Advertencia: Clasificación (MA) por violencia, lenguaje soez y temas que pueden resultar no aptos para algunas personas. Leer bajo su propia responsabilidad.
N/A: La historia de Hinata está basada en hechos reales; las demás sólo se apegan a la trama.
Recordatorio: Leer las notas de autor al final.
X.
"Fin del juego: Lima"
[1]
Caminaron a paso apresurado por los largos pasillos del establecimiento. Ninguno de los cuatro tenía la paciencia necesaria para esperar un momento más ni mucho menos el humos para recibir indirectas sobre su presencia innecesaria en el lugar. Ellos tenían derecho de saberlo todo y no se irían de ahí hasta que alguien les dijera la verdad, no importaba si hería sus sentimientos. Entre más rápido supieran del estado de las chicas, más colaborarían y menos alboroto armarían.
Y es que ni Kakashi, ni Minato ni Jiraiya salían de la habitación y ya llevaban un buen tiempo adentrados sin dar señales de vida. La inesperada llegada de un cuerpo sin vida los mantuvo toda la mañana y parte de la tarde sumergidos entre sus propias ideas, todo sin incluir a Naruto, Neji o los desesperados padres de Sakura Haruno. Y eso era algo que a Naruto cabreaba de sobremanera, pues para él no era más que el cadáver de un rubio de larga cabellera, herido de bala. Lo que no sabía, era que ese cadáver involucraba a Akatsuki, la organización criminal que se especializaba en la trata de blancas y probablemente mantenía cautivas a Hinata y a Sakura.
Finalmente habían terminado de hacerle la autopsia al cuerpo sin vida, llegando a la conclusión de que la causa de su muerte había sido el impacto de una bala en su corazón, provocándole la muerte instantánea; sin embargo, también tenía cortes y hematomas en todo su cuerpo, así como una herida seria en el abdomen, que le había hecho perder mucha sangre. Llevaron todas las pistas que pudieran servir para dar con el asesino al laboratorio e hicieron las pruebas necesarias, encontrándose con la sorpresa de que el autor del crimen había sido nada más y nada menos que Sasuke Uchiha.
Pero todo aquello era extraño. Bastante. De no haber sido por aquella misteriosa llamada que recibieron, en donde una voz distorsionada les daba el aviso de una pelea entre dos sujetos en un callejón de mala muerte y, dando las características de uno de ellos que, curiosamente se relacionaban a Sasuke, nunca se habrían enterado de ese asesinato. No al menos pronto.
Akatsuki era una organización que trabajaba en las sombras, sin ningún margen de error que los delatara o diera pistas a las autoridades. Ellos jamás habrían dejado un cadáver a la espera de ellos, ni mucho menos dejado a uno de los sujetos de sospecha en la mira tan fácilmente. Así que había dos opciones a tomar: eso era indudablemente una trampa elaborada por ellos, para que las autoridades cayeran en sus redes; o había un traidor en la misma organización que les estaba facilitando el trabajo. Cualquiera de las dos opciones, debían tomarla con precaución.
—Es oficial. Sasuke Uchiha se ha convertido en un criminal buscado.
Informó Shikamaru Nara, comandante encargado del caso Akatsuki y excelente estratega. Él era bastante inteligente y por demás astuto, por lo tanto, el crear varias hipótesis no suponía ningún problema y siempre terminaba por atinar a alguna de ellas. Él, junto a su equipo de trabajo integrado por Asuma Sarutobi, Kurenai Yuuhi, Tsunade Senju y Choji Akimichi eran respetados por toda la comunidad laboral y vistos como los mejores.
—¿Eso quiere decir que él secuestró a Hinata y a Sakura? —Preguntó Naruto rápidamente.
—No precisamente —Kakashi tomó la palabra—. Si bien, Sasuke Uchiha es el homicida de Deidara, uno de los miembros de Akatsuki, eso no lo involucra directamente a la organización ni mucho menos lo liga al secuestro de las chicas.
—Lo que Kakashi quiere decir es que aún no hay pruebas que lo involucren a Hinata y Sakura —resumió Minato con seriedad.
—Además, hay algo que me inquieta —susurró el Nara para sí mismo—. ¿Por qué alguien querría asesinar a sangre fría a este sujeto, si previamente había sido envenenado?
Naruto apretó los puños en señal de frustración. Sasuke aún no aparecía y tampoco daba señales de tener a las chicas consigo. Pero él mismo lo había dicho, tenía cautiva a Hinata, incluso se atrevió a restregárselo en la cara y a burlarse de ello.
—No se preocupen —habló Asuma, llamando la atención de los presentes a la vez que encendía un cigarrillo—. Tenemos a nuestra mejor espía infiltrada en uno de los locales de Madara Uchiha, el padrastro de Sasuke —dio una calada y exhaló el humo lentamente—. Ella nos mantiene al margen de la situación y efectivamente, Madara Uchiha está detrás de algo muy turbio.
—¡¿Y por qué no van y lo arrestan?! —Cuestionó Naruto más encolerizado—. Si esa espía suya les dio información, es evidente que ese tal Madara es un criminal y podría tener secuestradas a Hinata y Sakura.
—No es tan fácil, Naruto —Shikamaru hizo uso de la palabra—. Aunque sea fastidioso, debemos reunir las pruebas necesarias para elaborar una orden de arresto. Tampoco podemos ir como si nada a ese lugar, pondríamos en peligro a vidas inocentes. Es por eso que debemos de planear primero una estrategia.
Neji asintió con la cabeza y tanto Mebuki como Kizashi Haruno sólo se limitaron a guardar silencio; Naruto apretó la mandíbula con fuerza. Él no podía quedarse esperando como si nada, mientras Hinata y Sakura corrían peligro. Sasuke seguramente se estaba regocijando en el sufrimiento ajeno y nadie hacía nada por detenerlo. Él no era policía ni nada relacionado, tan sólo era un estudiante de bachillerato al que le habían arrebatado su felicidad junto a su amada y una de sus mejores amigas; pero lamentablemente debía resignarse a lo que Shikamaru ordenara.
Sin embargo, tampoco se quedaría de brazos cruzados. Ya hallaría una forma de entrar a ese dichoso local de Madara y descubrir por su cuenta si Hinata y Sakura se encontraban ahí. De hecho, ya tenía algunas ideas en mente que le servirían para encontrarlas. Ni su padre, ni el sabio pervertido ni nadie se interpondrían en su camino, él recuperaría a las chicas.
—¡Jefe! —Un hombre entró a toda velocidad—. Tenemos en la línea a la señorita Tsunade.
Todos voltearon a ver a Shikamaru, que esbozaba una sonrisa triunfal. Tsunade era la espía de la que hablaban y finalmente les llamaba para dar un informe más acerca de Akatsuki.
El Nara ordenó transferir la línea inmediatamente, a lo que el hombre asintió y se retiró rápidamente; mientras descolgaba el teléfono y lo ponía en altavoz, Naruto estaba comiéndose las uñas gracias al nerviosismo que estaba sintiendo. Tal vez esa mujer corroboraría que tanto Hinata como Sakura estaban en ese lugar y al fin Shikamaru y los otros actuarían en breve.
—¿Y bien? —Inquirió el de coleta—. ¿Qué noticias nos tienes?
...
[2]
Se tallaba entre una cantidad considerable de jabón, el cuerpo con insistencia en un intento por desaparecer el insufrible olor que ese tipo había dejado en ella. Recordaba aún cuando tuvo que frotar sus pechos desnudos descaradamente en él después de que éste despertara y soportar que el idiota se los tocara lascivamente. Todo eso para hacerle creer que había metido el pene dentro de su vagina y, por lo tanto, acto sexual. Era una suerte que Kabuto fuese tan estúpido.
