CAPÍTULO 10: EL PRIMER DIA DEL RESTO DE NUESTRA VIDA
Sam se despertó y sintió el cuerpo de Blaine a su lado. Lo miró embelesado porque sentía que sólo en ese momento podía hacerlo sin miedo a ser juzgado. Lo miraba como si fuera lo más hermoso del mundo, aunque bien pensado, para él lo era. Después de un rato así, notó que el moreno abría los ojos.
– Buenos días. – Dijo el rubio muy sonriente.
– Buenos días. – Contestó el ojimiel frotándose los ojos para despertar.
El más alto se abalanzó sobre su amigo para besarlo. Anderson al principio acompañó el beso pero pronto se separó.
– Tenemos que parar esto. – Dijo el más bajo sentándose en la cama, apoyando sus pies en el suelo y dándole la espalda.
– ¿Por qué? – Quiso saber el ojiverde.
– Porque no puedo más. Me he enamorado de ti... Hace mucho que me gustas y pensé que sería algo que pronto olvidaría pero veo que no. Cada vez va a más y compartir... Lo que hacemos cada noche... No me ayuda. Necesito distancia, necesito alejarme del dolor que me produce saber que para ti sólo soy una distracción, alguien con el que pasas el tiempo y...
Evans había tardado en reaccionar al escuchar la declaración del moreno pero lo interrumpió volviendo su cara con delicadeza y dándole un beso dulce.
– No eres una distracción. Al principio estaba confundido pero ahora sé que te amo. No sé si soy gay, si soy bisexual o simplemente me he enamorado de ti. Pero eso me da igual, la única etiqueta que quiero tener es "novio de Blaine Anderson".
El ojimiel no pudo evitar sonreir mientras lo abrazaba. La felicidad que sintió cuando los brazos de Sam lo rodearon es indescriptible. Creía que nadie había compuesto una canción o escrito un poema que realmente plasmara lo que sentía. Su amor era correspondido y el rubio quería una relación con él... Si era un sueño, no quería despertar.
– ¿Quieres decir que somos novios? – Preguntó apartándose un poco de él para mirarlo a los ojos. El más bajo no podía creer lo que había escuchado.
– Si tú quieres. – Evans bajó la mirada tímido. No entendía por qué le costaban tanto las cosas con Blaine. Con las chicas nunca había sido así. A Quinn, Mercedes o Brittany las "persiguió" hasta que estuvieron con él.
– Claro que quiero.
Blaine besó en los labios a Sam. Comenzaron de forma muy dulce. Dejaron que sus labios saborearan los del otro sin prisas, sin necesidad. Era su primer beso como pareja y debía ser especial. Porque ambos eran conscientes de que habían empezado de forma poco usual y tal vez deberían retroceder un poco para poder avanzar como cualquier par de enamorados. Sin embargo, los dos estaban desnudos en una cama, lo que significaba que la excitación pronto les dominaría. El moreno empujó a su novio hacia atrás y se acomodó sobre él sin finalizar el beso. El rubio sonrió sobre sus labios por la felicidad que sentía de saber que, por primera vez, se iban a entregar sabiendo que eran correspondidos.
– Esta vez quiero sentirte dentro de mi. – Pidió el ojiverde haciendo que una ola de placer invadiera el cuerpo del más bajo excitándolo aun más.
– Te va a doler. – Informó el ojimiel.
– Lo sé, pero quiero que mi primera vez sea contigo. Quiero que nuestra primera vez como novios sea especial y signifique algo. – Comentó Evans mirando fijamente al otro.
– No tienes por qué hacerlo.
– Quiero hacerlo.
Anderson asintió y cogió el bote de lubricante. Puso mucha cantidad del producto en sus dedos e introdujo uno en el interior de Sam. El rubio emitió un sonido indescifrable. Era la primera vez que sentía eso y debía reconocer que le gustaba. Más cuando Blaine abandonó sus labios y se puso a morder su cuello para luego pasar la lengua aliviando la zona. Estaba seguro que quedarían marcas pero no le importaba.
