Por fin el fin…
Espero que sea de su agrado y…. ¡ah! Suspirare antes de comenzar a recibir tomatazos, insultos… ántrax… jajajaja
Nos leemos en alguna otra historia.
Atte: Ciel Phantomhive.
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Capítulo 9 Entregados
Lian-Chu no sabía por dónde comenzar a buscar a Gwizdo. La aldea no era enorme, pero entre tanto caos sería difícil hallarlo, aunque parte de su preocupación parecía haberse disuelto al pensar que seguramente Lonar se encontraba con él.
Su segunda preocupación era encontrar a la cría de ese animal para que dejar de atacar la aldea, empero ídem al primer caso, no sabía en dónde buscar.
El ruido de varios objetos al caer llamó su atención, con espada en mano se fue acerando para encontrarse en un callejón solitario con un hombre atado y amordazado que intentaba de manera desesperada soltarse o al menos arrastrarse lejos del peligro.
Lian-Chu corrió en su ayuda, o fue su intención hasta que se percató de la nota pegada en su espalda que sin lugar a dudas estaba firmada por Lonar.
En un dos por tres sus ojos recorrieron las escuetas líneas enfureciéndose cada vez más al darse cuenta de a quién tenía delante. Ese hombre era sin duda quien había liado todo. Era el responsable de infierno que estaban viviendo. Con fuerza le dio la vuelta para tenerlo de frente. Tenía ganas de estampar sus puños en su traidora cara.
Al girarlo pasaron dos cosas, Lian-Chu se quedó con la boca abierta al reconocerlo y lo siguiente es que una parte de él no podía, no quería creer que fuera cierto.
—¿Tío?
—Que te sorprende sobrino. ¿Qué tuviera la inteligencia para idear un plan que matara a cada gran cazador de esta poderos aldea? O ¿Qué aguante tanto tiempo el menosprecio de tu abuelo y padre?
Lian-Chu apretó la mandíbula, quería matar a golpes a su pariente. Por su culpa un tratado de milenios se había desmoronado y su familia y amigos caían heridos o muertos, además, la guinda del pastel, Gwizdo estaba extraviado y él no tenía forma de saber si estaba a salvo o sollozando de dolor en algún lugar, llamándolo entre gemidos agónicos esperando por que lo encontrara.
—Todos van a morir —exclamo con alegría el tío de Lian-Chu— ¿De qué les sirve tanta vanidad? ¿En dónde quedaron tantos excelentes cazadores? —y se soltó a reír con una carcajada escandalosa e histérica.
Lian-Chu no lo soporto más, lo tomo por la ropa y le estampo un puñetazo en la cara para que se callara.
—¿Qué fue lo que le quitaste al dragón? Y ¿En dónde lo escondiste? —cuestiono a las prisas.
—¿Importa? Ya nada puede salvarlos, ella ya capto el olor y nada podrá frenarla de llegar a él… y en el proceso arrasara todo… con todos, nadie se salvara.
&&&[…]&&&
Gwizdo dio un jadeo molesto mientras se arrastraba por el reducido conducto lleno de telarañas. A lo mucho eran dos metros, pero entre tanta suciedad se le estaba haciendo eterno el trayecto.
Al fin asomo la cabeza para caer en cuenta de que lo que pensó era un respiradero en realidad se trataba del cuello de una estufa, por lo que al salir estaba cubierto de hollín.
Maldiciendo su suerte se puso en pie encontrándose con innumerables pares de ojos que lo observaban con recelo, las mujeres empuñaban entre sus manos armas que estaban dispuestas a clavar en la blanda carne del cuerpo de Gwizdo.
Pronto se vio rodeado sin posibilidad de escape, los ojos de decenas de mujeres y niños observaban hasta el más mínimo movimiento.
—¡Oh! Señor… señor, señor… creo que no pensé bien esto —se lamentó en un susurro dando un paso atrás. —Escúchenme —dijo con aplomo e irguiendo lo más que pudo la espalda. —Este no es un lugar seguro—y ahí se terminó su autoconfianza.
