Capítulo 10: Perdón
Ya se acercaban a la puerta del instituto. Podía ver por encima del hombro de Jace los jardines y las verjas que lo rodeaban. Iba sobre la espalda de Jace ya que lo pies la estaban matando y sabía que no podía llegar andando. Los tacones que Isabelle le había dejado eran preciosos, pero demasiado altos como para volver andando al instituto sin más. A mitad de camino Jace se había dado cuenta que no andaba muy bien y se la echó a los hombros, contra su voluntad, para continuar con ella encima.
Cuando llegaron frente a la puerta del instituto la dejó en el suelo y la miró intensamente, de un modo que Clary notó cómo la atravesaba.
"Gracias" – le dijo mientras observaba sus reacciones.
"No es nada" – le contestó serio, aún mirándola con aquellos penetrantes ojos – "Vamos, entremos" – dijo dejándole espacio para que pasase delante de él.
Subió las escaleras sintiendo la presencia de Jace tras ella. Atravesaron el pasillo y llegaron al ascensor. Entró y se recostó sobre la pared del fondo levantando un pie cada vez para descansarlos del dolor. Tenía claro que nunca más dejaría que Isabelle la vistiese.
Jace entró después y pulsó para que el ascensor se pusiese en marcha. La tensión que se palpaba en aquel reducido espacio era inmensa. Clary deseaba arrojarse sobre él y abrazarle, pasar sus manos por su pelo y enredarlas en él, oler el aroma de su piel y saborear sus labios como no lo hacía desde hace tiempo. Se agarraba fuerte a la barra de la pared para contenerse. Le miraba con ansia y la esperanza de que sus deseos se hiciesen realidad, pero tenía miedo de lanzarse y que él volviese a rechazarla como ya había hecho antes. No podría soportarlo. Pero algo en la actitud de Jace esa noche le decía que algo había cambiado con él.
La puerta del ascensor se abrió y Jace salió rápidamente. Clary le siguió dejando dentro de aquel elevador todos sus anhelos. Vio cómo él giraba en el pasillo en dirección a la cocina, sin decirle nada. Así que ella, con uno de los mayores pesos que había sentido en su pecho, giró en dirección contraria para marcharse a su cuarto.
"¿A dónde vas?" – le dijo él a lo lejos.
"¿Cómo?" – preguntó ella confusa y volviéndose para mirarle.
"¿Qué a dónde vas?"
"A mi cuarto" – contestó lo obvio. ¿A dónde más podría ir después de una fiesta en la que se había pasado con la bebida y donde había llevado unos tacones que la estaban matando?
"De eso nada. Tienes que comer algo" – le reprendió.
"Mejor mañana. Estoy cansada Jace"
"Si no tomas algo ahora, mañana te vas a sentir fatal. No creo que quieras tener resaca"
"Bueno" – no había pensado en eso – "Pero creo que ya me encuentro bien"
"Nunca está de más"
"Jace… necesito ir a quitarme estos zapatos… no puedo más" – le dijo ella suplicante. Pudo ver de lejos cómo él esbozaba una sonrisa.
"Está bien. Ve a cambiarte y ahora te llevo algo a tu cuarto para que comas"
"Claro" – contestó sintiendo un nudo en la garganta. Jace la estaba cuidando como si nada hubiese pasado entre ellos. Como si Sebastian nunca se lo hubiese llevado y ella y él siguiesen juntos y felices… como siempre.
No estaba cansado. Bailaba y bailaba y no estaba cansado. Ser un vampiro tenía sus ventajas para tener como novia a Isabelle… porque ella no se cansaba. Le había arrastrado a la pista unas veinte veces en toda la noche y aún se sentía como si acabase de llegar a la fiesta. Era increíble. Se dio cuenta que la fiesta se había vaciado un poco y es que el amanecer ya empezaba a colarse por las ventanas del apartamento.
"Izzy" – le susurró al oído mientras bailaba abrazado a ella – "Creo que deberíamos irnos"
"¿Qué? ¿Tan pronto?" – le preguntó extrañada.
