¿Hay alguien aquí?

Aparece quitando las telarañas a su cuenta.

Espero que sí.

¡Hola mis queridísimos y fieles lectores! Si es que aún queda alguno con ganas de leer los desvaríos de esta pobre loca. En serio, creo que ni poniéndome de rodillas llego a disculparme lo suficiente por la tremenda demora. Digo, no he actualizado desde hace muchísimo tiempo. Pero, ustedes saben que estaba en la U y pues pasé por momentos de adaptación muy difíciles. Estoy en una Universidad muy exigente en la que tengo que dar el 110% en todo lo que haga como mínimo y pues, todos me han dicho que el primer semestre es el más difícil (Gracias por su apoyo, queridas amigas y amigos universitarios). Acabo de iniciar el segundo semestre, deséenme suerte =D

Cabe mencionar que esta es una historia muy difícil de llevar. Son cuatro parejas en proceso de construcción, cada una con una historia completamente diferente por lo que muchas veces es muy, demasiado frustrante escribir para todas sin que la principal pierda protagonismo. En realidad es una historia muy conflictiva. Sin mencionar que cuando tenía como 12 hojas de capítulo mi USB se murió y tenía el respaldo de tres mugrosas hojas ¬¬. Os juro que si no me gustara y lo más importante LES GUSTARA A USTEDES (Siempre me lo demuestran a través de sus hermosos RR) ya la habría dejado hace tiempo XD.

Pero, como es tan bien recibida, la sigo hasta que ustedes me demuestren que ya no quieren leer más xD (que espero, no pase)

Bueno, ya soy mayor de edad y con ello y mi regreso por estos lares he traído muchas cosas nuevas. Entre ellas, com OS de diversas historias. Si quieren leerlas, adelante, sus comentarios serán siempre bien recibidos.

Otra cosa, no he dejado RR a nadie y me disculpo por eso. Dios quiera y pase en todas las materias que tomé este semestre y tendré tranquilamente un par de meses para leer y escribir.

Entre las innovaciones de las que he hablado previamente pues está, una página de "likes" en Facebook. Está a nombre de Sakura Tachikawa y tiene mi foto de perfil. Fue creada sin fines de lucro, únicamente como una forma de interactuar con los seguidores de mis historias. He invitado a aquellos de quienes tengo el Facebook pero, no es de todos. La página de Likes es otra cosa, espero que la visiten y le den su Like. Es un rinconcito creado para recomendaciones de Anime&Manga, novelas románticas, Fics y cualquier otra cosa. Preguntas, inquietudes, guía sobre cómo dejar RR, etc.

Pueden seguirme en Twitter, si ya no usan mucho el Facebook: (Arroba)AleReyesMolina.

Estoy pensando en adaptar novelas cortas que he leído últimamente a Mimato. Son historias que por supuesto me han encantado. Aunque, no son mías. Sería una forma de mantener activo el mundo del Mimato y aumentar los fics. Por lo pronto empezaré con uno, mi favorito. Dependerá de la aceptación de aquel para seguir adelante con más adaptaciones de otras historias. Porque, les soy muy sincera, cuando estoy en clases escribo poquísimo. Es muy difícil concentrarse en ambas cosas para que las dos sean perfectas y a la final no se puede hacer ni la una ni la otra. Así que en clases les subiría semanalmente actualizaciones de las adaptaciones en lo que preparo el siguiente capítulo de la historia.

Respecto al capítulo, léanlo con tiempo calma y mesura porque está EXTREMADAMENTE largo y me disculpo de antemano. Ustedes se portaron maravillosos y me dejaron más de 50 RR! Casi muero de gusto. En realidad, muchísimas gracias.

Espero que este capítulo tenga más, muchos más ;) Porque creo que, a pesar de la tardanza, me lo merezco.

En fin, no mentiré, estoy nerviosa, no sé que tan bien será recibido este capítulo. Pero, confío en ustedes.

No me decepcionen :), ahora no los interrumpo más y os dejo con la lectura.

¡Disfruten!


Capítulo X: A Chance, a Hope, a New Road.

El clima era fresco. Empezaba a enfriar. No era de extrañarse puesto que el otoño estaría acercándose. Claro, ahora lo sentía más porque iba con el pelo corto. Se sentía extraña sin su larga melena, era como si estuviera expuesta. Como si por primera vez en su vida estuviera enfrentándose al mundo absolutamente sola. Sin Taichi o Takeru para defenderla.

La mención de su mejor amigo trajo a su mente dulces y amargos recuerdos de los acontecimientos vividos hace pocos días.

¿Podrá, algún día aniquilar lo que siente por él?

-Entonces, Kambara me dio un pase, le hice una finta a los defensas y marqué el gol que nos llevo a cuartos de final desde el otro lado de la línea. ¿Qué te parece?

Hikari regresó a ver a Daisuke expectante. Encontró al castaño en la puerta de su apartamento cuando se disponía a ir al colegio y se ofreció a acompañarla. No pudo decirle que no, no había motivos para hacerlo. Aunque últimamente estuviera sobre ella a cada paso que da y resultase un poco asfixiante, Daisuke era el mejor escudo contra Takeru que conocía. Cuando estaba con él, el rubio ni se le acercaba y eso era lo que quería.

Se repetía constantemente que eso era, lo mejor para ella.

-¿Hikari?

El castaño la llamó y ella se vio obligada a salir de sus cavilaciones y regalarle una sonrisa. ¿De qué hablaban? De algo sobre el soccer. Sí, de cómo el equipo de su instituto había llegado a los cuartos.

-Felicidades.-Dijo la menor Yagami sinceramente.-El equipo la tendrá difícil cuando te gradúes este año.

-Es cierto, no hay nadie como yo.-Comentó el castaño con el cabello alborotado pagado de si mismo.-Pero Kambara hará un gran papel, lo sé.

Daisuke se parecía muchísimo a Taichi. Ambos eran despreocupados, alegres y vivían porque el soccer existía. También eran unos cabezotas y explosivos. Se supone que eso era una de las cosas que le gustaba de Taichi.

¿Por qué no puede pasarle lo mismo con Daisuke?

Tendría que estar ciega para no darse cuenta que el capitán del equipo de soccer estaba coladito por ella. Y Motomiya no sólo era una buena persona sino que también era muy atractivo. Proporcionalmente, al menos un cuarto de las chicas del colegio suspiraban por Daisuke.

Pero no. Ella tenía que pertenecer al setenta y cinco por ciento que bebían los vientos por Takeru Takaishi.

-¿Takaishi?

Hikari alzó la vista ante la mención del nombre de su mejor amigo y ahí le vio. Rodeado por, al menos cinco niñas de cursos inferiores e incluso de otros colegios y él les sonreía con descaro. Claro, como ella ya no se encontraba con él para ir juntos desde la estación del metro, Takeru podía encontrarse con sus diez mil admiradoras. Ahora que ella no está a su lado es como si el atractivo del rubio se hubiese multiplicado por mil y de seguro eso le gustaba.

Sin embargo, no fue dicha lo que vio en sus ojos cuando éste los miró fijamente, primero a ella y luego a Daisuke. Sus orbes azules denotaron primero sorpresa para que luego sus cejas se juntasen frunciendo su ceño. Estaba molesto. Podía asegurarlo, lo conocía demasiado bien como para aseverar aquello. Y justo antes de que pudiera seguir descifrando lo que la mirada de Takeru denotaba, este se giró indignado.

Con qué derecho Takeru la miraba así. Acusándola de algo, como si hubiese asesinado, robado o cometido adulterio. Sintió muchísimo coraje.

Pero, a pesar de ello se mantuvo estoicamente y puso cara de póker antes de volverse a Daisuke.

-Vamos, llegaremos tarde.

Hikari apremió al castaño y se metieron en el primer metro que pasó sin importarles si estaba o no atestado de gente. Afortunadamente no lo estaba y ella alcanzó a sentarse con el castaño parado frente a ella y mirándola cuidadosamente.

-Os habéis peleado.-Señaló el muchacho. No lo preguntaba, lo aseveraba. Hikari no pudo decir nada contra eso.-Debía imaginarlo.

-Daisuke…-Tenía que decirle que no era por eso por lo que pasaba más tiempo con él. Pero nunca se le ha dado bien mentir.-No es…

-Shh.-La atajó el muchacho poniéndose en cuclillas frente a ella y poniendo un dedo sobre sus labios.-No me importa Hikari.-Le aseguró con una de sus despreocupadas sonrisas.-Siempre he pensado que sólo necesito una oportunidad para convencerte que te quiero y ahora que la tengo, créeme cuando te digo que lo que menos me importa es cómo la conseguí.

-Pero…

Las imágenes de Takeru rodeado de chicas, como siempre le afectó. Lucía tan despreocupado que le entraron unas terribles ganas de ir y sacudirlo porque ella sufría por su lejanía y él no. Él estaba tan fresco y rodeado de tantas chicas como le era posible. Para colmo la miró y fue cómo si le estuviese recriminando algo cuando él no tiene ningún derecho a decirle nada estando tan bien acompañado. Así como ella tampoco tiene derecho de reclamar nada. Fue su idea marcar distancia, no podía decir nada si a él le importase poco mientras que ella se estaba muriendo lentamente.

-Sé que quieres a Takaishi.-Admitió con leve pesar.-Pero, también sé que yo te quiero a ti. No te pido que iniciemos una relación ahora. Pero quisiera que empieces a conocerme mejor. Quien sabe y hasta te resulto mejor partido.-El castaño observó como Hikari aún se mantenía seria y pensativa.-Venga, para que no te sientas mal. Te confieso que sólo quiero conquistarte para que Taichi no me haga trabajar tan duro y me tenga siempre de titular en los partidos.

Y ella rió. Cómo no había reído en una semana.

Ciertamente, las palabras de Daisuke le traían consuelo y la sorprendían. Es decir, el muchacho siempre había sido pesado y había declarado su… afecto por ella abiertamente. Incluso tendía a ser pesado y molesto. Sin embargo, desde la fiesta, desde lo ocurrido con Takeru él había cambiado su actitud. Era atento y preocupado sin llegar a ser hostigoso.

Era como si Daisuke supiera que algo iba mal y no la presionaba sino que la apoyaba como un buen amigo. Y eso era lo que necesitaba.

-Has cambiado Daisuke.-Señaló la castaña como quien no quiere la cosa.

-He rediseñado mi estrategia.-Comentó despreocupado.

-¿Sólo amigos?-Preguntó Hikari dudosa volviendo a ponerse seria.

-Sólo amigos.-Asintió Motomiya.-Aunque cuando pases unos días como mi amiga te aseguro que serás tú quien compre el anillo.-La castaña volvió a reír.-Eso está mejor. Ríe Hikari, quiero que seas feliz.

-Gracias, Daisuke.

Ambos compartieron una sonrisa cómplice. Hikari miró con nostalgia cómo el muchacho de cabellos alborotados lucía tan tranquilo ante lo que le estaba ofreciendo y ella se sentía terrible por aceptarlo. Pero no tenía opción, al menos con Daisuke cerca tendría una tabla donde agarrarse cuando se sintiera desfallecer.

Quien sabe y con el tiempo… Pueda olvidarse de Takeru.


El techo de la sala de cómputo parecía hacerse más chiquito conforme sus ojos se cerraban paulatinamente. Pero no podía dormirse. Se incorporó rápidamente y se quitó los lentes para restregarse los ojos. Literalmente, no había dormido sólo por iniciar el trabajo y prácticamente no tenía nada. Al menos nada conciso o de gran valor.

Se moría de sueño. Tomando en cuenta que salió de su casa para evitar contagiarse por el sueño de sus hermanas, la soledad de la escuela no había sido un gran progreso.

Revisó su reloj de pulsera. Aún le quedaban alrededor de treinta minutos. Con que duerma quince de ellos estará como nueva. La semana de desvelos trabajando en el proyecto empezaba a cobrarle factura.

Sólo quince minutos…

La puerta se abrió abruptamente obligándola a incorporarse para ver quien entraba.

Maldita su suerte y tenía que ser la última persona en el mundo a quien quisiera ver cuando quiere descansar.

Ichijouji.

-Buenos días.

Saludó escuetamente el muchacho sin dirigirse especialmente a ella. Sino más bien como una muestra de educación pasajera.

-Buenos días.-Contestó Miyako de igual forma.

Un incómodo silencio se tornó entre ellos. El hecho de ser los únicos en el salón no ayudaba en lo absoluto, es más, empeoraba la situación. La muchacha de cabello morado no iba a permitirle a su rival ver lo mucho que le afectaba su presencia. Por lo irritable, se apresuró en agregar. Por nada más, ¿Por qué otra cosa podría ser?

Absolutamente no era por el beso. ¡No! Por muy extraño que fuese el hecho de que Ichijouji, a quien nunca se le ha conocido novia bese así. Ni ella que ha tenido un par de noviecillos ha sido besada de aquella manera tan… apasionada. ¡No! Ella ya no debía pensar en ello. Tenía que seguir adelante, cortar con todos los lazos de rivalidad que la unían al muchacho, sólo de esa manera podrá ir hacía el futuro.

Finalmente decidió que ya no dormiría. No mostraría aquella muestra de debilidad, sobre todo cuando ya había decidido dejar su rivalidad detrás. Daría la espalda a su contrincante, pero se iría con la frente en alto. Lo ignoraría, sí eso haría. Se comunicaría con él estrictamente por el proyecto y por medio de e-mails.

-Inoue.

Cuando lo escuchó tan cerca, su cuerpo dio un respingo. En lo que su mente se decidía a dejar todo lo relacionado con Ken Ichijouji atrás. Éste se aparecía delante de ella con la mayor naturalidad del mundo y con algo cuadrado en sus brazos.

-Qué se te ofrece, Ichijouji.-Arrastró las palabras. No quería decirle nada, no quería volver a dirigirle la palabra. Pero no podía. Por alguna extraña y maldita razón no podía hacerlo.

-El proyecto.-Fue lo único que indicó él antes de inclinar el artefacto rectangular sobre el pupitre donde se encontraba Miyako, junto al teclado de la computadora de mesa. Pasó uno de sus largos dedos sutilmente por la superficie del aparato e inmediatamente, una luz iluminó el cuadradito dejando ver el contenido de la ventana principal.

La joven tuvo que quitarse los lentes para ver bien. No podía creerlo. Se supone que aquellos aparatos apenas están empezando a salir en el mercado: el nuevo I-Pad.

-Es hermoso.-No pudo evitar decirlo tan soñadoramente. Ese aparato era una de sus ilusiones más grandes, algo que sabía no podía pasar de una ilusión debido a lo mucho que aquello costaba. Estaba resignada a verlos exhibidos en una vitrina; jamás pensó que vería uno tan cerca.-Procesador AX, memoria de 512GB de memoria RAM, imágenes HD. ¿Cómo lo conseguiste?-Observó cómo el muchacho fruncía el ceño incrédulo.-Digo, apenas salió al mercado el sábado.

-Y lo compré el domingo.-Explicó como si fuera lo más sencillo del mundo.

-Está carísimo.-Con mucho esfuerzo y a través de mucha presión psicológica ella había conseguido que sus padres accedieran a regalarle uno cuando entrara a la Universidad, de manera que daría tiempo a que el precio baje y aún así ese sería su regalo de graduación, de cumpleaños y de navidad por los próximos tres años más o menos.-Es lo último en lo que ha trabajado Apple.

-De hecho, están trabajando en la próxima versión. Por eso ya han sacado este a la venta, seguramente debe ya estar en periodo de prueba. Es probable que para inicios de año la saquen.

-Cuando ya estén trabajando en la próxima unidad.-Concluyó Miyako como si nada, centrando su atención en el Pad frente a ella.

-Así es.-Asintió el joven. Inoue aprendía rápido, no cabe duda que es por ello que es la segunda mejor estudiante del instituto. No recordaba haber tenido una plática técnica de ese calibre con alguien de su edad. A la mayoría ni siquiera le interesaban los componentes del artefacto con tal que sea llamativo por fuera. Ese caso era especialmente el de las mujeres.-Presiona donde dice proyecto.-La muchacha obedeció.-Ya he iniciado el prototipo.

-¡Oh yo también!-Miyako salió del trance en el que la metió el último avance de Apple y apresuradamente sacó su USB del bolsillo de la falda y lo introdujo en la CPU.

-¿Yolei?-Ichijouji se sorprendió a si mismo al expresar su duda en voz alta, pero no pudo evitar hacerlo luego de leer tan extraño nombre en la USB.

-Ah.-La joven sonrió.-Ayane, mi hermana que es un año mayor que yo no podía pronunciar Miyako cuando nací. Lo que más se le acercaba era Yolei y Thoru, mi hermano mayor, me llama así porque le gusta más que mi nombre. A mi no me gusta especialmente por eso sólo Thoru puede llamarme así.