—Atrápenlo —grito una mujer alta de mirada oriunda, fiera y desconfiada.
—No esperen…
—Atrápenlo —grito con mayor fuerza la mujer casi escupiendo saliva por la fuerza de su voz.
Gwizdo dio un jadeo y sin meditarlo se tirio al piso para intentar escabullirse por entre las miles de cajas de víveres apiladas que poblaban el fondo del refugio.
—Maldito enano… —gruño la mujer. —Quiten las cajas, el culpable no escapara. —Ordeno la matrona y de hecho por la forma en que la obedecían, Gwizdo apostaría a que era la esposa de Whang Song Neul.
—Si tan solo me dejaran explicarles —rumio Gwizdo mirando sus pantalones, de donde por poco lograban atraparlo. Para su horror tenía varias rasgaduras. —Pero que uñas, Señor —se horrorizo ante lo que le harían si llegan a atraparlo.
Con un suspiro hondo se calmó lo suficiente para darse cuenta de que estaba para su fortuna en el mejor lugar para esconder algo.
—El huevo o la cría debe estar por aquí —se dijo comenzando a internarse en ese mar de cajas a gatas dejando atrás a la turba de mujeres enfurecida.
Recoveco en recoveco se fue internando en esa jungla de madera, estaba casi seguro de que no se equivocaba, sin embargo, la escasa luz no ayudaba en mucho a distinguir algo más allá de sus manos.
Y entonces lo escucho. Era apenas un pequeño gruñido acompañado de chillidos lastimeros que parecían suplicar auxilio.
El lugar al que llego parecía ser un cuarto adyacente al refugio. De hecho tenía su propio acceso, estaba sorprendido pero se concentró en seguir el gemido hasta que tuvo frene a si aún pequeño dragonete del tamaño de un becerro. Sus patitas heridas delataban la crueldad con que le habían arrancado las uñas para evitar que las utilizara para defenderse o escapar, su cuello y brazos se encontraban heridos por el rozar de las cadenas que lo apresaban, lo que completaba el lamentable cuadro era los ojos saltones y la piel pegada a los huesos, era solo un bebé que sin su madre se pronto moriría de hambre.
Gwizdo apretó los dientes. A él no le gustaban los dragones pero tampoco llegaría a ese grado de crueldad para con uno y menos con una cría. Era como golpear a un niño indefenso. Y ahora le daba toda la razón a la dragona de entrar de ese modo a la aldea. ¿Qué madre no estaría desesperada por hallar a su hijo?
—Tengo que sacarlo de aquí—dijo con aplomo acercándose al dragoncito. —Tranquilo, tranquilo —pedía el jefe de los forjadores, sin embargo el animalito estaba demasiado asustado para comprender el tono de voz por lo que reaccionado ante el peligro se giró para golpear con todas las fuerzas que le quedaban, y que no eran pocas, con la cola a Gwizdo quien salió volando para terminar estrellándose contra el muro.
Haciendo un esfuerzo sobre natural, Gwizdo su puso en pie sujetándose el costado izquierdo. Para su suerte el dragoncito parecía haber gastado la reserva de energía que le quedaba y por lo tanto ya no hizo ningún otro movimiento mientras Gwizdo lo desataba.
Una vez libre la cría al fin comprendió que tenía delante de él a un aliado, y solo por eso lo siguió dócilmente mientras Gwizdo buscaba como salir de ahí.
Estaba por pronunciar unos cuantos improperios contra la maldita cerradura que lo mantenía presos, cuando un par de pasos llamaron su atención.
Con prontitud jalo al dragoncillo para guarecerlo detrás de sí, además de hacerse de un palo para aporrear a quien entrara por la puerta.
La cerradura se escuchó girar y en menos de dos segundos una figura se asomó. Gwizdo no se paró a pensar ¿quién sería? Simplemente empuño su improvisada arma y asesto un golpe con todas sus fuerzas.
Un jadeo se dejó oír en la habitación, pues Gwizdo reconoció a la esposa de Whang Song Neul, es decir a la mama de Lian-chu.