Lo odiaba. Odiaba con todas sus fuerzas al causante de su desgracia y lo maldecía cada minuto. Sasuke Uchiha debía morir de la peor manera posible y ella estaba deseosa por presenciar tal espectáculo e inclusive, ser ella la autora de su tortuosa muerte. Porque sí, estaba completamente segura de que obtendría una muerte sumamente lenta y dolorosa. Alguien como él merecía eso y más.
Comenzó a reír sin control, recargándose en la fría pared de la ducha mientras el agua de la regadera caía sobre su cuerpo desnudo. En ese momento no le importó nada más que imaginarse a Sasuke siendo apuñalado repetidas veces por alguien, mientras ella, expectante, disfrutaba del espectáculo; no le importó siquiera que alguien entrara al baño y la observara en silencio, con una mueca de asco esculpida en su rostro. Ella reía e Itachi gruñía.
—Debería darte vergüenza hacer eso —musitó el Uchiha mayor—. Pareces una loca.
Ella no respondió, sólo cerró el grifo de agua y pasó por un lado de Itachi, ignorándolo rotundamente. No obstante, el Uchiha la tomó bruscamente del brazo y la estampó contra la pared, tomando ambas muñecas de la chica por sobre su cabeza. A él le importaba un comino que ella estuviera desnuda; debía admitir que tenía un buen cuerpo a diferencia de las demás palomas, pero a él sencillamente le era indiferente. De hecho, todas las chicas lo eran para él, todo desde la muerte de su amada.
—Ten la decencia de vestirte y sígueme —ordenó de mal humor, mirándola a los ojos—. Te estaré esperando afuera. Por tu bien, no te tardes.
Dicho eso la soltó y se marchó, cerrando la puerta en el acto. Hinata parpadeó varias veces; Itachi se veía sumamente molesto y a leguas se notaba que estaba conteniendo su coraje para no desquitarse con ella de una manera poco ortodoxa, pero, ¿por qué había ido a buscarla?
De pronto, un escalofrío comenzó a invadirla. Si lo que Itachi le advertía iba enserio, no quería hacerlo esperar por mucho tiempo. Los rumores indicaban que cuando el mayor de los hermanos Uchiha estaba molesto, podía llegar a ser peor que Sasuke e incluso, igual al dueño de la casa de citas y líder de la organización, Madara Uchiha.
No lo pensó mucho y sólo alcanzó a ponerse una bata de baño de color lila; cuando apenas hacía un nudo sobre su cintura, Itachi entró a la habitación con el ceño fruncido y los puños apretados; la tomó sin delicadeza de la muñeca y comenzó a jalarla bruscamente con dirección a la salida. Ella no protestó, a pesar del dolor que el agarre le provocaba, Hinata decidió mantenerse callada durante el camino. A donde fuera que él la conduciera, estaba segura de que no era nada bueno.
Caminaron por los largos pasillos y descendieron por las escaleras al final de uno; giraron a la derecha y volvieron a descender por más escaleras, hasta que llegaron al fondo. Hinata supuso que se trataba del sótano, pero ese lugar estaba muy bien cuidado y aseado para tratarse de un lugar como el sótano; Itachi detuvo sus pasos frente a una puerta de madera, por lo tanto, Hinata se detuvo a la par de él, observándolo de reojo; finalmente, el Uchiha suspiró pesadamente y le dirigió una mirada de advertencia y le indicó que entrara sin más.
La chica abrió los ojos como platos al escuchar la rasposa voz de Itachi ordenarle aquello. Se imaginó un sin fin de cosas para nada agradables que le esperarían ahí dentro y tragó grueso al recordar la imagen de Kabuto retorciéndose de placer mientras ella realizaba el acto de felación en él. Un sudor frío adornó su frente y un temblor involuntario se estableció en todo su cuerpo. Itachi no lo pasó por alto, pero como no estaba de humor, decidió restarle importancia y tomó el picaporte de la puerta, girándolo bruscamente para finalmente abrir la puerta.
—Entra y quita esa patética expresión en tu rostro. —bramó el hombre, empujándola—. Me da asco verte así.
Sin quererlo ni evitarlo, Hinata fue empujada hasta adentro de la habitación y, posteriormente, Itachi cerró la puerta. No tuvo remedio y lentamente giró su vista alrededor, donde un fuerte olor a fármacos inundaba el lugar; a lo lejos vio una estantería repleta de medicamentos e instrumentos de cirugía; al frente, una máquina que indicaba los latidos de un corazón estaba en funcionamiento y a lado, una camilla que era ocupada por un hombre, el cual dormía profundamente y le era suministrado suero y sangre mediante intravenosa.
Hinata palideció al ver quien estaba en la camilla.
El rostro de la persona que más odiaba estaba ahí, tan sereno y neutral como siempre. Sasuke Uchiha se hallaba recostado sobre aquella camilla, y ella ahí, caminando lenta e inconscientemente hacia él.
Su rostro era tan perfecto y angelical que parecía una broma que se tratara de un delincuente; tanto que, si en ese momento le dijeran que lo era, ella estallaría en carcajadas, negando absolutamente aquello. Odiaba admitirlo, pero su instinto se sobreponía a su razón cada vez que lo veía. Un instinto que le ordenaba a gritos besarlo o desnudarse ahí mismo para ser tomada por él, pese a saber que no era nada suave ni mucho menos romántico. Ella, la masoquista Hinata Hyuuga deseaba una segunda vez con Sasuke.
Por otro lado, su odio se acrecentaba cada vez más y le era imposible ignorar lo que él le había hecho. Jamás lo perdonaría, eso era un hecho. Pero al verlo ahí, tan indefenso y débil le provocaba unas ganas inmensas por terminar con él, tomar algún instrumento que le sirviera y darle una muerte rápida. No obstante, el deseo por verlo retorcerce de sufrimiento aún seguía siendo más grande que cualquier cosa.
Eso le hizo darse cuenta de una cosa.
¿Cómo había terminado de esa manera?
El gran e imponente Sasuke Uchiha estaba tan débil que seguramente ni siquiera se había percatado de su presencia. Además, su torso estaba vendado y su brazo izquierdo tenía una férula de yeso. Hinata no lo entendía y no se le ocurría una idea decente que relatara los hechos que pudieron haber sucedido con él. Sin embargo, supo que esa persona había sido lo suficientemente demente y valiente como para hacerle frente, sabiendo que a Sasuke no sólo lo respaldaba su hermano, sino toda una organización criminal. Sin saberlo, esa persona se convirtió en el héroe o heroína de Hinata y una nueva inspiración.
Tomó el rostro masculino con una de sus manos y lo acarició suavemente, con ternura, pero a la vez con repulsión. No podía creer que estuviera haciendo eso después de desear con todas sus fuerzas matarlo sin piedad. Pero suponía que así era mejor, mantenerlo vivo para verlo sufrir incontables veces, porque ella ya había imaginado un sin fin de situaciones en las que él sufriera y mucho. Incluso, podía hacerlo ahora que estaba removiéndose incómodo en la camilla, con una mueca de dolor en el rostro pero con los ojos aún cerrados.
Rió para sus adentros, quizás hubiera una oportunidad en la que pudiera hacer algo para su diversión. Después de todo, una oportunidad de estar a solas con él no volvería a presentársele dentro de mucho tiempo, o eso pensaba ella.