Yolei, era extraño. Como ella, le quedaba a la perfección. Un momento, habló de una hermana y un hermano y la joven que vino a buscarla aquella vez, se llamaba Chizuru si mal no recordaba. Era miembro de una gran familia, hablaba de sus hermanos con gran familiaridad, se notaba que había lazos afectivos muy fuertes entre ellos. ¿Qué se sentirá aquello? Él nunca podría entenderlo.

La joven interpretó el silencio del chico de mala manera. Viniendo de Ichijouji aquello podría significar que poco le importó lo que le dijo. Quizá sólo debió decirle hasta que era como su hermana la llamaba de bebé. Además, ¿Qué diablos iba mal con ella? Se supone que iba a ignorarlo y terminaba contándole una anécdota familiar.

-Estaba pensando.-Empezó Inoue.-En vista de que por ser un humano mi sola presencia te molesta, creo que lo mejor será que cada quien trabaje por separado y mantengamos comunicación únicamente por vía e-mail.

-No he dicho nada.-Contestó Ken ligeramente irritado.

-Los actos dicen más o en tu caso, los silencios.-Espetó la muchacha.

-No todas las personas hablan hasta por los codos.-Se defendió el chico.

-Por eso he sugerido comunicarnos por medio del correo electrónico para así evitarnos la fatiga de vernos o escucharnos.

-No podrías hacerlo sola.-Exclamó con arrogancia Ken.

-Pues sí puedo y es más lo he hecho y cuando tenga una duda no te apures que no acudiré a ti. Koushiro puede ayudarme sin problemas. Él es un genio.

Izumi, otra vez el enano pelirrojo y sabelotodo.

-Yo también.-Rebatió el muchacho exteriorizando su enfado, algo que nunca antes había hecho.

Ambos dejaron sus pensamientos de lado cuando sus respectivas computadoras abrieron sus programas. El par de orbes azules se abrieron desmesuradamente pero no tenían comparación con los orbes castaños.

-No puede ser.-Musitó Miyako.-No es posible.

-No tiene sentido, tiene que haber algún error.-Secundó el muchacho.

La campana que anunciaba el inicio de la jornada sonó estrepitosamente alrededor de ellos. Tenían que llegar a clases, ya iban tarde. Se miraron fijamente por un par de eternos minutos.

-Nos veremos aquí al final del día.-Decretó Ken mientras presionaba sutilmente la pantalla de su Pad.-En el mejor de los casos, esto representará un retraso menor.

-Y, ¿en el peor de los mismos?-Cuestionó Miyako preocupada aunque ya sabía la respuesta.

-De no poder llegar a un acuerdo, tendríamos que reiniciar el proyecto.

Aquello implicaría un retraso y al paso que estaban realizando el proyecto; lo único que compensaría el tiempo que tomaría volver a ponerlo en marcha sería…

Trabajar juntos.


El ambiente era pesaroso y hasta deprimente a su alrededor.

Miyako a su lado parecía haber sido atropellada por un camión y Hikari, ella no era la misma desde la fiesta; algo pasaba entre ella y el rubio. Tenía que averiguar qué se traían ese par. Y ella, sus perfectas cejas se juntaron frunciendo el ceño. Ella estaba muy molesta.

No había visto a su novio en una semana, pero no era eso lo que le molestaba. Al menos no directamente, le irritaba darse cuenta que no tenía su número móvil. ¡Que clase de novio no tenía el número telefónico del otro! en su defensa diría que lo suyo fue muy repentino. Igual que el súbito anuncio de Sora en el que enviaba al rubio a un seminario por cuatro días.

Era viernes y apenas volvía. Pero qué ocurría: NADA. No la había llamado, buscado y por su fuera poco apenas la había mirado en clases. ¡Ella no le despegó la vista de encima!

Pero ya la escucharía. Tenían que dejar en claro algunas cosas, poner los puntos sobre las íes. Él era su novio y… ahí estaba.

Desde lo alto de la terraza apenas podía verlo, recostado contra el tronco más grueso entre los árboles del instituto. Sí, esos eran sus zapatos y lo que veía era un mechón de cabellera rubia. Su querido y sexy profesor la iba a escuchar.

Se dio la vuelta dispuesta a bajar, miró de soslayo a sus dos amigas. Cada cual metida en su respectivo mundo. Sea cual sea el problema de ellas era, por mucho, más insignificante que el suyo.

-No crean que no me he dado cuenta de la cara larga que traen.-Avisó llamando la atención de ambas jóvenes.-Y vayan haciéndose a la idea de que me lo tendrán que soltar todo hoy en la noche. Pijamada en mi casa.-Decretó finalmente.

Sin darles tiempo de replicar salió por la puerta de la azotea y empezó a bajar a toda prisa sin perder el glamour y la elegancia tan característica de ella. Encontrar al rubio resultó más difícil de lo que le había parecido cuando apenas lo vio desde la azotea. Empezaba a preguntarse si no habría sido obra de su imaginación; más, sus dudas se despejaron cuando llegó a su nariz el delicado pero penetrante olor de la nicotina. Estaba asumiendo que era Yamato cuando podría ser cualquier estudiante, sin embargo, algo dentro de su corazón le decía que era él.

Y así fue. El profesor yacía recostado sobre el grueso tronco del árbol; con cigarro en meno y los ojos cerrados. No se inmutaba por su cercanía y eso que las hojas crujían estrepitosamente conforme caminaba acercándose a él. Cuando estuvo lo suficientemente cerca notó que los cascos se encontraban en los oídos de Yamato y no sólo eso, la leva estaba colocada cuidadosamente sobre el césped, la corbata aflojada y sin lentes.

Parecía otra persona, alguien como mínimo cinco años más joven de lo que era. No pudo resistirse a la tentación y le sacó una foto inmortalizando el momento. Al verla reconoció que si es que la subía a las redes sociales identificándolo como su novio, nadie lo relacionaría con el atractivo y serio maestro que impartía clases en el instituto.

Sin embargo, no podía hacerlo, su relación era prohibida. Entre ellos no había besos diarios o podrían ir tomados de la mano. Ni siquiera llegaría tan lejos. ¡Nadie podía saber que ellos eran novios! Y en su caso, sus amigas no podían saber que tenía un novio ya que no podía revelar su identidad.

Pensar en ello no cambiaría el hecho de que ella era una alumna y él un profesor, se dijo. Sin más preámbulo se sentó a su lado y le quitó uno de los auriculares logrando captar su atención.

Ishida se giró sorprendido ya que se creía solo hasta que encaró a una carita bonita que aprovechándose de su perplejidad depositó un rápido y casto beso en sus labios. ¿Quién era?, estaba medio dormido de manera que su cerebro no trabajaba rápidamente. Pero pudo distinguir que su invitado era una mujer con el cabello castaño y ojos como la miel, ¿Kasumi?

Hace unos momentos estaba pensando en ella, pero no podría ser. Era absurdo pensar que su esposa estuviera ahí y le hubiese dado un beso. Una vez que su mente se aclaró, pudo distinguir la diferencia entre la joven frente a él y el recuerdo de su esposa. La muchacha tenía el cabello ondulado con graciosos bucles alrededor de su carita, además que era un tono más claro y con los reflejos del sol adquiría tonalidades cobrizas. Las pestañas que delineaban sus ojos eran largas, curveadas y abundantes y toda ella olía a vainilla.

Sólo había una persona a quien relacionaba con aquel aroma.

-Tachikawa…

-Mimi.-Corrigió ella instantáneamente a la par que le quitaba el cigarro de las manos y lo apagaba contra el suelo.-No te hace bien para tu salud, Yamato.

El rubio la miró por largo rato. Tenía días de no verla, de estar inquieto respecto a todo el asunto del noviazgo al cual no pudo decir que no y el cual estaba mal por donde se lo viera. Lo había meditado mucho el tiempo que estuvo fuera y cada vez que pensaba en ello se reprochaba su falta de control de la situación y cada día la idea de que tenía que terminar con aquello cuanto antes lo martillaba con más fuerza.

-Estamos en el instituto y mientras estemos aquí tú eres, para mí, la señorita Tachikawa y para ti yo soy el profesor Ishida, ¿entendido?

-Sí, entiendo.-Le aseguró la castaña sentándose a su lado e igualmente recostada sobre el árbol.-Pero no me gusta.

-Es plausible.-Asintió Yamato.-Por eso los estudiantes deben salir con estudiantes.

-No me refiero a eso.-Se apresuró a argumentar, decidida a que Yamato no encontrara una forma de sugerir una separación.-Me refiero a que, está bien que no podamos hablar en horas de clase, pero,-Mimi se ruborizó al ver como había logrado llamar la atención de su profesor.-Estuviste fuera varios días y yo no supe nada de ti.-No entendía porqué, pero se sentía muy avergonzada. A pesar de haber practicado aquella conversación como un reclamo.-Esa misma noche me di cuenta que no tenía cómo localizarte. No tenía tu número telefónico o tu dirección de E-mail siquiera y lo peor de todo es que no podía pedírselo a nadie sin que aquello levantara sospechas.-Mintió respecto a lo último, había atormentado a Takeru todos los días para que consiguiera el número pero ni él ni su madre tenían el actual número móvil de Yamato. La única persona que podía conseguirlo era Taichi y ninguno de los dos tenía una buena excusa para pedírselo y cuando ella sugirió que Takeru le pidiese ayuda a Hikari el rubio menor mostró una negativa bárbara.-Te eché de menos.

Yamato estaba atónito por la confesión, por la facilidad con la que ella expresaba sus sentimientos y sus ideas. Pero, sobretodo por lo frágil que lucía en esos momentos. Como si temiese perder una importante posesión.

-Cómo puedes echarme de menos si apenas nos conocemos.-Fue su cínica respuesta.

-¡No lo sé!-Explicó ella fervientemente.-Te mentiría si te dijera lo contrario. Sé que no tiene sentido pero, me sentía muy sola y hoy, al verte desde la terraza me han entrado unas ganas irracionales de venir a verte y…-Estaba tan roja que las orejas le ardían.-Ahora ya me siento bien, sólo con estar aquí, verte y escucharte. El único motivo que se me ocurre es, porque te quiero Yamato y me hiciste mucha falta.

¿Por qué siempre hacía eso? Primero era una niñita malcriada y después pasaba a ser una mujercita echa y derecha. Porque tenía que ser tan abierta y decir lo que piensa sin pelos en la lengua.

¿Por qué él no podía ser igual y reconocer que cuando la vio también sintió una paz desconocida desde hace algunos días?

-Eres una niña muy dulce Tachikawa y mereces alguien que te…

-¡Detente!-Mimi ya sabía o al menos sospechaba por donde iba la conversación y no le gustaba.

-Esté contigo siempre, en público, no clandestinamente. Y…

La joven cortó las palabras de su profesor sellando sus labios. Ella llevó las riendas del beso, mordisqueó su labio inferior para profundizarlo y quizá así, hacerle olvidar lo que él empezó a decirle.

-No vas a terminar conmigo cuando ni siquiera hemos empezado.-Le advirtió la muchacha con un dedo sobre sus labios.-Tengamos una cita.-No era una pregunta, era una aseveración.

-Esto no nos llevará a ninguna parte, Mimi.

Tachikawa no podía creer que el hombre frente a ella fuese al que se declaró hace pocos días ni mucho menos el apasionado hombre que la besó el día de la fiesta. Era más bien, el temeroso joven que lloraba y se culpaba por la muerte de su amada esposa.

-Cobarde.-Dijo Mimi.-Eres un cobarde.

-No es cobardía.-Espetó el rubio mirando como los ojos color caramelo adquirían una tonalidad ambarina por el coraje.-No lo entiendes.

-¡Entonces explícamelo!-Pidió decidida.-Porque, lo único que veo aquí es que tienes tanto miedo de iniciar una nueva relación que estás dispuesto a confinarte en tu propio mundo sin compartirlo con nadie y sabes algo Yamato. ¡No estás solo! Me tienes a mí, yo sé cuán dolorosa es la soledad y por eso, ten por seguro que yo no te voy a dejar solo.

¿Cómo lo hacía?

Yamato miró a la niña frente a él completamente anonadado. Cómo podía esa mujercita entender tan bien sus miedos e inseguridades sin siquiera proponérselo. Porqué podía ver a través de él, poco, pero más de lo que nadie lo ha visto jamás.

Solo Kasumi. Pero, incluso ella lo manejaba de una manera muy diferente. Su difunta esposa se quedaba a su lado, acompañándolo en silencio. Jamás le habló fuerte y mucho menos lo reprendía en serio. Cuando él estallaba, ella simplemente le sonreía y lo confortaba.

El increíble parecido físico que compartía Mimi Tachikawa con Kasumi Ishida se iba al demonio cuando se trataba del temperamento y la forma de ser de ambas. Era algo…

-Increíble.-Musitó más para sí mismo que para ella.

-¿Perdón?

-Eres increíble.-Le supo decir riéndose por la carita de confusión que ella tenía.-Pero, ¿Por qué estás tan segura que no me vas a abandonar?-Inquirió de repente.

-Porque no quiero que sufras más.-Contestó con simpleza.-Y por supuesto, tú lo has dicho, porque soy increíble y necia.

-Creo que ya me he dado cuenta de eso.-Se burló el rubio.-Y respecto al asunto de la relación…

-Tendremos una cita.-Lo interrumpió ella.-Nuestra primera cita. El sábado, a las cuatro, nos vemos en la fuente fuera del parque de diversiones en Nerima.-Improvisó rápidamente todo el encuentro como si lo hubiese preparado todo con antelación. Vio el móvil del rubio descansando sobre una de sus piernas. Lo tomó y ágilmente presionó sus dedos en el teclado, pocos segundos después su móvil color rosa sonó y se lo devolvió.-Ahí está mi número, acabo de timbrar a mi celular así que ya tengo el tuyo también. A partir de ahora nos comunicaremos por aquí primero.-Añadió señalando el celular.-Qué clase de novios no tienen el celular del otro.-Se quejó.

-Es poco ético que una alumna tenga el número de su profesor.-Reconoció el rubio poniéndose de pie y extendiendo su mano para ayudar a la joven a levantarse.

-Pero es normal que una novia tenga el número de su novio.-Contraatacó ella y revisó su reloj de muñeca-¡Diablos! Estamos a la mitad de la siguiente clase.

-Tendrás una falta.-Resolvió el chico al verla preocupada.

-A mi no me importa, tenía clases con Taichi.-Explicó Mimi.-Pero tu…

-Tengo libre todos los viernes a esta hora.-No sabe porqué se lo dijo, pero lo hizo. Se dio cuenta e lo que implicaron sus palabras cuando vio la sonrisa de la muchacha en todo su esplendor.-No era una insinuación.-Se apresuró a corregir mientras se ponía la leva y torpemente desanudó la corbata.

-Lo sé.-Acotó Mimi divertida por su reacción y se acercó a ayudarle en la labor de anudar la corbata.-Listo.-Empezó a apretar el nudo y con ello se impulsó hasta llegar a los desprevenidos labios del rubio y besarlos suavemente.-Nos vemos mañana.-Le susurró.

Caminó dignamente sin mirar atrás y con una despampanante sonrisa en los labios. Y una vez sola, empezó a reír.

¡Tenía una cita! ¡Con Yamato!

No podía estar más contenta. Era un inicio, había dado el primer paso para conservar y mantener su relación. Aparentemente sería más difícil de lo que pensaba. Saltaba a la vista que él aún quería a su esposa. Pero, Kasumi había muerto y él no.

Yamato aun podía y merecía ser feliz.

A su lado.

E iría hasta las últimas consecuencias para demostrárselo.


La pantalla frente se oscureció completamente, indicando que la computadora había entrado en estado de suspensión.

Sora pudo ver su reflejo en la pantalla. Frustrada, presionó un botón del teclado haciendo que el programa de cálculo y organización que tenía abierto volviese a aparecer; más fue en vano porque no progresó.

¿Por qué los últimos dos trimestres eran tan cortos?

Aún tenía mucho que organizar y parecía tan poco el tiempo que le quedaba. Tenía que planificar desde cuando empezaría el festival cultural y dónde sería el paseo anual; eso sin mencionar la graduación. Todo tenía que quedar en fechas precisas.

El festival cultural debía ser después del los segundos exámenes porque, su preparación lleva un tiempo considerable. Pero, también debía dar tiempo a los estudiantes de último año por las pruebas de ingreso a las Universidades. De manera que las preparaciones para el festival deben de empezar a llevarse a cabo instantáneamente después de volver de la segunda semana de vacaciones.

Semana en la que se debería llevar a cabo el paseo estudiantil de dos días y una noche. Ni siquiera sabía dónde irían.

Y ella que creía que el trabajo de inspectora sería menos estresante que el de profesora. Igual tenía que lidiar con monstruos adolescentes y su bajo rendimiento académico aunque ya no calificase las pruebas.

Al diablo, pensó, cuando frustrada cerró el programa después de haberlo guardado en su USB. Tenía todo el fin de semana para planificar sus pendientes y lo haría sin el estrés de estar en el instituto.

