¡Hola! Vale, sé que he tardado un montón en actualizar, pero he tenido un bloqueo bastante importante. Así que debo agradecer a Raquii que me ha inspirado completamente para este capítulo y también el siguiente, y gracias a ella he escrito esto en una sola tarde jajajaja. Espero que guste :)

Capítulo 10:

Dejé que Rachel conduciera mi coche, sin saber cuándo ni dónde se había sacado el carnet. Esperé que dónde fuera que me estuviera llevando estuviera lejos, pero en lugar de eso solo tardamos cinco minutos en llegar. Era el instituto.

- Rachel, ¿qué hacemos aquí? - le pregunté mientras ella se quitaba el cinturón.

Yo la imité y me lo quité también. Rachel salió del coche y me hizo una señal con la mano para que hiciera lo mismo.

- He pensado que... - paró un momento para entrelazar su mano con la mía, mirando hacia abajo y sin dejar de caminar – podríamos tener aquí nuestra cita.

Yo sonreí.

- Como la primera que tuvimos – dije, recordando.

Ella asintió, sonriendo también, y me guió hasta el salón de actos. Allí había montado un pequeño picnic, exactamente igual que el que tuvimos hacía ya 4 años. Rachel me apretó un poco el brazo y rió, antes de soltarse y dirigirse hacia allí, sentándose en el mantel que había en el suelo. Yo hice lo mismo.

- Anda, mira – dije riéndome, y alargando la mano para coger un vaso – Son esos vasos de plástico que no encontré cuando quise hacerte el picnic.

- Sí... - dijo Rachel riendo levemente – Me acuerdo.

Sonreí.

- Fue el día que te pedí que te casaras conmigo – dije bajando la mirada.

Ella asintió, bajando la mirada también, pero sonriendo. No dijo nada más, así que pensé que quizás la había cagado al decir aquello. Entonces alargó la mano y cogió la botella de vino que había al lado de los vasos. Yo entendí su gesto y le tendí el vaso para que ella le vertiera el vino. Luego hizo lo mismo con el suyo y dejó la botella en su sitio.

- Gracias – dije llevándome el vaso a la boca y dando un trago.

- ¡Espera! - dijo ella sorprendiéndome.

Entonces alargó su vaso hacia mí, y yo sonreí alargando el mío también, para dar un brindis. Iba a decir "salud" cuando ella me interrumpió.

- ¿Por qué quieres brindar?

Esa pregunta me pilló totalmente desprevenido. ¿Qué se suponía que debía decir? Suspiré echando las inseguridades a un lado y me armé de valor. Era ahora. Levanté mi vaso.

- Por...

El sonido de un móvil me hizo parar de repente. Maldije para mí mismo y dejé el vaso en el mantel, mientras me incorporé un poco sacando el móvil del bolsillo trasero de mi pantalón.

- Perdón – le sonreí a Rachel antes de coger - ¿Diga? Sí... Entiendo...

Dirigí la mirada a Rachel y vi cómo me observaba con una sonrisa, pero al mismo tiempo se la notaba preocupada.

- ¿Tiene que ser ahora? - me quejé a través del teléfono – Está bien...

Colgué y volví a guardarlo.

- ¿Qué ocurre? - me preguntó bebiendo un poco más de vino.

- Eh... era Burt.

- Oh dios, ¿está bien?

- Sí, sí. Es solo que... se le había olvidado que tenía que reparar el coche de un cliente y se ha ido con mi madre al cine, por lo que no puede ir al taller.

Ella asintió entendiendo lo que pasaba.

- Lo siento mucho, Rachel. Debe de haberte costado mucho preparar todo esto y yo...

- Tranquilo, no pasa nada – dijo dedicándome una sonrisa tan grande que hasta no parecía fingida – No me importa dónde estemos mientras esté contigo.

Empecé a sonreír, y entonces me di cuenta de lo que me había dicho.

- Espera, ¿seguro que quieres acompañarme? Podrías mancharte.

- Que me da igual, Finn.

- Vaya, pues... eh, tenemos que recoger esto.

Me levanté del suelo, y ella hizo lo mismo.

- No, qué va. Para algo hay conserjes.

- ¿En serio vamos a dejar esto aquí? - dije riéndome.

Ella observó el picnic un momento.

- Para algo les pagan.

- Vaya... me sorprende esta faceta de Rachel Berry. Hace un par de años casi te da un ictus cuando quise colarme en la cola del Lima Bean.

Ella se rió, y me cogió del brazo guiándome fuera de allí.

.

.

Cuando llegamos a la tienda de neumáticos, vi el coche que tenía que reparar aparcado ahí. Me disculpé de Rachel un momento y fui a ponerme el mono. Cuando volví, me la encontré sentada en la tabla de al lado del coche. Entonces me vino a la cabeza una imagen del año pasado en la que ella estaba ahí sentada mientras yo reparaba un coche, y me hizo sonreír. Pasé por al lado suya para ir a coger la caja de herramientas.

- Estás muy mono vestido así, ¿no te lo he dicho nunca?

Me giré, ya con la caja en la mano, y vi cómo se estaba mordiendo el labio.

- Me ofendes. Yo estoy mono siempre.

Ella soltó una carcajada, y yo le sonreí. Me acerqué al coche y levanté el capó, dispuesto a empezar con el trabajo. Durante una hora o así que estuve reparándolo, Rachel y yo no dejamos de hablar ni un segundo. Era una increíble sensación el hecho de que, a pesar de por todo lo que habíamos pasado y todo lo que nos habíamos dicho, aún podíamos mantener ese tipo de conversaciones tan relajadas. Daba gracias a dios de que no me hiciera caso cuando le dije que no quería más contacto con ella. Qué estúpido fui.

- Pues esto está hecho.

Bajé el capó del coche y puse las herramientas de vuelta en la caja.

- Ya veo – dijo ella riéndose.

Entendí a lo que se refería al instante, y fui a por un trapo para limpiarme la grasa de las manos y un poco de la cara. Lo dejé donde estaba y me senté al lado suya, soltando un quejido.

- Estoy quemado – me quejé.

- ¿En serio? No parecías muy cansado mientras trabajabas.

- Mientras hablo contigo me olvido de todo lo demás.

Aunque lo dije sin pensar y preferiría no haberlo hecho, no me dio tiempo a arrepentirme de mis palabras, ya que Rachel me sonrió ampliamente y se movió en el banco, sentándose más pegada a mí.

- Olvídate de todo ahora – me susurró.

Entonces se acercó a mí y me besó, eliminando cualquier rastro de cordura que aún me quedaba.