Apartó su mano del rostro de Sasuke y escudriñó con la mirada la estantería, tal vez encontraría algo interesante que le llamara la atención. Encontró un bisturí brillante y excitante a su vista; no dudo ni un momento y lo tomó rápidamente, sonriendo de una manera un tanto desquiciada; se acercó de nuevo al inerte cuerpo del Uchiha y lo observó una vez más, sintiendo la adrenalina correr por todo su cuerpo.
—Ahora jugaremos mi juego, Sasuke Uchiha.
Enfatizó con veneno en sus palabras. Estaba consciente de que si le hacía daño a ese hombre podrían matarla, pero en ese momento le restó importancia. Lo único que quería ver era el rostro de Sasuke ser deformado por el dolor causado. Un dolor que ella había experimentado cuando él la violó.
—Te llevaré al paraíso por un minuto —explicó como si él la escuchara y señaló el bisturí—. Con esto experimentarás el placer que el dolor ocasiona, así como yo lo sentí.
—Hazlo —escuchó de repente—. Pero en vez de torturarme... Mátame.
Hinata pegó un respingo e instintivamente retrocedió un par de metros. Sasuke había hablado con una sonrisa tenue, pero aún mantenía los ojos cerrados; su frente estaba perlada de sudor y su respiración era inestable. Fue en ese momento que la chica dedujo que estaba delirando. No era consciente de sus palabras.
—Hinata... Termina con mi sufrimiento de una vez —susurró con la respiración entrecortada—. Por favor... No quiero herir a nadie más.
Un tic se asomó en el ojo derecho de la Hyuuga. Sasuke parecía sufrir y ya no estaba segura de que fuera debido al dolor físico. La mano que sostenía el bisturí poco a poco se alejó temblorosa y su cuerpo se sentía pesado. Estaba dudando de sus palabras.
—Te amo tanto como para verte sufrir —siguió hablando después de emitir un quejido—. Y me odio demasiado a mí mismo como para suicidarme —finalmente abrió los ojos—. Estoy sucio... No merezco tu lástima y tampoco tu odio... No merezco nada de ti.
Volteó los ojos para encontrarse con la perlada mirada de Hinata. Era tal y como se la había imaginado. Aquella chica tímida y temerosa apareció de nuevo después de tanto tiempo. La verdadera Hinata Hyuuga estaba ahí, a merced de cualquiera que quisiera hacerle daño; con el miedo rodeando su ser y la confusión dominando sus sentidos. La extrañaba. Extrañaba proteger esa faceta de ella en todo momento y extrañaba arrancarle el miedo con sus palabras de aliento disfrazadas de aversión. Tal vez no era consciente de sus palabras, pero sí de sus sentimientos.
Y eso le provocaba terror.
Él nunca había sido un hombre que sacara a flote sus sentimientos mediante palabras, ni mucho menos que estaba acostumbrado a flaquear tan fácilmente ante una mujer; pero al igual, sabía que Hinata no era cualquier mujer. Ella le demostró ser una persona depresiva y sumisa, pero a la vez, con un corazón tan noble que contagiaba a los demás; su encantadora sonrisa se hubo impregnado en su memoria y ni hablar de sus preciosos ojos perla. Hinata era tan perfecta a su vista que le había cegado la vista hacia otras chicas. Incluso a Ino.
—Te amo demasiado, Hinata —sonrió sinceramente—. Te amo tanto como para aceptar mi muerte a manos tuyas... Mátame ahora que tienes la oportunidad... O te arrepentirás de haberme dejado con vida.
—Maldito —susurró la Hyuuga—. ¡Eres un maldito hijo de puta!
Para ella, Sasuke sólo estaba jugando con el ambiente del momento. Diciéndole todas aquellas palabras la estaba haciendo flaquear de su propósito principal; él tenía el control de la situación y eso a ella le generaba aún más odio. ¿Acaso creía que no podía asesinarlo? Estaba en un error. Ella ya no era aquella estúpida a la que podía manipular, esa Hinata había muerto. Ahora sería capaz de matarlo a él y a toda persona que intentara tocarla.
—Si no lo haces ahora, deberás atenerte a las consecuencias.
Musitó Sasuke, desvaneciendo todo rastro de sonrisa. Cada vez su voz era más forzada, Hinata supo lo peor cuando él tomó su mano con insistencia, pero débilmente. Estaba ardiendo en fiebre y la máquina que indicaba su ritmo cardiaco se aceleró. Debió haberlo imaginado desde que entró y vio que las condiciones de salubridad no eran adecuadas para tener a alguien como él internado ahí. Sasuke estaba muriendo.
—Porque así como lo hice con el imbécil de Deidara... Te mataré a ti también.
Fue en ese momento que los ojos de Hinata comenzaron a arder y las lágrimas comenzaron a rodar; sintió una opresión en el pecho que la asfixiaba, pero sobre todo, de nuevo la invadió el miedo. Definitivamente eso no era lo que ella quería escuchar y tampoco estaba segura de qué era lo que quería escuchar de él. La vida de Sasuke se escapaba con el pasar de los segundos y ella no deseaba que fuera así.
—¡No! —Gritó, empuñando de nuevo el bisturí y apuntando a los ojos entrecerrados del Uchiha—. ¡Tú no puedes morir así! Yo te sacaré los ojos y tú sufrirás... ¡Pero no te mueras ahora!
—Desearía ver eso —se mofó él.
Ella apretó los párpados con fuerza, temblando sin control. ¡Era una tonta! Se suponía que no debía sentir ningún apego al Uchiha; que debía ser fría y precisa con su tortura y no que él la torturara a ella de esa manera... Ella debía matarlo y no hacer lo que estaba a punto de hacer.
Se odiaría toda la vida por hacer aquello.
Lanzó el bisturí hacia un rincón de la habitación y salió inmediatamente de ahí, avisando a Itachi -que estaba afuera esperando- sobre el estado de su hermano; el Uchiha mayor abrió los ojos como platos y no dudó ni un segundo en llamar a un médico vía telefónica, entró a la habitación empujando a Hinata en el proceso y le aplicó los primeros auxilios para ganar tiempo mientras el médico llegaba.
Ella no quería que él muriera. No así. Necesitaba verlo retorcerse del dolor mientras le cortaba los dedos y le arrancaba las pestañas una a una; necesitaba excitarse con sus gemisos de dolor mientras ella le clavaba un puñal en cada una de sus piernas; y lo que más ansiabe ver, era esa cara deformarse mientras ella le cortaba los genitales. Porque era un hecho, haría eso así le costara la vida.
Sin embargo, verlo así, tan vulnerable a la muerte le removió algo en su estómago. Algo dentro de ella le decía que eso no estaba bien y que ella no era así, no lo sería nunca. Hinata no se convertiría en una criminal, no sería igual a esas escorias que se hacían llamar negociantes. Hinata Hyuga aún era buena.
No quería pensar más en ello. Tampoco le dieron tiempo para pensar porque enseguida llegó un médico que se encerró en la habitación con Sasuke e Itachi salió con el entrecejo arrugado, dando largas zancadas; nuevamente la tomó del brazo y la arrastró hasta su habitación, sin emitir una sola palabra.
Antes de llegar al pasillo en donde compartía la habitación con Sakura y Karin, se topó con una mujer de mediana edad, que se detuvo en seco y la observó detalladamente con sus ojos color miel. Al parecer, Itachi no se dio cuenta de ello debido a su mal humor y siguió de largo; no obstante, Hinata la miró con duda. Esa mujer le transmitió seguridad en ese instante con tan sólo verla a los ojos.