Sus ojos se posaron en la hora y fecha que marcaba el ordenador. Era viernes, dos y cuarto de la tarde, faltaba poco tiempo para el fin de la jornada académica y no vería hormonales adolescentes por los siguientes dos días. Si aguanta toda la semana, cuarenta y cinco minutos serían un chiste.

Se dispuso a revisar su correo electrónico y entre tantos mensajes nuevos, el que le más le llamó la atención fue uno del miércoles, de la página a la cual se había suscrito para que le avisase de las actualizaciones semanales de Naruto. ¡Diablos, era viernes! El manga sale los miércoles. Cómo pudo olvidarse de ello estando en la parte definitiva de la historia.

Justo después de la aparición de Madara junto a Obito. Debería revelarse pronto cómo es que el patriarca Uchiha seguía con vida y además de eso cómo pudo salvar a un Obito aparentemente desahuciado. Sin más preámbulo entró a la página y leyó el capítulo esperado.

No pudo evitar suspirar pesadamente una vez que lo concluyó. Le dejó un extraño sabor en la boca, es decir; era obvio que no podían soltar el cambio de bando de Obito en dos mangas pero aquello tenía toda la pinta de estar así mínimo un mes más. Ahora, resultaba que Kakashi había matado a Rin accidentalmente. Estaba…

-Decepcionada, ¿verdad?

Se asustó al escuchar aquella voz a sus espaldas. Apagó el monitor ante la falta de tiempo que tuvo para reaccionar y salir de la página web y se regresó a ver a quien le habló y ahora se reía, utilizando todo su autocontrol para que sus mejillas no se pintaran de carmín.

-Tú…-Sora dijo esa palabra con el mayor desprecio que pudo. Las risas se convirtieron en estridentes carcajadas.

-Si no supiera qué estabas observando, diría que te sorprendí viendo pornografía en tu lugar de trabajo Sorita.

-¡Yagami!-Exclamó la pelirroja con el rostro de igual color que su cabello por el coraje que sintió al ser sorprendida por su molesto colega-¡Qué falta de respeto es esta!-Le espetó.-Es educado tocar la puerta antes de entrar a una oficina privada.

-Pero si toqué la puerta, más de una vez.-Se defendió el muchacho de cabellera alborotada.-Estabas tan absorta en el computador que ni siquiera sentiste que entré y cerré la puerta tras de mí y me acerqué a tu escritorio.

-¡Por la espalda!-Agregó la mujer.-Pudiste haberte hecho presente de alguna manera.

-Así no hubiese sabido qué veías con tanta pasión, aunque, debí imaginarlo.-Contestó encogiéndose de hombros.-Tu no verías pornografía en tu lugar de trabajo.

-¡Ni en ningún otro sitio!-Se apresuró en contestar.

-Ya.-Contestó Taichi rodando los ojos con el único afán de fastidiarla.

-¡Es enserio!-Aseguró ella aún más roja que al principio.

-Claro, claro.-Siguió molestándola.-Digamos que te creo.

-¿En qué puedo ayudarte Yagami?-Preguntó con los dientes apretados.

El aludido la examinó de pies a cabeza terminando en sus ojos.

-Tu abuelita debe estar feliz de que le hayas devuelto su ropa.-Agregó jocoso. Mirando cómo iba vestida la señorita. Un pantalón de tela color chocolate con una blusa blanca que tenía encima un chalequito color piel que creaba cintura y realzaba sus senos. Unos senos muy grandes y bien formados.-Ya era hora de que usaras ropa normal.

Ahí está, pensó Sora. Cómo siempre, a criticarla. Si hacía algo mal y si hacía algo bien, también. Ya estaba acostumbrada a que nada de lo que hacía era suficiente, para nadie.

-Si has venido a molestarme, por favor retírate.-Le dijo lo más tranquila que pudo.

A Taichi, aquel cambio de actitud lo pilló desprevenido. Sora siempre le devolvía sus ataques, lo que hacía divertido molestarla. Esa actitud tranquila y sumisa que adoptó repentinamente lo dejó desubicado.

-Sorita…

-¿Qué quieres Yagami?-Preguntó mirándolo con dureza.-No tengo tu tiempo.

Por alguna extraña razón no quiso seguir fastidiándola. A pesar de mantener su pose estoica, Sora parecía que podría quebrarse si la presionaba un poco más.

-Necesito que firmes esto.-Dijo Taichi entregándole unas hojas.-Son las autorizaciones para que todos los seleccionados de mi equipo participen en la última etapa del torneo.

-Las revisaré este fin de semana y te las traeré el lunes.-Anunció sin regresarlo a ver.

-Gracias.

Sora no contestó.

Taichi iba a salir, pero se detuvo a medio camino y regresó a colocarse frente al escritorio de la inspectora. Ella ni siquiera alzó la vista para verle. Él no se iba a ir así como así. Si había dicho algo que la ofendió se disculparía, porque era un hombre. Lo malo era que no sabía porqué disculparse.

-Lo siento.-Igual lo dijo, era mejor que nada.

-No te disculpes.-Pidió Sora.-Valoro las críticas que dicen de frente, así como aborrezco que se hable a mis espaldas.

El joven Yagami no prestó atención a lo último que dijo su superiora. Se concentró en la parte de la crítica. ¡Claro! Él había comentado acerca de su vestuario. Pero, fue con la mayor inocencia del mundo. Era su manera de decirle que se veía bien. Salvo que, por alguna razón ella lo tomó mal. Después de todo a ninguna mujer le gusta que se insinúe siquiera algo malo de su ropa o maquillaje.

-Sora.-Se sentía raro decir su nombre.-Lo que yo quería decir…

En ese momento el teléfono celular de ella sonó y con un ademán de su mano detuvo su hablar.

-Takenouchi.-Habló a la voz al otro lado de la línea.-Sí, con ella.-Aquella voz le resultaba familiar-¿Qué ocurrió?-Sintió como la garganta se le secaba y de repente, todo le daba vueltas.-Voy enseguida.-Dijo con un hilo tenso de voz.

Taichi la vio palidecer y con manos temblorosas tomar su cartera. En el ajetreo, su celular se cayó al suelo y él se agachó a recogerlo. Cuando sus manos tocaron las de ella, las sintió heladas. Dejó el celular sobre el escritorio y encaró a la pelirroja.

-¿Estás bien?-Preguntó preocupado.

-Sí.

Y sin más que decir salió corriendo de la oficina. Dejando a un atónito Taichi en medio de la misma. Preguntándose quién llamó a la inspectora para que la siempre controlada Sora Takenouchi perdiera los nervios de aquella manera. Incluso olvidó su celular.

Sin pensarlo mucho tomó el teléfono y hábilmente revisó las llamadas recibidas. Por alguna extraña razón sentía que debía llamar a ese número y averiguar quien le habló a Sora.

¿A ti qué te importa?, preguntó su subconsciente. Los asuntos de Sora no son de tu incumbencia, repitió su voz interior.

Sin saber muy bien porqué e ignorando a su alter ego, sacó su celular y marcó al número que había llamado móvil de la pelirroja. Esperó por segundos que parecieron eternos hasta que finalmente descolgaron del otro lado de la línea.

-Clínica de Rehabilitación de Odaiba. ¿En qué puedo ayudarle?


Era una tarde sin sol, afortunadamente. De otra forma, Takeru no podría estar respirando agitadamente echado en el piso mientras las gotas de sudor se escurrían de su frente hasta el concreto.

Estaba enojado. Muy enojado.

¿Qué coño pasaba con él? ¿Quién había lanzado un embrujo contra él?

Es decir, acaso no bastaba con su repentino desinterés por el sexo femenino. Y no, no es que haya cambiado de preferencias. Sino que ya no puede ver a una chica deseable e imaginarse teniendo sexo con ella. Correcto, de poder, puede. Pero por alguna razón NO QUIERE.

Cuando considera acostarse con alguien e intenta imaginarse con esa persona. De la nada, los recuerdos de su noche con Hikari lo atormentan, o sea, aquella noche fue sublime y eso es lo que le atormenta. Cree que no podrá volver a repetir la experiencia de tal éxtasis con alguien que no sea ella. Su unión con la castaña fue algo tan diferente que sabe que ninguno de sus futuros encuentros amorosos será ni la mitad de satisfactorios.

Dios, Mion Sonozaki insinuó directamente que podía ir a su casa el sábado por la noche porque sus padres no estarían. Sólo un muerto no reaccionaría ante la voluptuosa Mion Sonozaki. Y tenía miedo, sí temía que al momento de la acción resulte que no quiera, cuando antes quería SIEMPRE.

Pero seguramente aquello no pasaría. Mion era, según comentarios de sus propios amigos, una diosa en la cama. Así que, no se preocuparía más por eso. De momento.

Lo importante ahora era porque, demonios, no podía encestar una pelota. Él era una máquina de los tiros libres y de los jugadores que más tiros de tres puntos aseguraban un partido. Ahora fallaba hasta en las entradas sencillas. No había fallado en una entrada desde que la aprendió a los ocho años. Y ese día era una basura en la práctica de baloncesto.

El entrenador lo notó y tras recordarle que tenía que dejarse de niñerías porque estaban en cuartos de final, le permitió obviar el entrenamiento y simplemente ir a hacer tiros libres. Pero, tras media hora y ni un solo acierto se rindió y ahora yacía en el suelo de la cancha descansando muy frustrado.

En conclusión, fue hechizado. Aunque el término debería ser: maldito.

Al parecer alguien le lanzó una maldición para que su perfecta vida se fuera al traste. Empezando tras perder el contacto con su mejor amiga de toda la vida, no, empezó cuando se acostó con ella. Claro que no podía llamar maldición a una unión tan sublime como la que compartieron juntos. Pero, lo alejó de ella, apagó su lívido sexual y aniquiló su habilidad para el baloncesto.

Cómo es posible que su vida, antes perfecta ahora sea una desgracia. ¡¿Por qué se quejaba como una niña?!

Algo impactó sobre su rostro golpeando su nariz y obligándolo a incorporarse.

-¡¿Quién coño tiró la pelota en mi cara?!

-¡Lo sentimos, superior Takaishi!-Chilló un novato corriendo a pedir disculpas por su imprudencia-¡Ha sido un accidente!

¡Un accidente y un carajo! Era parte de su maldición. Dios qué tendría que hacer para librarse de ella.

-Desaparece Masahami.-Fue lo único que le dijo ahogando las ganas que tenía de reventarle el balón en la cara. Pero, qué culpa tenía el chiquillo de su maldición.

La nariz le quemaba y seguramente, pronto empezaría a estornudar o a sangrar. Se la restregó en un vano intento de mitigar el dolor. Sintió el líquido caliente bajar por sus fosas nasales, de modo que sangraría. Menudo día para que la asistenta del club de baloncesto no vaya.

Sonrió con nostalgia. En otras circunstancias, Hikari ya estuviera frente a él atendiéndole la herida. Ella tenía todo en su bolsa y era apropósito, porque sabía que él tenía práctica y era probable que lo necesite. Pero, ahora, Hikari ya no lo frecuenta y aunque no se han hablado en días, sabe que ella no tiene motivos para estar en su práctica de baloncesto.

Instintivamente recorrió con la mirada el lugar habitual donde ella se sentaba siempre, en el lado de la cancha de baloncesto. Por reflejo giró a ver hacía el otro lado. Aquel que delineaba con la cancha de soccer, pero desde la cual también se podía ver los entrenamientos de baloncesto.

Y ahí estaba ella. Hikari. En medio de las dos canchas y sumida en los apuntes que sacaba de un libro. Ajena a todo a su alrededor. Pero, lo importante era que ella estaba ahí. Aunque dijo que iba a mantener distancia no pudo y hoy fue a su entrenamiento. Se sentó lejos, claro. Seguramente planeaba esperarlo a la salida, para decirle que era una tontería eso de la distancia y que volvieran a ser mejores amigos.

Que lo extrañaba.

La confesión quedaría olvidada y todo volvería a su cause paulatinamente. Ella diría todo, él no tendría que sacrificar su orgullo al admitir que también le hacía falta horriblemente, se disculparían y nada pasaría. Él estaba dispuesto a olvidar todo por muy difícil que eso fuera. Pero, si con esa condición recuperaría a su mejor amiga entonces valdría la pena.

El rubio salió de su paraíso idílico cuando sintió algo líquido caer en la comisura de sus labios. Los cerró por instinto y un sabor ferroso recorrió sus papilas gustativas. Se tocó la nariz y comprobó que la sangre provenía de allí, tendría que ir a curarse.

Vio la pelota a sus pies y sin pensárselo mucho la tomó. Audazmente retrocedió hasta la línea de tres y se colocó en posición de lanzamiento sin tener en cuenta el dolor en su nariz o aquel incómodo sentimiento de tener la misma llena de líquido escarlata. Fijó sus orbes azules en la canasta y de soslayo miró a Hikari antes de lanzar.

La muchacha se giró al sentirse observada y por una fracción de segundo sus ojos castaños se encontraron con los azules; y Takeru lanzó.

Y encestó, limpiamente.

Lejos de alegrar aquel hecho al muchacho, lo preocupó. Habia gastado toda la tarde intentando encestar vanamente y ahora lo hace así de fácil. ¿Por qué? Si estaba igual que al principio, el sangrado de la nariz no influía en su puntería. Entonces, ¿Qué?

El rubio alzó la vista y vio a Hikari. Había vuelto a sumirse en sus cuadernos y ya no lo veía. No podía ser por eso… ¿o si?

Para salir de dudas recogió nuevamente la pelota y se preparó para lanzar. Miró a la castaña pero, esta vez ella ni siquiera regresó a verlo. Convencido de que sus ideas estaban erradas lanzó confiadamente el balón.

Pero, esta vez falló.

Takeru no siguió el desigual camino que tomó el objeto redondo el cual increíblemente salió despedido por los cielos. Su mente estaba más concentrada en averiguar qué diablos había pasado. Porqué acertó cuando Hikari veía y falló humillantemente cuando no lo hizo. ¿Por qué?

Nuevamente sintió un impacto en su alguna clase de brujería la pelota regresó expresamente a atrofiar su nariz. ¿Qué clase de maldición de era esa?

Regresó a ver a su amiga con lagrimillas en los ojos por el dolor que le infligió el segundo golpe de la pelota.

-¿Qué clase de embrujo me lanzaste, Hikari?


-No me gusta.

Habló una joven.

-Es el más práctico y útil.-Respondió esta vez una voz masculina.

-Per el diseño no llama la atención.-Rebatió la muchacha.-Es aburrido y… deprimente.

-Clásico.-Corrigió el joven.

Los ojos caoba de ella se encontraron con los azules de él y empezó una guerra de miradas que ninguno estaba dispuesto a perder.

-Es inútil.-Farfulló la joven.-No sé cómo se nos pudo ocurrir que trabajar juntos sería una buena idea.

-Básicamente, los errores cometidos son causados por la falta de cooperación.-Rebatió el muchacho.-No hay otra explicación para que las bases de nuestros prototipos sean tan diferentes la una de la otra.

-Entonces usemos la mía y sigamos adelante.-La jovencita se alzó los lentes con superioridad.

-Tiene demasiados errores.-Fue la corta respuesta de él.-Si utilizaremos una de ellas, la más funcional es la mía.

-¡Hice mi parte con ayuda de Koushiro no puede estar llena de errores!-Chilló molesta.-Además, lloraría para impedir que instalaran ese sistema operativo en mi computadora. Su estructura carece de originalidad y eso es lo que lo hace llamativo y comerciable.

-En efecto, pero después de unos meses afrontarías demandas y múltiples quejas por el mal funcionamiento de tu producto.

-Entonces, ¿Qué sugieres niño genio?-Preguntó ya exasperada la chica.-Si no tomarás en cuenta ninguna de mis sugerencias, qué demonios estamos haciendo aquí. Si consideras mi trabajo tan insignificante entonces porqué no lo haces todo tú solo y me dejas tranquila.

-Porque conociéndote, te pondrías histérica como ahora Inoue.

-Tú no me conoces Ichijouji y el que esto te haya parecido un ataque de histeria lo demuestra.

-No me interesa.-Fue la parca respuesta del muchacho.

-Lo sé.

El muchacho alzó la mirada para ver a la joven. Era demasiado extraño que ella diese su brazo a torcer en una discusión tan fácilmente. Inoue no era de las que se callaba así no más, era de las que luchaba hasta tener la última palabra. ¿Le ocurrirá algo?

A él qué le importa.

Ken siguió analizando el prototipo que Miyako tenía en su computadora y se lo mandó por correo al Pad. No tenían nada en común y no es queestuviera mal, simplemente, eran demasiado diferentes.

Incompatibles.

Como ella y él. Una de las esquinas de sus labios se alzó levemente. Menuda comparación, pero era cierto. Ellos no tenían nada en común salvo tal vez, que ambos eran aplicados e inteligentes. Pero en lo demás no. Ella era sociable, alegre y chillona. Él era repelente, no era alegre y callado. Nunca podrían compaginar, al igual que sus prototipos de sistemas operativos.