"Bueno, no es precisamente pronto. Ya está amaneciendo"
"¿En serio?" – miró hacia una de las ventanas para verlo – "Por el Ángel… se me ha pasado el tiempo volando"
"Ya veo"
"Bueno… pues si quieres nos vamos. Voy a buscar a Alec y podremos irnos"
"¿Alec? ¿No preferirá quedarse con Magnus?" – le preguntó Simón pensando que era lo más lógico.
"No lo creo. Se morirá de ganas de quedarse… pero nunca lo haría estando nosotros aquí"
"Pues entonces vayámonos sin decirle nada" – sugirió.
"No puedo hacer eso Simón. Se tiraría de los pelos si pensase que he desaparecido. Se supone que todos en el instituto estamos a su cargo"
"Bueno… pues entonces dile a Magnus"
"Estará con él Simón. Esa idea no es válida"
"Pues vente a dormir conmigo" – le dijo automáticamente.
"¿Cómo?" – le preguntó Isabelle con cara de sorpresa.
"Vaya… lo, lo siento. Es que sólo pensé que… bueno, si te venías conmigo Alec ya no tendría que preocuparse por si estás a salvo. Sabe que conmigo lo estás" – dijo algo tímido. No quería haber dicho aquello en verdad, pero su boca actuó antes que su cerebro le diese permiso. Algo que le solía pasar. Pero al ver la sonrisa en los labios de Isabelle y cómo pasaba sus manos por su cuello para enredarlas en su pelo, se relajó.
"Pensaba que nunca me lo pedirías" – le contestó ella para después darle un ligero beso en los labios.
"Por cierto, ¿dónde metiste a Presidente Miau?" – le preguntó Alec.
"Estaba en mi cuarto. ¿No lo vistes antes?"
"No, la verdad es que no" – le dijo bajando el rostro avergonzado.
"Hey, Alec" – le llamó sujetándole por la barbilla para que le mirase a los ojos – "Habíamos quedado que dejarías la vergüenza a un lado ¿no?"
"Lo siento, no lo puedo evitar"
"No tienes que pedir perdón cariño" – seguía el brujo mientras acariciaba su mejilla con el pulgar – "Me encantas cuando te pones todo colorado"
"Deja de decir idioteces Magnus"
"Chicos" – les interrumpió Isabelle, quien se encontraba detrás de Magnus, por lo que tuvo que girarse para verla y que Alec la viese también.
"Hola Isabelle" – le dijo el brujo.
"Hola. Alec, venía a avisarte que me marcho"
"Bien. Pues enseguida nos vamos"
"No, no me has entendido. Me marcho… con Simón"
"¿Con Simón? ¿Te acompaña al instituto?"
"Ay Alec…" – dejó caer Magnus sabiendo que Alec no estaba pillando en absoluto a su hermana. A veces era tan inocente.
"¿Qué?" – preguntó él molesto.
"Me voy a casa de Simón" – le dijo ella enfatizando las palabras "a casa".
"Ni hablar Izzy. Tienes que ir al instituto"
"Alec… no me puedes decir qué tengo que hacer a cada momento"
"Claro que sí. Soy tu hermano mayor y estás a mi cargo. No te vas a ir con el vampiro y punto" – le contestó enfadado.
"¿Por qué es un subterráneo, Alec?" – le preguntó Magnus esperando una respuesta distinta a la de aquella vez en la cocina del instituto.
"No Magnus… no porque sea un subterráneo" – le replicó más molesto aún – "Si no porque ella es mi hermana"
"Pues creo que deberías replanteártelo cariño"
"Alec… sabes que allí voy a estar más que segura… si es eso lo que te preocupa" – le aseguró Isabelle.
"Vamos Alec… no seas aguafiestas" – le pedía Magnus. Sabía que por ayudar a Isabelle después se tendría que tragar un buen enfado por parte de Alec, pero valía la pena si después podían tener una buena reconciliación.
"¿Por qué tenéis que poneros todos en mi contra?" – preguntaba el chico.
"No es ponernos en tu contra… simplemente es vivir de distinta manera a ti"
"Por el Ángel Izzy… me lo pones tan difícil" – le decía Alec pasándose las manos por el pelo – "Está bien… márchate antes de que me arrepienta"
"Iba a hacerlo de todos modos" – le contestó ella levantando los hombros.