Cuando llegaron a la habitación, Itachi abrió de un portazo y divisó a Sakura sentada en el borde de una de las camas. Al parecer Karin seguía trabajando. Jaló a Hinata y la adentró con brusquedad.
—Vístete —ordenó con la voz ronca—. En una hora te quiero lista.
En el momento en que Itachi cruzó el umbral y cerró la puerta, Sakura corrió a los brazos de Hinata, envolviéndola con los suyos en un efusivo abrazo. No tardó en ser correspondido, no obstante, la pelirrosa se dio cuenta de su temblor.
—Gracias al cielo, estás bien.
Hinata sonrió con calidez. Si bien, Sakura siempre había sido grosera con ella, ahora se preocupaba como una hermana y la procuraba lo más que podía. Ella agradecía eso y le devolvía el gesto de igual manera. En el poco tiempo que ellas llevaban en ese horrible lugar, habían aprendido a quererse y conocerse mutuamente; tal vez la situación las había presionado, adelantando el proceso, pero de igual manera eso les ayudó a no caer víctimas de la depresión o adicciones que la misma organización les ofrecía.
—¿Por qué no lo estaría? —Cuestionó, separándose del abrazo.
—Hinata, tú sabes bien que en este lugar estás apostando tu vida día a día —recordó Sakura—. El día que hagas molestar a Sasuke o algún otro miembro, pueden matarte sin remordimientos.
Al escuchar ese nombre, el cuerpo de la Hyuuga se tensó. Recordó los sucesos de un momento atrás, golpeándose mentalmente por no haber hecho lo que Sasuke le dijo. Ahora tal vez estaría muerta, pero satisfecha de haberse llevado consigo al Uchiha menor. Y por alguna razón, presentía que las palabras dichas por él, se cumplirían y mucho peor, involucraría a personas inocentes.
Para Sakura aquello no pasó desapercibido. Se arrepintió al instante de haber nombrado al Uchiha, sabiendo el impacto que causaba en Hinata. Comenzaba a guardarle rencor, sin embargo, no se imaginaba la cantidad de sentimientos que la chica, ahora su amiga, guardaba hacia él. Debía hacer algo por ella cuanto antes.
—En cinco minutos estará aquí Karin, nuestra compañera de habitación —informó, cambiando de tema—. También vendrán Gaara-kun y Temari-san. Hay algo muy importante de lo que queremos hablar contigo.
—¿Conmigo?
La de ojos perla no pudo evitar mostrar su sorpresa. Sospechaba que ellos hablarían a escondidas de sus cuidadores, pero no podía asegurar nada, ya que Gaara era uno de ellos y también iría.
Entonces, ¿qué era tan importante y por qué tenían que estar ellos presentes?
—Necesitamos planear nuestro escape cuanto antes.
Fue la respuesta de la pelirrosa. Hinata la miró con duda, inquiriendo silenciosamente por la participación de aquel pelirrojo. Ella no confiaba en él ni en ningún tipo de ese lugar, ni siquiera Temari.
—Gaara-kun está de nuestro lado, no te preocupes.
Sakura sonrió y eso fue suficiente para calmarla, al menos en ese momento, pues no se fiaba de las intenciones de aquellos sujetos. Ya tendría tiempo para analizar eso; mientras tanto, debía pensar en lo que Sakura tramaba con esa idea de «escape» y las posibilidades de que su plan fuera exitoso. No se olvidaba de que Sasuke era su enemigo y lo haría sufrir, o eso quería recordarse.
No estaba segura de querer huir. No sin antes darle a Sasuke su escarmiento.
Aunque tal vez, sería lo mejor, ahora que tenía oportunidad y una nueva amiga.
...
[3]
Vertió el contenido de la botella de whisky sobre dos vasos de cristal con un par de hielos; posteriormente, le entregó un vaso a su acompañante, que se encontraba sentada en una silla al frente de él, y ambos brindaron por tonterías, o más bien él brindó, ya que ella sólo chocaba el vaso con el suyo; se dirigió al balcón que mostraba la vista nocturna de una gran parte de la ciudad y se recargó en el barandal, dando un sorbo a su bebida.
—¿Cómo está él?
Su intercomunicadora no respondió al instante. Sólo le observó fijamente la espalda erguida y su cabellera larga, mientras daba un trago a su bebida; sonrió tras el vaso a la vez que él la miraba de soslayo sin deshacer su posición.
—¿Desde cuándo te preocupas por él?
—Desde que su madre murió —respondió él esbozando una sonrisa ladina—. Recuerda que es uno de mis queridos hijos.
La mujer no pudo evitar soltar una carcajada ante el comentario dicho. Ella conocía muy bien al hombre y sabía que estaba mostrando su lado sarcástico; era un hecho que él no se interesaba por nadie más que por sí mismo y, quizás, por la nueva mujer que se había convertido en su socia.
—Te creería si fueras Itachi —sinceró, dejando el vaso en el escritorio y levantándose de la silla—. Pero eres Madara Uchiha... Y a ti no se te da bien eso de preocuparte, mucho menos por Sasuke.
—Me conoces bastante bien, Konan —Madara río entre dientes—, por eso eres mi favorita.
Cuando sintió las femeninas manos de Konan sobre sus hombros, Madara se giró rápidamente y la tomó de la cintura con una mano, mientras que con la otra sostenía el vaso whisky; recargó su espalda sobre el barandal del balcón y la estrechó contra su cuerpo, acercando su rostro al de ella y rozando la punta de su nariz contra la mejilla femenina; finalmente, lamió su mejilla y la comisura de sus labios, provocando en ella un erizamiento de piel.
La mujer no puso resistencia, en cambio, lo tomó por los hombros y posteriormente rodeó su cuello con los brazos. Ambos eran amantes, ambos compartían los mismos secretos y ambos se encubrían cuando hacían algo ilícito contra su propia organización para sacar provecho. Pero sobre todo, los dos se mantenían informados el uno al otro sobre sus subordinados y socios.
—¿Tu favorita? —Inquirió con ironía—. Al parecer también eres un buen mentiroso.
—¿De qué hablas?
—Tsunade —nombró con molestia en su voz—. Desde que esa mujer llegó, no has hecho nada más que hablar de ella como imbécil.
El hombre sonrió con sorna. Bebió del contenido del vaso una vez más hasta el fondo y lanzó el objeto hacia el vacío, fuera del balcón. Le divertía el hecho de que esa mujer le reprochara hasta quedarse sin habla; que le rogara como si fuera el último hombre sobre la tierra que lo eligiera a él antes que al tipo llamado Nagato. Para él, ella era su diversión.
Y tal vez la nueva queja tuviera algo -o mucho- sentido. Tsunade Senju era una mujer hermosa y con grandes dotes que la convertían en una mujer sensual, a pesar de su edad. No negaba que lo volvía loco con tan sólo mirarlo y si ella le pidiera dejar a Konan a un lado sólo para tener una noche de sexo, lo haría sin pensar. Quizás estuviese enamorado de ella, pero no de manera romántica.
La había conocido durante su época de rehabilitación. Ella era una psicóloga bastante servicial pero sobre todo eficiente. Todos y cada uno de sus pacientes la adoraban con el alma y él no fue la excepción. Su intensa mirada lo traspasaba y lo hacía obedecer hasta la más mínima orden; su brillante sonrisa lo incitaba a querer probar sus rosados y carnosos labios hasta devorarlos; y su escultural cuerpo lo tentaba a perder el control y hacerla suya en cada momento. Tsunade era la única mujer que podía controlarlo.