Por su parte, Miyako hacía lo propio con el prototipo de Ken y llegaba a la misma conclusión. Al parecer aquello sería más difícil de lo que pensaba. Pero, ella no podía darse el lujo de quedarse sin su beca. No podía. Pero tampoco iba a dejar que el azabache hiciera lo que se le pegara en gana. Sin embargo, ella era quien perdía más.

¡Necesitaba una señal divina!

Y cómo si Dios la hubiese escuchado, en pocos segundos, ambos quedaron sumidos en la más profunda oscuridad.

-Se ha ido la energía.-Exclamó Miyako como si no pudiese creer lo que pasaba.

-Creo que eso es obvio.-Respondió el muchacho que sí era iluminado por su I-Pad aunque le quedase poca batería.

-Es una señal.-Murmuró la joven de cabellos morados para ella mirando la oscura habitación únicamente iluminada por el aparatito electrónico de Ichijouji.

Ken se puso de pie y fue a abrir la puerta. Al menos afuera aún contaban con la claridad del día, nada sacaban quedándose en una habitación a oscuras.

-Está cerrada.-Dijo en voz alta y volvió a empujar la puerta con fuerza.-Estamos encerrados.

¡Su señal! ¡Ahí estaba! De repente, cayó en cuenta de algo más: Ichijouji y ella estaban encerrados sin luz en un aula.

Nada bueno podía resultar de eso


Taichi caminaba por inercia y sumido en sus propios pensamientos. Lo que había presenciado le parecía increíble, no se lo hubiese esperado. O tal vez no se lo esperaba de ella.

Flashback:

"Clínica de Rehabilitación Odaiba"

Taichi leyó el letrero que indicaba que aquel suntuoso lugar que estaba buscando. Tras pedir la dirección por teléfono no tardó mucho en llegar. Fue la llamada de ese sitio la causante de la repentina palidez de Sora y de su atolondrada salida. Parecía asustada, como si fuese una emergencia. Por eso estaba él ahí, por si acaso necesitase ayuda. Conoce a Sora de años y nunca ha visto a un familiar suyo, podría ser hija única o algo así y era muy orgullosa para pedir ayuda aunque la necesitase. Era una mujer y una fuerte; sin embargo, no podía quitar de su mente el rostro tan atormentado y dolido que tenía cuando malinterpretó sus palabras.

Por cómo ella lucía sabe que la hirió, aunque no fue su intención. Por eso estaba ahí, para tratar de enmendarlo de ser posible. Por ningún motivo en especial, simplemente, Sora es su colega, además era un ser humano, o eso creía y era mujer; podría necesitar ayuda sólo que era tan cabezota que nunca lo pediría.

-¿Podemos ayudarlo, señor?

Taichi no se había dado cuenta que había llegado a la recepción, donde una amable señorita le preguntaba qué quería.

-Sí.-Dijo después de unos segundos.-Disculpe, quisiera saber en qué habitación se encuentra Takenouchi.-No podía decir señor o señora ya que no sabía de quien se trataba. ¡Por Dios ni siquiera sabía si estaba buscando a algún familiar de Sora! Podía ser un amigo o el hijo de su vecino o su novio.

-¿Es usted familiar de la señora Takenouchi?-Preguntó una tercera voz, igualmente femenina pero más gruesa y severa. Era una mujer mayor.

-Soy amigo de su hija.-Sora le pegaría si supiera que se refiere a ellos como amigos.-Y me ha dicho que venía hacía acá.-Mintió deliberadamente, esperando que la señora le diese la información.

-Lo siento pero no damos información de nuestros pacientes a terceros.-Le dijo muy firme y viéndolo con suspicacia.-Sí quiera saber algo pregúntele a la señorita Takenouchi cuando la vea.

En otras palabras: "Largo. No pienso decirle nada. La salida está a cincuenta metros."

-Es la primera vez que vemos a un amigo de la señorita Takenouchi aquí. Quizá ella le pidió ayuda.

Taichi escuchó que la más joven le hablaba a la mayor en murmullos creyendo que él no las escuchaba. Sacó su celular para convencerlas de ello.

-Es un caso privado, no podemos dejar pasar a nadie a menos que venga acompañado expresamente por un familiar.-Le respondió la mayor.

-Las crisis de la señora Takenouchi son cada vez más fuertes y sólo su hija menor se encarga de ella. No sería raro que haya pedido ayuda esta vez.

-A mi también me da pena de la señorita pero no podemos hacer nada. Ahora, vuelva a su trabajo, señorita.

La mayor de las féminas se volteó a continuar su trabajo en el ordenador. La más joven lo miró y comprendió que había escuchado toda su conversación. Discretamente alzó su cuaderno de tal forma que pudiese ver lo que ella había escrito: "Segundo piso, habitación 222."

El castaño le dedicó una sonrisa de agradecimiento y veloz pero discretamente subió por las gigantes escaleras sin inmutarse por su excelente condición física hasta que llegó al lugar requerido. No fue muy difícil dar con la habitación ya que incontrolables gritos se escuchaban por todo el piso. Decidió seguirlos y lo que encontró fue un cuadro que llevará grabado en su memoria quizá por el resto de su vida.

-¡Vete al demonio! ¡Eres un fracaso como mujer, hija y como persona! ¡Una marimacho gorda y fea no puede ser mi hija! ¡Yo no quería tener más hijos! ¡Me arruinaste la vida!

Fin del Flashback.

El semblante de Sora era imperturbable ante la sarta de ofensas que profería aquella mujer contra ella. Su rostro no denotaba emoción alguna. Era como si se hubiese vuelto inmune a todo a su alrededor. Con voz monótona trataba de calmar a la mujer vanamente. Aquella imponente señora de cabellos castaños yacía sujeta a la cama de la habitación. Cuando la pelirroja trató de acercársele, ella pareció perder más la cordura y seguía gritando como una posesa. De nada servía que los médicos y las enfermeras tratasen de dialogar con ella. Lo único que salía de su boca eran insultos dirigidos a la pelirroja.

Tanta era la tensión en ese lugar que cuando una enfermera entró con una jeringa en mano ni siquiera notó que él estaba parado discretamente observando el dantesco espectáculo. La mujer seguía gritando, insultando a Sora cada vez más y con palabras más sórdidas y crueles. Sólo una vez que lo que le inyectaron empezara a ser efecto la mujer se calmó paulatinamente y Sora se acercó a ella, para, con infinita ternura acariciar sus cabellos.

Entonces le dijo aquello:

"No creas que por vestirte así serás algo. Tú nunca serás nada Sora, nunca."

Luego empezó a balbucear cosas respecto a una tal Kanade. Sora no le contestaba, simplemente se mantenía callada y seguía acariciando sus cabellos. Inexplicablemente le entraron unas ganas de entrar y gritarle a la vieja esa, que no podía gritar a Sora de esa manera y también a la pelirroja, porque por muy madre que sea no debía de tratarla así.

Ella no tenía complejo de alfombra y eso todo el mundo lo tenía claro. Era frustrante verla tan dócil y sumisa ante alguien que la agredía tanto. ¡¿Por qué era así de tierna con alguien que la trataba tan mal?!

Porque es su madre, respondió la voz de su interior.

En ese momento él volvió a la realidad y antes que todos los presentes se percataran de su presencia, salió de la clínica sin mirar atrás. Lo que presencio lo había impresionado. Aparentemente esa mujer era la madre de Sora, pero el trato que le dispensaba era propio de una madrastra. Él no podía imaginar aquello puesto que su madre siempre ha sido un amor, si bien es cierto que cocina peor que Akane Tendo pero es una madre amorosa y comprensiva, al igual que las madres de todos sus conocidos.

Con una madre como la de la pelirroja, para qué enemigos por muy enferma que esté. Aquello explicaba mucho respecto a la conducta de Sora. Aunque, por su semblante, ya parecía inmune a todo lo que le decía. Eso probaba que todas las cosas que le dijo en ese momento ya las había escuchado antes y quizá cosas peores.

Nunca pensó que pensaría esto pero siente lástima por su colega. Y se siente culpable por lo que le dijo, aunque no lo hubiese hecho con afán de herirla. Estuvo claro que ella lo malinterpretó. Ahora tenía que disculparse con ella, pero, por supuesto que no tenía ni la más remota idea de cómo hacerlo. Es decir, no podía llegar y decir que lo sentía, que no sabía que su madre la humillaba de esa forma.

Podría invitarle algo… era más probable que le acepte la invitación a Takeru, a quien detesta.

Mierda, tenía que haber una forma.

-¡Taichi!

El castaño se giró y se encontró frente a frente con su mejor amigo.

-Yamato…

-Llevo gritándote por cinco minutos. Parecía que estabas en otra galaxia, para variar.-Le espetó el rubio quien visiblemente venía de terminar sus quehaceres como director del equipo de natación. Equipos… miró la hora en su reloj de pulsera y no pudo evitar emitir un juramento.

-¡Diablos!-Se quejó el castaño golpeando su frente.-No he ido a la práctica. Ojalá que ese grupo de ociosos hayan jugado entre ellos al menos.

-¿Qué sucede, hermano?-Preguntó Yamato preocupado instando a su amigo a sentarse en unas barandillas a las afueras del colegio. Que Taichi esté en otro mundo cuando camina es una cosa, pero que haya olvidado ir a las prácticas de su equipo de soccer es algo bárbaro.

El profesor de gimnasia vaciló un momento antes de sentarse y contarle todo lo que había pasado. Es decir, que había seguido a Sora y descubierto cómo la trataba su madre. Le comentó lo que le dijo antes de eso y que quisiera saber cómo disculparse y que no tenía ni idea. Sabía que podía confiar en Yamato al momento de guardar un secreto.

-Eres un insensible.-Contestó Ishida después de haber escuchado todo atentamente.

-Gracias.-Contestó con sarcasmo Yagami.-Creo que eso ya lo sabía. Venga Yamato, qué puedo hacer, tu siempre sabes qué hacer.

-La zalamería no te servirá de nada.-Le informó el joven sacando sus lentes de su estuche y colocándoselos.-No puedes disculparte con ella porque se supone que tú no sabes que dijiste algo que la lastimó y porqué la hirió. Supongo que tendrás que quedarte callado y aprender a no ser tan bocazas.

-Me siento un canalla Yamato.-Confesó finalmente.-Ha sido un golpe bajo.

-Si mal no recuerdo, hace poco te burlabas de lo poco femenina que era.

-Pero, eso sólo lo sabes tú.-Le espetó.-Simplemente quería fastidiarla, no lastimarla. Se ve bien con la ropa que se pone, ya no parece la carcelera de una penitenciaría.

-Y ya no puedes decírselo porque pensará que lo haces sólo por obligación.

-Ya.-Empezaba a frustrarse, no se supone que Yamato le dijera lo que ya sabía.-Entonces, ¿qué hago?

El rubio meditó un poco antes de contestar.

-Sé un hombre.-Fue la simple respuesta de Yamato.-Has cometido un error y tienes que reconocerlo. Llevaste una broma demasiado lejos sin tomar en cuenta los sentimientos ajenos. Ella no tiene que enterarse que sabe que la heriste, es cosa de sentido común nunca comentar negativamente acerca de cómo va vestida, peinada o maquillada una mujer. Y ambos sabemos eso. Lo que pasa es que claramente, apenas has notado que Sora es una mujer y que por muy fuerte que aparente ser en el exterior, también es frágil y delicada.

Las palabras de Yamato calaron muy profundamente en su cabeza. Era cierto, hasta hace poco consideraba a Sora como una especie de ser de otro planeta. Jamás la había considerado como una mujer, hasta ese momento. Estaba seguro que aunque se mostró impasible en aquellos momentos en la clínica, por dentro seguramente quería llorar. Pero ella tenía que ser fuerte y lo mismo era en el trabajo. Él sabía de primera mano lo difícil que era tratar con adolescentes.

-Soy un idiota.-Declaró dramáticamente.

-Sí que lo eres.-Corroboró Yamato. Taichi lo empujó con fuerza.-Es la verdad, pero eres un buen amigo, el mejor.

-Lo sé.-Ahora fue él quien recibió un golpe en la cabeza por parte del rubio.-Tu tampoco eres tan malo, Ishida. Al parecer tu relación con aquella chica misteriosa va bien.

La mención de su "romance" cambió el semblante del rubio.-Aún era un asunto delicado y se había convencido a sí mismo que tenía que acabarlo. Le daría a Mimi su ansiada cita y luego cortaría caballerosamente.

-Eso no va a ninguna parte. Terminará tan pronto como empezó.-Aseguró el rubio mientras se ponía de pie y sacaba un cigarro.

-Ah no.-Taichi se levantó y se puso frente a él.-Ahora sé tú un hombre Yamato y enfrenta de una maldita vez tus fantasmas.

-No es tan sencillo como piensas Taichi, tú no sabes nada, no lo entiendes. Es imposible.

-Entendería si me lo explicases.-Le espetó el castaño y se adelantó al rubio en contestar.-Ya, sé que no me lo vas a contar y lo entiendo.-Estaba convencido que Yamato salía con una mujer casada o quizá una prostituta. Era la única explicación que se le ocurría para que asegurase que era imposible.-Pero, qué tiene de malo intentarlo.

-Tiene todo de malo.-Fue la respuesta del rubio.-Ella y yo no podemos estar juntos. Se merece algo mejor.-Contestó mirando su anillo de matrimonio.

Taichi entendió con aquella frase que el del problema, era Yamato.

-¿Y tú?-Cuestionó el castaño a su amigo-¿Tú no mereces ser feliz?

-Ya no puedo serlo.-Yamato ni siquiera lo vio venir. En un momento estaba bien y ahora estaba en el suelo-¡Qué carajo…!

-¡Kasumi está muerta!-Le gritó el muchacho-¡¿Entiendes?! ¡M-U-E-R-T-A!-Observó cómo el rubio abría sus ojos azules desmesuradamente.-No volverá.-Dijo más calmado.-Tu no estás violando su memoria, el cura mismo lo dice: "Hasta que la muerte los separe." Y a vosotros ya los separó.

-¡Ya lo sé!-Exclamó Yamato desde el piso.-Ya lo sé.-Murmuró viendo su anillo.

-Pero tú estás vivo, Yamato.-Taichi se acuclilló a alturas de su mejor amigo.-Vivo y mereces intentarlo. ¡Joder! Qué es una oportunidad, inténtalo. ¿Qué puedes perder? Si después de eso no funciona lo dejas pero al menos haz la prueba.-Yamato seguía sin responder.-Kasumi así lo querría.

-¿Cómo lo sabes?-Preguntó el rubio con amargura.

-Porque te quería y sé que odiaría tanto como yo el ver en lo que te has convertido y que estaría tan agradecida como yo de saber que alguien ha despertado tus sentimientos y lo más importante que estaría tan cabreada como yo al saber que estás hecho el marica y no quieres enfrentarlo. ¡Tú me lo acabas de decir, ahora te lo repito yo: Sé hombre! Y enfrenta el pasado de una vez por todas.

¿Enfrentar el pasado?, ¿Enfrentar el dolor? No, no podía. No, cuando huir era mucho más fácil. Él estaba muy cómodo con su vida hasta que esa castaña con carita de ángel irrumpió en ella sin su permiso la puso de cabeza.

-No podría volver a sufrir así.-Confesó luego de un profundo silencio.-No lo soportaría.

Yamato parecía no darse cuenta de lo que estaba diciendo pero Taichi lo comprendió al vuelo. Más no dijo nada, Yamato tenía miedo de volver a sufrir lo que sufrió con Kasumi con aquella mujer misteriosa. Su mejor amigo temía que aquella chica pudiera curar sus heridas y volverse una parte importante de su vida la cual no quisiera perder. Aquello era una esperanza para el mismo Yamato.

-Y, ¿Cómo sabrás si terminará así?-Aquella pregunta pilló desprevenido al rubio, se reflejó en su rostro.-Venga.-Le extendió la mano para que se incorporara.-Puede que la vida te esté dando una segunda oportunidad y tú la estás dejando ir. O tal vez sea una prueba que necesitas superar. El punto es que nunca lo sabrás si no lo intentas. Al menos, piensa en ello.-El rubio seguía sin decir nada.-Sabes que puedes contar conmigo siempre.-Le recordó el muchacho.-En las buenas y en las malas.

Ambos jóvenes se quedaron viendo mutuamente sin decir una sola palabra. En un silencio en el cual se decían muchas cosas, habilidad lograda únicamente a través de tantos años de amistad. Inesperadamente Yamato le devolvió el golpe a Taichi.

-Odio cuando hablas con sentido Taichi.-Reconoció el rubio.-Y por favor, siempre tienes que hacer las cosas a golpes.

-Sólo con los cabezotas que no quieren escuchar.-Concluyó con una sonrisa de medio lado.-Además tu no te quedas atrás, me has pegado sin razón.-Se quejó sobándose la mandíbula.

