Hola a todos,

Una vez más actualizando ¡que no lo dejo tranquilos! Como siempre dar las gracias a los que me dejáis Review, ya sabéis que es lo que hace que un "escritor" sepa si va bien o no. Esta vez he tardado algo más porque el capítulo es muy muy largo, de hecho es tan largo que he tenido que cortarlo en dos pero ha sido realmente divertido escribirlo.

Como siempre dar las gracias a las chicas que siempre están: sonrais77, NinadeMalfoy y las chicas del grupo de Whtsapp y a la nuevas lectoras que me hacéis sonreir con cada review: Luna White 29, Alrak990, Sophie Mene, Ares86, AKAmart, NayraLucero y Bangtaneko.

Y os agradezco a todos las felicitaciones de cumpleaños ¡un beso enorme para todos y recordad, lo que hay entre paréntesis es lo que piensa Draco en ese mismo momento!

SabrilFG

Capítulo IX: La fiesta. Parte I

–Soy el puto amo ¿me escuchas Granger? – gritó Draco dando un portazo y encendiendo todas las luces del salón.

Hermione salió de su habitación con un libro bajo el brazo y el pelo revuelto. Cuando escuchó los gritos de alegría de Draco se asomó con precaución y lo vio tirado en el sofá con una sonrisa radiante, los brazos cruzados sobre la cabeza y un aire de superioridad aún mayor que de costumbre.

– ¿Por qué gritas? – preguntó ella mientras con un gesto le obligaba a bajar los pies del sofá para evitar que se manchara con sus zapatillas.

–Que – soy – dios, –Granger– dijo poniendo énfasis en cada palabra por separado – Lo que viene siendo un genio. En menos de doce horas he ganado la apuesta.

Hermione no pudo evitar dejar escapar un gesto de desagrado a la vez que tomaba asiento al otro lado del sofá.

–Trisha me ha invitado a la fiesta, así que mañana allí estaré. Y en cuanto ponga un pie en esa casa, habré ganado.

–Así que Trisha ¿eh? – Se quedó pensativa Hermione. – Está bien, esperemos a mañana a ver qué pasa – dijo con aire ausente. – Todavía tengo tiempo… sí… queda tiempo…

Draco se incorporó de un salto ante sus palabras.

– ¡Hey! No vale hacer trampas, ¡no puedes convencerla para que me desinvite! – Ella se limitó a sonreír de manera inocente. – Venga ya Granger, no estaría bien que lo hicieras. Yo lo he conseguido limpiamente. ¡Para una vez que sigo las reglas!

–Yo no he dicho que…

– ¡Eres una Gryffindor!, vosotros sois los idiotas que hacéis las cosas siempre bien. Tenéis sentido del honor y palabra y blablabla. Así que no puedes intervenir. Pero si ni me ha dado tiempo a pensar en trampas, todo legal.

Ella se encogió de hombros y se levantó dispuesta a marcharse. Entonces, le dedicó una amplia sonrisa y un pestañeo que pretendía demostrar que ella era un ser ¿inocente? Y que consiguió que a él se le erizase el vello de la nuca.

Draco no estaba dispuesto a que la conversación terminara allí, ella tenía que prometerle que no haría nada malo y menos si cabía la posibilidad de que perdiera la apuesta. Pasar un día con Granger no entraba entre sus planes (y menos si era para probar cosas muggles) pero entonces se fijó en la espalda de la chica y aquello acabó de golpe con su buen humor y la preocupación por la apuesta.

Ella llevaba un pantalón corto lleno de osos pandas cabezones y una camiseta casi tres tallas superior a la suya del equipo de quidditch búlgaro. En su espalda podía leerse el nombre de Krum (¡De ese orangután hormonado sin una gota de inteligencia! ¿Pero cómo se atrevía ella a lucir una camiseta de Krum en su presenta?)

–No sabía que te gustara el quidditch – le soltó de mala forma.

–Y no me gusta ¿por qué lo dices? – Él señaló la camiseta que hacía unos años Víctor le había regalado – ¿Esto? Fue un regalo. Victor Krum me la envió. Fue la camiseta con la que ganó el mundial.

Draco soltó un bufido (¿Por qué se estaba comportando así? ¿A él qué le importaba aquella camiseta o el por qué ella seguía usándola? ¿por qué quería que ella también se enfadara? ¿Por qué sentía la necesidad de castigarla y hacerla rabiar? A veces ni él mismo se entendía)

–Todavía no me creo que te llevara al baile. ¿Tuviste que rogarle mucho para que aceptara? – Añadió con evidente maldad y con ganas de hacerle daño.

– ¿Qué yo tuve que rogarle? – La furia de Hermione era evidente y se acercó hasta que sus narices quedaron al mismo nivel – Yo NO tuve que rogarle a nadie. De hecho FUE Víctor el que me lo pidió TRES veces hasta que finalmente decidí aceptar.

–No me lo creo – la picó él ahora que había descubierto un hueco donde poder molestarla. – Había chicas realmente guapas de Slytherin y no las miró…

–Y como yo soy fea es imposible que se fijara en mi ¿no es cierto? – Hermione había empezado a golpearle con el dedo en el hombro para enfatizar aún más su enfado.

–Bueno, digamos que o esperaba sacarte información sobre la batalla de los magos… – Los ojos de furia de ella relampaguearon, Draco estaba seguro de que no era la primera vez había tenido esta conversación y por su mirada podía adivinar con quienes. – O bien…

– ¿O bien? – ella entrecerró los ojos cargados de odio pero él no pareció darse cuenta de que pisaba terrero realmente peligroso.

–O bien, le serviste como coartada. – Ella pestañeó intrigada.

– ¿Cómo que le serví de coartada? No sé a qué te refieres.