Hasta la fecha.
—¿Estás celosa?
Preguntó com fingido interés. Konan ladeó sus labios en una torcida sonrisa, a la vez que se separaba de él. Para ella, Madara era un pobre idiota. No sabía siquiera que ella también podía manipularlo a su antojo.
—Sólo digamos que soy precavida —respondió sin más—. No me gustaría tener que cortarle los pechos un día de estos.
—¡Oh, vamos! —Madara carcajeó sonoramente—. Ambos sabemos que tú no harías tal cosa. Además, no sé si sentirme halagado o humillado... ¿Por quién de los dos lo dices, señorita bisexual?
—No me tientes, cariño —siseó ella, cada vez más molesta—. Porque así como soy capaz de hacer eso, también soy capaz de cortarte los testículos.
—¿Me estás amenazando?
Cualquier rastro de humor en el rostro del hombre se desvaneció y adoptó un semblante serio e inexpresivo. Al parecer, Konan estaba subestimándolo con esa amenaza tan pobre, pero lo que no sabía era que, dentro de aquella amenaza, él la estaba subestimando a ella.
—Tómalo como una advertencia —la mujer se encaminó a la salida—. Y por cierto... Eres tú el que no debe subestimarme —se detuvo frente a la puerta y antes de abrirla dijo—: sólo venía a informarte sobre un asunto de vital importancia.
Madara frunció el ceño con duda. Sabía que Konan era una excelente espía dentro de la organización, pero también sabía que a los asuntos que debía ponerle cuidado los clasificaba como de «vital importancia.»
—¿Qué es?
Ella rió con el sarcasmo impregnado en su tono de voz, cosa que a Madara no le agradó; tomó el picaporte de la puerta, la abrió lentamente y, antes de que saliera, el hombre caminó hacia ella y la cerró de nuevo. Quería saber lo que tenía que informarle y la paciencia no estaba de su lado.
—Hay un traidor entre nosotros —dijo ella simplemente—, está de parte de una de las palomas y está dispuesto a lo que sea por ella. En vez de perder el tiempo fantaseando con pechos y culos, deberías prestar atención a tus subordinados.
—¿Quién demonios es? —Preguntó.
Konan intentó abrir la puerta pero él se lo impidió. Al ver que el hombre no cedía, suspiró con pesadez y decidió mirarlo a los ojos para después estrellar sus labios en los de él, con necesidad. Fue un beso casto, pero que dejó al hombre desorientado y sin poder corresponder.
—Eso, cariño —susurró de manera sensual en su oído—, tendrás que averiguarlo por tu cuenta —sonrió triunfal—. Ya es hora de que la cabeza de Akatsuki haga algo más que follarse a cada mujer nueva que entra.
Dicho eso, abrió la puerta y, aprovechando el desconcierto de Madara, salió de la habitación. El hombre se quedó un par de minutos más en el mismo lugar, inmóvil y pensativo; una inquietud comenzó a invadir su calmo pensamiento, pues ahora no sólo debía cuidarse el trasero del bastardo de Orochimaru, sino de un traidor que seguramente hacía todo aquello por amor a una prostituta. Porque no hallaba otra respuesta lógica a la traición.
Entonces se le vinieron a la mente varias posibles personas candidatas a cometer traición y, una de ellas era Tsunade. Hacía mucho tiempo que no sabía nada de ella y de repente apareció en su camino, dispuesta a cooperar con él en un negocio que había rechazado años atrás. Definitivamente era sospechoso su cambio repentino de actitud, sin embargo, Konan dejó claro que era un hombre y que estaba de parte de una de las palomas, por lo que no era la única sospechosa.
También estaban sus hijastros Sasuke e Itachi. Con el primero no tenía ningún problema, ya que por el momento estaba incapacitado y cuando se recuperara podía mantenerlo vigilado; sin embargo, con el segundo debía tener cuidado. Itachi era una persona leal y dedicada, pero si llegaban a herir a su hermano menor, perdía los estribos, llegando a ponerse en contra de cualquiera. Además, estaba el tema inconcluso de su novia muerta, Izumi. De no haber sido por ella, Itachi nunca hubiera tenido los problemas que tenía ahora con él. En resumen, Itachi Uchiha tenía más probabilidad de traicionarlo que Sasuke.
Y por supuesto, no olvidaba a su peón Gaara del Desierto. Ese mocoso con complejo de psicópata era un dolor en el trasero, pero sobre todo, un completo prodijio y experto en mantener a las palomas controladas. No obstante, había un problema muy grande con él y ese era su hermana Temari; Gaara trabajaba para él con la única condición de que no le hicieran daño a Temari. Durante años, él sólo velaba por ella y hacía lo que él le ordenaba a cambio del bienestar de la chica e incluso, su comodidad. Era un trato justo, pero que ahora lo mantenía en la mira.
Tal y como lo había dicho Konan. Era hora de que la cabeza de Akatsuki les recordara a esos críos quien mandaba. Y la mejor manera que le venía a la mente era a través de la presión; conocía cada una de las debilidades de sus subordinados y las usaría a su favor, sin importarle que dos de ellos fuesen de su propia familia.
Un traidor no merecía ocupar el oxígeno que otro podía ocupar... Un traidor merecía el mejor castigo que él pudiera ofrecer.
La muerte.
...
[4]
Él era una persona que detestaba la impuntualidad, que odiaba a las personas impertinentes y repudiaba a todos aquellos que se creían superiores a él. Porque en definitiva, Sasori de la Arena Roja era mucho mejor que cualquier persona que llevara el apellido Uchiha.
Y comprobó su conjetura cuando escuchó lo inimaginable: Sasuke Uchiha había asesinado a su mejor amigo y compinche, Deidara. Ese maldito desapareció del mapa a la única persona a la que él le tenía confianza y encima, su hermano Itachi lo negaba descaradamente, atribuyendo tal acto a su compañero Gaara.
¿Acaso creían que él era estúpido?
No por nada él era uno de los mejores miembros de Akatsuki, uno de los más inteligentes y astutos. Ese imbécil de Itachi lo estaba subestimando, diciendo insistentemente que había sido Gaara quien terminó con la vida de su preciado amigo. Al parecer, aún no se había dado cuenta del lazo de confianza que habían establecido el rubio fallecido y él; tanto, que el día anterior a su muerte, se despidió de él alegando que iría a atar algunos cabos sueltos con una peste y, advirtiendo que tal vez, no regresaría. Sasori al principio lo vio como una de sus tantas bromas para aligerar el tenso ambiente que siempre se formulaba, pero cuando vio a Sasuke tan molesto en el momento de cruzar palabras y cuando se dio cuenta de que el rumbo que estaba tomando era el mismo que el de Deidara, lo entendió todo.
Ahora, Deidara estaba muerto.
Él bien pudo haberlo detenido de cometer esa locura, pero también sabía lo necio que era su camarada y el odio que le guardaba a los Uchiha; también confiaba en él, tanto que llegó a pensar que había ganado. No obstante, todo se derrumbó cuando Itachi llegó con un moribunrdo Sasuke colgado se sus hombros, pidiendo asistencia médica inmediata. El muy idiota no lo vio y Sasori agradeció aquello, ya que salió a toda prisa hacia el lugar de los hechos y llamó de inmediato a la policía, denunciando a Sasuke de asesinato.
—Gaara del Desierto —volvió a escuchar de parte de Itachi—. Él es el único responsable de esto.