"Isabelle…" – intervino Magnus – "Vete ya antes de que la cagues"
"Hasta mañana chicos" – dijo con una sonrisa en los labios y se marchó perdiéndose entre la gente que quedaba en la fiesta.
"Tú y yo vamos a tener que hablar seriamente" – le dijo Alec haciendo que se volviese a mirarle.
"Bueno… parece que vamos a tener mucho tiempo para hacerlo" – le dice en tono juguetón y acercándose a él hasta quedar a milímetros de su cara.
"¿Qué dices? ¿Te hace gracia?"
"Lo que digo es que ya no tienes que irte al instituto… y puedes quedarte aquí conmigo"
"¿Qué? No. Tengo que volver. A saber si Jace y Clary no se han matado ya el uno al otro"
"Pues si ya lo han hecho… no tienes nada que hacer allí" – siguió el brujo, poniendo sus labios rápidamente sobre los de Alec para evitar que pudiese contestarle. Le convencería fuese como fuese para que se quedase con él.
Preparaba un sándwich mientras se calentaba una taza con agua en el microondas. No sabía exactamente qué es lo que preferiría Clary, pero creyó que unas lonchas de pavo era lo que mejor le vendría a su estómago en esta situación. El microondas pitó y sacó la taza humeante. La dejó sobre la encimera y abrió uno de los muebles donde Hodge guardaba las hierbas para sus mejunjes curativos e infusiones. Cogió una bolsita y la introdujo en el agua caliente. Lo colocó todo sobre una bandeja y la cogió para llevársela a Clary a su cuarto.
No sabía bien por qué estaba actuando así. ¡Qué diablos, claro que lo sé!, pensó. Necesitaba cuidarla, necesitaba protegerla. Ella era toda su vida y la amaba más de lo imaginó que podría llegar a amar a nadie jamás. Y el estar intentando separarla de él le había estado haciendo demasiado daño. No se había dado cuenta antes, pero esta noche, cuando los chicos lobos bailaban alrededor de Clary, de los celos que sintió creyó que le explotaría el pecho.
Era complicado, después de todo lo que le había dicho y le había hecho, pretender que para Clary fuese como si no hubiese pasado nada. Y lo entendía.
Llegó frente a la puerta y llamó.
"Pasa" – escuchó la voz de Clary desde dentro.
Estaba nervioso. La bandeja le temblaba en las manos. Abrió la puerta y vio a Clary sentada en un butacón de terciopelo burdeos junto a su cama y con las piernas subidas en él. Se acercó a ella intentando que no se notase lo nervioso que estaba, pero la tarea se le hizo difícil al ver lo que llevaba puesto. Sus pijamas normalmente eran pantalones anchos hasta los pies y una camiseta holgada de algún grupo de música. Pero hoy su camiseta blanca de tirante marcaba su figura a la perfección, como el vestido que había llevado por la noche. "Uhh… el vestido dorado", pensó recordando lo sexy que estaba con él. Después fijó la vista en sus piernas desnudas. Llevaba unos pantalones cortos por el muslo de un verde que combinaba a la perfección con sus ojos. Toda esa piel expuesta le había acelerado el corazón y la bandeja tembló de nuevo en sus manos. Dándose cuenta, se acercó a la mesilla de noche y dejó la bandeja sobre ella, quitando la mirada de Clary por primera vez desde que entró en el cuarto. Esperaba que ella no se hubiese dado cuenta de ese detalle.
"¿Qué me has traído?" – le preguntó ella.
"Un sándwich de pavo y una infusión" – le contestó él incorporándose y mirándola de nuevo; esta vez a los ojos.
"¿Una infusión?" – preguntó con un poco de asco.
"Te sentará bien. Mañana te levantarás sin problemas"
"No sé si me gustará"
"No pienso marcharme hasta que te lo bebas y te lo comas todo" – dijo automáticamente, sin pensar en verdad en lo que acababa de decir.
"Está bien"- contestó ella, para su sorpresa.
Se sentó al borde de la cama frente a ella y dirigió la mirada hacia la ventana. El día ya despuntaba, pero no se sentía cansado para nada. Estaba tan emocionado por todo lo que estaba pasando que ni se le pasaba por la mente dormir.