–Granger, es más que obvio. – dijo Draco con petulancia. –Krum te usó porque es gay y necesitaba una coartada ya que medio colegio lo perseguía y claro, estaba mal visto que no fuera al baile con una chica. Ya sabes, él entrena con un montón de hombres-mono fortachones y luego se duchan juntos y se enjabonan y claro, el te vean desnudo con ojos lascivos por un ser más peludo que tú no es agradabl…

–Y como yo soy lo más parecido a un chico, por eso me eligió a mi ¿no es así? – Lo corto ella. Draco estaba tan concentrado en enfadarla que no detectó su tono furibundo.

– ¡Exacto! – gritó él triunfante. – Eras lo más parecido, espero que con menos pelo, por supuesto. Aunque creo que se decepcionó cuando te vio aparecer con ese vestido lila, seguramente te esperaba con túnica de gala tipo marimacho…

Con un grito como el de una valquiria antes de la batalla, Hermione le saltó encima pegándole con los mullidos cojines del sofá en la cara. Se sentó sobre su pecho, obligándole a caer hacia atrás y al pillarlo por sorpresa, Draco solo tuvo opción a cubrirse parte de la cara mientras ella no paraba de golpearle repetidamente. Primero el de la mano derecha y luego el de la izquierda, como una ametralladora. Un par de minutos después, cuando parecía que los golpes empezaban a disminuir Draco se atrevió a echar un vistazo. Hermione, sentada a horcajadas sobre él, estaba roja por la furia.

– ¿Has acabado ya con la rabieta Granger? – Ella le lanzó un último vistazo y justo cuando parecía que iba a levantarse, tomó uno de los cojines y lo apretó contra la cara de Draco.

–NO, no he terminado. Ahora vas a retirarlo todo. – Le gritó aparentándolo aún más – ¡O morirás asfixiado, lo juro por Merlín! Retíralo Malfoy. Di que Víctor no fue conmigo porque era su cortada.

Draco se retorcía bajo ella pero estaba en una mala posición. Uno de sus brazos había quedado atrapado entre el respaldo del sofá y su cuerpo y el segundo, mantenía el cojín lo suficientemente alejado de su cara como para poder tomar aire. Desde allí abajo solo podía sentir el peso de ella contra sus costillas, el calor de sus muslos y la fuerza de sus rodillas pegadas a su carne. Y entonces pasó: el Pequeño Malfoy decidió hacer presencia una vez más, aunque al principio tímidamente.

(Jodeeeeerrrrrr, joderrrrr, joderrrrrrrr ahora no, ahora no, mierda, ¿cómo me la quito de encima? voy a tener que tocarla. Si la agarro del culo… NO, MALA IDEA. Abajo Pequeño Malfoy, no te motives que no voy a tocarle el culo. Puedo agarrarle una mano y girársela para desestabilizarla pero corro el riesgo si fallo de agarrarle una tet… NO NO NO no pienses eso. Joder, se va a dar cuenta en breve, ¿qué cojones hago?)

–VALE, VALE, tú ganas, lo retiro – farfulló Draco bajo el cojín intentando no parecer desesperado. – Ella aflojó ligeramente la presión.

– ¿Qué has dicho?

–Que lo retiro. Krum no es gay y no eras su coartada.

–Y que no se acercó a mí por el torneo de los Tres Magos.

–Vaaaale. Pero muévete ya que me haces daño so foca.

Ella se dio por satisfecha, ignorando el último insulto y se levantó del sofá. Draco rápidamente se colocó de lado, intentando que su inicio de erección no fuera evidente y regulando su respiración.

–Muy bien Malfoy, veo que contigo solo funciona el castigo corporal, lo tendré en cuenta para la próxima vez que cruces la línea.

Draco se limitó a bufar (y gemir) enfadado (y excitado aún más). ( ¿Por qué por un momento lo del castigo corporal le había sonado ¿sexy? Nooooo… atrás Pequeño Malfoy, atrás, contrólate. Es una Sangre Sucia no hay nada ahí para ti.)

–Ahora me voy a la cama, espero que hayas aprendido esta lección. – El tono de Hermione era exultantemente alegre.

Nuevo bufido en respuesta.

Cuando la puerta de la chica se cerró Draco saltó del sofá y se metió de cabeza en el baño. Definitivamente llevaba demasiado tiempo sin estar con una chica por lo que estaba decidido a desquitarse en la fiesta. La maldita Granger iba a verle siendo el rey, sería encantador, divertido y todas caerían rendidas a sus pies. Hasta la Sangre Sucia tendría que admitir que no había nadie como él. Se dio una larga ducha de agua fría que le cortó la respiración pero nuevamente se sentía con pleno control, volvía a ser el Draco de siempre. (Aunque seguramente aquella escena tardaría mucho en borrarse de su memoria para su ¿satisfacción? O ¿Desesperación? No lo tenía claro).

ooooOOOoooo

–¡Maldito Malfoy! Ese cretino va a saber lo que es verme enfadada. Mira que decirme que soy fea y que parezco un chico ¡es idiota!

Hermione se paseaba enfadada por la habitación hasta que se fijó en su reflejo en el espejo. La imagen era descorazonadora. Tenía el pelo revuelto y la camiseta gigante y los pantalones caídos no ayudaban mucho. Ella siempre se había considerado del montón. No se maquillaba o arreglaba demasiado pero ¿para qué necesitaba hacerlo cuando se pasaba las horas muertas en la biblioteca? Su madre siempre le decía que debía arreglarse para ella misma no para ningún chico, por lo que siempre había optado por ir aseada y sencilla. Ella se veía bastante bien generalmente (era obvio que Joshua se había fijado en ella vistiendo con normalidad). No era una chica a la moda pero tampoco era un desastre andante ¿o quizás sí lo era pero no lo había notado? Con un suspiro abrió el armario. Allí solo había jeans, un par de vestidos de verano sencillos y algunas camisetas de colores. Lo que no podía negar era que tenía poca ropa.

