Fobos

Capítulo 10: Capricornio

Durante su corta vida, si algo había aprendido Shura era a desconfiar de las demás personas. El abandono de sus padres y su niñez en las calles le habían mostrado cosas que ningún niño estaba preparado para ver. Traicionado por cada persona en la que había depositado su confianza, el pequeño Shura formó poco a poco una coraza con la cual se protegía de futuras decepciones, y continuó de esa manera incluso después de llegar al santuario donde se convertiría en un santo protector de Athena. El chico de cabellos oscuros no parecía capaz de causar problemas, él hacía lo que le decían en tiempo y forma, y ni siquiera se había quejado cuando de un momento a otro fue trasladado de su España natal a Grecia. Shura pareció adaptarse a la perfección al nuevo ritmo de vida pero era sin lugar a dudas el menos vivaz de todos los aspirantes a caballero dorado. Jamás mostraba interés alguno en siquiera saludar a sus compañeros, mucho menos compartir una charla con alguno de ellos. La realidad era que Shura se había adaptado tan bien simplemente porque le daba lo mismo estar allí que en cualquier otra parte, y eso mismo preocupaba a sus superiores: Cómo podría convertirse en aquel que portara la armadura de Capricornio para proteger a su Diosa y al resto del planeta, si al jovencito no parecía interesarle el mundo en absoluto. Su mirada ausente y actitud desinteresada no tardaban en alarmar al resto de los aprendices, y por tal motivo el español siempre andaba en solitario.
A pesar de su apatía, algunas veces Shura se dedicaba a observar en silencio a quienes lo rodeaban, no con intención de acercarse sino porque le daba curiosidad saber qué tan bajo podían caer las personas por beneficio propio, algo que estaba acostumbrado a presenciar desde su nacimiento. Cierto día, durante su rutinaria observación, el joven capricorniano descubrió que no absolutamente todas las personas le permitirían observar a su antojo.

-¿¡Qué me ves!?

Cuestionó un muchacho de aspecto desdeñado, acercándose a pasos iracundos. Shura no se tomó el trabajo de responder pero lejos de ignorarlo, el otro aprendiz continuó su acercamiento y lo finalizó dándole un empujón.

-¿A caso no hablas? ¡Si te vas a quedar viéndome contesta al menos!

No era la primera vez que veía a ese joven descortés: El aspirante a la armadura de cáncer era sin dudas el chico más agresivo y problemático del grupo. Le había visto incordiar a otros en repetidas ocasiones, sobre todo al sucesor de piscis, e incluso muchas veces a los aprendices de mayor edad. Inconforme con solo maltratar humanos, su crueldad se extendía también hacia otras criaturas, cargando así con la muerte de muchos animales cuyos cuerpos el niño reclamaba como trofeos. Su crueldad era tal que pronto se había ganado el apodo de Ángel de la muerte, y tanto le gustaba este que pocos sabían cuál era su nombre real.

-No es la primera vez que te atrapo observándome. –Exclamó con una sonrisa sádica. -¿A caso quieres una golpiza?

De ser necesario, Shura respondería a su agresión, no tenía ningún problema en iniciar un pleito y creía firmemente en que ganaría. Desde que había comenzado a entrenarse había descubierto un talento que jamás pensó que tendría. Era bueno luchando y si continuaba así, día a día lograría fortalecerse, si obtenía el poder suficiente, las personas comenzarían a pensar dos veces el meterse con él.
La demostración de su potencial sin embargo quedó interrumpida debido a la aparición de un tercer aprendiz: El rostro lastimado de Afrodita mostraba una expresión de furia e impotencia.

-¡Ya deja de fastidiar!

Exclamó y Shura se preguntó de dónde había sacado el de cabellos celestes tanto valor. Normalmente el aspirante a piscis aguantaba las burlas y las golpizas sin decir palabra. El canceriano por su parte se mostró más complacido que intimidado.