Sasori no entendía porqué Itachi se empeñaba en culpar a ese sujeto; si bien, a él le daba igual a quien culpara el Uchiha, tampoco era un estúpido. Todo indicaba que el culpable era Sasuke. El otro tipo nada tenía que ver.
—¿Me quieres ver la cara de idiota?
Se recargó en el respaldo del sillón con cansancio. En el lugar solamente estaban él e Itachi, discutiendo el mismo asunto desde hacía dos horas. Inclusive se estaba impacientando porque esa discusión no los estaba llevando a ninguna parte.
—No —respondió Itachi con simpleza—, sólo quiero dejarte claro que, aunque Sasuke haya puesto fin a la vida de tu amigo, fue ese tal Gaara quien lo empezó.
El pelirrojo se levantó sutilmente de su asiento, provocando en Itachi discreta sonrisa pasó desapercibida para él. Ahora que lo pensaba mejor, tal vez pudiera tener algo de razón, puesto que Gaara últimamente estaba muy sospechoso y se puso peor cuando llegó la paloma de cabello rosado; Deidara una vez comentó que, en cuanto esa chica saliera a trabajar, él sería su primer cliente. Por supuesto, él no pasó por alto la reacción de Gaara y la fulminante mirada que éste le dedicó a Deidara.
No podía creerlo. Itachi lo había hecho dudar.
—Un día antes de que ocurriera la pelea entre mi hermano y Deidara, Gaara decidió quitarlo del camino —argumentó, como si no fuera suficiente para Sasori—. Deidara fue envenenado, con el propósito de que tuviera una muerte rápida y así, no levantar sospechas pon un paro cardiaco. —dio un largo suspiro—. No tengo idea de cuales hayan sido sus razones para hacerlo, pero puedo apostar que quería ver muerto a tu amigo cuanto antes.
Los ojos de Sasori se abrieron más al escuchar la explicación del Uchiha. Ahora todo comenzaba a tener sentido. No obstante, aún no podía creerlo del todo... ¿Por qué Gaara querría matar a Deidara? Si sus sospechas eran ciertas, entonces llegaba a la conclusión de que ese hombre padecía alguna inestabilidad mental, ya que Deidara solamente había mencionado a la chica pelirrosa como una fantasía. Por otro lado, tal vez ellos dos ya hubiesen tenido algo que ver y él no se había dado cuenta.
—¿A qué quieres llegar con eso? —inquirió entrecerrando los ojos.
—A que, si llegas a cobrar venganza en nombre de tu amigo muerto, hazlo con el verdadero responsable —manifestó Itachi—. No cometas ninguna estupidez.
—¿Y me lo dice el idiota que se volvió loco por una mujer hace siete años?
El Uchiha arrugó el entrecejo y tomó a Sasori por el cuello de la camisa, levantándolo para después estrellarlo en la pared más cercana; el pelirrojo sonrió de lado, mirándolo fijamente a los ojos. Había dado en un punto débil de Itachi.
—No te atrevas-
—No, Itachi —cortó la frase de su agresor estrepitosamente—. Tú no te atrevas a decirme lo que tengo que hacer —al ver que el Uchiha reforzó su agarre tras sus palabras, continuó, ensanchando su sonrisa—: si decido o no cobrar venganza en nombre de Deidara es un asunto que no te concierne; y si decido o no hacerlo en contra del imbécil de tu hermano, es mi puto problema... Así que deja de interferir por él y déjame en paz.
Dicho aquello, se soltó bruscamente del agarre de Itachi y se sacudió la camisa roja que llevaba puesta; caminó unos pasos lejos de él, dado que su presencia lo agobiaba de alguna forma. Quizás Deidara le había contagiago algo de su rencor hacia la familia Uchiha. Eso era lo de menos, por ahora necesitaba preocuparse del asunto pendiente con Orochimaru y su hijo Kabuto.
Por otro lado, Itachi tensó los hombros y sus palmas formaron dos puños dispuestos a golpear al pelirrojo altanero que ahora le daba la espalda. Estaba siendo impulsivo, algo impropio de él. Quería descargar la furia que Sasuke le había provocado en alguien y, tener a ese hombre a tan sólo unos metros, diciendo estupideces que en nada ayudaban, no le hacía las cosas fáciles.
Porque sí, el idiota de su hermano menor había sido quien lo hizo enfadar. Todo al pedirle de favor algo que le recordaba a él mismo algunos años atrás, tan imprudente y desesperante.
«Itachi, por favor... Tráela... Necesito ver a Hinata...»
En ese momento no supo cómo describir lo que sintió. Esas habían sido exactamente las mismas palabras que el empleó para ver a Izumi, con la única diferencia de que él no estaba moribundo ni mucho menos delirando; él estaba en un calabozo, a merced de Madara y con el pensamiento de que moriría también.
«Sasuke, por favor... Tráela... Necesito verla... A Izumi...»
Aún recordaba la respiración entrecortada y la desesperación con la que dijo aquello; también recordaba cómo el rostro de su hermano menor se desfiguró tras haber escuchado esa petición y se quedó unos minutos en silencio, inmóvil y mirando hacia un punto indefinido del calabozo; finalmente, el pequeño Sasuke había negado con la cabeza y manteniendo la mirada gacha, sin atreverse a mirarlo.
«Hermano... Ella está...»
Y después de eso no escuchó nada más. Porque Izumi era su mundo. Izumi era lo único que Itachi necesitaba para ser feliz, para estar pleno... Esa mujer lo era todo para él y no había podido salvarla de ese mundo al que él mismo la había llevado; aún cuando lo prometió. Se lo prometió. Y lo más doloroso de todo eso era que después de aquello, nunca la volvió a ver, ni siquiera a su cadáver.
Tampoco supo nunca el nombre del asesino. Él no se creía el cuento absurdo de que uno de sus clientes la había asesinado por hacerlo enfadar. Él tampoco creía los rumores de que ella se había suicidado al no soportar la miserable vida de prostituta que llevaba. Alguien la asesinó, pero no estaba seguro de quien había sido.
Lo detestaba. Detestaba ese sentir que sólo le provocaban su hermano y su amada fallecida; detestaba el hecho de que otros se burlaran de su miserable juventud y de su infelicidad; pero detestaba mucho más que lo hicieran en su cara, justo como Sasori lo estaba haciendo.
Ese maldito pelirrojo.
—Y si sigues con tus delirios de adolescente enamorado de un fantasma, tendré que matarte.
Esa fue la gota que derramó el vaso en la paciencia de Itachi. Claramente Sasori se estaba burlando de él, con aquellas palabras sobre Izumi. El pelirrojo tenía conocimiento sobre los acontecimientos pasados entre la chica y él; era por eso que se divertía a costa de su muerte.
O al menos, eso parecía.
—¡Vete a la mierda!
Gruñó con la furia dominando su timbre de voz y dirigió su puño en dirección al rostro del pelirrojo, para después impactarlo en su pómulo izquierdo y hacerlo caer directo al suelo; el afectado sólo se limitó a girar su rostro y observar de soslayo a su agresor, que no dejaba de gruñir, mientras esbozaba una sonrisa torcida; se limpió la sangre que había comenzado a brotar de su mejilla, producto del impacto del anillo que portaba el dedo anular derecho con su piel; finalmente, se levantó del suelo y comenzó a caminar con rumbo hacia la salida del lugar. Él no iba a continuar una pelea sin sentido.
—¿Sabes, Itachi? —habló, llamando la atención del Uchiha—. No sé quien es más patético: tú, al seguir enamorado de un maldito cadáver —hizo una pausa para tocar su pómulo, ahora levemente hinchado—, o tu hermano, al haberse enamorado de una chiquilla sin futuro en este lugar... Porque sabes bien que ese tipo de mujeres suelen suicidarse a temprana edad —carcajeó con burla—. Y si no te queda claro, puedes preguntárselo a la tumba de Izumi.