Con un gesto de derrota cerró el armario y se dirigió a su cómoda. Abrió el primer cajón y tomó el abultado sobre con dinero que su madre le había mandado con una nota: "para tus pequeños caprichos". En un principio había pensado gastarlo en libros, pero no estaba segura de que le cupieran a su vuelta y dejarlos le rompería el corazón. Además los Collins habían demostrado ser grandes lectores y la pila de libros prestados de su mesita de noche lo demostraba. Así pues, tomó una decisión: Iba a mejorar su vestuario con aquel dinero. Hasta ahora había podido hacer nuevos amigos solo con su personalidad, pero tocaba ir un poquito más allá y salir de su zona de confort. Al fin y al cabo hasta Malfoy lo había hecho (con mayor o menor acierto) y ella no quería quedarse atrás. Tomó el teléfono y buscó en la agenda hasta dar con el número correcto. Esperó a que al otro lado la voz somnolienta de una chica contestara.

– ¿Hermione? ¿Qué te pasa?

–Hola Sally ¿recuerdas que el otro día me comentaste que te llamara cuando quisiera ir de compras? – Preguntó con un ligero nerviosismo.

–Claro, cuando quieras – La voz de la chica se había animado al pensar en poder ir de compras sin tener que gastar su propio dinero.

–Pues mañana después de clase necesito tu ayuda. Quiero comprarme algo para la fiesta de Kenneth.

El silencio se hizo al otro lado.

– ¿Sally estás ahí?

–Sí, sí, es que me he emocionado. Por fin dejas de tener cuarenta años y vuelves a los diecisiete. La señora bibliotecaria se nos vuelve adolescente. – Ambas chicas estallaron en una sonora carcajada. Desde que se habían conocido Sally y ella habían congeniado. La muchacha era vivaracha y divertida. En cierto modo le recordaba a Ginny pero en rubio y con la cabeza un poco hueca. Era estupenda y las risas a su lado estaban aseguradas.

–Pues entonces mañana nos vemos ¡ve pensando cómo me vas a vestir!

–Siempre quise tener una Barbie– gimió Sally dramáticamente – pero mi madre decía que eran políticamente incorrectas por su canon de belleza. Ya sabes, feministas. Pero por fin tengo una para mí a tamaño natural.

– ¿Yo una Barbie? ¿Qué te has fumado?

–Sí, sí, una Barbie, de las castañas. Si tienes hasta el pelo igual. – Se rio maliciosamente.

– Las Barbies tiene el pelo liso y perfecto, nada que ver con el mío.

–Tu pelo está como cuando estás varios meses sin cepillar a tu muñeca y se vuelve encrespado y lleno de nudos, el suyo es exactamente igual. – Hermione suspiró. ¿Es que nunca acabarían los chistes sobre su pelo? – Pero el suavizante todo lo cura ¡vas a estar deslumbrante mi Barbie bibliotecaria!

–Lo que tú digas Sally, me pongo en tus manos. Hasta mañana. Y muchas gracias.

–Gracias a ti Hermione, esta noche no voy a poder pegar ojo pensando en qué estilismo vas a llevar ¡va a ser una tarde genial!

Hermione ya se estaba arrepintiendo de lo que había hecho, Sally podía ser demasiado intensa.

ooooOOOoooo

El viernes amaneció gris plomizo. El calor pegajoso se mezclaba con la humedad que había en el ambiente y que dificultaba el respirar. El pelo de Hermione estaba electrificado por lo que decidió recogerlo para evitar que alcanzara una altura tal que impidiera a media clase ver la pizarra. Draco se pasó todo el trayecto en el autobús interrumpiendo sus conversaciones con Josh de manera desagradable. Por suerte, el pobre Josh se había limitado a ignorarle con una paciencia imperturbable. Durante la mañana no se despegó de su lado en las primeras clases. Se pasó el día persiguiéndola, hasta se quedó fuera del baño de chicas todo el tiempo que estuvo dentro. Durante el almuerzo no dejó que se acercara a nadie y la obligó a comer con él a solas sentados en el césped para evitar las mesas comunes.

Pero la tolerancia de Hermione tenía su límite y llegó al punto cumbre cuando a comienzos la clase de química vio su cabeza rubia aparecer tras el cristal de la puerta.

– ¿Por qué estás tan pesado Malfoy? – le preguntó malhumorada abriendo la puerta.

–Te vigilo Granger. – Contestó él con un tono conspirador.

–Eso ya lo sé, no has sido nada disimulado pero ¿por qué?

–Por la apuesta, no quiero que hables con Trisha. Impediré que hagas trampas. – Hermione soltó un sonoro suspiro. Colocó su mano en el pecho y para sorpresa de Draco, le empujó fuera de la clase cerrando la puerta tras de sí.

–Eres un plasta. – Le gritó.

Se dirigió a su sitio nuevamente, ignorando las miradas interrogantes de sus compañeros pero, cuando se iba a enfrascar en un nuevo experimento volvió a ver una cabeza rubia y unos ojos grises que la vigilaban desde la parte inferior del cristal, intentando que el profesor, que acababa de llegar, no lo descubriera. La miraba con los ojos entrecerrados y pudo leer en sus labios la frase "no seas tramposa". Hermione solo bufó y comenzó a leer sus notas furiosamente. Tras unos minutos, la curiosidad le pudo y volvió a dirigir la mirada hacia la puerta. Draco seguía allí, mirándola con tan intensidad que podría haber fundido el cristal sin necesidad de magia y con un gesto rápido pegó un papel en el que podía leerse: "Sé una Gryffindor, di NO a las trampas".

