Lamento mucho el retraso, sobre todo porque había publicado que no me iba a demorar en subir los demás capítulos, bueno por eso es que subí dos el día de hoy... y como verán dentro de un rato aquí se revela el secreto de Kagome, espero que lo disfruten y lamento si tal vez en estos dos capítulos he corrido un poco y no he detallado tanto. Gracias por su tiempo, por favor dejen comentarios.

Capítulo 10

Ya todo estaba listo, dentro de unas horas más estaría en un avión de regreso a su hogar. Lo que más la entristecía era el no haber recibido llamada alguna de Inuyasha, así que dejando atrás su orgullo en ese momento se encontraba en la puerta de su casa, hablaría con él y luego regresaría con Sesshomaru para ir al aeropuerto. Sentía un frío recorrer su cuerpo, sus manos crispadas y hombros temblorosos demostraban sus nervios, tocó el timbre, pero nadie contestó, tocó una vez más y fue Miroku quien abrió

-Srta. Kagome, ha venido en el momento exacto Inuyasha y yo estamos festejando

-festejando?

-sí, el gran escritor por fin regresó, hace unos días me llamó y me dijo que en un sueño se le reveló la continuación de "Los secretos de la perla"

-Hoy regreso a Italia, yo… quería despedirme de Inuyasha- Miroku entendió por la mirada de Kagome, de que esta quería que los dejaran solos.

Subió las escaleras con lentitud, escalón tras escalón, sintiendo que su corazón se aceleraba, llegó a la puerta dio dos golpes, asomó la cabeza y lo vio ahí, con una copa de vino en mano, sentado en el sofá de uno, mirando hacia la ventana, empujó la puerta y dio un par de pasos

-¿quién era Miroku?- preguntó Inuyasha que seguía mirando a la ventana

-yo- el escritor giró bruscamente y miró a Kagome con asombro- hoy regreso a Italia, solo vine a despedirme, antes de que digas algo, quiero decir que yo… me siento muy en deuda contigo, gracias, por todo

-a qué hora parte el avión?

-a las 3 am-

-son las 4 de la tarde, ¿quieres salir a algún lado?- preguntó con una sonrisa en el rostro, ella asintió con la cabeza, bajaron las escaleras y encontraron a Miroku sentado en la sala, Kagome se percató de que aquel cuadro que tanto la intimidaba ya no colgaba de la pared, sintió curiosidad pero creyó que era mejor no preguntar. Inuyasha le pidió a Miroku que los acompañe, este quiso negarse pero Kagome le dijo que también invitaría a una amiga y tan solo unos segundos después el editor se encontraba abriendo la puerta trasera del auto de Inuyasha.

Kagome le pidió al escritor que le preste su celular y así pudo llamar a Sango, quien aceptó solo porque quería ver a Kagome antes de su viaje.

Inuyasha pasó a recoger a Sango y los cuatro se dirigieron a un bar Karaoke japonés

-Estoy tan feliz de haber aceptado venir- dijo Miroku

-También eres muy amigo de Kagome?- preguntó Sango

-Gracias a él Inuyasha aceptó dejarme vivir en su casa- Kagome rio e Inuyasha se sonrojó

-Muchas gracias por cuidar de mi amiga- dijo Sango

-No seas tan formal, para nosotros fue todo un placer, ¿verdad Inuyasha? – dijo Miroku

-si quieres impresionar a Sango será mejor que lo hagas de otra forma- Sango tiñó sus mejillas de carmesí y miró hacia la ventana. Kagome e Inuyasha rieron y luego todo fue silencio, cuando llegaron los ubicaron en una mesa para cuatro, ordenaron una botella de saque y conversaron amenamente, Inuyasha estaba algo callado y Miroku no paraba de hablar sobre cómo conoció a Inuyasha.

-¿por qué no cantas algo Kagome?-

-Es verdad Kagome, Inuyasha me dijo que canta muy bien- Kagome se sonrojó y vio a Inuyasha de reojo

-Más te vale hacerlo bien

-Bueno, está bien…

Kagome caminó hasta el escenario y agradeció mentalmente de que este estuviese vacío, tomó el micrófono y comenzó a cantar

Que gran secreto guarda la vida
que nos anima o que nos motiva
insatisfecho va por el mundo mi ser.Que alguien me diga
que rumbo siga
monotonía, hay cada día.
Una ilusión pues no quisiera caer
insatisfecho va por el mundo mi ser

Cada palabra cantada llevaba una gran carga emocional, el sonido era melodioso, delicado pero fuerte. Al terminar, todos aplaudieron, Kagome sonrió y pasó a sentarse

-Inuyasha no se equivocó, ¿ha pensado en volverse cantante profesional?