—Oh! Señor, señor, señor…
La verdad lamentaba lo sucedido, sin embargo el hecho de que esa mujer tuviera las llaves de la celda significaba que de algún modo era responsable del ataque a la aldea. Asique con menos culpa la amarro para evitar que avisar de su fuga.
Con sigilo salió de ahí seguido muy de cerca por el dragoncito quien se pegaba contra él mirando en derredor con desconfianza.
—Vamos. No falta mucho, pronto estarás con mamá —apremiaba Gwizdo al animalito empujándolo en algunos tramos.
&&&[…]&&&
Lian-chu arrastro el cuerpo de su tío detrás de si hasta la barricada y sin miramientos lo lazo a los pies de su padre.
—¡¿Pero qué…!? —Exclamo Song Neul al ver a su hijo arrojar a su hermano maltrecho frente a él.
—Él nos ha traicionado padre —declaro a vivía voz para que todos los presentes lo supiera. —Es quien atrajo a esa bestia y por la cual nuestras casa y familias están siendo arrasadas.
Whang Song Neul apretó las manos en puños y levanto a su hermano para verlo de frente. Con la mirada le exigua que negara las acusaciones sin embargo, cuando le escupió en la cara e intento golpearlo supo que Lian-Chu estaba en lo correcto.
—Hermano. Aun no sabes ni la mitad de lo que está sucediendo aquí. Porque déjame decirte que has sido tú, junto a tu arrogancia e hipócrita actitud las que conllevaron a este desenlace.
—Cállate —grito Whang Song Neul con rabia asestando un puñetazo directo a la mandíbula de su menor.
—¿Por qué? ¡Ah! No les has dicho a Lian-Chu nada sobre tu pequeño romance con Gael… vamos sobrino acércate. Voy a contarte como tu padre prácticamente el día de su boda grito a los cuatro vientos que no deseaba a tu madre. La humillo al aceptar que ella no le despertaba el… pues el libido. Claro… él lo dijo con palabras mucho más floridas. Jajajajajajajaja
Lian-Chu miro a su padre, de que estaba hablando su tío, era inverosímil lo que planteaba. Aunque… siendo sinceros Gael Lasserre a pesar de los años era un hombre elegante y rasgos agradables, así que no sería tan raro que su padre sintiera algún tipo de afecto por él… después de todo para muestra ahí estaba él, completamente enamorado de más joven de los hijos de Gael.
Y entonces el silencio se hizo. Una afonía espectral que anunciaba desgracia.
Por alguna razón fuera el conocimiento de los cazadores la bestia se estaba retirando.
Fue un instante bastante extraño. La calma que pareció envolver a los cazadores se vio truncada por el paso, a toda velocidad de un hombre castaño de ojos verdes desesperado por darle alcance al dragón. Inmediatamente después Lian-Chu salió disparado empós de él, seguido casi al instante de su padre.
—Lonar —grito Lian-Chu al acortar distancia —Lonar… —llamaba con desesperación sin lograr atraer la atención del herrero.
Una piedra con buen tino aterrizo con fuerza sobre su cabeza haciéndolo voltear. Lian-Chu lo miraba apenado y Song Neul sonreía feliz de haber logrado hacerse notar.
—¿Y Gwizdo? —pregunto a Lian-Chu sin dejar de avanzar.
—Ahí… —señalo Lonar a la imponente bestia que se alejaba de la aldea de los cazadores.
Lian-Chu contuvo el aliento. ¿Cómo fue que Gwizdo termino de ese modo?
—Si algo llega a pasarle será tu culpa —recrimino Lonar. —Nunca debimos venir, este asunto era tu responsabilidad y en lugar de solucionarlo y salvar a tu gente, te metiste en quién sabe dónde dejándole el trabajo a Gwizdo.
—¿Entonces fue él quien alejo al animal? —Cuestiono Son Neul completamente incrédulo, —de lo poco que sé del carácter de Gwizdo sobresale su actitud cobarde para cualquier peligro.