Hermione no pudo evitar una ligera sonrisa. Ciertamente Draco se veía ridículo y desesperado, así que, decidió tomarse una pequeña venganza. Con gesto contenido (para evitar que la sonrisa se le escapase) se levantó hasta el sitio de Trisha, colocándose casi de espaldas a él para que le fuera imposible saber de qué hablaban. De vez en cuando le lanzaba miradas disimuladas por encima del hombro y con sus labios formaba frases del tipo "casi lo tengo" o "te odia" y disfrutaba con la cada vez más roja cara de Draco. Tras unos minutos de charla se volvió a su sitio y con gesto pícaro levantó dos dedos en señal de victoria con la mano izquierda. Podía ver como los ojos de Draco se habían inyectado en sangre por la rabia. Él tomó su cuaderno y empezó a escribir furiosamente una frase llena de insultos y promesas de dolor y muerte pero justo cuando iba a pegarlo al cristal la vio muerta de risa. Lo llamó silenciosamente "pardillo", le sacó la lengua en señal de burla y le enseñó lo que llevaba en la mano derecha. Se había limitado a pedirle un bolígrafo a la animadora y a ayudarla con la fórmula que necesitaban usar. Draco cambió su cara de enfado por otra de confusión, así que ella escribió una nota en su libreta y se la mostró: "Yo no hago trampas, ahora lárgate o te arrepentirás". Segundos después, ya no había ninguna cabeza rubia tras el cristal. La victoria era suya y pudo concentrarse por fin en las explicaciones durante el resto de la clase.

Por supuesto, Hermione en ningún momento se había planteado convencer a la animadora de nada. De hecho estaba contenta de que Draco acudiera a una fiesta muggle, era un gran paso en su formación y en su integración aunque el todavía no se hubiese dado cuenta. Sería una experiencia más para la aceptación aunque camuflada de apuesta. Por ahora todo estaba saliendo bien.

ooooOOOoooo

–Hermione ¿te queda mucho? Creo que es la primera vez que termino de arreglarme antes que tú y eso que me tomo mi tiempo.

Draco se miró una vez más al espejo y se sonrió a sí mismo. Desde luego aquella noche iba a triunfar.

–Listo, vámonos ya, por fin he encontrado mi bol… ¿pero, por qué vuelves a disfrazarte? Creía que habías hecho progresos.

Draco se lanzó una nueva mirada y torció el gesto. Para aquella ocasión había querido ser más rompedor y moderno. Esa tarde había tomado prestadas un montón de revistas de Mila (vale, prestadas o más bien robadas a una niña de ocho años que había estado buscándolas berreando por toda la casa y que él se había limitado a ignorar) cuyas portadas estaban plagadas de jóvenes modernos y admirados. Tras estudiarlas detenidamente (y tras esconderlas prudentemente bajo su colchón para que nadie pudiera encontrarlas hasta que las devolviera) se decantó por lo que llamaban algo así como Urban Chic pero dándole su propio toque, siguiendo las pautas que había visto de un tal Harry Styles ídolo de aquellas preadolescentes y al que nombraban casi como una eminencia en cuanto a moda. El chico, componente de un grupo de música, se atrevía con camisetas bastantes extravagantes, así que, en un alarde de originalidad pensó trasladar lo que había visto en fotos pero a sus pantalones, para que nadie pudiera acusarle de plagiarle el estilo.

Tras mucho pensarlo se decidió por un pantalón pitillo cargo, de esos que quedaban cortos y que le hacían enseñar tobillo (según las dependientas enseñar tobillo era los más IN, aunque no tenía muy clara esa expresión pero había deducido que era algo bueno) con estampado militar en tonos verdes y marrones brillantes que, en un alarde de imaginación, combinó con una camisa blanca y una americana negra. Para no ser muy formal (aunque aquellos pantalones eran el toque sport) se calzó una de sus carísimas zapatillas negras con una suela gigantesca blanca (a juego con la camisa y la chaqueta, por supuesto) y para finalizar el toque maestro del que se sentía especialmente orgulloso: Muchos chicos afroamericanos de las revistas llevaban gruesas cadenas de eslabones, así que ni corto ni perezoso se puso dos en tonos dorados que relucían de lo pulidas que estaban y aunque cuando las compró les parecieron algo exageradas, combinaban perfectamente con su arriesgado look.

–Esto es moda Granger – le contestó él dolido a la vez que se apartaba el flequillo de los ojos – Los de One Direction visten así y son lo más. Tengo estilo, te guste o no.

– ¿One Direction? ¿En serio? ¿Pero tú sabes quiénes son o a qué público van dirigido? – Él se encogió de hombros con indiferencia.

–Sé que marcan tendencia y aquí estoy yo para recogerla. Además, no puedes acusarme de ir disfrazado teniendo en cuenta cómo vas tú.

– ¿Y de qué se supone que voy yo? – Le preguntó entrecerrando sus delineados ojos.

Él se acercó lentamente y la estudió durante unos segundos. Llevaba un vaporoso y cortísimo vestido de tirantes en color azul Klein. El tejido, de una gasa suave y ligera, se arremolinaba alrededor de sus muslos dando a sus piernas una largura casi infinita y que terminaban en unas sandalias abotinadas tipo lace up del mismo color. Aquellos zapatos la elevaban más de diez centímetros, haciéndola casi tan alta como él y lo que era peor, entre el escote trasero, que le llegaba justo hasta el final de la espalda y aquellos taconazos de vértigo, su respingón trasero se hacía más patente que nunca. Pero aquello no terminaba allí, la altura era perfecta para tener una gran panorámica de su profundo escote en V que le mostraba que Hermione tenía pechos (¡y que pechos! Madre mía con la Sangra Sucia ¿de dónde los había sacado? ¿Sería relleno? Seguro que sí porque si no, sería para matarla por haberlos escondido durante los últimos siete años.) Con fingida indiferencia tomó la parte de debajo de la gasa y torció el gesto al ver que la tela era casi transparente pero para su desgracia llevaba un forro debajo más ajustado que marcaba sus caderas. En todo momento evitó mirarla a la cara para que ella notara su mirada de adolescente baboso. La había visto a través de su reflejo en el espejo y llevaba un maquillaje ligero que realzaba sus grandes ojos marrones y un labial que se debatía entre el rojo y el rosa. Además, por una vez su pelo caía con suaves ondas que enmarcaban perfectamente su rostro. Con un movimiento seco ella le golpeó la mano para que soltara la gasa.

– ¿Y bien? ¿De qué voy disfrazada? – volvió a preguntar con impaciencia.