-Creo que eso está algo difícil, estoy segura de que cuando llegue a Italia estaré obligada a retomar mis clases en la escuela de Derecho

- ¡LEYES!- gritaron Inuyasha y Miroku al unísono, Kagome rio divertida, todos tenían la misma reacción

-¿no tengo el perfil de un abogado verdad?- Las horas iban pasando y las copas vacías se acumulaban en la mesa, todo era risas y brindis, el lugar comenzaba a llenarse y en ellos ya no quedaba rastro de sobriedad. Inuyasha pagó la cuenta y salieron del lugar riendo a carcajadas. Sango tenía que irse, tenía que trabajar al día siguiente y no podía ir con dolor de cabeza, abrazó fuerte a Kagome mientras un par de lágrimas caían de sus ojos.

-Te voy a extrañar mucho Kagome, eres mi mejor amiga- Sango no podía dejar de llorar

-Ya no llores, te va a doler la cabeza, hasta pronto Sango, te quiero- Kagome abrazó a Sango, Inuyasha y Miroku solo observaban la escena a unos dos metros de distancia

-no puedo dejar de llorar, Kagome, no quiero que estés sola-

-Estaré bien, de verdad- Kagome sonrió y secó las lágrimas de Sango –creo que has tomado de más, aunque yo también- Kagome se acercó al rostro de Sango y posó sus labios sobre los de ellas, dejándose llevar por los movimientos de la otra, las dos sintieron el sabor a frutillas de sus labios, cuando se separaron Sango había dejado de llorar e Inuyasha y Miroku tenían las pupilas dilatadas por el asombro –amo el sabor de tu lápiz labial- Sango sonrió sonrojada y abrazó nuevamente a Kagome, luego se despidió de Miroku y de Inuyasha y se dispuso a tomar un taxi, sin embargo, Miroku se ofreció en acompañarla, Sango aceptó dejando a Inuyasha y Kagome solos.

-¿Qué fue eso?- preguntó Inuyasha

-una despedida- Kagome sonrió y siguió caminando

Inuyasha llamó a una empresa que brindaba un servicio de choferes particulares, los dos volvieron al local y esperaron a que llegue el chofer, otra vez se sentía el silencio incómodo, cuando por fin estuvieron en casa del escritor, Kagome se dirigió al baño intentando quitar los últimos estragos de ebriedad que aún le quedaban, se miró en el espejo y se dio ánimos, pero al salir del baño Inuyasha ya no estaba en la sala, supuso que estaría en su habitación, subió las escaleras con cuidado y empujó la puerta del escritor, la habitación estaba a oscuras, solo la luz de la calle los iluminaba

-tenemos que hablar- Kagome se sentó al borde de la cama y esperó a que Inuyasha se dignara a mirarla – sé que me estás oyendo, hoy vine aquí porque quería hablar contigo antes de irme

-eso lo dijiste en la tarde-

-Estaba muy enojada de que te hayas deshecho de mí de esa forma, pero creo que por mis acciones no estoy en la posición de víctima-

-Es bueno que lo reconozcas

- Hay algo que he callado desde que mi madre murió…- Inuyasha dejó de ver hacia la ventana y se concentró en los ojos de Kagome, la joven bajó la mirada y sintió que las lágrimas caían de su rostro Inuyasha solo la veía mientras intentaba parecer indiferente, pero el verla en esa situación hacía tan difícil la actuación – yo la maté- Kagome escupió las palabras

Inuyasha no podía asimilar las palabras, creyó escuchar mal,no sabía que decir, ni en sus más locos pensamientos cabía la idea de que la pequeña Kagome haya asesinado a su madre

-yo la maté- repitió Kagome, las lágrimas se habían detenido y su voz era más seria –yo la empujé por las escaleras, ella se cayó por mi culpa, cuando me acerqué a su cuerpo inmóvil me di cuenta de que ya no estaba viva… y con esto Inuyasha he coronado el mal concepto que existe de mi.