Sálvame, por favor
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 10 Retomando el vuelo
Estoy tan emocionada y feliz de ver por fin a mi amado, que ni siquiera pienso en lo que acaba de decirme. Lo recibo en mis brazos y cierro la ventana y corro las cortinas.
—Te extrañé tanto, mi amor. ¡Tanto!— Lo beso desesperada y él corresponde con la misma desesperación.
—Yo te extrañé muchísimo más, enana. Aunque no creo que tú me hayas extrañado tanto a mí...— Me dice apartándose de momento y experimento una sensación de pérdida.
—¿Por qué lo dices?
—Porque te vi bailando con el idiota ese. Los vi de la mano, conversar y reir... ¿será que te has entusiasmado con tu matrimonio?— No puedo creer lo que me está diciendo y hago un gran esfuerzo por no reirme. Su expresión es súper graciosa, pero no me río, ardería troya si lo hago.
—Pero... ¡Será posible que estés celoso! ¿De Neil?— Le digo en un tono que recalca lo más tonto que he escuchado jamás.
—¿Celoso? ¡Por supuesto que no! Es sólo que... estoy cuidándote porque él... no es de fiar y además...
—Ajá...— Lo interrumpo con la burla latiendo en mis ojos.
—Porque además eres muy confiada y por eso te pasan las cosas que te pasan. No tiene nada que ver con los celos.— Me dice con fastidio y está molesto, muy molesto. Pero se ve tan bello...
—Ya, bebé, no hablemos de eso, no tiene caso. Y sí te extrañé mucho y tuve mucho miedo.— Me le acerco y me cuelgo de su cuello, él sigue serio, pero no rechaza mi beso. Yo reparto besos por todo su rostro hasta que logro ablandarlo y nuestro beso se torna desesperado y ardiente.
—Te extrañé mucho, Candy, mucho.— Su voz está agitada, sus besos son duros y despiadados, sus manos comienzan a recorrerme a través de mi fina bata. Cuando todo se comienza a salir de control se separa de mí en sutiles y lentos besos.
—No podemos perder el tiempo, pecosa. Vístete, tan pronto como se retiren los vigilantes nos vamos.— Y ahí vuelvo a caer en cuenta de lo primero que me dijo, que me llevaría con él.
—Terry... respecto a eso... creo que no es necesario que nos fuguemos así porque...
—¿De qué hablas?— Me pregunta en un tono nada amable y con mucho recelo.
—Es que estuve hablando con Neil... y todo es una farsa...— Le relato todo lo que me contó Neil y veo a Terry sorprendido, pero serio y no puedo descifrar su expresión, lo que está pesando o decidiendo.
—Lo lamento mucho por él, pero lo dejarás plantado antes de tiempo. Hoy mismo nos vamos. Vístete, por favor.— Es tajante y me está ordenando, trata de suavizarlo con un por favor, pero lo cierto es que es una orden y comienzo a molestarme.
—Terry, ¿qué te cuesta? Sólo es una ayuda, de todas formas... no sólo lo hago por él, sino por Dorothy... ella es mi amiga y tiene ilusión...
—Candice, la respuesta es NO. Vístete.— Está apretando la mandíbula, conteniéndose en paciencia y yo cada vez estoy más molesta, no me parece justo no ayudarlos.
—Terry, no seas tan injusto...
—¿Injusto? ¿Se te olvidó que gracias a ellos tu reputación se fue al suelo en el colegio? Que fue esa nuestra primera separación. Luego lo de Susana y ahora el maldito compromiso. ¿Qué mierda pasa contigo, Candice? Tenemos la oportunidad de irnos y me sales con toda esta estupidez de Neil y su supuesto plan... ¿Es que de verdad no quieres venir conmigo? ¿Es eso, Candice? ¡Contesta!— Me sarandea y ahora sí que está furioso.
—¡Claro que no! Y por favor, baja la voz.— Él resopla y trata de controlarse y yo aseguro la puerta por si acaso.
—Estoy más que dispuesta a irme contigo, te amo y lo sabes. Sólo que quise ayudarlos... Es sólo cuestión de fingir por unos días que estamos encantados con la idea de casarnos y...
—¿Unos días? Y lo dices tan fácil, ¿se te olvida que yo tengo que regresar al teatro? Tengo que trabajar, Candice, si no, ¿cómo crees que voy a mantenernos?— Tiene su punto de cierto modo es verdad. Trato de pensar en un plan en que todos podamos salir beneficiados porque de verdad quiero ayudar a Neil y a Dorothy.
—Bueno, creo que sólo un par de días más, Terry. Nos fingimos enamorados, andamos de manitas y nada más para que...
—¡No quiero volver a verte de la mano con él!
—¡Por Dios! Terry, es sólo fingir delante de la gente, sólo tomarnos de la mano y esas cosas...
—¡No quiero! Ni que te mire, ni que te tome de la mano, que te toque un solo cabello. La respuesta sigue siendo NO. Si él la ama, que se las arregle como pueda, tú vienes conmigo esta misma noche y no está a discusión. Vístete. Es la tercera vez que te lo digo.