–Mmmmmmmm ¿de mini prostituta? – La picó él (no podía decirle bajo ningún concepto lo tremenda que estaba con esa ropa y que a partir de ahora sus noches pensando en su sujetador habían quedado atrás a favor de aquel vestido y de lo que escondía)

–Vete a la mierda Malfoy eso no te lo crees ni tú. – Ella se giró con rabia. Habían pasado mucho tiempo Sally y ella eligiendo aquel vestido. Se salía completamente de su zona de confort pero al ser vaporoso había cedido ante los cumplidos de su amiga y de la dependiente. Cuando había terminado de maquillarse se había encontrado bastante guapa, pero con solo aquellas dos palabras "mini-prostituta" toda su confianza se había esfumado. Por un segundo se planteó cambiarse o mejor aún, no asistir a la fiesta. Draco notó su cambio de actitud y cómo su expresión se había tornado preocupada por lo que se decidió a intervenir.

– ¡Esa boca Granger! no me esperaba de ti ese tipo de palabras – Le regañó con tono afectado y cambiando a otro más burlón añadió –Pero ¿quién soy yo para juzgarte? Al fin y al cabo me dejo asesorar por una niña de ocho años, así que tampoco me hagas mucho caso. Mejor nos vamos a la fiesta.

Hermione se relajó un poco, tomó su bolso y empezó a dirigirse hacia la casa principal. Draco había reculado cuando se había reído de ella y en el fondo él tenía razón ¿quiénes eran ellos para juzgarse mutuamente? Él se dejaba guiar por una niña de ocho años que compraba compulsivamente revistas para adolescentes y ella… bueno, ella lo intentaba y poco más.

– ¿Se puede saber a dónde vas? – Le preguntó Draco con los ojos entrecerrados.

–Le preguntaré al Señor Collins si puede llevarnos a la fiesta.

– ¡Ni de coña Granger! No puede llevarnos el director ¿estás loca? Todo lo que he conseguido se iría a la porra.

Ella le dedicó una larga reflexión. Desde luego tenía razón, que el Director los llevara a una fiesta que posiblemente ni los padres de Kenneth sabían que se celebraba no era la mejor opción.

–Vaaaale ¿Y si se lo pedimos a Joshua? Quizás su padre le deje el coche…

–PAAAAASO. No voy a dejar que me vean con ese perdedor y menos si tengo que pedirle un favor. – Draco frunció el ceño y cerró en banda.

–Pues vamos en autobús, pasa uno a dos manzanas.

–El bus es de pobres Granger. No pienso ir en bus. – Ella le lanzó un bufido de desesperación.

– ¿Y cómo quiere ir su majestad a la fiesta? ¿En escoba? Te recuerdo que no podemos usar magia.

–Le pediré a Mila que llame a un taxi.

–Pero está demasiado lejos, será carísimo y…

–Es perfecto Granger. Desde luego si tuviéramos coche sería todavía mejor, pero a falta de ello pediremos el más grande del que dispongan.

Hermione se vio por un momento yendo en limusina a la fiesta, así que decidió morderse el labio y no seguir replicando. Llegar en taxi sería menos malo y menos vergonzoso sin duda.

–Tú ganas, vamos en taxi yo llamaré.

ooooOOOoooo

Desde luego su llegada no había pasado inadvertida para nadie. Trisha estaba esperando a Draco en la entrada de la casa y cuando lo vio aparecer ella y sus amigas empezaron a gritar lo Trendy y arriesgado que iba para ser una fiesta. Trisha se encargó de dejar claro a todas lo carísimo que era su conjunto y la imaginación que había demostrado al combinar algo tan sport como aquellos horrorosos pantalones con la chaqueta y las dos gigantescas cadenas doradas. Tras diez minutos de explicaciones Hermione tuvo claro que o bien Trisha no tenía ni idea de moda o sí que la tenía pero que debía demostrar a todos que su pareja estaba a su altura para no quedar ella misma en ridículo ante las miradas entre divertidas e incrédulas de la mayoría con los que se cruzaban.

–He ganado la apuesta – le susurró él inclinándose de lado mientras se encendía un cigarrillo con un encendedor dorado que tenía grabado el monograma de la familia Malfoy.

Hermione le miró con desagrado.

– ¿Tú fumas Malfoy? Uggggghhh.

–Desde tercer curso Granger, me han castigado mucho por pillarme fumando en los baños – Draco no pudo dejar de notar que cada vez que ella le regañaba o se enfadaba siempre usaba su apellido. –Llevamos tres semanas viviendo juntos ¿y ahora te enteras? Fumo cada noche tras hacer los deberes, fuera para que la casa no huela a humo. – Y con tono de reproche le soltó – ¿En serio no te habías dado cuenta?

(La verdad es que no había probado un cigarrillo desde que había llegado a Miami, pero ella no tenía por qué saberlo y sabía que aquello la martirizaría. ¿Él llevaba tres semanas fumando sin que nadie le hubiese dado la charla motivadora sobre lo malo que era el tabaco? ¡Inaceptable!)

Hermione lo miró entrecerrando los ojos, segura de que él se burlaba de ella.

–De todas formas, es una costumbre asquerosa. – Replicó ella con desagrado.

Draco se encogió de hombros. Él era más bien un fumador social. En las fiestas de Slytherin había empezado gracias a los alumnos mayores que les retaban a fumar hasta que se mareaban, lo mismo que con el alcohol y por supuesto, había probado otras sustancias que había decidido por voluntad propia abandonar de manera temprana. Pero con los años el fumar se había vuelto un hábito al que recurría cuando estaba nervioso, como en aquella fiesta donde no conocía a nadie, pero eso ella no tenía por qué saberlo.

En un intento de llamar la atención Trisha, con un gesto coqueto, le quitó el cigarrillo de los labios y le dio una larga calada, para terminar lanzando el humo de manera tan provocativa que a Hermione se le revolvió el estómago, así que decidió adentrarse en la casa e ignorar a aquellos dos babosos que habían empezado a sonreírse y a cuchichear.

