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Como sobrevivir a un embarazo si tu marido es Taichi

Cuando hay dolores y no son tuyos

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La primera vez que Sora le vio hacerlo fue cuando estaban eligiendo la primera ropa para su bebé. Tras conocer su sexo fue lo que más deseó hacer, pues había estado reteniéndose hasta ese momento. No comprendía por qué, pero era así.

Estaban en la planta de ropa de bebé y ella sostenía contra su abultado vientre un pijama. ÉL había estado mirándolo con gesto serio y preocupante, alegando los pro y contras del tema, hasta que se llevó la mano al vientre, como si de una punzada se tratara.

—¿Qué te ocurre? —cuestionó asustada.

Taichi guiñó un ojo sin comprender exactamente el problema.

—No sé. Ha llegado de golpe. Una punzada. Quizás sea por lo que he comido.

—Pero si la que ha comido algo he sido yo —objetó sorprendida.

—Pues no sé, siento algo raro —protestó incómodo—. Aunque ya se ha pasado. Sigamos. Aunque… —miró de reojo la cesta que llevaban hasta los topes—. ¿No crees que llevamos ya suficiente ropa? Que luego crecerá mucho y no le servirá.

—Ya les encontraremos uso —aseguró—. Mira esta cosita preciosa.

Taichi rodó los ojos y ella pudo volver a concentrarse en la ropa.

La segunda vez que el dolor regresó fue cuando estaba haciendo la cama de matrimonio. Taichi se encargaba de meter las sábanas en los picos mientras ella montaba las almohadas. Fue justo al inclinarse para dar un último tirón al edredón que se encogió de dolor.

—¡Taichi! —exclamó alertada.

—Ahg… duele como mil demonios esto.

Lo vio sentarse costosamente sobre la cama y con las manos sobre el vientre.

—Ya es la segunda vez, deberíamos de… —comenzó.

Pero él la retuvo, jadeando.

—Espera. Ha amainado.

—¿Qué? ¿Cómo puede amainar de esa forma cuando hace nada estabas que te morías de daño? Es imposible. Me preocupa, Tai —confesó tomándolo de la mano—. Quizás deberíamos de ir al médico.

Pero él se negó y le sonrió como si fuera capaz de comerse el mundo.

Varios días después la secuencia se repitió. Esa vez, Taichi quedó tan destrozado que cayó pesadamente contra el suelo. Como no puedo levantarlo y asustada, llamó a Jou al instante, que llegó en nada junto a una ambulancia.

Se lo llevaron al hospital y mientras esperaba, con los nervios a flor de piel, Sora podía relatar los mil y un mantras que se supiera con tal de que no fuera nada grave.

—Sora.

Se volvió, estrujándose las manos y mirándole suplicante.

—¿Es cáncer? ¿Algo peor? —cuestionó irremediablemente.

Jou negó y esbozó una cálida sonrisa que le llegó a los ojos. Aliviada, Sora suspiró y se apoyó en sus manos.

—¿Qué es entonces?

—Verás. Supongo que ya os lo han explicado, pero el marido tiende a tener ciertos síntomas que la mujer también. Es algo que tiene ver con las hormonas y muchas otras facetas de las que no voy a darte una clase para tu bien. El caso es que Taichi se ha contagiado de lo que sabe que llegará en un futuro.

—¿Contagiado?

—Por llamarlo de algún modo —asintió—. Básicamente ha estado sufriendo contracciones imaginativas. El dolor era imaginario.

—Pero le dolía mucho.

—Porque él pensaba que así era. No te preocupes, está sano.

Le dio unas palmaditas en la mano y Sora le miró tan atónica como pudo.

—¿Es una broma?

—Claro que no —se defendió Jou incrédulo—. Nunca bromearía con la salud de alguien. Lo sabes muy bien. Y Taichi tampoco lo ha hecho queriendo. Los casos en que ocurre este tipo de situación son más de los que se piensa la gente. Taichi no es ni el primero ni el último. Así que tú tranquila.

Se llevó las manos al rostro, sorprendida.

—Dios mío. Esto me ha quitado años de encima, estoy segura. Ya pensé que iba a tener que criar a mi hijo sola. Que no iba a conocer a su padre.

—Pues alégrate que no es así. ¿Quieres verle?

—Oh, claro que quiero.

—No seas muy dura con él, anda, que está muy avergonzado.

Sora no prometió nada. Por eso, cuando llegó hasta él, quien estaba muy pálido por el susto y la miró con esos ojos de cachorro, solo pudo besarlo con todas sus ganas y dejar que por una vez, las lágrimas por su embarazo no fuera achacadas a una tontería.

Notas de autora:

Salió cortito de nuevo. Perdón.

Es cierto que hay hombres que experimentan este tipo de dolores como si fueran ellos quiens dieran a luz. Au.