Lonar se giró y en brusco movimiento busco asestar un puñetazo en el rostro de quien hozo decir aquello sin lograrlo, porque una mano grande lo sujetaba con fuerza descomunal.
—Ni siquiera lo pienses —dicto Lian-Chu utilizando su envergadura para imprimirle ímpetu a sus palabras. Nadie se atrevería a tocar a su padre mientras él estuviera presente.
Lonar desvió la mirada y chasqueo los labios molesto, y como no ganaría nada discutiendo con el cazador emprendió la marcha.
&&&[…]&&&
—¡Oh! Señor… señor, señor. ¿En qué lio me he metido? —se lamentaba Gwizdo quien empujaba a la cría para que corriera al encuentro de su madre, empero al parecer el dragoncito estaba demasiado asustado como para separarse de la única persona que pensaba lo protegía.
Las piernas le dolían de tanto correr y su costado cada vez punzaba con mayor fuerza. Solo rezaba por no tener algo roto en el interior, una súplica banal pues un hilo rojo con sabor acérrimo comenzaba a brotar de su boca.
—Nunca debí intentar hacerla de héroe —lloro cayendo de rodillas sobre la hojarasca.
Ya no tenía fuerzas y sus ojos perdían enfoque. Podía escuchar muy lejanamente los gemidos del dragoncito que con el morro lo empujaba suavecito como pidiéndole que resistiera.
—Lo siento amigo, hasta aquí llego… solo me gustaría pedirle a tu madre que deje en paz la aldea. Sabes ellos no son malos, es solo que… —y los ojos se le cerraron.
Ya no sentía dolor, tampoco miedo. Que lamentaba muchas cosas, sí. Pero por otro lado daba gracias a que no tendría que cumplir la promesa que le hizo a Lonar.
—Gwizdo… Voy a ayudarte con esto. Te protegeré de todo, pero… debes hacerme una promesa.
—¿Cuál? —cuestión Gwizdo un tanto desconfiado.
—Que te olvidaras de Lian-Chu. Ustedes nunca podrán estar juntos. Él es el futuro regente y tu… Te pido que me aceptes a mí. Siempre he estado contigo, en las buenas y en las malas, he aguantado de todo y te he protegido hasta de tus hermanos… yo… no soy… no quiero ser solo tu amigo. Incluso estoy dispuesto a permitir que tomes esposa para procrear. Yo….
—Lonar… yo te quiero pero…
—Losé. Pero ese cariño ya no me basta. Gwizdo pondré mi vida a tus pies con tan solo la promesa de que me darás la oportunidad de amarte. Quédate conmigo y seré tu esclavo. Jamás permitiré que te dañen, nunca te dejare solo… así que…
—Acepto —acoto Gwizdo bajando la mirada. En cierta forma siempre supo que a pesar de lo mucho que le inspiraba Lian-Chu ellos no estaban destinados a estar juntos. No en esta vida. No en este plano. Quizás en algún otro…
Pero ahora eso ya no importaba, la vida se le estaba yendo de las manos y al parecer ni su cuerpo encontraría pues aun logro percibir el aliento de la bestia chocando contra su rostro. ¡Vaya final para un cobarde! ¡Vaya final para su historia de amor!
—Pareces un osito. ¿Te puedo abrazar? Eres cálido. Me gustas. Me gustas mucho.
Y Lian-chu enrojeció ante aquellas dulces palabras.
—No deberías prestar atención a esas tonterías que dicen, cuanto menos creerlas. Cuando crezcas serás mucho más alto que ellos. Un hombre poderoso y se tragaran sus comentarios.
—¿Cómo lo sabes?
—Por qué así funciona. Las plantas más bellas y estilizadas tienen bulbos gruesos y poco elegantes. Los animales más preciosos, se desarrollan de crías poco agraciadas.
—¡¿Me estás diciendo feo?!
—Si pensara eso, no estaría abrazándote. Tú me gustas. Me gustas mucho.
Aun entre las tinieblas de la inconciencia logro escuchar un grito desgarrador en la voz de quien amo.
Gwizdooooooooo!
Fin.