Sally corrió a recibirla con un vaso rojo de plástico lleno de cerveza tibia.

–Tíaaaaaaa – gritó su amiga ligeramente ebria – estás impresionante, ya verás cuando Joshua te vea. – Y comenzó a llamarle a voz en grito por cada una de las habitaciones.

Hermione estaba completamente abochornada, todo el mundo las miraba y pudo notar que un par de sus compañeros se daban codazos señalándola a la vez que hacían gestos obscenos.

–Eres la más bonita de toda la fiesta – le dijo una voz suave pegada a su cuello. – Creía que era imposible que estuvieras más guapa y de repente, me dejas sin palabras.

La voz aterciopelada de Joshua hizo que se le pusiera la piel de gallina. Se giró hacia la voz y allí estaba él con melena rizada y sus preciosos ojos verdes que la miraban como nadie lo había hecho hasta ahora. Ella se limitó a sonreír avergonzada y halagada a partes iguales.

– ¿Bailas? – Preguntó a la vez que la tomaba suavemente por la cintura y la acercaba a donde el resto estaba saltando con una de las canciones del momento.

Hermione no era buena bailarina pero Josh tampoco lo era, así que rápidamente se unieron al resto dándolo todo y riendo como locos, dejando atrás la vergüenza. Sally no tardó en unírseles y posteriormente aparecieron el resto de pandilla que ya estaban achispados por la cerveza.

–Creía que aquí no se podía beber hasta los veintiuno. – Comentó Hermione mientras saltaba al ritmo de la música.

–Y no se puede – gritó Josh – pero ¿a quién le importan las reglas? Así es más divertido – Y le pasó uno de aquellos vasos rojos a Hermione que se limitó a sostener sin probarlo.

Ella había bebido muy poco alcohol en su vida. Sus padres le permitían alguna copa de champagne en Navidad o Año Nuevo y por supuesto, había alcohol en las fiestas de Gryffindor, pero no se sentía nada cómoda rompiendo las reglas. En otro momento de su vida habría echado la bronca a Josh (como tantas veces lo había hecho con Harry, Ron o Ginny) pero ahora se limitó a dejarlo pasar, lo que supuso un gran esfuerzo por su parte.

La música se hizo cada vez más animada, incluso reconoció algunas canciones y pudo corearlas a voz en grito junto a Sally que la hacía girar o que la empujaba "sin querer" a los brazos de Joshua que la agarraba por la cintura y le susurraba algunas palabras sueltas de las letras de las canciones, consiguiendo que se estremeciera por el contacto de su aliento cerca de su oído.

Hermione estaba divirtiéndose en una fiesta por primera vez en vida y ahora entendía el por qué a sus compañeros les gustaba tanto. ¡Era todo un descubrimiento!

–Acompáñame al baño – le dijo Sally mientras tiraba de su mano. Con una última mirada, Hermione se despidió de Josha que le guiñó un ojo y siguió bailando y bebiendo con el resto. – Creo que es en la planta superior o eso recuerdo de la última vez que estuve aquí.

La casa de Kenneth era bastante grande pero no lo suficiente para la cantidad de personas que allí había. En la planta de abajo había dos salones gigantescos y una salita independiente completamente llenos de alumnos de su instituto y otros que no había visto en su vida. En la cocina, había bowles con patatas fritas, frutos secos y aperitivos de varios tipos que los chicos devoraban con ganas. Tres alumnos rellenaban los vasos con un barril de cerveza al que le habían acoplado un grifo casero que hacía que el líquido saliera con tanta presión que casi todo era espuma, aunque a nadie parecía importarle. Varias chicas bailaban sobre la isla de la cocina de manera sensual y un grupo de lo que parecían universitarios las miraban con deleite. Aunque en aquella planta había un par de baños, Sally la llevó al de arriba porque había menos cola. En la planta superior estaban las habitaciones, seis según le comentó Sally, tres de ellas con baño propio y se deslizó dentro de una, a pesar de que parecía estar ocupada por una pareja a la que le dio igual que entraran.

Hermione se asomó por la preciosa barandilla de caoba y se dedicó a observar a sus compañeros. Desde allí arriba veía parte de la sala. Kenneth, el dueño de la casa, llevaba un aparatoso vendaje para su hombro herido, por lo que no bailaba sino que se limitaba a beber y reír con los chicos del equipo de fútbol. Cuando la vieron, empezaron a gritar su nombre y a brindar por ella invitándola a bajar para enseñarle "lo que era la caballerosidad sureña". Ella se limitó a sonreír y declinar su oferta para decepción de sus pretendientes. En cuando el grupo divisó a otra chica conocida, la olvidaron y se centraron en una nueva presa.

Desde su posición también podía ver a Joshua, que en aquel momento charlaba con un grupo de chicos mayores tan bronceados como él. Seguramente también serían surfistas. Y de repente sus ojos se centraron en una figura que la miraba inquisitivamente. Draco estaba sentado en un sillón orejero de unos de los salones y la miraba directamente. Con un vaso en una mano y un cigarro en la otra se dedicaba a ignorar a Trisha que estaba sentada en el reposabrazos y prácticamente le comía la oreja mientras hacía grandes esfuerzos por llamar su atención. Draco no parecía muy contento y al parecer Kenneth tampoco en cuanto se dio cuenta de su presencia ya que él y los del equipo le señalaron. Los jugadores del equipo de rugbi empezaron a hacer crujir sus nudillos con cara de pocos amigos mientras se dirigían hacia el otro salón mientras Draco parecía ajeno a todo a su alrededor, tan centrado como estaba mirándola. Hermione le hizo un gesto desesperado, señalando al grupo que le buscaba. Él lo pilló rápido y sin pensárselo, tomó a Trisha de la mano y se mezcló con la gente que había para desconcierto de los que les buscaban, que parecían tan borrachos que no coordinaban correctamente.

Hermione suspiró aliviada y decidió tomárselo con más calma el resto de la noche, vigilando a Kenneth y al resto, por si acaso.