-Tu me pegaste primero.-Le espetó sacando otro cigarro ya que el primero yacía consumiéndose en el suelo-¿Nos vamos? A esta hora tus chicos ya habrán terminado de practicar. Si es que lo hicieron hoy.

-Tengo que recoger mis cosas.-Informó el muchacho.-Y creo que ambos necesitamos espacio para pensar. ¿No crees?

-Creo.-Contestó vagamente el rubio.-Nos vemos.-Se despidió dirigiéndose a la salida del establecimiento.

-¡Yamato!-Llamó Taichi, el rubio se volteó.-Piénsalo.

-Lo haré.-Prometió el muchacho-¡Taichi!-Lo llamó ahora él.-Gracias.

-No es nada, te pegaré más seguido.-Aseguró con una de sus afables y despreocupadas sonrisas. Yamato, tras asegurarse que nadie lo veía, le hizo una señal poco madura y educada con su dedo medio.-Yo también te quiero Yamato y gracias.

Así eran ellos, se hablaban, se pegaban, se aconsejaban, se insultaban. Pero sobre todo, se ayudaban. Porque eran amigos, mejores amigos.

Ahora Taichi pensaba en las palabras de Yamato y se quedó pensando en cómo arreglaría el problema con Sora. Quedarse para disculparse hubiese servido pero era demasiado obvio. Tratándose de Sora tendría que lograr que lo escuche primero, porque trataría de refugiarse luego de sentirse insultada y lo disfrazaría con indiferencia.

Tal y como se defendía de las palabras de su madre. Pero, a diferencia de ella, él enmendaría su error.

Y ya tenía una leve idea de cómo.


El libro llegaba su mejor parte y aún le quedaba un cuarto del libro que leer. Las lágrimas no tardaron en acudir a sus ojos, ¡que desesperación! Faltaba poco menos que la mitad del libro y el aparente protagonista ya estaba muerto. Que manera de retransmitir la escena a los lectores. Sentía que a era ella quien estaba perdiendo a su amado.

Quizá sea por eso que le afectó tanto. Porque de una forma u otra ella también había perdido a su ser querido. Claro que no puede comparar las situaciones. En el libro, todos tenían su parte de culpa y estaban en un futuro post-apocalíptico en el cual morir era algo muy natural. Pero, al final fue la ambición y egoísmo de la protagonista lo que impidió que pudiese vivir feliz con su amado los últimos días de su vida.

-Hikari.

Escuchó que la llamaban a sus espaldas. Una voz que ella reconocía perfectamente a pesar de escucharse algo extraña.

-Takeru.-Se giró a verlo tras secarse los restos de lágrimas en sus ojos para verse lo más digna e impersonal. Lo que vio la asustó-¡¿Qué te pasó?!-Preguntó escandalizada. El rubio llegaba con la cara roja y dos motitas de algodón tenuemente rojas en sus fosas nasales.

-Me golpee con la pelota… dos veces.-No quería entrar en detalles respecto a cómo y porqué y sabía que Hikari entendería aquello.

-Debería verla.-Comentó la muchacha preocupada, pero incómoda refiriéndose a la herida. No quería que él supiera que trajo su botiquín de primeros auxilios por la costumbre de ser viernes.

-No es gran cosa.-Aseguró sentándose a su lado y girándose para encararla.-Al menos ya ha dejado de sangrar.-No pudo evitar que la cercanía de la muchacha le afectara y empezó a captar las diferentes esencias que la rodeaban. Olía a jazmín o a vainilla y el cabello corto le quedaba muy bien. Se la veía más adulta, más mujer. Con una mano lo instó a alzar la cabeza y delicadamente retirar los algodones. Aquello le dolió, pero casi ni lo sintió. Estaba más ocupado sintiendo las suaves manos de Hikari sobre su rostro.

-Así parece.-Comentó la muchacha luchando fuertemente por no sonrojarse por la cercanía del rubio. Fue una malísima idea ofrecer atenderlo. Pero, no tenía corazón para dejarlo así no más a la buena de Dios. Estaba herido y a pesar de todo ha sido el mejor amigo del mundo.-Con unos antiinflamatorios y unas compresas frías deberían bajar la hinchazón y el dolor.

-Gracias por su diagnóstico, doctora Hikari.-Agregó el joven. Aquello ya lo sabía, es más, ya se había tomado dichos medicamentos. Pero, no hubiese habido acercamiento si se lo decía. Aún así, le decepciona saber que no trajo su equipo de primeros auxilios a la práctica. Además, una parte de su cuerpo pedía a gritos que lo tocase.

No puede dejar que aquello lo desanime. Hikari había ido y eso significaba bastante. Era un gran progreso, claro que Hikari no iba a tomar la iniciativa. Ella siempre ha sido tímida y había dicho que le quería; sin embargo, seguramente le pasaba como a él, que no quería perder la amistad que los ha unido por tantos años. Lo mejor sería que él empiece la plática.

-Bueno, han estrenado una buena película hoy.-Empezó a hablar el muchacho.-Deberíamos ir a verla.-Fijó su vista en las canchas donde los equipos de soccer y baloncesto ya habían terminado de recoger.

-Takeru no creo qué…

-Tienes razón, primero deberíamos comer algo-¿Qué ocurría con Hikari?, iba a negarse. Pues, sobre su cadáver.-Pizza.

-No es eso, yo no…

-No te preocupes, pago yo.-Forzó una sonrisa. Empezaba a impacientarse. ¿Por qué Hikari no aceptaba y ya?-El cine también. Me sorprendió mucho que vinieras a la práctica y que a pesar de todo recordases nuestras salidas de los viernes y…

¡Que alguien la ayude! Takeru hablaba muy rápido y había malinterpretado su estancia ahí. Ella no fue por él, mentiría si dijera que no lo vio de reojo mientras encestaba solo y fallaba. No debió haberle dado pie a una conversación. Pero, el verlo herido, no pudo evitar tener la necesidad de comprobar que se encontraba bien. Ahora, quería huir.

Estar cerca de Takeru la lastimaba y más cuando lo veía tratando de acercarse a ella pretendiendo que nada ha pasado. Invitándola a salir, pero, como su amiga. Cómo siempre. Ella había decidido arrancarse a Takeru del corazón y sí dolía mucho estar lejos de él. Ha perdido a su mejor amigo y al amor de su vida. ¿Acaso no lo entendía? Cuánto dolía estar cerca de él y saber que nunca pasará de ser su mejor amiga.

-¡Hikari!

Una tercera voz llamó la atención de ambos. Un Daisuke recién bañado se acercó a ellos rápidamente. Takeru vio a Hikari suspirar aliviada.

-Daisuke.-La muchacha no pudo evitar exteriorizar el alivio de ver a Motomiya. Se fijó en la mejilla del muchacho que tenía una delgada raya inclinada.-Te has lastimado.

-No es nada.-Aseguró el joven despreocupado.-Hoy no ha venido Taichi y hemos jugado a lo todo se vale.-Explicó el castaño emocionado.-Creo que mi cara quedó grabada en el campo.

-¿Mi hermano no llegó?-Preguntó bajo. Decirlo en alto implicaría admitir que no estaba prestando la debida atención a la práctica de Daisuke. Sacó de su bolso una tirita y un poco de loción antiséptica.-Dolerá un poco.-Avisó mientras limpiaba y procedía a poner la bandita.-Ya está. ¿Nos vamos?-Preguntó, viendo esperanzada al muchacho.

-Sí.-Daisuke entendió rápidamente porque a Hikari le había entrado tanta prisa y aquello tenía que ver con el rubio que lo miraba con caras de pocos amigos.-Gracias por esperarme, linda.-Pasó su brazo por los hombros de la muchacha.-Vamos al cine.-Le explicó a Takeru.-Parece que Hikari ha entendido que voy en serio con ella. A veces, las buenas oportunidades se ofrecen una sola vez en la vida y no podemos dejarlas escapar.

¿Qué se creía Daisuke y por qué se tomaba tantas confianzas con Hikari? sí, lo había visto acuclillado frente a ella en el metro. Pero jamás imaginó que se estaba declarando. Ahora hasta le curaba las heridas a él y le ponía sus banditas con imágenes de los Pingüinos de Madagascar. ¡Quítale las manos de encima!, quería gritarle. Pero, ¿con qué derecho? Hikari no era nada suyo y si había decidido darle una oportunidad… ¡No podía! No después de habérsele declarado, no después de haber hecho el amor con él. Ella aún le quería, era suya… ¡Ella estaba enamorada de él!

Pero él sólo la veía como una amiga, ¿cierto? Como amigo sabe que Daisuke es un buen chico y así como se lo prometió tiempo atrás, el día que Hikari desease darle una oportunidad, él iba a apoyarla. ¡Pero no podía hacerlo! Eso fue antes de lo que compartieron juntos.

-Hikari…-En sí no sabía qué decirle. Se veía tan frágil que sólo quería alejarla de Daisuke y por alguna extraña razón decirle que todo estaba bien. A pesar de saber que él no le podía dar ese confort, sólo quería hablar con ella, no, sólo quería alejarla de Daisuke.

-Bueno, adiós Takeru.-Cómo si la muchacha adivinara las intenciones del rubio se apresuró a Daisuke.-La película estará por empezar.

-Sí, adiós, Takaishi.-Daisuke tomó e bolso de Hikari en hombros y junto con la menor Yagami salieron de las canchas. Dejando a Takeru atrás-¿Estás bien?-Preguntó el castaño una vez que se alejaron lo suficiente de la cancha.

-Sí.-Aseguró Hikari nada convencida y trató de sonreírle a su amigo-¿Nos vamos?-Cuando terminó de hacer esa pregunta, escuchó el timbre de su celular. Sintió pánico y lo único que alcanzó a hacer fue a apagar el aparato sin mirar quien era, por miedo a que se tratara del rubio-¿Dónde tienes tu celular?-Preguntó repentinamente.

-Supongo que en los confines de mi maleta.-Contestó el muchacho sorprendido por la repentina pregunta-¿Quieres que lo saque?

-¡No!-Exclamó inmediatamente la muchacha de ojos chocolate.-Mejor no lo sacas.

-Hikari…-Ella ni siquiera lo volteó a ver. Claramente el encuentro con Takeru le había afectado, se le notaba.-Si estás incómoda, lo dejamos para otro día.-Le dijo el capitán del equipo de soccer percibiendo los miedos de su querida Hikari.

-No, Daisuke.-Contestó la castaña.-Ya habíamos quedado, no me parece justo.

-Tranquila.-Le aseguró la muchacha.-He esperado años que aceptaras salir conmigo Hikari, puedo esperar un par de días más.-Observó el ademán de pena y vergüenza que se dibujó el pálido rostro de su amiga.-En serio, está bien. Te llevo a tu casa.

-Eres un buen amigo, Daisuke.-Le dijo sinceramente.-Iré a la casa de Mimi.-Le informó.-Quedamos para otro día.

-Seguro.-La tranquilizó el chico con una sonrisa.-Venga, que te llevo a lo de Mimi.

¿Por qué nunca se había dado cuenta antes de cómo era Daisuke en realidad?, que detrás de aquel pegajoso y molesto admirador suyo había un buen amigo. La respuesta era fácil: porque llevaba diecisiete años de su vida enamorada de Takeru Takaishi y de qué le han servido, de nada. Porque será que las mujeres dicen querer a un chico amable, dulce, atento, comprensivo, si se puede apuesto, para cuando lo tienen, dejarlo como amigo. Todo por estar eternamente enamorada de un amor imposible.

Además, era imposible que viese a Daisuke como algo más que cómo un amigo después de lo que compartió con Takeru. Sus caricias quedaron grabadas en su piel por tiempo indefinido, sus labios, su olor. Al menos por ahora, era mucho pedir. Quisiera asegurar que después podría verlo como algo más pero no puede. Sin embargo, él le dijo que no importaba. Que serían amigos, entonces, ¿está bien lo que está haciendo con Daisuke?

Su mente viajó al libro que leía hace poco y se vio a sí misma en el reflejo de la odiada protagonista. Claro que ella no era ni la mitad de segura que Mary. Aún así, la protagonista en un arranque de despecho se acostó con el hermano del amor de su vida y su mejor amigo; para después hacer lo propio con su amado. Tanta duda e indecisión la hicieron lastimar a dos seres queridos por ella. Al final queda sola y aunque cumple su sueño no tiene a nadie con quien compartir tal dicha.

Su amado había muerto y ella no hizo sino lamentarse de no haber hecho sus últimos días, los mejores.

Hipotético. Si ella supiese que es el último día de su vida, ¿Qué haría?, ¿se arreglaría con Takeru o dejaría que el orgullo hiciera que el último recuerdo compartido sea un fiasco?

Tal y como se dieron las cosas, en ese momento no podía contestar aquella pregunta.


El silencio era incómodo y la oscuridad no ayudaba en nada.

Miyako no pudo evitar suspirar audiblemente, si mal no contaba, aquella sería la décima o duodécima vez que lo hacía.

Maldito sea el genio que sugirió que la sala de cómputo no tuviese ventanas. Así al menos tendrían la luz del ambiente para iluminarse y no solo la escasa luz que daba el Pad de Ichijouji. El muchacho lucía tan impasible como siempre. Mirando la pantalla de su aparato como si eso los sacaría de allí más rápido. Definitivamente lo peor que podía pasar, además de quedarte encerrada y a oscuras con una persona era que esa persona en específico sea MUDA. Eso sin mencionar que te robó un beso y no lo recuerda. Además de antipático y cabezota.

Volvió a maldecir al arquitecto responsable de la estructura del instituto. Si hubiese una ventana al menos pudiera poner fin a aquella larga agonía. No quitándose la vida necesariamente, pero sí podría ponerse a gritar como una posesa hasta que alguien los saque de ahí. Pero no podía. Al paso que iba podría morir, ¡Dios! Ni en sus peores pesadillas hubiese imaginado que moriría asfixiada junto a Ken Ichijouji. ¡No! ¡No podía pasar los últimos momentos de su vida con él a su lado! ¡Quería chillar de la frustración!

Volvió a suspirar y a maldecir. Conforme pasaban los minutos repetía dicha acción. Sin contar con lo molesta que era para su compañero aquella acción.

-¡Para!-Habló finalmente el joven, notoriamente molesto.-Deja de hacer eso, es molesto y un desperdicio de oxígeno.

-Discúlpeme señor perfecto.-Le espetó la muchacha.-No puedo evitar que me ponga de los nervios estar encerrada en una habitación sin luz y con un… tú.

-¿Con un hombre?-Preguntó el azabache con el afán de molestarla.

-No, tú no eres un hombre, es más dudo que seas humano. Por eso eres un "tú".

-Ya.-Se rindió Ichijouji.-Pero suspirando no sacas nada y es muy molesto.

-Para mí es molesto estar aquí.-Estalló la joven de lentes.

-¿Crees que uno de mis sueños es estar encerrado contigo Inoue?-Inquirió sarcástico.-Perdón por decepcionarte pero no.

-Estás seguro que tu señal de internet no llega hasta aquí dentro.-Preguntó la joven esperanzada.

-No llega.-Contestó comprobándolo una vez más.

-Tanta tecnología y es inútil en momentos vitales.-Criticó Miyako.

-No veo que tu teléfono nos ayudase mucho.-Respondió Ichijouji a la provocación.

-¡Lo hubiese hecho si tuviera crédito!-Defendió ella su modesto celular.-Además mi linterna seguro durará más que tu Pad.

-¿Qué problema tienes con la mejora tecnológica?-Preguntó en tono cansino.

-Ninguna, lo que me molesta son los poseedores de dichos vienes.-Le contestó Miyako.-Creen que por tener tales bienes banales son mejores que aquellos que no los tenemos cuando no es así.-Añadió mirándolo acusadoramente.

-¿Crees que yo soy así?-Adivinó el muchacho.

-Estoy segura.-Aseveró recordando involuntariamente su encuentro en la fiesta.-Y déjame decirte que porque tengas mejor posición económica o seas más listo que los demás no te hace una mejor persona Ichijouji.

-Lo sé.

Escucharlo admitirlo era algo que la joven de lentes no esperaba. Así como tampoco quería iniciar una discusión con él es decir. ¿Cómo empezó? ¿Por qué él tenía un I-Pad y ella un Nokia con linterna?, ¿Por qué siempre que estaba con Ken Ichijouji en una misma habitación le hacía perder los estribos? Primero con esa pose tan prepotente y arrogante y luego, de alguna forma la hacía sentirse mal por decirle lo que consideraba, se merecía.

-Lo que no sé es qué ocurre contigo.-Le dijo sincera e irritadamente.-Desde la fiesta, tu actitud es otra. Sé que pasó algol, que no me lo quieres decir y exijo saberlo.

-No pasó nada.-Arrastró las palabras con dificultad y apartó la mirada ante el súbito recuerdo del beso de Ichijouji.

-Sí, sí pasó.-Aseguró él acercándose a la joven.-Venga, Inoue. Dímelo, imagino que bebí por la resaca del día siguiente pero no recuerdo absolutamente nada de la fiesta.