Antes de que Itachi pudiera responder, Sasori salió a toda prisa de ahí, perdiéndose de su vista. Tal vez tenía razón al decir que era patético por seguir enamorado de una mujer que había muerto siete años atrás, por no tener el coraje necesario para superarla y por comportarse como un tonto cuando hacían mención de su nombre. Pero tenía miedo.
El gran Itachi Uchiha, conocido por ser un hombre despiadado y frívolo, tenía miedo.
Ese miedo se lo provocaba su propio hermano, Sasuke.
Estaba preocupado por él. Porque, al igual que él, se enamoró de una de las palomas sin importarle Madara y lo que era capaz de hacer; sin pensar en la desgracia en la que él había caído a causa de la muerte de Izumi; sin preocuparse por la pobre chica y el riesgo que corría al ser la "afortunada" que se había ganado su amor... Sí, era cierto que el amor era impredecible y sobre todo indefinido, que uno no elegía amar o ser amado ni tampoco el tiempo o el lugar en los que debían enamorarse las personas. Pero, por más amor que Sasuke quisiera manifestarle a esa niña, también tenía una parte racional que debía hacerse presente en esos momentos de cobardía. Porque eso de amar era una total cobardía para Itachi. Una manera subjetiva de salir de la realidad para evitar caer en las garras de la locura.
—Sasuke... Espero que me perdones.
Susurró con la voz ronca. Él menos que nadie quería que Sasuke sufriera a causa de una mujer; él más que nadie deseaba aminorar el sufrimiento de su hermano y hacer de su vida, algo menos complejo; él menos que nadie quería que la historia se repitiera. Era por eso que necesitaba hacer algo para terminar el interés de Sasuke en esa tal Hinata. No importaba si al final terminaba asesinándola. Pero debía desaparecerla del plano.
Sasuke no pasaría lo mismo que él. Itachi lo había jurado.
...
[5]
—No nos queda de otra.
Escuchó decir a su izquierda. Sus manos temblaron.
—Concuerdo contigo.
Escuchó decir a su derecha. Tragó saliva con dificultad.
—Además, nos quitaremos un gran peso de encima.
Mantuvo su vista al frente cuando la persona en esa dirección habló.
—No lo sé. Eso es demasiado arriesgado.
Hinata se tranquilizó cuando Sakura dijo aquello. Al menos no era la única que se estaba acobardando.
Miró de reojo cómo la pelirrosa titubeaba ante la propuesta de los tres miembros restantes. Si bien, era un plan sumamente calculado y preciso, la parte final era bastante riesgosa y poco tenía que ver con su escape, o eso pensaba ella.
Temari lo propuso, Karin lo aprobó y Gaara lo reforzó. El plan de escape finalmente se efectuaría y Sasuke era la pieza clave. Era por eso que, tanto Sakura como ella, dudaban de querer hacerlo; y no era para menos, pues ese plan incluía un asesinato. El de Sasuke Uchiha.
—Sakura, tienes que entender que para conseguir el éxito es necesario de un sacrificio —explicó Temari—. Aunque Uchiha no represente ningún sacrificio para nosotros. Por mí, mucho mejor que muera. Una escoria menos en el mundo.
—¿Acaso sigues sintiendo afecto por ese idiota? —Cuestionó Karin, entornando los ojos.
—¡¿Qué? No, no, no! —Se apresuró a decir Sakura—, es sólo que-
—Haruno, creo que aún no te ha quedado claro la clase de persona que es Uchiha —interrumpió Gaara—. Temari, ¿por qué no le dices?
—Gaara-san —Karin tomó nuevamente la palabra—, me parecería mejor que fuese yo quien le mostrara la clase de basura que es Sasuke Uchiha.
El pelirrojo asintió en silencio; esa fue la señal para que Karin se levantara la blusa de color lila que portaba y mostrar su vientre poco a poco. Hinata se cubrió la boca con ambas manos y Sakura abrió los ojos como platos. El vientre de la pelirroja mostraba una enorme cicatriz en forma diagonal que lo atravesaba. Entonces, eso significaba que el responsable de hacerle eso, había sido el mismo Sasuke.
—Sasuke me violó —relató la dueña de la cicatriz con malestar—. Cuando yo era su víctima, él se encargó de enamorarme, ilusionarme con toda una vida juntos y, cuando caí en sus cuentos, él y su hermano Itachi me secuestraron —su voz comenzaba a quebrarse—. Pero, no le importó que ya estuviera a su merced... Después de unos días, fue hasta donde yo me encontraba recluída y abusó de mí... El muy hijo de puta me violó en una celda —una lágrima recorrió su mejilla y otra le secundó—. Pero eso no le bastó. Lo volvió a repetir unas cinco veces más hasta que su nuevo trabajo en otro país se le encargó... Ese trabajo lo mantuvo ocupado por un tiempo y no volví a saber de él... Hasta que Ino, su novia, se enteró de algo: yo estaba embarazada.
Tanto Hinata como Sakura escuchaban atentas el relato que Karin les compartía, sin poder creerlo. Fue entonces cuando la chica de ojos perlas se dio cuenta de que la pelirroja en cuestión había pasado por una situación mucho peor. Pero, sospechaba que la peor parte de la historia estaba por venir. Y no se equivocó.
—Como se habrán dado cuenta, Ino Yamanaka es la novia oficial de Sasuke y miembro de Akatsuki —continuó—. Por lo que la idea de que una de las palomas estuviese embarazada no la tomó nada bien. Fue por eso que, cuando Sasuke regresó del extranjero, ella le informó mi situación —apretó los puños y dio un largo suspiro para ahogar los sollozos que amenazaban con escapársele—. Ya se imaginarán lo que sucedió después... Sasuke me golpeó hasta que sus puños se cansaron, con la intención de hacer que yo abortara... Y como si no hubiese sido suficiente dejarme medio moribunda, tomó un cuchillo y me hizo esta herida —señaló la cicatriz—. De no haber sido por Gaara-san, en ese momento yo hubiera muerto.
La habitación se quedó en completo silencio después de que la pelirroja terminara de contar su experiencia y bajara su blusa nuevamente. Hinata apretó la madíbula, pensando en lo despreciable que era Sasuke y arrepintiéndose enormemente de no haber acabado con su vida un momento atrás. Ahora más que nunca quería matarlo, no sólo por ella, sino por Karin y odas las chicas que habían tenido la desgracia de toparse con él. Sasuke Uchiha merecía un castigo peor que la muerte misma.
Sin embargo, Sakura aún tenía una duda que manifestaría en ese momento.
—¿Y por qué hasta ahora?
—¿Disculpa? —Preguntó Temari.
—¿Por qué hasta ahora deciden actuar? —Insistió la pelirrosa—. Ustedes llevan mucho tiempo aquí, por lo que veo. Entonces, ¿por qué no hicieron este plan antes?
—Eso es sencillo, Haruno-san —habló Gaara, descruzando los brazos—. Necesitábamos a alguien que hiciera dudar a Uchiha y lo volviera loco —señaló a Hinata—, y esa es Hyuuga.
—¿Y-Yo?
Hinata se señaló a sí misma en señal de confusión; Sakura frunció el ceño, dando a entender que estaba igual que su amiga, no obstante, finalmente entendió la referencia, asintiendo a modo de respuesta.