A eso de las tres de la mañana muchos se habían marchado ya a casa. Por fin se podía caminar por las habitaciones ya que la gente se había ido separando por grupos. Hermione y sus amigos estaban en el pequeño salón, sentados alrededor de un sofá. La música seguía atronando en el resto de habitaciones, por eso habían elegido aquel rincón para descansar después de tanto bailar, les apetecía hablar un poco y contar anécdotas en las que alguno siempre salía ridiculizado, para regocijo del resto. Contando a Hermione, Sally y Josh eran 9 personas, la mayoría sentados en el suelo o sobre los caros cojines de la madre de Kenneth.

–Hermione, te toca. Cuéntanos una anécdota divertida de tu escuela, seguro que un internado da para muchas – la animó Érika, una guapísima pelirroja cuyo top apenas cubría sus gigantescos pechos, que captaban la mirada de todo aquel que caminaba cerca de ella.

–Bueno, en los internados no ocurren cosas muy divertidas la verdad – mintió ella – es todo un poco aburrido ya que no tenemos tiempo libre. – Al fin y al cabo ¿cómo iba a contarle sus aventuras con Harry y Ron sin descubrir a aquellos muggles que era una bruja? ¿cómo podía hablarle de la clase de transformaciones y los intentos de ella y de sus compañeros por transformar un cepillo en un pájaro y lo cómico que había resultado ver como el de Neville salía volando por la venta a medio transformar? Negó con la cabeza. – Es un sitio aburrido.

Todos estaban desencantados hasta que una voz a su espalda los interrumpió.

–Pues yo recuerdo a cierta chica golpeando a un compañero indefenso. – Draco entró en la estancia de la mano de Trisha y se sentó junto al resto en el suelo con cuidado de no derramar su bebida.

– ¿Golpeaste a un chico Hermione? – Gritó Sally eufórica – ¡Cuéntanoslo ahora mismo!

Hermione no despegaba los ojos de Draco que la miraba divertido.

–Está bien… mi colegio está dividido por eumm… facciones. Es decir, hay varios campus y cuando llegas te vas a vivir durante toda la formación con tus compañeros que se convierten en tu familia.

– ¿Como las hermandades cuando vas a la universidad? – Preguntó Érika.

–Sí, exactamente, como las hermandades, pero con niños desde los diez hasta los dieciocho. Cuidamos unos de los otros. Pues bien, yo estaba en la hermandad roja y cierto chico estaba en la hermandad… verde. Este chico, se pasaba el día metiéndose con nosotros, haciéndonos la vida imposible, sobre todo con mis mejores amigos, Harry y Ron, así que un día, cuando estábamos en… tercero creo recordar, tendríamos unos trece o catorce años, estábamos en el jardín de la escuela y comenzó nuevamente con sus insultos. Reconozco que no tenía un buen día, ya estaba enfadada por otra cosa, así que cuando ya no pude más le golpeé con todas mis fuerzas en la cara. – Hermione estaba roja como un tomate. No era una historia de la que se sintiera especialmente orgullosa.

–Y me mandó a la enfermería con la nariz rota. – Concluyó Draco entre risas.

– ¿Eras tú? – Gritó Trisha sorprendida.

–Sí. Me dio tal derechazo que me tiró de espaldas, me rompió la nariz y cuando vi la sangre me mareé tanto que casi me desmayo. Fue realmente bochornoso que me tumbara una chica y encima de un solo golpe– Los ojos de Draco se mostraban divertidos. Seguramente había bebido más de la cuenta.

–Te lo merecías.

–Eso no lo pone nadie en duda pero podrías haberte cortado un poco, estaba delante de mis amigos, se estuvieron riendo de mí el resto del curso. Me llamaban 1-a-0-Malfoy. Tuve que pelearme mucho para limpiar mi buen nombre.

–Para los míos fui una heroína, a pesar del castigo. En mi casa hasta montaron una fiesta en mi honor.

El resto de los chicos estaban todos en silencio, atentos al intercambio de palabras de ambos que se habían adueñado de la conversación sin proponérselo. Por supuesto Trisha no lo permitió, así que con una mueca les gritó a todos:

–¡Juguemos a verdad o atrevimiento!

La mayoría de las chicas secundaron la idea con ilusión. Los chicos se limitaron a dejarse llevar como si se resignaran a participar en aquel juego infantil. Hermione le dio las gracias con un gesto a Draco por permitirle contar aquella historia, supuso que como pago por haberlo advertido horas antes.

–Empiezo yo – dijo Trisha. La chica había notado una mirada que no le había gustado nada entre ambos. Hermione estaba guapa, eso no podía dudarse, lo que ya de por sí era un problema. Cuando era la chica sosa que le gustaba a Josh la había dejado pasar, pero con aquella transformación debía vigilarla de cerca y más si había posibilidades de que le hiciera sombra. – A ver Josh verdad o atrevimiento.

–Verdad. – Respondió él rápidamente.

– ¿Quién te gusta del instituto? – Trisha había ido directo al grano. Ella sabía el tonteo que había entre Hermione y él, que no llegaba a ninguna parte, así que decidió que ya era hora de poner las cartas sobre la mesa para que empezaran a salir de una maldita vez y así Draco se centrara en ella.

–Bueno, creo que es bastante evidente – contestó él sin una pizca de vergüenza – Es Hermione. Todos lo sabéis ya, hasta ella ¿no es así?– y la miró con una ceja alzada y con una sonrisa de autosuficiencia pintada. Hermione por su parte miraba al suelo roja como un tomate, sin atreverse a decir nada, solo asintió ligeramente.

(Cerdo arrogante, esta me la pagas, no pienso dejarte con Granger a solas NUNCA)

–Aleluya – gritó Mark, uno de los chicos del grupo de surfistas y todos dieron un respingo– por fin dejaremos de escucharle llorando por las esquinas a la espera de una oportunidad para declararse. – La cara de Joshua era un poema y se le había borrado todo rastro de seguridad de su rostro.