Miraba de vez en cuando a Clary para comprobar que estaba comiendo. Le hacía gracia ver la cara que ponía cuando daba un sorbo a la infusión. Entonces le miró y se quedó congelado. Le había pillado.
"Bueno… no sabe tan mal" – le dijo ella sonriendo.
"Me alegro que te guste"
"Bueno… tampoco he dicho eso" – continuó bebiendo.
"¿Sigues mareada?" – le preguntó él preocupado porque no se encontrase mejor aún.
"No. Me siento mejor. El aire de la calle me vino muy bien"
"Eso imaginaba" – dijo aliviado.
"Jace" – le llamó ella mirándole fijamente a los ojos con una expresión de total incertidumbre – "¿Por qué lo has hecho?"
"¿A qué te refieres?"
"A lo de esta noche… a todo. ¿Por qué?"
"Es lo que hubiese hecho cualquiera Clary"
"No Jace. La persona que pretende que me aleje y me olvide de que alguna vez existió no lo hace"
Ahí ella tenía un buen punto. Si en verdad Jace hubiese querido alejarla tanto como decía, la hubiese dejado en una de las habitaciones del apartamento de Magnus y él hubiese vuelto solo al instituto. No hubiese cargado con ella a hombros ni le hubiese preparado una infusión para que al día siguiente se sintiese mejor. Estaba totalmente al descubierto con ella y ya no podía mentirle más.
"Bueno… quizás con eso estaba equivocado" – logró decir sin que le temblase la voz.
"¿E… equivocado?" – preguntó ella sorprendida.
"Ahora sé que nunca debí hacer lo que te hice. Lo siento"
"No lo entiendo Jace. Ayer tu…" – intentaba decir ella, pero parecía que las palabras se le atascaban en la garganta. Sus ojos vidriosos llamaban la atención de Jace, quien quería correr a su lado para limpiarle la primera lágrima que le cayese – "¿Qué te ha hecho cambiar así de opinión?"
"Tú"
"¿Yo?" – le preguntó sorprendida – "Pues no veo cómo. Siempre he sido la misma, aún cuando me pedías que me alejase de ti".
"Lo sé. Por eso tú no tienes la culpa de nada. Aquí el único imbécil soy yo"
"Pues sí… has sido un verdadero imbécil" – le contestó ella.
Jace levantó la mirada y vio cómo ella le miraba a los ojos, intentando averiguar en qué pensaba él.
"No puedo pedirte que me perdones porque sé que lo que he hecho es demasiado… y tampoco puedo pedirte que estemos juntos de nuevo como si nada hubiese pasado" – le dijo sintiendo cómo cada palabra le retorcía el corazón – "Lo único que me atrevo a pedirte… es que seamos amigos… al menos"
Y no pudo aguantarle la mirada, era demasiado decirle aquello mirándola a sus profundos ojos verdes. Así que agachó su cabeza y miraba la punta de sus zapatos esperando una respuesta por parte de ella.
Pero esa respuesta no llegaba. Clary tardaba demasiado en contestar. Levantó la vista de nuevo y la vio de pie, parada frente a él y mirándole con un intenso brillo en los ojos. Jace estaba asustado de la respuesta que ella le pudiese dar y la expresión indescifrable de su cara no le ayudaba a tranquilizarse.
Entonces ella avanzó y levantó la mano. Acarició el rostro de Jace y su cara se transformó en ternura mientras una lágrima caía por su mejilla. Le latía el corazón a mil por hora con sólo el tacto de su mano contra su piel. Era electrizante. Único.
"Clary…" – dijo en un suspiro… queriendo decirle mil cosas más, pero las palabras se le atragantaban al ver a aquel ángel parado frente a él. Su ángel.
"No Jace… no digas nada más por favor" – y más lágrimas caían por su rostro.
En un impulso Jace se puso de pie y se quedó frente a ella, mirándole a los ojos como si el resto del mundo hubiese desaparecido a su alrededor. Ella tenía ese efecto en él. Le limpió las lágrimas con sus pulgares y acunó su rostro entre sus manos.