-¿Cuál es el problema? –Interrogó desviando su atención hacia el recién llegado. –Nunca te defiendes cuando te molestan a ti, ¿A qué viene esa explosión, niñita?

-La mayoría de los niños aquí tuvimos vidas miserables, ¿Por qué tienes que empeorarlo más? ¿¡Qué se supone que ganas con eso!?

Y ante el desahogo furioso de Afrodita el otro solo se encogió de hombros.

-Diversión. –Respondió con mucha honestidad. –Hago esto porque puedo hacerlo, mi vida es miserable como dijiste, así que busco la forma de divertirme, me aprovecho de quienes se sienten intimidados por mí. Soy más fuerte, así que no hay manera de que puedan hacer algo en mí contra.

Agregó sin ningún tipo de arrepentimiento mientras se marchaba, no sin antes dar un empujón al chico que cayó al suelo atónito de escuchar una respuesta tan sincera y llena de crueldad. Shura que se mantuvo de espectador solo arqueó una ceja: Tenía en común con sus compañeros la carga de una vida llena de decepciones, pero era muy diferente la manera en la que cada uno podía proceder, el sucesor de Cáncer convertía su frustración en agresión hacia los demás. Afrodita por su parte, a pesar de su mala vida hacía lo posible por no incordiar a otros. Y él con todas las cicatrices que había juntado, se dedicaba a ignorar. Ignoraba a los que intentaban perjudicarlo, tanto como a los que necesitaban de su ayuda, y la mayoría de las veces a quienes trataban extenderle una mano, también.

-Nunca lo había visto molestándote a ti, ten cuidado porque se le hace costumbre.

Sin haberlo notado, el muchacho de cabellos celestes estaba ahora frente a él y con esfuerzo sacudía de su ropa la tierra. El capricorniano observó con detenimiento las prendas rasgadas de su acompañante, así como su cuerpo maltratado y su rostro lleno de marcas.

-¿Por qué nunca hablas con nadie?

Le oyó preguntar, pero lejos de satisfacerle la curiosidad, Shura volteó para continuar su camino sin mediar palabra, ante la mirada confundida del otro chico. Su tiempo de observación le había ayudado hoy a confirmar una teoría que había estado formándose en su cabeza desde hace tiempo: El poder era lo único que debía importarle a alguien como él. La única forma de dominar a su suerte era siendo más poderoso que los demás.
Bajo esa idea fue que Shura decidió vivir desde entonces, empeñado en conseguir su objetivo, fortaleciendo cada vez más la espada en la que su brazo se convertía. Sin embargo, a pesar de todo el esfuerzo que dedicaba a mantener su mente concentrada en la meta, de pasar día y noche bajo un riguroso entrenamiento intentando vaciar su cabeza de cualquier otra idea, no podía evitar sentir cierta incomodidad despertando dentro de su ser. Le era imposible sentirse cómodo si Afrodita estaba cerca. El jovencito de cabellos celestes no faltaba a ofrecerle una sonrisa cada que cruzaban sus miradas, y tanto la amabilidad como calidez que mostraba con cada gesto y acción, a Shura le provocaba un inexplicable escalofrío. El aspirante a Capricornio con anterioridad había sentido muchos temores, pero jamás pensó que el miedo podría tener forma humana.
Esa inseguridad que le atormentaba cada vez que el pisciano estaba cerca era totalmente ilógica y alarmante, se había enfrentado a presencias mucho más imponentes sin que le temblasen las manos, pero los brillantes irises de Afrodita eran su peor pesadilla y no había hecho lo posible para alejarlo por el simple capricho de no querer admitir para sí mismo su debilidad. Al mismo tiempo se preguntaba qué podía beneficiar a Afrodita de su cercanía, si no hacía más que ignorarle tanto como a los demás, o eso quería pretender.
Día tras día observaba al otro chico siendo maltratado por jóvenes y adultos sin defenderse ni una vez, y esto no hacía más que avivar una llama dentro de su interior. Un fuego que creía, y esperaba, se hubiese extinguido hace tiempo. La vida era más fácil cuando no confiabas ni esperabas nada de nadie, y aunque ese era su lema, aquella chispa no paraba de encenderse dentro de su ser, transformando su paz en enojo constante hasta partir aquella coraza de la que estaba tan orgulloso.