Por su parte Draco lo miró con los ojos entrecerrados. Apagó el cigarrillo que acababa de encender echándolo en su vaso con cerveza. Ese maldito Joshua le había adelantado (ASQUEROSO, ASQUEROSO, ASQUEROSO y Estúpido Joshua, vale a él Granger no me interesaba lo más mínimo pero ¿declararse de esa forma? Será, será…Gryffindor el tío)

Joshua a su vez retó a Érika a beberse dos vasos completos de cerveza de un tirón, lo que la dejó completamente fuera de juego durante un rato. Mark, le sacó a Trisha la verdad sobre lo que había hecho en el armario con un tal James hacía dos años. Cuando lo contaba Trisha no paraba de lanzarle miradas a Draco que parecían prometerle mucho más si él se encerraba en el armario con ella. Y Trisha a su vez consiguió que Sally hiciera un baile sensual para Hermione, que la miraba muerta de risa mientras la chica le ponía morritos e intentaba robarle un beso para deleite de todos ya que estaba bastante bebida y lo que ella consideraba sexy era más bien un torpe intento de lo que parecía un baile tribal con torceduras de tobillo por sus tacones incluidas.

–Vale, me toca. – Sally se dejó caer al lado de su amiga y le pasó un brazo por los hombros – Hermione ¿verdad o atrevimiento?

– ¿Atrevimiento? – contestó ella sin mucha convicción mirándola con temor.

–Como me caes bien, te voy a hacer un favor… te reto a que beses a…. ¡Josh! – Todos empezaron a corear sus nombres cuando vieron a Hermione ponerse roja como tomate. Con trabajo se puso de rodillas y se acercó a Joshua, que también estaba sentado en el suelo. Hermione no sabía dónde mirar, el corazón le iba a mil por hora. Aún de rodillas, se sentó sobre sus piernas, quedando frente a Joshua que, con toda la delicadeza del mundo, le puso una mano en la mejilla y la acercó a él para finalmente besarla.

Draco aplastó el vaso de plástico de manera inconsciente, derramando parte del contenido sobre Trisha que protestó en voz alta y se apartó de él. Draco ni siquiera la miró, solo tensó la mandíbula y dirigió una mirada cargada de desprecio a ambos.

(¿Pero cómo se atreve? Y lo más importante ¿es que acaso no tienen que respirar? ¿Pero cuánto va a durar esto? Puajjjj que horror besar a esa Sangre Sucia ¿es que el Estúpido Joshua no tiene dignidad o criterio? Vale que esta noche esté ligeramente bonita pero míralo, si es que a este paso se la traga. ¿Es eso la lengua de él recorriéndole los dientes? ¿Es que le está contando los empastes o revisando las amígdalas? Pobre Hermione, este tío no tiene ni idea de besar. En el fondo hasta ella es la que me da pena. Joder ¿no van a parar nunca o qué? ¿Esto no roza ya el inicio del porno? Todavía les tengo que tirar algo para ver si así se despegan).

Por un momento Draco valoró el tirarle el vaso machacado que continuaba sosteniendo en su mano pero desechó la idea porque sabía que no podría acertarles sin llenar de cerveza al resto. Por suerte fue el resto el que con sus "vale ya", "con qué ganas la has pillado" y sus "de esta la dejas embarazada sin tener que tocarla" los que los hicieron separarse.

Hermione volvió a su sitio tan roja que parecía que le iba a dar una embolia de un momento a otro.

–Muy bien Joshua, te toca – dirigió Trisha con una sonrisa triunfal, segura de que ya se había quitado a una competidora de en medio y dispuesta a que el reto de él fuese exclusivo para ella.

–Me vas a perdonar "querida" Trisha – Interrumpió Kenneth claramente borracho y poniendo mucho énfasis en la palabra querida. – Ahora seré yo el que elija al siguiente. –Trisha le dedicó una mirada de profundo odio pero no se atrevió a replicar.

Draco se tensó inmediatamente. Kenneth estaba de pie, por lo que se encontraba en inferioridad de condiciones si decidía pegarle aunque por lo mucho que se tambaleaba dudaba que pudiera encajarle ningún golpe.

–Como sabéis soy tan, tan, buena persona, que a pesar de que alguien me ha roto el hombro – y señaló con la otra mano a Draco que apretó la mandíbula preparado para el golpe – he permitido que Trisha lo trajera de pareja. Ella es taaaaan buena amiga que, a pesar de que es mi cumpleaños y mi casa, me ha obligado a aceptarle, así que es hora de agradecerle este gesto. – Puso una mano sobre el hombro de Draco que estuvo a punto de girarse para golpearlo en modo preventivo. – Ya que nuestro "amigo" es de los que defienden a las chicas, creo que deberías recibir un premio. – Las caras de todos iban de la preocupación a la confusión por las palabras de Kenneth ¿defender a la chicas?. – Muy bien Malfoy, ahora besa a tu amiguita. – Draco lo miró desde abajo sin comprender.

– ¿Que bese a Trisha? – le preguntó más relajado al ver que no iba a recibir ningún golpe.

–No, estúpido, a tu amiga la inglesa. La que ahora está tan buena.

– ¿Te refieres a Hermione? – Kenneth asintió.

–A por ella machote. – Y le agarró del brazo para obligarle a levantarse.

Draco estaba tan en shock que se dejó llevar y cuando se dio cuenta estaba frente a Hermione que lo miraba horrorizada.

ooooOOOoooo

¡Hasta aquí podemos leer! ¿Qué os ha parecido? ¿Muy largo? ¿Muy corto? A mí me hace mucha gracia Draco y sus reacciones "celosas". Por lo menos ya se van tratando algo más como amigos. ¿Y Josh con esa forma de bailar y ese beso? Difícil lo va a tener nuestro rubio favorito a este paso.

Espero actualizar pronto ya que casi todo el siguiente capítulo está escrito. Espero vuestro reviews. Gracias

SabrilFG