-No…-¿Qué quería que le diga?, que fue un cerdo, la besó y le soltó un montón de barbaridades.

El muchacho farfulló frustrado y adoptó una pose altiva.

-Sea lo que sea, no fue tan malo.-Sintió como la muchacha lo miraba y le sacaba los ojos. Su provocación funcionó.-Considerando quien soy yo y quien eres tú, seguramente fue algo banal e insignificante.

-¡¿Quién te crees que eres?!-Explotó, no podía tolerar lo que el muchacho insinuaba-¿Señor Perfección? ¡Ja! Déjame decirte que estás muy equivocado.-Ahora era ella quien se acercaba a pasos decididos al muchacho-¿Quieres saber la gracia que hiciste? Bien, te lo diré todo: Después de sacarte, casi cargando del lugar porque estabas tan ebrio que apenas te mantenías en pie, empezaste con tus ínfulas de superioridad, me ofendiste, me besaste y-¿Cuándo empezó a llorar?-Me volviste a ofender.

El joven estaba estupefacto. De todas las cosas que pensó había hecho en su estado de embriaguez, jamás hubiese considerado siquiera haber ofendido y besado a la muchacha. Ni siquiera le repitió lo que él le dijo, debió ser algo fuerte. No es de hombres hacer eso. Con justa razón Inoue lo veía con tanto desprecio últimamente, ¡no es para menos! Ahora quería saber qué le dijo; pero, era poco probable que se lo quiera decir. Seguramente no la insultó, no tenía motivos para hacerlo y no acostumbraba a usar lenguaje soez. Pero ella dijo que la ofendió…

La escuchó sollozar. Mierda, qué podía decirle. No podía burlarse de ella, no después de saber que la ha ofendido.

-¿Hay alguien ahí?

Cuando menos lo esperaban, las luces empezaron a parpadear hasta que la energía regresó completamente; dejando a una llorosa Miyako frente a un sorprendido Ken. Se escuchó que se abrió la puerta.

-Escuché ruidos y vine a ver…

Miyako no dejó que el conserje terminara de hablar. Atolondradamente recogió sus cosas, deseando no olvidar nada, luego salió de la sala de cómputo atropellando al encargado. Aquello fue tan humillante para ella, tener que decirle a Ken lo que él hizo aquella noche fue doloroso y humillante. No quiere volver a saber de él en la vida.

Ken la observó marchar sin saber qué decir. En sus diecisiete años de vida nunca tuvo que lidiar con una situación semejante. Menos con una sensible mujer. No se le ocurría que hacer ni qué arrepentía sinceramente y quería decirle que lo sentía al respecto pero era muy difícil. Igual que hablar con sus padres o con los demás. Sin embargo, esta vez se lo debía.

-Lo siento.

Pero, como siempre, nadie estaba para escucharlo.


Mimi miró complacida cómo su recámara se transformó en el sueño de toda mujer soltera. Productos naturales para rostro y cabello, una gama de esmaltes para uñas extensa, botanas bajas en grasas y té helado, negro y verde y cocteles de menta en su pequeña y rosada nevera. Una edición dorada de "The Notebook" y un paquete de Kleenex con aloe vera por si acaso. Parecía un SPA, nada mejor para hablar con tus mejores amigas.

El timbre sonó. Avisó al servicio que ella atendería y bajó rápidamente. Era Hikari, la sonrisa se le borró inmediatamente al notar el rostro abatido de la castaña. Ni siquiera se percató que Daisuke la acompañaba sino hasta después.

-Pasa, cariño. Mi recámara está lista.-Invitó a la muchacha quien apenas le saludó.-Te invitaría a pasar, pero eso conllevaría a que aceptas cualquier alteración estética en tu cuerpo.-Le advirtió juguetona. El castaño rió.

-Paso.-Respondió y finalmente echó un último vistazo a las escaleras por las cuales la castaña había desaparecido. Se acercó a Mimi e instó que ella hiciera lo mismo.-Anímala, ¿vale?-Pidió cómplice.

-También has notado que algo va mal con ella, ¿eh Daisuke?-El aludido simplemente se encogió de hombros y se ruborizó. A fin de cuentas no sabía qué había pasado con el rubio y si Tachikawa estaba enterada, primero habría de prenderle fuego antes de que lo confiese.-No te preocupes, hoy me encargaré de que se desahogue. Adiós Daisuke.

La dueña de casa cerró la puerta a sus espaldas y alcanzó a Hikari, quien la esperaba en el filo de las escaleras. Por la cara que traía, podía apostar que usaría los Kleenex sin la necesidad de ver la película.

-Vamos.-La invitó a subir.-Tienes que decirme, porqué esa carita.-Lo único que obtuvo de respuesta fue un sonoro y pesado suspiro.

Iban por el primer descanso de las escaleras cuando unos fuertes golpes contra la puerta las detuvieron. Mimi le dijo a Hikari que siguiera y luego bajó los escalones de dos en dos. Debía de tratarse de Miyako pero ella no golpearía así. Su sorpresa fue grande cuando encontró a su amiga de cabellos morados, actualmente alborotados, su respiración era agitada y con lágrimas perfilando su rostro.

-¡Oh Mimi!-Exclamó antes de abrazarse a su amiga angustiada.

-Vamos, arriba.-Atinó a decir la muchacha antes de cerrar la puerta y direccionarse a su recámara. Una vez ahí dentro, Hikari vio el rostro de Miyako bañado en lágrimas y como si fuese una especie de maligna reacción en cadena los ojos chocolates de la menor Yagami se llenaron de lágrimas previo a dar rienda suelta al llanto.

Miyako se soltó de Mimi para abrazar a Hikari y ambas se desahogaron. La anfitriona se limitó a sentarse en el suelo de su habitación y acunar a ambas jóvenes con ternura sobre su regazo. No sabía porqué lloraban y ella también quería hacerlo por la reacción en cadena, pero no podía. Dadas las circunstancias ahora le tocaba a ella ser la fuerte. Lo primero era dejar que ambas lloren y se quiten aquello que lleva días molestándolas, luego ya vería cómo solucionar la situación.

Al cabo de unos veinte minutos, el llanto se aminoró hasta que se convirtió en débiles gimoteos. Los pañuelitos estaban por acabarse y Mimi ya no sentía las piernas por la incómoda posición en la que se situaba.

-Lo siento Mimi.-Se disculpó Miyako incorporándose, seguida por Hikari.

-Sí, mira que invitarnos y nosotras ponernos a llorar. ¿Tus papás no están?-Preguntó la modosita Yagami.

-No, tranquilas chicas. Mis padres no están.-Les contestó recordando que había visto en la mesilla una invitación para una cena de caridad y por supuesto que el misericordioso y amoroso matrimonio Tachikawa no podía dejar de ir para aparentar ser el la mejor pareja del año.-Y aunque estuviesen, saben que ni siquiera lo hubieran notado.-La nadadora se puso de pie para ir a la neverita y empezó a sacar las bebidas verdosas-¿Coctel?, es light.-Aseguró.

-Gracias.-Respondieron ambas al unísono, aceptando lo que Tachikawa les ofrecía.

-Ahora, ¿Quién empieza?-Preguntó la muchacha observando el rubor en el rostro de sus amigas.-No esperen que crea que veinte minutos de llanto son producto del SPM.

-Verán.-Empezó Miyako.-Hay la oportunidad de una beca…-Empezó a relatar su desgracia. Desde que el director le comunicó sobre el proyecto, la desastrosa fiesta, se destapó e incluso les dijo los insultos que le profirió y los eventos que ocurrieron aquel día. Luego de finalizar su relato, apresuró su bebida y finalmente vio a sus amigas con indignación marcada en sus ojos castaños.-Ken Ichijouji es una persona horrible.

-Has dicho que no tiene una buena relación con sus padres.-Se atrevió a sugerir Hikari.

-Yo tampoco me llevo de bien con mis padres.-Apuntó Mimi.-El punto es que no tenía ningún derecho de tratarte así. Ebrio o no. Sin embargo, dadas las circunstancias, lo mejor será que se pongan de acuerdo. Es una oportunidad invaluable, sí, pero no por eso debes dejar que te pisotee.

-Por supuesto.-Corroboró Hikari.-Pero, sabes que tienes que hablar con él para que puedan trabajar juntos.

-Supongo.-Contestó resignada.-Pero no quiero trabajar con Ichijouji.

-¡Eso no diría la Miyako que conozco!-Expresó Mimi sirviendo otra ronda de coctel.-Ella le demostraría a Ichijouji y a todo el mundo que es diferente. Siempre te han gustado los desafíos porque siempre los superas. Míralo así, Miyako.-Empezó Tachikawa.-En el futuro, cuando entres a la Todai tendrás mayor competencia y te encontrarás jóvenes incluso peores que Ken. Tendrás que superarlos y demostrar tu valía.

-Empieza demostrándosela a Ken Ichijouji.-Añadió Hikari con una sonrisa.-Nosotras confiamos en ti y sabemos que lo lograrás.

-¡Chicas!-Miyako exclamó conmovida.-Son las mejores. Lamento no habérselos contado antes. Ni siquiera sé porque no lo hice.-Claro que lo sabía, no les había dicho nada porque ella tampoco acababa de aceptar la situación. Hasta ahora. Mimi tenía razón, ella no era de las que dejaban vencer. Ya había llegado demasiado lejos para eso y ahora que ya no tiene guardado dentro de sí aquello que tanto le molestó.-Creo que ahora que le grité, podré trabajar con él.

Jamás admitiría que le decepcionaba que él no recuerde nada.

-Si te vuelve a dar problemas, nos avisas. Ken Ichijouji escuchará a Mimi Tachikawa.-Añadió solemne.-Su comportamiento no tiene excusa.

-Tampoco la tiene fácil.-Se apresuró a decir la muchacha de lentes.-La familia de Ichijouji es una mierda y él no es tan fuerte como aparenta o cómo tu y le afecta aunque jamás lo admita y…-Se detuvo al darse cuenta de lo que estaba haciendo. Al tener al par de castañas parpadeando sincronizadamente y mirándola a ella. Se ruborizó y se terminó el vaso con la bebida verde.-No es cómo si lo defienda. ¡No es eso! No se lo merece-Demonios, ¿Cuánto alcohol tenía ese coctel?-Sólo digo la verdad.

Mimi y Hikari prefirieron ignorar la situación. Notaron la reacción de su amiga, muy inusual. Tomando en cuenta la sarta de insultos que profirió al muchacho previamente. Lo estaba defendiendo. Mimi entrecerró los ojos, algo le decía que las cosas entre Miyako y Ken darían mucho que ver y hablar; pero, lejos de ser un mal presentimiento era todo lo contrario.

-Todo saldrá bien Miyako, estoy segura.-Le sonrió Tachikawa.

-Nosotras estaremos de tu lado, siempre.-Hikari tomó la mano de su amiga impartiéndole simpatía.

Miyako sonrió, sintiéndose afortunada de tener las amigas que tenía.

-Ya hablamos mucho de mí.-Añadió dándole una especulativa mirada a la menor Yagami.-Tú también traes algo Hikari y me corto un brazo si Takeru no tiene algo que ver.

Mimi se mantuvo callada, observando cómo el pálido rostro de la muchacha fluctuaba entre los diferentes matices del rojo. Tomó su bebida, buscando valor para hablar. Tachikawa ya sabía lo que diría, pero, Miyako no y parecía estar a la expectativa. Claro que Mimi no esperaba escuchar lo que salió de los labios de la menor Yagami.

-Le confesé mis sentimientos.-Tuvo que reunir mucho valor para decirlo así que lo mejor sería soltar todo de una sola vez, cómo una bandita.-Me declaré, lo besé y… y…-Inhaló y exhaló. Sintió que las lágrimas volvían a acudir a sus ojos y sus manos temblaban sosteniendo aquel vaso vacío.-Me entregué a Takeru.

Las dos copas cayeron, afortunadamente a la alfombra amoblada, de manera que no se rompieron. Mimi y Miyako no podían creer lo que habían escuchado y lo único que las sacó de su estupor fueron los sonoros sollozos de Hikari. Rápidamente acudieron a su lado y abrazaron con fuerza a la pequeña.

-Ya, tranquila.-Confortaba Miyako.-No hiciste nada malo.-De repente se sintió mal porque su pena se sentía tan insignificante a lado de la pobre Hikari. Especialmente porque sabían el gran amor que Hikari sentía por el muchacho y el que después de todo ella terminara como terminó sólo significaba que había sido rechazada.-Puedo hablar con unos amigos y te aseguro que Takeru amanecerá boca arriba en el río.

Aquel comentario no hizo reír a la muchacha, pero empezó a apaciguar su llanto.

-El muy canalla.-Masculló Mimi entre dientes. Takeru sólo le dijo que había besado a su amiga, nunca mencionó haberla… desflorado.-Pero se va a enterar.

-¡No!-Exclamó la joven castaña asustada.-Taichi sabe que me declaré y tanto él como Daisuke asumen que fui rechazada. No me importa que eso se propague.-Aseguró la menor del grupo.-Sólo ustedes saben qué tan lejos llegaron las cosas entre nosotros. Prefiero ser el hazmerreír de la escuela a ser considerada una cualquiera.

-¡Por favor!-Exclamó Miyako horrorizada por lo que escuchaba.-Tienes mucha más clase que todas las golfas con las que se ha revolcado Takeru aunque te le hayas entregado.

-Nadie osaría llamarte o pensar siquiera en ti como una cualquiera.-Aseguró Mimi con ternura.-Te entregaste por amor, al chico que has querido desde los seis. No hay nada de indigno en eso. El amor no tiene orgullo, por eso dicen que es ciego, sordo y mudo.

-Aún así, Takeru merece la hoguera.-Sentenció Miyako.-No pienso volver a hablarle.

-Este es un problema entre Takeru y yo.-Señaló Hikari firmemente.-He decidido marcar distancia. Agradezco vuestra solidaridad pero no quisiera que ustedes se pelearan con él por mi culpa.

-Nuestra pequeña Hikari ya es toda una mujercita.-Señaló Mimi con orgullo y riendo al ver como se avergonzabala aludida. Pero, era cierto. Hikari siempre fue sobre-protegida por todos a su alrededor. Taichi, Takeru e incluso Daisuke.-Si así quieres que sea, respetaremos tu decisión.-Aunque, pensaba golpear a Takeru por haberle dicho la verdad a medias.

-Al menos deberíamos asustarlo.-Siguió farfullando Miyako.-Hay una pandilla por mi casa y me deben algunos favores…

-Si Hikari hubiese querido, hoy en día Takeru no estuviera entre nosotros.-Señaló Mimi.-Bastaba con insinuárselo a Taichi. Me alegra que estés frecuentando a Daisuke.-Añadió Mimi cambiando el sentido de la conversación.

-¡¿Qué Hikari qué?!

-No es lo que piensan.-Apresuró a aclarar la muchacha.-Daisuke no sabe nada pero imagina algo y me ha ofrecido su amistad sinceramente.

-Claramente tendrá esperanzas de llegar a algo más.-Explicó Mimi.-Y quisiera que te tomes las cosas día a día y no le cierres las puertas en las narices. Quien dice y Daisuke es el amor de tu vida.

-Además que si le cierras las puertas, seguro rompe las ventanas.-Acotó Miyako.-Apoyo a Mimi. Además, así le demuestras a Takeru que no estás muriendo por su rechazo. Si es verdad que no siente nada por ti, se sentirá aliviado de no haberte traumado o algo parecido.

Ninguna de las dos mencionó que de no ser así, el rubio empezaría a subirse por las paredes y no tardaría en admitir lo que siente por Hikari.

-Debí habéroslo dicho antes.-Acotó Hikari. Miyako la secundó.

-Claro, tal vez los problemas no se resuelven pero se aligeran si es que los compartimos.-Tachikawa alzó su copa.-Para eso estamos las amigas.-Añadió animada.

Miyako y Hikari compartieron una mirada cómplice y ambas centraron su vista en Mimi.

-¿A ti no te pasa nada?-Preguntó la joven Inoue pillando desprevenida a la anfitriona.

-¿Por qué habría de pasarme algo?-Contestó con otra pregunta y procurando que no se note su tensión ante tan repentina pregunta.

-No sé.-Respondió Hikari.-Sólo que Miyako y yo hemos estado tan liadas con nuestros problemas que no nos hemos fijado mucho en ti, a diferencia tuya que has estado pendiente de nosotras.

Mimi se relajó notoriamente y les sonrió.

-Estoy perfectamente.-Aseguró.

-Lo de Michael…

-Ya está superado.-Se apresuró a contestar.-No puedo perder mi glamour por esa clase de personas.

-¡Así se habla!-Exclamó una enérgica Miyako.-Yo no perderé el mío por el idiota de Ichijouji y Hikari no perderá el suyo por Takeru.

-Amén.-Sentenciaron las otras dos chicas al unísono.