—¡Tú no me das órdenes!— Le digo molesta y me abstengo de gritar, pero ya estoy eligiendo un vestido de mi guardarropa y estoy que hiervo del coraje. Sé que él tiene razón en la mayor parte, pero siempre quiere hacer todo como él diga. ¡Tan mandón! Se pone de espaldas a mí mientras me saco el camisón y me enfundo en el vestido más sencillo y cómodo que encontré. Yo sigo furiosa y él va calmándose. Vuelvo a darle la espalda para ponerme mis botas y cuando me levanto, sus brazos están abrazándome desde atrás y siento su mejilla pegada a mi espalda.
—No quiero que nos peleemos, Candy. Al fin te tengo conmigo y no quiero perderte, no otra vez.— Volteo para quedar de frente con él y lo miro, no digo nada, pero me enternece tanto verlo con su expresión de niño asustado y le doy un tierno besito en los labios y él va recorriendo mi rostro con sus dedos.
—Entiendo que quieras ayudarlos y que su causa te parezca noble, pero ya no podemos confiar en nadie, Candy, ni en nuestra sombra. Además, siempre te ha hecho daño y te ha despreciado... me parece muy extraño ese cambio repentino y además... ¿enamorado de Dorothy? Disculpa, Candy, pero me parece muy rara y absurda esta historia...— Sé que tiene razón, bueno podría tenerla, pero Neil parecía tan sincero y Dorothy no lo desmintió cuando le pregunté...
—Pienso que puede ser una trampa, Candy. Tal vez quiere asegurarse de que no escapes y te mantengas confiada. Debe ser eso y si no lo es... es mejor prevenir que lamentar. Por favor, ven conmigo, no me dejes otra vez. Piensa en nosotros primero esta vez, Candy. Al diablo los demás, elígeme a mí, por favor...— Veo esa súplica en su mirada, leo ese miedo en sus ojos, un miedo que me invade a mí también.
—Tienes razón, Terry. Discúlpame, no quise... bueno, me voy contigo. Hasta el fin del mundo si es necesario. Sólo me importas tú.— Beso sus ojos dulcemente y lo abrazo. A veces él es tan vulnerable como un niño. Siempre pienso en ese niño pequeño de ojitos azules y pelito alborotado sufriendo por falta de amor, castigado sin razón, siendo repudiado y rechazado en su propia casa y se me encoge el alma. Por eso yo le doy cariño en nombre de todo el que lo rechazó. No me canso ni me cansaré de mimarlo.
—Los vigilantes se retiran a media noche. Tenemos que esperar dos horas y nos vamos. Albert estará esperándonos en la estación nuevamente.— Lo llevo de la mano hacia mi cama y nos recostamos, él tiene su cabeza en mi regazo y yo acaricio su pelo mientras lee un pequeño libro de teatro que había en la mesita de noche de mi cuarto. Está muy concentrado y yo disfruto de la suavidad de su pelo lacio, tan sedoso y no se enreda entre mis dedos como el mío. De pronto viene un inoportuno pensamiento a mí. A él le encanta el teatro y es una pasión que él y Susana comparten... me pregunto si tal vez... mientras él leía sus libretos ella también lo acariciaba de esta manera... si alguna vez se quedó dormido como un niño en su regazo. Los celos me pinchan de sólo imaginarlo.
—Un dólar por tu pensamiento.— Está mirándome y no me percaté, sonriendo, sacándome de mis cavilaciones.
—Terry... cuando practicabas tus líneas con Susana... ¿lo hacías de esta manera?— No pude resistir preguntar.
—No entiendo, mi amor.— Se ve desconcertado y acaricia con su dedo mi nariz.
—¿Que si lo hacías recostado de su regazo y ella te acariciaba así como yo...?— Se incorpora de pronto, sentándose y mirándome fijamente a los ojos.
—No, Candy. Este tipo de cercanía, de intimidad, sólo la he tenido contigo. El teatro, es lo único que Susana y yo tenemos en común y yo nunca pude estar muy cerca de ella. No sabes cuánto me costaba darle un simple beso en la frente, lo cierto es que la poca convivencia con ella fue horrible. Hasta practicar mis líneas con ella era incómodo... era como hacer algo que ella no podía y... no sé cómo explicártelo, mi amor. Sólo sé que el único cariño que yo conozco es el que tú me das y no quiero otro.
Me siento llena de dicha al escuchar esas palabras. Me duele que él haya estado tan falto de cariño, pero me enorgullece que yo signifique esa parte tan bonita en su vida.
—Voy a llenarte siempre de mucho amor y cariño, Terry. Y también voy a cuidarte mucho.
