
-Sí, en el baño, pero no quiero aspirinas.
-No son para ti -contestó su hermana.
Unos minutos más tarde, Melanie volvió al cuarto de estar.
-¿Lo que te vas a poner es eso azul que tienes encima de la cama?
-Sí.
-El collar de perlas de tu graduación te iría perfecto. Y deberías recogerte el pelo en un moño. Voy a ponerte unos rulos.
Melanie estaba siendo demasiado amable, demasiado comprensiva. Sam no sabía qué decir.
-Está bien.
-Kian me ha dicho que Freddie se ha pasado la semana entera hablando de ti.
-¿Sí?
Sam deseó que fuera verdad. Pero era demasiado tarde. Sintió un nudo en el estómago, iba a vomitar.
-Sí. Ese hombre está loco por ti -Melanie parecía sincera.
-No saldría bien.
-¿Por qué dices eso? -le preguntó su hermana.
«Porque lo sé por experiencia... con Kian».
-Somos demasiado distintos. Freddie no me quiere. Freddie quiere que sea...
-¿Que seas qué?
Sam vaciló un momento antes de contestar.
-Que sea como tú.
-Lo tomaré como un cumplido. Aunque no puedo imaginar por qué iba a querer eso.
-Porque tú eres todo lo que yo no soy -dijo Sam por fin-. Te vistes elegantemente, llevas el pelo a la moda, y sabes qué y cuándo tienes que hablar, y lo que tienes que decir. No desentonas, al contrario que yo.
-Soy aburrida y estirada. Y también un poco teatral. Me han dicho que soy una snob en más de una ocasión -Melanie suspiró . -Sin embargo, tú eres como una mariposa, como aire fresco. Siempre has sido así. Cuando éramos pequeñas, tú ni te dabas cuenta de lo bonita que eras, y sigues sin dártela. Y cuando dejaste de ser una rebelde y empezaste a portarte bien, después del rapto... me hiciste sombra. Y yo no lo soportaba. Te odiaba.
Sam notó que su hermana había utilizado el verbo en pasado.
-Melanie...
-Ya somos adultas, Sam ‑dijo Melanie-. Es hora de dejar de lado los celos y las envidias.
¿Podía ser tan fácil?
-Pero Kian...
-Escucha, podríamos seguir hablando de eso durante el resto de nuestras vidas, pero no vamos a conseguir cambiar el pasado. No podemos cambiar el pasado. ¿De acuerdo?
Sin saber qué decir, Sam vaciló. Siempre se había considerado la víctima de la situación y jamás se había parado a pensar en los sentimientos de su hermana. Lo menos que podía hacer era ceder un poco, sería el comienzo.
-De acuerdo.
-¿Estás enamorada de Freddie?
-Más de lo que creía que fuera posible -admitió Sam, y se sintió aliviada al confesarlo-. Pero quiero una vida distinta a la que quiere él. No puedo ser la clase de mujer que Freddie quiere que sea.
-Pues no lo seas. Sé quién eres -declaró su hermana.
Sam no había sido suficiente para Kian, no era suficiente para Freddie.
-Quien soy no es suficiente.
-En ese caso, al demonio con Freddie Benson, no te merece.
-Melanie, por favor...
Melanie sonrió.
-Has dicho lo mismo que dice mamá todo el tiempo.
-Lo sé.
-Bueno, déjame ver cómo tienes los ojos -Melanie le quitó las rodajas de pepino- Sí, mucho mejor. Y ahora, vamos a vestirte para la fiesta. Cuando acabe contigo, Freddie se va a desmayar al verte.
Durante un momento, Sam se había olvidado de la fiesta.
-¿Por qué estás haciendo esto por mí?
-Porque somos hermanas -dijo Melanie-, y porque es hora de que empecemos a comportarnos como tal.
Ahí lo tienen, ¿Qué creen que vaya a pasar ahora? Veamos si Sam perdona a Freddie o no.
Dejen sus lindos reviews para subir el capítulo final cuanto antes.
Muchas gracias a todos!