Pudo sentir cómo Clary se agarraba a su camisa, cerrando los puños con fuerza. Y mientras él seguía perdido en sus ojos, ella tiró de él con fuerza y pegó su cuerpos sorprendiendo a Jace. En verdad no esperaba esta reacción por parte de Clary. Que le pegase, le gritase o algo parecido hubiese sido lo más normal.
Estaba tan anonadado que no hizo ni un solo movimiento. Se quedó allí parado mirándola con lo que él creía que ella interpretaría como cara de bobo y dejó que ella le abrazase.
"¡Reacciona, por el Ángel!", se dijo para sí. Pero no podía. Sentirla de nuevo entre sus brazos le paralizaba.
Entonces Clary alzó su rostro y llevando sus manos a su cuello le atrajo hacia ella y le besó. Fue un beso lento, pero duro a la vez. Estaba cargado de todas las palabras que querían decirse pero que no sabían cómo. Jace sabía que esta era la mejor manera en la que él podía expresarle todo lo que sentía por ella, así que pasó sus manos por la cintura de Clary y la abrazó con fuerza, sosteniéndola para que no se le pudiese escapar. Aún no se creía que ella le hubiese perdonado así como así y se le hubiese lanzado a sus brazos sin tan sólo gritarle una vez. ¿Tan bien entendía por lo que él había hecho todo aquello que no le reprochaba nada? Jace no estaba tan seguro de ello… pero aún así, no podía dejar a Clary marchar de nuevo por su culpa. Esta vez no se lo perdonaría.
Se separaron para tomar aire y los ojos de ambos conectaron al instante. Clary no dejaba de acariciarle el rostro con cierto asombro en sus ojos. Jace paseaba sus manos por la espalda de ella mientras se deleitaba con el momento.
"Vuelves a ser tú" – le dijo Clary sacándole de sus pensamientos.
"Clary…" – no podía decir más.
"Tenía tantas ganas de besarte" – le dijo ella.
"Yo moría por besarte" – contestó.
"No tanto como yo… seguro"
"¿Y por qué estás tan segura?"
"Mi número de copas consumidas es superior al tuyo… y se dice que se toma para olvidar, ¿no?"
"¿Estabas bebiendo para olvidarme?" – preguntó sorprendido.
"No para olvidarte… eso no podría hacerlo nunca. Más bien para ignorar las ganas que tenía de saltar sobre ti y liarme a puños con tu cara" – le dijo divertida.
"¿Querías pegarme?"
"Si. Con todas mis fuerzas. Pero después… me arrepentiría y te comería a besos. Estoy segura"
"Bueno… eso suena mejor" – le contestó ahogando una carcajada – "Pero, ¿se puede saber por qué querías pegarme?"
"¿Acaso no es obvio?
"Tienes razón. Una pregunta estúpida"
"Muy estúpida" – le aseguró ella – "Pero, ¿sabes lo único que me ha divertido de todo esto?"
"Ah, ¿pero hay una parte divertida?" – preguntó Jace escéptico.
"Por supuesto. Tus celos"
"Yo no estaba celoso"
"Claro que lo estabas. Te conozco demasiado bien como para saber cuándo quieres lanzar a alguien por los aires"
"Bueno… quizás un poco. Pero si algo de esto sale de este cuarto… no va a ser agradable para ti"
"Jace" – dijo mientras reía – "No me das ningún miedo"
"Pues debería" – le dijo para después acercarla de nuevo a sus labios y besarla con ansia. Deseaba tanto sus labios, su cuerpo… a ella.
Subía las escaleras hacia el apartamento de Simón y Jordan. Maia también les acompañaba. Ella y Jordan habían pasado toda la noche apartados del resto, regalándose susurros al oído y acariciándose por todos los rincones. Más de dos subterráneos les sugirieron que se buscasen un cuarto, pero ellos estaban a lo suyo. Acababan de reconciliarse hace poco y su relación estaba comenzando de nuevo, por lo que estaban de un empalagoso insoportable.
Entraron en casa y lo primero que hizo Isabelle fue lanzarse al sofá y quitarse las botas dejando sus piernas sobre los cojines, estirándolas.