-¡No pises las flores! –Se quejó el muchacho mostrando enojo como pocas veces ante las risas burlonas de los otros aprendices.

-¿Por qué no? ¿Vas a hacer algo al respecto? –Interrogó uno de ellos levantando el pie dispuesto a destrozar el pequeño jardín que Afrodita mismo había trabajado para embellecer.

-¡Estas flores valen más que tú! ¡Ni te atrevas a tocarlas con tus pies!

En otro momento, el capricorniano únicamente se hubiese dedicado a su tarea de observar la situación, pero entonces sin pensarlo dos veces y como si sus pies actuaran por voluntad propia, se plantó frente a los amenazantes sujetos e intimidó a más de uno con su mirada, como estaba acostumbrado a hacer.

-¿Por qué no me fastidian a mi, o no tienen las agallas?

Comentó incrédulo de que aquellas palabras salieran de su boca, y de que un ardiente sentimiento creciera de forma desmedida en su interior. Shura sabía que no intimidaba únicamente con la mirada, sino que los resultados de su entrenamiento tan arduo y su interminable dedicación habían dado los frutos indicados, se había convertido en uno de los más fuertes aspirantes y junto a eso había llegado el respeto que tanto anhelaba.
Los jóvenes retrocedieron uno a uno con desconfianza y para su satisfacción hasta oyó disculpas de uno de ellos. Una vez más se sentía orgulloso de su poder, pero la dulzura de su alegría rápidamente se envenenó con el sabor de aquel sentimiento poco deseado.
Aquello que se despertaba en lo profundo, y a lo que en verdad le temía, era un gran sentido de la justicia. Descubrió entonces que su miedo no llevaba el rostro de Afrodita sino que todo era causado por el interés que le generaba. Si de pronto crecía su necesidad de protegerlo, entonces nadie podría asegurarle el poder seguir ignorando, el no tener la falta de ayudar a todos los demás. Sentir interés por el prójimo era una de las cosas que le horrorizaba, confiar y ser nuevamente pisoteado, que se encariñaran con él y él corresponder ese afecto. Era aterrador pensar en que necesitaba todo eso para estar vivo, justo cuando creía haberlo superado.

-Me da asco que sean tan cobardes. –Protestó Afrodita. –Se meten con las flores porque creen que no pueden defenderse, pero lo cierto es que ellas no son tan inocentes como parecen, en cualquier momento pueden transformarse en un arma letal. –Comentó mientras acercaba a su rostro una delicada rosa.

Shura vio la escena extrañado, y su cuerpo se tensó en cuanto el otro chico comenzó a acercarse.

-El otro día no me diste tiempo ni de presentarme como es debido, espero que esta vez me dejes aunque sea agradecer…

La mano extendida de Afrodita esperando ser estrechada se sintió un veneno más letal que el de sus rosas. Acababa de descubrir que su miedo no era exactamente al aprendiz de piscis, pero el muchacho sin darse cuenta lo orillaba cada vez más al borde de un abismo, y Shura no sabía cuánto más podría soportar sin decir palabra.

-No es la primera vez que te acercas a mí, no somos amigos, sin embargo te comportas como si fuéramos cercanos. No te he visto ser así con los demás, ¿Por qué confías en alguien que ni siquiera conoces del todo? ¿Cómo puedes confiar en mí y saber que no vendré a molestarte luego, así como todos los demás?

El pisciano decidió olvidar la cortesía de dejar su mano extendida, comprendiendo que su acompañante no contaba precisamente con la mejor educación, ni le interesaba hacerlo tampoco.

-Más que en otros, confío primero en mí, así es como sé en quién confiar. –Confesó el futuro caballero dorado, de brazos cruzados y con una sonrisa segura. -¿A caso piensas tratarme como lo hacen los demás?