El moreno introdujo un segundo dedo. Se notaba un poco de incomodidad en el ojiverde.
– ¿Quieres que pare? – Preguntó el más bajo.
– No.
– Si en algún momento necesitas parar, sólo pídelo. Quiero que estés cómodo.
– Sigue por favor.
El más alto volvió a besar al ojimiel pero éste comenzó a bajar por su cuello. Se entretuvo un rato allí antes de seguir bajando por su pecho, sin dejar de dilatar la entrada de su amante con los dedos. Atrapó uno de los pezones de Evans y comenzó a jugar con él con su lengua y sus dientes. Sam comenzó a gemir provocando una sonrisa pícara en el más bajo.
Siguió bajando por sus maravillosos abdominales hasta llegar al miembro totalmente excitado del rubio. Pasó su lengua por él haciendo que la espalda del ojiverde se arqueara mientras gritaba por el placer. Sin pensárselo, metió un tercer dedo en el interior de su amante mientras llenaba su boca con el miembro del más alto. Sam llegó al orgasmo con un gemido grave. Blaine tragó todo el semen y se incorporó para besar al rubio. Éste pudo probar el sabor salado que había en la boca del otro. El moreno siguió embistiendo al ojiverde con su mano mientras se besaban durante unos segundos.
– ¿Estás listo? – Preguntó el ojimiel. Evans asintió con la cabeza.
El más bajo puso abundante lubricante en su miembro y lo alineó con la entrada del más alto. Anderson miró a los ojos a su pareja, perdiéndose en la belleza del verde que apenas era apreciable debido a lo dilatadas de sus pupilas. Se notaba la pasión y el deseo en ellos, además de la seguridad que tenían. Blaine fue consciente de que Sam no tenía ninguna duda sobre lo que iban a hacer.
El moreno empujó con sus caderas para entrar dentro de su amante. El rubio se tensó y su expresión reflejaba el dolor que sentía. El ojimiel lo besó delicadamente, intentando transmitirle su amor. Poco después, el más alto sonrió guiñándole un ojo a Anderson y éste entendió que podía moverse. Comenzó de manera muy lenta para que Evans se acostumbrara. Siguieron besándose mientras poco a poco la velocidad de los movimientos aumentaba. Blaine tardó poco en encontrar la próstata del otro y Sam gimió con fuerza. A partir de ahí, los dos disfrutaron de esa intimidad que habían conseguido mientras la velocidad y fuerza de las embestidas aumentaba. El moreno levantó una de las piernas del otro para tener mejor ángulo y entrar aun más. Notó como el cuerpo del rubio se tensaba, su respiración era irregular, sus ojos estaban cerrados y su boca entreabierta que dejó escapar un gemido cuando llegó al orgasmo. La entrada del más alto se estrechó aun más, haciendo que el ojimiel acompañara a su pareja en el placer.
Los dos juntaron sus frentes, con una sonrisa en sus labios y con sus miradas enamoradas perdidas en los ojos del otro. Se volvieron a besar antes de que Anderson saliera del interior de su novio y se tumbara junto a él.
– ¿Qué tal estás? – Preguntó Blaine.
– Me duele un poco pero ha sido genial. – Respondió Sam.
– Te amo. – Dijo el moreno. El rubio se volvió hacia él y sonrió.
– Yo también te amo... ¿Nos duchamos juntos? Hoy será un día tranquilo porque no creo ser capaz de hacer muchas cosas pero me apetece disfrutar de Los Angeles contigo.
Ambos se dirigieron al cuarto de baño sin saber que el resto del día no sería lo que esperaban. Porque el plan de Cooper para juntarlos ya había comenzado. Aunque tal vez fuera algo tarde, ellos se habían adelantado. La pregunta era... ¿Qué tramaba el mayor de los Anderson?