—Supongo que ya te habrás dado cuenta de que Uchiha solamente se preocupa por ti —apuntó profesional el único hombre de la reunión—. Con tu ayuda, a nosotros nos será mucho más sencillo ejecutar nuestro plan... Verán, nosotros estábamos esperando a que llegara una chica que en verdad enamorara a alguno de los Uchiha, para ponerla de nuestro lado y que ella lo manipulara a su antojo —miró a Hinata y continuó—: alguien que lo persuadiera en contra de su familia y sus subordinados, que lo engatusara para poder recolectar la mayor información posible y así, evitar poner en riesgo la vida de cualquiera de nosotros.
—Y esa mujer eres tú, Hinata.
La respuesta de Temari volvió a sumirla en un abismo de indecisión. La mente de Hinata se encontraba demasiado pertubada como para poder tomar una correcta decisión; además, ¿qué había si la descubrían? porque, tanto los Uchiha como los miembros de Akatsuki no eran cualquier cosa que se podía tomar a la ligera. Si la descubrían a la mitad del plan, terminaría su vida y, por lo tanto, su plan de escape.
Era riesgoso y lo sabía, pero era más riesgoso quedarse en un lugar en el que cualquier día moriría; era mucho mejor intentar cualquier cosa para lograr salir hacia una nueva vida que quedarse ahí mirando como su vida se terminaba con el paso de los minutos; era mejor morir en el intento que no haber intentado nunca y, aún así, morir.
—Hyuuga, eres nuestra pieza clave para comenzar con nuestro plan —Karin trató de convencer—. Sólo necesitamos tu afirmación.
—¿Quién más está de nuestro lado? —cuestionó ella, mientras trataba de darse ánimos a sí misma.
—Nosotros tres —habló Temari, refiriéndose a ella, Karin y Gaara—, allá afuera están trabajando dos personas más que aceptaron unirse a nosotros, se llaman Tenten y Sai; Nuestro hermano Kankuro; aparte de Gaara, en Akatsuki tenemos un aliado de nuestro lado, pero esa persona decidió mantenerse en el anonimato; a excepción de Gaara, nadie sabe su identidad. Y no es seguro aún, pero se rumorea que un infiltrad de la policía está intentando desenmascarar de una vez por todas a Madara Uchiha, por lo que podemos considerarla una aliada.
—Sólo es cuestión de que ustedes acepten —dijo nuevamente Karin.
Ambas chicas se miraron entre sí, temerosas de tomar la decisión equivocada. No querían precipitarse, sin embargo, tampoco querían pensarlo mucho, pues de igual manera terminarían aceptando. Hinata espero alguna respuesta por parte de Sakura y, al ver el leve asentimiento de cabeza en señal de afirmación, miró de nuevo al frente.
—Está bien —dijeron al unísono.
—Aceptamos. Haremos lo que sea con tal de salir de aquí —culminó Sakura.
Los tres miembros restantes sonrieron con orgullo. Ese momento sería el que marcaría el inicio de un plan que haría perecer a Akatsuki, porque no sólo tenían intenciones de escapar, sino también de hacer caer el imperio de Madara Uchiha. Gaara lo propuso y los demás lo secundaron con gusto. Pero no volverían a saber de ellos.
—¿Y qué hay con Sasuke? —inquirió Hyuuga—. ¿Será necesario matarlo?
—Sí —contestó el pelirrojo—, y serás tú quien lo haga.
Abrió los ojos como platos al escuchar tal declaración. Ella se había dicho a sí misma que lo mataría sin dudarlo, pero cuando lo vio postrado en aquella cama y en condiciones deplorables, se replanteó esa cuestión, llegando a la conclusión de que no sería capaz de asesinar a alguien. No lo sabía, todo era tan confuso en ese momento que su corazón latió más deprisa, subiéndole la presión al instante.
Sakura se apresuró a auxiliarla, tomándola por los hombros y abanicándola con su mano; y los tres restantes se alejaron unos pasos para darle el espacio necesario para que pudiera respirar. La pelirrosa sabía la influencia que Sasuke aún tenía sobre ella. Una no muy buena.
¿Sería capaz de matar al hombre que le provocó tantos sentimientos en tan poco tiempo?
Sakura lo dudaba y la Hyuuga lo pensaba.
No quería averiguarlo, no obstante, lo haría. Por el bien de la misión.
Asesinar a Sasuke Uchiha con sus propias manos estaba más cerca de lo que pudiera imaginarse.
-To be continued-
Notas de autora:
Una vez escuché que no hay mejor inspiración que la experiencia... Llegué a a conclusión de que es verdad, pero a la vez te quita las ganas y la motivación. Eso fue lo que me pasó durante los casi dos meses de ausencia.
Como verán, no estoy dispuesta a abandonar ninguna de mis historias, pero si tuve que eliminar un par (no de este fandom) al que no les hallaba ya un final ni una continuación. Pero en fin...
Quiero decirles que estoy muy gustosa de volver, y, aunque no sea muy seguido y ya tampoco pueda leer como a mí me gustaría, daré mi mayor esfuerzo por continuar. Y muchísimas gracias a esas personas que comentaron y me dejaron un mensaje de aliento. De no haber sido por ustedes, casi hubiera eliminado mi cuenta.
¿Les platico algo? Tuve una experiencia un tanto inesperada. Por un lado, descubrir ciertas cosas de ti misma y a la vez, que esas cosas de ti sean rechazadas por la sociedad provoca tantos sentimientos que te vuelve inestable; a la vez, pasar por una experiencia cercana a la muerte, ya sea contigo o con cualquier persona, es algo, o mucho, trascendental. No en el aspecto bueno, tampoco en el malo... Sólo es... Trascendental. Pero de alguna u otra forma,sé que el destino muchas veces es loco y nos prepara muchas situaciones que no estás preparado a vivir nunca. Por ello, me alegra vivirlas antes de ser mayor y no tener algo que contar con nostalgia.
Pero bueno, ya no les hablo más de eso y vamos con la aclaración de esta historia:
Primero que nada, mi intención inicial fue hacer una historia basada en hechos reales por una cosa:
Para hacer conscientizar al lector, nada más.
Yo nunca tuve planeado hacer de esta historia, algo romántico, meloso ni humorístico. De hecho, la pareja principal (Hinata y Sasuke) no iba a tener momentos de amor... Pero luego me dije "¿Por qué no darle un toque de romance?" Sí, yo decidí agregar un amorío entre Hinata y Sasuke, porque al principio tenía planeado que ninguno de los dos se enamoraría del otro.
También, sólo tenía planeado hacer dos arcos argumentales, terminando con el primero y dando paso al segundo y último arco. Sin embargo, también alargaré la historia un arco más, para que no quede tan hueca ni cruel como terminaría (o tal vez más). Así que esto no tendrá más de 30 capítulos.
Es por ello que plasmo la mente de Hinata tan inestable como hasta ahora, porque de verdad ella no sabe pensar con claridad durante sucesos que afectan su moral y su psicología. Si llegan a confundirse por eso, déjenme decirles que ni yo sé lo que ella piensa hasta este momento; si aún ama a Sasuke o lo odia, es algo que irá descubriendo con el paso de los capítulos.
No sé lo que opinen de esto, pero solamente puedo esperar sus comentarios para saberlo. Así que, si les gustó el capítulo o, tienen algo que opinar, los espero en la caja de reviews. Les aseguro que yo leo y tomo en cuenta todas y cada una de sus opiniones, porque lo valen.
Sin más que decir, nos leemos en el próximo capítulo. (\•3•)/