-No.

-Pues entonces no me equivoqué. –Sonrió con simpleza. -¿Ves que fácil?

-A cambio de la ayuda que te di, necesito un favor. –Le miró con suma seriedad. –Aléjate de mí.

-¿Qué?

-No quiero que seas amable conmigo, ignórame como yo te ignoro, si comienzas a importarme entonces… -Desvió la mirada mostrando inseguridad por primera vez en tantos años. –Entonces será más duro cuando me decepciones.

El rostro de Afrodita se tornó en una expresión de total confusión, lo que hacía en gran medida más difícil la situación para el joven de cabellos oscuros.

-¿No te acercas a nadie porque te da miedo salir lastimado?

Shura contestó con su silencio, pero no se necesitaba mucho más para que la respuesta fuera evidente.

-¿Temes perder algo que ni siquiera tienes?

-¿Algo que ni siquiera tengo?

-No puedes perder una amistad si no tienes ningún amigo, ni puedes salir decepcionado si no das tu confianza a nadie, ¿Ese es tu plan?

El otro simplemente asintió, con vergüenza de admitirlo, no porque no creyera en aquel objetivo que se había puesto, sino porque era la primera vez que se lo contaba a otra persona.

-Pero igualmente eres una persona triste. –Declaró haciendo que su compañero frunciera el ceño. –No das tu confianza a nadie, pero no eres feliz de esa manera, estás triste. –Se encogió de hombros. –Así que no te sirve de nada ser así, solo crees que estás por encima de tus problemas, pero no estás superándolos, solo huyes de ellos. Observas a las personas todo el tiempo, como si anhelaras ser parte de sus vidas, y cuando llega ese momento, das la espalda como si no te importara. Pero sí te importa.

Shura tragó saliva con una expresión de completa incomodidad. Jamás pensó que alguien podría descifrarlo de tal manera, estaba orgulloso de su irrompible coraza, de su forma de ser tan hermética. Creía que nadie podría hablar de él de esa manera, pero allí estaba Afrodita describiéndolo mejor de lo que se podría describir él mismo, y tan obvio estaba siendo que el otro sonrió al notar que tenía toda la razón.

-Soy bueno descifrando los sentimientos de la gente, el interior de cada persona está lleno de misterios, esos misterios son parte de la belleza de cada ser. –Comentó perdiendo su mirada en el rojo de la flor que llevaba en la mano. –Y me gusta encontrar belleza en todos.

El aprendiz de Capricornio lució más confundido que nunca. Ciertamente no respondía y esta vez no era por falta de interés, sino por lo difícil que le resultaba entender a su compañero.

-Pero no te preocupes, generalmente es algo que me guardo para mí, tu secreto está a salvo conmigo.

-Gracias. –Shura asintió con la cabeza pero otra vez se notó extrañado cuando Afrodita sonrió ampliamente.

-Ah, ¿Ya ves? Acabas de confiar en mí.

El de ojos verdes se sorprendió de sí mismo y desvió la mirada una vez más, aún no estaba seguro de que esto fuese una buena idea, pero no podía negar que comenzaba a sentir un gran alivio por dentro después de haber confesado lo que sentía.

-No necesitas alejarte de todos, tarde o temprano ya no podrás con tanto pesar, y tampoco necesitas ser amigo de alguien para poder hablarle. –Dijo aproximándose aún más y depositando la rosa ahora en las manos del otro joven. –Ten esto como un símbolo de nuestra confianza mutua, si esta rosa se marchita, entonces significa que ya no debes confiar en mí.