Mimi miró a sus amigas complacida. Lucían mejor, más tranquilas. Aunque la pena no se disipara de sus ojos. Sabía que todas lograrían superar sus problemas. Se sintió mal por no decirles lo de Yamato, también hubiese querido compartir sus inseguridades y que apoyasen el hecho de que está dispuesta a defender su reciente relación con uñas y dientes. Pero, no podía prever cómo lo tomarían. Después de todo, su relación es prohibida y anti-ética y tenía que seguir siendo secreta. No es que desconfiara de ellas, pero, no hay mejor secreto que aquel que no es compartido. Estaba segura que Miyako y Hikari nunca se lo dirían a nadie. Sin embargo, al comentarlo entre ellas podrían ser escuchadas.

Aquello le causaría un escándalo a su familia, pero, era Yamato el que le preocupaba. Él no sólo perdería su empleo sino la credibilidad como docente. Por eso su relación debía ser un secreto, por eso había decidido que su cita fuese en uno de los distritos vecinos.

Suspiró ilusionada, al siguiente día tendría su primera cita con Yamato.


No sabía qué hacía ahí. Pero, ciertamente no le disgustaba del todo. Nunca se había atrevido a ir a una convención Otaku y francamente estaba maravillada con lo que veía. A pesar de ser temprano aun, ya se veían personas con trajes de sus Animes favoritos. Habían muchas cosas que comprar y que ver y no se sentía extraña puesto que habían personas visiblemente mayores que ella revoloteando alegremente por los alrededores y no necesariamente acompañando a un menor de edad.

Lo mejor de todo resultaba que no era extraño que estuviese sola. Al contrario, había atraído más de una mirada y no era para menos tomando en cuenta como lucía. Una falda tubo negra que mostraba sus bien torneadas piernas, las mismas que eran cubiertas por largas medias de nylon negras y una blusa roja que cubría su busto, de cinturilla alta y suelta hasta debajo de su vientre de manera que su abdomen era cubierto. Se había colocado las extensiones, pero, esta vez primero se hizo una cola de caballo; de manera que su rostro se afinaba.

¿Por qué se había vestido así? Para mostrarle de una vez por todas aquella lección que quedo pendiente con Taichi Yagami. Cuando regreso de la clínica encontró sobre su escritorio el panfleto sobre la exposición. Atrás llevaba escrito un: "Vamos, será divertido." Aquella era su oportunidad y no iba a desperdiciarla. Taichi iba a arrepentirse de haberse burlado de ella dos veces.

-¿Tú?

Escuchó como una sorprendida voz masculina hablaba a sus espaldas. Dedujo que era él y no se equivocó. Tras de ella se encontraba el profesor de gimnasia, vestido atléticamente y mirándola sorprendido. "En tu cara Yagami", pensó su subconsciente. Feliz de verlo tan perplejo por su cambio. Nunca más osaría burlarse de ella.

-¿Qué hace aquí la princesa de la fiesta?-Preguntó coquetamente.

Sora quiso caerse de espaldas. Por el amor de Dios, ¡¿Cuán ciega podía estar una persona?! Le gritaría en ese instante que era ella. La solterona amargada de la que tanto se burló. Lo vio acercarse hasta quedar frente a ella.

-¿No es obvio?-Cuestionó como quien no quiere la cosa, siguiéndole la corriente. Esperando que la reconozca.

-¡¿Eres Otaku?!-Exclamó sorprendido. La pelirroja asintió con recelo-¡Cásate conmigo!

Takenouchi no pudo evitar reír. Tal vez debería aceptar y llevarlo al registro en ese instante de manera que se enteraría quién era ella solo cuando fuese demasiado tarde. Aquella sería una jugada maestra, pero ella también perdería. Atándose a un hombre que la consideraba la última mujer sobre la tierra con la cual podría plantearse mantener una relación. No era que él figurara entre sus primeras opciones, no, nunca.

-¿Qué haces aquí?-Le preguntó desviándose del tema.

-¿Bromeas?-Contestó con otra pregunta.-Siempre vengo. Por eso, puedo decirte con seguridad que es la primera vez que vienes.

-Efectivamente.-Respondió suspicaz-¿Vienes solo?, ¿esperas a alguien?-Lo probaría sin que él se diera cuenta. Si él le decía que sí, que la esperaba, que la invitó. Entonces las cosas quedaban hasta allí. Le diría quién era ella en realidad y no tendrían que llegar a mayores. Su ego no resultaría tan atrofiado. Sin embargo, si decía que…

-No, no vengo ni...-Dudó un momento, se podría decir que sí esperaba a alguien pero… Total y probablemente Sora nunca llegaría. Además, se prometió no perder de vista a la belleza pelirroja si es que se volvía a cruzar en su camino.-Ni espero a nadie.

El muchacho no advirtió el brillo de malicia en los ojos de la pelirroja.

-Ya veo.-Le regaló una candorosa sonrisa.-Entonces, no te molestará mostrarme los alrededores.

-Por supuesto que no.-Asintió contento, ofreciéndole un brazo que la mujer aceptó gustosa.

Sora no sabía ser coqueta. Pero, había visto muchas novelas, leído muchos libros y visto a su hermana en acción en más de una ocasión. Taichi era un ser humano de mente simple y un hombre que piensa con lo que tiene entre las piernas. Vengarse por las cosas que ha dicho será mucho más divertido de lo que creía. El aún no sabía que estaban jugando con fuego.

-Ten, para ti.-Dijo el muchacho extendiéndole una rosa de un estante por los que pasaban. Era un puesto que pintaba rosas de diversos y extraños colores. La que le dio a la joven era una de una mezcla de diversos rojos.-Aunque no le hace justicia a tu cabello, es de un rojo muy bonito y diferente.

Nunca le habían regalado una insignificante rosa. Mucho menos la habían elogiado de aquella forma. No pudo evitar ruborizarse.

-G-Gracias.

Quien juega con fuego, acaba quemándose.


Revisó su reloj por tercera vez. Marcaba las cuatro menos diez. Faltaban minutos para la hora pactada y quizá más tiempo tomando en cuenta el elegante y cortés retraso de rigor. Todo el mundo lo hacía para cualquier encuentro que no era de negocios. Entonces, aún quedaba tiempo para encontrarse con ella. Aún así, se sentía nervioso. Cómo un adolescente en su primera cita.

Aquello era absurdo. Tomando en cuenta que él era un hombre hecho y derecho. Ya se había casado y había enviudado. Observó su mano izquierda, específicamente su dedo anular. Ahí estaba su alianza. Sería problemático si alguien la viese y se percatara que Mimi no lleva ninguna. La gente podría malinterpretar; por lo que procedió a quitársela. Le contempló minuciosamente. El oro era real. No muy caro ni tenía tantos quilates, fue lo poco que pudo pagar con sus ahorros y trabajos de media jornada. Había dos inscripciones en ella. La una, era el tradicional nombre. "Kasumi" y la otra, había hecho que escribieran "Hasta que la muerte nos separe."

Nunca habría imaginado que aquello ocurriría tan rápido.

Por eso había decidido que no volvería a involucrarse con nadie sentimentalmente. Sin mencionar que ni se creía capaz de hacerlo. Amó a su esposa con todas las fuerzas de su corazón y cuando ella murió sintió que sus sueños y esperanzas respecto a aquel afanado "Felices para Siempre." Se destrozaron. No quería volver a amar a alguien así, porque no quería volver a sufrir de tal manera. Si volvía a pasar por lo mismo, ni siquiera Taichi o toda su familia junta podrían volver a sacarlo de aquel estado de depresión.

Pero, no contaba que aparecería en su vida cierta castaña con sonrisa de ángel y estuviera tan decidida a penetrar aquella dura coraza de autodefensa que él mismo se había colocado. Lo peor de todo era que a él no le era indiferente. Al principio pensó que sólo había despertado en él, el instinto protector que todos los hombres poseen. Sin embargo, todo cambio cuando juntaron sus labios. Despertó en él algo más, algo que pensó no volvería a sentir jamás.

-¡No es justo!

Una voz femenina llamó su atención y lo obligó a girarse para encontrarse con una muy bonita vista.

Una castaña con cuerpo de infarto estaba frente a él. Envuelta en un bonito vestido corto, rosado y gris; informal, pero, saltaba a la vista que era de alta costura. No llevaba tacos, sino, unas botas de vaquera que llegaban casi hasta la rodilla. De manera que apenas y se veía un cuarto de la piel del muslo. La pieza le quedaba como un guante, sacando a relucir los mejores atributos de la muchacha. Su cintura estrecha, sus torneadas piernas, su proporcional busto y su largo cuello.

Parpadeo tres veces seguidas antes de volver a la realidad. Sobretodo, al darse cuenta que no era el único que apreciaba lo mona que iba aquella joven frente a él. Frunció el ceño tras sus lentes oscuros y se las puso sobre la cabeza. Guardó su anillo en bolsillo del pecho de su camisa y se encaminó a la joven amohinada.

-¿Qué no es justo?-Preguntó con una media sonrisa. Observando con satisfacción como todos los hombres a su alrededor parecían haber entendido que aquella joven no iba sola.

-Se supone que yo llegaría puntual y tu te demorarías un poco.-Empezó a decir mientras miraba cómo iba el rubio.-Entonces llegarías avergonzado por dejarme esperando y yo como linda y buena novia te diría que no hay problema.-Se sintió avergonzada por decírselo. Pero, ¡debía de haber sido así! No era justo.

Así como tampoco lo era que él se viera tan bien en unos simples jeans gastados y una impecable camisa negra y deportivos. ¡Ella revolvió su habitación! El vestido que traía puesta fue elegido luego de habérselo probado tres veces con distintas combinaciones de carteras y zapatos. Aún así, él no le había dicho que estaba mona o algo parecido. Quizá usar rosa la hacía ver muy infantil y él era todo un hombre. ¡Que lío!

Por su parte, el rubio miraba complacido como la joven se enfurruñaba y desviaba la mirada. Estaba roja y pudo apreciar que su rostro iba desprovisto de maquillaje. Sus pestañas, abundantes y oscuras lucían naturales, igual que toda ella. Apenas se notaba el brillo translúcido que se había puesto en los labios.

Y su cabello. Eso era lo que más le gustaba de ella: su largo y ondulado cabello color caramelo. Se veía tan sedoso y suave al tacto. Tenía vida propia y era adorable ver como los bucles se formaban de manera natural desde la mitad del cabello. Irónico. Aquello era lo único en lo que diferían físicamente con su difunta esposa y era lo que más le gustaba de Mimi.

-¿Tengo que disculparme por ser un caballero y llegar antes?-Preguntó divertido.

-No.-Contestó ella aún molesta porque las cosas con él no salieran como siempre. Es decir, tal y como ella quería, siempre se salía con la suya excepto en lo que a Yamato concernía.-Pero ni modo.-Se apresuró a agregar observando como se alzaba una de aquellas perfectas cejas masculinas-¿No piensas saludarme?

Aquello lo pilló por sorpresa y la castaña aprovechó aquel flanco para ponerse de puntitas y rozar sus labios.

-Así se saludan los novios.-Se apresuró a explicar.-Ahora vamos.-Tomó su mano entre las suyas y se adentraron juntos al establecimiento-¿Dónde quieres ir?

-Yo debería preguntar eso.-Corrigió el muchacho.

-Yo quiero ir a la montaña rusa.-Anunció animada.

Sin duda, su ánimo era contagioso. Llegaron a la boletería y vio como la castaña hacía un además de sacar algo del pequeño bolsito que cruzaba en diagonal por su esbelta figura.

-No sé qué tanto habrán cambiado las costumbres desde la última vez que salí a una cita.-La detuvo tomando su mano.-Pero, yo pago.-Le dijo mientras hacía lo propio entregando el dinero en la boletería.

-Es la primera vez que reconoces que tenemos una cita.-Le dijo Mimi con los ojos ilusionados y notando como él se ruborizaba.

-Pasen por aquí.

Yamato agradeció la intervención de la dependienta y dejó pasar a Mimi primero en dirección a los juegos mecánicos. Se subieron y aseguraron en el aparato y empezaron a subir. Cuando estuvieron a punto de llegar a la cima, ella tomó su mano, él se giró y ella le sonrió. Todo aquello antes de empezar a gritar por la adrenalina del juego.

-¡No es gracioso!-Exclamó Mimi molesta ante el rostro de su acompañante que tenía una mueca clara de contener la risa.

-Perdona, no puedo escucharte. Creo que quedé sordo.-Se burló el rubio haciendo referencia a los gritos de la muchacha.

-No es culpa mía, hacía mucho tiempo que no me subía a uno de esos aparatos.-Se defendió.

-¿Qué tanto?-Se animó a preguntar. Él si había ido hasta hace poco, la última vez fue con Kasumi, a ella le encantaban ese tipo de juegos.

-Desde los diez años.-Aquella fueron las últimas vacaciones familiares a las que ella acudió. Cuando su padre empezó a prosperar y las llevó a Disney en Tokio.

Yamato notó que aquello no traía precisamente buenos recuerdos en la castaña. De nuevo, ella despertaba en él reacciones que no terminaba de entender. En esos momentos quería crear nuevas y buenas memorias con la castaña por lo que se apresuró a su lado, a tomar su mano y seguir caminando.

-¿Dónde vamos?-Preguntó tratando de sonar casual-¿La casa embrujada?-Preguntó recordando que a Kasumi solía encantarle ir ahí. Más de una vez había salido riéndose de lo falsos que eran en aquella atracción.

-No me gusta la casa embrujada.-Contestó la muchacha deteniéndose.

-Pero si a ti te…-Regresó a ver a la joven y se encontró con Mimi mirándolo expectante e insegura. No pudo sino inspirarle ternura y mandar los recuerdos de los momentos compartidos con Kasumi a un lado, momentáneamente.-Venga, yo estoy contigo no te dejaré sola.

Mimi sonrió y tomó su mano segura, confiada y ambos entraron al establecimiento. Sabía que podía confiar en Yamato. Salieron al cabo de pocos minutos. La castaña gimoteaba y reía al mismo tiempo. El rubio se encargó de entretenerla todo el recorrido y efectivamente terminó por encontrar gracioso a los intentos de las personas por parecer terroríficos.

Siguieron paseando por el lugar. Yamato fue muy caballeroso y cortés; sin embargo el silencio aún primaba en ellos en los ratos muertos y no debía ser así.

-¿Te apetece comer algo?-Preguntó el joven profesor amenamente.

-Sí.-Contestó la joven tomando su brazo.

Fueron a uno de los establecimientos de comida y disfrutaron de una cena informal. Pizza y soda, una vez sentados y después de comer. Mimi tomó la batuta de la conversación.

-¿Cuál es tu color favorito?-Preguntó súbitamente.

-¿Eh?

-¡Contesta!-Exigió la muchacha.-No me gusta admitirlo pero no sé mucho sobre ti y eso tiene que cambiar.

-¿Por qué?-Indagó el rubio.-Puede que lo que descubramos no nos agrade.

-Sé que quiero arriesgarme.-Contestó la muchacha posando sus pequeñas manos sobre las grandes y masculinas del joven Ishida.

Yamato se tensó ante el gesto más no se alejó. Alzó la mirada y sus ojos se perdieron en el mar de caramelo que era la vista de ella. Se veía tan ingenua, aunque fuese ella quien tomase la iniciativa en todo, al mismo tiempo era tan frágil y delicada. Se sentía tan sincera, que lo invitaba a confiar en ella. Le inspiraba una calidez y una ternura que lo asustaba, porque…

-Sería demasiado sencillo enamorarse de ti.-Masculló entre dientes. Molesto consigo mismo por sentir lo que sentía y por percibir el peso que su alianza en su bolsillo.

-¿Dijiste algo?-Preguntó Mimi porque lo había escuchado mascullar.

-Dije, blanco.-Improvisó rápidamente-¿El tuyo?-Le siguió la corriente.

-Rosado.-Contestó con simpleza-¿Qué tipo de música escuchas?

-Clásicos.-Contestó con simpleza y la miró con elocuencia.

-Música extranjera desde los 50's a los 70's.-Contestó sorprendiendo al rubio cuando pronunció nombre de grupos con perfecta fluidez-¿Qué esperabas?, ¿Sólo J-Pop y K-Pop?

El aludido sólo rió. Francamente esperaba exactamente eso. La castaña lo notó y dejó escapar su cantarina risa. Él empezó a hablarle sobre canciones y letras y ella le pudo seguir la conversación con deleite. Rompiendo tensiones instantáneamente, la música era algo que ambos disfrutaban y que al parecer les apasionaba.

-Reconozco que me has sorprendido. Ni siquiera nacías en la época en la que esta música fue un éxito.-Halagó.-Yo apenas era un bebé.

-La buena música durará por siempre en el mundo, independientemente del lugar que proceda.-Citó dramáticamente.

-Eres un estuche de monerías.-Le dijo Yamato. Aquella postura de ella hizo que el joven de ojos azules no creyera a la muchacha que tenía en frente. A veces tan inmadura y otras, tan irreal.