—Ya lo haces. Yo también te daré mucho amor, el mismo que me has enseñado. Pero... nunca dejes de ser cariñosa conmigo ni dejes de consentirme... aún cuando nazca el bebé.— Me dice y vuelve acomodarse en la cama, su cabeza de lado recostada en mi vientre y cierra sus ojitos, se ve tan cansado, pero tan hermoso. ¡Dios! ¿Es posible que lo ame tanto?
—Nunca dejaré de consentirte, mi amor. Pero tendrás que compartirme con el bebé que pienso consentirlo mucho también.
—Los bebés. Quiero muchos.
—Entonces tendrás que trabajar muy duro para mantenernos a toditos.
—Entonces me partiré el lomo, pero quiero muchos niños nacidos del amor. Cada uno esperado con amor.
—Claro que sí, mi amor. Ya verás cómo tendremos un bebé muy prontito.— Su rostro se ilumina de pronto con mucha malicia y me sonríe de lado. Me pongo nerviosa y seguro que debo tener las mejillas ardiendo.
—¿Prontito?— Me pregunta con picardía mientras peligrosamente se va colocando casi sobre mí, bloqueándome cualquier vía de escape.
—Sí... me dijiste que tan pronto nos casáramos querías un bebé, ¿no?
—¿Yo dije eso?— Pregunta arrastrando cada palabra como si tuvieran diez sílabas cada una.
—Sí. Dijiste que...— Está casi por completo sobre mí y me está besando el cuello, succionándolo y lamiendo mi oreja. Me estoy derritiendo por completo y no sé cómo frenarlo porque... estoy en un éxtasis.
¿Y tú sabes cómo se hacen los bebés, Candy?— Se levanta un poco y sus manos están a cada lado de mi cintura y está besando mi vientre mientras sube hacia mis pechos y cuello nuevamente. Entierro mis dedos en su pelo... creo que voy a morirme...
—Sí sé cómo se hacen... y... ohh... se empieza justo así...— Está acariciando mis pechos, los besa y yo clavo mis uñas en su espalda. Es tan divino todo. Se me nubla todo el pensamiento.
—¿Y seguro también sabes que se alimentan así?— Liberó mis pechos y los está chupando... me estoy volviendo loca y la sensación allí a bajo es desquiciante.
—Yo... umm... sí, sé cómo se alimentan... ohh...
—¿Y te gustaría alimentar uno muy prontito?— Me pregunta aún chupando mis pechos, pero fue subiendo a mi cuello nuevamente y llegó hasta mis labios.
—Es lo que más deseo, Terry. Ahh... Ohh...— No puedo ni pensar si me sigue tocando de esa manera, mi oreja... me deshago... una de sus manos está rozando mi sexo por dentro de mi vestido y siento que moriré. Algo allá abajo está fuera de control y me comienzo a retorcer.
—No hagas ruido, mi amor. Nos cacharían y arruinarían mi demostración.— Y me besa ardientemente para ahogar mis gemidos, no los puedo controlar, sólo salen de mi boca, se escapan y suenan libres, pero él los atrapa con sus besos.
—Es que... ohh... así no puedo, Terry... si sigues... no puedo callarme porque ahh...
—Sólo inténtalo. Quiero demostrarte lo delicioso que podría ser hacer el amor. Sobre todo cuando se ama, preciosa.
—¿Ahora? ¿Me harás el amor?— Pregunto ansiosa, nerviosa, pero con poca voluntad para negarle nada.
—Me encantaría. Me muero por hacértelo ya, pero no se puede, mi amor. Sólo puedo darte una pequeña demostración, pero no puedo hacerte mía completamente. Aún no.— Se detiene con la poca voluntad que nos queda y yo sigo respirando entrecortadamente, aún agitada y me acomodo mi vestido sin poder disimular mi impresión al mirar la enorme erección de Terry.
—Ya debemos irnos, mi amor. Ven.— Abre la ventana.
—Yo bajo primero y luego tú. Te atraparé en mis brazos.— Asiento y hago como él dice. Caigo en sus brazos y la respiración vuelve a mi cuerpo. Caminamos sigilosos y llegamos al portal. Ya casi en nuestra meta.
—¡Candy! ¿Qué pretendes hacer?
Continuará...
¡Hola bellezas!
Como ven, yo siempre cumplo y espero que este capi les haya gustado. Aunque corto, siempre hay de todo un poco.
Gracias por tus comentarios:
anaalondra28, Mirna, dulce lu, kary klais, verito, Amy C.L, Mayuel, LizCarter, SILVIA E, Ingrid quintulen, norma Rodriguez, Dali, LUISA, Iris Adriana, WISAL, Zafiro Azul Cielo 1313
También les doy las gracias por el apoyo a mi nueva y reciente locura: "100 Sapos y Terry Grandchester" Para las que aún no lo saben, ese fic es mi biografía de amor, todos los sapos que besé antes de dar con el príncipe, es una historia real. Van a conocer quién realmente soy, cómo es que soy como soy y por qué. Es Terryfic!
Gracias por todo. Ahora tengo que actualizar... "La pasión tiene memoria"
Un beso,
Wendy