El aprendiz de Capricornio prácticamente no notó que su compañía se había marchado después de ese gesto, pues estaba más bien embobado por la flor en su mano. Lo que Afrodita había dicho poco sentido tenía a su parecer, estaba seguro de que la rosa tardaría solo un par de días en marchitarse, tal y como cualquier otra flor. Tal y como la confianza que tuvo con cualquier otra persona. Sin embargo, a pesar de sus dudas decidió conservarla y continuar su vida, asombrándose de sí mismo cuando cada mañana se encontraba frente a la flor observando cada uno de sus detalles que se conservaban intactos, las hojas y el tallo continuaban verdes como la primera vez que la sostuvo entre sus manos. Los pétalos brillaban de un rojo carmesí que siempre resaltaba en su habitación poco iluminada. Con el tiempo se dio cuenta de que había envejecido más él que la rosa. En todos esos años había dejado de lado aquel dolor que acarreaba para hacer caso a su enorme sentido de la justicia. Ayudar y velar por otros a pesar de mantener cierta distancia con ellos era desde hace tiempo su nuevo estilo de vida. Viviría para dar la vida por su diosa cuando fuera necesario, llevaba con orgullo el manto dorado de Capricornio con el cual se alzaba solemne cada día a las puertas de su templo y cada vez que pensaba en su pasado, Shura se sorprendía de lo mucho que habían cambiado las cosas, definitivamente, ni él ni su vida eran ya lo mismo, y de todo aquello, solo una cosa había quedado íntegra: La rosa iluminando de carmesí cierto rincón de su cuarto. Afrodita solía presumir de tener siempre la razón, y a pesar de los muchos desencuentros que podía tener con el caballero de Piscis, aquellas palabras que le había dicho hace años eran indudablemente ciertas, y Shura no tardó mucho tiempo más en comprender que la rosa no se
marchitaría jamás.


CASI no llego con este capítulo, creí que tendría que fallarles y también a mi misma! -exagera- (? pero no, al final sí terminé aunque bastante justo. Se que esto esta bien gay :v la verdad es que no era la intención que fuera así, pero de pronto así salió y en realidad me gustó mucho este capítulo a pesar de las dificultades que me dio. Espero que también les haya gustado a ustedes, espero sus reviews :D
Unas pequeñas aclaraciones, en cuanto al "Ángel de la muerte" claramente es Death Mask xD pero me pareció más apropiado ponerle otro apodo porque me imaginé que eso de agarrarse las caras de la gente como trofeos lo empezó a hacer a partir de tener ya su armadura, y que antes de eso iba por presas más pequeñas. Y la verdad no quise inventarle un nombre así que preferí darle otro apodo.
Oh, y otra cosa, Afrodita por supuesto no le dio a Shura una de sus rosas letales porque sino Shura hubiese muerto y todo hubiese sido bien sad(?) Pero no tenía la certeza para decir que las rosas de Afro no se marchitan, ni si tiene la posibilidad de crear rosas que no esten envenenadas. Así que preferí que le diera una de esas rosas que se llaman eternas, son esas rosas naturales que tienen un tratamiento por lo cual no se marchitan y son bien bonitas owo
Por último responderé los reviews

Crapycorn: No te culpo, es demasiado difícil no dejarse llevar por el shippeo AiorosxSaga(?) Me alegra mucho que te gustara ese capítulo me tuvo muy preocupada y ciertamente no es de los que mas me enorgullecen xD pero me alegra poder haber creado un buen ambiente entre Aioros y Saga, ya era hora de que lo tuvieran(?) Gracias por tu review, espero que te guste el capítulo de tu signo ewe

Ale: Trabajar con Aioros fue una experiencia horrible! (? la verdad es que sí, fue muy desgastante el intentar hacer algo interesante con un personaje como él. Pero me alegro que te gustara y no haberlos sacado de personaje. En ocasiones dan ganas de hacerlos sufrir un poquito, pero al menos tenemos de consuelo el saber que se cayó de las escaleras por su miedo a las avispas(?) ¡Espero que te haya gustado el capítulo de Shura! y gracias por tus reviews como siempre!

Sukoru: Gracias por tu review! me alegra que te gustara el capítulo de Aioros y espero que te guste también el de Shura! Gracias por leer :D

En fin, nos vemos proximamente en el capítulo de Camus! (AAAAAAAAAAA SIIIII EL CAPITULO DE CAMUUUUS!)