El equilibrio perfecto entre una niña y una mujer. Pero, él ya era un hombre y los hombres debían de buscar mujeres, no niñas, menos sus propias alumnas. Aquel pensamiento le provocó una mueca de desagrado.

-¿Qué tipo de comida te gusta?-Preguntó la castaña sacándolo de sus cavilaciones.

-He estado tanto tiempo lejos del país que todo lo que sea tradicional me sabe de maravilla.-Reconoció tras una pausa.-Aunque, no sé si pueda volver a comer un pollo a la cordon bleu como el de París.

Mimi no se lo diría pero desde el siguiente día empezaría a practicar su cocina francesa hasta perfeccionarla, aunque tuviese que contratar a un chef de Francia, y el postre que tanto le gustaba a su querido rubio según lo que escuchó.

-¿Tienes alguna otra pregunta?

¡Tenía varias! Quería saber cuantas novias tuvo, cuando fue su primer beso, su momento más vergonzoso, el más feliz, el más triste. Pero temía a las respuestas. Temía arruinar la velada, pero le aterraban las respuestas. Temía que todos los momentos importantes en la vida de Yamato estuviesen vinculados al fantasma de su esposa.

Ella se encargaría de crear nuevos recuerdos y hacer que Yamato olvide, no, supere su pérdida. Sólo necesitaba que él le diera carta blanca y le permitiese entrar en su corazón. Y para saber eso, sólo debía hacer una pregunta. Pregunta la cual le aterraba conocer la respuesta.

-Ninguna.-Contestó finalmente.

El rubio se adelantó a la muchacha y se puso de pie para ayudarla a hacer lo mismo. Salieron del establecimiento y caminaron por el lugar. No se alejaron mucho cuando el rubio notó que sus lentes se habían caído, pidió disculpas a Mimi y fue a buscarlos donde habían comido.

La joven miró a los alrededores hasta que de repente, la joven se quedó petrificada ante el peluche más hermoso que había visto en su vida. Era un tigre de bengala inmenso, cubriría al menos la mitad del ancho de su cama y lo que más llamó su atención fueron el gran par de ojos azules que la miraban. Aquella mirada felina, que le recordaba tanto a su querido profesor.

-¿Lo quieres, linda?-Preguntó el dependiente.-Sólo aciértale a los tres blancos y será tuyo.

-Puedo ganarlo para ti.

La joven se giró sorprendida al escuchar una voz masculina. ¡Yamato! Más, su rostro no pudo ocultar su decepción cuando se encontró con otro joven, con el cabello oscuro y grandes ojos del mismo color que contrastaban con su pálida piel. Sí, era muy guapo pero, no era su profesor.

-No gracias.-Se excuso con una sonrisa.-No es necesario.

-Insisto.-Se animó y puso el dinero sobre el mostrador.-Una ronda por favor.

El encargado le extendió el arma con el que disparaba a los blancos. Acertó al primero ante la perpleja mirada de la joven. Le dio al segundo y sonrió complacido al haber capturado su atención. Falló al tercero, apropósito, por supuesto. La mitad de su estrategia ya había sido puesta en práctica.

-Lo siento.-Se excusó pretendiendo lucir apenado.

-No es nada.-Le aseguró ella.-No tenías que hacerlo de todas formas.

-Permíteme resarcirte.-Pidió.-Te invitó una malteada.

-Apenas he terminado de comer.-Se disculpó con voz seca, procurando mantener las distancias.

-Entonces a un juego. Vamos, acepta.-Pidió tomándola del brazo sin su consentimiento.

-Vengo con mi novio.-Trató de librarse del chico.

-Debe ser un tonto.-Le dijo.-Dejándote sola aquí.

Ella iba a contestarle que ahí el único tonto era él y que la soltase. Que no sabía aceptar un no por respuesta. Pero, justo cuando iba a hacerlo se escucharon tres disparos de corrido, llamando la atención de ambos. Cuando se giraron vieron a Yamato recibiendo el premio que había visto, de lejos, a la castaña añorar.

-¡Qué buena puntería joven!-Exclamó el dueño tan sorprendido por su puntería que ni siquiera le molestó perder el premio.

Yamato no le contestó. Con suma elegancia se volteó y acercó a la castaña. Su elegancia era palpable y la mirada que le dedicaba al moscón que estaba agarrando el brazo de la chica, podía congelar a cualquiera. Soltó a Mimi como si quemase. Más, cuando se giró a la muchacha para entregarle el peluche le dedicó una resplandeciente sonrisa.

-Para ti.-Le dijo antes de girar la mirada al blandengue que lo miraba perplejo. Era muy consciente de qué hacer para intimidar a las personas y había utilizado todo aquello en el… joven. Pasó su brazo por los hombros de su alumna.

El mismo que parecía bastante sorprendido. El rubio frente a él podría no ser musculoso o gigante. Pero tenía una mirada que lo dejó sin habla.

Mimi estaba alucinada. Era como los protagonistas de los Shojos que leía de vez en cuando. Se giró con una malévola mirada al moreno mientras abrazaba su peluche y a Yamato, aferrándose a su cuerpo.

-¿Decías?-Preguntó consciente de que no diría nada y se iría con el rabo entre las piernas.

-No estás en tu liga niño.-Le hizo notar el muchacho con sus ojos azules mirándolo de manera arrogante.-Demasiado para ti.

El azabache se marchó sin decir nada. Avergonzado por lo que acababa de ocurrir. No miró atrás para encontrarse con el sonriente rostro de la castaña.

-Te dejé sola cinco minutos.-Masculló el muchacho entre dientes.

La joven de ojos caramelo no pudo evitar reír y sus cantarinas risitas llamaron la atención de su acompañante que la regreso a ver con una ceja alzada. Ella no le contestó, estaba feliz, lo que acababa de ocurrir fue casi un ataque de celos. Yamato pareció dejarle bien en claro al muchacho que ella estaba a su lado y que no era ningún tonto. Se sintió muy feliz de provocar aquella reacción en él. No pudo evitar ponerse de puntitas y darle un cándido beso en la mejilla.

-Gracias.-Dijo Mimi.-Por esto.-Señaló el peluche.-Y por aquello.-Hizo un ademán con la cabeza al lugar donde desapareció el muchacho.

-De nada.-Contestó girando el rostro para que la muchacha no notara su turbación. Lo que acababa de ocurrir era algo que no le sucedía en mucho tiempo. Es más, siempre había sabido controlarse. Nunca había sido tan imprudente e impulsivo. Cuando lo vio coqueteando con ella, no puede decir que le agradó, más aún quería hacerse presente en ese instante. Sin embargo, recordó que ambos eran estudiantes. Él buen mozo y ella, preciosa. Los estudiantes deben salir con estudiantes. Si es que Tachikawa hubiese respondido a su coqueteo él se hubiese marchado tranquilo. Aliviado de que aquel devaneo hubiese quedado hasta allí. Pero, cuando vio al tipito tomando el brazo y por la fuerza a su novia no pudo evitar actuar.

Aquel mozalbete no tenía ningún derecho a tocarla. Porque Mimi era su novia.

Dios, ahora hasta decía que Mimi era su novia. No podía pensar así cuando se suponía aquello tendría final en unas horas. Con aquella salida ella debía entender que eran muy diferentes. Aunque, claro, resultó al revés y al parecer tienen más en común de lo que pensaban. Pero, no, no podía.

-¿Yamato?

Su voz lo sacó de su ensoñación y regresó a verla. Tenía una mirada preocupada.

-Tranquila.-Trató de sonreírle.-No pasa nada. Como un adulto que soy, no podía dejar que aquel muchacho molestara a una niña, a mi alumna.

Mimi asimiló aquella oración cómo él quería. Lo supo por cómo lo quedó mirando. Sí, así debía de ser. No podía seguir mirando su carita compungida y empezó a caminar para alejarse de ella. Era extraño, a pesar de saber que hacía lo correcto, resultaba molesto e incómodo.

-Yamato.-Llamó Mimi tomándolo del brazo. Se negaba a dejarlo escapar.-Mírame.-Exigió con una voz seria y dulce a la vez. El rubio la obedeció.

Ahí estaba de nuevo, ella y su capacidad de volverse una mujercita en un segundo.

-Tachikawa.-Empezó a decir.-Los alumnos deben salir con alumnos.

-No estamos en el instituto.-Lo interrumpió ella.-Sólo somos Mimi y Yamato. Dos jóvenes en una cita.

-Acepté esta cita para demostrarte que esto no podía ser.-Le explicó.-No puedo estar contigo.

-Me niego a creerlo.-Espetó enojada.-Me niego a aceptarlo.-Añadió vehemente.-La hemos pasado bien, tu sabes que entre nosotros hay algo, sólo que no quieres aceptarlo. Tienes miedo de aceptarlo, a involucrarte con las personas porque no quieres salir lastimado de nuevo. Primero Tu familia, luego, cuando creíste ser feliz a lado de la mujer que amabas, la vida te la quitó tan prematuramente. De una u otra manera todo lo que has querido alguna vez te ha sido arrebatado. Está bien tener miedo.-Acercó su mano a su rostro.-Pero, tienes que seguir adelante. Dejar atrás el pasado y avanzar, tú no eres un cobarde.

El rubio la miró perplejo. Ella descubrió en unas horas lo que a él le tomó tanto tiempo asumir. Cobardía, era parecido a lo que Taichi le había dicho. Sí tenía miedo y de muchas cosas. Ella era joven, podía tratarse de un mero pasatiempo para ella y si él se involucra demasiado, sabe que puede llegar a tener grandes y profundos sentimientos por la muchacha. No podía volver a mostrar aquella debilidad.

-Mimi…

-Una.-Interrumpió al rubio.-Aún tengo una pregunta que hacerte.

-Hazla.

-¿Qué sientes por mí?-Sus ojos castaños lo miraron fijamente.-Y quiero que lo sigas sinceramente. Lo que sea, lo aceptaré.

Nunca se hubiese esperado aquella pregunta o quizá no quería pensar que llegaría. ¿Qué podría contestarle? No quería lastimarla y tampoco mentirle. Ella le estaba pidiendo sinceridad.

-Tengo miedo de ti.-Le contestó sinceramente.-Porque sería muy fácil enamorarse de ti, Mimi.

La muchacha suavizó su mirada.

-¿Me quieres?-Pidió saber con urgencia y se acercó a él.-Aunque sea, ¿un poquito?

No podía mentirle a aquella mujer, no podía seguir mintiéndose a si mismo.

-Sí.-Contestó finalmente y clavó una de sus miradas de hielo a la muchacha.-Pero te haré daño. Tú no te mereces eso.-Pretendía alejarla. Más ella lo miró con aún más ternura, obligándolo a verla igual.

-Ese es un riesgo que yo escojo tomar.-Añadió con una traviesa sonrisa. Llevó las manos al cuello del rubio y atrajo su rostro al propio para unir sus labios. Ella tomó la iniciativa, mordió su labio inferior y profundizó el roce. Su lengua acariciaba la de su compañero con cariño y él, le correspondía de igual manera.

Sintió como los músculos de él se relajaban y sus grandes manos se colocaban en su cintura. Abrazándola a él. Sus cuerpos encajaban como dos piezas de rompecabezas. Se separaron por el impacto de sentir cómo todas las luces a sus alrededores se prendieron. Ambos quedaron en medio de un arcoíris psicodélico de varios colores. Parecía de película.

-Que lindo.-Susurró Mimi aún abrazada al muchacho.

Yamato se volteo a verla. Parecía una niña pequeña, maravillada por la diversidad de tonos y así iluminada como estaba lucía como una figura etérea.

-Preciosa.-Corroboró él mirándola fijamente provocando que la joven se ruborizara.

Ella tenía razón, aunque le costara admitirlo, hasta Taichi tenía razón. Podría ser una señal de esperanza.

-Ya es hora de seguir adelante.-Asintió el muchacho. Observando cómo los grandes ojos de Tachikawa se abrían con sorpresa.

-¿Puedo acompañarte?-Preguntó sintiéndose repentinamente tímida.

-Es una novedad que preguntes.-Se burló el profesor. La muchacha lo miró molesta.-Antes de responderte debes entender algunas cosas.-Le dijo, ella asintió esperando que continúe. -Soy tu maestro, por lo que nuestro trato debe ser estricto secreto.-Empezó a nombrar.-Tengo muchas responsabilidades y ocupaciones, por lo que puede que no tenga mucho tiempo libre para dedicártelo.-Continuó.-Tengo mal genio, soy quisquilloso, estoy deprimido, necesito tiempo y mucha paciencia.

-No importa.-Aseguró Mimi con una gran sonrisa.

-Puedo llegar a ser intolerable.

-No importa.

-Seré un novio celoso y posesivo.-Añadió como último recurso.-En serio, no soy, ni de lejos un buen partido.

-Sí lo eres, para mí.-Asintió segura.

-A pesar de todo lo que te he dicho, ¿aún quieres ser involucrarte conmigo?-Se estaba exponiendo. Pero, tenía que saberlo.

-Yo tengo muchos más defectos. Quiero escribirte y hablar de tonterías.-Habló la muchacha.-Pero, más que nada, quiero estar contigo Yamato, ser tu amiga, tu apoyo, tu novia.

La miró por segundos que parecieron horas. Tratando de hallarle en ese momento un parecido a su difunta esposa pero fue en vano. Tan parecidas, pero tan distintas. Si es que Taichi tenía razón, esta podía ser la oportunidad que le da la vida para volver a ser feliz y entonces, no debería desaprovecharla.

-Entonces te tomó la palabra.-Apretó más su esbelto cuerpo al suyo.

La besó sin preguntarle. Fue un beso mucho más apasionado que el anterior. Yamato marcaba un ritmo difícil de llevar, con movimientos muy seguros y experimentados. Era tierno y agresivo a la vez. Dejándole muy claras sus palabras. Aquella mujercita le hacía perder la cabeza y aceptar hasta el más arriesgado noviazgo de su vida. Sin embargo, él no era un cobarde y si había una mujer que podía sacarlo adelante, esa era Mimi. No estaba dispuesto a volver a exponer su corazón al dolor, pero, tampoco iba a dejar pasar la oportunidad de sobreponerse al mismo.

Mimi no cabía en sí de tanta emoción. Yamato la estaba aceptando. Ya no era sólo ella la que participaba. Él también, oficialmente eran novios. Se sentí tan feliz y tan asustada al mismo tiempo. Él había dicho que temía enamorarse de ella, pero que la quería. Aún no estaba enamorado de ella. Sin embargo, lo único que importaba era aquello que ella sentía por él, y aunque en esos momentos él no sienta lo mismo y seguramente esté a su lado por cariño o por el parecido que compartía con su difunta esposa; algún día, no muy lejano, Yamato la mirará y sólo verá a Mimi Tachikawa y se enamorará tanto o más que ella.

Eso corría por su cuenta, por lo pronto ella lo querría por los dos.

Se separaron y ella le sonrió antes de abrazarse a él. Inclinó su cabeza y olió sus cabellos. Manzanilla, un olor tan limpio y puro.

Quizá Mimi Tachikawa era lo que él necesitaba para salir adelante.

Su novia.

-Espero que sepas atenerte a las consecuencias.

¿Continuará…?


Notas de la Autora:

Soy una salvaje, lo sé. Me he pasado con este capítulo, lo sé. ¿Tanto para nada? Espero que no. Sinceramente espero que les haya agradado el capítulo y me lo sepan apreciar dejando RR :)

Creo que nunca las he necesitado más que ahora. Las RR es lo único que me mantendrá en esto de escribir. Así que ¡Arriba los SPAM! Jajajaja.

¿Quién quiere un Daisuke? Jajajaja, Takeru merece la hoguera. Yamato y Mimi se irán poniendo cada vez mejor. Sora aprenderá lo fácil que es quemarse y Ken y Miyako, joder, ni idea de cuándo ni cómo llegarán a un punto muerto.

¿Preguntas al respecto? Ya saben, en sus RR, yo las contestaré o bien personalmente o bien en la página de Likes de Facebook.

Recuerden, Sakura Tachikawa y ahí está mi imagen de

Respecto a las adaptaciones. Ya está el primer capítulo de la primera subida. Las especificaciones estarán puestas en la historia, os invito a leerla. En lo particular, es mi historia favorita de Diana Palmer espero que les guste tanto como a mi.

Oh, necesito su ayuda para algo.

¿Dónde quieren que sea el paseo de los protagonistas?, ¿Playa o Montañas Nevadas? Dejen sus ideas, os juró que serán tomadas en cuenta y se hará lo que la mayoría decida.

Muchas gracias a todos los que leen y de manera especial a los que se toman uno o varios minutos de su tiempo para dejar RR. Gracias a:

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Muchas gracias por leer, esperaré ansiosa por sus RR, espero que sigan aumentando o que al menos no bajen.

Se despide con un beso y esperando por sus RR.

Sakura Tachikawa.