"Por el Ángel… que a gusto" – dijo ella sintiendo cómo le hormigueaban los pies.
"Normal." – dijo Simón – "Es que no entiendo por qué te pones esos tacones tan altos"
"¿Acaso no te gusta que lleve tacones? Una mujer siempre va mejor en tacones"
"Tú vas bien de cualquier forma"
"Vaya, ¿eso es un cumplido?"
"Un alago más bien" – le contesto el vampiro sonriente.
"Chicos" – les llamó Jordan – "Nosotros vamos a dormir. Estamos cansados"
"Claro. Descasad" – les contestó Simón.
"O no…" – dijo Isabelle con picardía. Suponía que, lo más seguro, es que Jordan y Maia no fuesen a dormir. Después de la noche de cariñitos y arrumacos, seguramente lo que menos querían era dormir.
"¡Izzy!" – se sobresaltó Simón.
"¿Qué? ¿Acaso he dicho algo malo?" – preguntó sin poder dejar de reír. Le encantaba cómo podía sacar a Simón de sus casillas sin proponérselo.
"Anda… hasta mañana chicos" – dijo Jordan entre risas y se metió al cuarto con Maia.
"Eres increíble" – le decía Simón mientras se sentaba junto a ella en el sofá y ponía las piernas de ella sobre las suyas.
"¿Increíble? Lo sé. Me lo dicen mucho"
"Vaya… eres modesta ¿eh?"
"No sé qué es eso" – le contestó aún sonriendo.
"¿Sabes? Hoy lo he pasado genial contigo" – le dijo Simón mientras masajeaba sus pies.
"No podía ser de otra manera. Soy muy divertida, ¿sabes?"
"Lo sé. Pero me refería a que… bueno, siempre solía salir con Clary a las fiestas y eso… y hoy ni siquiera la he visto. Pero no me ha importado. Estaba contigo y eso es lo que me importaba… porque estaba a gusto"
"Bueno, me alegro que lo hayas pasado bien entonces" – le decía ella sintiendo algo revolotear por su estómago. ¿Tendría hambre?
"Ha sido diferente. Pero bueno, teniendo en cuenta que ahora soy un vampiro y salgo con una cazadora de sombras… lógico que haya sido diferente"
"Simón" – le dijo ella mientras se tomaba el atrevimiento de ponerse a horcajadas sobre Simón para que su rostro quedase justo frete al suyo. Pasó sus manos por su cuello y le miró a los ojos – "A partir de ahora todo va a ser diferente… así que ve acostumbrándote"
Besó sus labios con dulzura y enredaba sus manos en su pelo, pegando su cuerpo más al de él. Simón pasaba sus manos por su espalda, despacio, recorriendo cada centímetro de su cuerpo. Pero Isabelle se dio cuenta que estaba nervioso, no se atrevía a tocar más allá de su espalda. Así que ella llevó sus manos hasta las de él y las empezó a manejar como si de un muñeco se tratase.
Hizo que Simón le acariciase sus piernas desnudas y que fuese subiendo poco a poco, hasta el borde de su vestido. Entonces él se tensó y abrió los ojos sobresaltando a Isabelle.
"¿Qué sucede?" – preguntó ella.
"Izzy… yo…" – veía que le costaba expresarse. Estaba demasiado nervioso.
"Simón, no te preocupes. Ya te dije que no haremos nada que los dos no queramos" – le dijo para tranquilizarle.
"Izzy… es que quiero. Pero… necesito que me ayudes" – le dijo nervioso.
"Claro… no te preocupes" – le dijo levantándose y tendiéndole la mano para que él la siguiese. No podía creerlo, pero ella también estaba nerviosa. Ya había estado con chicos, pero Simón era distinto. No porque fuese un vampiro, si no porque sentía algo por él de verdad, algo intenso que hacía que le temblasen las piernas y se le acelerase el corazón cada vez que le susurraba al oído o le cogía de la mano.
Simón se puso de pie y cogió su mano. Ambos caminaron hacia su cuarto y entraron cerrando la puerta tras de sí. Isabelle se volvió para quedar frente a él, sin soltarle la mano aún.
"Ven… te voy a mostrar todo lo que siento por ti"
